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Full text of "Bibliografia critica de las obras de Miguel de Cervantes Saavedra"

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BIBLIOGRAFÍA CRÍTICA 

DE LAS OBRAS 
DE 

MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA 



De cada uno de los tres volúmenes de esta obra se han impreso : 

Cinco ejemplares en papel japonés, 

Cinco ejemplares en papel Guarro, 

Cuarenu ejemplares en papel de hilo. 

Cuatrocientos ejemplares en papel verjurado agarbanzado. 



Queda hEcho el depótito 
que marcí U ley. 



BIBLIOGRAFÍA CRÍTICA 



DE LAS OBRAS 



DE 



MIGUEL DE CERVANTES 



SAAVEDRA 



POR 



DON LEOPOLDO RIUS 



III 

{Y ÚLTIMO TOMO ) 



VILLANUEVA Y GELTRÚ 
Oliva, impresor : Rambla de Ventosa, 37 



1904 



243438 




LEOPOLDO RIUS Y DE LLOSELLAS 



Nació en Barcelona hacia el año 1840. Fué su padre D. Antonio 
Riusy Rosscll, autor de una excelente Gramática Ualiana, de quien 
se hace mención en el Diccionario de Escritores y Artistas Catala- 
nes rfW siglo XIX por D. Antonio Ellas de Molins. El padre deDon 
Leopoldo había sido magistrado de la Audiencia de Pamplona. 

Joven aún, el Sr. Rius y Llosellas pasó á dedicarse al comercio, 
entrando de dependiente en el establecimiento del Sr. Camps, en la 
Plaza Real, y luego en la tienda de sederías del Sr. Gregorio Selles, 
famosa á la sazón, situada en la aristocrática calle de Fernando, de 
Barcelona. Alli continuó hasta 16 ó 18 años antes de fallecer. Yasea 
por esta circunstancia ó bien por su natural modestia, mientras en 
el resto de España y en el extranjero Rius ha sido justamente con- 
siderado como excelente bibliófilo y uno de los más eruditos y emi- 
nentes ccrvantistas^á causa de haber prodigado su correspondencia 
sobre temas cervánticos, demostrando siempre gran dominio de U 
materia y juicio maduro), en cambio entre nosotros, en Barcelo- 
na, han sido cscasasjos que hubieron cuenta del yaJe;'.esp;^CLat de 
Don Leopoldo, cnfo que influyó indudablemente su poca frecuen- 
tación entre los intelectuales de la localidad. La figura de Rius y su 
trato exquisito eran muy conocidos por su larga permanencia en la 
tienda de sederías «del Sr, Gregorio», por la cual pasaba lo más 

Tamo III 1 






\.ys 



BÍog»(lJi de Leopoldo Bíus y de Llosellis 



■. ^- 



, ^distinguido de la sociedad barcelonesa. En Barcelona, pues, D. Leo- 
> 'poldo Rius se caracterizó en el comercio, y fuera de la localidad bri- 
lló como estudioso ccrvaniista. A esta circunstancia se debe el no 
hallar su nombre siquiera consignado en las últimas obras biográfi- 
cas que tratan de escritores catalanes. A su muerte, sólo una revista 
de agricultura, L'Art del Pagés, en lengua catalana, dedicóle un re- 
cuerdo)' publicósu retrato, por los méritos en la especialidad, con- 
traídos en los últímo.s tiempos de la vida de D. Leopoldo Rius. 

Sus aficiones cervánticas contaban larga fecha. En la tienda de 
sederías conocióle D. Isidro Bonsoms en su juventud por coincidir 
ambos en la misma veneración bibliográfica. Por los años 187: á 
1879 colaboró en la memorable Crónica Cervántica de Cádiz, que 
contribuyó en primer término al esplendor y propagación de los 
estudios cervantinos, por lo cual tanto honra al notable escritor 
especialista y biógrafo de Cervantes D. Ramón LcÓn Máinez. Du- 
rante aquel decenio, esplendoroso para los esludios y conmemora- 
ciones cervánticas, tomó, D. Leopoldo Rius, parte activa en actos 
públicos y dióse á conocer por algunos escritos leídos en sesiones 
literarias ó publicados en revistas; pero sin abandonar su natural 
modestia. 

En 1872-73, Rius asesoró al escultor barcelonés Don Rosendo 
Nobas durante la elaboración del magnífico busto de Cervantes, 
premiado en la Exposición de Vicna, que hastael presente es la me- 
jor obra artística de cuantas esculturas pretenden recordar la ima- 
gen del inmortal escritor castellano. 

Reunió el Sr. Rius una impúriantc biblioteca cervántica, base de 
sus estudios especiales, que más tarde pasó k completar la incom- 
parable colección de D. Isidro Bonsoms, de Barcelona. Rius, según 
su propio testimonio, principió á coleccionar ediciones de Don Qui- 
jote en el año de 1867. En 1872 era el principal coleccionista espa- 
ñol. En 1 874 poseía doscientas noventa y siete ediciones. Tal colec- 
ción fué una de las principales bases en que se apoyó el coronel 
López Fabra para la publicación de la Iconogrq/ía, dada á luz co- 
mo ilustración y apéndice de la reproducción fotoiipográñca de la 
edición del Dos Quijote de i(>o5-i6i5, por Juan de la Cuesta. 

El coronel Sr. López Fabra decidióse á publicar su Iconograjia 
(1871)), después de consultado el proyecto con D. Leopoldo Rius y 
contando con las ediciones del Don Qui/ote, diversamente ilustradas, 
que nuestro autor poseía ¡ — (á Ja sazón habia noticia de sesenta) — 



Btogrifia de Leopoldo Rius y de LIoscIIas 



XJ 



por lo cual mereció Rius compartirla dcdicatoría déla /cono^a/fa 
con otro biblióliloccrvanlista, D.José de Palacio y Viuery. Después 
de la, para aquel tiempo, atrevida y magna empresa de López Fa- 
bra, secundada eficazmente por Rius y otros, los estudios bibliográfi- 
cos sobre Cervantes se han completado de manera portentosa, 

Don José M." Asensto, uno de los más distinguidos bibliófilos cer- 
vantinos, á quien Ríus consultaba amenudo, publicó en 1883 su 
Catálogo de la biblioteca cervantina (68 págs. 4.°, Valencia, im- 
prenta de Doménech), que aparecfó primero en la «Revista de Va- 
lencia» y luego, por separado, en edición de cincuenta ejemplares 
numerados, siendo el segundo dedicado al autor de ta presente Bi- 
bliografía, quien, imitando al Sr. Asensio, no tardó en dará la im- 
prenta el Catálogo de la biblioteca cervántica de Leopoldo T^ius. 
(Barcelona, 1888, 39pág. 4.°, superlibro en el florón déla portada.) 

Formaban la colección mil treinta y cuatro piezas cervánticas. 
Además de las ediciones que enumeraremos, poseía facsímiles de 
documentos, colecciones de grabados, periódicos, cuadros al óleo^ 
todo relativo á Migue! de Cervantes, así como también ei famoso 
busto-retrato esculpido en mármol de Carrara por el artista barce- 
lonés Rosendo Nobas, en tamaño mayor que el natural; obra de arte 
que en la actualidad preside la biblioteca de D. Isidro fionsoms. 

Heaqu) el número de ediciones cervánticas que poseía el Sr. Rius, 
antes de enajenar sus colecciones, empero comprendidas las que 
adquirió después de impreso el Catálogo de 1888: 

Don Quijote : En castellano, 180; traducciones en francés, 138; 
en inglés, 74, en alemán, 59; en italiano, 13; en holandés, g; en 
ruso, 6; en portugués, 5; en catalán, 1; en húngaro, 3; danesas, 3; 
bohemias, 3; suecas, 2; griegas, 2; polaca, i ; servia, 1; croata, 1 ¡ 
turca, 1; finlandesa, i. 

Contaba, además, con veintiuna imitaciones de la acción del (Qui- 
jote en diversas lenguas. 

La Calatea : Pósela 1 3 ediciones castellanas; t francesa; 1 alema- 
na y I inglesa; además de 13 imitaciones en diversas lenguas. 

Novelas Ejemplares : En castellano, 71 ediciones; traducciones 
francesas. 31; inglesas, 5; alemanas, 10; iultanas, 6; holandesas, a; 
danesas 2 y suecas, 3. 

Viaje del Parkaso : En castellano, 5 ediciones; traducciones al 
francos, 1; al inglés, a; al holandés, i. 



Comedias y Ektremescs : ii ediciones castellanas; i traducción 
francesa; i catalana y 4 alemanas. 

Persilest Sigismunda : 34 ediciones en castellano; S traducciones 
al francés; 3 al italiano, 3 inglesas y 8 alemanns. 

Entre la notable colección biblíugráñca del Sr. Rius, figuraban 
las siguientes ediciones del siglo xvn : 

«Do^ Quijote» 
i6o5 : Madrid, Cuesta; Primera edición. (Mal ejemplar.) 
i6o5 : Lisboa, Rodríguez. (Primera Parte.) 

(1617, segunda parte, Rodríguez, Lisboa.) 
i6o5 : Lisboa, Crasbeeck. 
i!k>5 : Madrid, Cuesta. Segunda impresión. 
i6o5 : Valencia, Patricio Mey. (Primera parte.) 

(1616, segunda parte : Mey, Valencia.) 
t6o7 : Bruselas, Roger Velpíus. 

Poseía en junto 24 ediciones del siglo xvii, en castellano. 

Primeras traducciones dei. «Quijote» 

BN FRAKCás: 

1616 : París.-r622, Paris,-i625, Parfs.-ifijy, París. 

En junto poseía 12 ediciones francesas del siglo xvii. 
K^ iNQLés: 
¡652 : Londres.-i675, Londres.-i687, Londres. 

KN ALKMÁN : 

1669 : Francfon.>i6S3, Basilea. 

Stt ITAUANO ; 

163a : Venec)a.-i635, Venecia.-t677, Roma. 

KH tlOLANDltí : 

1657 : Dordrechi (/.' ilustrada, según '?^ií<5).-i66g, 1696 y 16^9 de 
Amsterdam. 

«La Calatea» 
iSqo : Lisboa. (Único ejemplar conocido.) 

«Novelas Ejemplares» 
1608 : París. {El curioso imperiínenie en la «Silva» de Julián de 
Medrano.) 

1613 y 1614 : Madrid, ambas por J. de la Cuesta. 

1614 : Pamplona, por Nicolás de Assiayn. 

1614 : Bruselas, por Roger Velpio y Huberto Antonio. 
i6i5 ; Pamplona, por Nicolás de Assiayn. 
t6i5 : Milán, editada por J. Bta. Bidelo. 



Biografía de Leopoldo Rtus y de Lloscllas 



xni 



1617 : Madrid, por Juan de la Cuesta. 

1617 : Pamplona, por N. de Assiayn. 

i6aa : Madrid, por la Viuda de Alonso Martin. 

1625 : Bruselas, por Huberto Amonio. 

1627 . Sevilla, por Francisco de Lyra. 

1631 : Barcelona, por Estevan Liberós. 

i655 : Madrid, por Gregorio Rodríguez. 

1664 : Madrid, por Julián de Paredes. 

16A4 : Sevilla, por Juan G6mcz de Blas. 

i665 : Zaragoza. 

16.. .^ Sevilla, por Joscph Antonio de Hermosilla. 

Traducciones de las «Novelas Ejemplares» 



1620, 1625 y 1640: Paris. 
1640 y 1694: Londres. 
1636 



PRANCEULS : 



INCLBUS : 



1614 



i6i5 



ITALUMAS : 

Venecia.-i637, Milán. -1629, Vcnecia. 
«Viaje del Parnaso» 
Madrid. -1624, Milán. 

«Comedias y Entkkmesks» 
Madrid. Primera edición. 

«PiíRSJLES y S[GISMUNDA» 

1617 : Madrid, primera edición de Cuesta, 
1617 : Madrid, edición apócrifa de Cuesta. 
1617 : Paris, Esteban Richer, editor. 
1617 : Barcelona, por Bautista Soriía. 
1617 : Valencia, por P. P. Mcy. 

1617 : Pamplona, por Nicolás de Assiayn. 

1618 : Bruselas, por Huberto Antonio. 

1619 : Madrid, por la Viuda de Alonso Martin. 
1635 : Madrid, por la misma Viuda. 

Traducciones del «Persiles y Sioismunda» 



Faris.-i636, Paris. 

Venecia. 



KilAXCBAS : 



ITALIA KM ; 



IKOLtSAS : 



1619: Londres. 



»v 



Biografía de Leopoldo Riut y de Ll<)«ellss 



Poseta también la rara edición del Quuore de Avellaneda (Ta- 
rragona, 1614, en 8."). 

Reunió, además, en su biblioteca, catorce volúmenes de biogra- 
fías de Cervantes; ochenta y cuatro de imitaciones varias del Qui- 
jote en diversos idiomas; cincueniaycinco volúmenes de obras va- 
rias referentes á Cervantes y á sus producciones; cincuenta y seis 
folletos de comentarios y análisis de las obras de Cervantes; treinta 
y ocho piezas dramáticas cspaAolas, inspiradas en las obras de Cer- 
vantes, catorce piezas dramáticas extranjeras, inspiradas igualmente 
que tas anteriores; treinta folletos con reseñas de solemnidades y fies- 
tas celebradas para conmemorar los aniversarios de la muerte de 
Cervantes, y diez colecciones de periódicos y papeles varios referen- 
tes á Cervantes y á sus obras. 

Durante unos treinta años se afanó en reunir materiales para [a 
Bibliografía crítica de ias obras de Miguel de Cervantes Saavedra^ 
cuya impresión principió el Sr. Rius; después de terminado el 
primer volumen, sorprendióle la muerte al corregir los primeros 
pliegos del tomo U. 

Sin pretenderlo, ha levantado el Sr. Rius, con su estudio y per- 
severancia, un monumento bibliográfico á la gloria de Cervantes; 
tan notable por lo menos como las insignes bibliografías Dantesca, 
de Colomb de Balines; la Moliéresque^ de Paul Lacroix; la Corn¿- 
lienne, de Picot, y la famosa de Shakespeare. El sinnúmero de da- 
tos que avaloran la obra de Rius han sido tomados sobre las mismas 
ediciones ó piezas de que trata y tan sólo alguna vez por referencias 
en casos excepcionales. Pero nunca cunñadoy obrando á la ligera. 
La copiosísima correspondencia sostenida por él con los sabios y 
eruditos de todas partes, en el transcurso de veinticinco años, con- 
sultando é indagando todo lo cervántico que pudiera ser dudoso, 
manifiesta la parsimonia con que procedió en sus estudios críticos. 



En las páginas 497-498 del presente volumen, escritas en 1894, 
iniciaba el autor de esta obra la celebración del tercer centenario de 
la Primera Pane del Ql-ijote, como acto de justicia y de admira- 
ción nacional á Cervantes. Después de las iniciativas de ViJarty 
otros, que constan en el capítulo Fiestas y solemnidades, es, sin 
duda, la de Rius, la mejor y másoportuna. La circunstancia de ser 
esta publicación obra postuma, inipresa después del acuerdo del 
Gobierno español, quita al autor el derecho á la iniciativa de la ce- 
lebración del tercer centenario; pero nadie negará la valia del tri- 



Biof^afla de Leopoldo Rius y de Lloscllas 



XT 



buto que, por coincidencia, á tales ficstasaporta la Bibliografía, en 
honra del gran ingenio castellano. 

Mientras duró la actividad investigadora de D. Leopoldo Rius, 
eran poces, si los habla. los eruditos, bíbliAfílos y libreros de Eu- 
ropa que no hubiesen sostenido correspondencia cervántica con él 
y que además no le considerasen como un bibliógrafo muy inteli- 
gente y de claro criterio. 

Compartió el tiempo, durante algunos años, entre sus aficiones 
cervánticas y el ejercicio del comercio en la tienda de sederías, aso- 
ciado con el Sr. Selles, constituyendo la razón social «Selles y Rius». 

Separóse del comercio para dedicarse ¿ los estudios y prácticas de 
la agricultura, sin abandonar nunca la bibliografía, Puso su aten- 
ción panícularmentc en la viticultura, en la cual, gracias á su ta- 
lento y activ'idad, alcanzó la categoría honrosa de ser considerado 
uno de los mejores especialistas de España. Montó ó estableció dos 
viveros dé cepas americanas, uno en Martorell y otro en Gélida, en 
la provincia de Barcelona. Poco antes de ocurrir la muerte de Don 
Leopoldo Rius ambos establecimientos tomaron parte en la Expo- 
sición de Agricultura celebrada en Barcelona el año i8(j8, habiendo 
llamado la atención de los inteligentes su notable instalación. El 
Jurado concedióle medalla de primera clase y un diploma, aparte 
de 5oo pesetas de premio. Con motivo de dicha Exposición abrióse 
un certamen para premiar al mejor libro original sobre viticultura. 
Quiso tomar parte D. Leopoldo, empezando á llenar cuartillas con 
febril actividad dos meses antes de morir. Desgraciadamente no 
pudo terminar la obra vitícola ; pero persona perita asegura que ade- 
más de la alta calidad de lo escrito, acompaña al original la circuns- 
tancia de ser labor que representa un año de trabajo y no produc- 
ción tan rápida como fu¿la última tentativa de Ríus, que ha debido 
quedar inédita por estar la obra incompleta. 

Habla empezado, además, á desarrollar el plan de otro libro tan 
imporianie como la presente Bibliografía, bajo el tema de Calderón 
de la Barca, cuyas numerosas cuartillas conserva la familia de Rius. 



Poco antes de morir, con el alma lacerada por desgracias eco- 
nómicas, pero sin perder la fe en sus establecimientos agrícolas, que 
le arruinaron, trabajaba en las dos obras de referencia y asistía á las 
bibliotecas de Barcelona, ávido de consullas para terminar cariño- 
samente los materiales del último tomo de la Bibliocrafía Crítica, 
mientras corregía las pruebas de los primeros pliegos del pcnúl- 



zri Bibliografía de Leopoldo Rius y de Llosellas 



timo, cuya labor hlzole abandonar la enfermedad que acabó rápi- 
damente con aquella preciosa existencia el 17 de Mayo de 1898. 

Se continuó la impresión de ía obra conforme á los origínales del 
autor, revisando las pruebas D. Marcelino Menéndez y Pelayo, 
quien espontáneamente se ofreció á la familia de Rius al tener no- 
ticia del fallecimiento de D. Leopoldo. La magnanimidad del bi- 
bliófilo D. Isidro Bonsoms, posesor de la mejor colección cerván- 
tica del mundo, hizo lo demás, con ayuda tan desinteresada como 
la que han prestado los impresores D. Fidel Giró, de Barcelona, y 
D. Juan Oliva Milá, impresor y bibliotecario de Villanueva y Geltrú. 

E. Canibell. 
Barcelona, 4 Agosto 1904. 



BIBLIÜGKAFÍA CRÍTICA 



Uli LA^ 



OBRAS DE CERVANTES 



vil 
FOFÜLARIDAD DE CERVANTES EN ESPAÑA 

üN LOS SIGLOS XVI Y XVll 



Ha tomado cana de naturaleza, fucrs de España, la especie de que Cervantes íué 
despreciado y poco menos que desconocido por los españoles, liasla que vinieron 
los cxiranjcros á revelarnos que (enumus un ^cnio. Tal aserio, en abs>jlLito. es in- 
fundado. Cieno que los criii>:os cxiranjeros, y eslo queda puesto de relieve en todo 
el cursn de la prcscnie obra, se hati afanadn en dcicrtninadss ¿pocas, tal vcx con 
mis ahinco que nosotros, en encomiar la excclsitud del Quiiotk; pero preciso m 
recordar que las obras de Cervantes gozaron de popularidad en tspaña, ja de^e 
su aparición. Durante la vida de CcrvanlL-i se hideron quince ediciones del Qui- 
lOTK y vahas de sus demás obras, nuerc de las Novelas {i i y el mismo año de la* 
publicación del Pe*siix& salieron ocho ediciones, hecho inaudito en la« ta&ioi li- 
lerarios de aquellos tiempos y en especial porque, respecto de esia obra pi'tsluma.no 
ítíi debido si móriio del libio sino al renombre de su autor, que había rccienle- 
menie bajado k la tumba. Mas no es esto solo. Que el Qiiiote, y las Novelas, y v»- 
rías ConEOiAs de Cenantes, eran obra» conocidab, apreciadas y popularizadas ya 
en Io& tiempos del autor, y siguieron siéndolo durante el siglo xvit, lo prueban, 
además de lo dicbo, las citas y menciono que de ellas hicieron en sus produc- 
ciones los escritores más notables. y~a que puede dccin^e que todos se inspiraron en 
ellas para sus composiciones drumáitcas; \ adcmák, las farsas y masCdradas cele- 
bradas ya en 1617, 1616 y aítos siguientes, en las que tifíuran los tipos de Don 
Quijote y Sancho Panza, demuestran cuan populares sehicieron Inmediatamente 
lu inmortales creaciones de Cervantes. 

Otro dato elocuente del aprecio que alcanió, es la publicacidn de poesías suyw 
lal Udodc laa de otros renombrados poetas) en loa preliminares de una porción de 
celebradas obras de su i:pi>ca [Véase nuestro ionio I, sección V||, pArral'os 371^ i 

3^3' 5^7- 3^ y 39> ^ 397]- >' ''^ son también los premios que obtuvo en variosccr- 
timenes poéticos en que tomó parte. Pruíbanlo uimbién los elogios y los juicios 
emitidos en loor del Quijote por muchos autores coetáneos ¡Véase sección VIH, 



ilt Elittli(tentltlmATlcknDr.aiin<|uc nattmocid todMl» phRiItlratciJicioDn^at bedowrilo, 
«KicUma; nDc laotto <(*>«• en Da«*«>) diuuAt'ü. buboocAoidícinocxlsUprJnMrapancdelQifl^M*, 
laeuAl supone una circultclAn maxii quel4 itel» ntirai.lc Nbikttpurt, Mlliotí, Rii,;Iim •'i Halitn. 
4tlC. tknao tUl inikmDtiillu.p'JCilcn.i cite prupóuio. tu tompaiiitla.i cdh ijunain.* illutirr of 
tíUSpanuh Liuratnrr. }.■ td. Bniion, i;iS4. t. III. p. 436.) 

Tuno 1 1 1 » 



popularidad de Cervantes en E&paAa en lo& siglos xn y xvii 



f>AVA!tTE:i)iJziiA(M>K>ii LoseM'A>ioi.c»i . i í^uslmcntc loticlogiixí quc Hgurin en las 
dcdicaiorissde vnriii&e(lii;iort» españolan del l^c^r-Moso Hidalgo. como, por ejem- 
plo, las de Madrid, años de i6.}7 y de i6hh. en dondu Icemí» repetidas c»tiik fraavb: 
«fatnoHi Quijote», «iatna cierna del celebrado Cervantes», etc., etc. 

Y hasta las censuras que mercciú Cervantes de pane de algunos poco»envidiosoa 
contemporáreos. pruct^n la bous de su4 c»icrii(is. (.luicn es envidiado, no n des- 
preciado. 

Don Vicente Saivi, en el f'.alalonue of Spannh an.i Pnrtu/,nme BooAx. London. 
iHafí, H. I.. en [a pi^. 3(1. Iiabla de las mucha» ediciones del Qvuoxr, publicadas 
antes de salir la Sefíunda Parte, > con este motivo dice que «Cervantes y todot los 
que le han copiadn kc equivocan itl decir que su m¿-ríto fui desconocido y no apre* 
ciado y vmó en la mayor pobreza por desprecio. El tcrdadcro oríKcn de su indi- 
gencia puede probablemente encontrarse en hábitos de negli(tencia ¿imprudencia 
contraído» durante MJ «ida niiliUr.> 

Sobradamente rigurosa es esla opinión en una de sus partes. Kn cuanto al mírilo 
del Qi'ifOTr;. bien se percató de 1:1 su propioauínr, cuando ya desde el principio de 
\a Partí Stfiuttda dice : «lits nir^os la manosean , los mozos la leen, lii!> hambres la 
cniicndcn, y los viejos la celebran: y linalmcnte es tan trillada, lan leída y tan sa- 
bida de todo (•¿nerode gentes, queapt-n.is fimi visi'i alf<un rocín tlaco quando di- 
cen :,4//l iw Rocinante .-r 

l.o cual no eví vana ¡aciancia. sino verdad rcconotrida; tanto se tiabia extendida 
la \30fn de las figuras t de las cosas del libro. 

A tgunas de Iss consideraciones expuestas v de los djiios aducidos, los Mftalé en 
un articula escrí 10 A vuela pluma, que vio Ja luí en la rcvisia Ctrvanles{¿.' tpooí. 
1 5 de Octubre de \HytiS. en donde cito los muchos autores det sÍüIo de Cer%ante3y 
del siguiente que hablaron de sus obras y las er^aiieciernn. 

Pasemos ahora i enumerar las príncípalc» menciones de las Ürras ae. CitHVAHi'its 
en losautorcs espat^olcsde l<» siglos xvi y xvit: 

1 585 : Luis Gálvcv. de Montalvo. 

«Mientras de! yupo Sarraceito anduvo 
Tu cuello preso, 

U Tierra estuvo 

casi viuda sin ti; i desumparada 
De nuestras Musas la Real Morada. 

Gozase el Mundo en tu felice buelta: 
Y cobra España tas perdidas Musas.» 

(SonetOt de l.ula Gáliezdc Mdnialvd.-I'reiimmares de 1.a (JAtA^tA. i.M4!>.) 

l585: Pedro de Padilla. 

Pedro de Padilla coUxa á rieivanio entre *.los fammat poetas de CastUla», de 
algunos de quienes publica composiciones. 

{Jardín Etpirítuai; Madrid. liHS.l 



l'opulHhilad de Cervanto en (Chpaña en los siglos xvi y xrn 

1 585 : Don Luis de Varíjas Manrique. 

«Hicieron muestra «n \'os de su grandeza, 
Gran Cervantes. Itis Dioses soberanos : 

Apolo las canciones concertadas: 

Su Ciencia las Hermanas todas nueve, 

Y al ñn el Dios Silvestre sus Pastores.* 

(.S'ofw/» al 'rente <t« 1.^ (íai \tka, i$x5.t 



i5go-i(J5i ; Lope !''¿lix de Vega (^arpiu. 

Las relación» enire Lope y Cervantes parece que KuTrieron atlerna!. vicisitudes. 
Fueron coidialc» Jc!>de el bOtnicnjo ¿e U carrera literaria de ambos ingenio»: Cer- 
vantes, en el Canto de CaÜope {(i ALxTEA. i38^), yaencomiúet mírilodel)uien Lope; 
tiit alabí'; á Orvante->cn íu ¡Mroiea, coin puesta hacia el aAo de iSqq, y el último 
escnbíú un helio Soncm en aluban/üde la iiraffoitítc ,í\mc di<) A Iuk Lope en 1S9K. 
Kscribc (rcrvanlc;. la primera pane de íu inmorial QriJOTic, censurando dura pero 
ingenuamente las. comedíate <icl tiempo, y. como se viese Lope aludido en tal cen- 
sura, dc-sr>^ üu ira en varias de sui úarta^. 

Duratu el encono de Lope en iüi.j,si hiihiéscmosdcifccr. loque es muy dudo- 
so, que atentase la publicuciúndclaubra dcAvcllnnidu. [tías. I<>^ elogios en el prólo- 
go de las Cnmediai (HhS.) las nobles palabras qm: Cervario csWmpí^ en el pr¿- 
kigo de su S»:r.rM>A I'ante u[:lQiiijoti'-m<>i.'<). decUríindottueadfoniN] el ingenio x 
iifmiraba latoh-as Jtí Lope, y las aUbnniías en su Vmjk mi. f'Aa.sAso calmaron el 
encono de ¿nt, y ví Jode cmonccs coniinuúcl miiluo aprecio, que Lope conser- 
vó, ¿ lo menos al pancer, liavta después de la muerte de Cervantes- 
Mencionaré, pues, lo* principales cIojíÍoí que Lopedíriyíóá Cervantes y las ci- 
lasque desús obras hieo, dejando para su oportuno sitio (Ciínm >i ^n"*'» un Cbh- 
VANTKfc) losdardosque le asesta: 

«Grandes poetas M>n ios de esia edad: Die^o de Mendoza, 

Vicvnic Kspint;! Liii;» de tJalvcz Munialvu Miguel de Cef- 

panten, el jurado Juan KulVí Alonso de Ercilla , etc., etc.» 

<Q>Je han iniprcsn haMa ahora?" Aiislríaclas. Araucanas. Ga- 
laicas. I'Uidas y \ a rías Rtmas.y* 

{La fJorriti^a; trccfon aiprwa. Mndrid, 1633, S"). Vitbo recordar que la campuso 
Lope hacia ii><n). 

«También ai [en blspaña] Libros de Novelas: de ellas traducidas 
de Italianos: ¡ Je ellas, propias; en que no fahó gracia, i estilo á 
Miguel de Cervantes.» 

{La» /orlun-it lit Diana. Hrimcra de las .N'ovclas dirijjídas á la SeAora Marcia 
Lcoturda: .Madrid, 1631. 1 
En la /tama Bota, neto III. habla Octavio, de que ha visto versos de Nise: 

«Y desla suerte leL 
Historia de dos amantes 

Sacada de lengva grie{;a. 



liimas de lj>pe de Vega, 

Galalea, de Cervantes, 

. , ■» 

Sigue enumCTsndo otras Bfatnadas obras ooniemporánea<í y luego coniinúa Oc- 
tavio hablando de tci« versos de Nise : 

«Con mucho disgusto 
Los de Nise considero. 
Temo y en razón \u fimtlo 
Sí ^n esto dá, que ha de haber 
Un don Quijote mu^er 
Que dé que reir al mundo.» 

(¿,d Dama Baba, P. q.* de I»» Cumedias de Lope; Madrid, 1617.^ 
«En la batalla donde el Rayo Austrino 

La Fortuna embidíosa 
Hirió la manu de Miguel Cervantes; 
Pero su ingenio en versos de diamantes 
Los del plomo bolvió con lanta gloria, 
Que por dulces, sonoros, i elegantes, 
Dieron eternidad á su memoria: 
Porque se diga que una mano herida 
Pudo dar á su dueño eterna vida.» 

{Laurtt de Apolo, S\b^úú, 1630.] 

En U etcena X de la Comedia de Lope t'J firxmw del bien habiar, hay este dii- 

iogo; 

Don Juan 

«¿No es Leonarda discreta? ¿No es hermosa? 

¿Cómo discreta? Cicerón, Cervantes 

Ni Juan de .Mena, ni otro después ni antes. 

No fueron tan discretos y entendidos.» 

\,Et Premio del bien hnblar. P. 11 de las Comedían de Lope, Madrid, ift^S; peio 
consta ya en la Segunda Lisia de Comedias de Lope, insería en lavdicián de FlPv- 
rtgrino en s,u patria: Madrid. [618.) 

En la Comedia Amar sin sab<r á quien, contesta in^s i. su ama Leonarda, que la 
rifle porque ha citado eJ Romanize de AwiaKa y Jarifa : 

Lkovardx 

«Después que das en leer, 
Inés en e) Romancero, 
Lo que á aque! pobre escudero 
Te podría suceder. 

Inés 

Don Quijote de la Mancha 
(Perdone Dios á Gervanles). 



Popularidad de Ccrvanlcs en España en lo& siglos xvi y jnt ^ 

Fué de tos extravagantes 
Que la coroiiica ensancha.» 

Como te hayan inierpreudn esias frases en seniídode censura, véase tn que dice 
Don Adolfo de Ca^uo al pubiicar, airibu}¿iidolo i Corvantes, el Etitrenth de lot 
Romanees \Ot}rat inéditas de Centanirs, 1874.): «Kl crmliio Don Cayetano A. de la 
Barrera, que no habíu eMudiadoel asuniooon In claridad que queda demostrada, 
no comprendióque tipotrt escudero que perdí<'> el inicio leyendo romanL'es era et 
del Entremis de las Romafías. Lo que se habla de Don Quijote, comn uno de los 
<)ue aumentaban «1 numero Je aquellos que !;e urdan otros héroe» dol Romancero, 
imaginó que era en vituperio del autor del libro, y ha^u la frase «perdone Dios á 
Cervantes», también la caliñcó como «rasura de ¿stc, cuando no esotra cma. que un 
Krmino calúlicoat traurse de una perv>na que ya habla fallecido.» 

iSgi : Vicente Espinel. 

«No pudocl Hado inexorable avaro, 
Por mas que usó de condición proterva, 
Arrojándole al mar, .sin propio amparo 
Entití !a Mora desleal caterva 
Hacer. Cervantes, que lu ingenio raro. 
Del furor inspirado de Minerva, 
Dcjassc de subir 3 la alta cumbre, 
Dando altas muestras do Divina lumbre.» 

^Vicente Espinel, Diversas rimas : Casa de la memúria; Madrid. iS^i. &.".) 

1603 : ARUStln de Rojas. 



«Lucro los demás poetas 
Metieron fieuras grave.s 
Como son Reyes y Reinas. 
Fue el autor primero desto 
Et noble Juan de la Cueva: 
Hizo del Padre Tirano 
Como sabéis dos Comedías; 
Sus Tratos de Argel Cervantes. 



( Viaft Entretenido, por Agustín de Rojas: Madrid. 1603.} 

Rojas enumera en esta composición los más célebres poetas dramáticos conocí- 
dos entonces. D. Luis Fcrnándej; Guerra, «n su eximía obra Alarcon. opina, con 
harto fundamento, que Cervantes I rato á Rojas, en los aftos de 1699 i 1601. «fran- 
queándole el borrador orígínat ^ inédito del Quiir>TR i ínsf»rAndolc el {{usio mAs 
depurado y exquisito.* 

t6o.^ : Fr. Andrés Pérez. 

Yo soy Duc-, 

Que todas las aguas be-. 



Popularidad de Cervantes vn l^spanit en los siitkts xvi y xvii 

Soy la Rcyn-dc Picardi-, 
Mas que la RuJ- conocí-. 
Mas famti- que doña OI¡-> 
Que Don Quixo- y Lazan-». 



(La Pitara nioiit>ttiaa ¡tamaja Justina cK.. compuesto por el Licdo. Francisco 
L6pcz de l.'bcda.-Mcdinadcl <Janipo, i6o5.i 

Fray Andrés f Crez, religioso dominico, fui el amor de nu ni>v«In. Tenfnia ya 
escrita el afio anterior de !fic4; y comuen ella da ya como ramo:baal 0''"OTK.que 
aun no se habla pubÍi<:ado, clloes i^tra prueba Je que entre los literatos era ^a co- 
nocido, csitmtdo y celebrado el libro de Cervantes. 

i(5o5 : Luis de (íónfíora? 

«Parii'> la Hcina; el luterano vino: 

hlicimu!» un üarao de encantamento 

Mandáronse escribir estas ha/añas 

á L)on yuijoie, á Sancho y su iunicntü.» 

{Soneto : A lan Retías Jet nadmieMo áel pi-lneipe Do» Felipt Dominica (tiftn 
iCoi. ftt Vallad»liíi \ yJi Jos obsequio» fifthoí al {'^bajador Je Inglülarru.) Pub|iCi> 
Pcllicer eMc Noncic, airÍl)uy¿ndoki A Dun I.uimIc (jútigura. | \'ia'a Je Ccrr^nleí.) 

Es de nni«r, para nucüim objeio. que hacta pocos meses estalla putflic«do el 
Quijote. 

1608 : D. Francisco de Qiievcdo Villegas. 

EtíIji Perinola utinzadcüpiadadamcnicQucvcdocl Pof-a/orfoídcMontalvén y, 
■I tratar de tu novcla^ que componen <Jii;bo lihro, dice: 

«... no son ni fábulas, ni comedias, ni conseíos, ni no-velas, ni 

sí-velas, ni candiles, con ser tan sucius: nu tienen pies ni cabeza 

El len{;uagc. de cansado, jadea: los discutios ^n lahuna.quc mue- 
len como bestias; nu cueniu las impropiedades, porque son tantas 
como los dislates. Y para agravarlas cnas. iu:> hii:o tan largas como 
pesadas, con poco temor y reverencia de Ins que imprimió el inge* 
niosisimo Miguel de C.ervanlcs.» 

Al final ve cnciiru cdii el mibino MonlalvAn y le dice, en resumen, que cercene 
lodo ol contenido de su Pora lodox: 

«deje ias novdns para Cervantes; y las comedías á Lope, ó Luis 
Velez, á D. P. Calderón y á otros; los días á la semana; y la semana 
al Tasso, al Pai>ser y al Bartás, etc.» «Y con esto, el libro, sin nada, 
será Para lodos.» 

Véase aquí de qué manera el {¡ran Quevcdo, en pocas palabras, considera i Cer- 
vantes vomo el rey de lo» novelistas de su tiempo. 

Testamenlo de Don t^uijote : Romanet LVll di la Musa VI. 



Populandad de Ccmnies en G&paña ca los »íglos nvi y xvii 7 

Romance satírico de U. Krsncisco de (¿uv^xtlo. un el cusi hace gala de sus favo- 
rita» |uc>:i>% de palabMS. I.ocMribiiWn 160H. E&ift traducido al i n({lis por Mr. tííb- 
í,an «n las noia&dc mi versión del Viú/edel Parnatc. 1883. 

La lii/ania Palancima. 

EntTtmís famoso de D. FnncKCo de Quc^'cdo v Villc^s, Madrid, 1633. 4 hojas 
en *.'. 

Fn la contienda para obtener la mano de la íotania, euríbe uno de los preten- 
M>rcs lo siguiente: 

«Rey Cachuinba, por la gracia de Don Quijolc y Sancho Panza, 
digo <)'ue me remito á lo que el rey AzoíeiTo dijuré, y lo íirmo Rey 
Cachumba.w 

La Fortuna con xao y h hora de todoK. 

Empieza Oucvedo, con cMas patubras, la descripción del Consejo de los Dioses, 
llamado por túpilcr ■ 

«... (guando Mane, Üon Qutxotc de las Desdichas, entró con sus 
armas, y capazeic. y la insif;nia de viñadcru cnri:!ttrada, cchandu 
chuiíus;.....» 

t\náen<ia Mosquita; Jácara Xt¡¡. Musa V. 

Hay C5U cuancta. que ret-'uerda c) famoso Snntlo de Cervantes: 

*cLo que ha dicho Valdepeñas 
Ha .sidii muy bíen jablado: 
Y mentirá voto al cinto. 
Quien díxerc lo cnnirario.» 

i6oy : Andrés de Glaramonlu y Ctírroy. 

Letanía moral..... piadus** trabado de Andrés de Cíai-amvnte y Co- 
rroy. Con privilegio. En Sevilla... año de ¡613, 8.". 
Kn este libro, compuesto antes de ilíto, pues ta «probación de Fray Honcnsio 
esUl fechada en Madrid i 'J3 .Muyo de 1610. Iiay a! tin el ínquiridion de Im mi- 
nios inpOiiJiiiix. que es una brevísima reseña de los principales poetas conicmpo- 
rineos, y al hablar de Cervantes dice: 

«Cervantes, c) dignisimn poeta español, autor de Dos Quijote.» 



Juan Kuiz de Alarci'in. 

Se({ün Luis Feínif^dcx iAlareóii). Cen-antCi «sugirió á Alarcdn el inienlo de 
rcalimr en sus obras un lin moral de bienhechora ensertanza», y en suma «estima 
tKuíz d* Alarcón por discípulo de Cervantes», durante la permanencia y trato d« 
ambos en Sevilla. .Mis tarde, por losados de 1613, *uello AUrcún i la Corte y an- 
cianoya Cerv-anies. nótase un dcivb entre ambos; pues, ni éste in4:Iu>ú al poeta 
mcjíaino en sti Vuie okl Parnaso, ni A¡arci5n nombrúal i^ran ingenio akalaino 
ni á aus obras, por más ^ue se inspiró en ellas il componer buena parte de susCo* 
medias. Tal mutuo olvido de tas anlt{>tuas amistades cslá comprobado por las me- 
mofías del ttempo, y maRitlralmenie lo describe el Sr. Fernández (juerra. en su 
citada obra. - 



8 PopularícUd de Onraní» en Esparii ui lok siglo» xn y xvii 

1G13 : Alonso Jerónimo de Satas Barbadíllo. 

Kn la Aprobación de las Novulu de Cen-anics, año «le 1613, bui> cvimf^idos 
«lostoft de elfas ; y en todas su» obras Miranspurenu la admiración que por el gran 
Íni;enio sentía y el aprecio que de sus produLci^ines hat;ta. Alguna» de la> Sotvias 
del (amou> KarhaJíllo quieren seguir el ai rede lasdcOerMinle&v varíu> paujn de 
una de ellas. El nvallero puntual, son una imiUctÓn del pensamiento del Xsoí- 

HIOSO HltULCO. 



i6i5 : Dr. Cristóbal Suárcz de Figueroa. 

Coloca i Ccrvanieü cnirc los mus lamosos autores dramilicos : 
«Un Lupe de Rueda, un Belarde. único en el lenguaf;e anii^-uu, 
un famuso Lüpedu Vega.Tarrega, Agutlar, Miguel Sanchi:¿. Mi^ut-I 
de Cervantes, Míra de Mescua, Luís Velez, Gaspar de Avila, eti:.» 

iPia^a Vniftrjat de todas lat Ciencias; Madrid, i(ii5.) 

1630-1662 : Don Pedro Calderón de la Barca. 

Bien demuestra el insi);nc dramatuíKo cuánto le admiraban t encantaban la» 
producciones de Cervantes. 1 juijtar por las multiplicadas citas que de ellas hace 
en sus Comedia». Cilaré las principales : 

En Casa (on dos pucrlax Jornada I, escena V.cuenu Lbardu á Don Félix 

esc viaje y plante aventura : 

«Todo esio 
Ya vuestra amistad lo sabe; 
Pero importa haberlo dicho, 
Pura que de aquí se enlace 
La mas extraña novela 
De amor, que escribió Cervantes.» 

En la Jornada III, CKena XII, Fabto acomete al gracioso Calabazas, criado de 
Liuirdo : 

Fabio 

«¿Quien sois? 

Calahajea^ 

Si esque el miedo no me engaña, 
Un curioso impcrltncntc.» 

[Cata con dos puertas mala a de guardar. Comedia escrita en 1630.1 
lin la comedia El siiio de IJredá, Jornada 1, escena \11> don Fadrtque, prepa- 
rándose á tomaren una escaramuza unos molinos de viento, dicccl espitan Alonso; 

«.{Molinosde viento? Ya 
Me parece su demanda 
Aventura del famoso 
Don Qüiioie de la Mancha.» 
{¿'/l^iiOt^eÜrAÍd, escriuen i(jj5.| 



Popul&rldad de Cervanlet en España «n ios m^Ios xti y ivn 



En ¿a l>ama dumde. I« cana que Don Manuel escribe á la protagonista e» una 
hermcna imitación de la que enviú Don (Quijote á Dulcinea: Bdcmss.cn la Jorna- 
da I. euMna V, Cosme reprocha sollo »oeeii su amo Don Manuel el haberse me- 
tido ún ton ni ion en pendencia con Don I-uis, que seguía á una mujer, uliendo 
herido, y dioe: 

«¡Qué bien merecido tiene 
Mi amo lo qu« se Hova ! 
Porque no se meta á ser 
Don Quixutedc la legua.» 
\La íiama tiuende. entrenada en 1639.) 
En La Banda y la Flor, Jornada [, escena..., hay esta reminíKencia del Quuotk; 

PONLBTÍ 

«y yo por obedecerle 
hablo así, T)€um de Tieo, 
que es decir, d¿ donde diere.» 
(La Banda y la ^Vor, cscniaen 1633.^ 

En El Atiróiogojingidú. Madrid, 1Ó33, Is escena de la Jornada 111, en la que 
OiiAez neudero. engañado por Morón, monta en un banco creyendo ciegamente 
hacer con él d \ia{c á su tierra, e;i una imitación de ta aventura del ClaviUha. 

Kn El Sfaeftrv de danxar, eiCTiVi en 1640, introduce Calderón i uno que s« burla 
del arácicr uveniurcrude otro: 

«Todas las locuras dijo 
De Esplandian y Bcliants, 
Amadis y Bellcnebros, 
Que, á pesar de 'Don Quijote^ 
Mov á revivir han vuehu.» 
Kn El Alcaide dt Zalamea. 16S1. Jornada I, e^iena 111. el Sargento, al vtral hh 
dalgo Don Mendo, dice : 

«Un hombre 
Que de un flaco Rocinante 

Se apeó, y en rostro y talle 
Parece á aquel Don Quijote 
De quien .Miguel de Cervantes 
Escribió las aventuras.» 

En la Jornada ti de La Siüa de Gi>me\ Arias, t%cti\*tn 16&1 
Gómez, le dice ; 

«Ya los caballos, señor, 
Atadosquedan, con harta 
Queja de los tre<i, diciendo 
Én rocinantes palabras 



Ginés, el criado de 



En la Jomada llt de También hay duetottt tatdamea: 

l»AU£L 

«Yu la he visto con dos ojos. 

TAUMllI 



PopuIxrKJwl át Ccrvanm en K&paAa en Im siglos xw y xnt 

SmóH 
Es de vidriu el uno. 



. . . ^Fu¿du&pm'dício 
Oe alguno, que se le quiebra 
A esa mi señora Doña 
Licenciada Vidriera?» 

l^n Ib Jcrrnsda 1, ««cena XX, de la comutiia Dicha y desdicha tfeí nomltre, 1Ó63. 
Don Keliik impide el rapto de ScraririJi, y Flora, criada de ¿^ta.prtgunuáTrÍ»lán, 
criado dvt^uél: 

*,jDe donde nos vino este 
Don t^uijotc de la Mancha.' 

ftnpondc Trtstín : 

De la Peña Pobre, donde 
Ue Beltuncbn>s estaba 
Haciendo la penitencia, 
V yo soy .su Sancho Panza.» 

Se(>ün Hi-njumca. que [lumá íí.eT\:Anii¡.ii:\ ri^y Jei romamidtmo.diceCiídaán. 
vn bwa de un personaje de iua drama» : 

*Es mi amonan noíteU'ro 
Que me lo pintó Cervantes.» 

E\ ^racioio Türmuie^, en Los ki}0% de ia Farluim, Jornada I, dice : ' 

« soy servidor de damas, 

tanto, que si Mancha hubiera 
En Egipto, es cosa clara, 
Que á m¡ m« tocara ser 
El Quijote desa Mancha.» 



Gaspar Kns. 

Epidurpidum iibriJV. iu quibus multa sapienier. graviter. ai-- 
guie. sahe. alque elíam ridende dicta ct Jacta coiUínentur.-Colo- 
niae. 174K. 2 tomos. 

El autor d« esla obra fué Gavpar En», iraducioi del Gmman de Al/dmche y de 
fc'í La^ariUo de Tormet. 

«Ks una colectiún de chUu-i.cucnii». arccdotas. clc. traducido^á veces deles- 
pañul V del italiano. No contiene nada de Ccrvantev, pero si cm rcfcreni^ia á la po- 
pularitlad de Dun Ou'iotc H*^e t^onccpitio muy importante por encontrarse en un 
libro eicriiiianiesde ubí. Dice, hahla,nd<jklel trovador García Sánchez de baJnjoí, 
que se vnMi'i loco por amores : In Hispenia txltbrt adhnc ai Gatxiae Sanchcs de 
Badajo^ no» ininua <iuam /amost HHut (¿uixoue de ía Mancha ttomen.* 

Debo e»u interesante noticia al .Sr. .Men¿ndez y Pelayo, k quien &e la comunicó 
su amÍKO el profe^tor holandés F. de Haan. 



Popularidad de Cervantes en España en los siglos xvi y xvii 1 1 

1627-1667 : Tirso de Molina (Fr. Gabriel Téllez). 

«Paresceme, señores, que después que murió nuestro Español 
Bocado, quiero dezir Miguel de Ceruantes » 

{Cigarrales de Toledo, ps. 193, 194,) 

En El castigo del penseque, ido \,e^cení X, pondera Don Rodrigo sus aventuras, 
y le contesta su criado Chinchilla : 

«¿Hay sucesos semejanies? 
Cuando los llegue á saber 
Madrid, los ha de poner 
En sus novelas Cervantes. 
Aunque en el tomo segundo 
de su manchego Quijote 
no estarán nial, como al trote 
ios lleven por este mundo, 
las ancas de Rocinante, 
ó el burro de Sancho Panza.» 

{El castigo del penseque : Doce comedias nuevasdel Sf. Tirsode Molina; Madrid, 
1637, 4.*.1 Debió de escribirse entre 1613 y [fií.s, según del trozo transcrito se infiere. 

En su comedia Amar por señas : 

«Sois la infanta 
Lindabridis á lo Febo; 
A lo Amadiseo Oríana; 
Gridonia á lo Pigmalion ; 
V'Aicomicona á lo Tan^a: 
O á lo nuevo Quijotil 
Dulcinea déla ■'Kíancha.» 

(Amar por señas, comedia. P. XXVIi de Comedias yarias compuestas por los 
mejores ingenios de España ; Madrid. [667,4.°), 

1634 : Anastasio Pantaleón de Ribera. 

Romance á Amarilis 



Heredando á T)ün Quijote 
Los modos de sus empresas, 
Aunque les pese á jayanes 
Has de ser mi Dulcinea.» 

^Oér« de Anastasio Pantaleón de Ribera: Madrid, por F. Martínez, MDCXXXIV, 
8.*. i 

1645 : Francisco de Rojas Zorrilla. 

Toma dos veces por simil á Don Quijote en Entre bobos anda el fuego: Segunda 
Parte desús Comedias; Madrid. i645;4.''. 



lu Populahdftd de Ceii->nic>> en España en los siglos xvi y xvii 

Baltasar Porrcrto. 

Según Don Gregorio Mayans i Vida de Ceryanles; núm 56). el licenciadn Halla- 
sar Porrcño.enlos Dichos y Heehta dt Felipe I ¡I dice: 

«en un balcón de su palacio de Madrid, v espaciando la vista ob- 
servó que un estudiante juntri al rio Manzanares leia un libro, y de 
quando en quando interrumpía la lección, y .se daba en la frente 
{grandes pn Imadas^ acompañadas de grandes [novimientosdc placer 
y alegría, y dixo el Rey : Aquel estudiante ó está Juera de si, ¿lee la 
Historia de Don (^uixote. Y con efecto la leia, según se apresuraron 
los palaciegos á averiguarlo.» 



1667 : Juan de Burgos. 

Gracioso romance en que se quexa Sancho 'Pan^a á su amo Don 
Quixotc de que no le da de comer, por cura causa ae despide de la 
cabaUcria andante. Y respuesta que Don Quixote dá en unas agu- 
das quinlillas.» Comp\iesto por Juan de Burgos, de Segovia. -Ma- 
drid, i85i. 

t^Romantxro de Dumn; t. I, p. Ka: Mttdrid, iH5i. K% el tomo X d« la Bibtioleca 
de Autora Etpañotet.) 

1667 : E! P. Joscph Moret. 

Salid en Zaragoza, el año 1666, una obra titulada Fí propugnáculo hiiioricay 

juridico Tudelcí ituslrada y defendida, por elLicenciadc Don Joseph Qonchítlw, 

en la cual se tniu de demostrar que Tudcla es Is primera población de España, 
fundada por Tubal : y se auca el libro d«i P. .Moret : Antigüedades del reyíio de 
Navarra. Entonces «1 P. Joseph Morctpubllcóconipi Conchillos el s.ígu lente libro: 

£■/ Bodaqve |] contra el propvgnaa'lo |] Hiitortco, y Juridico del U'een- 1| dado 
ConcAiitos. I Por i Fabio, Silvia, Marcetto. \\ En Colonia Agrippina. || Por Seuf 
riño Ctarity || Año de ¡66y. — 8." p. 171 ps. 

En esta obra » anuli^s frase por frase la del Licenciado Conchillos, aiacindolt 
y desmenuzándola con donosa, al par que desapiadada, ciiiicn. Hay algunas alu- 
siones al QvrioTKycomo más notable extractaré la siguiente que se halla en la pá- 
gina 40, etc. : 

mSylvio : Y bien, señor Fabio, como os ha ido con Conchillos? 
Fabto : Como pudiera con Dun Quijote de la Mancha si resucitara. 
A hauer salido su libro en tiempo de Pjtagoras, los discípulos de 
este se confirmaran en su error, y creieran iínnemenle que el alma 
de Don Quixote hauia mudado 'de barrio, y enfardando su ropa, 

f lasado sus trastos en casa de Conchillos. Marc. : Vienele de molde 
a acomodación de Don Quixote de la Mancha. Porque con el pre- 
supuesto errado de mancha a su patria, gasta muchísima híe) en su 
estilo. Syt.: Y todo se le antoja tuertos. Y caballero en estilo rocinan- 
te y a veces ruzio, y rebuznando en lo mas ardiente de la colera del 



desafio, enristra el lanzon mohoso de pesadumbres bastas : haciendo 
profesión de desfacedor de tuertos, que en pariese le antojan, y en 
mucha parte ñngc. Fab. < Después que he leído csic libro me ha 
venidu á la imaginación que el señor Cervantes escritor bencmeriin 
del gracejo del pueblo, no compuso fábula, sino que nos hizo rela- 
ción verdadera. Porque en el libro del propugnáculo que suena á 
escrito de veras, hallo sin quíiar. ni poner, la misma ilusión con 
Dulcinea, el mismo empellarse á aventuras por el mundo, el mis- 
mo antojarselc los hombres pacíficos que pasaban su camino, ma- 
landrines conjurados, y vestiglos eneniiRossuyos, y el mismo echar- 
be de rebato la celada de encaje, derretírsele, con el ardimiento de 
la colera, los sesos en requesones. Syi. : El caso pide prompio re- 
medio; V á mi me parece el mas conveniente, el que se usó con 
aquel pobre hombre, ¡Iluso con la caballería a ndantesca. Fab.: Qualr* 
S)'l. : El que usaron el Cura, y Maese Nicolás el barbero, que le 
echaron por las ventanas á la calle todos los libros de caballerías. A 
este sef<undo iluso convendría le saquen de casa iodos loslibrosque 
hablaren alguna palabra de Tuba!, porque le tiene tomados los cas- 
cos Tu bal. > 

1673 : Matos Fragoso. 

LcoM 

«¿Qué comedias traes? 

AvTO» 

Famosas 
De las plumas milagrosas 
De Esparta 



La bizarra 's-Jrsiiuia^ que es 
Del ingenioso Cervantes.» 
yLa Corsaria Catalana : P. 39 de Varios; Madrid. 1673,) 



vm 

CERVANTES JUZGADO POR I,OS ESPAÑOLES 



ifonso Jerónimo de Salas Barbadillo : i6t3,-N., .Madrid, 
i58o; m., itijS. 

« conñrma el dueño desta obra la justa estimación que en Es- 

paAa y fuera della se hazede su claro ingenio, .sin^ularen la inucn- 
cion. y copioso un «1 ienf^uagc, quí con lo vnu, y lo oiro cnscfta, y 
admira, dexandodcsia vez concluydos con laabumlanciadcsus pa- 
labras, a los que siendo émulos déla lengua Española Ja culpan de 
corta, y niegan su reriilidad.» 

(.Aprobación de las Novelas cxeMFLAiiEi ds Ckkvaktzs. en Madrid &31 dclulio 
de 1613.) 

Licdo. Merquen: Turres : ifJiS. 

« hallo en el Qi^ixcte mucha erudición y aprovechamiento, 

así en la continencia de su bien seguido asunto, para extirpar los 
varios V meniirosos librox de Caballerías, cuvo contagio avia cun- 
dido mas de lo que fuera justo : como en la fisura del lenguajecas- 
teltano no adulterado con entadoica v estudiada afectación, y en la 
corrección de vicios, que í¡encralmenie toca ocasionado de sus agu- 
dos discursos, guarda con lanía cordura las leves de reprehensión 
cristiana, que aquel que fuere tocado de la enfermedad que pretende 
curar, en lo dulce y sabroso de sus medicinas gustosamente habrs 
bebido (cuando menos lo imagine) sin empacho ni asco alguno lo 

fíroveehoso de la detestación de su vicio, con que se haüarái (quees 
o más difícil de conseguirse) gusti>S(>. y reprehendido.» 

«Certifica luego Torres que muchos cavalleros franceses, estando 
él de visita con el Arzobispo de Toledo en casa del Embajador de 
Francia, alabaron á Cervantes encareciendo la estimación en qucasl 
en Francia como en los reinos confinantes se tenían sus obras, La 
Galatka que alguno dellos tiene casi de memoria, la Primera Parte 
del QriJoTK y las Nüvüi.as; v que al dezirles que Cervantes era po- 
bre, dijo uno de ellos : ^'Pues a tal hombre no le tiene España sus- 
lenudo del erario publico?; y otro contesto : A' necesidad le ka de 
obligar á eicribir^ plega á Dios que nunca tenga abundancia, para 
que con sus obras, siendo él pobre, haga rico á todo el mundo.» 

I Aprobacián de la Segunda Parte áel Quijote ; Madrid, a? Febr«ro lúift.) 

El M. José de Valdivielso : i()i5. 

«. el QuixoTL... contiene... muchas (cosas) de honesta recrea- 
ción. V apaziblc diucrtimicnlo... mezclando las veras a las burlas, 
lo dulce á lo provechoso, y lo moral á lo faceto, di&stmulandoen el 



|6 



Cervantes juzgado por los c»!»ñole» 



cebo del donayre, el anzuelo de la reprehensión, y cumplicndücon 
«I acertado asunto, en que pretende la cxpulsíuñ de los libros de 
Cauallerias, pues con su buena diligencia mañosamente ha limpiado 
de su contagiosa dolencia á c:>tos Keynos. l£s obra muydigna de su 
grande ingenio, honra y lustre de nuestra nación, admiración y in- 
vidia de las cslrañas.» 

(Aprobación de la S^unda Parle del Qiíuots. 17 Marzo de i6t5.) 

Manuel dcFaria i Sousa : ifisg.-N., Souto, i59o;m.,. Ma- 
drid, 1647. 

TrsU de ingenw agudhima k Cervanie^, por su original modo de corregir los 
vicios en el Quijote, del cual dice que 

«apenas tiene acción perdida ó acaso, sino ejemplar, ó abierta, ó 
satírica, ó figuradamente.)» 

£l(it^ia la invención del Gobierno de Sancho Pama, diciendo que 

«es tan verosímil, como cierto haber muchas Sanchos Pan/ascn 
tales gobiernos; y desta minera escriben y piensan y reprenden los 
grandes hombres.» 

Consigna que el Quijote desterró los libios de cíballer!»*: 

«ya en virtud de la feliz invención dcMiguel de Cervantes no son 
tan leidos aquellos libros llenos de superHuídades.» 

{Las Lusiadas de l.uis de Camoem, príncipe de los poetas de EtpaAa. Cwnenla- 
das por li. Manuel de Faria i Sousa. Año j638.-En Madrid, por Juan Sinchcz. 
^ lomos en folio.) 

Et P. JosefMoret : 1677. 

Notabit cita del Quuote y de Ccrvanies. 
< Kl Bodoque otntra eí Propugnáculo. ] 

Diego Oriiz de Zúñiga : 1677.-N., Sevilla,. ; m.,, Se- 
villa, 1680. 

I^logia S. Cervante», poniéndote equirocádaraente «nlrc los h¡io& ilustres de Se- 
villa. 

(Anaies de Sevilla.- SUdúá, i&j-j.) Lib. XV. aAo i5f)8. 



Nicolás Antonio.-N., Sevilla, 1617; m., Madrid, 1684. 

«Cervantes En el tiempo en que floreció y después hasta casi 

nuestra edad, hubo uno que Otro que le igualase en elevación y ame- 
nidad de inpeniOj mas que le aventajase, ninguno; en verso no me- 
nos que en prosa fué de los más disertos. 



Cervantes jugado por los e&pañolcs 17 

Muchus libros nos dejó que en verdad son muy estimados por los 
que anhelan efcrcitarse en el campo de nuestra literatura; y, en ge- 
neral, todü el mundo se rc^-ociía con la festiva invención de sus 
Novelas (casi tojo:t los europeos poseen las principales traducidas 
en su idioma), las cuales son llevadas en palmas y con razón cele- 
bradas. Un modo de decir fácil y agudo, en que tánlo se distingue 
el autor^ y que está como empapado de admirable belleza v elegan- 
cia, y untsquisiio decoro, mantenido anie lodo, hacen que estas 
obras superen á las demás do este género. 

El Don Quijote dk i.a Mancha, festivísima invención de un héroe, 
nuevo Amadis á lo ridículo, agradó tanto que oscureció todas las 
bellezas de las antiguas invenciones de esta clase, que por cierto no 
eran pocas.» 

(Bitliotiieca Hispana S'ova. -Rom», 1673-7*).) 



Gregorio Mayans y Sisear: 1737.-N., Oliva, Valencia, 1699; 
m-, 1781. 

■ En la Galatea manifestó Cervantes la penetración de su in- 
genio en la invención: su fecundidad en la abundancia de hermosas 
descripciones, i entretenidos episodios: su rara habilidad en desatar 

unos ñudos al parecer indisolubles; Pero lo que merece mayor 

alabanza es que trató de Amores honestamente Escribió las co- 
sas de Amor aguda i íilasoíicamenle, lo qoe temió que habiadescr 
reprendido; i assi procuróanticipar la disculpa con estas i otras pa- 
labras : •Kadvirtiendo qttn m uchos de hs dixjva ^ados pastores, lo eran 
solo en el hábito, queda llana esta obgecion.» No tuvo Cervantes 
igual disculpa que alegar en satisfacción de otra censura, que viene 
á parar en una nota de la fecundidad de su ingenio : i es, que en- 
ir elegió en ésta su Novela tantos Episodios, que su multitud con- 
funde la imaginación de los Lectores;... En la Galatka ai Coplas 
de Arte menor, de suma discreción y dulzura, por la delicadeza de 
los pensamientos, i suavidad del estilo. Sus composiciones de Arte 
Mayor son inferiores; pero ai en ellas muchos Versos, que pueden 

competir con los mejores de qualquicr poeta El estilo tiene 

ta coliicacion penurbada, y por eso es algo afectado. 

La Fábula de Don Quiíoik imita la litada. Si la Ira es una especie 
Je furor, yo no diferencio á Aquiles airado de Don Quijote loco. Si 
la liiada es una fábula heroyca escrita en verso, la novela de Don 
QouoTE lo es en prosa. 

En Don Quijote se nos representa un valiente Maniático, que pa- 
recicndole muchas cosas de las que ve, semejantes á las que leyó; 
sigue los engaños de su imaginación, i acomete empressas, en su 
opinión, hazañosas; en la de los demás disparatadas... En Sancho 
Panitasc representa la simplicidad del vulgo, que aunque conozca lo.s 
errores, ciegamente los sigue. Pero para quela simplicidad de Sancho 
no sea enfadosa á los Lectores, la hace Cervantes naturalmente gra- 

TiHBalll 4 



i8 



Ccrrxnlcs juzgad» por los españole» 



ciosa... Uttimamentc por no incurrir Cervantes en to mismo que re- 
prendía de la vanidad de los Libros Cavallcrescos, i acordándose 
del fin ^ue se avia propuesto, de hacer despreciables aquellas pa- 
trañas; hizo que Don Quijote de la Mancha,... bolvíessc luego en su 
juicio y confessasse haber sido disparate todo quanto hizo i obro por 
el deseo de imitar aquellos Cavalleros Andantes, puramente imagi- 
narios. Según lo dicho ya se v¿ quan admirable es la Invención 
desta grande Obra. No lo es menos la Disposición de ella; pues las 
Imágenes de las Personas de que se trata, tienen la duvida propor- 
ción, i cada una ocupa el lugar que le toca: lossucessos están enla- 
zados con tanto anilicio, que los unos llaman á los otros, i todos 
llevan suspensa i gustosamente entretenida la atención del Letor. 
£n orden ai Estilo, ojala que el que hoi se usa en los assuntos mas 
graves, fuese tal. En él se ven bien distinguidos, i apropiados los gé- 
neros de hablar. Solo se valió Cervantes de vuces antiguas para re- 
presentar tnejor las cosasanlíguas. Son mu¡ pocas lasque introdujo 
nuevamente, pidiéndolo la necessidad. Hizo ver que la Lengua Es- 
pañola no necesita de mendigar voces Eslrangeras para explicarse 
cualquiera en el trato común. En suma destilo en esta Historia de 
DonQuíjotees puro, natural, bien colocado, suave, i tan emendado. 
que en poquissimos ICscrilorcs Españoles se hallará tan exacto. De 
suerte que es uno de los mejores textos de la Lengua Espa/^ola. 

í^l daño que en otro tiempo causaron .semejantes fábulas fué tan 
grande que se puede llamar universal. Por eso aquel juiciosísimo 
(.ensor dela'T^epúWica Literaria. Juan Luis Vives, quejándose gra- 
visimamente do las corrompidas costumbres de su tiempo, decía: 
^Qtié manera de vivir es esta, que no se ten^a por canción la que no 
sea tor^e? Conviene, pues, que las Leyes y los Maffistrados den pro- 
videncia contra esto: i también contra los libros pestilenciales, ^uo- 
/« son en España Amadis, Esplandian. Ftorisando, Tirante, Tris- 
tón : á cuyos despropósitos no se pone término : cada día salen de 
nuevo mas. y mas : como Celestina Alcahueta, madre de maldades. 
Cárcel de amores. En Francia. Langarote del Lago: Paris i Viena, 
Punthoy i Sidonia, Pedro Proen^al. i Magaíona, \felisendra. Dueña 
inexorable. Aquí en Flandes (escribia Vives en Brujas, año i5a3) 
Fiorian t Blanca Flor, Leonela y Canamor. Curias y Floreta. Py- 
ramoy Tisbo las cien novelas de fíocacio. Todos los quales li- 
bros escribieron unos hombres ociosos entregados á tos vicios. 

Medicina pues muy eficaz fué laque aplicó efingeniosisimo Cer- 
vantes, pues purgiS los ánimos de (oda Europa, de tan envejecida 
afición á semejantes Libros tan pegajosos. 

En una cosa debe ser tratado Cervantes con alfíun rignr, i es en 
los Anacronismos... mas con todo, quiero disculparle diciendo, que 
como al principio de su Historia dijo que Don Quijote no avia mu- 
cho tiempo que vívia en un Lugar de la Mancha; i olvidado desta 
primera ficción en el fin, anticipó ei tiempo de Don Quijote. O para 
decirlo mejor, Don Quijote es hombre de todos tiempos, i verdadera 
Idea de los que ha ávido, ai, y avrá; i assi se acomoda bien á todos 



Cervantes juzgada por los esptAoles 



'9 



itempos y lugares. Y quinde los más severos Críticos no admitan 

esta disculpa; á lo menos no me negarán que estos descuidos 

por otra pane se recompensan con mil perfecciones: pudiéndose de- 
cir con verdad que toda la Obra es una Sátira la mas feliz, qu« hasta 
hoi se ha escrito contra todo género de gentes... y se engañan mucho 
los que piensan que Don Quijote es una representación de Carlos 
Quinto, y también los que creen que cn su héroe pintó al Duque 
de Lermá. 

Cervantes escrivi^algunas Novelas con tanto ingenio., discreción, 
i elegancia que pueden competir con las mejores ; la del Licen- 
ciado N'iDHiERA ju¿go yo que es el Texto donde Quevedo lomaba 
puntos para formar después sus Lecciones Satíricas contra todo gé- 
nero de gentes. Cervantes dijo, que su Persiles se atrevía a com- 
petir con llcliodoro. La mayoralabanza que podemos darle, es decir 
que es cierto. Quantu mas se interna el Letor en esta Obra, lantoes 
mayor el ttusto de leerla, .siendo el Tercero, i Quarto Libr() mucho 
mejores que el [."ya." En suma, es de mavor invención, yanili- 
cio, i de estilo mas sublime que la de Don Quijote; pero no ha te- 
nido igual acctacion; porque la invención del Quuotc es más po- 
pular.» 

(VUa ife Cervaales.-btigk-Roíi, 1737, 8.*) 

Diego de Torres Villarroel : r738?-N., Salamanca. 169G; 
m. después de 1758. 

«... en el ünage de epope^'a ridicula no se encuentra invención 
que pueda if>ualar cldunairedc esta historia [el Qcijotk] ni se pudo 
inventar contra las necedades caballerescas invectiva mas af;ria.w 



Luisiostif Vetá;!quc/ : 1754. 

Clu troaos del priMo^o de Cervantes i bs Comedias. cons¡gnan<lo que 

«en él, Cervantes, pinta bien el estado cn que entonces se hallaba 
ct teain> español y los progresos de su decoración hasta el tiempo 
en que él vivia.» 

Más adelante dice: 

«Cervanteíi se aplicó desde muy mozoá ta poesía cómica, y ayu- 
dado de su peregnnay vasta invención, compuso muchascomedias, 
que como ¿1 mismo asegura» podían servir de modelas... etc.. no 
sucediendo asi en las ocho que publicó.» 

Aiaba Ja reprehenÑ.íón que, por b>-icfl d«I canónigo, hace Cervanl«f de alguna de 
las comedia!» de >u tiempo. c?>pccial mente de Lope de Ve^. 

Alude V ciu é Cen-antes can oíros paujei. de sus obras, dindolc el dictado de 
célebre. ' 

iOriftents de la potiia casleUana. Madrid. 1734. -Hay otra edición de Málaga, 

í/*;; «■"'Je 141 ps-> 



30 



Cervantes ¡uzgad» pQt lo» españoles 



Blas Nasarre : 1759. 

Juicios. 

(Prdiogo d« las Comedias.) 

Josef Julián de Castro : 1760. 

«tFloreciá en España por entonces 
Aquci varón que en mármoles y bronces 
Grabó el elogio con que tanto medra 
Don Mi^uet de Cervantes y Saavedra, 
Este divino Cisne resonante. 
Este honor de Alcalá, su patria amante. 
Que de Apolo bebió en la dulce copa. 
Este, en fin, sol de España y de la Europa, 
Ilustró del leairo los primores, 
Con exquisitas obras superiores, 
Que adquiriendo á su nu men mucha gloria 
Eternizan su fama y su memoria.» 

{Origtn, ípoeas y progresas del Teatro Español. Poema lineo, difcurso M*t6- 
rieo. Itnprcio en Madrid el año de 1760(1). 

El P. Maestro Fr. Martin Sarmiento : i772.-N.,VilIafran- 
ca del Vicrzo, iGgS; m., Madrid, 1772. 

«Bien notorio es á todos que ese género de quiméricas composi- 
ciones y el mal gusto de gastar tiempo en su lectura, duró en España 
hasta principios del siglo xvii. quandi» Miguel de Cervantes, con la 
Historia de su Don Quixoie, desterró aquella lectura, é htzo despre- 
ciables todos aquellos libros de caballerías.» 

{Obrús posihunicít del Rmo. P. Fr. Mariin Súrmimto. Memorias para ¡a hiitaria 
Je la poetia y poelus eupañoiet.- Mí<ÍTid, I barra, MDCCLX.\V.-lvii4,"-Pi((. 331.- 
En lapiR. S citn el VrAje y Calatea como obrasen las que Cvrvanic&da noticia de 
muchos Poeus.) 

Francisco Javier Llamplllas: 1778. -N.. Maiaró, 1739; m., 
Genova, 1810. 

Reprendiendo á Ariosio por haber compuesto un poema que imita sitnplemenie 
las exirava(;ante& aventura» de la caballería en vee de inveniar una novela bien 
ordenada, dice: 

«¿No es una novela el inmortal Qi^ixcth? ¿Y dejó por eso de ob- 
servar el gran Cervantes todas las reglas que hacen deleytableé ins- 
tructiva la fábula? Guardó la unidad de la acción, mezcló como 



III l'ublicAette curto pncnacISr. I). Madu ti Careta át viiUnucra llugald«uitu Cvmpeaéitét 
¡a hütOTia gmtral ét ha mtrot ¿ HMíia, iHQt.t-"- iKxM-]4)p». 



Cervantes juzgado por toe españoles 



at 



debta los episodios con ta acción principal. idM aventuras extraor- 
dinarias bien auc vcrosimileK, pintó naturales lus caracteres de los 
pcrsonages, y les hizo hablar en el estilo que les convenía . . . 

Es el QuixoTc una novela llena de mil preciosidades y gracias, de 
una invención felicísima, de un estilo puro, natural, y copioso de 
chistes 

Ya se considere la invención feliz y original, ó la entendida dis- 
creción en el enlace de los sucesos y episodios, ya la viva y perfecta 
pintura de los caracteres, ó la naturalidad, amenidad y gracia del 
cstdo, ó el fin uiilLsiiiio que se propuso el Autor, debe confesarse 
que el Quixote, es una de aquellas pocas obras de ingenio que ha- 
cen inmortal el nombre del Autor. Si le miramos como poema épico 
romancesco, difícilmente se hallará otro después de los originales 
{■riegos, que pueda blasonar de una invencíun más original. Corvan- 
les abrió un nuevo camino á las a\cnturas romanescas, sin tener 
que cavar las minas agenas, para adornar su Quixote con piedras 
preciosas prestadas, porque tenia un fondo inagotable en su fecunda 
imaginación, la cual nos deleyta y encanta con prodigiosa variedad 
de sucesos maravillosos y agradables, sin ofender, no digo lo posi- 
ble, mas lo verosímil, ^ta es ta circunstancia singular que hí^ío á 
Cervantes superior al Ariosto y á los otros Romanceros 

En las graciosas aventuras del famoso Don Quixote se han de 
considerar tas cosas como son en sí, y como se representan á la des- 
ordenada fantasía del preocupado caballero. El autor no presenta 
gigantes que .sJilen i pelear con Don Quixote, pero nos pinta á ésie, 
que, lleno de las manias Romancescas, tiene por gigantes los mo- 
hnos de viento. No hace comparecer v des%'ancccr castillos encan- 
tudus; pero le parecen tales las más miserables ventas. Estas y otras 
invenciones delcytables. se leen repetidas veces, y siempre con el 
mismo gusto, porque ó qualquicra le parecen verosímiles, y cada 
uno experimenta aquel placer que imagina tendrían loscxpectado- 
res de tan ridiculas escenas. Merece ademas sumo elogio elariificio 
con que Cervantes quiso continuar una fábula, que parece debía ha- 
berse concluido desde la primera aventura; pues habiendo hecho 
palpable á Don Quixote la falsedad de las ideas fantásticas, que le 
representaba su imaginación acalorada era regular que le siguiese 
el desengaño. Para precaver este inconvcn lente halló el autor medio 
oponuno en las mismas manias caballerescas, con que tenia ocu- 
pado el celebro aquel extraño aventurero; porque en fuerza de ellas, 
creia obra de los Magos enemigos de los héroes Caballerescos, el 
disipar á ruer;:a de encantos las famosas aventuras que él se imagi- 
naba, como el convertir en molinos de viento los gigantes: los pa- 
lacios y castillos en rústicas cabanas, y en una agreste labradora á 
su adoVada "Dulcinea. Si queremos después considerar el fin uiili- 
simo que se propuso Cervantes, es forzoso confesar, que ninguno 
délos Romances antíguosy modernos puedcentrar en comparación 
con el Quixote. VÍÓ su Autor cuanto daño ocasionaban al buen 



ai 



C«rvaQt«s juzgado por Io6 c&paAoks 



modo de pensar las historias ridiculas y fantásticas de los antiguos 
libros de Caballerias, llenando la cabeza de la j uventud de ideas muy 
disparatadas y extravagantes, y discurrió el mcdiu más oportuno, 
qual es ciertamenle el dt'iacruditar v hacer ridiculas tales historias, 
e:scribicndo oira de i^ual ñ mayor enireicnímicnto, cumocs sin dis- 
puta kI Quikutk. La invención, artificio y utilidad deeste libro, lu- 
vieron iodo su complemento por el excelente estilo con quecsiá es- 
crito, el quai es causa de que se lea en nuestros dias con la misma 
complacencia que de casi dos siglos á esia parte, no dando fastidio 
su lectura aunque se repita muchas veces : prcrogaliva tan particu- 
lar.quese cuenta de pocos Escritures de aquel tiempo. Y es de ad- 
vcrtirque losextranf^eros que tanto celebran el Qi-inote. lo admira- 
rian mucho mas si pudieran comprendertudas las bel leías y gracias 
del original, las quales es imposible poner como son tn si en otro 
idioma 

Del mismo modo que en los Romances, excedió á todos en las No- 
velas el fecundo ingenio de Cervantes, las cuales son honestísimas, 
y muy distantes de las fealdades con que están manchadas muchí- 
simas de aquellas tiempos. En alguna de dichas Novelas usa de la 
sátira con tal delicadexa. que podSa hacer honorá los más bellos in- 
genios de nuestra kÍ{^1ü 

Siendo de noiar que las doce Novelas de Cervantes que vienen á 
ser unas comedias en prosa, están escritas según las reglas mas es- 
crupulosas del arte. En ellas se admira la fecundidad de su inven- 
ción sin extravagancia: el artíñcio mas ingenioso con los desenredos 
mas Ncncillo-s; lus caracteres delineados con unosculores muy vivos 
y naturales: el estilo dulce, elegante y correspondiente a las perso- 
nas; y lo que imp'iria mas las niá>:Ínias hnneslísimasy propias para 
corregir ios vicióse inspirar amor á la virtud. Asi pues.se hace in- 
creíble que un hombre de esta clase nos presente como formadas 
según arte ocho Comedias desatinadas, propias de un celebro des- 
concertado, v de una estragada laniasia; lo que no se puede decir 
de Cervantes porque en el mismoañoíicató su Persiles. en ti quat, 
y asimismo en su Dedioitoria al Conde de Lemos. resalta en cada 
perlodoaquel genio superior que hizo inmortal el Qi;Exuri':. Yodiria, 
atendidas estas reflexiones, que la malicia de los Impresores publicó 
con el nombre y prólogo de Cervantes aquellas extravagantes Co- 
medias, correspondientes al pervertido gusto del vulgo, .suprimien 
do las que verdaderamente eran de ¿I, ó transformándolas en un 
todo.» 

{SaggMUoiico apoiogtíicñ della ieltíralura Jtpagnuala.-tienovk, 1778-81, StoIs. 
8*.] El texto lran!»cr>lo lo he tomado de la «guíenle tmducción : Eitsayo hislórico 
apologético de la liieraiura etpañoía conlia las opintona preocupadai de algunos 
ntrilorvs modernos UaUíinot, eic. Traducido del Juliano al Español por D.'Jotefá 
Amar y &or'¿on.-Z«ia|tO£a. 17S3.-6 vols. 4''.-'I'oino V, p¿^, 77, 160, 161 y 179; 
lomo VI, pág. i5S(i). 



U) El ubk) jciuiu ctpdAol l.lftinpills* CMribiu en Italiana tu dcruitaJc U l¡i«nlura opaüoh 
para naíor retatir lotauquM Jf 8«i<ia«lii. TíraboKki y •trok«u:ríiur«> dt IuIm. 



Cervantes ttiz^fido por los esptáolt;» 



Vicente de los Rios ; 1780.— Murió en 1779. 

«Con una liniiuicion se puede comparar Cervantes á Homero. Uno 
y otro sacaron susinvencionesdci tesorode la imaginación, con que 
Jos había dotado la naturaleza; pero Homero remontando su vuelo 
presentó á los hombres toda la mauestad dcsusDio!íC!>. tuda la gran- 
deza de los Héroes, y todas las riquezas del universo. Cervantes, 
menos atrevido, i') mas circunspecto, se conícnti'i con retratarles al 
natural sus defectos, tirando al centro det corazón humano las líneas 
de su inüiruccion, y jdürnándola con todas las gracias que podían 
bacerla amable, provechosa y suave. Aquel sacó ¿ los hombres de 
su esfera paraenf>randecerIos^y este los encerró dentro de si mismos 
para mejorarlos. En Momcro todo es sublime, en Cervantes todo 
natural. Ambos son en su linea grandes, excelentes & inimitables; 
pero en esta parle conviene mejor á Cervantes queá Homero el elo- 
gio de Veleyo Paiérculo; porque efectivamente, ni antes de esic Es- 
pañol hubo un original á quien ¿1 imitase, ni después ha habido 
quien sepa sacar una copia de su original imitándole.» 

Rio» quiere eneoDtrar ^mejan/a cnin la acciOn de la ¡fíada j la d«l Ql'ikktc, y 
caumcntrario» paiajcsy aventuraadeeiía novela que.se^ún él, ticaen estrecha re- 
lación con otras ilcl poema griego : 

«En la fábula de Cervantes cada aventura tiene dos aspectos muv 
distintos respecto al Héroe y al lector. Este no ve masque un suceso 
casual y ordinario en lo que para Don Quixote es una cosa rara y 
extraordinaria, que su imagmacion le pinta con todos los colores 
de su locura, valiéndose de la .semejan/a, 6 alusión de las mínimas 
circunstancias para transíormar lus molinos de viento en gigantes, 
la bacía en yehiio de Mambrino, y los títeres en ginetes moriscos. 
El lector siente un secreto placer en ver primero estos objetos como 
son en si, y contemplar después el extraordinario modo con que los 
aprehende Don Quixote. y los graciosos disfraces con que los viste 
su fantasía. Este placer es una délas gracias privativas del yL'ixoTE, 

que no pueden icncr las fábulas heroicas Sola la discreción de 

Cervantes podía haber descubierto un medio tan ingenioso, para 

3ue las aventuras de Don Quíxute ridiculizasen su acción en la reali- 
ad, y la hiciesen plausible en su imaginación. Asi encada aventura 
hay por lo regular dos obstáculo^ y dos éxitos, uno efectivo en la 
realidad, y otro aparente en la aprehensión de Don Quixote, y am~ 
bos naturales, deducidos de la acción, y verosímiles, sin embargo de 
ser opuestos. 

Los dos personages principales tienen un carácter duplicado, el 
qual varia el diálogo y la f¿buU, y entretiene gustosamente al lec- 
tor, representándole á Don Quixote unas veces discreto, otras loco, 
V manircstandosuccesivamenteáSanchocomo ingenuo y como ma- 
licioso. 

Las personas que intervienen en la acción se presentan en dos 
posiciones diversas, una verdadera, y otra aprehendida por Don 
Quixote, y el lector goza de la sorpresa y novedad que su no espe- 



rada locura causa en los demás interlocutores. Las costumbres de 
cada uno de ellos, aun de los que hacen papel solo de paso en la fá- 
bula, son tan convcníenU's á su carácter, y este tan propio de su 
condición, que mas p.'irecen retratos al iiaiural. que pinturas saca- 
das de la imaginación de Cervantes 

La figui-£i úc Dulcine» concurre á la acción baxo de (res formas 
distintas. La pintura que de ella hace Don Quixotc en su fantástica 
imaginación, es la de una perfeccíiSn, que puede servir de exemplo 
á todas las de su sexo. Esta misma damu tan perlecta. es un objeto 
de complacencia mirada como es en si (una labradora moza, bien 
parecida), ó de risa, según la rústica y graci»sa transformación que 
hizo de ella Sancho Otro objeto no menos divenido presentó Cer- 
vantes en dos actores irracionales, pi'ecisos para la acción, porque 
Don Quifote y Sancho era preciso que fueran montados conformeá 
su ridiculo carácter. 

Todos los acontecimientos raros y extraordinarios del Qi;txOTE 
los previno Cervantes con sin igual destreza. La historia del desen- 
canto de Dulcinea, tantas veces nombrada, y que merece serlo por 
su singularidad, está encadenada desde el principio hasta el fin con 
mucho arte y habilidad. Los juicios y disposictone.s de Sancho du- 
rante su Gobierno, que parecen á primera vista inverosímiles, y su- 
periores á sus talento:» y capacidad, los preparó de antemano Cer- 
vantes en el coloquio del Canónigo de Toledo» el qual hablando con 
Sancho sobre el mejor modo de gobernar, le asegura que lo prin- 
cipal es la buena intención de acertar. 

La corrección de los vicios caballerescos es el primero, pero noel 
único asunto de la moral del Qiijote. iín ella se com prebenden tam- 
bién aquellos defectos, que por ser mas freqOentesy perjudiciales á 
la sociedad y literatura hicieron mayor impresión en el ánimo del 
autor, zeloso del bien de los hombres y en especial de los de su na- 
ción. De manera que la moral de esta fábula no solo es útil por los 
varios objetos que abraza; sino también por la discreción con que 
los reprehende, á medida del esfuerzo preciso para desarraigarlos 
del espíritu del vulgo. Como nuestro autor se proponía el verdadero 
objeto de la sátira justa, que es mejorar á los hombres, no .-se con- 
tentó con impugnar los vicios caballerescos, sino que de paso \* se- 
fun le venía la ocasión reprehendió casi todos los defectos de las 
emas profesiones y estados, ó va prop'.inÍcndu y alabando á los que 
estaban libres de ellos, ó ya ridiculizando á los que en ellos incu- 
rrían. I£l estilo caballeresco era entonces común á toda Europa 

El estilo del Quijotk tiene á favor de su pureza y energía un mi- 
mero de aprobaciones igual al de los sabios que han hablado de ¿1... 
Este mérito crece y se aumenta, si se considera el estado de la len- 
gua castellana por aquel tiempo. Los que llorccicron en él, se que- 
jan del abandono y descuido conque los Españoles la miraban. No 
se cscribian por lo común en castellano sino vanos amores, ó fábu- 
las vanas;... A esta sazón principió á escribir Corvantes, y á mcfo- 
rarse nuestra lengua, hasta llegar á lo último de su perfección 



Cervantes ¡uzg/táo por los tapiñóles 



aS 



Cervanies sazoni^ el QruüTK con lodas las gracias de un estilo ele- 
i;anie. ingenioso y festivo, sin desdorarle con bufonadas, ni choca- 
rrtríab; 

£1 principal mérito de una obra irónica y burlesca no consiste en 
la festividad del estilo, ni en lo donoso de la ficción; sino en un cierto 
ridiculo que e^tá en la substancia del discurso, no en el modo, y 
que pende del pensamiento, y no de la expresión... Quando Cer- 
vantes líene á los lectores gustosamente divertidos con suceso«i ex- 
traordinarios y jíraves : quando Don Quixotey Sancho están llenos 
de admiración, y los demás personajes ocupados enteramente en 
cosas las mus separadas de la locura de aquel héroe : entonces Cer- 
vantes saca de improviso, y como por una especie de magia, una 
ridiculez donosísima, oportuna, ynaturalmentc deducida de aque- 
llos objetos tan distantes. Este es el universal y primer mérito de la 
obra, y donde mostró su talento original. 

El QuíJoTE es la obra más á propt'isito para conocer la perfección 
de nue.stra lengua, y la eloqüencía de Cervantes. St fuera lícito de- 
xar correr el discurso libremente, y la razón no precisara ya á po- 
nerle término, se haría una enumeración individual de las virtudes, 
adornos y variedad de su estilo. Se presentarían aquí todas las íipu- 
ras de pensamiento y dicción vestidas con aquella ^ala y bizarría, 
que tienen quando salen voluntariamente del regazo de laeloqüen- 
cía. :^in que las arranquen por fuerza de los senos de la retórica. Se 
de-<cubríria la ma^^estnd con que se eleva en algunos lugares, la sen- 
cillez con que se acomoda á otros, y la nativa gracia conque los her- 
mosea todos, V con esto se manifestaria juntamente, que es mucho 
más fácil ampliar los elogios de este ilustreescritor. que moderarlos.» 

{An¿¡isu del Quijote. Ktlición del Quiiore corr«{{Ídai por la Real Aiiademia Espa- 
ñola. -Madrid. 1780.) 

El abate Juan Andrés ; 1783.-N., Planes, Alicante, 1740; 
m.. RoiTia, 1817. 

«La fecundidad y gentileza de imaginación, la naturalidad y ver- 
dad de las narraciones y de las descripciones, la elegancia y ameni- 
dad del estilo, y el tino gusto ysano juicio de Cervantes, han sabido 
formar de un complexo de extravagantes necedades, un libro noble 
y deleitable, que hn sido recibido con aplauso tan universal de todas 
Us naciones, que Don Quixote se ve representado por todas panes 
en prosa y en verso, en estampas, en quadros, en telas, en tapices y 
de todos modos, llegando á ser más conocido un pobre hidalgo de 
la Mancha enloquecido por la lectura de los libros de Oballerias, 
que los Capitanes griegos v troyanos, ilustres por tantas batallas, y 
celebrados en los inmortales cantos de Homero y de Virgilio. Pero 
lo que constituye la verdadera gloria del Dos Quijote es el haber 
logrado el intento de quitar de las manos de todos los libros de Ca- 
ballerías, que por tantus siglos y con tanto perjuicio del buen gusto 
habían formado las delicias de b mayor parte de Europa. . . . 

Tono 1 11 i 



96 



Cervantes juzgado por los espaAoles 



...muchos Italianos, Franceses y Españoles se emplearon en es- 
cribir nuvcla.s; pero yo solo hablaré del célebre Cervantes, el qual, 
si con la publicación de su Dos Quixote desterró todos los libros de 
caballerías, con la pruduccion de sus novelas extiiiRuióel esplendor 
de todas las otras. Los argumentos de estas novelas españolas no 
tienen tanto interés como los de algunos de los Franceses modernos; 
pero la conducción de la fábula, la pintura de los caracteres, la ex- 
presión de los afectos, y la propiedad del estilo es todu tan superior 
en Cervantes que en ¿I parece que siempre se oye la voz de la natu- 
raleza, y en los modernos se ve casi pur todas partes la afectación y 
e! estudio. Cervantc!» sin distraerse en observaciones sobrado indi- 
viduales, toca todas aquellas circunstancias, que ponen los hechos 
á mas ciara luz, y que sirven para preparar bien los accidentes; las 
aventuras se suceden espontáneamente, y según el orden natural de 
los humanos acontecimientos : las narraciones son claras y precisas, 
y se hacen verosímiles con la distinción de [oí; tiempos, de los luga- 
res y de las personas, con laexpi^sicion de las causas y de los efectos, 
y con aquellas oportunas reflexiones, que hacen ver la conexión de 
las cosas, y dan mayor peso, evidencia é interés á las narraciones: 
las personas que se introducen hablan y obran como corresponde al 

carácter propio de su esfera y condición ; 

sin embargo de algunosdcfcctos, las novelas de Cc^^■a^te5 son piezas 
excelentes de imaginación y de eloqüencia, las mas perfectas nove- 
las de quantas tenemos hasta ahora, y las obras magistrales en su 
género.» 

{ iJell origine, pragreisi. staío allualí i'offnUeílerjlura.- Parmí, i783.-Tomo IV, 
pi(lN. 48(), 4go, 4rii, 539 y 533.- He tomado el (cxto de la traducci<in cspafiola, pu- 
blicada por D. Carlos Andréien Madrid. 1788; Sancha, 8 tomos 4.*.) 



Juan PabloForner : 1786.-N., Mérida,i756;m., Madrid, 
'797. 

«Para m( entre ei Quixote de Cervantes y El ¿üfundo de Desear 
tes, ó El Optimismo de Leibnttz no hay mas diferencia, que la de 
reconocer en la novela del Espai^ol infínitamente mayor mérito que 
en las fábulas filosóficas del Francés y del Alemán: porque siendo 
todas Acciones diversas solo por la materia, la qual noconstituycel 
mérito en las fábulas, en el Quijote logró el mundo el desengaño 
de muchas preocupaciones que mantenía con perjuicio suyo; pero 
las fábulas fitusúiicas han sido siempre el escándalo de la rai:on 

Habíanos venido de Francia el inepto gusto á tos libros de caba- 
llería, que tenían como en embeleso a la ociosa curiosidad del vulgo 
- ínfimo y supremo. Clama Vives contra el abuso; escúchale Cer- 
vantes; intenta la destrucción de lal peste: publica el Qujxote y 
auyenta como á las tinieblas la luí: ai despuntar el sol, aquella in- 



Cervantes juzgado porlos«spaAoles 



*7 



sipida é insensata caterva de Caballeras, üusp<;dazadores<ie gigantes 
y conquistadürcs de rcynos nunca oídos.» 

ClaniMundo aI Disirurso CXlll de El Ctnsoí-, dice: 

«([>ice V. que si se exceptúa el Qi'ijotk no Umemos qui^d ninguna 
obra que pueda ser comparable y inucho menos superior á las obras 
excelentes de otras naciones. Vd. antes sin haber leido nuestros Teó- 
logos desacreditó nuestra Teología; y ahora aquí, haciendo tuertos 
átiiuíudcdcsíacerlos como loexecutába D.Quixote,novecn España 
otro libro excelente que el de su historia. Mas, ¡que fuera de la Bi- 
blioteca de Kspaña, si dentro de ella misma se hallase quien com- 
batiese á banderas dcspU'ítadas el mérito de Cervantes? Al nene Vd. 
á Don Vicente García de la Huerta que estima en mas sus obras 
mismas que el Quixotk : con lo qua! venimos á parar en que entre 
Vd. y el Sr. Don Vicente no nos dexan un libro tolerable en la Pe- 
nínsula; si s'a aquel no exceptúa sus divinas poesías, y Vd. sus ex- 
quisitas cartas, gallega y andaluza.» 

«Bernardo Trevi&ano en la Introducción á la obra de Muratori, 
lyelte l\jJlessione sopra il fíuon Gw5/o(Vcncc!a, i73''0, dice: «A este 
senli miento tan bien acordado, algunos le llamaron una armonía del 
Ingenio; otros dijeron que era el juicio regulado por el Arte; varios 
una «Kquisídad del genio; pero los Españoles entendidos mis que 
iodos en la metáfora lo expresaron con este apropiadisimo y signi- 
ficativo laconismo ; "Buen Gusto.* 

{Oración apotoffitica ptir la España y su míríin tíier ario : para que strwa de exór- 
tiación al DiKWío IcUIq por el abale Dcnitia en la AcaJemia dv Ciencias de Berlín, 
rapondiendo á la {¡üeUÍon: Que se debe á España ^-ÍAtídtid, en In Imprenla Real, 
1786.. 8.-. > 



Antonio de Capmany : 1 786.-N . , Barcelona, j 742 : m. , Cá- 
diz, 1813. 

«No puedo disputar, ni aún dudar, si la famosa fábula del Qui- 
jote merece un lugar de los más distinguidos en el templo de las 
musas, por la novedad de su objeto, porlo bien manejada que está 
la acción, por ta fecunda variedad de sus episodios, por la propie- 
dad de sus caracteres, por la naturalidad y gala de su narración, y 
por la solidez Je su moral. Mi olicio se reduce á presentar á Cer- 
vantes por la parte del lenguaje castellano, y cal idadcs de su variado 
estilo. En el del Qlijote se vio trocada la hinchazón y vanidad do 
nucstrasantii^uas fábulas en simplicidad ysolidcz, la grosería en de- 
coro, el desaliño en compostura, la dureza en elegancia, yla aridez 
en amenidad. Cervantes supo sazonar sus cuentos muy oportuna- 
mente con todas las galas del estilo urbano, y con todas las gracias 
del festivo, sin afearlo con bufonadas y chocarrerías indecentes. 
Pinta los defectos ágenos con toda la viveza de la ironía más lina y 
salada. En ninguna obra eslan mejor aplicados los modos de hablar 
familiares y los refranes :en aquellos se renueva la primitiva pureza 



38 



C«rv«nt<s juzgado por los españoles 



y casta ite la lengua; y en estos por su espíritu y discreción, se her- 
mosean V suavizan los prccepios de ta moral. Tampoco carece el 
estilo deí Qi'ijoTK de una grata y Huida armonía, cuya dulzura v 
nobleza es en algunos lugares incomparable: en donde se hace alarde 
no solo de la anuencia, riqueza y numerosa grandiosidad de la len- 
gua castellana, sino de la gala y bizarría de figuras elocuentes con 
que realza el tono de su elocución. Olra de las gracias y delicado 
gusto de la elegancia de Cervantes, así un sus Novklas como en el 
Don Quijote, es la exquisita v .selecta manera de expresar el tono, 
gesto, voz y afectos con que los interlocutores empiezan sus quejas, 
exclamaciones, reprensiones y razonamientos. La infinita variedad 
de que usa el autor modificando tan diversos y encontrados senti- 
mientos y situaciones, prueba su inagotable vena 6 invención en 
este punto, en que pocos 6 ninguno han cargado su consideración. 
No por esto está escnia la historia del Quijote de algunos vicios, no 
de lenguage, mas de estilu; y no pur ignorancia del autor, sino por 
negligencia algunas veces, y otras por demasiado esmero, con no 
pocos resabios de afectación : en lo cual manifestó el deseo de os- 
tentar por boca agcna todas las habilidades que poseía, para que no 
se le pudriesen en el cuerpo. 

Mas sustanciales censuras se podrían poner á sus Novelas, que 
aunque abundan de tiernos afectos, de hermosas descripciones y 
discursos bien razonados, adolecen por lu gtneral de una pesadez y 
uniformidad de estilo, que amortigua por otra parte la curiosidad y 
deseos que despierta en el lector, con los términos interminables, 
y espacio-sos rodeos de la narración. 

La memoria de Cenantes vivirá eternamente, mientras haya 
prensas que impriman y ojos que lean.» 

(Teoiro hulór'uo-erllico de la tiocucn-^ta española.- *A»Aúá. Sancha, i?*!^; 5 
lomoftS.'*: lomo IV, págs. 378 y siguicnicü.) 



El Br. D. P. Gaiel! : lyHy. 

«Todas las aventuras, todos los razonamientos, y por último to- 
dos los refranes del Qiiijori-; se dirigen á dar la ¡dea de lo que son 
los hombres en esta vida. Se dice que el principal objeto de su autor 
lué el desterrar las fingidas y disparatada» histi^ria» de los libros de 
Caballeria; soy del mismo sentir; mas también creo que toda la 
Historia de Don Quixote, ó lo mas de ella, se funda en la vida del 
sin igual Cervantes; que tiene algo de crítica; y ademas de los fines 
referidos no fuóagcno de su cuidado dar reglas á todo humano para 
pasar vida mortal. Retrata un hombre demente con intervalos de 
discreto, buscando aventuras con unos fines los más loables. Y si 
bien se mira, se ven en él todos los hombres. Lo pinta incorregible 
en todo el discurso de sus andancias, y al fin nos lo pre.^enta arre- 
pentido de haber llevado una vida tan extraordinaria... En uno y en 
otro estado embebe mucha moral para qut: buhamos de ella los de- 



C«rvBntcs juzgido por tos españoles 



ao 



m;i.s hoinbrtís, y formemos un cauda! de virtudes, desprendiéndonos 
de ideas vagas, sin fundamento, r temerarias. 

Con un castellano el más puro, entre sublime y sencillo, hace de- 
cir cosas al Amo y al Escudero ¿ancho, que llenan la admiración 
de todos. £1 sabio se inflama conociendo el espíritu de sus concep- 
tos; y el ignorante se ric á carcajada tendida de .sus producciones. 
Es tal V innta la erudición que conliene el Quuutk, que no era fácil 
dar una regular descripción. 

Para todo su pueden extraer leyes ó reglas las más puras, las más 
justas y las más acrisoladas. Con una dulzura sin igual corrige los 
abusos' en todas materias. 

Dibuxa al hombre embistiendo imposibles, atacando cxcrcítos, 
descabezando Reyes, solo para manifestarle lo que delira la humana 
naturaleza é imaginación, cuantas veces emprende cosas^uperiores 
á sus fuerzas y talento.» 

{La moral de Fmn piiijtoíc.-MBdrid. 1789, S.*) 

Gregorio Carees' : 1791. -N., Hecho; m., á principios del 

siglo XIX. 

*Kué Cervantes hombre de finísimo gusioen costumbres y letras, 
cuya sal, ora picante como la de Piauío, ora urbana como ladcTc- 
rencio, motejó y persiguió los vicios que contaminan la vida civil, 
V los errores que menoscaban tas ciencias, levantando nuestro diá- 
logo á tal punto de propiedad y festiva gracia, que diticílmente les 
»m liuperioresaun las lenguas sabias; en una palabra, aquí hallareis 
todas aquellas festivas gracias que pueden alegrar el corazón y mo- 
ver la risa, extendidas con maravillosa arte en forma de narración, 
cosa muy diHcil de ejecutarse, á dicho de Tulio. Basta decir que loa 
nuestro autor, y ensalza con maravillosa y exquisita moral aquellos 
buenos otícios con que mutua y amigablemente se acuden los hom- 
bres en el trato de la vida civil. 

Pur qué. ^quien como él engrandece con una exquisita poesía la 
naturaleza de la ¡imistad (P. I. cap. 27), y llora los daños que le 
vienen de la mala correspondencia? Funda asimismo con bella má- 
xima de natural filosofía la felicidad de los casamientos en la igual- 
dad y mutuo amor ¿c l;is personas (P. II. cap. 5, igy 21), honrando 
á una novia con un breve pero lindo epitalamio (P. 11. c. ai ); y si 
describe las buenas partes uue debe tener una dama, pone el último 
punto de su hermosura en la honestidad (P. II. c. 32) y porque nada 
se eche menos en tan importuno asuniu, pinta con gran propiedad 
los oropeles y posturas de un jaque músico v presumido, para pre- 
caución de las incautas doncellas, mostranüo luego el ordinario y 
mal paradero de las livianas y antojadizas (P. 1. c. 5i). Pero, ¿qu't; 
documentos tan apropiados no dá nuestro autor á los que siguen el 

Mi t>a inav"i'P*<^*^"'i>*<K'<>p1n* lie butna elocución <}uc pone en aninbncMiii loiiuja* de 
Ccrvaaica. 



CervAQtcs juzgado por los españoles 



noble ejercicio de las armas (P. 11. cap. 24)?' Y. .¡como muestra con 
ejemplos loque pueden y deben hacer pechos generosos en bien del 
Príncipe (P. II. cap. 8), hunrando con un breve pero acabado elftgío 
fúnebre la memoria de vaIienie!.gucrrerüs(P. I. cap 39), que murie- 
ron con espada en mano en bien y gloria de la pairia? También cí 
aprecio de ia virtud se encomienda y loa con festivo pero cGcaz do- 
naire, y se muestra el honor que ella tof>raaun en este mundo (P. II. 
c. 8)e>>púnícndoá este propósito los pclif^rosdc la vida ociosa ocupa- 
da solo en leer libros fallos de toda utilidad (!'. I. c.47). y aconsejan- 
do la lectura tan varia como provechosa de las sagradas historias; y 
si echa por tierra la máquina de la andante catKilleria, y con ella 
tanto necio y menguado libro, enseña luego en un grave discurso 
con poderosas razones las partet que debieran lenertalesobras para 
ser útiles', y ocupar sin daAo las horas del necesario reposo. Y,^quién 
habló mejor de la naturaleza ¿e la puc.sia en si, y respecto de las 
otras ciencias, y de la eslima en que debe tenerse la vulgar, y del 
modo como debe ser tratada? 

Todo finalmente es acabado en nuestro autor, su estilo es pur ex- 
tremo puro, armonioso su número, y que ¡lena cumplidamente las 
maieri.isque toca. Ved, pues, si con buena razón han sido sus obras 
el asombro de los extranjeros, y especialmente el Quijote.» 

^Fundamento tieJ rigor y cíegaHcia Je h lengua azsielhna. • Sltáiiá. 1791: a to- 
inoB4.".) 



1797. -N.. Encinacorba, 1738; 



Juan Antonio Pellicer 
m., Madrid, 180G. 

«Las Novelas unas son heroycas, y otras cómicas, populares 6 
jocosas. Del número de las .segundas es el IxGKNtoso Hidalgo Don 
QuixoTE, que pudiera pertcneceriambien á las sátiras Varroníanas 
por constar de prosa y verso, de que se componían las que añadió 
marco Varron á las inventadas por ct filósofo Menipo. Es ademas 
de esto el DonQuixotb una fábula caballeresca, un verdadero Ama- 
dis de Gaula pintado á lo burlesco. ()un efecto se hallan en esta fa- 
bula la imitación ñel, la fina ironía, ta oportunidad, la naturalidad 
y la verisimilitud, que son los rcquisitc).squese piden en las parodian 
ingeniosas y picantes. Este artificio de representar por una parte á 
este héroe estrafalario con serios coloridos respecto a él mismo, que 
se contempla siempre valiente y afortunado: y por otra con los co- 
loridos de la burla y del donayre respecto á los lectores, que miran 
sus sucesos como son en sí y como dignos de risa, es nuevo en este 
género de libros, yes ingeniosísimo, que abre al poeta camino des- 
eni barajado y campo espacioso para esparcir y derramar por el de 
su Historia un caudal ¡nmen.so de sale^, gracias v jocosidades. En 
este nuevo estilo, ó nueva invención, consiste y se cifra según yo 
entiendo la originalidad de la Novela de Don Quixotk. Ademas de 
este fin principal, se propuso Cervantes otro, que puede Ilamarw; 



CL-rvinus íuzgado por los cspAAoIcs 



parcial ó secundario. Este es la reprehensión en general de las cos- 
tumbres de su tiempu, par» laqual u&adeuna perpetua y linasaiira. 
Esie espíritu satírico no solo ofrece también al historiador oportu- 
nidad para hacerosicntaciondesu genio l'csiivov sazonado, sino que 
gu>>ia y t-ncanta á lus lectores; porque hay racficado en el hombre 
cierto tundo de malignidad en virtud de la qual siente una secreta 
complacencia quundo ve ridiculizado á su próximo, y sicnic otras 
dos complacencias mas; la una, at considerarse libre, y esento de 
los vicios üue ridiculizan ¿otros hombres; y la utrü al contemplarse 
por esto mismo superior á los que los padecen. Pero un escritor sa- 
tírico, hábil y sagaz, como Cervantes, corrige al vicioso, y avisa al 
presumido insensiblemente. 

Asegura el Sr. Rios que la fábula de Don Quixote se puede com- 
parar con U ¡liada de llomcro, pero me parece que mas conexión 
y .inalipjj¡ia tiene con el ¡¡'¡snode Oro de Apuleyo. Esta traía de me- 
iamcVfiísi.s») iransfornjacioiiL'.s, en que por arte de encantamento se 
conviene el mismo .\piileyo en asno, y en virtud de otro encanta- 
mento recobra su prístina figura humana: y la fábula de Cervantes 
abunda también en cncantamenios y transformaciones. £1 f.'lsnQ de 
Apuleyo es una perpetua sátira en que se ponen de manifiesto y se 
reprehenden los delirios de ios inafjos ó encantadores, las maldades 
de tos sacerdotes de los falsos dioses, los adulterios, las rapiñas y los 
hurtos impunes de los rateros y ladrones en quadrilla. £1 Don Qui- 
xote de Cervantes es una continua invectiva Je los delirios de los 
autores de libros de caballerias, que contienen tantos sucesos ma- 
fíicos, y una sátira en general délos vicios y costumbres de los hom- 
bres. E! estilo y dicción de Apuleyo es propia, fluida, elegante, llena, 
festiva, y tal, que dice P'elipc Buroaldo que sí las ni usas hablasen en 
latin, hablarían en el Icnguage de aquel filósofo Africano : y en el 
estilo y dicción de Cervantes se admiran las mismas prendas, y se 
pudiera justamente añadir : que sí las Ninfas de llenares hablasen 
castellano, se esplicarian por boca de su compatriota.» 

{Dacurm Preliminar al Dos Quixote.- Modnd, 1737, 1. I.) 

José Luis Munárriz : 1798. 

.Munirriz impliñró el lexto de Blair en lo f«fcfenic k la Üleraiura española, d< 
oitneraque los luicio» de Orvaní» son orij^inales- 

m no se encuentran separadas estas dus calidades del gusto, 

delicadeza y corrección.. . pero con todo se de^icubre á veces cual de 
las dos predomina. La primera es más don de la naturaleza; la se- 

f;unda es más obra del cultivo y del arte... Cervantes, criticándola 
íbreria de Don Quijote y los libros de caballería, manifestó delica- 
deza. Saavedra, el autor de la 'Kepúbltca literaria^ manifestó bas- 
tante corrección 

El QuuoTE es obra que no puede alabarse bastantemente por la in- 
vención y disposición de la fábula, los caracteres y el dialogo, la 
»na moral, y el chiste y gracejo de la sátira : todo lucual la coloca 



32 



Cerranies juzgido por las es.paí)ok& 



en la clase de aquellos libros únicos, que no han tenido ni pueden 
(cner igual : porque no caben otros en su línea. Esto es tanta verdad, 
que parece que por instinto ¿ presentimiento !o dio á entender el 
mismo Cervantes cuando dijo quu para ¿t estaba guardada seme- 
jante empresa : como conociendo que él solo pijdla darla cabo 

Es indudable que la franqueza y soltura con que Cervantes ma- 
nejaba su lengua, le hizo cometer algunos descuidos que con más 
cuidado hubieran evitado otros escritores que no le eran compara- 
bles en genio. Las bellezas de este escritor son tantas y el carácter 
pencral de su estilo es tan elegante y estimable, que las ligeras im- 
perfecciones que tendré ocasión de .señalar son como las manchas 
del Sol; que puede descubrirlas el arte, pero no empañan su lustre: 
^quc juicio formaremos de aout-l que noguste del eslÜú de Cervan- 
tes y de la salada locución del Quijote?» 

Comenta Munirriz el pasaje de Ku caballehodbl Ve^oeCabAn, poniendo de r^ 
licvc belleiíasv defecios, y coniinúa: 

«Conozco que muchos entusiastas de nuestra literatura me cul- 
parán de que censuro más cosas que alabo. Pero tampoco se me 
oculta que ojos mas perspicaces que los míos hallarán aún materia 
para nuevos elogios y censuras; y que viendo éstas en mi critica en 
mayor numero que aquéllos, lo atribuirán á su verdadera causa : á 
saber, que para hallar defectos bastael arte: para descubrir bellouis 
es necesario un tacto muy fino 

Hay autores, cuyo modo de escribir se acerca más que el de otros 
al modo de hablar; y quienes por consiguiente pueden ser imita- 
dos con mayor confianza.., Entre estosautores se debe contaráCer- 
vantes . . ' 

Cervantes fu¿ el único escritor que supo hacer un libro clásico, 
de una invención la más ingeniosa que ha concebido el espíritu hu- 
mano, de una lectura agradable, de una utilidad literaria, y de una 
consecuencia verdaderamente moral. Dos siclos que han pasado 
desde la publicación del Quijote, no han hecho otra cosa que au- 
mentar su celebridad : y las naciones más cultas de la Europa se 
complacen á porfía en admirarlo. Si hubiera conocido mejor su 
talento, y el vatur de su inniortal producción, habría excusado tos 
dos ó tres episodios importunos y prolijos que insertii en ella..... 
Cervantes es quien entre nosotros ocupa la primada en el ramo de 
novelas cortas por la pureza y facilidad de la dicción, la pintura de 
ciertos caracteres y costumbres, y la estrecha observancia de las 
conveniencias.» 

(Traducción de Ím Leccionet sobre la retórica y iat bcilas íelras. dv HugoBlaír.- 
Madrid, 1798; 4 is. 4.°; i. I, p«, 31,969, «94,300, 303 y 331 ;i. ll.,ps. t6i, tg8, 148; 
lomo III, ps. 166, 303,308.) 



Cerrantes juzgado por los españoles 



33 



Manuel José Quintana : 1797- i852.-N., Madrid, 1773; 
m., Madrid, 1857. 

«A nada se parece, ni sufre cotejo alguno con nada de loque en- 
lüoccs se escribía; y cuando se compara el Quijote con la ¿poca en 
que se dio á luz, á Cervantes con lus hombres que le rodeaban, la 
obra parece un portento, y Cervantes un coloso. 

No es éste lugar de examinar cómo el escritor supo hacer de su 
héroe el más ridiculo y al mismo tiempo el más discreto y virtuoso 
de los hombres, sin que tan diversos aspectos se dañen unos á otros, 

cómo en Sancho aplicó ¡odas las j;radacÍunesUü la simplicidad ; 

de dondeaprcndíó á variar las situaciones, á contrastar tas escenas, 
áser siempre original y nuevo sin desmentirse niducaer nunca, sin 
fastidiar jamás. Todo esto pertenece al genio, que se lo encuentra 
por si solo sin estudio, sin reglas y sin modelos. 

Cuando se ha comparado el i'^utjort con la litada no se advirtió 
que la comparación era inaplicable entre dos obras tan diferentes. 

Vuhaire diceí^ue el tipo de Don Quijote es et Or/anrfo de Ariosto. 
^Cual es la relación entre un cuadro todo quimeras y otro todo ver- 
dad?" .;Enire un libro de caballerías y una sátira de semejantes li- 
bros? ^Pudo Cervantes aprender en Ariosto la elegancia de una 
dicción siempre armoniosa y pura humilde y sencilla, con de- 
coro en las simplicidades, expresiva en los razúnamientos, soberbia, 
rica y ambiciosa en las descripciones? ^Quien le enserió el arte en- 
cantador de los diálogos en que nuestro escritor no ha encontrado 
hasta ahora quién le venza, y á duras penas encontrará quién le 
iguale? No ; el Quijotk no tuvo modelo, y carece hasta añora de 
imitadores; es una obra que presenta todos los caracteres de la ori- 
ginalidad y del genio; es un poema divino á cuya ejecución presi- 
dieron las' Gracias y las Musas El interés vivo ¿ inmenso que 

anima todas las partes de esta fábula no se limita á una sola época 

ni tampoco aun solo país los nombrcsde Don Quijote y Sancho 

son conocidos en las regiones mas apartadas; y estos dos personajes 
humildes, nacidos en la fantasía de Cervantes, vencen en celebridad 
á los héroes mas ilustres de la fábula y de la historia 



El Curioso impertinente y El Capitán cautivo, cada una en su 
eénero, están al frente de sus novelas y quizá de todas las del mun- 
do... RiNcoNETE V Cortadillo, el Coloquio de los Perros y demás 
dccsiaclase.son pinturas superíoresyexquisíta.s,dondc luce con toda 
su gracia y maestría el pincel que dio vida al paladín déla Mancha. 

Es muy de recelar que no conozcamos bien la fisonomía moral 
de Cervantes. ...Oígase sin menoscabo de sus eminentes virtudes y 
respetable carácter la habilidad de remedar y zaherir es tan pe- 
ligrosa á los que la tienen, como odiosa álos que la experimentan. 
Nosotros le admiramos por cHa, pero sus contemporáneos podrían 

Taiii« 1 1 1 fl 



muy bien resentirse de sus burlas y alejarse de su alcance; en está 
suposición la índírcrcncia y desvío que usaron con él son menos ex- 
traños, y el desamparo de este grande cscrlior acaso menos in)usio. 
Nosotros vemos ahora, con ipual satisfacción que maravilla, reuni- 
das en ¿lias prendas más honoríficas Je la especie humana, asi como 
en el conjunlo de los acontecimientos de su vida contemplamos un 
espectáculo el mas propio para excitar la curiosidad y para ocupar 
la observación,» 

[iSSa] «Sin embargo de sus muchos defectos, el Viaje del Par- 
naso será siempre aprcciablc. Su invención tiene ori^íinalidad y tra- 
vesura; sus ocurrencias son satíricas y picantes, y las curiosas no- 
ticias que el autor da alti de si mismo es inútil buscarlas en otra 
parte. Cervantes nunca acertí^ á hacer comedias... Mas observador, 
mas natural, mas simple, debían repugnarle tv>das aquellas aventu- 
ras extraordinarias y mal diferidas deque se componían ordinaria- 
mente las de su tiempo. Poco diestro en versificar, no podía tampoco 
darles las galas que los otros, y por consiguiente, las pensaba mal 
y las ejecutaba peor; escribiera las en prosa, como io hizo en al- 
gunos entremeses que tanta verdad, gracia y donaire tienen, yqui- 
¿á fuera tan buen aul'>rde comedias cu mu excelente novelador. 

Pero esta caida, sí tal puede llamarse, fué aliamcnie compensada 
con la Skounda pamtk dki. Don Qiíijotk. (.'on esta producción, uno 
de los mas bellos frutos del ingenio humano, v la massobrcsalíenlc 
de nuestra literatura, el autor, excediéndose ¿ si propio, acabó de 
echar el sello á su reputación y terminó su carrera 

Con el pincel maestro, con que daba vida y gracia k los objetos 
mas triviales, están pintados, en el Pkbsii.ks v Shg!smi:nda, el mal- 
diciente eludió, los cautivos fmgidos. b taimada peregrina, el baile 
villanesco en la Sagra de Toledo, el muletero manchcgo y la moza 
lalaverana, tro/os que nada dejan que dc.S(.>ar, pues están ejecutados 
en la mas delicada manera de Cervantes, y son la misma verdad, la 
gracia misma. .Alguna otra aventura noble, como los amores del 
portugués Sousa Coutiño, el lance del polaco Bcncdre en Lisboa, y 
particularmente el episodio de Ruperia, presentan una novedad y un 
interés como si estuvieran imaginados en su mejor tiempo. L'na dic- 
ción perfecta, lafirmezayla elegancia de estilo, y el despejo y la ga- 
llardía déla narraci/m, concurren también por su partea dar valor á 
la obra ; pero falto el libro de unidad de argumentos y de una in- 
tención moral que le d¿ peso, carece de la importancia que necesitan 
estas invenciones, para hacerse lugar entre los hombres de juicio.» 

(Nolicia sobre la i*ii/.iy obras dcCcrvaniesa\ frente de la edición delQuiiOTK.de 
Midrid. Imp. Real, 1797.6 u.)-(Vú^a de Españoles: Certtanta, iS53, t. XIX déla 
BiMtfJtna de Autores F.^pañolts.) 



Santibáñcz. 

«Antes de concluir el siglo anterior fel xvi] se publicaron en Es- 
paña las primeras novelas regulares, esto es, tas que no perdiendo 



CerTanies juzgado por tos npañolcs 3% 

de vista la imiíacion de la naturaleza y las costumbres, se dirigen 

principal tnentcá la moral. Eti esie sentido creo yo que dijo su autor 
que ¿I era el primero que habia novelado en len{;ua castellana. Cer- 
vantes, aquel grande ingenio tan admirado de la posteridad y tan 
poco atendido de 3U.S contemporáneos, imprimió en i5S4(') sus no- 
velas; obra en mi juicio la más correcta de las suyas, y en dictamen 
de un docto escritor (') de nuestros dias, la mejor en su clase de 
cuantas en Europa se han publicado hasta ahora. Lope de Vega si- 
guió sus pasos, pero se quedó inicrior.» 

( PfóloKO tic su (raducci6n ác La mala maelre, cuenio moral d< Marmomel : Pa- 
rts, 1761 -6i.) 

Manuel García de Villanucva Hugalde y Parra. 

«Cervantes trabajó y escribió para detener el desorden y caliente 
fiénio del que hoy se llama por los críticos : corruptor del teatro 

i Lope de Vega ] Mucho antes había compuesto Cervantes veinte 

o treinta comedias que podían servir de modelos, y se espera de los 
curiosos ta colección de ellas, y en especial de las que el mismo Cer- 
vantes tuvo por buenas, como la Gran Turquesca, etc.» 

{Compmdio dt ta historia gtntyat Je ¡09 teatros.- y\íAná,S*a<^\xA, 1803.) 



Atartln Fernández de Navarrete ; 1810.-N., Abalos, 1766; 

m., Madrid, 1844. 

«Con el Quijote, tomando el aire y traza de las aventuras y hé- 
roes de la caballería, abrió su autor entre este linagede poemas y de 
las epopeyas más famosas y celebradas, una senda mcdiaque nunca 
toca en aquellos cstrcmos aunciue tiene las calidades dcambos, como 
son plan, obstáculos y epi.sudiüs, y ademas los modos de decir, los 
afectos, los caracteres y acontecimientos como las fábulas caballe- 
rescas; lafornia. regularidad, inicrcs, verosimilitud, sentencias, nu- 
do y desenlace cuniii los poemas épicos; y de propiocnudaló ingenio 
la ironía picante, la gracia nativa y la sal cómica, que ni tuvo ori- 
gina! hasta entonces, ni después há tenido imitadores 

La Segunda Partcdel Qiijotk es lu producción más perfecta que 
djóá luz (Cervantes, y la que por esta razón debe servir de regla para 
medir la elevación de su ingenio. La saricdad y discreción de los 
episodios, su proporcionada extensión, su enlace con la acción prin- 
cipal, su oportunidad y gracia hacen muy superior esta obra á todas 
las modernas de su clase. 

La posteridad imparcial ha llevado en alas de la fama el nombre 
de Cervantes por do quiera que reina la civilidad y el amor á las 
letras, para que siendo en todas partes acatado y aplaudido, se le 



li) E* error por b fcclu de b Gii-attia. 

Itl Citiiaqut» NafXTcu •.tcc t|ac n el kbcte Aadrdt. 



J6 



Cervantes juzgado por los españoles 



contemple como uno de aquellos ingenios privilegiados quv L>t cielo 
concede de cuando en cuando á los mortales, para consolarlos de su 
miseria y pequértez. 

El estilo de Cervantes es puro en extremo, armonioso en su nú- 
mero, fácil, enérgico y conveniente, y tal que le da un derecho in- 
disputable áscr colocado éntrelos principes de la lenj;ua castellana. 

Haciendo Cervantes una imitación burlesca y una sátira festiva 
de los mismos libros, se acreditaba capaz de ejecutar el plan que 
proponia, fijando de este modo no solo su perpetua celebridad, como 
ía habían vinculado Homero y Virgilio en sus epopeyas, sino que 
ridiculizando todas las disparatadas novelas de caballerias, consiguió 
desterrarlas de la república como inútiles y perjudiciales, y substi- 
tuirá su lectura desaliñada, otra llena de gracia y urbanidad, de 
erudición ycnscñanza, dedoctrina y moralidad; uniendo discreta- 
mente la utilidad y el deleite, en cuya acertada combinación con- 
siste la perfección de las obras de ingenio, ^^egun el precepto de 
Horacio. 

Considerando Tirso tie Molina las excelentes cualidades de las no- 
velas de Cervantes, le llamaba el Bocado de ICspajin; pero debió 
añadirque le excedía en la moralidad y buen ejemplo de su doctri- 
na; y nuestros principales dramáticos acreditaron el aprecio que 
debia hacerle de su invención y mérito, encogiéndolas para argu- 
mentos de sus comedias 

Se conoce que Cervantes no menos observó las costumbres, abu- 
sos y preocupaciones de la gente plebeya y vulgar, que de la mas 
ilustre y privilegiada, y que con igual tino manejó su pincel en el 
retrato de los unos que de los otros, persuadido justamente que de 
la buena educación y mejora de todos habia de resultar aquella ilus- 
tración y ventura á que pueden aspirar los hombres en el estado de 
sociedad. Hállansc ademas en las novelas modos de sentir tiernos 
y delicados; abundan de frases afcctui)sas y enérgicas, de rasgos 
elegantísimos y numerosos, y de imágenes de una extremada ga- 
llardía y hermosura; y finalmente en la expresión de los afectos, en 
la amenidad de las descripciones y en los discursos tan bien razo- 
n.idos, parece que quiso su autor ostentarla riqueza y propiedad de 
la lengua castellana para promover su cultivo, generalizar su apli- 
cación y uso, y afianzar la universalidad y aprecio que ya gozaba en 
este tiempo por todo el orbe conocido. 

Estas novelas aun después dedos sieiosse leen siempre con gusto 
é inierés. y los escritores de mayor crédito las consideran como pie- 
zas excelentes de imaginación y de elocuencia, como las mas per- 
fectas que tenemos hasta ahora y como obras magistrales en su gé> 
ñero 

Considerando á La Calatea como una composición paslnrü ha- 
llamos que, si por una parte nos admira la belleza y naturalidad de 
las descripciones, el decoro y la agudeza con que se trata de amor, 
la variedad y contraste de los afectos, lasexcelcntes situaciones apro- 
vechadas con tanta gracia y oportunidad, la cultura y buen uso del 



lenguaje y la fecundidad del ingenio, exirañamos por otra ver unos 
pastures demasiado eruditos y una multitud y prodigalidad de cpi- 
sudios que, ot'uscando la acción principal, debilitan el interés y con- 
funden los pcrsanajcs del primer término del cuadro con otros de 
un orden inferior.» 

( Vida de Cernata.' Madrid. 1A19, S.') 

P. Mcndibil y M. Silvela : 1819. 

«La posteridad ha comparado y opuesto Virgilio á Homero, Ci- 
cerón á Dcmóstcnes, iloracki á Pindaro. el Taso al Ariosto, Bacinc 
á Corneille; estaba reservado al autor del inmortal Quijote la gloria 
de no tener rival. 

Esta obra original y asombrosa tiene caracteres propios, y que 
son una consecuencia de su misma singularidad. El que oiga con 
absoluta indiferencia la lectura del Qiijotk de Cervantes, puede bus- 
car un abrigo en alguno de aquellos establecimientos, que ofrecen 
un asilo á los estúpidos. E^ta proposición es de tal manera cierta, 

3UC el grado de admiración respectiva que produzca su lectura, po- 
ra ser mirado como un testimonio del temple de alma, ó sea de las 
disposiciones del lecioró del oyente, sobre todo en materias de gusto. 

A la originalidad de la idea, al bien trazado artificio déla fábula, 
al m¿rito de los caracteres, al de su conveniente narración, al de la 
belleza y oportunidad de sus episodios, h las inimitables gracias de 
su variado estilo, y á toda la utilidad moral del poema, tan feliz- 
mente presentada v desenvuelta bajo diferentes aspectos, por el au- 
tor del sabio análisi.*) de la Academia, podia añadirse la que, en 
nuestro modode ver, constituye su utilidad directa y general. . 

Nosotros creemos ver en Don Quijote personificada la especie hu 
mana, y anunciada á los hombres esta importante lección : «.aparte 
un pequeño número de maivados que pertenecerán ai primer poema 
que se componga para doctrinar á los tif^res. /os demás iodos leñemos 
una manía duminantc, y muchas calidades estimables : lodos discu~ 
rrimos con acierto; hasta que se loca en la teda Jaha de nuestro 
delirio.» El que crea que esta lección no es tan importante como la 
aue resulta de la Iliada y la Odisea, reflexione que la consecuencia 
directa de ella será esta sublime máxima : «pues que tales esta obra 
contradictoria del hombre, y pues que asi salimos todos de las ma- 
nos de la naturaleza, perdonemos y ornémonos reciprocamente.» 

( fiibtioleca telecta dt (a literatura tspaifoh.- Burdeos, itli9, 4 is. 8.*} 



JosefMarchena: 1 81 g.-N., Utrera, 17^8; m., Madrid. 1821. 

«Empecemos et examen de Don Quijote, sin disputa la primera 
de las novelas modernas. Es la admirable novela del caballero man- 
chego una serie de aventuras, fundadas todas en la maniadel h¿roe 



38 



OrvanUs tU2£tdo por loe <spaA(^«9 



de resuscitar la antigua andante caballería, para deshacer tuertos, 
y enmendar agravios. Como a fuerza de cavilar en la ejecución de 
su plan ha perdido la cabeza, ludu cuanto v6. tudo cuanto oye, la 
amalgama con las ideas de caballería de que la tiene atestada, y de 
aquí prucede una perenne vena de chistes que pueden llamarse de 
situación, y es la oposición entre lü que realmente son en sí losob- 

jetüfí que se le presentan, y el modo como él los considera Estaba 

por decir que es preciso ser tan loco como el h¿roe de Cervantes 
para figurarse que pueda ser un insensato el protagonista de una 
epopeya; mas considerado como héroe de novela, nunca otro mas 
interesante que Don (^)uijoie se ha presentado en lii escena. Parece 
que tuvo su histuriador presente la máxima de Horacio, que el justo 
se conviene en injusta, r el sabio en toco, cuando se apasiona sobra' 
damaite hasta de la propia virtud; y no es la novela entera otra cosa 

que la irrefrat'abk' pruuba de esta impórtame verdad moral El 

nianchc(;o es en Iodos los sucesos de ia novela, un hombre enojado 
hasta la mas violenta irritación con la humana perversidad 3* prenda- 
do hasta los mas estáticos raptos de la virtud y la ideal belleza... 
¡Qué desinterés, 6 mas antes que amable abandono en su conducía 
toda! Ciinsanrado al servicio del linagc humano ni sospecha que 
puedan los hombres negarle su sustento, y si estos le faltan^ losen- 
cantadores, las hadas, y otros seres superiores á la humanidad ven- 
drán en su amparo Enamorado de su dama no anhela á disfrutar 

cotí ella los contentos dei amor, mas idolatra en ella el prototipo de 
la beldad, de la honestidad, y de todas las virtudes. En vano le re- 
quiere de amores la desenvuelta cuanto donosa Alt Isidora... en vano 
las lindas bailarinas de Barcelona se afanan por sacarle de quicio, 
que imperturbable y tlrme resiste á todas las tentaciones, y guarda 
inviolable fe á su dama. El desprendimiento de todo interés perso- 
nal jamasen ningún actor de novela ha llegado hasta el punto que 
en Don Quijote, y para gloria eterna de su historiador jamás ha sido 
tan verisímil. Una vez determinado el carácter del andante mán- 
chelo, era absolutamente imposible que pnicediora de otro modo 
en cuantos lances se presentan, que fuera menos valiente, menos 
comedido, menos enamorado de su dama, menos liberal de su cau- 
dal, menos abstinente del agcno Cuando compuso Cervantes la 

primera parte de su novela, ninguna idea se habia (ormado del plan 
que en la segunda seguirla. Esta falta de plan que en un poema épi- 
co fuera intolerable, deja de serlo en una novela de tal naturaleza 
que su principal valor, en la variedad y aun incoherencia de acon- 
tecí miemos y lances se cifra. SebadenoLirqnelalüCurade Don Qui- 
jote, rematada cuando su primera salida, va disminuyendo por gra- 
dos, hasta que con la pérdida de la salud recobra al fin el juicio. En 
la segunda parte no siempre es loco, aun que siempre maniático... 
Lo que nunca padece alteración en Don Quijote, es la invariable es- 
cclencia de su alma, su imperturbable amor de la justicia, su ge* 
neroso ánimo, sagrario de todas las virtudes sin flaqueza, la activi- 
dad de una beneficencia sin tasa, pi-ocedente no de una blandura de 



Cerrantes juzgado por Un españoles 



39 



corazun. que con facilidad se mueve á compasiun, empero de una 
fuente muy abundosa y pura; de la obligación en (^ue&c creecons- 
liluidu de consagrar tudas sus facultades en beneficio del linage hu- 
mano y del reini") de la justicia v la virtud en la tierra Kl mas 

notable carácter de.spuc& del de hon Qtiijoie es evidentemente el de 
su escudero. Con todos ius hábitos de la educación de un zafio al- 
deano tiene cierta sagacidad natural que le advierte de las celadas 
de los embusteros Sancho es interesado, malicioso, nada escru- 
puloso en mentir, sin ser cobarde huye los peligros, y con todo eso 
el lector se prenda de él por el sincero carii^o que á su amo tiene... 
Repetir que es la boca de Sancho un perenne manantial de donaires, 
fuera decirlo que iodo el mundo sabe; mas no puedo menosde no- 
tar que nunca este escudero es juglar, y por eso sus chistes no le 
hacen despreciable... La historia de los diez dias que duró el go- 
bierno de Sancho es uno de ios mejores trozos de esta novela 

Si Sancho falla con acierto las cuestiones que se te proponen, no 
hay para que extrañarlo, que Cervantes nos le pinta como un rus- 
ticó que antes peca de malicioso que de necio. Por oira pane los 
prudentes consejos de su amo los tiene presentes á su memoria, y 
la atención que en Ius negocios pone, y que es debida al vivo deseo 
de acertar, todos estos móviles dt sus acetónos hacen verosímil cuan- 
to en ellas parece que de su capacidad escede Engolfarse en cir* 

cunstanciar las hermosuras en que abunda esta obra magistral, 
fuera nunca acabar, y la forma y límites de este discurso no nos 
permiten alargarnos.» 

\ [MtcursQ preliminar acerca de la Hisloria literaria de Etpaüa, fechado li 4 Mvyo 
de 1S19. Va al frente de su obra titulada: l.eeeiones de fiioso/ia morai y «lo^utn- 
eia, etc.-Burd«os, BMume, i8ao, a ts. 9." m.) 

AgusLín García de Arrieta : 182G. 

<En la fábula del Ql'uotk. tomando su autor el aire v las trazas 
de la» aventuras caballerescas, y afectando el tono hcr<iÍco de las 
¿picas, siguió cierto remedo é imitación paródica de unas y otras, 
asi en el plan, obstáculos, episodios, enlace y desenlace de tas pri- 
meras, como en los modos de decir, en los afectos, caracteres y 
acontecimientos de las segundas; á los cuales af^adió, como gran 
maestro, otros rasg»í.s é incidentes, ya verdaderos y ya fingidos, de 
otros caballeros, para hacer asi mas cabal y propio el retrato de su 
Ingenioso Kidalgo, y mas concluido el cuadro de su locura y cstra- 
vagancta ; CKpresándolo todo y pintándolo con aquella ironía picante, 
aquella gracia natural y aquella sal y fuerza cómica, que no había 
tenido original hasta entonces, ni ha tenido después imitadores; cri- 
ticando, reprendiendo y ridiculizando de paso los vicios y preocu- 
paciones de su tiempo, y mas comunes en la sociedad, con el ma3'or 
tino, discreción y oportunidad ; encubriendo diestramente la re- 
prensión y la censura, para no herir abiertamente el amor propio 
de los censurados, con el aire y tuno caballeresco; uniéndola utili- 



40 



Cervanies. juzgado por los españolee 



dad con ei deleite, en cuya combinación consiste, según Horacio, la 
perfecciun de las obras de ingenio: y fijando asi i su modo su per- 
petua y universal celebridad 

l^sNovKi.As, particularmente las jocosas, y los E:ntrkmksi£& son, 
después del Qlijote. las obras maestras de Cervantes, en donde luce 
y campea su talento cñmicit, festivu y satírico, su gran conocimiento 
del mundu y de los hombres^ á quienes supu pintar como nadie, y 
en fin su gran fondo de filosofía, nada vulgar, y muy poco común 
en la mayor pane de los escritores de su lietnp'o.» 

I^n uno de Io& suplemento» con que Arneta iluitlrO la tradu(;dón de loa Prind' 
pioi /itosó/icos de ¡a literatura d« M. Katl'fu.x. publicada en .y3drJd«lañQi8o>, Mi 
haoc un examen del objcio del Quiiote. 

{Adverlenda en et t. I de la edición del Quuori, París, [8aí5.) 

Leandro Fernández de Aloratín.-N., Madrid, 1760; m., Pa- 
rís, 1828. 

«Esta comedia de Los Tratos dk Argel, es un drama episódico, 
en el cual si se quiere decir que hay una acción, solo puede hallarse 
en los amores pareados y simétricos de Izuf y su mujer Zara que 
solicitan a Silvia y Aurelio. Lo restante todo és personajes y situa- 
ciones sueltas sin enlace ni composición dramática; los conjuros de 
Fátima y otros son desatinos imperdonables: el estilo, que á veces 
tiene algún decíiro y corrección, lísen general desaliñado y prosaico. 

La elección de argumento en la íS'umancia. es poco feliz : la des- 
trucción de una ciudad con la de todos sus habitantes presta mate- 
ria á la narración ¿pica, pero na es para el teatro. En £1 no se deben 
presentar como objeto priniario las empresas militares, sino las ac- 
ciones y efectos heroicos : en (oda fábula escénica se promueve el 
interés concentrándole: sí se divide se debilita. Cervanles creyó 
producir mayor efecto trágico poniendo á la vista muchas situaciu- 
nes de calamidad y aflicción, y no advirtió que resultarla necesa- 
riamente una acción episódica, dispersa y menuda. Los personajes 
fantásticos que introdujo lo acaban de echar á perder.» 

\firigenes del teatro español, obra impresa por primeri \e¿ en 1S30.) 



Anónimo : 1S31. 

«Cervantes atestó la Calatea de versos que son muchos para ser 
tan medianos; y sus pastores dejan frecuentemente de ser sencillos 
y tiernos para hacerse ingeniosos, pedantes y disputadores. Puede 
decirse, pues, que el principal mérito de este romance consiste en 
estar escrito con fuerza de imaginación y belleza de estilo, en lu que 
excedió á ta Diana de Montemayor ó la de Gil Folo 

En el inmortal Quiiotl el rústico y astuto Sancho ha suminis- 
trado proverbios aplicables á todas las circunstancias de la vida. 



Cervantes juzgado por los rspeñolcs 



Aun aquellos que por no poseer á fondo ta lengua española, no pue- 
den gozar del cncHntü del e.st¡to ni conocer la Imurade las alusiones, 
encuentran cun que satisfacer la curiosidad, la imaginación y el es- 
píritu, l'n heme famásiico que no obstante jamás se aparta de lo 
natural: caracteres nuevos, creados y soswnJdos con un talentoad- 
mirabte, observaciones tan justas como ingeniosas, agudezas las 
más oportunas, naturalidad cxq uisita.clartcdc pintar llevado al más 
alto grado de perfección verdaderamente extraordinaria. 

A pc^r de lo bien recibidas que fueron del publicólas Núvt:LA.s, 
en el dia solo se estiman tres 6 cuatro; mereciendo la preferencia la de 
RiNGONETK y el Diálogo de los Perros, porque en ellas respira el 
genio del autor del Quijote; al paso que en las otras se le busca 
V muchas veces no se le encuentra.» 

* 

(Diccionario Aislórico f¡ Biogrix/ia uníversat compendiada por A. 8. C. y Sfh.~ 
Barcelona, Oliva, 1831 : art. Cbhvantes.) 

Joaquín María de Ferrer : 1832. 

«Cervantes criticó en el Qi^ijote los malos libros de caballerías, 
pero no quiso desterrar el espíritu caballeresco. Bien claro apuntó 
como convenia tratar los argumentos caballerescos, y por cierto no 
ha sido su opinión del todo infructuosa, pues que en tiempos mo- 
dernos ha renacido en los poetas y noveladores la afición á las eda- 
des medias v á pintar sus costumbres, y de aqui los poemasy nove- 
las de Sir \í'alter Scott y otras producciones por el mismo estilo; 
las cuales si ¿t viera, forzosamente habria de con Tesar que se ajusta- 
ban en alguna manera con sus ideas de lo que debían ser los buenos 
libros de caballerías. Por donde es fuerza convenir en que hizo nues- 
tro escritor un señalado servicio á la literatura moderna, indicando 
con sus consejos, y demostrando con su ejemplo, cómo era posible 
escribir obras de imaginación en que se hermanase lo ideal con lo 
imitativo, lo natural con lo fantástico, lo verosímil con lo maravi- 
lloso, las veras con las burlas, lo serio con lo festivo, lo poético con 
lo vulgar, variando y mezclando los estilos y siguiendo así á la na- 
turaleza, que en las cosas humanas lodo lo apiña y revuelve sin 
adoptar clasiñcaciunes exclusivas; propia invención de críticos mas 
rutineros y dogmáticos, que filósofos y observadores... De aquí nace 
el principal mérito de Cervantes, y do aquí la admiración y respeto 
con que en todas las naciones cultas está recibido su Quijote. Antes 
de esta pr>duccion había escritas buenas obrasen verso y en prosa, 
buenas epopeyas y tragedias, y comedías, v odas, y poemas cortos, 
buenas oraciones'y historias, y tratados hlosóficos, y algunas me- 
dianaic novelas; pero no una composición tan variada, tan rica, tan 
nueva, tan al alcance de todos, y á un mismo tiempo tan acomodada 
para divertir á los entendimientos mas vulgares v asombrar y de- 
leitar á los críticos más sutiles y dcsconlcntadizos. Por csogustacl 
Qi:ijoTEen todas lenguas. Verdad es que muchos primoresde estilo y 
todos los de dicción tan sobresalientes en el InotNioso Hidalgo, y 

Toaolll 7 



Cervantes i'uxjt&do por los españoles 



todas las pinturas de costumbres locales, no pueden conservarse ni 
en la traducción mas perfecta; pero las altas y raras invenciones y 
rica fantasía del autor, la novedad y naturalidad de sus caracteres, 
la viveza y sencillez de los diálogos, lo patético de alfíunas situacio- 
nes, y la hermosura de no pocas descripciones, todo queda bien 
expresado en una traducción bien ejecutada. 

Don Quijote y Sancho no son retratos; son conceptos originales con 
formas y accidentes humanos, porqucsino serian monstruos; entes 
que sin ser reales parece que lo han sido, y que viven en nuestra 

imaginación como recuerdos de personas conocidas Fuese cual 

haya sido la idea original de Cervantes al componerelQuuoTK, su ta- 
lento y estro prodigioso fueron causa de que saliese su concepto tan 
nuevo, tan valiente y tan nniural. Juzgarle por reglas que siguieron 

otros, es nu entenderle No cabe duda en que Cervantes hermanó 

ene! mas alto grado los dos méritos de imaginación osada y natu- 
ralidad perfecta, y los mezcló y contrastó con acierto y tino síngu- 
larisimos, por cuyo medio sin un intento deliberado, como el que 
le supone Sismondi, vino á producircfectos, sino idénticos, pareci- 
dos ¿ los que descubre en |U obra este ilustrado extrangero.» . 

(Prólogo í [a. edición del Quiiote.- París, 1S39.) 

Antonio Puigblanch.-N., Mataró, ly?^; m.,Sümer, Ingla- 
terra, 1842. 

«Por lo que toca al Quijote, único libro á que debe hoy la España 
no haber, para el común délos extranjeros, desaparecido totalmen- 
te de! mapa literario de las naciones, asi como ha dejado de existir 
en el político, tenemos los Españoles la mortificación deque su pri- 
mer comentador fué un extranjero 

La idea del Quijote la debió Cervantes ai ür/oHíío y«rtoso del 
poeta italiano Ariosto.» 

\Opüm:ulos gramálico-saHricoj, etc.- Londres, ais. 8.', I. II. 1832.) 



Diego Clcmencfn.-N., Murcia. lySS; m., 1834. 

«La relación de las aventuras de Don Quijote de la Mancha, escrita 
por Miguel de Cervantes Saavedra, en la que no ven los lectores 
vulgares mas que un asunto de entretenimiento y de risa, es un li- 
bro moral de los mas notables que ha producidoel ingenio humano. 
En é!, bajo el velo de una ficción alegre v festiva, se propuso su au- 
tor ridiculizar y corregir, entre otros de^ctos comunes, la desme- 
dida y perjudicial afición á la lectura de libros caballerescos, que 
en su tiempo era general en España. 

Para acelerar y consumar la empresa de derrocarla enteramente, 
Cervantes lomó un camino muy distinto del que habían tomado los 
moralistas y las leyes, y se valió de un arma mas eficaz que las pro- 



Cen-antcs juzgado por ios espflfiolM 



43 



hibicioncs y los raciocinios. Pinló en Don Quijote lo ridiculo del ca- 
ballero andante, y en su escudero Sancho lo ridiculo de los que apre- 
ciaban y daban valur á las monstruosidades caballeresca.s. Presentó 
á uno y otro en varias situaciones, en que siendo el objeto de la burla 
y risa ac los lectores, la reflejan sobre los paladines aventureros y 
los apreciadores de sus historias. El leciorolvida loque pudo haber 
dcbenélíco. generoso y recomendable en la insiituciun primitiva de 
la caballería andante, y solo vé sus imperiinenTes exageraciones de 
amor y de valenlia, lo repúgname y los incíuivenienles de su ejer- 
cicio, su incompatibilidad con la civilización y el orden. Con esta 
disposición le ofenden mas los desaforadn^ desatinos de üus re- 
laciones, lo absurdo de sus trasformaciones y milagros, la fealdad 
de sus errores históricos, cronológicos y geográficos, la cansada re- 
petición de aventuras, encantos y torneos; y acabará por despreciar 
los libros caballerescos, cobrarles hastio y abandonar su lectura. 
Tal fué en general el plan de Cervantes. Kl licinpo ha puesto de 
manifiesto sus resultados; y aun no ha faltado quien diga que lo 
fuerte del remedio produjo ya el exceso contrario, y que la irrisión 
que iiizo nuestro iiutor de los libros comunes de la caballeria an- 
dante, coniribuió á debilitar las ideas y máximas del antiguo pun- 
donor castellano. Como quiera, el triunfo del Qlijotk fué el mas 
completo que cabe en la materia. 

Cervantes al escribir su Quijote entraba en una carrera entcra- 
menie nueva v desconocida. Halló el molde de su héroe en la na- 
íur¡ilc/a hermoseada por su fecunda y feliz imaginación : creó un 
nuevo género de composición para el que no había reglas estableci- 
das, y no siguió otras que las gue le sugería naturalmente y sin 
esfuerzo su propio discurso. De Cervantes puede decirse lo mismo 
que VeleyuPatcrculú dijo de Homero: ni tuvo antes á quien copiar, 
ni después ha tenido quien te copie; y este es el único paralelo qqe 
cabe entre el poeta griego y el fabulista castellano. 

El QriJoTEse fundió como por sí mismo en la oficina de un feliz 
y bien organizada enicndimienlu. Cervantes obró menos por refle- 
xión que por instinto; apenas daba importancia y aiencíoná loque 
escribía: que solo asi puede explicarse ta reunión de tantas bcllexas 
con tanta incorrección y tantas distracciones. Las faltas que se ob- 
servan en el Ql uotk contra la cronología son inexcusables. 

Las caracteres de las personas subalternas de la fábula están tra- 
zados magisiralmente... Si hablamos de los dos personages princi- 
pales, el carácter de Don Quijote se conserva con igualdad desde el 
principio hasta el fin : honrado, bondadoso, desinteresado, discreto 
y juicioso sino en el punto de la caballeria; en este, exaltado y loco. 
Si divicrrey hace reir pi)r los extravíos de su celebro, interesa al 
mismo tiempo por las inclinaciones y bondad de su corazón. Cer- 
vantes reunió hábilmente las dos circunstancias en su protagonista, 
juntando las extravagancias del caballero de la Triste Figura con 
tas honradas y virtuosas prendas de Alonso Quijano el Bueno; se 
ríen las ocurrencias del primero, y no se puede menos de amar al 



44 



Cemni«s ¡uzfiado |vof los «spaftol«s 



segundo. El carácter de Sancho vacila algún tanto; pero el lector 
embelesado con las inimitables gracias y sales de este personage, no 
echa de ver la inconstancia, 6 la perdona fácilmente. 

La invención es admirable, tan original en sí como oportuna en 
su aplicación y proporcionada á su objeto; el esiilo variado conve- 
nientemente y acomodado á las circunstancias de tiempo, lugar y 
personas; el len^uage á veces descuidado, pero con pocas excepcio- 
nes puro y castizo. Las ideas no :iiempre están bien coordinadas 
entre si : haí olvidos, distracciones, inconsecuencias. La moral bue- 
na en lo general, aunque con alj^unas sombras, raras á la verdad, de 
una ú otra imagen ó expresión menos decente : en el tiempo que se 
escribió clQuiJOTii, pudo su autor pasar por austero. Sátira delicada 
de vicios y errores comunes, gracejo frecuentemente urbanísimo^ 
pero que alguna vez declinad vulgar : juicio recto y desenfadado, 
mas no exento enteramente y en todas ocasiones de las preocupa- 
ciones de su siglo.» 

«De estos indicados elementos, de tantas prendas recomendables 
mezcladas con algunas ¡mperfcccionesy muchos descuidos, se com- 
pone un todo que el lector no sabe dejar de las manos: un libro que 
ha sido, es y será siempre el encanto y embeleso de lt»s españofes, 
y aun de los extrangeros, á pesar de que el menor conocimienlode 
nuestros usos y costumbres, de nuestro lenguage familiar, de nues- 
tras tradicione's y cuentos populares les esconde gran parte de sus 
primores. ¡Cuanto debe ser el exceso de estas sobre los defectos I El 
Quijote ha quedado en posesión del crédito y aceptación quclcco- 
rresponde como al libro mas original que ha producido la moderna 
literatura.» 

( Prólogo i la edición del Quiiotk.- Madrid, 1 833-39, 6 ts.) 



Mariano de Rcmcntcrla : 1834. 

«En el Quijote dio Cervantes el golpe mortal al mal gusto de .su 
siglo, y á los vicios que eran forzosa consecuencia de la cstravagante 
lectura de los libros caballerescos que inundando la F.uropa, co- 
rrompian la moral, estragaban las costumbres y con un disparatado 
romantismo iban á poner un muro impenetrable á tas tuces. cuyos 
fulgores rayaban en su penetrante espíritu. 

Poema y juntamente delicada sátira, imitando diestramente los 
delirios de los autores, y halagando con ñnura el gusto de los que 
hacían de ellos su mas regalado entretenimiento, les presentócomo 
un espejo ter>ís¡mü en qué se mirasen y riesen de su propia defor- 
midad. Reunió en sola una obra cuantas cualidades podían repar- 
tidas constituir el mérito de muchas obras diferentes ; mezcló cual 
ninguno lo i!itil con lo dulce : ayudó ala moral : precavióá sus con- 
temporáneos de la barbarie: vía originalidad déla invención, lo puro 
del lenguaje, lo chistoso de íos conceptos, la vivacidad en las pintu- 
raSf la fuerza de la elocuencia, lo eficaz del sentimiento, todo lo puso 



Cervantes )uzgado por lo:; españoles 



en movimiento su delicadisima pluma para el agradoy general ins- 
trucción. El IsGENMOsn Hi£>Ai.<;ocsla obra que haconservadoel ho- 
nor literario de España; y mucho mas si se considera que nacido en 
un ú^\o di! dispulas y erudición mas que de buen gusto, como lo 
fue ct xvi, casi niveló ct solo la balan/a respecto á los que le siguie- 
ron, y llenó el vacio que sin él hubiera sido espantoso en los anales 
literarios de nucatra nación. <!>riginal y cI¿nÍco sin semejanza alguna 
sino con sí mismo, ha sido la dcsesperocion y desengaño de cuantos 
han querido imitarle 

La fucria de la iinagi nación con que está compuesto ha llegadoá 
dar esuiencia reala sus personages idtales, 

En tan inimitable fábula se encuentran á vueltas del gracejo y la 
sal cómica los preceptos de la sana moral, los principios de la mas 
profunda polilÍca;y en una palabra los consejos para todas las eda- 
des y condiciones.» 

{ Hoxores IribulaJas á ta memoria de'Cervantes. eic.-Midrid, 1834, fl." de 55 ps.) 

Bartolomé José Gallardo. -N., Campanario, 1776; m., Al- 
coy, 1 852. 

«El Quijote es una mina inagotable de discreciones y deinjenio, 
y usta mina, aunque tan beneficiada en el presente y en el pasado 
siglo, admite todavía grande laborío. Es mucho libro este! Comun- 
mente se le tiene por un Jibro de nieroenlrelenimientu; y no es sino 
un libro de profunda filosofía. El Quijote encierra en si gran mis- 
terio; aun no se ha descifrado bien el primor de su artificio; lo me- 
nos es ridiculizar los devaneos de la Caballería andante; ésa, ya tan 
sabrosa, no es sino la corteza de esta fruta sazonada del árbol pro- 
vechoso de la Sabiduría: su meollo es mucho mas csquisito, rega- 
lado y sustancioso. 

En efecto, era todavía mas trascendental la idea del superior ta- 
lento de Cervantes : Cervánics no trató en elQi:iJOTE decorrejir de 
sus fantasías solo a los Españoles, sino de correjír a la Europa y a 
su siglo. El espíritu Caballeresco y fantástico era jcncral en aquel 
tiempo : los pueblos cristianos, desde las empresas entusiásticas de 
las Cruzadas, ecsahadas las imajinaciones con el influjo Oricnlal en 
las peregrinaciones á la Tierra santa, y adoptadas ciegamente las 
fantasmagorías de la majia y los encaniamentosque, trampantojan- 
do portentosas visiones contra toda leiy orden natural, ensanchaban 
ilimitadamente con el horizonte de lu* factible, la esfera de la credi- 
bilidad, cebándose solo en lo marabilloso y ecsAlico, menosprecia- 
bnn iodo lo que tenia la sencillez de la Naturaleza. Y Cervantes con 
injcniosa traza ideó una inventiva, en que la prosa y la pOesla déla 
vida humana, lo fantástico y lo real simbolizados por lo vulgar y lo 
Caballeresco, estuviesen en visible contraste y acción continua : a 
cuyo efecto creó dos personajes característicos que figurasen esta 
contraposición. Tales son Don Quijotí; y Sancho. 



46 



Cervtntes juxgsdo por tos españoles 



El QuuoTB ademas es libro que arguye en quien le escribió, un 
caudal de lectura y de erudición romántica que asombra : por eso 
gusta más á quien más sabe de nuestra romanccría y libros Caba- 
llerescos, a que sv hacen continuas y ñnas alusiones, cuya gracia 

picante no puede sentir quien no está en antecedentes , porque 

es de saber que ni aun el lecstode este Übro clásico en todas las na- 
ciones (y que toserá en todos lossiglo.s^esiá todavía tan purificado, 
como debe estar : aun después de lo que han trabajado para acriso- 
larle los beneméritos Bowle, Rios, Pellicer y Navarrete, sallan to- 
davía á los ojos en el QruoTF, algunas incorrecciones chocantes, y 
se leen desleídos en la prosa como prosa algunos versos, porque no 
se sabe que son versos.» 

(El Criiiton. Madrid, 1835. «.".-Núm. I, ps. 34 & 36.) 



U 



José Mor de Fuentes : 1835. 

«En la Gal*tea parece que trascordó Cervantes el requisito fun- 
damental de toda composición, que precisa á ceñir la acción prin- 
cipal por un rumbo expedito, enlazando los episodios,..- para que 
vengan á ser, cuando mas, como matices A celajíes por dondedcs- 
cuelleel asumo sin sombra ni confusión. En cuanto á su desempeño 
individual, á pesar de la variedad ¿ interés de las situaciones, de- 
generan los efectos en sutilezas inapeables, y por consiguiente friísi- 
mas. 

Cervantes jamás llegó á poseer la verdadera poesía, y desquició 
tan forzadamente en su Calatka. la adecuada prosa, que le cranatu- 
ralísima, cuanto parece agena de la misma pluma que luego dio á 
luz la norma y testo castizo y perene del legítimo y elegante caste- 
llano. 

La NuMANciA aparece desde luego tan estraña y ^^^ pueril, en ti 
lenguagc y en la versificación, que causa rubor a los sinceros apa- 
sionados de Cervantes. 

Es innegable que las Noviii.as ofrecen caracteres descollantes, si- 
tuaciones pintorescas y frecuentes alusiones á hechos positivos, con 
cl viso de naturalidad qu¿es consiguiente; pero también es ciertlsi- 
mo, que Cervantes atinó poco á manejar los afectos, recargando 
descompasadamente los ímpetus de sus personagcs... Además, fallas 
de aquel espíritu vividor y de la fuerza dramática que tanto realza 
de esiremo á cstrcmo el Quijote, desfallecen, y se Icen solu por ser 
suyas. 

El Persii.ks viene á ser en punto á novelas lo que en astronomía 
el absurdo sistema de Tolomeo, embolismo de embolismos, que 
mereció á nuestro ínclito Don Alfonso tan sumo y aun chistoso me- 
nosprecio. Podrá tal vez ofrecer algún esmero, del que escasea á 
trechos el Quijote, en cl redondeo de las cláusulas, en el mecanismo 
gramatical, pero la hinchazón es siempre idéntica y siempre insu- 
frible, dándose cslrcchlsimamcnic la mano con la' fofa y ridicula 



oratoria que asomó por aquctb época y se disparó lue^ci hasta la 
maü rematada estravagancia por el desvario del dogniatticador en su 
linea, el trinilaríu llortensto Paravicjiíü. Viniendo á lu sustancial, 
la historia es absurda é inNerosímil en los sucesos principales, y 
mucho mas en el conjunto ú agolpamiento monslruost? de todos 
ellos; los caracteres son absolutamente dcsencaiadus y estrambóti- 
cos, y á ningunas luces interesantes. 

Ahora, bebamos en el maniial de lasublimcy acendrada joviali- 
dad, empa pandónos regaladamente en las peregrinas escelencias del 
sobrehunjanti Qiiijotk. 

En un lugar déla O^f ancha Con estas dos 6 tres palabritas se 

alza el telijn para representar la comedia mas original, mas chisto- 
sa, mas amena y mas trascendental: el parlo mas descollante de la 
iniaeinacion humana. 

El desempeño de la parte llamada de los caracteres merece sin 
duda uno de los primeros predicamentos en toda obra de ingenio... 
y esta prenda es una de las escelencias mas relevantes de nuestra 
inmortal novela. Don Quijote, en medio de tanto escarnioamarguí- 
simo.yá pesarde sus escesivos padecimientos corporales, jamas se 
apoca ni se abate, ni mucho menus se envilece: antes bien sus ras- 
gos incesantes de entereza heroica y de sencillez pundonorosa, cau- 
san cierta veneración, y csciían el cariño en los pechos sensibles; y 
este esquisito temple que acertó á dar á su héroe fantástico es una 
de las maestrías mas consumadas del gran Cervantes. Pero todavía 
se sobrepujó mas á si mismo en el cabal rciraio, en la viva presen- 
cia y en la suma perfección y propiedad del do^le carácter de su es- 
cudero. 

Sancho es á un mismo tiempo credulísimo y recelosísimo, y este 
iso ambiguo y descollante, perpetuamente contrapuesto, es una de 
las sublimidaaes mas eminentes de la historia, y en que hasta ahora 
no creo se hubiese hecho el debido alio.» 

Recorre e) Sr. Mor IftS mis culminantes aventuras haciendo resallar su mériw 
y dice de paso que son injuMos los que apellidan de átskanetta Ib escena de la za- 
fia .Uaiiiornn, porque 

•«una feróstica, un mascaron, un espantajo, solo puede causar 
asco y desvio.» 

Dnpu¿s de cMimar que no puede haber semejanza alguna entre ta novela de Cer- 
vantci j el |>oema de Homero, dice: 

«El Quijote no tiene ni tendrá semejante; es único en su especie y 
ni remotamente ni pursueitose parece al Orlando ü a\ a/Imu de oro. 
Alirmo, sin rebozo ni rodeo, que en punto á combinación ade- 
cuada y á disposición artística, la i rama del Quijotk se aventaja y so- 
rlirepone en gran manera á cuantas fábulas poóiicasy prosaicas, anti- 
>{¡uasy modernas, en crecidísimo número han llegada á mis manos.» 
Contin úa analizando tas aventuras, v añade : 

«Este es el bosquejo sucinto, esta la armazón incontrastable de la 
(ábula más consumada y perfecta que jamás ideó la humana fan- 



A» 



Orvatilts juzfudo pof lo& españoles 



lasia. Pero ¡cuanta ^ala! jcuanta escclencia aguda, jocosa, mora) y 
pintoresca, atesoran sus imponderables pormenores. Se evidencia 
desdi; el principio la novedad doscollanlv, la contraposición sublime 
y la suma propiedad de los caracicres. 

Resulta cim evidencia, que Cervanles merece t-l privativo dictado 
de Fundador del verdadero chiste, de Civilizador de la Europa en 
esta parte tan trascendental de la sociabilidad. 

El QciJOTf: continúa y continuará siendo el testo s<flarícgo, casti- 
zo y terminante del idioma, á la par que el libro donde se cifra el 
recreo mas racional, > la enseñanza mas palpableque se puede pro- 
porcionar al corazón v al entendimiento. 

Repárese desde el renglón primero, la suma propiedad en la cs- 

fjrcsion, y sobre iodo el temple ya subido, ya medio, ya llano del 
enguage, al tenor de los objetos y de las ocurrencias; y usando 
siempre las voceas mas adecuadas v características, resalta sin em- 
bargo infinita novedad en los cuadros. 

En cuanto á la parte moral, toda la obra rebosa déla rectitud mas 
inflexible y del pundonor mas acendrado, y estos impulsos heroicos 
se estampan hondamente, hasta con los refranes interminables de 
Sancho; pero sobre t<»do, li>Kd(>cumentos de su amo para el gobier- 
no, recapitulan en un cuadro admirable, digno del mismo Solón, 
las sublimidades prácticas embebidas por el contestode la historia. 

Los remedos cstranj'eros demuestran que el donaire acendra- 
do, legitimo, finí simo, trascendental ¿infinitamente superioralático, 
jamas habitó las orillas del Tamesis, del Danubio ú del Amo, y aso- 
mó solo por el teatro, y á ráíagas, en las del Sena, cabiendo vincu- 
lada y privativamente al inmortal Ingenio del Henares. 

Los versos de Cervantes están destituidos de afectos, de gala y de 
cadencia m¿trtca, tanto que la escasa parte poética del Quijote, aun- 
que pare^ica una profanación á nuestra Divinidad, se aparece, sin 
cscepcion, absolutamente despreciable. 

Hay también pasos difusos ó cansados, efecto de esta misma faci- 
lidad, raudal ó airopcllamicnto en el acto de la composición. 

A pesar de estas quiebras ¿ imperfecciones, el contesto del Qui- 
jote brilla dotado de tan cabal é intensa ilusión, gue hasta los lec- 
tores de suyo casi yertos y empedernidos, se apasionan en estremo 
por el héroe, y se conduelen entrañablemente de su tristísimo falle- 
cimiento.» 

{Ktogio de Miguel de CervaMc^t Saavedra, Donde se de»tindan y daenlrañan ra- 
dicatmenle. y por un rumba atsoluiameme ntieiit, lot primores incomparables del 
(Jii; JOTE. -Barcelona, Viuda é hijm>[le Gorchs, i«35: S.*, de ^ ps-l 

Antonio Hcrnánde/Morejón.-N., Alaejos. 1773; m., 1836. 

«Si los talentos sublimes de Cervantes, si su imaginación fecun- 
da, s¡ la riqueza y gracias de su estilo, si el obicto que se propuso, 
en fin, de desterrar la frivola y perjudicial afición á la lectura de 
libros de Caballerías, que consiguió con su obra inmortal del Qui- 



lOTK, nu hubieran difundido su nombre pur todtf el mundo: aun 
merecería ser aplaudido en la rcpiiblicii literaria de los Médicos por 
su mcriiu singular en la páriv descriptiva de esa especie de locura 
que hoy llaman í\/onomania. En la pariegrálíca de Ui enagenacion 
mental que describe, sobrepuja al famoso Arctco. al mejor pintor 
de las enfermedades, á quien por su habilidad en este ramo se le 
conoce por el Rafael de la ^!edicina. Teniendo Cervantes que trazar 
una especie singular de locura, atiende primero á In condición y 
ejercicio del üugetu que ha de enferniar, á la cualidad, Índole y na- 
turaleza de la dolencia que va á pintar; y reúne todas Iiis predispo- 
siciones y causas escitantes mas propias para desenvolverla ; fíja su 
asiento, recorre sus periodos, atiende á sus mudanzas y lermina- 
ciun. adopta los medios de curación mas apropiados, lan ajustado 
á las leyes del arte, que puede servir de modelo á los más sublimes 
Médicos filósofos.-pBEDisi'osicioNES Y CAUS\s : Don Quijote pasaba 
¡as noches leyendo de claro en claro, y los diasde turbio en turbio; 
y asi en Jin del mucho leer y poco dormir, con todo lo dicho, sí ¡e 
secó el cerebro, de manera que vino á perder el Juicio. Heaqui mar- 
cados en e.stasúliiina>i palabras^con tanta precisión y claridad, como 
pudieran haberlo hecho Hipócrates y Bocrhaavc, el órganoóasien- 
lo, el agente próximo y el carácter moral de la dolencia. -Sintoma.- 
toi^oüia: La formay síntomas de la dolencia de Don Quijote la cons- 
lituveit la serie sucesiva de raptos ó accesos de arrogancia, orgullo, 
valentía, furor y audacia que se sucedieron unosá otros en todo el 
discurso de su enfermedad en cada uno de sus periodos. En iodos 
ellos se ve, que los objetos estemos que se ponian en contacto con 
los sentidos del enfermo, lejos de producir sensaciones é imágenes 
regulares, ocasionaban desvarios en su juicio, y se {tintaban y re- 
producían en su iniaginacion conforme á la disposición interna de 
su cerebro y fantasia.-TiuMPos' y pkríüdos de la enfermedad: Em- 
pc/óen el verano, anunciándose por hablar solo en su cuarto de 
asuntos caballerescos, y luego escalpándose de.su casa el 28 de Julio, 
uno de los más calorosos de la estación. E) aumento de la enferme- 
dad está de.scriio desde la segunda salida del Ingenioso Hidalgo hasta 
que volvió á su casa. En la narración de este aumento, Cervantes 
arrebata é infunde el entusiasmo y la admiración á lodo Médico 
filósofo : en mi concepto retrató en esta ocasión aquella especie ó 
mejor variedad de manía, con que Areiéo termina el articulo de esta 
dolencia, diciendo ast «hav otra especie de furor, en la cual los pa- 
cientes se laceran los miembros creyendo que los Diuses lo exigen...» 
El cuadro ira/ado por el Español de la de Don Quijote ímiíando á 
Belicnebros, sobrepuja al orijinal del Medico de Capadocia. La úl- 
tima salida de Don Quijote hasta que lu¿ vencido por el caballero 
de la Blanca Luna, constituyen el estado y declinación de la locura. 
-ThANSKoKMAcios DE LA LOCURA: Sobreviene 3 Don Quijote una ca- 
lentura aguda, y cambian todos los caracteres físicos y morales del 
primitivo mal: cambio curioso por tres respectos; el primero por 
el de la Medicina práctica; el segundo por la relación con la juris- 

TonotlI a 



prudencia médica, porque sin esta transformación Don Quijolc no 
hubiera podido testar; y el tercero, por el influjü que tuvo en el 
presagio V fin de la enfermedad. -Plax f:uRATtvo ó tkatamiunto 
MORAi. : El mayor derecho que Pincl tiene ó la ({loria literaria, es la 
aplicación del tratamiento moral para las enajenaciones del alma; 
pues bien, Cervantes soo años antes que Pincl manejó csic pensa- 
miento con una maestría, con tanto ingenio y destreza, que la es< 
tratefiia médico-moral de que se sirvió para amansar el furor del 
caballero ándame, s-jrprendc y admira. k\ primer paso que dio para 
su curación fué apartarle de la causa que había producido su maí; 
V la persuasión de haberse ejecutado por encanto b quema de los 
libras, era el paso mas sensato que podía darse en la materia. El 
segundo ardid es la preciosa máscara de la Princesa Micomicona, 
con que se consigue sacar al loco de la sierra, llevarlo á la venta, 
donde se apodera un profundo sueño de sus miembros, interpolado 
de un -tonambulismo conocido en España análo(;o al estado de su 
fantasía, preludio de una calma de su furor, por la que con poca 
resistencia se lleva al toco á su casa como encantado en una carreta 
de bueyes. La determinación del Cura y el Barbero de estar cerca de 
un mes sin ver al enfermo; las invectivas del Ama: el convenio del 
mismo Cura con Sansón Carrasco para luchar con Don Quijote que 
surte efecto la segunda vez, son medios adecuados. Esta penúltima 
estratagema moral trajo la diminución de la locura de Don Quijote, 
pintada por Cervantes con tal exactitud, tan semejante á la verdad, 
que parece haberle prestado el pincel el ni¿dicí»de Capadocia, y que 
el español mejoró el colorido, pues son más .galanas las frases de este 
al referirlos fenómenos morales de la diminución de la locura. No 
habiendo tenido Cervantes según su propia confesión otro objeto en 
su obra, que desterrar la lectura de las historias caballerescas, resol- 
vió usar del medio que hoy llaman homeopático. 

Inficionada la España desde los siglos bajos y las cruzadas, de 
romances de caballerias, compuso Cervantes otro romance caballe- 
resco, con el cual logró desterrar lodos los demás, curar al entendi- 
miento de su perniciosa credulidad, y dejar una obra inmortal que 
deleita ¿ instruye, y en donde toda.s las clases del estado, y principal- 
mente los médicos, pueden encontrar aun mas belle:'.as,, que yo he 
descubierto. 

Lean, pues, los médicos el Qlijotu;, no por pasatiempo, sino para 
contemplar á un Genio en la parte descriptiva de las cnagenacioncs 
del alma y admirar con qué ingenio presentó una de las especies mas 
nuevas del género de la locura, y el modo con que supo hacer inte- 
resante á este loco, sin hacerlo ridiculo en sus estravagancias. Exa- 
minen en su historia los intenalos ó calmas de su enfermedad, y 
verán todas las propiedades de ella. 

¡Nuevo loor por parte de la medicina á losmuchosé inmortales, 
que ha merecido este Ingenio! 

(BeHe^as d< meiiídna prúaka descubierlas en e¡ QuiKtrE. Madrid. 1^36 : S.". de 
as ps.) 



Cervantes Íu2{ndo por los español» 



bt 



Antonio Alcalá Galiano.-N., Cádiz, 1789; m., Madrid» 

1805. 

[1838. 1 «El Bachiller Sansón Carrasco, el Cura y los venteros de 
Cervantes, son pinturas de ccotumbres, de clases y tierras v tiem- 
pos ; Don Qtíifote y Sandio en Cervantes, -Sigismiínrfo en la Vida 

es sueño de Calderón, y Miranda. Caliban, Desdémona. y El re)- 
(Xear en Shakespeare, deben ser contados como sublimes creacio- 
nes de caracteres ideales.» 

(Rcvuta de Madrid, I. J. nüm. /.", |R3K(>). 

[1845.] «El concepto de la obra inmortal de Cervantes, lacreatjíon 
de dos caracteres tan fuera de lo común, y al mismo tiempo lan ve- 
n^slmilcs, de tanta individualidad, y que sin embargo se nos figu- 
ran recuerdos de persianas conocidas;cl uno representando la parte 
sublime de los pensamientos y afectos humanos llevada al extremo, 
el otro la parte prosaica de lá mente y vida del hombre; aquel el 
cnicndimicnlocn sus delirios; estotro el buen seso, aun rayando en 
tontería, en sus aciertos; la pintura atinada y parecida de caracteres 
comunes y costumbres generales, y de prufesitmes en los personajes 
de secundo orden; la invención prodigiosa, sacando de materiales 
comunes increíbles portentos, juntamente con prendas de estilo de 
Ja clase mas alta, y con una dicción rica aun<jue no siempre pura y 
correcta, pero superior, hasta con sus faltas, a otras en que son in- 
infcriorcs las perfecciones, constituyen la obra del Ingenioso Hidal- 
go un insigne monumento del poder del ingenio humano digno de 
üu celebridad, que aun en lenguas extranjeras admira, no obstante 
ir en ellas despojado de sus mejures galas, y que para los lectores 
castellanos es y, según e-i; de presumir, será ubjeio de constante 
amor y reverencia, donde sin cesar se esi¿ asimismo estudiando 
nuestro estilo y dicción en sus mejores tiempos, y en uno de sus mo- 
delos más aventajados. Las novelas del mismo autor muestran las 
perfecciones inferiores de su Quijote, y las faltas que á este mismo 
deslustran en la verbosidad y afectación retórica de los discursos, 
cuando debieron expre-'üirse íos personajes con mas sencillez y pa- 
sión mas intensa. El Persiles, obra favorita del mismo autor, aun- 
que apenas puede leerse, todavía brilla pursu estiloy dicción, siendo 
esta obra mas correcta que las demás obras de la misma pluma, si 
se exceptúa la segunda parte del Quijote, inferior en invención, su- 
perior en corrección á la primera. Los versos de Cervantes, son ma- 
los por mas que digan sus apasionados, aun cuando agrade en su 
NuMANCiA uno ú otro trozo de elocuencia robusta.» 

( nñieri.1 de Espafia desde Im liempni primilhfm hasta la may-orfa de la Reina 
Doña ls.iM II, rfducl^da y anotadú con arrcfíio á ¡a ^ue escribió en ingtét el Doc- 
tor tivnbam, fMtr O. Antanio Alcalá Galiana, ele. Mtdríd. i845.> 



, aptinta cnnfonpm-ánn». Parte, Baudrf .) 



ii 



CcrvADtes ¡uzgtdo por los español» 



José de la Revilla : 1840.-M., tübg, 

«Yo creo que en líis obras de Cervantes hay dos autores distinios; 
uno que pertenece á la escuela italiana; iiirtí á la escuela de la an- 
tigüedad. 

Los romances pasioriles. comenzaron á aparecer en Italiaá prin- 
cipios del siglo xvi. Sannázaro dio el cícmplo en su <»4rcadia, y de 
allí se introdujo en nuestra España. 

Cervanie-s escribió la (Iai.atka bajo la paula <lc los modelos que 
tení.'i & la vista. Hele aquí, pues, puramente imitador y sin poder 
entregarse todavía á losinspiracioncít de su propio ingenio. 

De nuevo se nos presuma como imitador ele la vscuela italiana en 
sus Novelas ven el Viaje del Parnaso, romance crítico de la litera- 
tura de su tiempo, templado y urbano cual lo era el carácter del 
autor aun contra sus mismos Aristarcos. Lo más singular que se 
advierte en el gusto literario de Cervantes es, que después de haber 
dado con fcli/ cxiio suelta libru )■ ventunraa á su inagotable imagi- 
nación en la nunca bastantemente alabada obra del QtiuoTE, toda- 
vía se s<^jmelicse á la condición de imitador en la embrollada fábula 
del Persiles, quien con tanta destreza y valentía logró ser incom- 
parablemente original en la del Ingenioso Hidalgo, Por eso nos des- 
entendemos de su Pkpsiles y aun de ¿1 mismo, como imitador de 
la escuela italiana, para considerarle solamente como cserilor inge- 
nioso original y aun inimitable. Permítaseme antes de todo indicar 
brevemenie los fundamentos que tuvo Cervantes para escribir esa 
novela.» 

Hsce Kcvilia un rápido «.vamcn de las causas que •Jicroii origen ft los disparala- 
dos libros JecAballerlas, y continúa: 

«Los continuos embates de la opinión y de la autoridad hablan 
comenzado á minar el gusto por los libros de caballerías, cuando 
nuestro célebre Cervantes se propus*.) dar cima á aquella empresa, 
valiéndose para ello de las irresistibles armas de la sátira, ingeniosa 
cual ninguna otra, snberanacomi>su envidiable ingenio. Rasta citar 
al QutíOTK para que todos conozcan el objeto v la bondad de la 
obra. Exenta, pues, de la censura, gox.a del privilegio exclusivo de 
recrear en todos tiempos á las diversas clases de la sociedad. 

Esta obra es la que hace de Cervantes un autor distinto del que 
compuso las Novelas, la (jalatea, el Parnaso y las Comedias y 
ENTREMESES que tan escasa reputación te dieron, porque en ninguna 
de esas obras fué origina!, en ninguna campeó con entero desem- 
barazo su fecunda imaginación, en ninguna ostentó sus vastos co- 
nocimientos, su sólida filosofía, su amenidad., su gracia y las belle- 
zas de dicción como en el Quijote: en ninguna como en ísta fué tan 
feliz en las imitaciones, porque tampuco en ninguna siguió tan de 
cerca la buena escuela de la antígOcdad y el buen gusto que cierta- 
mente no era común en su tiempn á las t)bras de ingenio.» 

(Semanario pialorcsi.x> apañol, del 18 de Octubre de 1S40.] 



Cemnies juzgado por los españoles 



Vicente Salva : 1840? — N., Valencia, 1787; m., i85j. 

«L'na de las razones porque es un porienutel Qi:ijotk. es por ha- 
ber sido lan scn-saui su autor, que no vulvió á poner la mano en la 
nbra, ni siquiera para corregir los descuidos y contradicciones que 
se le escaparon en el primer calor, y mucho menos para enmendar 
las trases y las palabras. 

El obfcto de Cervantes no fui satirizar la esencia y fondo de los 
libros caballerescos, puestoque aumentó su número), sino purgarlos 
de los dispar.itc-< é invcniüimiliiudes que e\pre$6 por boca del ca- 
nónigo en los capitules 47 y 4K de la Parto 1. 

El arrobo mental que movió la pluma de Cervantes desde que 
principió su libro, no le abandonó hasta el Hn, á pesar de haber 
trascurrido diez añus desde la impresión, y acaso desde la forma- 
ción de una y otra parte. Pero el lugar en que se engendró la pri- 
mera, que fué en una cárcel leprnp()rcii>nó al autor ser mas ori- 
ginal que en la segunda, en la que por tener mas á mano los libros, 
V por estar menos agitado, se descubre una que otra vex al escritor 
por entre los destellos de la luz superior que le dirige. Hay, entre 
Mtras. varias aventuras va preparadas por algunos de los personajes 
de la obra, por lo cual no causan verdiidera sorpresa al lector.» 

« Cuando meditamos un capitulo, una página ó unas cuantas 

cláusulas del Di)n Q' 'J"''"'-:^ no solo doblegamo.s dóciles nuestras 
cabezas, reconociendo la imposibilidad de acercarnt)S á un modelo 
tan elevado, .sino que apenas podemos concebir que nuestra alma, 
atada con los vínculos groseros de la carne y sujeta á la pequenez 
de los afectos, pasiones y miserias humanas, sea capaz de volar lan 
alto y por el largo tiempo que debió costar de componer aquella 
obra peregrina 

Nü negaré que los libros de caballerías llenaban la imaginación 
de seres fantásticos v ridículos. hací:in consistir el honor en lo que 
no debe formar su base, obligaban á los hombres á guardar su pa- 
labra hasta un punto indebido, éínJucian á las jóvenes á que tiadas 
en la honradez á toda prueba del caballero que tes pedia una en- 
trevista por la ventana ó á la puerta de un jardín, le introdujesen 
poco cautas en su aposento. Pcro^hcmos adelantado mucho en esta 
parte con las novelas que reeinplazanm á las caballerescas? Las mo- 
dernas han dejado de imbuirnDs aquellos sentimientos de fidelidad, 
honradez y pundonor, que si bien exagerados, eran cual los necesita 
la juventud, paraque hagan impresión en una edad que fácilmente 
se desentiende de los buenos principios morales. 

Aprovechemos los restos de probidad que todavía nos quedan 
para reediticar sobre buenos cimientos la moral pública. No dude- 
mos que se adelantaría mucho para tan loable objeto, restablecicn* 
do el gusto á ios libros caballerescos, no cargados con c! cúmulo de 
patrañas é inverosimilitudes que los de.'iacreditaron, sino reforma- 
dos como los deseaba Cervantes. 

Aunque se debiera pues al QutjoTE en gran parte un mal, que lo 



córranles juzgado por los ctpañolcs 



es de irascendenci» para la sociedad, no puede imputarse con jus- 
ticia á su autor, ni menoscabar el mérito de una obra que reconoz- 
co como el primeni. De ella no me cansaré de afirmar que cual- 
quiera á quien no aí;radc la inventiva de tan inimitable historia, el 
3ue no aplauda sus chisics. no se saboree en las sales y donaires 
c su dicción, y no se deje arrastrar por las regiones de lo serio y 
de lo burlesco, de la verdad ó de la ficción, que con tama maestría 
y originalidad recorre su autor; ni ha saludado el esitidiodel habla 
castellana, ni tiene la instrucción y el tacto linoquese necesita para 
apreciar las dotes de un libro; y en una palabra que debe pronosti- 
car muy mal de sus luces, conocimientos y gusto, el que noadmire 
las infifíicas gracias y bellezas del DonQlijotk.» 

( ^Ha tido )u\gado ti Dos Quiioik ivgun ata obra ««rccc^-Artículo en el Uceo 
Valenciano, reimpresa en el lomo 3." ác Aptin¡cs para ana Biblioícca Españvla.) 



Alberto Lista: 1 844-53.-N., Sevilla. 1775; m., Sevilla, 1848, 

«Me cuesta repugnancia hablar det ^eníoma^ grande que ha exis- 
tido en nuestra nación, considerándolo solamente como versificador 
y como poeta cómico, y verme ublifiadn á olvidarme del autor del 
y^iJOTE, para entrar eñ el examen de sus composiciones dramáti- 
cas. Ccrvante-s conocía dn sí mismo que no había nacido poeta, en- 
tendiendo por csu palabra, no creador ó ini'eji/or, queessu sentido 
orijiinal, sino versificador. Su talento tan grande, tan rico, tan va- 
riado en la prosa, quedaba reducido casi á nada entre las ligaduras 
del númerci y del consonante. Es tan difícil de esplicar este fent"!- 
mcno iJcolófíico, como ti empeño que siempre tuvo Cervantes en 
versificar, á pesar de! constante mal é.<Íto de sus ensayos. Las com- 
posiciones dramáticas que quedan de él están escritas en verso, es- 
cepto algunos entremeses en prosa, en los cuales vuelve á aparecci 
la gallardía de dicción y sal nunca desmentida del autor del Quijote. 

Los mas cólebres de sus dramas son Lfis Tkatos ijk Argel y la 
tragedia de Niimancia, en los cuales se mezclan pcrsonages alegtüri- 
cos con ios verdaderos. Poca acción, muchos episodios, los defectos 
comunes de aquel tiempo, ninguna idea luminosa, ninguna grande 
invención que anuncie el gcniocreador, nos hacen leer estos dramas 
con cierta lástima de su autor. Solo añadirenn>s que Cervantes aun 
en las cosas que compuso de menos mérito, aun en las comedias 
publicadas por Nasarre, es siempre puro, castizo, el primer padre 
de la lengua. Bajo este aspecto nada hay despreciable en suscscritos. 

La misma Injeniosidad de Quevedo nos maniñesta la diferencia 
entre su g¿ncii> y el de Cervantes. Kl autor del QuuoTr. presenta á 
la imaginación los personajes y suces<i\ visibles y los graba en ella, 
es un gran pintor y lodo lo describe. No asi Quevedo; sus chistesy 
sales esciían nuestra risa; pero nada se queda en la fantasía, ni es 
posible que se quede, porque su ridiculo consiste en alusiones y 



Ccrvaolcs luzgado por lo&«&paAoles 



55 



equivoco». ICsca es, si no nos engañamos, la causa de la justa prefe- 
rencia que ha dadu la repúblicade las Icirasal manco de Lepanio. 

para iuz(;ar del mérito de una composición ó de un ¡¿neru, es 

nccesariti examinar el espíritu del siglo en que fueron celebres. Las 
esuepciones de vata regla son muy raras, porque son muy pociis los 
hombres como Homero, Virjilio y Gcrvanles que saben escribir 
para toda la humanidad 

Las novelas de Cervantes son múdelos de lenf;ua|c. que no pueden 
dejar de estudiar los que quieran aprender el idioma uel pais en que 
se escrjbitT(.in 

La facultad que tiene el lenguaje de pintar es la que constituye al 
poeta., porque en ella se cifra la imilacton. Asi venios que los escri- 
tores mas apreciados de todos los siglos son aquellos que han poseído 
el dun de presentar los pensamientos bajo la forma de imájenes con 
tanta verdad, que un pintor podría copiar con colores el cuadro for- 
mado con palabras. Este es el mérito que ha inmortalizado los Ho< 
meros, los lloracii)S, los Racines y los Cervantes.» 

(J.eeciOTtes de literatura espúMa... Madrid, iRSj : a is. 4.\-Enteyos liKrariory 
críficrt.<;.ScvílU, i^^t.-E^la ri:un¡<)n de varios artículos que habUn >alidijá lur poco 
ames en un pcrióiiico de (^ádiit.) 



Pablo Pifcri^;r : 1846. -N., Barcelona, 1818; m., Barce- 
luna, 1848. 

«Abría aquel libro [el Oiiijotíc] la puerta á un género nuevo: las 
aeciuncs convencionales y acaecidas en el mundo falso y casi siem- 
pre imposible de fijarse, abstractas, monótonas y amaneradas, con 
q uc los imitadores de ^Ámaelis de Gaula habían estragado el género 
caballeresco, cedieron la plaza á esa acción tan rica y tan verdadera, 
en que entraba el cuadro de la vida humana, con la naturalidad 
más positiva, y al mismo tiempo eun la poesía más noble y bella. 

Las pasiones de los hombres, desde la codicia grosera del rústico 
labrador hasta la sed de lo imposible que aqueja á les más elevados 
entendimientos, por primera vez saltan desenvueltas con toques 

firaduales y exactos : ios hechos de la vida, desde lo más práciicu de 
a ordinaria hasta lo mas extraordinario, hervían en aquella vasta 
tela por medio de numerosas figuras animadas, enérgicasy de gran 
resallo: y el lodo se enlazaba con una armonia general en que es- 
taban muy en su punto las poblaciones, el verdor de los árboles, la 
soledad de los barrancos, las corrientes deleitosas, el espacio hen- 
chido de luz V de aire. Era la primera vez que el lector hallaba su 
mismo muntfo real en el mundo poético : la primera que en este 
descubría tipos dotados de vida propia, organizados con distintivos 
especiales, no abstractos ni alegórico» sino exi.vtentcs con i-asgosca- 
raclerisiícos, en una palabra, individuos :el todo lleno de observa- 
ción la más profunda y ocasionada á que meditase en lus fenómenos 



Ccnsem tcu^do por Ia eipstole» 



que dtaríamenti; acontecían desapercibidos ¿ su visu. Con aquel 
libro quedaban creadas las nu\'cb5dec3ractcres, las de costumbres, 
y pur su tono, pur su^ diálogo», por »u colorido hasta en el mi&mo 
pauajc, se lanzaban á la^ edades venideras la^ «.cmillas de las his- 
tóricas, mientras en otra nación utm poeta. (juilIermoShak.spcarc, 
itvantaba Mihíc cimienioi grandioM>s el drama bislórico, y daba 
utrus de aquelK» resultados. Y á la manera con que el viento es- 
parce las «emilias de ciertos árboles raros y aislados; así bajaban 
entonces desde aquellas dos excelsas cumbres del ingenio humano 
lu que habían de rebrotar en KicharJson y Fteldin^, en GcKthe y 
Schillcr^ y dar sus fruto:! más espléndidas en el gran Watter Scolt. 

Como un grande astro Cervantes ha derramado luz y vida á ios 
fiÍgU»s futuros: mas su prosa en ninguno ha reflejado de la manera 
con que para formar escuela serla necesario. Parte deestaor¡j¡Ína- 
tidad se debe al tono general que Cervantes supo dar á su prosa, 
haciéndola intermedia enirt la poesía y el esi¡lf> de las novelas en- 
lunces Conocidas. Fué el primero que asió los delicados matices de 
cale tono, demandado por el espíritu de los pueblos modernos, des- 
conocido ó exagerado por los libros de caballeria. y de todo punto 
postergado por ios novelistas espartóles que le precedieron. 

Parece incompatible ia nobleza que de él resulta con la variedad 
grande de hechos y de personas que en sus obras reticre y retrata: 
pero la misma inspiración que se lo habla dictado Icsostuvocn to- 
das parles, para que fuese modelo nos4.>lo de la novela, sínuaun de 
la cómica. Emplea lo burlesco sin que degenere en chocarrero, y 
ni en los asuntos más vulf^ares se degrada jamás á usar de una dic- 
ción grosera y baja. Tamp(JCo para no faltar al decoro de la frase 
tuerce la esencia del estilo sencillo, sino que dando á este cierta 
gravedad y cierta seriedad no rebuscada, logra con grandcarie co- 
rresponder ¿ la impresión que el carácter noble y grave de su héroe 
produce, y comunicar mayor resalto á lo cómico de Im per-ionajes 
y de los hechos. .Maneja la sátira con tal finura, y es irónico con 
tanta noblc/a. que el lector ni puede retener la rusa ni se siente avcr- 
gQn/.ado por la especie de ofensa que casi siempre la sátira en vuelve, 

Nn solo la inver^ion de las p;iiabrasy la trasposición de los miem- 
bros son gratas y sonoras; sino que se resuelven con cierta gallar- 
día, y nmrchan con toda la apostura que no podemos exprcsarsino 
jnci>mpletamente con la palabra donairs, ¿Quécuando sazona estas 
prendas con la viveza délas imágenes, con la sal de Las agudezas, 
con lo sabroso de los coloquios y con los rasgos animados y poéti- 
cos, que encantan á trechos al lector y le ofrecen pumos oportunos 
de dcscans'i? Sea que narre con naturalidad Huida bien que com- 
puesta, sea que exprese las simplicidades ingenua y abierta, ya des- 
criba animada y coloreada, ya platique variada y caprichosa, ya ra- 
zone levantada y expresiva, su prosa siempre inunda el ánimo de 
inexplicable delicia, de un bienestar tal, que si podemos decirlo asf, 



se saborea... Este conjunlu de prendas, rara vez aunadas, forman 
de Cervanics uno tic los primeros decidores, y tai vez el primer na- 
rrador de nuvela> que cuenta la historia... Bien podemos decir que 
Con él comenzó el arte dilicilísimu de dialogar, que después ha ve- 
nido á ser el núcleo de la novela y de esta ha trascendido á la per- 
fección del drama 

Cervantes cierra la época de oro de nuestra prosa y desco- 
llando sobre ella la divide de la del mal gusto : como una de esas 
grandes cumbres, desde cuy<js picos respl;in decientes con las nieves 
eternas los ojos registran á una y otra falda dos países y dos climas 
enteramente opuestos.» 

(Ctásicos espaílofes.- Barcelona , 1846.) 



Antonio Gil de Zarate : i847?-N., Rtial Sitio de San Ilde- 
fonso, 1793; m., Madrid; iSüi. 

«Cervantes se ha puesto al lado de Homero para sereiernocomo 
él, y para embelesar todavia mas á las ^encraciwnes. Su Qlujotk es 
c«m.iiderndo en indas partes cnmn una de las obras iiias grandes que 
ha producido el entendimiento humano. ^En que consiste ese en- 
canto, esc poder que ejerce en cuantos le leen, y que permanece 
aun despojado de la rica vestidura que le presta un lenguaje seduc- 
tor y armonioso? Consiste en que en ninguna obra ha derramado 
(la imaj-inaciim Citn másabundancia sus inapreciables tesoros, y en 
'ninguna se ostentan mas, al propio tiempo, las elevadas dotes de 
la razón mas cultivada. 

Cervantes, que tenia en su corazón tanta nobleza y pundonor 
como el mas ilustre caballero de su tiempo, no nudo meni>s de lle- 
narse de indifínacion al ver, en las novelas caballerescas, tan prosti- 
tuidos esus sentimientos que le animaban, y lo que hizo fué vindicar 
la caballería, purtticarla de las manchas con que multitud de deli- 
rantes la estaban afeando. La nación comprendió su verdadero in- 
teniu, y le aplaudió; y restituida por ¿I la caballería á su verdadero 
ser, vino Calderón á coronarsu obra, presentándola en toda su her- 
mosura, y revistiéndola con el rico traje de su imaginación florida. 

Cervunti!s, dotado de aquel tacto exquisito que solo es patrimonio 
de los grandes genios, previendo tal vez la objeción que habla de 
hacérsele, puso al lado de la exageración caballeresca, la exagera- 
ción de los sentimientos bajos y prosaicos. DonQuijotccs un visio- 
nario que delira, por querer hallar en todas partes un mundo que 
no existe; Sancho Panza es t;m mnterinl en sus inclinaciones, que 
iiun del mundo real no entiende .sino loque puede satisfacersus gro- 
seros apetitos. Uno y otro están dotados de buen juicio y rectas tn* 
tenciones; pero Don QuijoteySanchosiemprequeescuchan, aquel 
su exaltación, este su egoísmo, cometen mil locuras, y reciben crue- 
les castigos. Así corrige Cervantes un defecto con otro, enseñando 
el camino por donde un buen caballero puede llegar ala perfección, 

Tana til 9 



tan distante de ambus extremos; y el mismo Don Quijote la toca 
siempre que se encuentra en su sano juicio. Asi en medio de 
locuras que hace este personaje, nunca os despreciable; el lector le' 
quiere, se ric Je sus extravagancias, pero se aprovecha de las bu4-_ 
ñas lecciones que da ensuslucidos intervalos, aprendiendo ademas^' 
taniu por estas lecciones, cuanto por aquellas locura*), á conoce 
las cualidades que constituyen un verdadero caballero. No eslamo 
conformes con D. V. délos Kiosenquese hava propuesto Cervantes 
imitar á Homero: una de las deles que le hacen mas acreedor á la 
admiración, es que on un sij^lo en que era moda imitar á los anti-' 
Ijuos, fuá completamente ori^jinal. 

Las dos partes del Quijote brillan por cualidades distintas; am- 
bas son admirables, y aunque generalmente pasa por mas perfect 
la segunda, creemos que la primera ofrece mas originalidad si biei 
algunos trozos de aquella son los mas bellos de toda la obra. 

El estilii del QuiiOTk está fuera de todo encarecimiento y á 61 
debe uno desús principales encantos. Tíldensele en buen hora algu^ 
ñas locuciones afectadas,en las que cedió al prurito que reinaba en str 
¿poca de imitar la fra^sc latina; encarézcanse las incorrecciones, las 
faltas gramaticales que se encuentran, debidas las mas al descuido de 
los impresores que era extremado entonces; tudos estos lunares tras 
deloscualesseha ido á caza con sobrada prolijidad, no impiden que 
el lenguaje sea siempre fluido, claro, puro, armonioso, inimitable, 
lleno de agt-adablc variedad, y adaptándose á todus los tonos, á todas 
las situaciones, á todos los caracteres. En nuestro juicio, no tenemos 
ningún escritor en nuestra lengua quesea mas perfecto en esta parte, 
y á quien se deba estudiar con mas instancia. 

Las novelas son de lomas bello que ha salido de la pluma deCcr 
vanies; invención, interés, caracteres bien diseñados, dcscrípcionQ 
magníficas, crítica amena, variedad suma, lenguaje inimitable, todo 

se encuentra en ellas 1.a NnniANChv es la única obm dramática 

de Cervantes de cuya lectura se saca algún provecho, pues aunque 
falta unidad en el pían, aunque mezcla amores y episodios impro- 
pios, aunque el estilo decae muchas veces hasta ser trivial y bajo, hay 
cuadros bellísimos, escenas interesantes, rasgos admirables y trozos 
notables de vcrsilicacion. En ellos se ve el temple del alma fuerte 
de Cervantes, y la Numancia es una prueba de que sabia elevarse 
hasta los ma.s altos conceptos el mismo que en oirás ocasione» en 
dueilo de la risa con sus inagotables gnicias. Aun en sus comedií' 
5c encuentran trozos de versílicacion fácil, que prueban que á 
cribirlas con mas cuidado, y guiado de su gran talento y recto jui 
ció, no del deseo de agradar á la plebe á impulsos de la necesidad 
que k acosaba, hubiera podido, siguiendo las doctrinas que tan 
bien expuso en su Quijote sobre el arte dramático, llegar a com'^l 
poner obras dignas de su reputación. Pero donde se vuelve á en^^ 
contrar á Cervantes, donde se vé de nuevo su prosa fácil, su ameno 
estilo, donde se descubren las dotes cómicas de que estaba adorna- 
do, es en sus entremeses, superiores en todo á sus comedias. 



Cerraniís juzgado por los españoles 



Sq 



E\ Viaje de Parnaso es obra inicrcsanicporcl ingenio con qutesiá 
uscriía, y pur las noticias que dá acerca d« muchos cí^critorcs; si 
bien reina en csia pane demasiada oscuridad, con la cual quiso sin 
duda Cervantes ocultar su verdadero pensamiento. 

Ostenta sin duda Cervantes en el Pkrsilkü ^ran fuer/a de inven- 
tiva; poro la misma multiplicación de aventuras extrañas éincrei- 
bles que afilomcra, y que bastarían para una obra diez veces ma- 
yor, cansa y perjudica al interés, que decae muyen breve. El estilo, 
sin embargo, es digno del autor del Qlujüte, aunque falta en él 
aquella variedad amena que tanto embelesa en el Ingenioso IIiual- 
wi, afectando constantemenie vcon pocas excepciones una seriedad 
enojosa. La Dedicaloria de está obra al Conde de Lcmos, últimos 
renglones que salieron de la fecunda pluma de su autor, basta para 
hacer el elogio de Cervantes. Éste poscytS las virtudes que hacen al 
hiímbrc aprcciablc, y la brillante aureola de gloria que le circunda, 
no licne la menor mancha que la empañe, resplandeciendo pura á 
los ojos Je la posteridad.» 

{Manual de líleraiura.-t.* pane.- Madrid, 1^7^) 



IH48-74.-N., CUdiz, 1823; m., Cádi/., 



Adolfo de Castro 
1898. 

«Los necios Je que esiá poblada la, república cristiana, no llevan 
sufhdamcnie que con la lectura destc libro (el Quijotil), se con- 
venza el mal limado vulgo de qué en tos caballerescos solóse pin- 
tan sucesos inverosímiles y enemigos de la verdad y de los buenos 
eniendimientos; y por eso trabajan tanto contra el ingenioso hidal- 
go Don Quijote, buscándole tachas y haciendo inquisición en todas 
sus aventuras para inferir dellas maliciosamente que no hay en el 
mundo las locos que linfjen lu^ libros de caballerías, cuando dellos 

esian pobladas las cortes de los Ueyes (cuantu mas las aldeas) 

A cuya causa es justo que en lugar de ser menospreciado un tan 

provechoso y bien ordenado libro, sea honradoy estimado pues 

muestra que es el solo entre los de las vanas caballerías que con ho* 
nesta y provechosa intención fué escrito. Y no debe de ser tenido 
por tan vano como ellos al ver las locuras de Don Quijote; pues har- 
tos locos hay en el mundo, y no hay memoria que ninguno sea te- 
nido por laf en el concepto de las gentes.» 

(£/ Butcapt'é.-Cidix. 1848. ps» 49 y 5o.) 

«La caballería andante en la parte realizable existia aun en España 

cuando Cervantes se determinó á escribir su Don Quijote Por 

eso en el Ingenioso HmALoo se propuso, no solo destruir la lectura 
de tales obras, sino también los daños que ocasionaban en los áni- 
mcis, exaltados por pensamientosque lisonjeaban el orgullo, encen- 
dían en los corazones un falso pundonor, y arrastraban A los hom- 
bres al esireniúdc buscar la venganza de leves ú imaginadas ofensas 



en Ib propia muerte ó en el esierminio Aceno Antes, yaun siglñ* 

y medio después de escribir Cervantes el Quijote, eran los caballe- 
ros españoles unos desfacedüfcs do agravio*:, que á toda h»)ra saca- 
ban las espadas, no siempre en prupia defensa sino cnn el fin d^^ 
pelear por la dama é por venganza de una mala palabra (').» fl 

(/?/ Huscapíi, 3.' cd.- Apéndice á Don yriiorE.-Madnd. Gaspar y Roig. iHSo.'} 

«Para mi tienen gran importancia el entremés de LosMmoNEsy 
el de Uüi'BANKs. porque explican el carácter de Cervantes. Gran 
pinlor de costumbres, íuéun observador prnfundo de ellas, para 
describirlas tan magistral y agradablemente como las contemplaba. 
Por sur un constante tniron, Cervantes alcanzó á pintar con tan 
eminente maestría la sociedad de su siglo y el corazi^n humano. 
Conociéndolos hasta el punto que los conocía, no es extraño que 
cnriq ucciesc todas sus obras Cervantes con tesoros de esta enseftanza 
verdaderamente popular. 

El Don Quijote de Cervantes liene tudas las condiciones de u^l 
sujeto bastante á honrar á una nación y á un siglo, si se hubiera 
circunscrito á ser un grande hombre en lo que vcrdaderanienie y 
posible era grande, en vez de empeñarse en serlo por lo que jamás 
podía ser, por convertir quimeras en realidades. La pintura de este 
carácter es la más sublime enseñanza de su libro; ese carácter ve- 
hementísimamente apasionado por U> fantástico y absurdo, hasta 
querer practicar todo esto ; este carácter, digo, de que tantos ejem-^H 
píos nos ofrece la naluralc/.a aplicado á diversas teorías, y tenícnJ^H 
por divisa la de que no puede haber imposible sino en la muerte, 
es lo más dañoso á las personas, cuando iodo se reduce á ellas; y á 
las sociedades y naciones, cuando las quimeras se dirigen á eltás^l 
Su fin no es otro que esta verdad incontrovertible y dcsengartada|™ 
aunque tan poco i> tarde conocida : buscar en infortunios las feli- 
cidades ^m 

Enriqueci<'i Cervantes el habla castellana con frases de su inge- 
nio, que leídas en el Quijoti; son hoy popularisimas; y tantas cr 
número que seria prolijo trasladarlas, cuanto más, que de los en^ 
tendidos están muy conocidas.» 

{ Varias oiraz inítiitaf de CemanKs.- Mtiiiid. 1874. 4.") 

Agustín Duran : 1849.-N., Madrid, fines del siglo xvh!| 
m., 1HO2. 

«Entonces fué cuando el inmortal Cervantes, admirador de los 
antiguos héroes, hirió de muerte á los nuevos, y á guisa de destruh 
los libros caballerescos, encarnñ el puñal de la'sdtira, ya seria, yj 

1>l f-if» <i Sr. Ciiiro UTia portiAn Jí f>br»» qucd««trlben híchof y >;n>(uml<rri jr Míenos L. 
AOMH y i:¡it).ilI(T(iLt.~i>v.uMi,'LÍ<liii til Es|<uñu iIcsJi! un Kijitii anicv A nnu Jiispui!t dt (>mntc£. I 
nlMao lema to rcru«riii cvn rhvtqs y cu riosoí cfcmplos cu la 4.* cdid^ «9<l Oaic^tf. 



• 



fesliva, en el corazón corruptor y corrompido do! siglo xvi. El ¡ns- 
tinto^ si acaso no la razón fílosóíica, obrando sobre el ingenio di- 
vino del poeta, le hicieron adivinar Io>; resultados que icndrian los 
increibics pero mal empicados esfuerzos de sus compatricios. Ccr- 
vanies caricaturó en su obra el espírituridiculamente exagerado de 
I.-IS altas clases, contraponiéndole el sesudo y razonable de las me- 
dias, y el prosaico de la gente vulgar, cuyo' carácter tímido, rece- 
luso, desconfiado y egoista se form(^ bajo el dcspoiisniny la inquisi- 
ción. Don Quijote, el Cura y Sancho Panza Ibrnian la unidad comple- 
xa de la sociedad espartóla en aquel tiempo ; todos los demás inci- 
dentes son el desarrollo y las combinaciones y graduaciones de los 
tres principales tipos. Por esto, y porque no e.i: una sátira individual, 
sino un cuadro completo de costumbres, el libro no necesita de 
buscapié ni clave. Algunos han pensado lo contrarío; pero aunque 
se les concediera la razón, todavía valdría la nuestra de que Cer- 
vantes no csgrimiA su pluma contra el antiguo caballerismo que 
reconquistó la patria, sino contra aquel facticio r de moda que se 
empleo después para turbar ó defender agcnas causas. Nadie ha 
dicho que Don Quijote fuese el conde Fernán González, ni el Cid 
Campeador: y muchos han creído que representaba á Carlos V, á 
Francisco I, á I'elipc ti A á sus guerreros cortesanos. Nosvtlros no 
pensamos lo mismo; pero creemos que el gran poeta retrataba ficl- 
menie los españoles de su tiempo que empleaban sus fuerzas colo- 
sales en servicio y utilidad ajena, creyendo servir la propia 

...oí caballerismo exagerado é inúiü de los Amadisos solo pudo re- 
presentar á los hombres de corte cuya caricatura fué Don Quijote.» 

{Ronancero (cenerei.-T . X de le iiibthle<a de Autora Española de Rtrxdency- 
ra.-M«dr¡d, i¿ií>.-Notas del Prólogo, ps. 13 y 14.) 



Kusiaquio Ferníindez de Navarreie : 1854, 

«La Calatea es, de todas las novelas pastorales españolas, la 
(neno.<: campestre. Gsmo las demás obras de Ccr\'anies, distingüese 
por la riqueza de sus incidentes y episodios, en q uc alude á sucesos 
(ic su ambulante vida. Complicadlsmín su argumento, no sabemos 
cnmo le hubiera dcsenlazadn su auior. por ni> haber escrito la se- 
cunda parte. 

Siendo esta la primera obra que presentaba al público, no se aire- 
rió á soltar en ella libremente el vuelo de su ingenio; antes por el 
contrario, tímido y receloso, nunca perdió de vista el gusto del pú- 
blico. De este empeño proviene que un autor que crfsusotrascom- 
posicioncs es tan fácil y natural, se valga en ésta de un estilo rebus- 
cado y exquisito; de aquí las interminables disputas y conclusiones 
en verso, los juegos de acertijos, y otras cosas que al presente des- 
agradan, y que en su tiempo serían los mas poderosos motivos de 
U aceptación que tuvo la obra. 

Fruto mas que de su meditación en el retiro de! gabinete, de la 
observación que le proporcionó la varía suerte de sus propios suce- 



sos, padccimietitus y peregrinaciones por Italia y otros paises, y del 

f>rúrundo conocimiento que su vida pobre y vagamunda Ic di6 de 
as costumbres y vicios de sus contemporáneos, están escritas no 
solo con originalidad, sino con la verdad y exactitud que presenta 
la naturale/a. Grande es la valcmia y libertad de pincel con uue ta 
retrata y describe, y el noble desenfado con <jue sm conlempíacio- 
neü á la adulación reprende y ridiculiza los vicios con todas las gra- 
cias y donaires propios de su ingenio y del dominioquc tenia sobre 
el idioma castellano. 

Las mejores son las satíricas y aquellas en que puede desple- 
gar sin estorbo sus donaires faceciosos y los picantes gracias de su 
pluma. 

En cuatro especies pueden dividirse las Novelas de Cervantes: 
I.''' Amatorias <')del género urbano, en las cuales brillan su riqueza 
de elocución y armonía de estilo, únicas cuuUdade!: quecn¿) podía 
desplegar, pero se advierte en ellas alguna falla de animación. La 
Juerga ds ia sangre es la mas interesante de estas, siendo también 
dignas de leerse La Esoañota inglesa y El ama tUe liberal, donde es 
notable la apostrofe á las ruinas de Nicosia, uno de los mas magní- 
ficos trozos de elocuencia de nuestra lengua, a." De mayor incriiíi 
son tas novelas que llamo de costumbres, á causa de la singular 
gracia de Cervantes para retratarlas,' como Im Giíanilla^ en donde 
se describen al vivo las costumbres de este pueblo original, que vive 
en medio de nuestra sociedad sin pertenecer á ella; El Celoso ex- 
Iremeño en que se ven habilmcnti; dibujados los celos de un viejo 
ridiculo que tiene mujer ¡ovu-n, y está !li;n:i de alusiones á las cos- 
tumbres de la época; I-M tia Fingida, donde con tal desenfado se 
pintan las tretas de e.s:as horribles mujeres que pervierten la juven- 
tud para hacer de ella un tráfico vil y escandaloso Aun no se 

conocía en Europa la comedia llamada de costumbres, única que 
quisieron admitir Icjs clásicos como racional y literaria. Pues bien, 
p<>ngase cualquiera de estas novelas en diálogo y en verso y se tendrá 
la comedia de Moliere y de Muraiin, quienes jamás dibujaron carác- 
ter mas cómico ni al ñii.'imo tiempo más interesante que, por ejem- 
plo, el del viejo Carrizales. 3." Satíricas : lo son El ¡AcenciadoVidrie- 
ra y El Coloquio de los perros. La última es la mejor de las obras 
de Cervantes despuós del Quijote, la más sazonada de ironía lina 
y sana instrucción, la que mas acredita el don de sagaz observación 
que el autor poseía; precioso apólogo, que tiene por íin y objeto 
hacer la más ardiente invectiva contra los vicios y abusos de varios 
ejercicios y empleos, ocultando bajo una ironía, al parecer ligera, 
eternas y profundas verdades. Paso muy adelantado para borrar de! 
espíritu humano U preocupación, viva entimees, que sostenía la 
creencia en brujas, fué ciertamente el asentar, como lo hizo en esta 
obra, que las brujerías no eran mas que los extravíos de una fan- 
tasía febril. Leyendo esta novela pasca el lector rápidamente por 
muchas y variadas escenas de la vida social, cual por un vasto pa- 
norama que le instruye y deleyta, compuesto de pinturas vivaces 



C«rv«Btes juzgado por los españoles 



93 



hechas en usiito nervioso, cuajado de pensamientos graves y pro- 
fundos hábilmente expresados. 4." Picarescas : De csie peinero es un 
majinKlco ensayo la novela 'li^inconele y Curladillv, en la cual in- 
lonio pintar los ardides y raierias de eslos famosos ladrones que, 
seuuncl licenciado Porras déla Cámara, exisiierotí realmenieen Se- 
villa. 

Si ta coniinuacion en ser reimpresas las obras por una serie di- 
latada de años es el ñador mas seguro de su mérito, grande es la 
excelencia de las Novelas de Cervantes. Como este inmortal autor 
sabia generalizar su.s censuras y tomar lo principal de la misma 
naturaleza, su critica pertenece á lodos los tiempos y á todas las 
edades. Exorna además el di-icursu con una dicción pura y fácil, la 
anima con un estilo castizo y gracioso y con su agudo ingenio iodo 
lü vivifica 

En el Persiles ostentó Cervantes con prodigalidad la admirable 
extensión de su inventiva, pero tanta miihitud de lances, muchos 
de ellos exagerados 6 inverosímiles, ahogan )a acción principal, 
haciendo desaparecer con frecuencia á los héroes, quienes, ademas, 
por su carácter, aficionan poco al lector. Ella parece una estatua de 
inaniKiI. y é\ lan frÍo amante, que nn tíene igual en la naturate/a. 
Estos caracteres tan perfectos, pueden ser buenos en moral, pero 
literariamente son helados é indigestos 

.Muchos de los episodios, aislados, son agradables y bien es- 
critos Aunque falto de interés, debe estimarse el Pebsjlks 

Como un prodigioso esfuerzo de imaginación, y por la excelencia de 
su estilo digno de ser estudiado por cuantos quieran imponerse en 
tu!i primores de la lengua castellana. Es más castigado, aunque no 
tan vario el estilo ni tan espontáneo como el del Qt;iJorK.» 

{Bos^ue/o hiudrim sobre la novela esfUJñola.-T. l\ de islopelixlas posteriora S 
Ceñíanles : Biblioteca de .\ulorcs Hipañolet; .Vlsdrid. Kicadvncyru, 18^4, ^.*> 



ASüJestü L.al'ucntc : i855.-N., Ravancl de los Caballeros, 
1806; m-, ¡806. 

«La NuMANCiA de Cervantes, aunque adolece de falta Je intriga 
y enredo, tiene originalidad, y hay en ella cuadros y escenas inte- 
resantes y bcllisituas . . 

el estilo y tuno de las Novki-as kjkmi'Lares es el <jue corres- 

nondeá la pintura de la vida real, ni demasiado alto, ni demasiado 
humilde 

La obra de ingenio que ensalzó la reputación dcCcrvantcs á una 
altura á que ni nadie hasta entonces había llegado, ni nadie ha lo- 
grado llegar después; la que le dit*! una fama que lejos de menguar 
ha ido creciendo con el tiempo; la que le ha dado esa popularidad 
universal dentro y fuera de su patria, fuéel Inoknioso HroALuo Don 
Qi.ijoTí: VE L.A Mancha, de cuya obra nada podríamos decir que no 
fuese descolorido y pálido después de tanto como en elogio de ella 



se ha dicho. Dirumos sulnmcnie que Cervantes accrt6 ¿ hacer U[ 
Mbru para los humbrcs <Iu toclaü las clases, de todas las edades, d( 
Todos los paises y de lodos los licmpos.» 

{Hhtorii general de tjjpflñii.- Madrid, -T. IX. afto ift55, p. 167.) 



Cayetano Alberto de la Barrera : i85ü. 



«El objcu 



ibii 



adr 



ible ti^ 



ic se propuso Cervantes al escrit 
bro Don Quijote, ha sido lijado por la gcn«ral opinión de lo-, sabios, 
después de luminosas controversias, en las cuales puede asegurarse 
que ha tomado parte tuda el mundo civili/.ado. Ridiculizar las ideas 
y las empresas caballerescas, que habiendo sido en la edad media 
una necesidad y un benclicii;) social, hubieron de Uceará un térmi- 
no de risible á la par que funesta exageración; desviar los ánimos 
del camino de lo inverosímil y fantástico, dirifíiéndolus por el dy 
la raxon v ia verdad; tal fué eí fin, altamente moral y civilizador, 
que movió ¡a pluma del grande ingenio, pero que las trabas im-^^l 
puestas al pensamiento no le permitieron declarar. Como poderosd^^ 
medio para lograrle, discurrió combatir con el arma de la sátira la 
inventiva de los libros caballerescos, patentizando con una íngeniosaj 
y aguda ficción su extravagancia y sus perjuicios, y dirií;iendo as 
a mansalva el tiro contra los vicios, las preocupaciones y losabusí: 
de su siglo. A este medio, hizolc aparecer ostensiblemente comol 
principal objeto, cual remedio saludable de la pasíon loca del pú- 
blico á semejantes invenciones, y como impugnación literaria 
éslas y de sus autores. 

En'nada pudo, sin embargo, oponerse al filosófico objeto de \i 
obra, el que Cervantes, en el tejido, cVi los episodios y accesorios di 
su fábula, envolviese alusiones más o mcnus pcrccptiblcsádifereri'^ 
tes personas, cuya critica, burla ó alabanza creyese entonces opur-' 
tunas, ya para darla más interés y gracia, ya para justo despique y 
desahogo propios. 

{Conjtturas sobre el fundamento que pudo tener ¡a idea ^ue dio origen & ¡a pdí 
traña 4«ti-El Buscapii*; articulo en la Rtnüla dt Cienciat, Literatura y Arlts.- 
Scvilla, 30 de Noviembre de i856.) 

ff SU V1A.JIÍ: !>£!. Parnaso, estimable poemita,en que hixo real* _ 

mente una obra original, prccÍo»;a por las indicacionL-s auiobiográ- 
licas y las alusione:s que encierra; de gran valor para la historia^ 
literaria, coma paiiegirtca, y en pane critica, de los ingenios de U 
época, y aprcciable por su estilo y versificación.» 

(Míffí'as inrcsiigaciones acerca de ¡a vida y o6rM de Cer pautes. -Msilñó. tfKJj, Rl 
vadvncyra.) 

Fernando de Castro : iSSG-iSGg. - N., Sahagún, 1814] 

m.f Madrid, 1874. 

«Es un error muvvulgar el de creer que en la novela del Oiijote' 
no se trata sino de las disparatadas cosas que los libros de caballo- 



Cervantes juzgado por los españole» 



6S 



iticnun. El libro que cumpusn Cervantes, tiende á más que 
3 lo que parece, pues tiende á corregir en general los vicios de los 
hombres, á desterrar las prvucu paciones de lus pueblos, y más par- 
ticularmente d reprender los vicios y á poner como de bulto las 
preocupaciones de la nación española Y sí Don Quijote es el me- 
jor dechado del más cabal y cumplido caballero español, la expre- 
sión másgenuinade los hidalgos y nobles de su tíempo.y masó me- 
nos del nuestro; también Sancho, su escudero, es la personificación 
más propia de nuestrosaldi;anosycampesino5,ymásvcrdaderaqui- 
zá que lo era su amorcspeclo de los caballeros,... Pero aún hay más. 
Cuantos estados, ocupaciones y oficios se conocen en una república, 
cuantos cuadros y escenas de costumbres pasan en nuestra vida meri- 
dional, casi litros tantos están pintados en esa novela con admirable 
maestría é inventiva y L). Quijote y Sancho nosonyasolos el caba- 
llero y et escudero en quien se ridiculiza la caballería ytos caballe- 
ros andantes, ni son solo aquellos en quienes se hacen notar las 
extravagancias y preocupaciones de losde su nación; sino también 
el sujeto en quien se hacen notar y se corrifjen la exageraciones y 
defectos del hombre en general, limitado de suyo, finitoe imperfecto. 

Ccrvaniessupo castigaren I>. Q uiiuie las exageraciones en lo bueno 
vi buenos fines enderezado, y en su escudero Sancho la inclinación 
grosera, animal y baja á los intereses puramente materiales, y á que- 
rer salirse de la condición oscura yhumilde en que habla nacido. 

Si para concluir este puniu hubiéramos de reducirá una síntesis 
lilosóticacl pensamiento de esc libro con aplicación á la vida toda 
de la sociedad humana, diríamos que D. Quijote es en embrión como 
el proiotipu de todos los utopistas antiguos y modernos, y su cscu- 
deroSanchola personificación de ese vuTgoignuran te, más ambicioso 
que sencillo, que no entendiendo la parte teórica de losquijutopis- 
tasde nuestros días, ni creyendo un la moralidad de su bello ideal de 
dcsfaccr tuertos, entiende bien lo de realizarla parte práctica deesas 
predicaciones de nivelación y de igualdad, haciendoário revuelto lo 

mismo exactamente que aquel Por estas razones es también el 

QitjoTE un libro europeo, y hasta pudiéramos decir que pertenece 
m cierto modo á la humanidad, s\ para todos tuviese la misma sia- 

níticacion esa palabra Y si, para concluir, aseverásemos quela 

riqueza de pensamientos, máximas, sentencias, refranes^ dichos y pa- 
labras que han hecho fortuna y se repiten por todos, v á cada mo- 
mento son un tesoro de doctrina y de erudición popular deque ca- 
recen las demás naciones; y que su estilo, su dicción v su acento 
cadencioso, entonado y músico son una de las galas más preciadas 
que le adornan; pues el estilo, que recorre todos los tonos, desde el 
sencillo hasta el sublime, y que es por lo común claro y correcto, y 
muchas veces además oratorio, elegante y hermoso, hace que la dic- 
ción sea pura, corriente, fluida yeopiosa, la frase limpia y propia, la 
palabra noble y castiza, las clausulas majestuosas y floridas, y los 
periodos tan redondos, tan sonoros, tan graves, tan eufónicos y tan 
pompo-sos, quesuenan al concluir como si dejasen una especie de 

Temo III to 



€6. 



Cervantes iuegaih} por loscspsAoltrs 



vibración musical : si difésemos todo esto, <iqué otra cosa harianic 
sinu rvpcttr lo mísmu que t.'iiitab vuccs han dicho loscscrítoru^ mi 
distinguidos délas naciones lodas? Qxxé importa, pui>s,que en medio' 
dcestugrun foco de luz haya algunas lifít-ra^ sunibiaNque parciccan 
cono oscurecerle. A mía fé que noson pardos nubarrones que nos 
oculten ese sot, -sinn ¿ionios impercuptiblcsde un sol clarísimo, que 
nos advierten que así en Uniaieriacüoioen el espíritu nada es puro, 
nada compietanieme iliáfanu y transparente, porque la inieligenei 
csescasa, la vida tinita, el hombre todo imperfecto en sus obras, Ij-: 
mitadoen sus elucidaciones.» 

{SlQuijoK/ para loii'is.-MítiStiiS. iJiW». Prrtiogo.) 

« El dia en que alguno de los admiradores delQutJOTK, conocedor 
sagaz y profundo del hombre y de la sociedad, abarque con una^ 
ojead as íntética el carácterdeEsi^lo ydul pueblo un quuscescribiócs^l 
cuento, observe que ávuehas de la multiplicidad de sucesos, relacio^^ 
ncs y situaciones en que se coloca á 1*« dos principales personajes, 
son siempre los mismos en la naturaleza y tendencias, el uno en lo 
moral y poético, el otro en lo material y prosaico, aquél en la manía 
ideal de lo heroico, éste en laaficiAn interesadaáiit vulgar ypedesirejH 
DonQuiiote en la nobleza y elevación de sentimientos, Sanchoeii 1^* 
fidieliíJad, blandura de corazón y cieno aunque limitado buen sen- 
tido : observando además que los personapeá Je segundo término se 
m-ueven dentro del mismo orden de ideas ysentÍniienros,y notando 
que no obstante las antitesis y oposiciones de los dos protaponistas 
existe la unión feliz del alma y del cuerpo que representan la unidad 
superior del hombre, sin las exageraciones utópicas del uno y sin los 
instintos sórdidos y groseros del otro; cuando muestre ese mismo 
admirador del Qiiiiots, quede esa base interna, de esa idea madre 
y-yenerridora nacen espontáneamente la forma y el nrte del übro, la 
dignidad, cortesía, respeto é inspiración de su autor; entonces re- 
nacerá Cervantes á una nueva vida, tan inmortal é imperecedera 
como el rayo de luz con que la divinidad tocó su frente, radiante con 
los resplandores de su sabiduría, formando unodeasosíjeniosquedc 
tiempo en tiempo vienen al mundo para guiar á la humanidad en 
los oscuros, tortuosos y difíciles senderos de la vida.» 

(Fiata tUeraria en honor de Cervaittts por ¡a Academia de CoH/crenciúty 
ras públicas de la Universidad e¡ sj de Abril de fSGy.- Madrid, 8," de g5 ps.) 



Nicolás Dfaz de Benjumea : i85tj-i88o. 

«La orden de la caballería es el primer paso que da la civilizacioi 
en laxcndaque mas tarde hará ajustarías sociedades al modelo evaí 
gélico. La orden de la caballería se nutre con el espíritu cristiano 
opone al solitario et paladín, a! dispensador de los consuelos di vi nt 
el dispensador de los consuelos humanos. 

La lógica de los tiempos hermana mas tarde á los ministros de 



C-ervanics íuzf^do por los cspAfloIcs 



religión socinl vdc la Fleligion itivina; haccdcIcabuUcrocl mongey 

del nii> ngcclca bullero, prcslándoiic mutuamctitu.susarmasysusritos. 

El religioso iniorrumpe su oracinn y !»e mezcla en los combates; el 

'aaJani(.\un medio de Kis combates, pone su pensamiento en Di<t& y 

en Ku Jama ,; V quien no vé en el credo caballeresco la drtcirina 

del Evangelio en una tendencia práctica y social? J-'araque nada 

falte á esta Religión, simboliza el mal en losgtganta<i,lcisvtciusen los 
vcstiglosy endriagos y la malicia v la astucia en los encantadores 
enemigos, ennoblecido con su misión el caballero, creyéndose en- 
viado para limpiar la l ierra de una plaga de m4tnstruas,crce también 
suü lucrzaü iguales ¿ la grande:^ de ifu tarca: pcro,jqué mucho que 
tenga tan alta idea de sí mismo, si llega ha.>;ta creer en ku inmoria- 

lidadf" La mortalidad del gigantey la inmortalidad del caballe- 

n> Son mitoi verdaderos, que explican como el mal esiá desiinado á 
la derrota, y que el bien .saldrá triunfante siempre de la lucha, y será 
Solo duradero en la humanidad. El mal como el bieneran conside- 
rador bajo un estrecho punto de vista. Dábase al individuo mas in- 
lluenciacn la ejecución del uno que del otro, se desconocía su verda- 
dero {>rigcn y su trascendencia, se juzgaba como cau.sa lo que era 
resiillado y cfeclo, y equivocada su noción, venia á convertirle ta 
turca del caballero en otra lela de I\^nc!opc, porque no buscando de- 
rechamente sus fuentes y raices, ni dejarían de surgir los mismos 
crímenes y abusos, ni bastaría un caballero en cada legua cuadrada 
para remediarlos. Inútil escnumcrar, por lo sabidas, las cousasque 
Contribuyeron á Jar muerte á esta institución de gran momento en 
la historia, y en especial en la nuestra, en donde dejó impresauna 
huella mas indeleble, tanto en la literatura como en las costumbres 

ycn las ideas Memos dicho que la institución de la caballería 

murió y decimos mal; su espíritu es inmortal. Susiituyamosá la pa- 
labra muerrc la de transmigración. L.a muerte accidente es propio 
de los cuerpos, mas las almas no mueren. La caballería deja las ar- 
mas por las letras, cuelga la espada y toma la pluma, pasadc los cam- 
pos á los gabinetes y del caballero andanteal.pensadorindependiente. 
La caballería ideal ó literaria, que, de malcría abundante y campo 
extenso, sacó tan pobre cosecha para la humanidad, se refugia en el 
leatroyiccibcel timo de los Lopes y los Tirsos. Mas ya entonces ha 
nacidoel nuevo Roldan, el Roldan de la idea, que puede ociará prue- 
ba ctm el Roldan de la espada El campo dcla nueva caballería es 

«I vasiisimo campo de las ideas: la prensa, las tribunas yacademias, 
Inspalcnqucsdcstinadosá la lucha, las armas las del raciocinio, su 
defen.sa y c-icudo la ju^icia de su causa; todos son obreras en el in- 
menso taller que se abre á la aciividad humana La idea nueva 

<)ucse implanta, produce á Cardan y Telesio, á GalJlco y N«wtoD, á 
éacon vr>escanes,que han enmendado masabuMi.siycorregídomás 
cmirescon sus plumas, que con sus espadas los Beüanis y Felix- 
martes,losOrlandosy Amadises. Iniciado el dogma de ia ra/on por 
Lutero, vienen los nuevos Santos Padrcsdcl racionalismoácomplc- 
tirle, y espLicando con arreglo á él los mundos de la materia y del 



<8 



Cervantes juzgado por los ciptAolc^ 



cspiritu, dan nuevo giro á laíílosona ;cl ideal humanóse í 

mas y mas á las regiones de la vida Pero entre unos obreros que 

hablan al hombre en los dominios de la intclif^cncia, nace uno, á 
quien b inspinicitm del cielo ilumina, para que hable al pueblo en 
los dominios del artc,paraquc tcmuestrecon imágenes vivas loque 
tiene lugar en las regiones de la ciencia, para que le hii^a apañar la 
vistadelopasado,)' le scí\ale distintamente hacia dónde camina la sch 

cicdad.cuaicssu objeto, y cuales los medios de que vaá hacer uso 

Este hombre elegido, eslc genio que adivina el bello ideal social del 
periodo libre en el seno de la civilización cristiana, y los medios que 
na de emplear para reali/,ar]i), es p.-íra nosuiros Miguel de Cervantes. 
Cervantes se apodera del cspiriiu y mata el cuerpo de la caballería. 
Al espíritu le enf^randece, le formula, le incarna, lehace llenar toda 
una existencia, le hace caminar constantemente en una dirección; 
pero muestra al propio tiempo á su época, que ya no han de ser las 
armas de tajante acerolas que han de combatir el mal, sino las ar- 
mas de la razón y de la inteligencia; que la caballería que ha de re- 
sucitarse no es la militar, sino la social y que el pobre, el des- 
valido, la doncella, el huérfano, la viuda, el inocente y el humilde, 
no han de vivir ala ventura, sincí que en la nueva cabdllería los hom- 
bres deben buscar baluariesseyurus contra la injusticia, barrerasin- 
conirastables contra la opresión y diques contra la fuerza. Tal es la 
misión de Cervantes en los dominios del arte.^l^ué importaaueni 
¿1 ni su época la comprendiesen? La misión del hombredegenio,ha 
dicho un célebrcescritor.solo se conoce cuando su alma, después de 
volar al ciclo, se contempla en su obra y parece gravitar sobre ella.» 

[Signi_ficac4Ón kistórica Je Ccri'tinta.- AtÜcmIo en «I núm, \1 de La América^ 
Madrid. S de Agosto de 1859.) 

«El Quijote, tal como nosotros le consideramos, era la produc- 
ción necesaria y li')gica de ('.ervantes.Veriase,sobreiodü,queelcaba- 
Uero andante debia ser el protagonista de su obra, ya por la signilV 
cacionque este personage tenia sin duda para nuestra ingenio, atento 
a I espíritu q ue an imaba á la i nsti t uciun cabal Icrcsca, ya por el campo 
que le ofrecía para el desarrollo de su plan en una acción continua 
y variada : campo por cxtremoaccidenlado y que le brindaba con es- 
pacio y lugar cómodo, para i-r entretejiendo una crítica general de lo- 
dos los errores, preocupaciones, vicio.s y defectos de los hombres y 
de las cosas. En esta critica general entró, como defecto y muy grande 
que era. la de los malos autores de hi.storias fabulosas, como la de 
los malos autores de comedias, como la de !().<.- malos poetas, ymalos 
caballeros, de los nobles soberbios, vanos yorgu liosos, de los caballe- 
ros cortesanos, de U^s aduladores, de los principcsypodcrasos.delos 
cuadrilleros, de los malos cómicos, de las supcrsuciones y preocu- 
paciones religiosas, como las creencias en duendes, fantasmas y vi- 
siones, de los avaros, de los priidigo.s, de los seductores, de los erudi- 
tos, de los murmurado res, de los malos sacerdotes, de los entrometidos, 
etc. De todo esto, é inlinita.K cosas mas, hizo una critica admirable 



Cervantes juzgailn por Ins españoles 



69 



el gran autor del Quijote, sin que pueda decirse que fué su objeto al 
tscribiric el criticar una ú oira dutermlnada y pariicularmcnie, que 
sitan limitado hubiese sido su punto de vista, limitado habría sido 
lambicn el tiempudct aplauso ycstiinacion de su obra, la cual se ha- 
llarla hoy, no en las manos de todos, sino archivada en las bibliote- 
cas públicas y las de los amantes de curiusidades. literarias Que 

pudo entrar en la mente deCcrvantc.^ la idea dv que con su Quijote 
atraería á buen camino laañcion que se descarriaba en busca de des* 
atinados libros, fo me 11 todo res de la credulidad supersticiosa en vez 
de ser promoved ures de la enseñanza de una moral sólida; que co- 
rrompían las cosiumbres en vez de corregirlas yreformarlas, y tras- 
tornaban, en vez de fijar, las nociones fundamentales de los derechos 
y los deberes, nada mas natural, mas lógico y probable ; en esto no 
se habría equivocado, como no se equivocó en todas sus profecías 
relativas á suQlijote; pero esto seria, cual lo será siempre, c! resul- 
tado de una gran concepción hábilmente realizada.yestc es el poder 

cinrtuenciadel verdadero genio y de la solidez del talento Pero 

esta critica ó sátira, que en efecto lo es, contra la caballería ideal, exis- 
te en el Quijote como todas taK demás que hace de los vicios, abusos 
ydefectosque vela en las obrasde los hombres, formaunapartey bien 
minima por cierto, porque harto conociasu autor que otros mas gra- 
ves males existen en la sociedad. que no lo son tus que pudiesen re- 
sultar de una afición á libros, que por confesión suya sabemos ^ue 

ibanya tropezando As!, pues, convengamos en que, dado caso 

I que la publicación del Quijote acabase con las disparatadas historias 
delu.N libro-S de caballerías, no implica este hecho el que Orvantes 
■.ehubiese propuesto el escribir una invectiva contra el l<>s Cer- 
vantes no se propuso acabar en su tiempo ni con la caballería ideal ni 
con tos restos de la caballería real, y si tai se hubiera propuesto ha- 

tbría desconocido el pasado, su presente y el porvenir Cervan- 
tes tenia mas trascendentales miras al escribir su libro, y por eso su 
triunfo no fué para su tiempo. Desdesu puntodevisia elevadfi com- 
prendió la marcha que hasta allí había seguido el espíritu humano 
y la nueva senda que comenzaba 3 recorrer La critica funda- 
mental del Qt.'iJorK es la critica del principio de la fuer/a, como 
principio dominante yalma de las instituciones en las pasadas eda- 
des, y que no acabó de desterrar la suave religión del Mesías en el pe 
riodo de autoridad de la civilización criíitiana; pero que llegará á 
logra rlocn su periodo de libertad, enseñandoá los hombrcsquccl bien 
y la corrección de los vicios y crímenes no se consigue á palos, sino 
instruyendo, mejorando y buscando del mal no los eJectosinieriO' 
res, sino las causas ocultas. En esta critica entraba la institución de 
la caballería en cuanto á su procedimiento, no en cuanioásu espí- 
ritu, como entraba la legislación civil y penal ytodas las institucio- 
nes modeladas por este principio, porque asi como las intenciones 
dd hidalgo eran morales, hermosasysublimcs,asI han sido ydeben 
deser las que muevan á tos legisladores á formarsuscódigos; lo in- 
congruente y desacertado estaba solo en lus medios Asi es, que 



70 



Ocn'sntcs jusgudo paz \o^ españoles 



cuantos desconocen ptir ignorancia, óaiwríjn/fDi dexconocer por cvf 
tfeniencia, el movimicnlo y dirección de las ideas en la civilizaciol 
actual, se üncuL-nimn en una situación incapaz, de coni prender, pt 
lo menos, cómo llcn¿ Cervantes su misión histórica con su inmorta 
libro, el primero escrito con una tendencia social y práctica.» 

( RefuUicioii di h cree>itut fftnerjhnente soslennia de que el Quijote /uf una 
lira contra loa ¡itroi cafraWcrwcoi.- Ariiculo en ¡.a /I mí'ricii, revista madrílctla.i 
a^ Setiembre. 8 y 34 Oaubre de 1S59.) 

«t Uní) de los mas graves errores nacidos á los primeros asomos de 
interpreíacion del espíritu del Qi.uotk, esel de creer que de los dtfs^ 
pers(jnagcs con tanto acierto delineados por ta plumadeCervantea^fl 
Don Quijote es el loco, Sancho el cuerdo; el hidalgo el extravagante, 
el escuderoel hombredcbucn seso: clamo el ridículo ye! mozoel dis- 
creto Pero según los modernos intérpretes del libro, Ccn*an tes 

fué el Ju venal del espíritu y el dcificador de la materia,}' por tanto 
le hacen cargo: Dehabcrapagado en el pecho dclushombrcs el ític- 
gu del entusiasmo, de laabncgactun ydcí heroismo; y De habernt 
lanzado, merced á la universal influencia desu obra, en el seno ái 
material isini> grosero que en estos últimos tiempos deploramos. 
Cervantes, como pintor de diestra mano, y propuesto a retratarnos 
la naturalc/adel hombre en todas sus manifestaciones, no podia de- 
jar de mostrarnos, simbolizados en sus dos personagcs, los dos fenó- 
menos históricos mas constantes en la humanidad; y el error grave 
del comento lilosc'incn que combalini<»s, es creer quesoloI^mQuijo- 
te tiene su ideal como espíritu, y que Sancho es el tipo de lo real; sin 
pararmienics en que también tiene su ideal Sancho.yqueéstclchace 
incurrir en no menores extravagancias, disparates y sandeces que á 
suamo'.quenomenosqueéste es objeto de Burla, de risa, y que tan 
loco es el uno en la dirección de los intereses morales, como el otro 

en la dirección de los intereses materiales La idea primitiva de 

Cervantes, sin duda, fué la deponer en uposicíun el mundo ideal Jcl 

hidalgo con el munilu real Pero la critica de Cervantes no po-, 

día ser completa, sino á Cí)ndÍcion de pintarnos el hombre bajosujl 
dos faces, poniéndonos de manifiesto las locuras en la senda ilel es- 
piritualismo } en la del materialismo, los dr>s elementos en desacuer- 
do y desproporción para hacer patentes tas perversión es de juicio en 
uno y otro camino; critica con que impllcitamcme se encaminaba 
á restituirá su verdadero punto de vista las dosmanifcstacioncsdcl 
ser humano; que pnr esto llama Viardot al Quijotií el libro de ta rfís- 
crccion y del buen sentido. Este término de la discreción noescicr- 
tamenie Sancho, La discreción puede mas bien encontrarse en el 
grupo general de las personas que figuran en el cuadro, que lo ""s- 
mo ricn y se maravillan de las locuras ysandcces del a moque de Ian| 

del mozo Sancho no solo no es el representante del buen sentí-™ 

do, si no que viene á ser para el mundo real loque Don Quijote para 
el de la idea; en una palabra, no el representante sino et verdadero 
Quijote del buen sentido Sin mas que la consideración de es- 



Cunantes ¡ueiíado por loi españoles 



tosdos móviles, quedaría Cervantes absuelto de la imputación que 
se le hace. La Idcadul bien en el unuy la idea del prüvcchü en eli>iro 
süH lus d"s principales resurics que les hacen obrar en el discurso 

de su pcrefírinacion Kn una palabra. ambos seres se cooipcnsa- 

ban ycompleiaban pasando a) unu loqueera escesude ideal en uno, 

V tomando el uiro tu que era sentimiento de la realidad en el otru. 

V aun en esto ha deadvertirseque laelkaciaysuperíoridad csián dtí 

parle de Don Quijote Si aieniumenie reflexiünanittó sobre las 

coosideraeioncs de paso espuestas, ^qulén de buena fé podrá juy^^ar 
sustcnibics los carf;o.s dirigidos contra Cervantes? Uemus vistu que 
Oüsolo Don Quijote es loco,e.\trav'aganteyridÍculo,s¡no que Sancho 
loes también en una dirección utilitaria y eguista^ en Iü cual es infe- 
riora Don Quíjoie. Hemos visto en ambos perversionéincongrucn- 
cia de medios, fuente de lo cómico; quijotismo en ambos respecti- 
vamente a lo ideal y á lo real, compensación mutua y recíproco 
complementoenla prosecución de estos idealc-s,ysobrc todo, y como 
puntomasculminante, dependencia, inferioridad, obediencia de San- 
cho respecto á Don Quijote; é influencia, dominio, superioridad y 
cnseAanza de Don Quijote sobre Sancho.^Qu£ mas pudo hacerCer- 
vanles.a} criticar las exageraciones v locuras de imo y otro género, 
que dar siempre el triunfo y la victoria al representante, á la perso- 
nilicacion del espíritu elevado y superior sóbrela materia inferior y 
esclava flils de creer que Cervantes concibiera la idea de un poe- 
ma, no al modo que los rígidos críticos que solo conceden tal nom- 
breálasobraa de Homero y Vir^iilio; buena muestra nos ofrece de 
estoen el discurso que pune en boca del canónif^o de Toledo. Allí 
muestra la bondad y excelencia del asunto que daba de sí la peregri- 
nación de caballero andante; y hallando su empresa en concepto de 
redentor de los males sociales, no menos grande ynoble y aun mas 
interesante para los hombres todos, que no lo fueron la fjuerra de 
Troya y el establecimiento de Encasen lialia, natural esque llevase 
el propósito de reducir á práctica su teoría en la creación de su Qui- 
jote Encantado, pues, el hidalgo con la contemplación del ideal 

divino que buscaba, no solo como pura especulación del espíritu 
sino con un carácter de linalidad en la órbita terrena, con una viva 
tendencia á la práctica; triste ante la realidad mezquina, indif^nadu 
contra ios abusos y las iniquidades, enemigo de lo existente y por lo 
lanío estraon, a^cno y colocado fuera de las condiciones sociales, la 
consecuencia lógica, rigorosa 6 indeclinable, era el desrazonamien- 

(o Supuesto por base de nuestro criterio e| sentido común, en 

cuanto razón del acto, del pensamiento ó de la palabra con la escena 
que rodea ai acto, hay en Don Quijote desloca miento sin necesidad 
iieque Cervantes nos diga que perdió el juicio con la lectura de los 

libros de caballerías Desde el terreno en que nos hemos colo- 

CAdu, debemos considerar de tres maneras la locura de Don Quijote. 
Bajo el punto de vista estético, bajo e! punto de vista psicológico y 
bajottipunlode vista critico, ó lo que es lo mismo ; como máquina 
práctica, como fenómeno pasional, y como lormatrascendenial de la 



7* 



Cervanies juzgado por los csf)4(tolcs 



sátira Elegida por el autoría Hf^ura del caballero andante, la 

primera atención de (Cervantes, fué la de jusliticareneste personaje 
íantásticoliKln lo maravilloMi de sus acKis y empresas Si Cer- 
vantes hubiese dado a las hazañas de su caballero el colorido de lo 
sobrenatural y la veladura de lo esiraordiiiario, sobre el fondo de los 
humanos y naturales medios de que el hombre diüpunc, habría in- 
currido en los mismos defectos monstruosos en que incurrieron los 
aulnrcsdclos libroscaballcrcscos.cn cuyas obras criticaba la fealdad 
y discordancias de loque referían....... Cervantes mostró la superio- 

dad de su ingenio en hacer de la locura .su máquina práctica, llenan- 
do cumplidamente con ella esta condición artística, con un material 
propio de todos tos tiempos, y valiéndose ademas de lassupersticio-' 
ncsyerroresdcsu época, sin patrocinarlos, antes bien ridiculizándo- 
los hasta el punto de hacer del bueno del cura y del simple de Sancho, 
Iosdosencantad')rcsqucmasdicron que hacer á Don Quijote. En el 
uso de la máquina, Cervantes lleva la palma á todos los poetas anti- 
guos y modernos, porque supo presentarnos un héroe con apariencia 
deex traordinario, sin la participacionded ¡uses, demonios, genios, en- 
cantadores, ni magos. Ttjdo es natural en su creación, y causas y efcc-' 
IOS, principid. medio y fin. todo calcado y modelado sobre la natu-i 
raleza misma del hombre, y sin embarco, á todo supo dar un tinte 
de grandeza y magcstad tales, que siendo su héroe pobreydecrépi- 



to.ylenicndo por teatro ventas y andurriales, ¡guata su personage, 
á los héroes de divino origen, que solo pisaban palacios doradosyl 
mágicos jardines. La locura es el talismán con que obró Cervantes 



tales prodigios, y cumplió con esaimportantecondicion de una obra 
artística. Con la locura del Indalgtj facilitó los imposiblesydiócl co- 
lorido de la verdad á lo mas inverosímil. Con este medio la despro- 
porción misma toma proporciones, lo discorde aparece concordan- 1 
te, posible lo impo:>Íble, lo disparatadológícoylamcntira verdadera, 
causando continuo agrado, por lo que las cosas de Don Quijote tie- 
nen ác\ú dudoso y lup^sible, de lo admirable y lo gracioso y dando- 
campo para suspenderyal borozar,sin que el lector eche dever des-' 
concierto ni disparate, en lomasagenoalórden. común y natural de 
las cosas, por cuanto caen estas sobre el asiento y base de la locu- 
ra Pero la locura de Don Quijote no fué solo para Cervantes un 

medio de pintar lo extravagante con el color de lo verdadero. Para 
solo esto no era necesario proponernos al hidalgo como hombre de 
clarojuicioy maduro entendimiento. Aquí hay una contradicción in- 1 
soluble si no se considera la locura comofcnómenopsicoli!^ico,muy 
frecuente siempre que existe una pasión exagerada.}* cuyos efectos se 
darán la mano con tos producidos por una verdadera L-nagenacion 
mental, pero cuya csplicacion no corresponde á la medicina. En efec- 
to, no es posible concordar la madure/, del entendimiento y la cla- 
ridad dejuicio con los actos que ejecutó Don Quijote antes de per- 
derlo Ni las generaciones pasadas ni las presentes han visto el 

ejemplar de esa cslraña demcntacion formado solo en la fantasía de 
Cervantes; pero antes, ahora y siempre veremos almas apasionadas 



Ccnranlcs juzgado por los españoles 



73 



denriasiadameniedc la verdad, del bien, de la jusi¡cía,dclac¡enct3 y 
de la belleza, ysusacciones, sus palabras y pensamientos considera- 
dos relativamente al resto de los hombres, en quienes la pasión no 

licne ese carácter de intensidad, no dejarán de parecer locuras 

Todos los sentimientos y pasiones llevados al eitremo, han origi- 
nado actos que tienen el aire de familia de tos de Don Quijote. La 
idea de la fama y de la inmortalidad ha impulsado á los hombres 
á ejecutar cüsasyaconieierempresasal lado delus cuales parecen muy 
menos extravagantes las del hidalgo y nada estraña la en que puso el 

colmo á su temeridad acometiendo á los leones El personage de 

Cervantes, bajocl punto de vista psicoló{;ico, no ofrece mayor ni me- 
nor grado de locura que la que vemos en todos los hombres cuyo 
espíritu se e\atia por nobles pasiones, conviriiendo al .sabio en loco 
y al jusiü en inicuo. No hay demeniacion en el orden de las ¡deas, 
óc^preciso hacer del universo unaiaula de orates, porque las ilu- 
siones son lavida de todas las almas yacaso la realidad ü nica, porque 
hijas del deseo habitan en una patria inaccesible para los obstácu- 
los, y á salvo de las tiranías El deseo del bien y derrota del mal, 

pensamientos que exaltan la mente de Quijano el Oucnu. es la ilu- 
sión eterna del espíritu huma no y en una sociedad en que no es el mal 
acabado ni el bitrtí cumplido, tuda acción fuertemente impregnada 
y saturada de este noble entusiasmo, de esta aspiración á lo absolu- 
to, no puédemenos de encontrar pequeña laescena de acción parala 
grandeza de la idea: deaqui la desproporción ó especie de desrazo- 

namientoen sentir del común sentido Réstanos considerar la 

locuradeDonQuijúlc, como forma trascendental de lo cómicoylosa- 

drico La idea de Cervantes cumpliendo la misionáque estaba 

llamadoenlaesferadelaric en una ¿poca que puede juzgarse diviso- 
ria del mundo antiguo y del mundo nuevo, fué la de hacerla critica 
de los procedimientos sociales del periodo que ñnalizabaenelqueha- 
bia dominado la autoridad en el Arden de la conciencia ydc la inte- 
ligencia y la fuerza en el orden de los hechos. A propósitos tan altos 
yetevados, medios mezquinos y pequemos; á tínes morales, medios 
materiales; incongruencia, absurdo, locural E! hacer el bien á pa- 
los es motivo de irrisión, ora sea un Estado, ora sea una Iglesia, ora 
un caballero el que toles medios emplee Presen tandopues tal in- 
conducencia, inconfíruencia yfatta de razón entre la alteza del pen- 
samiento y la ruindad del in.strumento, Cervantes se coloca en el 
verdadero terreno de lo cómico, y su sátira es trascend ente á los ór- 
denes político, civil, social, y religioso. El querer evitar las revolu- 
ciones con la fuerza, el querer dominar en las conciencias con las 
piras cae directamente bajo la sátira de Cervantes, que por esto y solo 
por esto llamó á su hiiroe el ingenioso, pues en verdad ingeniosa por 
estremo fué la manera de que se valió para flagelar (odas las preocu- 
paciones, errores, estravagancias, flaquezas y debilidades del linaje 
numano.» 

t^CAimeniariot filosójicoí tle¡ Qvuoit.-Xnicuío en La AmMca.-ÍAtdná,&j 24 
Noviembre, ? y 24 Diciembre de ¡SSg.) 



T«fBolll 



It 



74 



Cervantes iuKjtado por los e&pañolcs 



HabUndo en general del peligro que probablemente podría amenazar al comea 
tario del Quijott, dice que la vertJadefa Autoridad es *ei Quijotü: expüatdo por 
el QuLlom», y no por la fantasía de los comen tadures; que la clave del eni^mi 
e»¿ en Im verso^í de Urganda, y que &i bien no la <:rea, será el primero que la rc^ 
vclarA. 

( El Español (te Ambos Munéos, t86o. Pasaje cílado en l,a F.uafela de Vrgan 
?■ 1'-) 

«El grave daño en que se incurrió siempre al criticar el Quijote, 
fu¿ considerarle comu un hecho aislado de la inteligencia de Cer- 
vantes. 

Creyóse que el autor del Quijote era enemigo de la literatura ca- 
balleresca, y todo se irastrocóvolviendo lodcarribaabajo; cuandono 
ha habido escritor mas cnamürado de estos libros y mas deseoso de 
seguir el verdadero espíritu de clloscn teoría ven práctica. 

No se crea que la sátira esotérica de Cervantes va dirigida contra 
la Inquisición, ni que este tribunal impidiese á Cervantes la libre 
emisión del pensamiento. Pluguiera al Cielo que siempre se hubiese 
escrito coa el desenfado que toleró este tribunal intolerante. 

La Inquisición fué instrumento, no causa de su desventura; la 
Censura debe recaer principahncnie en quien quiso explotar, en su 
provecho y para satisfacer su envidia y rencores, un arma tan podero- 
sa. Este conocimiento explica el enigma deesecncantadorinvisible, 
dcesü enemigo que de iirdinariopcrse^uiaáDunQuíioic, impalpable, 

poderoso y transformador de todos sus esfuerzos Son negocios 

particulares entre Cervantes y su adversario el Ür. Blanco de Paz. 

En n\i^ Comentarios he hecho el juicio de la novela de El Cibio- 
so Impertinente. Enéldemuestroque no es episodio pegadtzoóinde- 
pendiente de ta idea principal, en cuanto á pintura de afección de 
aniínoá/iaMoíIlevadoálaexafícracion. Anselmo, bajo este concepto, 
tiene notable analogia con Quijano, y si los demás episodios se en- 
lazan con la acción externa y visible, éstese uncesirechamenteconla 

internaycon la idea fundamental Entre las demás novelas, la 

del Coloquio DE los Perros y la del Licenciado Vidriera son las mas 
importantes para el comentario del QuiJOTK. La primera porque con- 
tiene gran parte de autobiografía en las narraciones de Berf;anza; la 

s^unda porque es, sin duda, elembriun del Qiujotk Si sequila 

al Quijote la máquina poética, y la acción material, queda el alma 
del Licenciado. Este poder de transformación es lo que hace colosal 
la figura del Quijote, porque su imaginación no conoce límites. Si 
algo lefalta, lo crea incontinenti; mientras que Vidriera permanece 
pasivo, yáguísa de instrumento mural necesita ser herido y pulsado 
para producir sonido. 

El examen de la afección cerebral deQuijancj no corresponde á los 
médicos. Yohe visto en una linca de Coleríd^e mas conocimiento 
de la llamada locura de Don Quijote, que el que se desprende de io- 
do el opúsculo de Morejon Esta materia es vasiisima. Solo diré 

que la dolencia del hidalgo tiene su nombre especial, que es melan- 



Cervantes juxgxáo por los españoles 



eolia, afección que se encuentra en casi todos los héroes y heroínas 

dcdervanlcs.pucslu que Loman este tinte del pintor que los traza. 
sujeto también ;i esta enfermedad ó pasión propia de los estudiosos, 
de tos poetas, de tos corazune^ ardientes y ^cneroso:^, y de lu^ atinas 

enamoradas de la bclle/a, de la virtud y de la verdad Lo que 

hay en el hidalgo es exageración del pathos en todas las direccio- 
nes correspondientes á los fenómenos que en la humanidad entera 

se observan La prueba de esta verdad se encuentra en el Quijote 

del supuesto Avellaneda. Incapaz de la concepción sublime de este 
carácter, presentó solo la monomania por una faz.yasí lo que vino 

aerear fuii monolonia El primer palo de ciego de Avellaneda 

fué pintar al héroe desamorado, que es lo mismo que pintar cobar- 
dea) Cid, ruin & Alejandro, 6 traidor & Guzman el Bueno. 

Verdad, virtud, belle/a, he aquí los atributos, el lema de la huma- 
nidad militante. Estos son los de Don Quijote. t'Quc importa quesea 
ancianoy débil de cuerpo? Su fuerza hercúlea está en el alma. Sus 
cumbatc-iCOn la lanza no son mas que representaciones. Kl amor del 
Caballero no es el amor de Aldonza, sino el de la sabiduría. Dulci- 
nea es el alma de Quijano objetivada, el anagrama exacto de ^tn«i 
luce, la digna dunna l.u^ de Ctuinioelli, la donna Jilosqfia del Dante, 
(beatitudo-Bcatriz), la Anf;clica de Buyardo y Ariostu, la Isclte de 
los bardos de la Armórtca, laOnana de lasepopcyasgrecu-^alas. 

La personalidad de Cervantes se vislumbra á cada paso en sus 
obras. De aquí deduzco, y de otros muchos sionoséindicios encon- 
trados en mis ín\e.Mi^ciunes,quc la novela delQuuoTK fué el pensa- 
miento de toda la vida de Cervantes Quintana decía que el Qui- 
jote fué obra de inspiración y que se lo mostróla naturaleza; Rios 
que se debe ala casualidad de haber estado en la Mancha; otros que 
almal traioqueledieron losvecinosdeArgamasílIa; otros finalmen- 
tequc á un resentimiento que tuvo del duque de Lcrmalt El lector 
juTcue. 

El personage Blanco de Paz, sus hechos contra nuestro poeta, el 
dañoquL' le causó en España... todo está representado en la aventura 
de los disciplinantes, y conñrmado en otros pasages desús obras... 

Tómense los nombres de Lope^ efe Alcobendas yse verá que es el 
anagrama exacto del siguiente epigrafeüclaa ventura: Eshdt illan- 
co de "Pa?. 

Eni6i4de$cubre la alusión el supuesto Avellaneda y produjo la 
ven^ 'nz3 de la segunda parte del Qi'Ijotí:. 

El Licenciado del Coloquio de los Perros, el Licenciado del Vt- 
tmiERA y el Licenciadudel Quijote nosonsinoel bachillerBlancode 
Par, personificado en la segunda parte en el bachiller Sanw>n Ca- 
rrasco, el cneniigrí de suscabaileríasyí^íírarfas en la Mancha, como 
Paz fué el enemi^u de sus caballerías verdaderas en Argel; vencido 
en la aventura en hábito religioso, vencido después en hábito de ca- 
ballero de los Espejos y vencedoreneldela Ütanca Luna, hasta ma- 
tarle á melancolias y desabrimientos.» 

\La h'Tia/eía de L'rg>}i»da.- Londres, \S6t.) 



76 



Cerrantes juzgado por lo« españoles 



«El presente libro es como una ampliación de La Estajeta de 

Urgandaen U parte rclaijvaá la personalidad de Cervantes y proceso 
de sus adversarios.» 

[>»arrolla BcnjumcanucvosargumcntosysuiileiMparapmbarquccIencmiEtode 
Cerranies, Blanco de Paz.nUpcrsoniñcadocn el Quijote en la ñgura del bachiller 
San&ón Carrjisco: anali» la avcnlura del Caballero de los Ctpe{os, en donde ieuna 
«bclliíima ak-gorla deeseantagonismo de principios en los dosca- 
baílerosyen sus damas Casi Idos y Dulcinea. Casildea esc) ideal del 
fanatismo, de la Inquisición, de la autoridad, de la represión y de la 
intolerancia. Es la dama tenebrosa opuesta á la luz de que es nimbólo 
Dulcinea.» 

En los doü úliimos versos del Soneto del Caballero de los Espejos halla &enju> 
mea pintado 

«el servil vasallaje que exigía del pueblo español el fanatismo di 
clero dominante.» 

Y hasia ia miacara de Tomé Cecial 
«representa ias caretas que ponianálosínfelices relajados por el Sat 
tü Oficio en los autos de fe » 

Y como epilo(to de su traba) consona vahov razonamientos para probar que 
«el lema, iS divisa espiritual del escudo Posí lenehras spero iucetn, 
es el lema ó di visa espiritual del hidalgo; ese! lema que Don Quijote 
hubiera inscrito en su escudo á haber grabado en ¿I alguna empresa.» 

( El Correo de Atqui/e, ó Segundo aviso de Cid Asatn-Ou\ad Benengeli so*re el 
dacncarito del Quuoie.-Barcclona, Alou, i86&¡ tt." de Bo p&.) ^| 

Está dedicado Et Kfeniaje de Merlí» aprobar que c! falso Avellaneda fué el auto^^ 
de La Picara Juslina. Kr. Andr>ís Pérez- De esu- trabii|u de Benjumea sülo consi- 
dero oportunas en esu sección las siguientes Irascs Tíñales: ^M 

«£i espíritu de la España de su tiempo está envuelto en esa coa^^l 
cepcion que se llama el Quijute L-spúrco. Contra Cervantes, retra- 
tado en su obra, opuso el contrario bando, en otra obra, el pensa- 
miento pequeño y mezquino que era el alma de la política española, 
y este es el misterio de haber dos Quijotes en nuestra literatura.» 

(£/ Mensaje de Merlin.- Londrei, 1875, 8.°) 

El PROliBESO EN LA CMÍTICA DEL «QuUOTK»: 

La idea Tundamenul de este nuevo trabajo del Sr. Ben jumes ei. confirmar su an-~ 
terior opinión de que el Quijote no es una mera ínveaiva.conlra tos libros de cx- 
batlerlas. sino que nene sentido oculto, íi mAs bien varios ¡mentidos ocultos. Coi 
claro discernimiento y haciendo gala de sus vastos conocimientos á la par que ¿4 
su correcto estilo, pasa revísu & los principales comenurios y criticas que del QtJl 
JOTB se han hecho dentro y fuera de España, dcicni¿ndo>ic en aquellos que, secón' 
su modo de ver y apreciar el espíritu del Ingenioso Hidalgo, más han influido en el 
curso de \» critica. La impugnación que de los errados juicios de Lord Byron hace. 
es notable y magistral, si bren mis lodavia podría haber rebalido, aun sin mirarl 
bajo el peculiar prisma de Benjumea. Lo cierto es que Byron no entendió el Qui 
)OTs. La obra del Sr. Benjumea va repanida en seis ndmeroi de la Aerij/a </<£!> 
paña, publicada en Madrid. 



Cerv«nte& juzgado por los españoles 



77 



^ 

mj^ 



En el anlculo primero encomia el mérito del comentador inglés Bowle; con- 
vi(tna que Kio« 

«en su excelente análisis pecódeclasicista viendo en el Quijote mu- 
chas semejanzas y purudias du las obráis de Homero, como vio Pe- 
llicernu menor niimerodtílaN aventuras de Amadís, y Cleniencin de 
lodos los caballeros andan te:i habidos y por haber, menos de dos m uy 
principales, que con toda su erudición no tuvo la suerte de conocer, 
como El Patmerin de Inglaterra (') y El Caballero del Sol. 

Polliccr habia frisado also en lo importuno con sus ilustraciones 
y notas gramaticales, morales, hisinricas y literarias, masClemencin 
sobrepasa y llega hasta el género bufo- ¿Q'u¿ podía esperarse de tanto 
apurar la letra y la corteza? 

Con lodo, no puedo menos de confesar que Clemencín, negativa- 
mente, por reflejo yde una manera indirecta, es el que más veces 
pus«>etdedo en la llaga, por lo mismo que era el más ciego partida- 
río de la letradel Quijote.» 
{Revista de fCtpaHa, Maijrid; lomo LXIV, nüm. 956; aSde Octubre de i8;8.) 

«Loü hechos parecen indicar que España estaba muy atrasada en 
jnateria de critica, y que era precisa que vinieren entendimienius de 
aciones extranjeras á despenarnos, y hacernos ver que poseíamos 
un genio en Cervantes y una joya inapreciable en el QuuuTe. 

Sin ir muy lejos^ Inglaterra, que en este punto va á la cabeza, no 
ha sido la más afortunada en sentido ó facultades criticas. 

Ejemplo : Shakespeare. Casi olvidado yde seguro tenido en me- 
nos que muchos autores dramáticos de tercero y cuartu orden, fué 
necesario que Alemania y Francia la murdieran la oreja y sacaran de 
su letargo y la despabilaran lus ujos para fijarse en la luz esplendo- 
rosa de un ser que hoy juzgan semí-divíno. 

Builer parece, por su Hudibras. que comprendió perfectamente 
d espirita del Quijote, y si á mano viene, es posible que no alcan- 
zase mucho más que cualquiera otro entendimiento de su época. 
Vcngamo.i ahora al gran suceso de la edición ramu.sadelQiiiioTKque 
emprende lord Carteret. ^Arguye, por ventura, que los ingleses se 
ucupasen mucho del libro? Cabalmente lo contrario. Estaba tan ol- 
vidado el Qt;iJOTi:, que haciéndose una Biblioteca de obras de pasa- 
liempo. para solaz de la reina Carolina, se olvidan de incluir en ella 
nada menos que el Quijote, es decir, el libro de pasatiempo por an- 
tonomasia. 

Ljk idea que en general se tenia de España en Inglaterra era que 
componlamo.% una nación de devotos sometida á los frailcsyá la In- 
quisición. No es extraño, pues, que el Dr. Bowle, sacerdote protes- 
tante, más ilustrado (jue el común de las gentes, sabiendo que el Qui- 
foreéra unasátírade e\lraordinaríoméhto,süfígurascqucnopodian 
seiipequeñus y haladles los ubjetos comprendidos en ella. 

En España el clero fué siempre la clase que penetró más en el co- 



1 1 1 tMa ao c* cueto. CleRicacin ao coaocíA El Patmtrin ea mtcUino, pero il en ponuaí». 



7» 



Cervantes juagado por los españoles 



nocimienio de las anfibologías del Quijote y de ciertos pasages ) 

aventuras 'l'odo esto pasó inapercibido a) vulgo seglar..... y aun 

hoy mismo, que afortunjidamenli; poseemus más datos y más'clara 
Iuz,vunio.<)á críticos nací analistas que nada encuentran de irreveren- 
te o anti-caiólico en frase, pasagc A aventura del Quijote Cierto 

auenoera de esta opinión el clérigoValdelomar.á juzgar por lo que 
ijü delQi-'iioTE.yla opinión de este indi vid uu no p«jdia ser única y 
sola en su gremio 6 clase. 

La totalidad de los críticos extranjeros constituye una especie de 
secta, que puniendo aparte la tradición vulgar, busca un camino, una 
fé nueva en punto i interpretación del Quijote. Todos procuran des- 
cifrar el misterio de esa segunda vida del Quijotk. Por más que di- 
gan los formalistas, no alcanza á tanto el poder de ta forma, asi estu- 
viese escrito porel mismo Apolo. *.Existe en el Quijale otro designio 
mursuperior al aparente.» Estas y otras frases análogas, y cuya aco- 
tación seria interminable, son las que vemos on casi todos loscríii- 
tosdcgran talla; pcro^iían revelado el mij^turior' Lo que encuentro en 
las criticas de franceses y alemanes, son estudios de aspectos parcia- 
les del Quijote Según unos pinta el alma española; según otros 

retrata la humanidad y ram es el queescnjcel asunto del Quijote j 

por lema de sus observaciones críticas, que no marq ue un pa-so en 1 
la vía del comentario. No hayentrecllos. coniocntre nosotros,quie- 
nes negando el adelanto en los humanos conocimientos, retrocedan ¡ 
siglos y se planten en los principios del xvii, cuando corremos ya en i 
los fines del xix. 

El entusiasmo no se contenta con ser puramente contemplativo. 
Quiere ser activo, y no satisfaciendo su sed con lo principal, se aco- 
moda muy bien con los accesorios. Pinel, autoridad competente en 
el tratamiento deloslocos, reconoce en Cervantes una autoridad dig- 
na de ser consultada por los médicos, y luego aparece en nuestra 
patria un opúsculo de Morejon, sobre losconocimientosdeCervantes 
acerca de patología cerebral. La pintura de un loco tal como Cer- 
vanteslo hizo no ha tenido ni tendrá rival, aunque quieran compe- ' 

tir con ¿1 todos los protomedicatos del mundo El opúsculo de 

Don Fermín Caballero ya entra en la jurisdicción de lo simplemen- 
te curioso. Esta clase de trabajos solo es tolerable por la pericia del j 
que his escribe. f^^ 

De largo tiempo á esta parte se adoptaba sin reserva la especie de^^ 
que Cervantes escribió el Quijote en la cárcel de Argamasilla, de 
resullas y como en venganza del atropello que en él cometieron el 
alcalde ó sus vecinos. Conviene á saber, que el gran poema que ad- 
miramos, ni estaba antes en la mente de.su autor, ni habria pens.ido 
en seniejanie producción, ano habersevisto atropellado por Ls man- 
chegos. ¿Adonde va á parar entonces et propósito de ridiculi7.ar la 
literatura caballeresca? No puede darscabsurdo más notorio.» 

(ReviUa de España, .Madrid; t. I.W. núm. 2by\ [3 de Noviembre de 1878.) 

«El Quijote pasa al principio por una sátira literaria, y al cabo 



CcrvAiitcs |U2gtdo por los npañolcs 



79 



de más de dos siglos cambia completamente de rumbo la interpre- 
tación. Esque la primera opinión proviene de la primera mirada su- 
perücial, es la idea que está en proporción á las ideas generales de 

aquella época pero apenas t>e inicia el prugresode la inteligencia 

humana,cuandoesa creencia antigua sobre el propósito de Ccrvan* 
tes pierde pié y viene á chocar contra las más sencillas nociones de 
scntidocomun La historia de la critica del QcijoTt:nos presen- 
ta un notabilisimocjcmplo de esta verdad, en las opiniones de dos 
autores cminenitís que aceptaron la opinión antigua; pero que. como 

gcnios.se vieron en un conflicto de conciencia Son Sismondi 

en Francia, y lord Byron en Inglaterra. Sismondi se encuentra con 
esta opinión que choca contra la lógica de su razón. Si el Quijote 
es verdaderamente sátira contra el heroísmo pintado en la literatura 
caballeresca. yCervanics es un caballero en su vida y en sus obras, 
la idea fundamental, la idea moral es profundamente triste. \'iene 
ádeciren una palabra: Cervantes dcspcda/a cruelmente con la son- 
risa en los labios sus propias entrañas, se burla de su propio ser 
moral. No, no; antes que venir á esta conclusión, prefiere sospechar 
que existe un error grave en la critica; que la invectiva contra la 
caballería no es idea primaria, sino secundariú. I le aquí en breve 
resumen el juicio de Sismondi. Kl ignora el camino de la verdad, 
pero rehuye la senda que s¿lo conduce al error Byron lanza im- 
plícitamente al mundo este grave dilema: Ola critica miente por mi- 
tad d- la barba, ó Cervantes es el verdugo de su nación. O hay un 
misterio en este libro, ó su autor ha comprado su gloriaal precio de 

la ruinay degeneración de su patria ¡Cervantes verdugo de su 

tíacion! iCervantcs homicida de su patria á quien tanto adoró y por 
quien tanto se sacrificó! ¡Cervantes. que representa y personifica su 
grandeza y su ciencia.su valor y su hidalguía! Y no hay salida ni de- 
fensa contra blasfemíj scmejanie, mientras se acepte la mezquina 

crit\:aquesehii:odcsu producción famosa Byron hundecon es- 

litlacriticadtí la letra, porque lan terrible golpe no podia hundirá Cer- 
vantes Byron no estaba en posÍci<)n,niensu tiempo habia quien 

lo estuviese, de conocer á fondo el espíritu de la sociedad espaAola 
en la época de Cervantes. Desconocía las obras de sus contemporá- 
neos, ignoraba tos hechos importantes de su vida El poeta in< 

glisdió cridiloá las cómicas y donosas declaraciones de Ccr^'anies, 
de que no llevaba otro objeto que acabar con la lectura de los libros 
de caballería.» 
iRa-ista de F.npaña, Madrid: I. LXV. núm. 360; i& de Diciembre de 1878.) 

Esl« cuarto iLrticulo de Ucnjumea esti dcdicsdo i analizar filosófica mtnte «lob- 
jctn de Clcmencin en su Comentario, pan deducir que Ihí contradicciones, osctirí- 
didn y contusión» que el minucioso comentador halla en el Quiiors s que él nosa- 
be explicarse wa la prueba d« que existe en la obra sentido figurado, sentido oculto. 

«Ningún anotador antes que él tuvo este don de acertar errando. 
Verdad es, que para percibir este mérito es preciso mirarle desde el 
punto de vista de la nueva doctrina.» 

(Rarista de Etpaaa, Madrid : t. LXVI, núm. 362; 38 d« Enero de ifi79.) 



So 



Ccrv«nies juzgado por Io« c&panoles 



En elqulmn articulo, dice Ben jumen que nosformariarnos imie Idea deis inte- 
liffcncía humana si el pensamiento de un autor ó el alma de un libro no se retra- 
íase en sus péf;ínas, y admira el heroísmo de Cervantes en Argel para alcanzar su 
libenad, que e-, i\i patián, ^u anhela consume duranie el cautiverio. 

«Es indudable que jamás .su espiriiu dejó de pensar du día y de 
noche en emanciparse de la servid um brc, y no por los medios ordi- 
narios de rescaie, sino por la audacia, el ingenia, los planes y, em 
último extremo, por la rebelión abierta, Ahora bien, cuando el co- 
meninrio ñlosóñco deduce le^iiimamente del deseo de fn libertad 

material el deseo de la libertad moral é inlelcclual cuando la 

nueva escuela ve en Cervantes un carácter moral que aborrécela 

opresión de la inteligencia y el yugo del pensamienio salta un 

coro de miopes con la especie peregrina de que se quiere hacer li- 
beral á Cervantes y juzgarle por las ideas de nuestros tiempo. ¡ Pues 
quil^La libertad es moderna, y mucho menos en Esparta?» 

Analiía Bcniumca delcnidamcnlc Ib V'íi/<í de Ccrvanics que Quintana escribiíj'' 
en 1797 y la segunda edición que de !b misma hizo medio siglo después, y si elo^a 
el cnlusiasmo de la primera, califica de fría y coniradicioría la segunda, no com- 
prendiendo cimo Quintana pudí* poner en t>oca de Cervantes estas palabras: 

«La naturaleza me presentó cl Quiiote; mi imaginación se apo-J 
deró de él y un feliz insiinio hizo lo demás.» 
Así Ben)umea exclama: 

«Esta teoría tiene la ventaja de estimulará los hombres á grandes 1 
cosas y frutos que admiren y suspendan el ánimo. ¿A qu6 estudiar 
y observar, á qué trabajar y meditar, si el dia mennj¿ pensado pue- 
de venir la naturaleza á presentarnos ¡^raluitamente un gran mode- 
lo, y basta que nuestra imaginación le eche el guante,y todo lo demás 
se encarga de hacerlo un ¡feliz instintol 1» 

Y termina diciendo que 
«fuerza es dejar la tarea para otra ocasión.» 

{Rtviita de España, Madrid; tomo LXV|, p. 339*348; Febrero de 1879,) 

Cn vi sexto articulo continua examinando Ucnjumca la» opiniones de Quintana 
}* las compara con las de Enrique Heine y l.nrd ñvron. 

......Quintana, oñcial ó aparentemente católico, nota la hetero- 
doxia de Cervantes. Heine, segunda encarnación del cxcepticismo 
Volteriano.defiendeácapa yespadaL'l catolicismo ferviente de! autor 
del Quijote, como si de su fe pendiese su aventura. 

¿y cómo se concierta que tome la defensa del catolicismo puro. 

y genuino del Principe de nuestros Ingenios? El catolicismo de 

Cervantes en Heine es unaobra de ornamentación artística, para com- 
pletar el modelo de su ideal roto y perdido entre cl olcajcde la rea- 
lidad del mundo. 

Heine llama siempre á Cervantes, no ya poeta, sino gran 

poeta ; á diferencia de Quintana, que se complace en negarle esta gra- 
cia ó don del cielo. Si poeta es, en la acepción más genuina, creador, 
¿quien más poeta que Cervantes? Las quejas de Cervantes tie- 



Cervanics tuzgado por lo» apañóles 



8i 



ncn poco que vcrcon sus méritos literarios. Estos, bien sabia él que 
se premian y reconocen por la posteridad » 

Comenundo la ¡türmación de Heine ac«rca de haber introducido Cer\'anles vi 
tlemtnt'j democrático en la novela, «dindoiccl bello equilibrio que admiraoios en 
el lJitiioTE>, niega Bt-niumea que exista ul equilibrio en SU6 obras, pues nuestro 
ewriior romántico 

« siempre car^ y gravita del lado de lo popular y lo llano. Há- 
gase ci cómputo de los personajes ficticios de Cervantes ynos halla- 
remos con lo que podríamos llamar una verdadera plebe, y el mis- 
mo Dun Quijotc.que entre todos descuella, nu es por su nacimiento, 
ejecutorias ni riquezas, sino por la riqueza del alma, que no hace caso 
de embates de la fortuna y engendra principes en miseros hidalgos 
de una aldea.» 

(/tfl'Jita «fe i:»^^a, Madrid i 1. LXVll. p&. Siijí Sj»; Abril de 1879.) 

«En la manera magistral con que nos presenta una torma iras- 
cendenie de la sátira, al describirnos por conciso modo y en rasgos 
capitales la afección cerebral Je Quijano el Bueno, Cervantes ha 
expuesto las condiciones, las causas, el modo con quese llega á todas 
los alucinaciones, riumumania-s y lacuras. Quitad el fondo de la ca- 
ballería V poned en cambio la lilosofia. la religión, la pulitica, la 
¡gloria militar, et afán de explorar nuevas regiones, el amor inmo- 
derado por la belleza: todos estos miSviles 6 unes llegan á engendrar 
el fanatismo ó la monomanía. ¿Por' qué no hemus de conceder á 
Cervantes el gran mérito de haber .wiiirizada y ridiculizado las Ila- 
Cjuczas humanas, !os errores. las supersticiones y las locuras de los 
fa'.'mbrcs de una manera útil é indirecta, tomando por sujeto á un 
pobre ¿ inofensi%'o hidalgo de la Mancha? 

Alieniras más se lome el Quijote por el sentido literal, más tras- 
cendental es su sátira á oirás esferas, que ás lo que no vieron los 
críticos de la letra. 

L^s que dicen que Cervantes no pensó en figurar lo ideal y lo real 
>sugracio5a pugnaen la vida humana, desconocen lu que verdade- 
ra mente salta ala vista y es. que no sólo hay esa oposición y pintura 
W\trcel tipo espiritual Don Quijote y el sensual ñ material Sancho, 
wr><) que como no hay espirito sin materia, ni materia sin espíritu, 
ta fuerea misma del contacto en las varias situaciones hace que San- 
ctio baje de sus ideales á Don Quijote y Don Quijote de sus ideales 
* Sancho. 

C'na de las cosas que constituyen un gran resorte cómico en c-sic 
poema es, como ya se ha visto, la intervención de los malos cncan- 
tidfjrcs que todas las cosas truecan para quitar al hidalgo la gloria 
^<i :^us aventuras. Esto viene á ser alegoría de sucesos de la vida del 
*uior, en los que sus enemigos destiguraban su carácter y sus hc- 
thos,de manera que, cuando él se fundaba en ellos para adelantar 
en su profesión militar ó merecer favor y recompensa, resultaba 
^^o transformado y al revés do lo que discreumente había previs- 

Tuuio Ul II 



to. La repetición de estas fantasmagorías que tanto hacen reir ei 
Don Quijote, son copia exacta de lus manejos de que .siempre fu^ 
victima Cervantes. En la historia real y en la ficiicia. estos enemi-' 
güs ó malos encantadores son figuras trasde la:» cuales se vea los in- 
quisidores, j^ 

El fondo de la aventura del cuerpo muerto es materia aulobiogra 
fica; Alonso López el Bachiller, es el Bachiller Blanco de Paz; ese 
cabildo ó procesión de clérigos enlutados, representa )s Inquisición 
tenebrosa; el cadáver de la litera representa ser el de don Juan de 
Austria: el nombre de caballero de la Trisle Figura es aplicable á 
la que hizo Cervantes en la corte de España, gracias á la mala lu^_ 
de las falsas delaciones deldücior Paz, y, en suma, Don Quijote del^H 
aparece espiritualmenio y se sustituye la verdadera figura y perso^^ 
nalidad del autor. Si admitimos que nada hay en este capitulo más_ , 
que lo que está á la vista, resulta Don Quijote an ti -religioso y si 
crílego gratuitamente. 

Una de las nuevas fases y elementos de lo cómico y del ínteres 
de esta profunda fábula es la posición respectiva en que empiezan 
á colocarse amo y mozo en sus respectivos diálogos, desde el punto 
en que el artificio simbólico empieza más y más á complicarse, y á 
sobrepasar estos personajes de sus primeros limites de caballero y 
escudero, de loco el uno y de ignorante el otro. ^M 

Como la indecisión y el mudar de parecer según el aire que so^^ 
pía, es uno de los dístmiivosdel interés material ypersonal,y siem- 
pre conserva Don Quijote el prestigio de su inteligencia, la energía 
de su fe, el influjo de su enérgica voluntad, y sobrutodo, opera de 
parte del hidalgo el poderoso resorte de esa intervención misteriosa 
de los encantamientos y agencia sobrenatural de los sabios amigos 
y enemigos, se traban en la conciencia de Sancho losconflictos más 
cómicos que ofrécela naturaleza humana. Asi es, que el gran encan- 
to de es'te poema no está en ver lo que sienten ó juzgan de Don Qui- 
jote las demás personas que con él se ponen en contacto, sino en las 
impresiones, juicios y actitud queá cada paso toma el escudero. En 
todoel discursodel poema se mantiene esta cómica incertidumbre, 
y aunque á veces parece queSancho llega á afirmar el pie, dura poco 
esta ñrmeza y todo son oscilaciones en su pensamiento y en su con* 
ducta. 

El lance de los cueros de vino nada tícnc que ver con invectiva ó 
sátira contra los libros de caballerías, aunque Don Quijote aparece 
más ridiculo, disparatado y loco que nunca. El designio de Cervan- 
tes es pintar un fenómeno común de la organización humana, cuan- 
do la mente se halla sobrexcitada y el pensamiento consiantcmcnie 
en una idea que aplaco al alma ó la llena de temor. Natural era, 
pues, que yendo Don Quijote de camino y teniendo dada la palabra 
de matara! gigante usurpador, el primer sueño que tuviese debía re- 
presentarle como hecho lo que tan intensamente pensaba hacer. El 
enlace de la visión de Don Quijote con los cueros de vino colgados 
en su aposento, es evidente. La forma deaquetlos pellejos esel obíj 



Cervantes ¡uzgado por los españoles 



«í 



«lerno ycircum estante que dio margen ¡lI ensueño con el gigante, 
lan diestra y oportunamente ideado pur nuestro autor, que parece 
ampliamente informado de los efectos de las pasiones de ánimo en 
general, y muy especialmente en laü resultantes de la locura concer- 
tada ó lógica, á que se llama monomania, 

Dadas la incungruencÍa,despr(>púrcii)ny(jposición entre el mundo 
ideal^ íantásticoy soñado, en que con la mejur buena fe y los más al- 
tos propósitos se mueve, gira y obra Don «Quijote, y el mundo real 
en que los dcmá^í viven, mientras más natural y espontáneo es el 
autor, más irresisiiblemenie cómico aparece. La t>is cómica de Cer- 
vantes está enclavada, incrustada en su argumento de manera que, 
aunque el Quijote: pierda en la forma al ser traducido á otros idio- 
mas, como tiene tanta plenitud de fondo, siempre le queda lo bas- 
tante para quesea admirada por tos lectores de todas las naciones. 

Pero lo que debe ñjar cspfcialmcnie nuestra atención es el ma- 
nejo del resorte ó máquina de los cncaniameniüs que cada vez va 
empleando Cervantes más á menudo y de un modo más cumplica- 
du, por ser uno de los principales objetos de su sátira trascendental. 
Necesario es, para comprender esie objeto, trasplantarnos en espí- 
ritu á su época y considerar que la nación espartóla vivía entonces 
de puros trampantojos, fantasmas, milagros, supersticiones, exage- 
raciones y fanatismos, y que perdiendo las inteligencias pie en la 
base segura del estudio de las ciencias naturales y el conocimiento 
de las leyes invariables del mundoenquevivimos.se habla perdido 
completamente el criterio de lo real y do lo íantástico, formándose 
una mezcla tan lamentable, que no habla cosa que los hombres no 
creyesen, por mi posible y absurda que fuese. Cervantcsera el hom- 
bre á propósito para poner iodo esto en ridículo, viendo la seme- 
janza que habfa entre los efectos causados por tal estado de cosas y 
los producidos por la máquina poética de los encantamentos en los 
libros de caballerías. La esencia es igual, y lo que corresponde á en- 
cantamento en caballería, correspondía á milagro ó favor del cielo 
en religión. Deseando Cervantes emplear una máquina poética en 
su poema cómico-heroico, vio y comprendió al momento que lali- 
leraiura profana y la religiosa fe daban una á propósito, empleando 
la cual con la imaginación extraviada de un ioco, podía lograr los 
efectos requeridos en una epopeya, sin salir de la esfera de Tu vero- 
símil. He aquí uno de los grandes secretos de la concepción de esta 
sátira admirable de las flaquezas y aberraciones humanas: el cómo, 
pintando los actos y pensamientos de un demente, hace la^ pintura 
de la sociedad que se apellida cuerda. 

Importa repetir lo que ya más de una vez he consignado, que 
para Cervantes, como verdadero artista, la cuestioné interés por ex- 
celencia fue la excelencia de su obra en la esfera literaria, esto es, 
que aunque sean nobles, elevados y profundos sus disfrazados pro- 
pósitos y solapados intentos ; por mas ñlosofia, enseñanza, doctrina 
y provecho que el Quijotk contenga ó encierre, la cuestión de arte 
fué para el autor, como lo es para mí, la primera, y el fundamento 



«4 



Cerrantes juzfjado por los españoles 



de la disculpable vanagloria que mostró al llamarse autor «único^ 
solo.» La prueba de que considero el valor del Quijote en ese terre- 
no como el principal, es que, á pesar de haber yo i niciado y desarro- 
llado el comüntariu fitosAfico de esu ubra, he sido lambién uno de 
los que más han llamado la atención hacia sus bellci^as orgánicas <!> 

de estructura, que sun en realidad las grandes belle/as en el arte 

El temperamento de Cervantes y hasta su nacionalidad le inclina- 
ban & escoger el tema cabaliercüco por el mejor pjra lucir üu ínge 

nio y cobrar fama Pero Cervantes no era ni nunca fué enemigo 

6 censor á bulto y á carga cerrada de los libros de caballerías. Esto 
se pone de mani tiesto de modu que no queda I upará la menor duda 
en los capítulos XLIX y Lde la Primera Parte, dunde se trata de tas 
altercaciones que Don Quijote y el canónigit tuvieron. Aqui e* pre- 
ciso que Don Quijote disparatase, tratándo^eá tonda y de lleno sobre 
el importante tenia de la literatura caballeresca, que es ta idea per- 
turbadora de su cerebro; pero, como dice muy bien el canónigo, 
hay mezcla de verdad y de mentira en su argumento, y si la menti- 
ra es hija y pertenece al dominio de su locura, la verdad es hija y 
pertenece al dominio déla razón y la discreción. Kn la parte sofistica 
habla Don Quijote; en la parte discreta se iransparcnta Cervantes, 
y si Bvron y otros críticos hubiesen leído con atención este pasaje, 
no dijeran que Cervantes quiso matar el lieroísmo y zaherir la hi- 
dalguía. Fué cabalmente lo contrario. Lejos de una censura, lu que 
aquf vemos es una queja. Pero el daño está en que la ignorancia y la 
preocupación de los tiempos eran grandes barreras para compren- 
der el espíritu de una obra, en que tan mezclado anda lo serio y lo 
cómico, lo ingenuo c irónico, la locura real y la artificiosa. 

Desdecl principio de la Segunda Parte, cuando Don Quijote y Sai 
cho no están en activo servicio caballeresco, hay una variación coi 
siderable en sus caracteres. La.s locuras de Don Quijote disminuyí 
y las de Sancho aumentan en proporción; y en el curso de esta Sí 
gunda Parte tenemos frecuentes motivos de notar estas incursiones" 
y compenetraciones de amo y mozo en sus respectivas esferas de lo- 
cura y sentido común, de materialismo y espiritualismo, principal- 
mentecnSancho.quedcuna madera toscayuna tela basta cual apa- 
rece al principio, va puliéndose é ilustrándose al contado con su 
señor. Don Quijote .sacandü á Sancho de esclavo del terruño y edu- 
cándole en su peregrinación, representa fielmente la transíomiación 
de las clases bajas y populares y su paso á una esfera más elevada é 
ilustrada con el conocimiento 5e las cosas, y del derecho especial- 
mente, que tanta parte tiene en la caballería y en las empresas de 
Don Quijote. 

El simbolismo de la aventura del caballero de los Espejos es ui 
verdadero esfuerzo del genio de la sátira, coronado con el éxito más 
feliz. Todo conspira v concurre á representar dos com bates y dos per- 
sonajes combatientes al mismo tiempo, en unu de los cuales versa 
el fondosobreintereses privados ven oin» .sobre intereses universales 
para los hombres. Aquí pelean aos caballeros bajo un aspecto y dos 



Cervantes juügado por tos espartóles 



Si 



creencias ó sistemas bajo el otro. Aquí hay dos damas por una par- 
le y por Girados ideas, dos principios de política. De un tado vemos 
alcaballcro de los Espejos y á Don Quijote, á Dulcinea y Casildea, 
ydeotro á Blanco de Paz y Cervantes, y en éstos al cspiriiu ¡ntolc- 
raniccn el primcruval espíritu libre en el segundo; á la fe avasalla- 
dora en Casildea yá la razi'm tolerante en Dulcinea. El caballero de 
]i» Elspejosdesaparece para dar lu^ar al dominico, al comisario oii- 
cioso del Santo Oficio; Don Quijote desaparece para dar lugar á Cer- 
vantes enemigo de la Inquisición y de los fanatismos. El tema es, 
qui¿n ha vencido á qui¿n, y quién vencerá en lo futuro 

Nunca he participado de la opinión corriente que ve en Don Die- 
go de Miranda el tipo del caballero discreto y la suma de las perfec- 
ciones sociales. Creo que sedesprende más bien de la pintura el con- 
cepto de u na ti ul idad perfecta revestida de aparente discreción. Sobre 
Todas las consideraciones á que da lu<>ar esta aventura descuella la 
de ser imponible que Cervantes intentase pintar ni presentar un per- 
sonaje subalterno que pudiese sobrepujar bajo ningún estilo á la ex- 
celencia del protagonista. En mi sentir, la introducción de este per- 
sonaje no tiene otro objeto sino el de poner un término de compara- 
ción entre caballero y caballero, para que resalte más la figura de 
Don Quijote. El contraste entre dos caracteres tan opuestos sirve, 
repito, á Cervantes para hacer resaltar más la figura de Don Quijote 
]r por ende la suya propia, deque hay una verdadera apología en la 
aventura de los leones y encuentro con ese hidalgo de aldea. Marca 
la diferencia que va dc'un hombre hidalgo, favorecido por la fortu- 
na, que se entretiene en la caza y en la pesca, y en !a vida perezosa 
de un Iüí;ar pcqueñu.áun hidalgo pobre, lleno de ambición, de fama 
y de gloria, para quien ya nu una aldea sino hasta el mundo es pe- 
queño. 

Cada vez aparece más patente el error de los que han creído que 
Cervantes establece como una linea divisoria á uno de cuyos lados 
está la locura, el fanatismo v la burla y lo ridiculo c<)ntra los idea- 
les morales, val otro el buen seniidu personificado en Sancho. Don 
Quijote excita la extrañeza, sorprende ó tal vez engendra la compa- 
sión y la simpatía de los que se enteran de su designio: pero ^'cuan- 
tas veces no es Sancho objeto de la risa al verle encajado en la idea 
dcsergobcrnador?SÍeI idealismo tiene sus flaquezas, no son meno- 
res las del materialismo grosero. Pero el personaje del escudero no 
representa siSlo, en la concepción admirable de Cervantes, las locu- 
res, las ilusiones y alucinaciones del grosero egoísmo. Este es uno de 
tos aspectos queen dos figuras cabe pintar de los aspectos de la na- 
turaleza humana, alternativamente llevada por el idealismo puro ó 
por la conveniencia ó interés material, y ya hemos visto que, bajo 
esta \'a/. importantísima del argumentocervántico, nuestro autor pin- 
ta la naturaleza tal cual es. En Sancho vemos sus puntas de idea- 
lista como en E}on Quijote sus collares de materialista, y de otro 
moJo no serian figuras humanas, realesy verdaderas, sinoengendros 
artificiosos de la fantasía. 



El ai^umento literal, según se ve en el incidente del desencanto de 
Dulcinea ideado por los ü.uques.va olvidándose por Cervantes, aten- 
to sólo al argumento del espíritu. No puede mcmis de llamar la aten- 
ción que en una aventura en que aparece nada menos que Dulcinea 
en persona y en toda su belleza, se muestre Don Quijote tan silen- 
cioso, indiferente]/ frl<^». Ksa frialdad ¿indiferencia ante la presencia 
de su dama en carne y hueso es una declaración bastante manifiesta 
deque el hidalgo sólo ama su Dulcinea espiritual, y que a^wéí/a te- 
rrenal, aunque hermosa, es tan insignificante para él como si no 
existiera. En cíccio, la Dulcinea material, elemento preciso para la 
historia literal del Quijote, puede ser cualquiera : pero la Dulci- 
nea espiritual no podía ser más que una. 

En el asunto del gobiernu de la Ínsula Barataría, lo permanente 
y universal es que los pueblos, conseguida su educación, y emanci- 
pados de la ignorancia, cojiio Sanchu, sehabiande levantar del pol- 
vo de la tierra, y este movimiento de ascensión en carácter y en dig- 
nidad de los pueblossehaefeciuadu mediante ta intcrvcncíóndel libre 
examen, del uso de la razón ayudando con su luz á la inteligencia 
de esa cierna Dulcinea á quien amó y amará el eterno caballero an 
dame de la humanidad. Que Ccrvanies luvo esta intuición es indu- 
dablepor los signos que hemos notado. 

Las sentencias y pragmáticas de Sancho son piedras preciosas sin 
artificio ni embuste ni supercherías, y danáentenderque el puebla'; 
es capaz de gobernar tan bien ó mejor como el mejor Gobernado 
del mundo, y que todo el secreto de esta ciencia consiste en la recta 
intención y en no doblarse á aduladores ni dejarse llevar por cama- 
rillas. 

Entre todas las formas y maneras directas é indirectas con que 
Cervantes ha dejado entender la significación de Dulcinea, la más 
explícita esta frasequc lanza en el cap. LXVIll donde dice, hablan- i 
do con Sancho : «Yo post lenebras spero ¡ucem.» Que esta luz que 
espera es su único ideal, se deduce de la comparaci<in que hace entre 
las esperanzas ó ideal de Sancho y las suvas. Sancho le vio al itn 
realizado: pero Don Quijote no, ni pensaba tampoco verle en los días 
de üu vida, puesto que había de venir después que acabasen las ti- 
nieblas del error, y por desgracia aun se está la humanidad en estas 
sombras, ó á lo más entre dos luce.s. Parecequeal adopiarCervantes 
este motío 6 lema, que se halla en el escudo de Cuesta puesto al fren- ^j 
te del QuiioTE.Io traspasa y graba en el escudo del cabal leroandanle, ^M 
que sabido es estaba aún en blanco y sin figura ni emblema ni mo-^ 
te. Lo inscrito en el escudo había de serelalma.el espíritu de la em- 
presa de Don Quijote, y la tiranía suspicaz no la hubiera consentido. 

No hay obra de arteque contenga más cantidad de elemento hu- 
mano y natural que el Qittjori:, porque todo lo que dice ha sido 
sentido por el autor. Agrégueseá esto que en la región del arte es una 
estructura gigantesca y bctlisima, que de filosofia moral contiene 
un tesoro, que en materia de lenguaje es un monumento, que en gra- 
cia y chistes no tiene rival, y que, por último, bajo la alegoría de 



Cenranles juzgado por loü espaAolcs 



«7 



venturas ybataltas yamor del caballero á una dama,se pinta la ba- 
talla humana por el bien y su amor á la libertad de la razón y la 
intclÍgencia,ynose€xtrañaráqucclQi:ijoTEsca imperecedero. A me- 
dida que los hombres van caminando por la senda del progreso, se 
van encontrando la eterna figura de Don Quiiotc. que les ha prece- 
dido y padecido por la libertad v amado la luzde la razón. Do quie- 
ra que se luche por la verdad, aíli aparecerá siempre el recuerdo de 
este indomable batallador, diciendo: «Yo os precedí en csie camino, 
• cuando el solo pensarlo era tenido por locura, y el intentarlo porte* 
«meridad. Mi espíritu os acompañará en la jornada.» Si, porque el 

Í Quijote es más que una obra de arte, es la Biblia humana, yai modo 
que en In religiosa encuentra el alma lo que llama la voz de Dios 
conduciéndola á la felicidad eterna. en la obradeCervanteshaytam- 
bien voz div'ina conduciendo á los humanos por el camino de la fe- 
licidad en la tierra.» 



(Notft&i la cdicidn de Oon Quiíotk-, Barcelona, Monuner, iS^o.) 



«Hay en La Calatea mucha lozanía y frescura de imaginación, 
como mucha pureza y castidad de alma. Pero lo que me interesa ha- 
cer notar son los elementos que en esta obra se encuentran y cons- 
tituyen la embriogenia de su futura concepción del carácter del hi- 
dalgo como amante. En la disputa sobre el amor entablada entre 
los filósofos con pellico Tirsi y Lenio, está casi delineado el boceto 
de la gran tígura del amante de Dulcinea, y en Rliciu y Ergasto se 
encuentra también ese delicadoy refinado platonismo. 

Cervantes fué el introductor en Esparta de esos ar^jumentos bre- 
es, ya dramáticos ya cómicos, que con el nombre de novetleseco- 
locian en Italia. Cada una de sus novu-Ias.en su género, es una obra 
lacsira y un modelo mientras haya novelistas en el mundo, y los 
que más fama entre ellos han alcan7ado son lo que más se ciñeron 
j su estilo y manera de invención y desarro! lo sobrio del argumento. 

En los trabajos de Periandroy Aurisiela, bajootraateuyría parece 
como que representa la marcha de la humanidad, desde ta barba- 
rie y la ignorancia, en buscado un norte y centro en que pueda re- 
posar, pasando al través de extraños acontecimientos desordenados 
le las pasiones.» 

, (Vida de Cerrantes, cdidán de Don Quuotb; Barceloaa, Mootaner, 1880.) 



"eodomiro Ibáñcz : 1861. 

«Sí consideramos alQuiiori^ como una critica deliciosa de los li- 
bros de caballerías, nopodremos explicarnos su singular nombradla 

' if:>u permanente influencia hoy que apenas se concibe que ha- 

existido la caballería ni un género de literatura destinado á {Ha- 
berla en ridiculo á fucr/.a de ideali/arlay enaltecerla, hoy la critica 
3c Cervantes inspiraría cuando más risa debida ála gracia incom- 
parable del escritor; pero en tal caso la historia del hidalgo manche- 



88 



Cervamcs iuz^do por los cspaAoln 



go no excederla las proporciones de la popularidad alcanzada pe 
otras obras de insignes in|;énios españoles que también hicieron I 
crítica de las costumbrus üt! su tiempo. CervantiíS entonces íf^uala-' 
ría á Quevedo, pero no ocuparía el fugar excepcional donde io ad- 
mira el entusiasmo dui pueblo. £1 QuiioTt':, cualesquiera que fuese 
el objeto que se propuso su autor al escribirlo, es un munument^_ 
de literatura cristiana; en él podrán criticarse las esaseraciones y poJH 
ncrde relieve el ridiculo que recae sobre la humanidad siguiendo los 
caminos de un ideal fantástico, pero no hay de ninguna manera la 
pretensión de absorber al espíritu en el cuerpo materialiKando U 
fines del hombre, pues si los instintos novelescos tienen su carica- 
tura, tampoco le falta á los instintos groseros y materiales. Cervan- 
tes ha sabido describir mejor que nadie todos los caracteres y acci- 
dentes de la humanidad, y así las generaciones de hoy como las pasa- 
das y lasque están por venir se Icen en esa obra sin rivales y nunca 
se encuentran antiguos ni los episodios ni la acción rundamenta.L 
de un libro que un hábilmente reúne la vida del hombre en la 
ciedad. 

Antes como ahora ha habido hombres sinceros extraviados en 
doctrina pero limpios de cora/on, y oíros para quienes lo fantástico 
de la teoria no es otra cosa quccl escudo con que cubren sus peca- 
dos. A ellos será perpetuamente aplicable la sátira de Cervantes. 

Ahora bien. Cervantes no criticó la institución de la caballería; 
criticó un vicio que pervertía su noble carácter; puso en ridiculo 
nci al caballero, sino á ese personaje fantástico que atribuyéndose 
misión divina bajaba al mundo con ánimo de enderezar tuertos y 
deshacer agravios, y comen/aba por faltar á todos los respetos, por 
infringir todas las leyes, y por someter todas las cuestiones á ta cie- 
ga y caprichosa decisión de su espada ; Cervantes no criticó la ideali- 
zación de los caracteres nt las aspiraciones elevadas; Cervantes no 
tiene nada de común con los traficantes modernos, y su ingenio in- 
mortal se levantó demasiado alto para que prostituyera su pluma 
consagrándola al servicio de la escuela que únicamente vi ve para cl^ 
interés material y positivo. ^M 

Don QiiiJOTt; i>k i.\ Mancha es la comedia de la vida humana; es^ 
la fiel reproducción de todas sus miserias ydetodassusalegrias.de 
sus nobles y legítimas aspiraciones, asi como de las infructuosas y 
culpables tentativas dca[(^unos individuos, que se crean nuevos ho- 
rizontes y fabrican un mundo á la medida de sus deseos. Los dos 
elementos constituyentes de la civilización humana están admira- 
blemente dibujados en la sociedad retratada por aquella novela ex- 
cepcional y expresamente personificados en 'Don (Quijote y su EscU' 
dero, no ya en su relación armónica y en su carácter legítimo, sino 
exiraviadosy corrompidos por efecto de los errores humanos. Elstos 
dos personajes típicos son sin disputa la creación más singular d< 
la literatura española vacasode todas las literaturas extranjeras. 

Ahora bien, si en cls'ígloxixno hay locos como /_)o«(>m;d/equeprc 
lendan Convertir en un hecho real la ficción de laandantecaballcri 



Cervaní» jozftado por los españoles 



89 



haven cambio numerosos utopistas que pretenden empujará la hu- 
manidad por .senderos desconocidos, que intentan una creación nue- 
va á 1.1 medida de sus exclusivas teorías y que aditran !a libertad 
absoluta de ^uj'o, suponiéndola fuente del derecho ysuperior átoda 
autoridad. 

£1 'Don Quijote de Cervantes sacrifica suyocn bien de Jos demás 
y sujeta sus obras á las reglas de ta caballería, de manera que si hay 
error en los principios, por lo menos hay obediencia á un precepto 
vios deseos lienen por límites el deber estrecho del *^rdcn que se 
profesa. El Don Q>ui)'oít>dcl siglo xtx es libre en virtud de la autono- 
mEa de su^o, no reconoce autoridad alguna que ponga límitesásu 
voluntad y como su elección decide de la bondad ó de la maldad de 
las acciones, puede quitarse la máscara 6 intentarlo todo, bastando 
despuescon que se absuelva á si mismo de su culpa voluntaria. El 
uno conserva la honra en medio de su locura y no falta jamás al que 
estima su deber; el otro pierde por complcí" el pudor y la vergüen- 
za, y abusa de Diosy de los hombres sin reparo alguno, si asi con- 
viene al más lácil triunfo de sus doctrinas. 

Conozca de una vez la peneracion del siglo xix quchoyanda por 
el mundo />on ^tíi;o/e hecho caballero andante de las ideas y que 
1« acompaña y le sirve su leal escudero Sancko Pan^a representado 
por las muchedumbres interesadas y egoistas, escépticas de la ver- 
dad y cr¿dulas y sumisas ante los planes más absurdos de fiNSsofos 
aventureros. 

Conozca de una vez el siglo xixqueá pesar de su injustificada va- 
nidad está puesto en ridículo ante la historia y ante los contempo- 
ráneos, que hoy se rien de él leyendo á Cervantes.y aprenda de este 
modoá sentir sus debilidades y á rebajar algún tanto la loca admi- 
ración que así mismo se tributa.» 

{Üanfjuifote de la Afane/iú en el Sigio X/A'.-Cádiz, 1861; 8.*} 



Francisco Gincr : 1862. 

En las Notas btbhográjieas, tilüma sección del libro, hsydos artículos, ñrmados 
cD 186a, desuñado» A bosquejar La Estafeta de Urganda de Benjumea, y la con- 
luiaciún del Sr. Tubino. El autor se inclina á favor del primero, y pueden suscon- 
duslonn condensarse ca estos párrafos: 

«KI Quijote, pues, ese dramático libro, ese espejodel mundo real, 
esa profunda y humana historia de las ilusiones de un espíritu can- 
doroso, esa novela elevada á la epopeya, contiene, cumo todo gran 
movimiento literario, un sentido interior que sólo se aican/a, como 
obsen'a el Sr, Benjumea, dejando la Iciray dirigiéndose rectamente 
al espíritu. 

La cuestión única y verdaderamente debatida entre los dos escri- 
tures es la desiesa trascendencia ulterior, esa virtud yeficacia ínti- 
masde la célebre novela son asunto principal ó secundario de la 
concepción de Cervantes: si brotan con inmediata espontaneidad en 



Tono 1 1 1 



'3 



pa Cervantes juz^do por loe cspaAoles 

el discurso de la obra ó están deliberada y reflexivamente veladas 
bajo el artificio de una fábula, que es generación constante yalegó- 
rica de un segundo y eticubierto designio. El Sr. Benjumca afirma 
desde luego la primera hipótesis; el br, Tubíno parece inclinarse á 
la segunda.» 

{estudios literarios.-Midi'iá. 18G6, 8." de i8í ps.-l.os párrafos irtnscrlK» llevan 
la fecha de 1862.) 



Ramón Antequera : 1863. 

«Que el Quijote habla de ser un libro de crítica universal, h 
Cervantes cuando, al retractarse de sus pensamientos, no sabia como 
escribir el prólogo. Que va á ser un libro original y de poca imita- 
ción, nos lo dice al caracterizar á su héroe «lleno ele pensamientos 
varios y nunca imaginados de otro alguno.» Combatir los vicios radi- 
cales déla literatura de su época, es su segundo pensamiento. Olée- 
nos que su libro va solo á ser una invecdva contra los librosdeca- 
ballerías, y aquí sin dudase han atenido los que han dichoque Cer* 
vantes no conoció loque era su Quijote; pero para desvanecer seme- 
janic aserto, ha de tenerse presentid la ¿poca en que escribió, y que 
si en el prólogo hubiera dado el menor indicio de ser una crítica uni- 
versa], hubieran él y su libro sido condenados al fuego. 

Merced á lo convencido que estaba de su valer, arroja, para asi 
provocar ásusadversarios,eIsonetode AmadisdeGaulaó Don Qui- 
jote, donde no sólo se constituye en preconizador de las alabanzas 
del Ql-ijote sino que en el último terceto hace á España la primera 
nación en literatura, fundándose para ello en el valor de su Quijo- 
te, y por lo tanto, la mucha csiimacicn que más tarde ó más tem- 
prano había de llegar á adquirir. 

Examinado con alguna profundidad el Quijote, veremos que lo 
que en la locura de Don Quijote son encantamentosó cosas equiva- 
lentes, son en realidad cosas sencillísimas y sin nada de extraordi- 
nario, por lo que entre la esencia de las aventuras del héroe man- 
chego y las de los libros de caballerías media un abismo, en cuyt 
extremos tocan el un libro con los otros. 

Cervantes conoció perfectamente que la sociedad no podía rege^ 
nerarse sin acabar antes con la superstición que tan arraigada esta- 
ba en todas las clases, y á esto masque todo tiende su doctrina, pre- 
sentando con este objeto á la superstición desnuda de toda pane real 
y efectiva. 

De modo que cl Quijote comenzó á legislar cuando comenzó á 
comprenderse, y por él se empezaron á destruir algunos de los vi- 
cios que cómbale; pemcomo su espíritu es preexistente, éste ejer- 
cerá su inñuencia legislativa según que la sociedad lo vaya compren- 
diendo, organizándose de este modo y dándole así cl primer puesto 
en el altar de la cultura y el progreso, y su vida será eterna.» 

(Juicio íJíia/inco del Quijote.- Madrid. lAij, «."m. dt^-p ps.) 



Ccfv«ni«s jusgado por lo& españoles 



9» 



José M.* Asensio : 1863-1882. 

«Si el Ilidalgti de la Mancha no se hubiese armado m¿squepara 

«awcar vicio$ pasagerüs de la complexión litúraria y aun social dtí 
«su época, el libro del Qlixúte se podriría en los estantes de las bi- 
*blÍotecas, sin salvarle todo el donaire de su autor.» — Tiene V. ra- 
zón que le sobra, Sr. Bcnjumca ; en eso estamos de acuerdo y con- 
formes, y lo e^tán cuantos liieratos se han ocupado di recta, ó incidcn- 
talmenle, de ese libro prodigioso. La causa de la popularidad del 
QuixoTt: es preciso buscarla en otra parte; es nece.sdrio que tenga 
utro objeto más profundo esa obra festiva, que asi conmueve y em- 
belesa hace dos siglos y medio á la humanidad entera, y que deses- 
pera yhace trabajar á los pensadores de todas las naciones Que 

el objeto principal y primero que Cervantií:) üc propuso al escribir 
la historia de El Injesiosu Hiualgo Don Quixotk, fué hacer en tuda 
ella una invecíifa contra ios übros de cahalUrlas, sin mirar á más 
que á deshacer la autoridad y cabida que en el mundo y en el vulgo 
tenían los tales libros, nos lo dice expresa y terminan teniente el autor 
en el prólogo de la obra; echando asi por tierra con su leal y auto- 
rizada palabra toda esa mal fundada máquina que V. levanta en la 
Estajeta de Urganda. 

Tal fué, á mi parecer, el objeto primero de El Ingenioso Hidal- 
go. La cau:>a que determinó á CEFtVAN-rss á escribirlo, y tas que le 
inclinaron á hacerle nacer en Ar^amasílla de Alba, deitcribiéndole 
seco y avellanado, con otras circunstancias y accidentes que pare- 
cen lomados del natural, preciso es buscarlas en alguna de tas des- 
venturas que en su azarosa vida ocurrieron al Principe de los Inge- 
nios. Él no quería acordarse del nombre de aquel lugar de la Man- 
cha de donde hizo hijo á su héroe; y esto, á mi ver, sin que pueda 
decir á V. la razón, pues hay cosas que son para sentidas y no están 
demostradas, era por los sinsabores que en tal lugar había experi- 
mentado. ¿ Es violento suponer que Cervantes, que pasó en comi- 
siunes de apremio á Granada, Jaén y Ronda, aceptara oiro^ cargos 
semejantes para los pueblos de la Mancha? ^Noes probable que por 
su mismo empleo de ejecutor fuera mal visto por los deudores? ¿No 
«s posible que éstos se propasasen ¿ algún acto violento contra él i* Su 
residencia allí es innegable ; el Qlixote y el Persiles la prueban 
con demasiada claridad. Las tradiciones que reco|ió el Sr. Jiménez 
Serrano, y publicó en su T'aseo á la patria de Tion Quixole, y la 
referente ál retrato de Don Rodrigo Pacheco, que existe en la Iglesia 
de Argamasilta y á quien ««e le cuajó una ¡•ran J rialdad en el ce- 
ttbrow, tienen un fondo común que las hace muy apreciabics. y en- 
cierran, á no dudarlo, la causa determinante de la creación del In- 

JIIMOSO lilDALGO. 

Con tal objeto, y por esla causa, empezó Cebvaktes á escribir el 

libro inmortal, que su mente concibió entre las soledades de una 

idrcel: masnocrea V. por esto, Sr. D. Nicolás, que yososienga que 

' QuixoTE no es más que sátira contra los Ubros caballerescos, y 



9» 



C«-rantes juzgado {vot los cspaíioics 



alusión continua á lasde<iventuras del autor en la Mancha. Nada me- 
nos que eso. 

Cervantks. con el objeto y por la causa expuestas, concibió ios 
dos principales personajes, y dtó principio ¿su fábula con ánimo de 
escribir una novela agradable, como la del Celoso extremeño ó La 
Española inolesa, aunque de mayores dimensiones; pero prendado 
de su asunto, habiendo creado dos caracteres oríjínatisimos,y en cu- 
yo desarrollo cabían las más alta» ideas, los sucesos más variados y 
las más profundas concepciones, dió rienda suelta ú su caudal ferti- 
llsimo, abrió los tesoros de su injenío )' escribió, casí sin levantar la 
pluma, toda la primera parle de ElImjp.nioso Hidalgo. Esa, por más 
que V. lo contradiga, no fué la obra de toda su vida; fué un parto 
feliz y espontáneo de su imaginación, y el libro entero con su loza- 
niaysus incorrecciones lo revela asi. 

La causa fué pequeña; el objeto primitivo puramente literario; 
después el injenio, la imaginación, el talento profundo y superior 
de Cervantes hicieron lo demás. Tendió su jénio tásalas, y abrazó 
en la obra horizontes inmensos, que ni aun sospechaba al princi- 
piará escribirla. 

Pintó en el caballero y el escudero al hombre moral y ñsico, con 
sus aspiraciones sublimes y su tosca materia; y copió en los demás 
personajes de la fábula todos los caracteres, vicios y cualidades de la 
numanidad en su múliiptc variación. Ksta es la verdadera causa de 
la popularidad inmensa del (,)uiXüTK,de que no haya nación ni len- 
gua donde no se traduzca, se comente, se lea, se ilustre y se admire: 

'Don Quijote y Sancho '^Pani^a 
Compendian la humanidad. 

Y por eso el libro de Cervantes vive y vivirá siempre; porque, 
como dice un escritor contemporáneo, su autor «acertó á hacer un 
«libro para los hombres de tudas tas clases, de todas las edades, de 
«Todos los paises y de todos los tiempos.» 

Su secreto es la grande^^a 
De ingenio del escritor. 

Si la humanidad no se viera retratada en él con sus vicios y sus 
virtudes, con su eterna aspiración de lo infinito y su eterna lucha 
con la materia, el libro no&erla Icido, no se repclirian sus ediciones; 

5>fe connais-tu pas "Don Quichotie? 
Voilá i'esprii piir. lame au poing: 
Son écuyer boií, mangeet rote, 
C'esl la chair en grossier pourpoint. 

(fíéranger.) 

{Carla á Don Nicolás Iita^ Benjumea, sobre La Rstafeta de Ukúanda, publi- 
cada en El Porvenir, diario polluco de Sevilla, en 14 de Seiiem bre de 1S63.) 

«Un loco y un rústico, anciano aquél y nada joven éste, caballero 
el uno sobre el rocin más Haco y estcnuado, y sentado el otro en el 



Cer<rflQies iu3gado por los españoles 



93 



nás pacifico de los jumentos, recorren en amigable compañía el 

lundo hace más de dos síglosy medio, engolfados en sabrosísimos 

' jquios. Ni se han cansado, ni cansan jamás á tos que con ellos 
Ifl conocimiento en su peregrinación. 

Antes por el conirario; si en oiro tiempo sólo podia saberse su 
tistcina leyéndola en el libro donde la dejó escrita su inimitable cro- 
nista, hoy compiten buriles y pinceles, mármoles y bronces para po- 
nerla á vista de lodos con mayor claridad, esplendor y magniñccncia. 

Rodéales tal encanto, tienen tanto atractivo, que hasta han logra- 
do hacer simpáticas é interesantes á aquellas pobres bestias que los 
llevan. Y cuenta qucá cada paso lrnpic/,an y son víctimas de mil des- 
dichas, Je infinitas penalidades, hijas de su buen deseo, de sus as- 
piraciones tan bondadosas y rectas como ilinittadas,y al propio tiem- 
po de su falla de conocimiento de los hombres y de las cosas. Si se 
equivocan por locura ó por inocencia, nunca queda bien declarado ; 
pero es lo cierto que no ven las cosas como son en si, que la realidad 
se les escapa., la malicia se les oculta, y á cada paso, caminando por 
el sendero del idealismo, dan de cabe;:a contra las piedras de la vida 
real, y se desbaratan una ilusión en cada golpe. Sin embargo, sun 
incorrejibles. La bondad y la inocencia están en el fondo de su alma, 
y salen á la superficie á pesar de lodos los de-walabros. Por es<i son 
siempre simpáticos. 

Aspiran á mejorar el mundo y corren la suerte que todos los re- 
dentores. 

La concepción, ya se comprende por estas Ugerisimas indicacio- 
ciones, es grande; mas aún, es trascendental, importante, digna del 
jénio. 

La forma es un bella como el pensamiento, estéticamente consi- 
derada; y bien puede decirse que en la elevada concepción de Cer- 
vantes, mspirado en su creación, nacieron juntas la esencia y la ex- 
presión, el fondo y el colorido. 

Porque Cervantes, según el inspirado concepto y la feliz expre- 
sión de Vlclur liugo, atesora en sí ios tres dones superiores. La crea- 
ción que produce los tipos y viste de carne y hueso las ideas: la in- 
vención que. haciendo chocar las pasiones con los hechos, rompe 
al hombre contra el destino, y produce el drama; la imaginación, 
que, como sol, junta los tonos por do quiera, y presentando las co- 
sas en relicvti, dá la vida.» 

[Ñolas pat-a un nuem comenlario ^el Q\':xmE.- Rerisia de Valencia^ t. fl.-i *dc 
kfO de iSfia.) 



limo. Sr. D. Francisco de P. Benavidesy Navarrete, Obis- 
po de SigÜenza : 1863. 

«Cervantes habla todavía después de dos siglos y medio de termi- 
nar su mortal existencia. Por su Quijote habla á todas las naciones 
cultas,en cuya diversa lengua está reproducido; por él se comunica 



á todas las edades, á todos los tiempos, á todos los gustos y á todas | 
las clases. Por 61 habla á los hombresde letras con su imacinacion' 
lozana y vieorusa, con lo selecto de la frase y la elegancia del discur- 
so. Por él habla contra ipdo género de literatura que vicíelas reglas 
del arte, ó las leyes del honor, ú subvierta las bases sociales, á sa- 
ber: la moral cristiana y la fé católica. Por él se comunica alas gen- 
tes scncillas.apartándolas de la superstición, de aventuras i ncrei bles, { 
de escenas idolátricas y de espectáculos gentílicos. Porél habla á losi 
legisladores y principes, instruyéndolos con santas máximas y prin-i 
cipíos inalterables de f^cbicrno. Por él habla, diré, acabando este 
raciocinio, á las flaquezas humanas, ¿ los espíritus exaltados en to- 
dos los terrenos y de lodos los siglos, adviniéndoles que retiren su 
ciega confianza de la criatura, siquiera fuera é^ia la dama esbelta, 
reina de los pensamientos, ó el brazo del más fuerte caballero, ora< 
sea, como en nuesims días, la materia revestida de los encantos de 
la concupiscencia, y la razón individual loca de orgullo y diviniza- 
da en ideales sistema.';. Fuerza será convenir, señores, un'que, si las! 
elocuentes páginas de ese libro hablan tan alto, que, al decir de to-i 
dos los sabios en sorprendente acuerdo, es preciso reconocer en su, 
autor el quid divinum de los antiguos: entre españoles, y haciendo 
un obispo su elogio fúnebre, habremos de confesar mucho más; si, 
la inspiración de su alma en la f¿ del CaLvariu que, después deílus-j 
irar su vida, continúa instruyendo sin impedirlu el sepulcro.» 

(Oración fúnebre pronunciada por tncúrgo de la Academia en Im honras fk-^ 
fueres de Cervanlts, el dia 33 de Abril dt iS6j. en la igieña de las Monjas Trinh 
lanas.) 

Aureliano Fernández Guerra ; 1863, 

En una erudiu } amen* di&ertacidn, n&cgura q^ue lo« nombres de los v«lcro«oc 
capiuncs (]uc en la aiviilura de ¡os e/érciíos de cameros se agolpaban i la imafti-| 
nación de Don Quijote ociilian porsonajes reales, de quienes da el Sr. Feraindes 
Ouerrü los mimhres, 

«^Qué tiene de extraño que, simbólicamente, y en virtud de una 
segunda ilusión propia, imaginase Cervantes en aquellas ovejas, he-j 
ridasde muerte por un loco, ya las muchedumbres de dóciles súb-j 
ditos de Felipe III, despotizadas y regidas per hombres que estaban 
muy lejos de merecer gobernarlas, ya la turbamulta de tiranuelos, 
mercaderes de sangre humana, entremetidos, aduladores, ambicio*] 
sos, avaros y soberbios? 

Tienen, pues, á mi juicio razón sobrada los que sospechan que 
en este libro se halla encubierta una fina sátira de aquel siglo, y le 
estiman .su clarísimo espejo y de la humanidad juntamente, que es 
siempre y en todas parles la misma; en fin, los que le aprecian co- 
lección magnifica de perspectivas para esiercoscopio.y de retratos de 
cuerdo entero de personas de todos estados, hechos delante de Ios¡ 
propios originales por el mayor pintor del mundo. Digo el mayor, 
porque no solo fotogratiaba las lineas y colores, la luz y las sombras, 



Ccrvanles juzgado por lo& cspaAolcs 



95 



'el bulto deleitable en lu exterior de las perspectivas y de b fígura 
lumana, sino lo intimo y secreto, los erráticos efectos del ánimo; 
el movimiento, que es la vida; et alma, que es el soplo de Dios. Con 
su vara mágica nace giraren derredor suyo la naturaleza entera, 
llena de vigor, de encamo yarmonfa; todo con feliz retentiva lo va 
grabando en la memoria; y todo lo quilata y presenta clara, fácil y 
ordenadamente á la madura elección det adestrado juicio, comuni- 
cándole sobrehumanas fuerzas y pasmosa virtud. No hay, no puede 
haber en el Quijote suceso, escena, cuadro, objeto ni dicho alguno, 

3ue no haya tenido antes como despertador un modelo real y ver- 
adero en la naturaleza; el cual, acendrado en el crisol de ingenio su- 
blime, toca V rivaliza con la más encantadora idealidad. [Oh cuánto 
aún se redoblaría el placer incom parablc de la lectura del Quijote, 
si en cada frase, en cada descripción y pintura, se pudiera ver por 
de dentro el alma de Cervantes, sus recuerdos de amor y gratitud, 
le esparcimiento y alegría, sus memorias de pasados bienes y de no 
acrecidos males, sus quejas de los hombres ingratos y distraidos, 
js encubiertas reprensiones y advertimientos, los desahogos de su 
lacerado corai^ont 

Estudiante v soldado, hidalgo y cautivo, labrador y agente de ne- 
gocios, alcabalero y poeta, s^irprende el corazón humano en lases- 
cuelas y en los campamentos, en el asalto y en el abordase, en la 
prosperidad del triunfo y en la miseria de la esclavitud, en las ante- 
cámaras de los principes y ministros, y en el tinelo de los purpu- 
rados, en la curia y entre mercaderes, en las academias y en la al- 
dea. Inspirase con el sublime espectáculo déla naturaleza y del arte, 
contemplando ahora el griego mar embravecido con deshecha bo- 
rrasca, ahora los manchegos campos cubiertos de rubias espigas; va 
los arenales del África inclemente, ya los floridos cármenes del di- 
vino Gcnil; los pintorescos valles de la guerrera Alpujarra, la sole- 
dad y encantado silencio de Sierra Morena; ya, en fín, los palacios 
yaicázarcs de Roma, Genova, Klorcncia, Nápolcs,Vcnecia y Milán. 
Peregrinando mucho, y viendo y estudiando, como Ulises, muchos 
hombres y pueblos, con alma grande en grande corazón, pudo 
Cervantes dará su libro la novedad en los sucesos que suspende, la 
verdad en los caracteres y pasiones que admira, el hermoso y bri- 
llante colorido que arrebata. Allí se refleja como en lago apacible su 
iiscrccion. dulzura y limpieza de pensamientos, el vehemente y 
rraigodo amor que profesaba á la virtud; la indulgencia y ternura 
le quien no vela con desprecio á la humanidad, como los conquis* 
ladores, los avarosy los envidiosos; el valor de quien no se rendia 
con el peso de la gratitud, y la forzó á traspasar los limites del se- 
pulcro, á la ley de hidalgo y bien nacido que era; en una palabra, 
«1 alma y la vida de Cervantes. Como él, lucha siempre su Don Qui- 
jote con las esperanzas y los desengaños, con lo ideal y lo positivo, 
con la triste realidad y seductora ilusión ; pasa por las peripecias que 
el autor habia pasado; y lo mismo que él considerase tan en po- 
tencia propincua de subir en un momento á las estrellas como de 



Cervantes juzgado par los espaíiolts 



caerá los abismos, arrebatado por la caprichosa rueda de la fortuna. 
Con tales dotes y circunstancias, ^es Cervantes un escritor ¡dea- 
lista, ó naturalista? Lu es ti>do; dibuja como Rafael y Ids antiguos, 
y pinta como Velázquez; idealiza como Van Eyck., y siente como 
Alonso Cano.» 

(Noticia de un Códice de la Biblioíeca Colombina: Algunos dalos nuepos para 
iluslrar el Quuot» ■ Apéndice al Ensayo de una Biblioteca Española de libros raros, 
deD. B.J. Ga/íarrfo.-Madrid. 1863: t. I, p. 13 1«.) 

J. E. Uartzcnbusch : 1863. 

«Opiniones se han vertido ya que aun nos hacen dudar qué fín 
se propuso Cervantes en el Quijote:. El dice, á lo menos, que mo- 
vió á su pluma el deseo de combatir la común afición que habla en 
su tiempo á leer libros de caballerías, extravüganies poemas, curo 
contexto laberíntico daba al mareado lector, entre algo buenoy belfo, 
que era harto poco, muchísimo malo, y nada verdadero. Supuso 
Cervantes (tal vez no tuvo necesidad de ñngirlo)que un buen hi- 
dalgo de lugar, de honrado corazón y de juicio sano, lo perdió con 
la continua lectura de tales libros; creyó quedebia tcimar sus armas 
y caballo y salir por los caminos á buscar aventuras; y saliendo en 
efecto, el forzoso contraste de sus locas ideas con la realidad de la 
vida le atrajo multitud de lances de vivo interés y gustosa leyenda. 
Era el pensamiento magnifico, justo, necesario y su aplicación 
oportuna; era Cervantes hombre con todas las facultades propias á 
su mejor desempeño; paje, soldado y oficial público, había vivido 
cerca de los príncipes de la Iglesia y de las armas, cerca también de 

fierversos galeotes, y entre humildes labriegos; habia meditado en 
os palacios y en los bajeles, en las tiendas de los acampamentos y 
en el baño délos cauíivos; observador sagax, pinta con ligereza y 
frescura, da vida á la imagen, siente delicado, y, riquísimo en la 
invención y en conocimiento de mundo, nos da una prodigiosa no- 
vela verdad, cuadro vivo de las costumbres, fiel expresión de losca* 
ractercs, gravemente moral y sabia en las miras, abundante en per- 
sonas y Janees cómicos, la cual se alza sobre cuanto hay en aguda 
ironía,' en sátira alegre sin hiél, en claridad, gracejo y travesura de 
estilo. Y á pesar de esto, se deleita el autor en el dibujo y colorido 
de la mujer, como hombre de cora/on amante: son casi todas en su 
libro á cual más bellas y discretas y merecedoras de cariño; y á la 
que pinta, ya moral, ya físicamente fea, siempre leagrega un toque 

benévolo, para que no repugne jQué variedad de fisonomíasy 

caracteres nn se halla en eslc portentoso libro, entre personas per- 
tenecientes á una misma clase, ó de clases contiguas! La mis- 
ma riqueza y variedad ofrece en los lances; de sorpresa, con la risa 
en los labiosa cada momento, con inquietud y con lástima no pocas 
veces, acompañamos á nuestro aventurero desde que te ciñen la es- 
pada, hasta que le vencen en la playa de Barcelona; y llegándonos 
más á él en sus postrimeros instantes, riegan nuestras lágrimas el 



lecho en que espira... ; Lágrimas en el más regocijado cuento que 
dejó escapar de su fresco labio la Musa del chiste! Feliz el pensa- 
miento del libru, bien dispuesta su traza, maravilloso en sentencias, 
en gracejo y en belleza de lcni:ijaje sin compafteru (salvas ciertas 
incorrecciones, hijas de la prisa); por más que el fin ostensible del 
autor esté siglos ha conseguido; por más que no se lean ya libros 
de caballerías, aforada y sorprende y enseña el Qimjotk hoy como 
cuando fué divulgado, porque las condiciones de verdad, bondad y 
belleza que junta no son transitorias; porque hay todavia, v nunca 
dejará de haber, cscritosdc errónea doctrina, muy capaces de sedu- 
cir, de engañar, de enloquecer y formarQuijotes; porque hayy ha- 
brá siempre quien se deje llevar de un deseo irrealizable, hijude una 
fantasía sin freno, y corriendo por la senda de la vtdaá ciegas, dará 
con la frente en rudos obstáculos, que le arrojarán al suelo despe- 
chado y herido. Con muchos debió chocar Cervantes en su fatigosa 
carrera; si hay en el Qiijote más de loquea primera vista descubre 
quien la tiene muv corta: si Cervantes (que durante su cautiverio 
en Argel pretendió, pero en vano, sublevarásus compañeros de sei^ 
vidumbre y alzarse con aquella ciudad por la fe y por España); si 
el desventurado Cervantes adhirió su personalidad verdadera tal vez 
á su héroe tingido, nosotros lo ignoramos, y acogiendo bien la opi- 
nión, aguardamos á que el tiempo la caliíique » 

(Prólogo A la edición de Don QiiiioTe.-Ari;amas.illa. 1863. en 16.') 

«En el libro que esta edad, 
Aun á comprender no alcanza, 
Don Quijote y Sancho Panza 
Compendian la humanidad. 

El primero imagen es 
Del ansia de una pasión; 
El segundo es la razón 
Vencida del interés. 

Y en su designio profundo, 
Puso, al retratar su loco, 
De si, Cervantes, un poco, 
Lodcmás, de todo el mundo.» 

1 1^ Hifü d4 Cen/anla; /oa.-zj Abfil de itiój.) 



J. Al. Guardia : 1864. 

«Rabelats, Cervantes y 
tures modernas, quienes 
v■e^ci^lne^^. 

Don Quijote, que es la 
crecion, abarca, en efecto 
enciclopedia literaria. En 
actos, el tono y los distint 
los diversos cfcnicntos co 



Moliere son ciertamenie, de todos los au- 
más discreción han empleado en susin- 

historia de la locura y el libro de la dis- 
, todos los géneros y forma una especie de 
esta inmensa comedia de cien distintos 
ivos rasgos varían á cada escena, y todos 
ncurrcn para formar un conjunto arm6- 



Tüoio 1 1 1 



II 



01 



Cervantes juzgado por los eepcñotcs 



níco. La muliiplicidad de Ips suces«>s y el niimcrn de los pers^riafes 
contribuyen á robustecer la prodÍf;iosa unidad de la obra. £1 con- 
cieno ex admirable, porque el amor, ora narre, ora presente los su- 
cesos, se mantiene siempre en el justo tono y en la conveniente me- 
dida. La ejecución corre parejas con la concepción; y cuanto más se 
estudia este magnitico poema más asombra la ligereza ó la inepcia 
de sus comentadores que pretenden que el Don Qt-''JUTE es una obra 
espontánea, irreflexiva, y que el genio de Cervantes incunscicnic- 
mente produjo. 

Cervantes ha hecho verdaderamente una epopeya nacional, un 
pocms en prosa que es. la I liada y la Odisea de los españatcs. Bajo 
este punto de vista es único é incomparable, porque ninguno de sus 
predecesores había intentado lo que él ha realizado. 

Cervantes hizo la historia completa de la sociedad española, y bajo 
el velo transparente de una fábula ini^cniosa, señaló cómo el buen 
sentido nacional estaba gravemente comprometido por f-uias espi- 
rituales que, perdiendo de vista la realidad y lo positivo, lo bueno 
y lo verdadero, se obstinaban en perseguir sombras y fantasmas. 

Kabelais es, para mi, la encarnación dci sentido común par la 
realidad de las cosas. Nadie ha pensado en compararle con Cer\'an- 
tes, y, sin embargo, sepa recen bajo muchos aspcct(>.s. Cervantes ha 
sido, respecto á varit.>s puntos, el Rabclais de ECspaña. Reformador 
y revolucionario á su manera, ha trabajado con ludas sus íucraas 
para derribar un sistema caduco v una tradición funesta. Rabelais 
ataca resueltamente la organización sucial y el orden religioso. Cer- 
vantes, escribiendo un sifilo después de la Reforma, cuando la fer- 
mentación que causó el Renacimiento se había, tiempo hacia, ya 
calmada, no fu¿ ni escolástico ní teólogo; pero armado, como (Ja- 
beláis, para la polémica, y dominado por el genio de la critica, con 
las armas del ridículo declara guerra á muerte á los corruptores de 
la razón y con las galas de! donaire compone un manual de (iloso- 
fta práctica, que es un tesoro de gracia y de sabiduría. Cervantes 
fuéel primero que introdujo el ingenio de la comedia en la novela. 
Por esto el Don Quijote no tiene par en su género; la sociedad está 
•en é! representada por personas de todas las clases; de modo que c.<¡ 
la primera obra del entendimiento en que figure la democracia. 

Esta lábula, cuyos personajes parecen vivientes, tan grande es la 
verosimilitud de ía narración, reduce á los más incultos entendi- 
mientos, á aquellos que no pueden comprender las enseñanzas ocul- 
tas bajo esta mgeniosa ficción. 

La historia del caballero de la Mancha era ante todo un libro de 
alta critica literaria; y las Ndvklxs cuentan también numen>sas y 
excelentes páginas de critica. En la Gitanilla, esta descripción déla 
Trida de los gitanos que nadie ha igualado, se encuentra en germen 
la maravillosa alegoría bajo la cual Cervantes ha representado á la 
poesía, tal como su genio la soi^aba y la concebía. En una pala- 
bra, en todos sus escritos, sin hablar de los ejemplos, que constitu- 
yen modelos inimitables, hay reglas, preceptos, teorías, en ün ete- 



meiatos suficientes para componer un tratado, cuando no un código, 
de alta critica literaria. Bástanos habur .señalado en estu bosquejo 
uno de los lados menos conocidudel genio de Cervantes. Este gran 
esci'itor era también un gran crilicú, y como tal es la mejor gula 
que puede elegirse para iniciarse c^n el conücimtentu de la Itiemiura 
espaldilla de este periodo tan fecundo que empieza hacia la mitad 
del si^lo xvr y se protonga hasu el primer cuarto del siguiente. 

El V'iAGE DEL Parnaso puede ser considerado como un interme- 
dio en la carrera literaria de Cervantes, 

En verdad, no habia nacido poeta lírico ni elegiaco, pero cuando 
se ser\-ia de los versos como prosa para dar curso á su vis cómica^ 
su potíxia era viva, original y vigorosa. El autor del Quijote pudOj 
pues, atreverse al poema satírico y burlesco de reducida estructura. 

Cervante^s maneja la ter^a rima con facilidad, y durante todo el 
curso de su Vmgf. sigue la narración de los sucesos sin esfuerzo, sin 
embarazo, sin preocuparse en evitar esa no afectada negligencia que 
tiesos Aristarcos le han reprochado y que, en nuestro sentir, es el 
más seductor atractivo de sus escritos. Su musa, permítasenos la 
comparación, camina á pie, sencillamente vestida, con simple zaga- 
lejo y cal/^tdo Uso, como ia Perrelíe óv la fiíbula. Con este sencillo y 
modesto traje, es á la vez ágil, suelta y familiar, sin afectación, sin 
pretcnsiones, cortés y burlona, franca y jocosa, derramando pro- 
tusamente, pero no sin discernimiento, estas máximas que han es- 
tablecido para siempre la sabiduría de Sancho Panza. 

Los lectores que quieran hacer con Cervantes el Viage del Pab* 
SASD hallarán, sin vacilar lo decimos, no sólo un guia sin par que 
les distraerá en el camino, sino también un critico de primera talla, 
de rara sagacidad, de un gusto exquisito, incomparable en el tan 
difícil arte de enseñar la verdad diviriiendo, y de hacer amable la 
sabiduría.» 

(Introducción & su traducción del Vnie del Pabnaso.- Parts, 1864, ri.") 



Francisco de P. Jiménez, obispo de Teruel : 1864. 

« con la esperan/.a puesta en Dios, alcanica Cervantes volver 

al sentt de su familia, para levantar después un monumento, que 
no Consumirán las injurias del tiempo ni se apartará jamás de la 

memoria de Iik hombres Me refiero á suQuíjotü. No tiene otra 

prenda de más estimación ni valia, pero bien pudo decir á su patria: 
«Yo dejo esc libro, fruto de mis trabajos y desvelos, entre los ma- 
yores disgustos y sinsabores de la vida; libro que me hará vivir en 
ia posteridad, y con el cual he salvado á mi patria. Si. la he salva- 
do, arrebatando sin violencia, de las manos de todos, esos libros tan 
funestos á la religión como á las costumbres; reduciendo el valor á 
lúi justos limites, el honor á la observancia de las leyes, el pundo- 
nor á tas severas reglas del decoro, la vana credulidad' al desprecio, 
U verdad y la justicia á su verdadero culto. Ahios legúese libro, im 



loo 



Cemotcs juxgado por los espinóles 



cuyas páginas encontraréis principios inalierables de buen gobierna,' 
máximas para Io:í principes, lecciones para lossabios, modelos para 
los escritores, recreo inocente y grandes provechos para todos.» 

{Oración fúnebre en lat \ton}a\ Trinitariai. en las honras de Ccrvúttlc%. el 33 
d* Abril de 1S1Í4-) 



Juan Valera : 1864. 

«El QuiJOTr., en el sentido más noble y másaltn,es sin duda una 
parodia de los libros de caballerías; pero osla parodiíi va hecha con 
amplia libertad, y no ciñéndose ya á este lance ya al otro de los li- 
bros parodiados, sino al cspiritu superior que los anima todos. 

La literatura caballeresca debía morir, y de tal suerte se había vi- 
ciado y corrompido, que no bastaba la indulfíento ironía dcAríosto. 
Fu6 menester la francay dcscubicrla sátira de Cervantes para aca- 
barcon ella, y abrir, como se abrió en el Quijote, el camino de la 
buena novela, que es la epopeya de la moderna civilización, el libro 
popular de nuestros dias. Parándoseáconsiderar en este punto el mé- 
rito del QuiioTK, pasma verdaderamente .su grandeza. Se le ve colo- 
cado entre una literatura que muere y otra que nace, y es de ambas 
el más acabado y hermoso modelo. Como la última creación del 
mundo imaginario de la caballería, no tiene más rival que el Ot-lan- 
do; obras maestras ambas, dice Pictet, de un arte perfectísimo.que 
dan á cscmismo mundo imaginario que destruyen un puesto muy 
alto en la historia de la poesía humana. Como novela, aun notien'c 
rival el Qujjotk, según Federico SchlL-f;el lo prueba con sabios ar- 
gumentos. Manzoni y Walter Scott distan tanto de Cervantes, cuan- 
to Virgilio, Lucano y todos los ¿picos heroicos de todas las literatu- 
ras del mundo distan del divino Homero. Por cuanto queda expuesto 
se corrobora más que de censurar Cervantes en e! Quijote un géne- 
ro de literatura falso y anacrónico, no se sigue que tratase de cen- 
surar ni que censuró y puso en ridiculo las ideas caballerosas, el 
honor, la lealtad, la lídelidad y la castidad en los amores, y otras 
virtudes que constituían el ideal del caballero y que siempre son yse*j 
rán estimadas, reverenciadas y queridas de los nobles espíritus cóm( 
el suyo. Don Quijote, burlad»», apaleado, objeto de mofa para los 
duques y los ganapanes, es una lisura más bella y más simpática, 
que todas las demás de su historia. Su locura tiene más de subtimt 
que de ridiculo. 

Yo no acepto muya la letra la suposición de que Don Quijote sim- 
boliza lo ideal y Sancho lo real. Rra Cervantes demasiado poeta para 
hacer de sus héroes figuras simbólicas ó pálidas alegorías. Como 
Homero y como Shakespeare, creaba figuras vivas, individuos hu- 
manos, determinados y reales, á pesar de su hermosura. Y es ta) su 
virtud creadora, que. Don Quijote y Sancho viven masen nuestra 
mente y en nuestro afecto que los más famosos personajes de la his- 
toria. Ambos nos parecen moralmente hermosos, y los amamos y 



Cervintes juzgado por los csf^ol«& 



«•t 



nos complacemos en la realidad de su ser como si fuesen hofirá-iíe 
nuestra especie. 

La sencilla credulidad de Sancho y su natura! deseo de mejorar 
de fortuna constituyen ei elemento cómico de su carácter. Pero la 
rectiiud de su juicio, la mansedumbre de su cündicion y su candi- 
da buena fe engendran aquel tesoro de chistes de que tanto nos ad- 
miramos; su ¡nocente malicia, la excelencia de sus fallos cuando 
eragob«rnador.>'la naturalidad ingenua desús máximas y acciones. 

La unidad deí Quijote no está en la acción, está en el pensamien- 
to, y el pensamiento es Don Quijote y Sancho unidos por la locura. 
Quítense lances, redúzcase el Quijote á la mitad ó á un tercio, y la 
acción quedará lo mismo. Añádanse aventuras, imagínense otros 
cien capítulos más sobre los que ya tiene el Quuoti:, y tampoco se 
alterará lo sustancial de la fábula. Ksta es una latía del QütioTK, 
pero es culpa del asunto, y no del poeta, y á pesar de esta culpa, es 
el Qt:iJOTK uno de los libros más beilos que se han escrito, y la pri- 
mera, con una inmensa superioridad, entre todas las novelas del 
mundo. 

Cervantes era un gran observador y conocedor del corazón hu- 
mano. Sin duda, cuanto habia visto en su vida militar, en su cauti- 
verio y en sus largas peregrinaciones, y las personas de toda laya 
con quienes h;ihia tratado, le dieron ocasión y tipos para inventar 
y formar unos personajes tan verdaderos como los del Quijote: pero 
hay una enorme distancia de creer esto á creer que todo csalusion 
en dicho libro, y á devanarse los sesos para averiguará quien alude 
tlervanies en cada aventura, y contra quién dispara los dardos de 
su sátira. Asimismo pretenden algunos v«r en Cervantes un descreí- 
do burlón. Nada,á mi ver, más contrario á la índole de su ingenio. 
Cervantes, que representaba el genio de España, tuvo que ser y fué 
profundamente religioso. En todas sus obras se ven señales de la pie- 
dad más acendrada. 

Por cualquiera faz que se examine el carácter de Cervantes, se ve 
que dista infinito de rebajar el espirito caballeresco y la verdadera 
gloria militar, á no ser en nombre de una más alta y más pura glo- 
ria. No es el Quijote, como pretende Montesquieu, el iinico libro 
bueno español que se burla de los oíros, la reacción y la mofa con- 
tra nuestro espíritu nacional: antes es la síntesis de este espíritu, 
gucrreru y religioso, lleno de un realismo sano, y no por eso menos 
entusiasta de todo lo bello y grande. El Quuotk se burla de los li- 
bros de caballerías, porque Cervantes los halla indignos del espíritu 
que los dictó. Hablando nuestro autor por boca del canónigo, deja 
ver su idea y nos da en cifra los preceptos del verdadero y excelente 
libro de caballerias que él soñaba, esto es, de la epopej'aen prosa, ó 
dígase de la novela heroica, donde se han de presentar como en de- 
chado todas las vii*tudes del caballero perfecto, crisíiano, vaiieniey 
cometiidu. Este ideal resplandece en la obra inmortal de Cervantes, 
llenándola, perfumándola é iluminándola toda. 




compuso el Jiorü de mas amtna 

crirójamás, y la novela más ¡dealiüta y más realista á la vez que ha 

.'•producida ingenio humano, porque en vlla pinuS, con la lidelidad 

de un foti^^rara, toda la vida real que tan admirablemente conucia, 

y que con tal brío de imaginación sabia reproducir en sus escritos, 

Í porque en clia supo iluminar y esmaltar esta pintura y realzarla 
asta lo más sublime de la poesía, con el vivo fuego y con la clara 
luz del limpio, esplendoroso y puro ideal artistico que ardía en su 
alma. 



La poeüia de Platón y de otros sabios, el arte y la inventiva q 
hay en ellos residen en el estilo; siendo ciencia y discurso, y no po 
sia ni arte, lo que hay en el fondo de sus escritos y les da su may 
valer. En Cervantes, al contrario, el mayor valer no está en la cien 
cía, sino en la poesía. El fin verdadero dul Quijote es crear una her- 
mosa fábula. La intención de acabar con los libros de caballerías y 
otra cualquiera intención que en el Quijotk quiera descubrirse, fue- 
ron sólo ocasión y pretexto, mas no motivo del Qi;ijotk.» 

(Sobre ei QmiotK y mbre tas <H/erentes mantras de comeniarU y ¡ufarle. JXs- 
ctirto leído en la Rfíil Aeniiemia Kspañ(^a eldia 37 de íieliembrtdt t864.-S\*ÓT\á, 
1864, M. Galiano; 4.' de Í*> ps.-£i/i(rfKW in-ittcitínobreliUritlura. r/c.-M«dríd 
t. H.) 




Josó Coil y Vch! : 1866. 

«Si al leer el Qduütií tuvieses en la una mano el libro y en la 
la regla y el cumpas, la ilusión, el divino prestigio del arte queda-' 
rían desvanecidos. Pero si además de un conocimiento general de 
la literatura y de la historia, poseyeres un conocimiento especial djH 
laliteratura caballeresca, de modoquc no pudiese pasar desaperciba^ 
da á tus ojos ninguna de las Hnisimas alusiones del libro; sí antes 
hubieses analizado la forma del mismo QtüjoTK v de los más exce- 
lentes modelos; si á todo esto se agregase un profundo conocimien- 
to del estilo y üe la lengua castellana ; si el espectáculo de la natura- 
Ie2a,y el corazón humano, y la vida social con su riqueza de carac- 
teres y pasiones y costumbres no fuesen para t¡ inde-scifrablesgero- 
glíñcos; es claro que encontrarías en la inmortal obra dcCervantea 
un escondido minero, cuya existencia ni sospecha siquiera el estu- 
diante que por primera vez hojea el libro, y que de bóbilis bóbilis 
suelta la carcajada, y luego bosteza, y más tarde se aburre, sin lle- 
gar á persuadirse de cómo aquel tejido di: niñerías y descabelladas 
aventuras pueda sobrepujar en tan alto grado á otras novelas tras- 
cendentales, políticas y sociales que tan hondamente le conmueven 
y espeluznan.» 

Hay ndemús esparcidas por el libro una porciún de du« y tro£o& de las obru dt 
Cervantes como modelo de buen decir, de armonía del periodo y dulzura de ex- 
prei>t6n. 

\^IAálogos fiMraríot.- Barcelona, 1866, 8." de 493 ps.) 



CcrrsDlBs lusitado por ios cspaBota 



US 



'nincjscode P. Canalejas: i86q. 

«Si bien en Cervantes no aparece la Jllosüfla como indagación 
ordenada y sistcmáiica, lucen en sus^^bras rasgos t^ue deben ser re- 
cogidos para conocer el sentido filosófico de su edad.» 

{Es:udio ttc la historie de laJtU)jo/ía apañóla.) 

«Merced á su entendimicniu agudo, perspicaz, rellexivo, agitado 
pnr intuiciones podürosihimas, Cervantes nu se dejó arrastrar pur los 
delirios y enloquecimientos del .-.iglo xvi 

Los deíie acantos, las desilusiones, el olvido en que caían su Ca- 
latea., su teatro, todo lo que escribió en consonancia con lo gastado 
y aplaudido, leobligaron á refugiarse en su propio ingenio, á vivir 
consigo mismo, buscando y encontrando la inspiración en el asilo 
inviolable en que se escondía su originalidad. Este fenómeno psico- 
lógico que ñus descubre el secreto de la inspiración de Cervantes no 
se realiza gracias aun soto hecho de la vida, sino que es precisa y ne- 
cesaria una continuidad de desengaños y desencantos como los que 
sufrió el cautivo de Argel para vencer el natural impulso al aplauso. 

Nada marca de un modo tan palpable la diferencia entre las eda- 
des antiguas y las modernas como el espíritu que derrama en el seno 
I de las literaturas modernas el libro inmortal de Cer\*anies. 

No busquemos el elemento humano antes de Migue! de Cervan - 
les. 

El nifto 6 el hombre indocto siguen con avidez la narración de 
'aquellas sorprendentes aventuras y casos nunca vistos ni imagina- 
dos y el aspecto cómico que colorea todas aquellas narraciones, les 
revela la fuerza de la fantasía y les señala un aspecto de la vida que 
escita su juicio y les lleva como por la mano á juzgar por sí, ya con el 
juicio que va envuelto en la risa, ya con el juicio que se esconde en 
el fondo de lodo enternecimiento y melancolía. El mozo, al leer aque- 
llas memorable.s páginas deleitase con la exaltación constante en 
honra de lo bueno v de lo bello, de la justicia v de la virtud, que 
forma el carácter áel hidalgo manchego; deleitase en las bruscas 
transiciones que imprimen á su alma las palabras deSancho; y es- 
tos contrastes, que rctícjan los contrastes del alma del adolescente, 
rooiix-an que unas veces se duela de que el autor considerase como 
empresa de locos el desfaccr agravios y enderezar tuertos, y otras 
admire la oportunidad con que la maliciosa penetración del escu- 
dero deshace aquellos ensueños platónicos, que son sin embargo 
tan poderosos que obligan al egoísmo & pisar mal de su grado por 
los caminos yatajos en que le empeña la locura. El hombre ya de 
seso y de entendimiento seguro percibe la voz de todos los intereses 
en aquel libro que es dictado de la recta razón y de! buen sentidoy 
^ciguc con pasmo creciente la exacta reproducción de las dos tenden- 
cias que se disputan el predominio en la vida, la idealidad y la rea* 
[■lidad, lo poético y lo prosaico, y que en filosofía, en religión, en 

^litica, riñen constante batalla, llevándonos por los campos espíen- 



104 



Cervantes juzgtdo por los españoles 



didüs poro a¿rcos de la idealidad, ó sujclándonos con lazo férreo al 
suelo. Quiso Cervante'i que levantándonos sobre estos parciales as- 
pectos de la vida, fuésemos imagen viva y permanente del hombre 
superior, capaz de condolerse de las extravaRancias y locuras del 
hidalgo vde compadecer y corregir las malicias y groserías del es- 
cudero, ^le hombre superior es la alia y moralizadora concepción 
de Cervantes y declara como consejo j/ ley primera de la vida la ne- 
cesidad de salir de las edades del Quijotismo en lo social y en lo 
individual, sin caer en el extremo opueslo que S;incho representa, 
para que no aparezcan en hechos ni en pensamientos la quimérica 
idealidad ó el eyoismu grosero. No busquemos otros simbolismos 
en el libro inmonal. Dondequiera que existan hombres, no será li- 
bro cxtrajcro el quces viva y cxacia representación de lo permanen- 
te y eterno en la existencia de la humanidad.» 

(Firsla lileraria en fianor tic Cen'anles por ¡a Academia deCoitferencias y Ltcíu- 
ratdela f'nivenidaddc Matind : 2ji Abril de iSfig. Se reimprimió en los números 
ifi j- 17 de La Academia. Lorrcspondienics d losdlas 30 Abril y ^Mayo de rS78.) 

Leopoldo Augusto de Cueto : i86q. 

«Kl culteranismo y el conceptismo, antes de convertirse en escue- 
las líierarjas. estaban va en su esencia en los libros de caballerías, 
y Cervantes, al ridiculizar los delirios y el lenguaje eníático de aque- 
llos libros singulares, ayudaba grandemente á la sana critica lite- 
raria.» 

{fías/fuejo fiixíArico-crllico de la Ponía cailettana en et siglo X V/tl.- Madrid, Bi* 
bllotccs de Auifiret. Españoles, 1869; lomo 1.XI.) 



Antonio Ros de Olano : 1869. 

«F.S el Qi'ijoTK un poema de la vida humana en que, pegado 
al símbolo caballeroso hasta la demencia, va siempre el sátiro del 
sentido común. .Ma manera que en la química los mordentes avi- 
van los colores, así Sancho hace que resalte la exageración de Don 
Quijote dentro de la vida real. Nunca se realizaron con tantoingenio 
y trascendencia tanta estos cunlrasles; y digo contrastes porque no 
es la del gran poema de Cervantes la sátira de nuestros días que se 
resbala al libelo, ni la de Boilcau, ni la de Casti, ni la de Voltaire, 
ni la de Ju venal; sino la fundamental de Aríslófanes, más levantada 
que la de éste en la creación y en la forma. Es, pues, el Quijote la 
sátira del paralelo, donde el lector, según su capacidad, aprecia la 
resultancia. 

Pero «ípor qué ley moral las armas y las letras fraternizan? Las 
unas piden paz, las otras guerra; las unas demandan reposo, las 
otras movimiento; las unas son amor, enemistad las otras. 

Ello es así, Señores, pur lo general, del corazón humano; y por 
eso sólo por excepción &e juntan estas dos facultades en un sufo in- 



Cervinlcs iuzgado por los npañolcs 



(oS 



divjduo; mas, cuando tal sucede es que ambas facultades parten de 
la organización generosa. Entiendo por organización {generosa : se/i- 
sacion que admira y admiración qucjormula. 

Y comonuL-slra cumun existencia sea un triángulo cuya base es la 
<trganíz3cíon, cuyos lados 5on la impresión y la idea.eií esos hom- 
bres privilegiados por Dios parlen la sensación y el idea! á coinci- 
dir en el \¿rlicc de la gloría y la inmortalidad. 

Si pudiéramos evocar á Cervantes de su perdida sepultura y le 
preguntásemos por qué fué pensador y poeta, nos respondería que 
lü fué porque en su siglo de gloria amó las armas; y si inviniendo 
los términos le preguntáramos por qué fii6 guerrero, nosdíriaquc 
amó las armas porque amó las letras. Así la suma de estas dos res- 
puesijis. es disposición ingénita y amor k la gloria. Así también, si 
Cervantes siente y expresa la caballerosidad hasta el delirio, es por- 
que fué pucia y guerrero á un tiempo mismo. He aquí, pues, la hi- 
póstasissin salir de lo humano; inteligencia que acerca á lo divino 
y valorqueguiaal heroísmo.» 

{Fiata en honor de Cemaiifa por la Academia deCon/erendasdcia Universtdati 
de Stadrid: i8<k).) 



Mariano Sánchez Almonacid : 1869. 

«Cervantes halló en el fondo de si mismo el Don QutjoTE; en su 
alma y en su cuerpo icnia la esencia del Caballero andanteydel es- 
cudero andado; en el mundo exterior halló las formas de ambos; 
con lino delicado eligió las personas, formó sus tipos, idealiicó los ca- 
racteres, y con la sabia magia de su genio tradujo en hechos, des- 
irroIladoN artisticamente en liompuyen espaciüT su plan preconce- 
bido. El Don Quijote; es todo Cervantes, como se ^e casi declarado 
por él mi&mo, al colgar la pluma, en aquello de sólo los dos somos 
yara en uno. 

Nü hay duda ninguna que las variadas alusiones quede personas 
ydc hechos se hallan en el Quijote, son figuras vexposiciun de su- 
cesíís idealizados y pulidos por la mente y el cincel del eminente 
utista. 'i'eneniüS por cierto que Sancho ese! fraile dominico Aliaga. 
''ero ésta V otras muchas interesantes investigaciones no aumentan 
cu nada ef valor y aprecio de tan excelente obra. En ninguna ha de- 
T^mado la imaginación con más abundancia sus inapreciables teso- 
''^, y en ninguna se ostentan más al propio tiempo las elevadas 

%es Je la ra?.on más cultivada ; el que pide filosofía, la encucn- 

^ en todas las páginas : el que necesita lecciones de moral, de po- 
«lica, de literatura, las tiene con profusión y de la más sanadoctri- 
^l v\ que quiere reír, ríe: el que se complace en llorar, llora : no 
^y csladodc la sociedad que no se encuentre descrito; nohay con- 
Hicion que no pueda aprovecharse de las máximas.» 

'^**Bairío leído en el Áicneo de Alicante. 1860,* ■ Crónica de los Ccn-anlittas, ao 
**rtte 1872.) • 



ToMoiti 



I» 



1«« 



Cervantes juzgado por los «pañoles 



Manuel Cervantes Peredo : 1ÍÍ71. 

Comeniando v dallando los discur:>o!< de O. Jo^ Awnsio y D. J. J. Bueno, dice : 

«Como ellos, creo que ictdo lo que sea atribuir al Qumotk otros 
tincsy otru objetivo que el queüu autor ledíó, esforzarlo más claru 
é inteligible. 

Que Cervantes se propuso ridiculi^ralgunos vicios de m ópüca. 
Bueno: eso lo admiio. 

Que al tiempoque escribia hizo alusiones ó al^unoü gübcrnantcs. 
Pase; aunque no me parece muy evidente. 

Pero que Cervantes censuró en su obra á la Inquisición, á Car- 
los V, al Duque de Medina-Sidonja.á D. Rodrigo Pacheco ó á Juan 
Blanco de Paz, eso no lo admito en manera alguna; porque eso equi- 
valdría á decir que la obra de Cervantes habla tenido por norma y 
por (ibjciivo una cuestión pcrsonaló un sujeto vilísimo. No repren- 
do, después de todo, ¿ lo^ que suiíLízan para comentar el Quijotil. 
Mucho aprecio los escritos del Sr. Diaz de Benjumca. y mucho apre- 
cio al Sr. Maincsquc ha defendido al autor de La Estújeta de Ur- 
fjanda; peropermitasemcdiscniirdv las ideas de esos señores, por- 
que no las creo accrtada.s. 

Yo leo y leeré siempre el Quijote, no porque procure investigar 
en ¿I ningún sentido recóndito, que no tiene, sino porque veo en ¿I 
una sátira maestra de un alucinaniiciuosocial.comoerala exagera- 
ción de las ideas caballerescas, tlsta será la opinión eterna sobre la 
obra de Corvantes, por más que se sutilice y se trate de darle dife- 
rente carácter y aspiración. En mi creencia, en c! QtuoTE todo es 
esotérico; exotérico, nada.» 

{Crónica dt loi Ctnranthlat. la Diciembre i»7i.-Aftfculoí,7Miifirfooc4f/i».j 

Luis Fernández Guerra : 1871. 

« quien confiese que el autor de La Verdad sospechosa as- 

piróconstanlemcnteá realizar en sus obras un lin moral de bienhe- 
chora enseñanza, por fuerza habráde convenirconniigoen que Cer- 
vantes le sugirió tan gallardo intento, y que depositó en su alma la 
semilla, y que ésta fué tomando ser, bulto y vida al calor de lósanos 
en el continuo estudio y trato de los hombres. 

Con el Do.N QiirjoTK aspiraba Ccrsantes á desterrar las vanas lec- 
turas de los libros de caballerías; á presentar modelos de buenas cos- 
tumbres y de sana moral, de hldalguia y de nobleza, desnudo de la 
exageración y extravagancia antiracional que deslustran aquellas 
soñadas historias, y llevar eficaz medicina y saludables advertimien- 
tos al corazón de la sociedad española, que con el nuevo siglo y el 
nuevo reinado empezaba a corromperse 

Que todas sus novelas habían de ser ejemplares lo proclamaba la 
del CuRtoso Impertinente 

En fin en el capitulo XLVIII déla Primera Parte del Quijotü, ha- 
bía Cervantes echado tas zanjas para la reforma del teatro español, 



Tervanies )UZgado por lo*: españoles 



lor 



indicando qué rumbo debían seguir las comedias buenas, artíñcio- 
«as y bien ordenadas 

No es posible, pues, que Alarcon, sintiendo dentro de su menic 
la inspiración dramática, dejase de ambicionar la corona con que 
Ic brindaba aquel capítuln del Qlijute .; de ningún mudo pue- 
de ser arbitrario estimará Rui2 de Alarcon discípulo de Cervantes, 
no sólo formado en la lectura desús obras, sino inmediatamente en 
su doctrina oral, activa y fecundizadora. 

Para deleite que no se agota jamás, para enseñanza sólida, para 
estudio fecundísimo, y como cisne que, al morir, canta con voz en- 
tonada y rica y con melodía sin igual, dejaba Cervantes, en los tres 
úliimus' años'dc su existencia, los más pericotes modelos. ^Dónde 
cuadros tan llenos de movimiento y verdad como las Novelas eiem- 
PLARES? ^D6ndc mayores dificultades vencidas, mavor donosura, 
juicio y buen gusto que en la Skiíunda Harte del Íngesiusü Hi- 
DAL^io.-'^Dóndcicsi.iro igual de aventuras y situaciones dramáticas, 
de experiencia y de filosofia, de máximas formuladas soberanamen- 
te, acabadas locuciones, giros y frases gallardas, comoen el Pehsiles 

T SlGISMirNDA?... 

De la docta y profunda critica reclama hace tiempo detenida ilus- 
tración el Via/b dkl Parnaso y las Üciio Comedias v ocho Kntre- 
MKSEsparaquesepucdanapreciaren todo lo mucho que valen. Nin- 
guno donde tíguran los mas de loslngenios contemporáneos, sedis- 
puso jamás, como el cervántico Viaje, con ¡gual atractivo en la 
invención, parecido en los retratos, luz y hechizo en las dcscripcio- 
ne-i, gracejo, variedad y unidad. Nincuno de los millares de entre- 
meses que alborozaron las tablas en Tos siglos xvi y xvii excede en 
mérito á estos ocho.» 

(Don Juttn Rui\ de Aiarcon : obra premiada por la Real Academia Españala.- 
Madrid, 1871, 4." de x-^M ps. 

Máximo Fuertes Acevedo : 1871. 

Trato, de demostrar qu« el (Quijote no es una mera sitira contra los libros de ca- 
Inllerias. 

\l^noa malos apunles sobre to% buenosde Ceryanles.-EI Ramillete, revista de Sao- 
under. 1871.) 

José Fernández Espinu : 1871-1873. 

«El Quijote no presenta solo un interésdeactualidad, sino de to- 
dos los tiempos Cervantes pintó la exaltación de la poesía y la 

de la prosa, personificándolas en Don Quijote y en Sancho Faiíza. 
Ambos personajes, por extremo simpáticos, corrigiéndose mutua- 
mente en sus exageraciones, vienen a convertirse en enseñanza de 
esia gran comedia del mundoque llamaremos vida humana; lasdo- 
lorosas burlas y lo que en uno y otro hace reír, están en la superfi- 
cie del poema: peroen el fondo, una vecessátira. utrasdrama.(}tras 



iflS Cervantes juxgado por lo£ españoles 

filosofía moralt existe la viva y magnífíca expresión de la humani- 
dad con sus locuras generosas, con su egoísmo, con la sana razón 
que viene á templar los extravíos de la poesía y los del prusaismo, 
travóndolosal buen sentido de la vida real. ¡Felicísimo ingenio que 
bajo tan seductores airactivüs ha sabido enseñar y adiiiirür al hom- 
bre, en vulvicndo en el puro deleite de sus donaires la más poderos 
y profunda doctrina! 

{Cuno hisférko-crilieo de Literatura española. Stv\}\i , 1871. 1 

«Es Dulcinea creación trascendental, si bien burlesca y ocasiona- 
da á donaires, que completa el pensíiniicnto del ingenioso Hidalgo 
en la profunda crítica que envuelve dealgunos detectnsy vicios del 
amar caballeresco en la Edad Media 

En el episodio del amor de Don Quijote á Dulcinea, vése el mis- 
mo pensamiento que en la obra en general: á la realidad, s¡ bien un 
tanto material, purüicando las exaltadas aunque nobles ilusiones 
de la poesía; de esta manera, templándose la una por la otra en sus 
exageraciones, y vislumbrándose en ellas el término medio que na- 
turalmente se marca rebajando los vuelos excesivos de la una y la 
tosca realidad de la otra, llegase ¿ la idealidad que nu se alimenta 
de sueños imposibles, y á la realidad que no pugna con ningún sen- 
timiento hidalgo y virtuoso, confundiéndose ambas entre si y vi- 
viendo juntas en completa armonía.» 

(Discurso en el Aniívrs'iria de Cervantes por ¡a Htal Acadtmía StfiOana : 1873.) 

Pedro de Alcántara García : 187...? 

«Mayque considerar el Quijote bajo dos conceptos; en su sentido 
directo y literal, y en su alcance trascendental y filosófico. Lo pri- 
mero es obra intencionada del autor, está realizado de una manera 
consciente, y lo segundo no, pues que de ello no tuvo conciencia Cer- 
vantes, toda vez que nu entró en su propósito, como claramenie Ío 
revela en varios pasajes del libro. El único fin de Cervantes fué con- 
cluir con los libros de caballerías y au II, lo que era lóg¡co,con el ideal 
caballeresco, que parodia y condena, matándolo para lo porvenir; 
en lo cual se mostró fiel hijo y representante del Renacimiento, cir- 
cunstancia que merece notarse. ^^ 

Sus dos tipos, indispensables para la idea que se proponía desen-^H 
volver Cervantes, se extienden fácilmente á todos los órdenes y á to-^^ 
das las esferas de la vida. En efecto, cambíese el objetivo dé Don 
Quijote y de Sancho, y póngase otro ideal cualquiera en vez de la 
(Caballería, y bien pnmio hallaremos que Don Quijote es la critica 
dccualquier idealismo y Sancho la de cualquier vositivismo, y que 
ambos tipos son elásticos, por decirlo asi, y se adaptan á todos los 
órdenes de la vida. 

Mas á poco que se medite sobre el particular, se comprende que 
la universalidad y la trascendencia de ambo» tipos nu son fruto de 



Cervanttt jUií^d'i por los «spaAolcs 



)Oq 



reflexión y de la voluntad de Cervantes, sino consecuencia pre- 
nsa y necesaria de la manera cómo concibió su fábula. No quiso él 
pintar la oposición meta^^ica y viva de lo real y lo ideal, pero la pintó 
sin quererlo ni sabcrlu, al concebir y ejccutarsu grandiosa obra; lo 
cua! nada tiene de extraigo si atendemos á las condiciones con que 
vive y se manifiesta el genio, & ese algo de inconsciente q ue hay siem- 
pre en él.á esa como intuición divina, como iluminación misteriosa 
que se refleja en sus obras y de que él no sabe darse cuenta. 

Creó Cervantes en Don Quijote y Sancho dos tipos que. siendo 
universaicsy encarnación dc una idea abstracta, son á la vez indi- 
viduos origmalisimos y vivos; esta es la gran obra del genio en la 
formación de los tipos poéticos. 

Don Quijote obra siempre á impulsos dc móviles puros y levan- 
tad<w, siendo muy de notar la excelencia moral de su carácter. Fuera 
déla locura nada hay más noble, srande y simpático, y aun esta lo- 
cura es la exageración dc un herino-soNeniimienti). Sancho es la ex- 
periencia sin idealidad y el buen sentido sin pureza de motivos : el 
sensualismo práctico que desconoce lo ideal y no tiene otro móvil 
que el propio Ínteres. V sin embargo dc esto, es bueno y simpático 
en el fondo, porque su error antes nace de ignorancia que de ma- 
licia. 

Términos ambos de una antitesis, son verdaderos y, por lo lanío, 
buenos y simpáticos en lo que afirman, y falsos y ridiculos en loque 
niegan. 

Sobre esta anfilesis cabe una .siíi/t'.ií.í que no supo ó no pensó Cer- 
vantes formular, pero que dojí» adivinar en algunos de sus persona- 
jes secundarios. Esta síntesis, que es ia lección moral que resulta de 
la obra, es que el hombre ha detener el idealismo noble de Don Qui- 
jote, unido á la prudencia juiciosa de Sancho, pero sin la candidez 
irreflexiva del primero ni el egoísmo grosero del segundo. 

Dulcinea es la personificación del ideal desconocido v por desco- 
nocido deseado, ideal imposible y oscuro detrás del cual camina 
desatentado el irreflexivo idealista. El cura y el barbero representan 
el buen sentido más bien que Sancho. Sansón Carrasco cíí el critico 
que se burla del loco idealista, á quien, por otra pane, estima de ve- 
ras y quiere corregir en su locura. 

El plan general del Qiijote están sencillo como original. Su ori- 
ginalidad estriba, no sólo en la peregrina concepción del poeta, que 
es de todo punto nueva, sino en la manera de realizarla mediante 
los dos personajes indicados, que son el alma de toda la novela, y 
en i<>s pormenores y episodios de esta, á cual más nuevo y sorpren- 
dente, más chistoso y deleitable y más singular v raro. 

.Mas, á pesar de la sencillez indicada, no hay en lo acción del Qui- 
fOTK la debida unidad. Mas esia falta, inevitable dado el asunto, no 
esculpa del poeta, nidaña en nada al interés del libro. 

Este es siempre vivo y sostenido. F*or otra pane, Cervantes supo 
manejar con gallarda c inimitable macslriacl resorte dc la risa, con 
lu cual reviste de un atractivo grandísimo las situaciones en queco- 



lio 



Cerirantes )U2(tAdo por Im espaiVoIcs 



loca á sus personajes. En fin, bajo el punto de vista del lenguaje f 
del estilo, la novela de Cervantes es una obra magistral, que está po'r 
cima de íoJa ponderación, por lo que debe estudiarse conslari* 
nficntc por cuantos aspiren á manejar con alguna períeccion el idi( 
ma castellano. 

En cuanto á los defectos de que adolece el Quijote (defectos n^ 
muy graves), la critica ha sido demasiado minuciosa y descnnsidí 
rada en buscarlos 

Cervantes d'\,6 & la novela una nueva forma y dirección, y en li 
ejemplares desplegó con gran éxito las galas de su inficnio privílí 
giadü, particularmente la inventiva, la gracia y la galíardia del es 
tilo y del lenguaje. Apellidó ejemplares á las novelas que nos ocu- 
pan! para dtstinguírlasdclaspocoedifícaniesqueá la sa/on estaban 
en boga. En general las Novelas EJKiMPi.ARKSsune.'cccientesy tienen 
un gran sello de originalidad, ocupando entre los trabajos de Cer^l 
vantesel segundo lugar, en orden al mérito literario. ^1 

La posteridad ha reconocido en el PEttsiLES bellezas de primer 
orden, como la corrección del lenguaje, que e.s superior ala del Qui- 
jote, y la inventiva y fuerza creadora, que tan vigorosamente se re- 
velan en todo el libro, cuyo estilo es más acabado y esmerado que 
el de ningiin otro Je los escritos de Cervantes. Pero el lujo de aven- 
turas, episodios y anécdotas que entorpecen la acción principal, re- 
cargándola con detrimento de la unidad, la falta de verdad y otrt 
defectos de este jaez, amenguan mucho el mérito del Pkrsiles. » 

{Historia de la IMeratura iapai\ola.'VitíAr\á. 187...? La segunda edición n 
■877.1 

Fernando del Alisal : 1872. 

«Fji el Quijote en nuestro entender el librn más humano que 
ha escrito, y por lo mismo el más universal. Verdadero roniántií 
como ahora se dice, Cervantes no ha respetado mas que la unidac 
de interés, y así escribió una novela llena de viva fantasía, de ática 
sal, de gracia chispeante, rica en acción ven bellos episodios, llena 
de vida, de variedad y ejecutada con una espontaneidad y una valen- 
tía que asombran. Mostró en ella el autor que era poeta y íilósofo.que 
conocia lus hechos, las costumbres y el corazón humano, que estaba 
rico de e^periencia y que sus lecciones habían sido aprovechadas. 
Creó un todo perfect(j,quesi bienparcccalprontoque tiene por prin- 
cipal y único objeto burlarse de los libros de caballerías, como ha: 
bido pintar verdaderos caracteres, como la base de su fábula es el ce 
razón humano, como éste essiempieel mismo, nace de aquiqucl< 
caracteres son individuales, que los personage-S viven, se mueven y 
obran, y que el intereses universal, y que la acción descansa en algo 
qiie no es accidental y perecedero sino sustancial, y por lo mismc^_ 
constante, inmutable en la esencia.» |H 

(Discurso en el Doleíin-Reyista dtl Atcnc9<fc Valencia, núm. 46, «IcdicadoéCer* 
va mes. -Valencia, 187». 4." de to pliegos.) 



Cerrantes iu2^do por lo:> españolea 



III 



i'ranciscu M. Tubino : 187a. 

«Proclamamos las excelencias de la ubra pasmosa de Ccrvanies, 
encontrando su razón y fundamento no sólo en su crecido valor 
como creación artisiica,en el ingenio con que fué imaginada, en la 
gracia inimitable que la vigoriica. mas también un el prul'undo sen- 
tido humano que entraña, sentido perceptible y mucho menos que 
esoiérico.'como que .se revela en la perpetua y visible oposición de 
los principios superiores que en ella pugnan. De un lado Don Qui- 
jote; la eterna ansiedad del anime enamorado de lo bello y lo gran- 
dioso hacía la perfccciun suma que figura la conciencia, el corazón 
sensible que no asiste indiferente á los dolores y alegrías que entris- 
tecen óalborozan á los mortales ; en una palabra, iodo lo gran- 
dioso, noble y sublime, todo lo que enaltece, realza y purilica, lodo 
lo que enriquece naestra naturaleza con calidades singulares de que 
nu fué dado participar al común de las gentes. Del otro, S(t7tcho\c\ 
individualismo, comosuelen entenderlo las muchedumbres cultas 
ó iliterarias, la clave de la vida positiva, hist(^ríca, con su mediocri- 
dad y su egoísmo práctico, con una dosis indefinible de razón y de 
ignorancia Y fuera torpeza calcular que en el libro cilabael hom- 
bre partido en dos mitades ; forman hidalgo y escudero, al postre, 
un conjunto, una síntesis racional, un tipo único que crece y se di- 
lata, tomando de cada pcrsonagc aquello que necesitaba para mejor 
conlormarsc. El antagonismo de caracteres es mas aparente y exter- 
no que de esenci.i; entre Don Quijote y Sancho median la/os que 
los relacionan bajo una superior unidad; uno y otro se completan, 
si no en la novela, en la fantasía del lector inteligente, surgiendo 
de aquellos dos términos, al parecer opuestos, de aqucllasdos fuer- 
zas que alguien creerla rebeldes y próximas á destruirse en terrible 
embestida, un mutuo concierto, una compenetración intima, una 
acordada armonía que constituye en la vida humana lo mas ideal y 
lo mas perfecto. 

Nada hay en todo esto que arguya propósitos secretos, sibilíticas 
loctrinasó miras incomprensibles. Siendo el Quijote sf)bre todo 
in libro de entretenimiento donde el gracejo, la moral mas pura, la 
erudición, el buen gu^lo y el aticismo se asociaron para enrique- 
cerlo, encerrando además los cánones de la critica moderna en cuan- 
to mira á las producciones de la musa amena; refleja también la 
imagen de la sociedad hispana, vista en los momentos cu que el libro^ 
se escribía, reuniendo así un valor descriptivo é histórico que entra' 
por mucho en el crédito que hubo de grangcarsc ante nacionalesy 
extranjeros. 

Quísose componer una sátira y se escribió un poema, mas un poe- 
ma romántico, donde sin intención deliberada se niegan las tradi- 
ciones mas pujantes del clasicismo, lo mismo en lo propio Je la 
Forma, que en lo peculiar al espíritu, Lejos de dominar en él la idea 
Intigua asiática, autocrátíca y absoluta, impera el principio mo- 
mo, occidental y cristiano! No informa las páginas de la fábula 



113 



Ccrvintes )uigado por los es|»Aol«s 



el concepto teológica ó socialista, no se cantan en ella las tempes- 
tades del caos, ni las hazañas de I» reale?^; falla en el libro la ab- 
sorbente tiranía del K:<tada: masen él descuella el hambre, y tras 
su silueta, la humanidad. 

Como artista, pertenece Cervantes á su si^lo: como pensador, á 
la posteridad. Posee Cervantes toda ta Hiüsofiamoraldcsu época, y 
además, el germen de lo que esa ñlosofla habrá de ser en lo futuro. 

Conocedor discreto del corazón humano, sabe herir sus más de- 
licadas tibras y arrancarle ecosprofundos sí sorprende sus secretos; 
cducadii en la ruda escuela del sufrimientn, testifica una experien- 
cia úue encanta por la niclancúiica suavidad con que se impone. 

Ni encontramos motivo bastante para contradecir el sentido ge- 
nuino y lileral, ni argumento que nos obligue á declararnos parti- 
darios del contrario parecer. Seguimos, pues, entendiendo que la 
doctrina esotérica es nonada, criterio sin disciplina y originalidad 
extravagante. Lo mismo el que exhibeá Cervantes cncubierio perse- 
guidor del de Osuna, que eí que halla en sus escritos acerados ata- 
ques al Tribunal de la Fé, ó le fantasea republicano, cometen gra- 
ves faltas, sacando á plaza tan arbitrarias hipótesis que no acre- 
ditan ni los antecedentes de Cervantes, ni palabra alguna en sus 
escritos. 

Perienece el Qmjute no en propiedad esclusiva ¿ la literatura de 
un pueblo, sino á la de todas las naciones cultas modernas que se 
lo asimilaron, estableciendo los cíiiiienios de una reputación gigan- 
te, sobre la que pasarán en valde los siglos y las mudanzas de la vol- 
taria fúriuna.» 

(Ctryantfsy el pifóte, Madrid, 187».) 

A(ntonlo) 0{pÍso) : 1873-74-80. 

kEI sentido práctico ó sentido común constituye la principal de 
las cualidades de Cervantes. ¿Qué es su obra maestra más que la 
pugna constante de un héroe, generoso cuanto pobre deespcrlencia 
y falto de razón por mas que provisto de razones, contra la realidad 
continua 6 inflexible, en la que al fin es vencida por un vulgar ba- 
chilleróte? Admirase al ilustre caballero de los Leones como á una 
gran figura dignísima de respeto en medio de sus delirios, pero el 
lector vé siempre siguiéndole como alma en pena del sentido co- 
mún á Sancho Panza y dale continuamente razón en las sabrosas 
pláticas que con su señor tiene en bosques y poblados. 

Partiendo, pues, de que el verdadero genio de Cervantes es su 
buen sentido, superior en sus result.idos al de cualquier niro hom* 
brc por ¡r acompañado de aquella prodigiosa y admirable facultad 
de espresion, se ve que en todas sus obras se halla infiltrado y que 
es el que constantemente queda triunfante, ó bien el que con mas 
elocuencia resalta. 

¡Cuantos Hlósofos llegarán á valer nunca lo que cualquiera de 
aquellos perros de CKlahudes'. Hor curto que sea este, no bastante. 



apreciado diálogo, coniíene sin embargo tal cApia de peneu"antes 
observaciones, profundos pensamientos y atinadas reflexiones, que 
no podemos resistir al deseo de lijarnos en algunas (copia aqui el 
autor trozos del Coloquio oe los Pericos) mjtc paleníi^arán la afi- 
ción qxti tenia Cervantes á la psicología y la exactitud de sus cono- 
cimientos en ella. 

Considerando el conjunto de sus obras, vésc que Cervantes tenia 
completo conocimicnlodu todas las flaqucj-^s humanas. Son susno- 
vcla^ una galería de retratos, formando cuadros llenos de movi- 

|miento y presentando mas acertada su expresión con el contraste. 
Casi no' hay ninguno de sus personajes que no haya sido copiado 
del natural, y aunque Don Quijote haya sido un mito, es siempre 
la inmortal representación eternamente aplicable de las realizacio- 
nes imposibles, es el espejo de todos los políticos, filósofos, mora- 
listas, guerreros, enamorados y artistas.-., que no saben lo que se 

.pescan á pesar de sus buenas intenciones.» 

( Divagaciones íoérc el sentido práctico en las oirás de Cervantes; articulo del ío- 
\letn El. -Xteneo Tarraconense déla clase obrera al conmemorar et aniversario de ía 
muer le de Cervantes, iSyj.) 



iDoN Qi-iJOTE pudo ser meramente una sátira contra los libros 
de caballerías en la época en que salieron ¿ luz las primeras edicio- 
nes. Y sin embargo las ediciones sucesivas no han cambiado, y Do» 
QüíjoTE ha ido ensanchando la órbita de su simbolismo, y ha ido 
profundir^ndo mas y mas en el corazón de la humanidad. 

¡Don QüijüTb-, Patua^ruel. La ''Divina Comedia, Faust, Hamtel, 
OteIo\ Va mismo ser aparece transfigurado en estas diversas crea- 
ciones, las mas culminantes que se destacan en la historia de las na- 
rciones; Hamiet es Don Quijote en acción; Pantagruel lo es; loesel 
Tsombrio visitador de los infiernos; lo es Fausi. De todos estos tipos 
Don Quiiote es el que mas ha penetrado en el conocimiento de las 
muchedumbres. Ilamlct pivnsa, piensa mucho, piensa demasiado; 
ilcti¿nesc en el dintel de la locura; pero Don Quijote piensa, y la 
eiecucion te vuelve toco. Como Mamlet, quiere vengar á los ofendi- 
dos, pero pone de su parte todos los medios, y en lugar dequedar en 
las alturas de la metafísica, cae entre las varas de los arrieros ó en el 
julacio de los duques. Como Faust, Don Quijote va en pos de un 
idea!; en el fondo es el mismo deseo del infinito el que les acosa; 
pero Faust lleva en si el fatal destello del escepticismo que Don Qui- 
tóte no conoce; pero en el fondo, ^quien mas loco que Faust? 

.l'or eso creemos que Cervantes es universal, porque todas lases- 
de la existencia pudo recorrer, porque á una instrucción asom- 
sa reunía el valor que demostró en las apartadas aguas del ar- 
chipiélogo griego y en las costas berberiscas, doble cualidad que le 
liizo conocer los hombres de acción y los hombres de reflexión, de 
cuya síntesis brotó en su mente Don Quijote ; y por eso creemos q ue 



Ton»] II 



i6 



114 



CcrvinlCi juzgado por los cfipajtoies 



Cervantes es inmortal, porque su creación es uno de los eslabones 
de esa historia grandiosa de la conciencia que empieza en la Biblia 
y no ha acabado lodavia, historia escríia por los genios predesiina- 
dos por Dios.» 

(ÜnirenatUlaH i inmortalidad del genio de Ccrvaniex. Ateneo Tarraconense de la 
cttiu obrera, conmemoración de la muerte de Cerycníes. tSj^.) 

Comenuindo y desarrollando los conceptos, ya cTniíidos por Sismondi y Vi»r- 
doi, de quecl primer miento deCcrvnnieMl crear el Quiíotk ruínAtírixar los libros 
de cabal lerEas, ma» que Iuci^d agranda el cuadro y concibió et pensamiento d« 
pre$CQUr la lucha cutre lo ideal y lo reaJ, artadc : 

«el manco de Lepante no podía escarnecer en absoluto el ideal 
caballeresco; su vida toda lo proclama. 

Don Quijote sólo aparece loco cuando milita en las fílas de la de- 
magogia idealista, cuando olvida que es una ley fatal de nuestra 
existencia la transacción entre lo ideal y lo real, cuando menospre- 
cia el momento histórico en que vive, y no quiere conceder cuartel 
á la realidad. Mas, como la idealidad absoluta es tan hermosa que 
sólo tiene un delecto, que es el de no ser humana, el héroe no puede 
dejar de aparecer simpático ni aun en sus choques más rudos con 
lo real. Los libros de caballerías eran el código del idealismo abso- 
luto. Por esto persistió Cervantes en la forma de la sátira que era el 
género más adecuado para la lección filosófica que habla concebido.» 

{Una reacción exagerada; di&crución premiada en el Certamen verificado en 
Manila el 32 de Noviembre de 1679. Se Ín&ci'ló di:»pu¿s en el P,irlhsnon, revivía de 
Barcelona, dia i.° de Abril de 1880.) 



A, M. : 1874. 

«Don Qüuote es la critica del idealismo; Sancho la del positivis- 
mo. Asi lo comprendió el pueblo, por lo cual ha llamado siempre 
Quijote á todos los idealistas, y Sanchoá todos los posivistas, egoís- 
tas, calculadores, como el Panza de la fábula cervantesca. Pero á 
pesar de ser Don Quijote un idealista exacerado, maniicne siempre 
viva la hilaridad del lector, ya por la exccrencia moral de su carác- 
ter, ya porque siempre se dirige á consegir un fin inspirado por mó- 
viles puros y levantados; mientrasque Sancho, á pesar deque nunca 
sus sórdidas y aviesas inclinaciones le dejan levantar su espíritu á 
las regiones del idealismo, se hace también digno de estimación, 
cuando demuestra que se alberga también en él el cariño vagrade- 
cimiento hácin su amo, en los momentos en que trata de distraerle 
en sus tremendas cuitas. No sin razón hacemos nuestra delicia de la 
lectura de las obras del inmortal Cervantes, honor y gloría del en- 
tendimiento humano, lustre de su patria y de su siglo y admiración 
de todas las naciones que cultivan las letras. w 

{tdealismoy Realismo : Don Quijoíey Sancha. ArKculo en «1 folíelo Ateneo Ta- 
rraconenne de fa cIoíc obrera. Anirtrsario de Cerranlcs; 1874,.) 



JiBé M. Piernas y Hurtado : 1874. 

«Los efectos tie la intrincada y fantástica literatura caballeresca, 
que se divorcia por completo de la vida, esián perfectamente calcu- 
lados en el héroe de la fábula. La lectura de tales Vihros seca ei cele- 
bro del buen hidalgo Alonso Quijano, y una vez trasladadu en su 
imaginación al mundo de los encantamientos, los prodigios, bata- 
llas y amorios, pretendió que todo se acomodara á su mania. 

Cervantes creyó que no bastaba oponcrá tamaño desvario la rea- 
lidad de las cosas, ¿ introdujo un nuevo tipo para que la personiñ- 
case exagerándola. La rusticidad de Sancho contrasta siempre con 
la locura de Don Quijote y es luego corregida por los intervalos lú- 
cidos y la discreción del amo, cuando se trata de cosas que no tie- 
nen relación con la andante caballería. AI combatir aquel absurdo 
romanticismo invocando los fueros de la realidad, Cervantes favo- 
reció á iodos los fines de la vida, y cnircellos al económico, que no 
era en aquel tiempo el menos necesitado de defensa. 

Bajo este aspecto, al lado de Don Quijote, que profesa la religión 
del sacríHcio, en quien todo es espiritual y desinteresado, aparece 
Sancho Pan¿a, que únicamente se mueve por el interés. Esta diver- 
sidad y iiposicion de caracteres se funda y justiñca, por otra parte, 
en las condiciones económicas de cada uno de aquellos personajes. 
Don Quijote es el labrador de posición, aunque modesta, desaboca- 
da, soltero que administra sus rentas y vive de ellas, y en el cual la 
ociosidad tuvo no poca culpa de su demencia: mientras que el po- 
bre Sancho es el bracero que cuenta por maravedises su jornaf, el 
padre de familia cuya única propiedad consiste en la del Rucio, y 
en quien los hábitos de la estreche/, ocasionan el ansia del mejora- 
miento. Don Quijote habla siempre con despego délos bienes de for- 
tuna. Sancho Panza, al contrario, aguarda y procura con afán una 
remuneración de sus servicios; la promesa de un gobierno le sacó 
de su casa, y es curioso observar como Cervantes entretiene y ceba 
la codicia dé Sancho, poniéndola de continuo nuevas metas. 

Magüe*- que tonto era un poco codicioso el mancebo^ d'\ce el mismo 
Cervantes rtfiriéndose a Sancho; y lucf^o. para que más resalle el 
antagonismo, pone en boca de cada una de sus dos creaciones máxi- 
mas como éstas : parzDonQui'iote^ más vale el buennoví tregüelas 
mucJtas riquezas ; para Sancho, W mejor cimiento y J(anja det mun- 
do es el dinero. Cervantes cuida, sin embargo, de no hacer repul- 
sivo el carácter deSancho. salpicando su conducta de rasgosqueacre- 
diun su honradez y buen ven tido moral. Ene! gobierno fué Íntegro, 
vtan á las veras tomó el cumplir con su cargo, que niasonuroeió 
la punta á la codicia. Pero siempre resultará que Cervantes apoyó 
uno de los ejes de su maravillosa invención sobre el principio del 
interés económico. Para pintar el idealismo, acudió á la demencia^ 
ycreó un loco con ribetes de discreto: y para simbolizar la reali- 
dad, acudió á lo económico, v creó un interesado con vueltas de 
hombre de bien. Aquel ventero que scaprcsuróáarmarcaballerui 



ii6 



Cervantes juzgado por los españoles 



Don Quijote, le detiene en su camino, sin más que una ligera con- 
sideración del orden económico, cuando ic hace ver que anda mal 
sin dineros y camisas ¡impias. En la inspirada descripción de la cue- 
va de Montesinos, este personaje contesta tilosóHcamcntc : Créame 
vuesa merced, señor Don Quijote de la kancha, ^uc esta que lla- 
man necesidad adondequiera se usa r por lodo se estiende y á lodos 
alcani{a,y aun hasta á los encantados no perdona. En las fiestas de 
de las bodas de Camacho, el Amor yct Inicr¿s se manifieMan riva- 
les, y Cervantes dcfmc á éste con grande exactitud. Otra prueba de 
que Cervantes tuvo siempre muyen cuenta las relaciones económi- 
cas, y fué consecuente con sus principios, la tenemos en la manera 
como trata de la riqueza. Don Quijote, aunque renuncia á ella y la 
desprecia, encuentra natural v lef;¡timo que los demás la procuren. 
y expone juiciosas ideas sobre este punto. Y el mismo autor, cuan- 
do habla por su cuenta, concede á la riqueza sus naturales venta- 
jas. En la consideración de la propiedad se armonizan también los 
dichos y hechos de los dos principales y opuestos caracteres de la 
obra, lo mismo que las reflexiones del autor. Cervantes acusa á su 
época de ser muy interesada y dcíiende al mismo tiempo la separa- 
ción de las clases sociales. El abuso con que se generalizaba el uso 
del Don lo critica en cuatro lugares. Estas censuras, que parecen 
revelar cierta preocupación aristocrática, tienen sin embargo un in- 
teresante aspecto económico, porque siendo entonces el Don el dis- 
tintivo de los señores y caballeros, que desdeñaban el trabajo, íos 
plebeyos que usando e! Don se daban aires de nobles, se cerraban 
voluntariamente el camino de los cilicios y profesiones, y se entre- 
gaban á la holganza y las malas artes. En cuanto á los empleos que 
ufreciaó la actividad aquel estado social, Cervantes los enumera por 
boca del leonés que aconsejaba á sus hijos conforme el refrán: Igle- 
sia. ó mar. t'jCasa lieal. Mucha analogía guardan con esta indicación 
las conclusiones á que llega Don Quijote en su discurso sobre la pre- 
ferencia entre la.s Letras y las Armas. Hay indicaciones, aunque li- 
geras, acerca de la misión económica délos Gobiernos en todo el de- 
curso del de Sancho Panza en la ínsula Barataría. El pasaje en que 
Cervantes habla del oficio del alcahuete, creemos no debe tomarse 
en el sentido serio, pero se deduce de sus palabras que no encon- 
traba nada que decir contra el régimen econnniico de su tiempo res- 
pecto de la agremiación, y antes bien se declara partidario y afecto 
de ella. En materia de impuestos, cita algunos, quejándose de su du- 
reza y arbitrariedad. Curiosas son las noticias que nos da Cervan- 
tes del precio de algunos artículos. El modesto trato de! hidalgo 
manchcgo nos advierte que no eran muy pingües los rendimientos 
de la agricultura. En cuanto alas condiciones productivas de nues- 
tro suelo, Cervantes se manifiesta muy bien enterado de ellas, como 
ya lo observó Don Fermín Caballero. 

La ¿poca de Cervantes es ya de decadencia industrial, y así ofre- 
cen mayor interés sus noticias acerca el comercio é industria de va- 
rías poblaciones y comarcas de Espaí^a. Italia y Argel. 



Ccrvanies juiftado poc los españoles 



"7 



Muydiflcileshunrarla memoria dv quien es ya tan hunradú como 
Cervantes; mas si algo añade, aunque sea muy poco, á la gloría de 
su nombre, la consideración de las ideax econámicas que enuncia 
enelQi uoTEc.yde las iiolicias de ese género que en él se encierran, 
nucstrosdeseos quedarán saiisfechos.» 

.{ideas y notidas económidí): del (,>HÍiole. -Madrid, 1874.) 



J^(oca) yF{arreras) : 1X74. 

«En el antepenúltimo capitulo del Quijote, en )a. novela Las dos 
DoKccLLAS y en el capitulo 12 del libro III del Persiles, Cervantes 

L>gia notablemente á Barcelona y á los catalanes. 

Al ver los elogio-s que de nosotros y de nuestra ciudad hace aquel 
gran pensador y gran escritor, hay motivo para que nos conmova- 
mos los barceloneses y iodos los catalanes en general. De otras re- 
giones yciudadcs hace Cervantes elogios grandes como de las nues- 
tras; mayores, no: de pocas, tan grandes. 

En Las dos Doncellas es en Barcelona donde se desenlaza el ar- 
gumento de la novela; en el Qlijotk es en Barcelona donde comien- 
za el desenlace; de manera que en ambas obras es nuestra ciudad 
teatro de escenas de las más largas é interesantes del drama, que- 
dando Barcelona hondamente grabada en el pensamiento del lector. 

Son muchos y muy principales los personajes de las escenas que 

figunS haber pasado en nuestra ciudad ; personajes ideales que 

manejados por la pluma del inmortal manco de Lepan to parecen ha- 
ber existido de veras: tan naturalmente se mueven y con tanta per- 
fección los describe, adorna la escena y les hace hablar el incompa- 
rable ingenio de Cervantes. 

Scanos grata é imperecedera la memoria de Cervantes á los hijos 
le Cataluña, tanto como pueda sérnoslo la memoria de los catala- 
nes mas ilustres por su saber y por sus virtudes; mirémosle como 
si en aquella época nuestros Diputados y nuestros Concelleres le hu- 
biesen dado el titulo de hijo adoptivo de nuestra ciudad y de la na- 
ción catalana Cervantes, espíritu recto, quede la corte sólo saca- 
ra desprecios y miseria, que la habia visto de cerca y hasta desde 
dentro, que habia visto del mismo modo las provincias y ciudades 
sujetas á esa corte, que en los empleos que habia desempeñado para 
ganarse un mendrugo habia tenido ocasión de ver las miserias, la 
I servidumbre y la decadencia que pesaban con el yugo de la corte 
sobre sus subditos y sobre ella misma. Cervantes, decimos, debía 
ver y estimar, en favor nuestro, las diferencias entre Cataluña y la 

Hjpaña castellana. 
Si tanta estima hacemos de tos elogios de Cervantes á nuestra na- 
ion yciudad.es porque este gran escritor noera solamente un gran 
teruto. sino también un gran pensador: es que en sus escritos no 
Hinsólü son notabilísimos el estilo, la forma, la palabra, sino que lo 
imbicn el fondo, la idea, el pensamiento. 



118 



C«rvanles jutgsda pof los «spaAol«s 



Sin considerar acervantes como hombre político, ni como deci- 
dido por la conservación de tas Tranquicias catalanas contra los an- 
helos centralistas y unitarios de la corte, podemos creer ydecir sin 
exageración que, habiendo residido en Barcelona, nopodia pasarle 
desapercibida la lucha, pacilñca 6 de memoriales y representaciones 
aún, de Cataluña con el espíritu centralista castellano, ni podía serle 
indiferente esta lucha, ni', aun cuando castellano madrileño, podía 
ser contrario á la causa catalana. Dannos la convicción de esto el 
talento, Ea viveza, el carácter indepejidJenie y los sentimientos fran- 
cos que resplandecen en todas las obras de su gran inpenío. No: el 
autor de La Numancia no pcqueílas simpatías había de sentir hacía 
nuestra causa en la lucha catalana contrae! tiránico afán de Ja cor- 
te, ni al autor de taniasobras vivísimas podía pasarle desapercibida 
esta lucha, residiendo alguna temporada en Cataluña.» 
{La Independencia. diAfio de Barcelona, ig Oaubrc de 1874.) 

J. F. F. : 1874-75. 

«Dos líncs se propuso Cervantes en su Quijote : el deorganizar la 
cabeza y educar el corazón de aquella sociedad enferma por los ex- 
travíos de su loca fantasía y el de lijar en un sin par modelo el ver- 
dadero carácter de la novela de costumbres. Por esto la fama de este 
príncipe de las letras se ha hecho universal é inmortal. Un bien mo- 
ral en las ideas, costumbres y scniimienlos de los pueblos, y una 
mayor fijeza de principios en un f;énerodado de literatura, necesa- 
riamente habían de interesar no sólo á España, siquetambiená Eu- 
ropa entera. 

Cervantes convirtió aquellos partos monstruosos, que prohijaba 
la literatura de la 6puca, en un hcl retrato de la naturaleza, en un 
brillante cuadro de costumbres y caracteres no soñados y en abun- 
dante venero de principios práctico.'i híjos de aquella filosofía que 
nace de la observación y experiencia. 

Cervantes no quiso permitir que la hipérbole degenerara un ridi- 
cula exageración, ni ésta en el falso idealismo que tanto inficionó U 
sociedad de los tiempos medios.» 

«Es tan errónea la opinión del Sr. Tubino que sostiene que el 
Quijote es un libro de puro recreo, como lo sería sentar que es obra 
puramente filosófica; porque en la novela de Cervantes, como en 
toda obra poético-narrativa, hemos de poder admirar el feliz con- 
sorcio de lo bello y lo útil, de lo formal y esencial, de lo recreativo 
y !o instructivo, sin que por nínpun concepto pueda a.segurarse y 
señalarse el predominio de ninguno de ambos elementos. 

Por otra parte, si bella é inimitable es la forma, si ingenioso y 
originalisimo es el plan, grande es el alcance de esa ñlosoOadel buen 
sentido que se trasparenta en cada capitulo y en ambas partes de la 
obra y que ha sido considerada como el alma de ese portento lite- 
ra rio. 



Cervantn juzgado por ios españolt» 



H9 



G>ncrecando, pues, oponemos nuestras conclusiones á las del se- 
ñor Tübino; 

I .' El QuiJOTK es una crítica directa de la vida real de la sociedad 
española, en aquellos tiempos más caballeresca y poética que la de 
otros países. 

a.' Al escribir Cenantes una novela caballeresca satírica yscmi- 
seria, se propuso valerse de igual medio al de que la caballería se 
habla valido para propagar y exagerar su ideal extraviado. 

3.' El QuijüTC no sólo tiende á acabar con el pernicioso ideal de 
la caballería, si que también previene al propio tiempo el extremo 
contrario la realidad opuesta. 

I 4.* El Quijote, como ha de ser toda novela, es agradablemente 
instructivo. 

Bajo estos extremos y en tales conceptos, se ha dicho que el Qui- 
joTt: es el a;;radable ilustrador del género humano. 

El Sr. Tubino, todo lo que concede á la obra de Cervantes es que 
puedehaberen ella la pre/eK(ií¿/acriticadc loidcal y de lo real; mas 
nosotros, ante la manifiesta alegoría del tipo de Don Quijote y del 
de Sancho Pan/a. replicamos que posilivameniv existe esta crítica 
en el protagonista y aniagonístn de la inimitable Novela. ^A quién 
se le oculta que el urnt es el idealismo extremado y el otro la exage- 
ración del positivismo? Y además. ,-quicn desconoce que Cervantes 
no sólo se propuso corregir la caballeresca monomanía, si que tam- 
bién el extremo á ella opuesto? No hayquedudarlo. si concebimos 
la unión armónica de las dos mitades buenas de cada uno de am- 
bos tipos, esto es, si de las mejores cualidades de uno y otro perso- 
naje imaginamos un tipo, veremos que tal fuera el hombre cabal, el 
hombre tal cual se desea y debiera ser, con el noble idealismo del 
uno V la prudencia juiciosa del otro; sin la reflexiva credulidad de 
Don Quijote ni el reíinadtt egoísmo ó sroscro positivismo de San- 
cho. Grande es el alcance deesa filosofía del buen sentido que se tras- 
párenla en cada capitulo y en ambas partes de la obra y que ha sido 
considerada como el alma de ese portento literario.» 

{La S'oycla y eÍQvii(yn. El Ouuote y/üs caitcltisioncs del Sr. Tubino. Artículo* 
m los folíelos de (874 y 1875. del Aieneo Tarraconense de la cíate obrera al eon- 
mtmararel itniitrsario de Cervanles.) 

Romualdo Alvarez Espino : 1874-76. 

«¿Quién había de decir que tras cinco años de un penoso caute- 
tiverio, la poética imaginación de Cervantes habla de encontrar un 
raudal de ideas tiernas, y su corazón el suave aroma de lánguidos 
suspiros, con los que formó su Calatea, sorprendente conjunto de 
invenciones, aglomeradas como las varias flores en un vistoso rami- 
llete sin orden ni concierto; pero tan bellas y perfumadas, que bas- 
Ijrun para entretener al mundo literario y dará su autor desde luego 
un puesto distinguido entre los ingenios españoles? 

La verdad de su vida y su carácter traslúcese siempre en sus 



130 



Ccrvanics jiugsdo por lo sesps&oles 



übras,asl como las costumbres de su siglo y de su sociedad, bajo el 
admirable y diestro ropaje de su rica y vanada poesía. 

Cuando, al ñnal dula tragedia Numancia, la trompeta de la Fama 
publica la gloria de la ciudad v la vergüenza de Roma, el renombre 
de Cervantes se difunde por ías edades futuras, y llega á nosotros 
mezclado con el honor de un pueblo que muere pur rechazar la ti- 
ranía. 

El amor honesto, el amor desenfrenado y el amor religioso, cons- 
tituyen el fundo de todas suü creaciones dramáticas; y la imagen, el 
milagro y las peripecias más bizarras v sorprendentes adornan su 
forma, no síemprt; adecuada ni natural, pero si galana, nueva, es- 
pléndida y diestramente preparada. 

Crítica colosal es el Quijote: rasgos críticos y picantes caricaturas 
ó graciosos bocetos son sus novelas jocosas Después del Qui- 
jote, nada revela tanto á Cervantes como sus Entremeses; es más, 
no es posible comprender por entero á iiuestroautor, sin estudiarlo 
en su teatro, y sobre todo en su teatro cómico. Y es extraño que, 
siendo su vida un drama, suartcfucra una coniedia. 

Es lo cierto que Cervantes nos admira en lo pequeño como en lo 
f^rande; <'),pür mejor decir, que le hallamos gra nde en cuanto creyi^ 
hacer de pequeño ; que le encontramos profundo en cuanto parecía 
ser supurlicial ; v que hallamos toda la ciencia de su siglo bullendo 
como embozada' y medrosa unas veces, pero patente y hasta atrevi- 
da otras, bajo el ropaje de un arte sembrado de galas Es pre- 
ciso pasar de la obra al autor, lo que no siempre es fácil, tanto arro- 
ba y extasía su lectura, para adivinar que puede haber una gota de 
amargo acibaren aquel cáliz, de dulcísima miel.» 

«La filosofía oscilaba, y Descartes la consolidó, ofreciéndole un 
firme punto de apoyo que aprovecha a! sabio é inmortaliza al in- 
ventor. E\ artt deliraba, y Cervantes lo curó, presentándole una do- 
sis de sensatez y de belleza, que absorbió al artista y colmó de gto~ 
ría al doctor. 

La pluma con que Desearles mata el soHsma y aniquila el escep- 
ticismo, le sirve á Cervantes para destruir el fanatismo y pulverizar 
el disparate. Descartes ofrece al íilásofo, claro y limpio, el cristal 
de su conciencia; Cer\'antes ofrece al hombre, transparente y sose- 
gado, el cristal de su espíritu 

El QuiJOTB es la representación fiel de aquella nobleza, mística 
en el alma y bélica en el cuerpo, que lleva e.scapuIario y espada, 
que reza y hiere, que vistesedasyacero.quedíscuieyamenaza.que 
galantea y se disciplina, que perora con vanidoso énfasis y castiga 
con ciega'crueldad. 

Frente á frente de esa peregrina caricatura de la nobleza, aparece, 
como intencionado contraste, la figura de Sancho, símbolo opor- 
tuno y graciosisimo del espíritu popular. Forma de aparente gro- 
sería y simulado descuido, que resalta junto á la atildada y minu- 
ciosa de su señor; elemento contrario que viene á armornÍ2arse, de 



un modo sorprendente y perfecto, dentro de la ¡dea artística, como 
U! combinaban, dcnií'u de la vida social, lo místico con lo sensual, lo 
caballeresco y elevado con !o vulgar y tosco, la poesía con la prosa, 
lo ideal con ló real. 

La universalidad del Quijote í>c concibe sólo con observar que 
contiene en su seno todos los elementos tanto literarios como socía- 
lesdelaépoca del Renacimiento. Su popularidad depende precisa- 
mente de su sentido práctico: y en efecto, agítanse, bajo la bella for- 
ma de la sátira, los tres sentimientos que se dividían la vida entera 
de aquellos hombres : 'Dios, el honor y ta dama; religión, valor y 
paianteria, se presentan en todos sus tipos, y muy especialmente en 
fes del famoso héroe, y el no menos inmortal escudero: sólo que en 
aquél revisten un ropaje de nobleza v caballerosidad, pravedad y de- 
licadeza, mientras que en éste se muestran con el carácter de lo ple- 
beyo y de lo egoísta. 

Sin embargo, no creemos que el problema, lal como lo plantcóCer- 
vantes, tuviese en el Quijote una solución acabada. Atento sin duda 
más á la inspiración de su ingenio que á la dirección intencional de 
su pensamiento tilosóñco. deja, á nuestro modo de ver, más perfec- 
ta la obra artística que el propósito social. Hay cierta independen- 
cia entre los caracteres de los protagonistas, que impide la armo- 
nía y aun produce la repulsión; porque lo uno sin lo vario es una 
mera abstracción, y lo vario sin lo uno es un absurdo; así es. que el 
problema de tal modo planteado había de quedar sin solución. Por 
eso Cervantes no intenta dársela, ni siente quu* al parecer debieran 
morir juntos; por eso Don Quijote espira renegando de Amadís y 
de toda la corte de caballeros andantes, y Sancko, curado de sober- 
bias ambiciones, concluye llorando sus desengaños entre sus cabras. 
Mas no porque Cervantes no se nos aparezca con toda la profundi- 
dad de Descartes, deja de ser un genio; tampoco Descartes fué una 
eminencia artística, y sin embargo fué un filósofo pensador. Más 
hizo Cervantes en el camino de Descartes, que Descartes en el ca- 
mino de Cervantes, 

Por eso la humanidad leerá y estudiará siempre el Quijote, yama- 
rá V honrará siempre al autor.» 

(Articulo escrito en Cádiz é inserto en los números de 30 de Abril y 8 de .Mayo 
<k 1876 de U revista CesvAvrcs de M8drid.\ 



Leopoldo Alaba y rcrnández : 1875. 

<Es cierto que en la Calatea el genio del idealismo y de la poe- 
sía introdujo y describió en ella personajes como nunca han tenido 
realidad en la naturaleza: pero también locsqucen ella esparció sen- 
timientos morales y religiosos, discretas conversaciones, cuadros 
interesantes, y lodo cuanto puede regenerar y ennoblecer el alma, 
embelleciéndolo con la elegancia, gallardía y abundancia de felices 
locuciones. 

De sus doce novelas ejemplares, la Gitakilla, RinconeteyCor- 

Tovmlll 



133 



Ctmntes iasgudo por los españolea 



TAOtLLO, muestran ser resultado del profundo estudio de caraciérí 

reales observados por la mirada perspicaz del autor El amante 

LIBERAL, El curioso impertinente. La tía fingida. El celoso ex- 
TREMEfioy otras muchas de sus obras súlü pueden considerarse como 
bellísimos cuadros de costumbres, donde se encuentran consejos y 
provechosa enseñanza para la vida social. 

El Quijote no es sóJo una sátira fíliz é ingeniosa contra los libros 
de caballerías. 

La alteración mental que sufre Don Quijote y que le hace tomar 

molinos de viento por gigantes, ventas por castillos , yotras mil 

cosas transformadas por su locura, dan tugará cuadros, situaciones 
ydiálogoscnqueelauíor.con una naturalidad superior ala de .M*"dc 
Sévigné y con una melodiosa amplitud parecida á la de Lamartine, 
dejó grabado, esculpido y bordado el sello de su portentoso ingenioj 
de su donaire y de su gracia, al par que de su viva y creadora imufl 
ginacion. ^^ 

Cervantes seduce el ánimo esmaltando su libro de interesantes 
invenciones y pinta con su genio la lucha del idealismo y del realis- 
mo, al hacer á sus personajes en extremo simpáticos; pero que to- 
dos ios lectores se ríen de ellos, porque, corrigiéndose mutuamente 
en sus exageraciones, vienen á convenirse en enseñanza práctica de 
este gran drama del mundo que llamamos vida humana.» 

{Discurso ¡cído en ¡a inauguración de la sociedad %La Caxa de Córranla* en V^ 
¡ladotid á 35 de Oicianbre de i ¿'75.I 



L. C. : 1875. 

«El Quijote es la primera piedra de ese edificio colosal que se lla- 
ma El Renacimiento 

La antitesis que se descubre entre el Quiiote y Sancho nos mues- 
tra con exactitud los extremos por donde van pasando desgraciada- 
mente las generaciones, sin hallar aquel justo medio conveniente ala 
sociedad. La obra de Cervantes no morirá, no puede morir, vivirá y 
será aplicable en todo lugar y tiempo, pues siempre lasociedad tendrí 
su representante en el Quijote ó Sancho, y quizá por esto Cervantes, 
con intención, descuidóla síntesis de aquellos doscaractórcs opues- 
tos, seguro de que era de difícil ó imposible realización en la tierra. 

El Quijote es obra artística y filosófica, y bajo ese doble concepto 
crece de punto su importancia. Como obra artística, debe conside- 
rársele como novela .satírica; pero de suma importancia por la ga- 
lanura de la frase, el gracejo ycorreccion de los periodos; como obra 
61osófica, bien merece el dictado de antifeudal y antiespiritualista, 
cuya doctrina difundieron en Francia Rabelais y en Italia Ariosto, 
Pulci, Bojardo y otros. Asi, según los verdaderos críticos, la obra de 
Cervantes tuvo un fin filosófico-social, resolviendo una revolución 
completa en el mundo de las ideas y de las costumbres de su época.» 

{Aniversario de Cerrantes en el Atenea Tarraconenae, iS^S.- Aníeulo Pensa- 
miento jitosüjica- social de la obra de Cervantes.) 



Ccn-Jintes juzgado por \ú% esp«ñoles 



I as 



intonio Diay. de Benzo : 187S. 

^üacc elevadas consideraciones sobre la vida y penalidades d« Cervantes, y acerca 

I f,u reiraio hallo estas früses: 

«Cervantes vive en el Quijote, en La Calatea, en sus Novelas y 
CoAiEDiAs. Alli cncüntramos sus pensamientos, sus quejas, sus me- 
ditaciones, su carácter aleare, su profundo ingenio, sus hechos en- 
^lanados más ó menos con los tintes de la poesía, su retrato físico 

jr su retrato moral 

Don Quijote y Sancho piiürían formar un retrato de Cervantes. 
El valor vel talento del caballero y la gracia y agudeza del criado 
se avienen perfectamente con el carácter de su autor.» 

(Articulo en la revista madrileña Cermnf«i, ifl7S.) 

Manuel de la Rcvilla : i^yb-H"^. 

t« El Quijote concebido por Cervantes, el q uc conocieron y comcn- 
Irun sus contemporáneos, y despuesde ellos la mayor parte de los 
_eruditos nmdcrntts, el Qluotk hislórico^ si vale la palabra, no es 
cosa que una discreta y durísima sátira de los libros de Caballé- 
is, en que va envuelta una amarga cen>ura del ideal caballeresco 
de la Edad Medía. El Quijote que no pensó ni presintió, pero que 
ronscieniemcnteescribió Cervantes, el Quijote eterno, es una altl- 
la y profunda concepción que retrata la oposición cierna éntrelo 
Tdeal y lo real, entendidos en la forma y manera que luego expon- 
dremos, y no con la vaga generalidad con que suelen entenderlos 
los que, sin maduro juicio ni atento examen de la cuestión, acorné* 

ten ía difícil empresa de escudriñare! simbolismo del Quijotií 

Ese desatentado y absurdo idealismo, nacido de la faniasía ó del 
seniiniicnio, y no de la razón, que se empeña en empresas impasi- 
bles, prescinde del tiempo y del espacio, y ora intenta resucitar el 
ideal pasado, ora implantará deshora y con funesta precipitación 
g1 futuro, ora realizar ideales falsos ó imposibles, es precisamente el 
idealismo personificado en Don Quijote, azotado por Cervantes con 
el látigo del rid ¡culo, y unt regado á la mofa de los espíritus prudentes 
y Nvnsaios. Concebido asi el Quijote, es la obra más filosófica, más 
moral, más práctica y más útil que ha podido creare! ingenio hu- 
manano. 

Persigue Don Quijote un idea! absurdo, extemporáneo ¿ imposi- 
ble: absurdo, porque lo es que al esfuerzo individual se confíe una 
función social como la justicia: extemporáneo, porquesi esto pudo 
ser tolerable, y aun necesario, en laanarquía feudal, no lo era cuan- 
diel Estado se hallaba fuertemente constituido y provisto de ele- 
mentos suficientes para la realización del derecho; imposible, por- 
gue lo es resucitar ideales muenos, y menos por e! esfuerzo de un 
tiotntíre aislado. La empresa de Don Quijote es. por tanto, una lo- 
cura; y L's además una ridiculez, como ya hemos dicho, porque los 
'"«dios de que dispone para tal empeño se reducen á su fuerza, que 



«M 



Cervantes juzgsdo por I0& españoles 



no es mucha ; sus armas, que de nada ie sirven ; su caballo, q 
un mal rocín, y su escudero, que es un villano socarrón y cobarde. 
Tal es el idealismo de Don Quijote. ,jPuedeconfundirsecon elidea'^ 
lismo social y legítimo? 

Naturalmente, anire ideales de esta esp«c¡e y la realidad la lucha 
es inevitable y la derrota del idealismo segura 

Tampoco es Dulcinea la personilicacion del amor ideal y puru, 
que en tal caso aparecería ridiculizado injustamente, sino del artifi- 
cioso, falso y afeminado platonismo de la ütcralura caballeresca 

Dulcinea es. además, la pcrsuniiicacíon deE falso ideal con que suc- 
Aa el loco idealista, ideal apenas conocido, obra de la faniasía más 
que de la razón, y que. al mostrarse tal como es, aparece odioso alfl 
mismo que lo acaricia. La tosca labradora que Sancho presenta á^ 
su señor fingiendo que es Dulcinea, es alegoría de tales decepciones. 
Pero el idealista es siempre impenitente y. al tocar la realidad, antes 
que confesar su error, atribuye á malas artes de sus eneniigc)s su 
amargo desengaño. La política ofrece á cada paso ejemplos del en- 
canto de Dulcinea 

No es Sancho la realidad, ni el buen sentido, comu generalm«nu 
se piensa. La realidad, que se opone á las empresas de Don Quijote, 
está representada por lodos los episodios y gran parle de los perso- 
najes de la novela. El buen sentido mejor se personifica en el cura, 
el barbero y, sobre todo, en el bachiller Sansón Carrasco, que cn^ 
Sancho Panza : Sancho es el extremo opuesto de Don Quijote, ndfl 
menos digno de censura y mofa que éste. Sancho es el positivismo 
grosero (no el científico sino el práctico) que no ve más allá de su 
egoísmo, y todo lo cifra en satisfacer sus codicias y apetitos: es el 
buen sentido del vulgo, sobrado sagaz para conocer las exageracio- 
nes del idealismo, pero sobrado torpe para comprender lo que hay 
de verdadero y legítimo en el ideal. No es Sancho un espíritu per- 
verso y corrompido: antes bien tiene un fondo de nativa honradez 
que le libra de caer en los vicios á que pudiera arrastrarle su bajod 
concepto de la vida; pero el interés personal le extravía hasta tal] 
punto que llega á comprometerle en las locas aventuras de su amo.| 
Por eso participa de los fracasos de éste,mostrándo&e de esta mane- 
ra, no soto que los extremos se tocan, sino que la realidad castiga 
con igual rigor á los que la desconocen por lanzarse á imaginarías 
regiones, y a tos que no la desconocen menos por negar lo que hay 
en ella de grande y de elevado. Sancho es, por esta ra^ton, tan realfl 
y universal com Don Quijote, y como él representa un aspecto to-^ 
tal de la humanidad. Es, ademas, tan idealista como su amo, aun- 
que en sentido opuesto, y su idealismo no es menos fantástico y pfr>j 
ligroso que el de Don Quijote 

Estudíense con cuidado ambos tipos y se verá que en ellos haj 
algo de racional y verdadero, á vueltas de locura y extravio. Don" 
Quijote al servicio de un ideal racional v posible, serla un héroe ó un 
mártir; Sancho, con su sentido práctico y algo de idealidad y eleva- 
ción de miras, sería el buen iíentido y la sana razón Cuando los 



C«rvantM justgado p«r \f>f. e5p«ñ4>l« 



195 



hombres y lüs pueblos hayan resuelto en racional sinteais la antíte- 
sis cuyos opuestos términos simbolizan Don Quijote y Sani:ho,cuan- 
do no gobiernen la vida el idealismo extraviado ni ei positivismo 
grosero, el ideal y la realidad se habrán unido en cuanto pueden 
unirse, y la humanidad habrá alcanzado, sino la absoluta c inase* 
quiblc perfección con <^uc sueña, al menos aquella que le es licito 
conseguir de las condiciones de su naturaleza. Esta es la profunda 
enseñanza que ínconscientemenie consiguió Cervantes en su obra, 
y harto se comprende cuantodifiere de la vulgar interpretación que 
corre entre las gentes.» 

{La inlcrprcfaciAn simMtíca rfííQuooTií, Articulo publicado en la tlastración 
Espaiota y Americana de 33 de Abril de iSyS.que a pii rece corregido y modificado 
^m \»sObrasdf D. Manutl dt ía AfWJra, edilad&s por el AieR«o,-M«drid, 18S3. 4.*) 

«Prescindiendo de otros reparos menos importantes que podría- 
mos poner al comentario del Sr. Benjumea, vamos átijarnos en una 
opinión de este distinguido critico, que consiste en ver en Cervan- 
tes un libre pensador de tendencias democráticas, cuya obra encie- 
rra sangrientas alusiones contra el orden social, político y religioso 
de su tiempo. Cegado fHjr esta liipóit'si.s preconcebida, el Sr. Benju- 
mea halla alusiones de este género en multitud de pasajes de la obra; 
como en la aventura de( cuerpo muerto, el tropiezo de Don Quijote 
y Sancho en la iglesia del Toboso, el escrutinio de su biblioteca, la 

aventura de los mercaderes, etc Estos personajes no bastan, á 

nuestro juicio, para probar tesis tan grave MAximas de sabor 

democrático se hallan sin duda en el Quijote; pero todas encajan 
perfectamentcen aquella tendencia democrática natural en nuestro 
pueblo, que palpita en nuestro Romancero y nuestro teatro y .te 
concierta muy bien con lafó monárquica de entünces. Que Cervan- 
tes gustara poco de la nobleza y amase la igualdad; que no fuera 
mucha su alicion al Santo Oricio,y acaso nomirára con buenos ojos 
la expulsión de los moriscos, son cosas posibles : pero q uc fuera un 
libre pensador y un revolucionario, es temeraria alirmacion que re- 
cházala sana critica y supone un completo desconocimiento de aque- 
lla época.» 

( De algunas opiniones nuevas sobre Cervaales y el Qi'iiotc. Este trabajo, escrito 
c»n moiivo de la aparición del libro de Bcniumca La ivrdad sobre el Quijote, se 
publicó en 187S en la íluttracióa hspañola y Americana, v después en las Otraadt 
.W. Revilla. Madrid. 1883, 4.*) 

«No es el Quijote la protesta, sino el dcscngaAo y enmienda del 
idealista. 

Si en los primeros años, allá en las aguas de Lcpanto ó en las maz- 
morras de Argel, acarició Cervantes quijotescos ensueños, pronto 
las duras lecciones de la experiencia le enseñaron á apreciar más 
reciamente las casas. El trato de los hombres le manifestó loque es 

vida y le hizo mirar con lástima ó burla á los que, no conocíén- 
lola, luchan sin fuerzas ni recursos para conseguir intentos impo- 



siblcs. Extravio crd ¿stc común en suscontemporáncos, y de 6 
ticipaba la España misma, cu vas belicosas empresas harta semejan- 
za lenlan con las de Don Quijote. ^ 

Contra estos delirios alzó su vü:< Cervantes y por eso, si en su h¿-Í| 
me irazcSsu propia imagen tal cual fuera en pasados tiempos, no fué 
para hacer su apoteosis y protestar contra la dureza de la fortuna, 
sino para entregar al ludibrio de las gentes los vanos sueños quela- 
braron .-íu desdicha, v labrarían, en opinión suya, la de cuantos se 
alimentaran con la lectura de sus libros caballerescos y en ellos be- 
bieran tan insensatas aspiraciones. Por eso trazti con vigorosa mano 
el contraste entre la realidad y el falso ideal que ridiculizaba, y mos* 
tro á qué extremo Ilcvaria la' práctica de lo que en las condiciones 
de la sociedad es irrealizable. Por eso, sin darse cuenta del resultado, 
al clavar á su héroe en la picota del ridiculo, clavó con él á los falsos 
idealismosdetodoslos tiempos; yqueriendo hacer una obra local y 
de circunstancias, hi/o el más universal y duradero de todos los li- 
bros, fl 

Acervantes le asombrara el ver que hay quien cree que es fuerza™ 
prescindir de la letra de su libro y lijarse en su espíritu, que es la 
contradicción de aquella: que no es su obra !a sátira del idealismo. 
sino su apoteosis Nefiamos. pues, en absoluto, ese oculto sen- 
tido y esa filosófica trascendencia que al Quijote se atribuvcn. La 
supuesta ñlosofia de Cervantes no es una concepción metafíisica de 
la oposición entre lo ideal y lu real, sino simplemente la filosofía del 
sentidocomun. que reconoce todo lo que hay de ridiculo é insensa- 
lo en la absurda empre.sa de querer realizar en el sif^lo xvi el ideal 
caballeresco y todo lo que hay de vano é infundadoensueñoséilu- 
siones que se desvanecen al contacto de la realidad. . . 

La necesidad de aunar lo ideal con lo real, de reducir el primcrc 
á sus limites razonables y posibles, y encarnar en lo segundólo que^ 
hay de necesario y legitimo en la ¡dea, es lo que resulta de la obra. 

En el plan de Cervantes, Dulcinea no es mas que la parodia de la 
dama de lo.s pen.samicntos á que rendían culto los andantes caba- 
lleros, y el amor que, sin verla ni tratarla, siente por ella Don Qui- 
jote es la burla sangrienta del amor platónico del Dante, de Petrar- 
ca y de los trovadores, en alto erado repulsivo á las tendencias del 
Renacimiento, á las que tan fielmente sirve Cervantes.» 

( Crítica literaria : La verdad íiibre el Quijote. Madrid. 1879 : La Ilustración ¡ 
pañoiay Americana; lomo I, ps. 333, 33S, .107; lomo ii. {n. \4 y 31.) 

Servando Arbolf Farando : 1876. 

«Las páginas del Hidalgo manchegoconden.<;an la historia delí 
razón y los anales de nuestras aberraciones. Es el libro del pueble 
de ese pueblo que sólo es feliz cuando es sensato, y cuando advierte,^ 
en los donaires de la novela. la solución del enigma que embarga 
sus ensueños y que suele precipitar sus locuras. Autoridad, fé, pa- 
irioiismo, alian/a estrecha de los deberes con lo.s derechos huma- 



taS 



CcrranUk juzgado por los españole» 



to y cuva sencille/, consiguen distraerle ¿ ilustrarle. El que quien 
qué la moral tenga su parte en la novela, acuda á este libro; quien 
guste de bellezas literarias, lea aquellas sorprendentes descripcio- 
nes; estudie, pues, que digno cs de ser estudiado aquel modü de na- 
rrar: aprecie aquellos elevadisímos pensamientos, aquellos encan- 
tadores- conceptos, y si nada siente, será porq uc su corazun no es de 
artista, será porque no se detiene á investigar lo que en cada frase 
quicrcdccir el QniOTti. Ni una. ni una sola de las clases sociales, 
deja de hallarse representada. Los enc^intos de la vida, lasUulzuras 
del ho^ar. los diversos amores, que desde que nos mecen en la cuna 
hasta que nos conducen al sepulcro sentimos, se encuentran allí lao^ 
perfectamente dibujados como puede dibujarse la sombra de u|fl 
cuerpeen los azulados cristalesdcun lago. Kn ElIngekioso Hidal^^ 
Go es digno de apreciarse sobretodo aquella sencillez que encanta, 
aquel modo tan elegante y claro de decir, aquella facilidad, aquella 
corrección que le enaltece. Todos veremos en tan poquísimas pági> 
ñas retratarse nuc&tro sentí miento; digo poquísimas, porque el mun- 
do es el infinito, y, sin embargo, á un libro quedó reducido por Cer- 
vantes. Quien quiera llorar, mil ocasiones se le presentaran en el 
S'UijoTE. para derramar raudales de lágrimas; quien desee reir, pue- 
e hasta morir de risa. El carácter de la época, especialmente, esiá^ 
maravillosamente pintado; una pincelada más daría un colorido pr 
nunciado al conjunto, una pincelada menos dejaría incompleto 
cuadro.» 

f ÍÜscurso pron uncM» <¡ 23 Jt Abril d« 1 8^6 en h í«i¿ji eeUtfratia por la Sccie- 
dad literaria titulada *U¡ Casa de Ccrranía en Valiadoiid*.) 

Eduardo de Cortázar : 1876. 

« Cuanto en bella literatura ha producido e! ingenio huma* 

no, tiene repetidisimos puntos de contacto con el Ql'uote. 

Don Quijote aparece en sus conceptos, y Cervantes en sus descrip- 
ciones, tierno y delicado en unos y feliz paisajista en otras, como can- 
tan dulce y juntamente los pastores del vate toledano, y como las 
pinturas del poeta egloguísta son idilios del mismo género cerván- 
tico En las repetidas voces que el hidalgo de la familia de los 

Quijadas y más á las veces su hablador criado profieren, ^hay me- 
nos finura irónica y menor suma de marcado y acentuado aticismo^ 
que en las composiciones del picante iuvenal? No, en mí concepta^f 

De conceptosaliamenie filosóficos están llenas las obras del dcsdí^ 
chado cautivo, basta el punto de recordarse parte de las del cantor 
de La Vida del Cielo. 

Para ningún literato es secreto que los entremeses de Ccrvanti 
están llenos de gracia infinita y de superior atractivo, valiendo tai 
to como los de mérito ygraciosos de losautorcs que ñorccieron 
los siglos XV y XVI. 

Latí novelas de Cervantes entrañan cuadros de costumbres tan' 
exactos, tan verdaderos queá nadie ocurriría amenguar el positivo 



«lordelas pimuras cervánticas de Rincokete y Cortadillo, por- 
que Et La^ariUode Tonnes ó Ei picaro Guarnan dtí A//aracAtf scaa 
obras maestras en su género, 

Pitüarcmos por alio la^ semejanzas que puedan notarse enire los 
oschtos del prisionero de San Marcos de León y los del que estuvo 
preso en Arfjflmasilla. y los que aparezcan entré el desdichado y va» 
lioso cantor de Os Lusiadas y el pobre de fortuna y rico de ingenio 
quet-scribió La Galatka. 

Petrarca nos es presentado como el prototipo del vate erótico. 
Pues bien, Oon Quijote amando á su Dulcinea, así en las soledades de 
la cierra como en las inmediaciones del asendereado castillo, no es 
poeta de sentimiento menos exquisito y de delicadeza menos líerni- 
sima que el autor de los renombrados sonetos. 

Jorge Manrique y Juan de Mena no dijeron más en sus trovas y 
endechas. Rui/ Uc Alarcon y Moreto masen sus dramas y comedias 
que en sus primorosas obras el protegido del Conde de Lemos; li- 
bros de Lope de Vega y de Montalvan recuerdan trabajos de Cer- 
vantes mismo, como Los Bandidos de Schiilcr hacen pensar en los 
ialteadores descritos en cIQuijote, y examinadas cuando menos tam- 
bién las Composiciones de Shakespeare y de Moliere, se verá que en 
Us literaturas todas española y extrangcra se ha tomado de la del 
hi)0 de Alcalá cuanto ha parecido del caso, cuando no ha ocurrido 
por virtud de buen talento creador coincidir con el peregrino escri- 
loráquien elogiamos.» 

{La Cuna áe Ctryantts, Suplemento il núm. 8, dfa 33 Abril de 1S76.) 



Cayetano del Toro : 1876. 

«Veamos una prueba de la profundidad inmensa del juicio de 
Cír\antcs. En su época, ni Pincl, ni Esquirol, ni Dcscurct. ni Fa- 
tíüi, habían escrito sus inmortales obras sobre enajenaciones mcn- 
uici. obras hijas de un estudio detenido y de una gran práctica. 
Van embargo, Don Quijote es un tipo perfecto de la monomanía 
tatnlleresca. Las causas que en él obraron son las reconocidas hoy 
foflt ciencia: los síntomas físicos, los que la observación de mu- 
dnteañosha revelado: los síntomas psíquicos no han siduexprcsa- 
líüs mejor por Esquirol y Pinel. Don Quijote, como todos los mo- 
nomaniacos, padece de alucinaciones y de ilusiones, reputadas por 
luialienistas más bien como trastornos del encéfalo que como Icsío' 
wsde lus sentidos; y el que pretende ceñir á su frente los más in- 
"íarccsibles laureles, ,í qué extraño es que conciba en sucalcnturicn- 
^ mente que un gigante es un rival digno de su esfuerzo? Con esta 
"^ preconcebida, la altura de un molino de viento le parece la 
'sUa del gigante ; sus aspas, al moverse, los cien brazos con que la 
™Mü¡;iaadornaáalgunos; y padecida esta lYusí'on. Don Quijote aco- 
™Mf al enemigo cu vo vencimiento le ha de producir el renombre á 
^W aspira. 

Fabrct, que en su TrüUtdo de enagenacionci menteUeSt menciona 



(««oUI 



■e 



tjo 



Cervantes jut^do por los españolen 



esie hecho, que por lo mismo he citado, dice respecto á él lo que 
textualmente copio : «Es posiblequc Dun Quijote tenga la sensación 
contusa de un molino de viento; que en üu espíritu haya una vaga 
conciencia dcclla; perú, i-qué puede la debiliaad de esta .sensación 
contra la fuerza irresistible de la idea ñja? La sensación no es, pues, 
entonces, más que la ocasión de un error cuya causa reside en el 
alma. 

Don Quijote se mantiene en carácter durante lodo el discurso de 
su historia ; paulatinamente, y como por grados, la razón bri- 
lla nuevamente en su inteligencia, hasta el punto de (]uc. al morir, 
el Don Quifotc agonizante es el mismo hombre de juicio y de recto 
criterio que antes de sus lecturas, y de sus veladas. Asi escomo vuel- 
ven á la razón los monomaniacos, cnque por lo mismoquecl tras- 
torno mental se refiere sólo á un orden determinado de ideas, pare- 
ce como si la alteración cerebral que le acompaña es más profunda, 
aunque parcial, que cuando el desorden se extiende á la inteligencia 
entera. 

Después de cuanto acabo de expresar. ^;cómo conceder que el 
libro inmortal de Cervantes, y por lo tanto, el nombrcdeéslc. pufr 
de morir? Déjese de considerarlo como un poema que retrata, ridi- 
culiza y mata los vicios de su época; prescíndasc de tus elevados pen- 
samientos que á cada paso contiene; ni se reparesiquiera en su cas- 
tizo lenguaje; Don Quuotk nt: i.a Mancha, aun despojado de todo 
csto.scí^ un magnificoestudiüsobrceoajcnacionesmentales, el tipo 
más acabado de la monomanía caballeresca.» 

(Nuevo Mérito det Qi'iiote. Composición ¡e'uia en lat EKuetat Cciófitat de Cáji^ 
el 3¡de Abril de iSfU^ara celebrar el anitvrsarioCCLX de ¡a mueriedeCen'anteí.) 



Federico Hernández y Alejandro : 1876. 



4 



«La Caballería, si en un principio fué excelente v opuso un valla- 
dar á [a avalancha de crueldad y de mconcebible furor de los siglos 
medios, degeneró más tarde en cuadrogrotescoycxtravagante y pro- 
dujo una inHuencia maléfica en nuestras costumbres. Los libros de 
caballerías simbolizan tamaño ridiculo. Sus héroes, sus hábitos, sus 
quiméricas elucubraciones, sus imaginarias concepciones, hijas de 
un cerebro débil, sus delirantes inventivas habían adauirido carta 
de naturaleza en España y sus raices fuertemente enclavadas en el 
seno de nuestra sociedad tendian á contaminarla Grande em- 
presa era el sustituir una popularidad con otra popularidad, una 

epopeya con otra epopeya, una literatura con otra literatura 

Cervantes fué el modiñcador de nuestra literatura popular, porque 
la obra del ilustrcalcalaino perteneceal pueblo, está amasada con la 
levadura de esa literatura ingénita, pura, sencilla, que csdc la per- 
tenencia del pueblo, está concebida por un hijo de él, está impreg- 
nada de esa belleza estética é inherente á la literatura popular, está 
hecha para oponerse á ancianas y valetudinarias concepciones, cscá 




inspirada en medio de la miseria, escrita con caracteres de mordaz 
i/olor y redactada con el atiento de la amargura confundido con la 

íonrisa de la esperanza Por eso el Qi;ijotk no pertenece á una 

época, á una generación, á una literatura; está escrito parad hom- 
^^c y su moral vá directamente encaminada al corazón de la huma- 
nidad toda: por eso á manera de las grandes creaciones griegas v¿ 
pasar ante si años, decadas de años, centurias de años y siempre es 
el mismo; cunstaniemcntc se le dispensa igual admiración.» 

{^Utscumo ¡tido el ?j de Abril de i8y6 en la Sesión de la Sociedad literaria ¡itu- 
íiitia *La Casa deCermniexen VaVadalid*.) 

•«K Cervantes ha trocado el orden social como Colon cambió el ór- 
den de la naturaleza. El piloto de Florencia estudia el espacio, son- 
Ja el mar. oprime lo que era un sucrto; el cautivo de Túnez ahonda 
otro libro aún más vasto y profundo, el corazón humano. La con- 
cepción del uno es un decreto de Dios; la creación del oiro es una 
emanación de la omnisciencia divina Tiene u^a extremada afi- 
nidad la vida de Colon con la de Cervantes: Pinzón trata de arre- 
batar la gloria al primero. Avellaneda intenta usurpar la originaM'- 
dad al segundo: Colon peregrina fatigoso, con el alma preñada de 
ciperanzas y el corazón impregnado de lacerantes recuerdos, por las 
vegas de Andalucía; Cervantes recorre las llanuras de la Mancha, 
con un mundo en su cerebro, con una concepción titánica en su in- 
leligcncia, con el sentimiento de la gloria en su pecho y con el lue- 
go del genio en su cráneo; Colon pide hospitalidad: Cervantes men^ 
digaelsustento. Ambos son piadosos; á losdus alienta el «cntimien- 

10 cristiano Colon exclama desde la proa de la Pimía: ¡Tierra. 

ti'trrúf y Cervantes le responde al trabar la última página del Qrtjo- 
Tt: ¡Inmortalidad. inmoriaUdad!* 

{Ctnanlesy CoÍ6n. Trabiio premiado con una plumi. de plata en el Certam«n 
■kVtiUdolid, á 39de Setiembre de 1876.-SC insertó en la rcvi&ta C«riujiío, d«)3i 
dcOaubredc ittffi.) 

J.C. : 1876. 

«No puedo recorrer las páginas del Qluote, sin que se agolpe á 
nii mente la idea de los sufrimientos de Cervantes, de Colon, de Cor- 
tés, del Tasso, y de Camoens... entonces me pregunto : ¿es que aca- 
^<1 misterioso lazo que une lasalmas, lo es el genio con la desgra- 
'•■.la fortuna con la ignorancia? 

Inteligencias superficiales consideran comu tipo cómico y risible 
" Caballero de la Triste Figura : no ven más allá, no hallan la filo- 
sitia del héroe manchego, y, nu obstante, Don Quijote es la repre- 
untacion de la victima del ideal, del que desea ajuslar la sociedad á 
"fj pífísamiento de perfección; es el tipo de ia caballerosidad que 
Solo recibe duelos y quebrantos de una sociedad corrompida, en 
P*SOde sus scr\'iciüs 

l-uando veo á Sancho cxprcsarsi de la manera que lo huc, con 



ija 



Ccnrantes juzgado por los españoles 



su croscría, su material egoísmo y estúpida trave'sura, creo ver á U 
sociedad rcspondicndocon cínicas carcajadas alas palabras de quien 
pretende encamina ría al verdadero sendero de prugresü y moralidad.» 

(La Cuna de Cervantes, penúdico de Alcalá, de 9 de Octubre de iB;'ó.- Articulo 
Pensamientos.) 

Máximo de Francisco : 1876. 

«Hay un hecho en los últimos momentos de la vida de Cervan- 
icsquc porsí solo basta para conocer su alma y sus scniimientos; 
me refiero á la carta que dirigió á su protector el Conde de Lenios, 
dándole la eterna despedida y ofreciéndole susTrahajos aa Pcrsi- 
LES V SiGisMüNüA. | Raro ejemplo de noble gratitud! Aun en sus 
producciunesdemuestra Cervantes Mt fin elevado, as! que sobre el 
mérito de -sus obras inmortales, brillan claramente y para enseñan- 
za provechosa daJ alma, los sentiinienros y la organización especia- 
Ijsinia del Manco de Lepanto. Sus obras no las escribió para ateso- 
rar rit^uczas, pues, como Lope de Vega, hubiera obtenido pingües ga- 
nancias. A Cervantes le enorgullecía máscnsu desgracia podcren- 
scñar y moralizar, siendo tan poco.á tantos que se tenían pormucho. 
Cervantes, como alma privilegiada, prefería la vida del sentimiento 
á la vida de la materia: modiíicür la sociedad era su objeto. ,;Qué 
más satisfacción que conseguirlo? Cervantes, además de serel grun 
ingenio, el sabio español, fué un hombre raro por sus virtudes, ele- 
vado por sus ideas y sublime por su alma y sentimientos.» 

{La Cuna de Cervantes, de Alcali.-33 de Abril de iS^fi.-AriEculo El tsde Ábríl 
de tute.) 



Ramón León Máinez : 187G. 

«La historia de los amores del'imbrio y Nisida, Silerio y Blanca, 
formaría, por si sola, una de tas más patéticas novelas; entremez- 
clada con los sucesos pastorales deGAUATCA, no sólo quedan oscure- 
cidas sus indisputables bellezas de narración ¿ inventiva, sino que 

dilata, sin necesidad, la obra Lo mismo puede decirse de los 

discursos que pronuncian los pastores Tirsio y Lenio, enalteciendo 
aquél y deprimiendo éste al Amor, y de la aparición de la diosa Ca- 
lí upe. 

Mas, á pesar de sus defectos, La Galatka es una obra superior 
entre todas las pastúrales españolas, ya mirada en cuanto á la in- 
ventiva, ya considerada bajo el punto de vista de la forma y de los 

méritos literarios Hásela lachado de afectación en destilo 

Si por eso ha de entenderse el exagcramiento en la colocación de 
las palabras, de modo que, á las veces, la claridad de los pcnsamien* 
tos quede oscurecida ó afeada por transposiciones forzadas, tal afec- 
tación no existe en La Galatka; pues su estilo es llano, apacible, 
ll«tio de naturalidad y de dulzura. Cervantes emplea muy contadas 



Cer^-antn juzgado por los españolea 



'33 



íioncs «sas transposiciones tan usuales en tos escritores sus con- 
temporáneos. 

Lusmismusgíi'os,)a misma estructura en periodos, el mismo buen 
íusto resplandecen en esia ubra<|ueen las pusleriüres de Cervantes. 
Lun hoy, can tuda la prciundida perfección quual dccirde muchos 
adquirido el lenguaje custellanu, ¡cuántos conatos ni.) punen to- 
dos los que pretenden ser contados en el número de los buenos y 
caslízo-s hablistas patrios, en estudiar y acercarse siquiera al estilo 
empleado por Cervantes en su Calatea I 

En nuestro scniir. la obra de Cervantes tel QiLiiuTt:) licne precisa- 
mente una tendencia por completo opucáia á la que se supone. No 
sólo no vemos en ella esa sátírj acre, esa invectiva de<»ap¡adada con- 
tra los libros de caballerias, que le atribuyen la letra misma del tex- 
luy tas opiniones de tudos lus que hasta ahora han hablado sobre 
el particular, sino que tenemos por indudable que el verdadero, el 
pnmordial fin de Cervantes, fué el de enaltecerlas antif^uas y pun- 
donorosas ideas caballerescas, coniraponiéndolas á las nuevas, ni 
tan caballerescas ni tan pundonorosas, que en sus tiempos impera- 
ban, Don Quijote es un caballero nubilisimu. ilustrado, que se 
aventura á luchar contra la corriente social, se muestra valiente 
en la defensa de los principios ultrajados y en la censura de las 
periudíciales novedades introducidas, y ansia que todos se apar- 
ten de aquel camino sembrado de engaños y falsedades. El solo, sin 
protección de nadie, antes bien con mofas de todos, predicaba la 
verdad contra la mentira, y la sinceridad y rectitud contra la lison- 
la y la larsa; era vejado y perscRuido por ello; pero eso mismo le 
realza ante todas las conciencias que sin pasión juzgan: ese es su 
mayor mérito. Una rápida ojeada sobre los personajes que en la no- 
vela de Cervantes iniervienen, ñus corrobora más y más que el in- 
comparable aulur tuvo por principal objeto el sublimar lus nubles 
ICIOS de su hérue, v lanzar el anatema más cáustic*i ctmlra todas 
Issialtas de su época. Todas la.^ clases nucíales están representadas 
en la obra. Sancho Panza repre-íenta al pueblo rudo, metalizado, 
desús tiempos; para él no habla más que una felicidad, una gloria: 
bde comer, beber, dormir, enriquecerse y trabajar poco. También 
signiñca la clase media, infatuacia entonces y contaminada por el 
xciodel lu|o y de la ambición, y por adquirir pingües cargos y tí- 
tulos á ejemplo de las clases elevadas y poderosas, ^igniñca Sansun 
*^rnsco la clase letrada, para la cual' eran materia de burla )- de 
P^utiempo los nubles prupúsiios de lus caballeros rigorusüinente 
pundonorosos. 

Ofrécenos Cervantes, en el bachiller Sansón Carrasco, el retrato 
verdadero de esas personas entrometidas, falsas, fatuas que. sin 
comprender el móvil que impulsa á los hombres á elevadas y su- 
bliiDts ideas, quieren á todo trance separarles de sus propósitos, va- 
liéndose ya de la burla, ya de la persecución, convirténdose el fin 
nivea^iivos ¿ incesantes enemigos personales. 



«34 



Ceri-anus juzgado por los e&paflol». 



La clase saccrdulal, representada se encuentra por el cura Pedro 
Pérez y el canónigo de Toledo, quienes muestran su apasionada 
animadversión contra la literatura caballeresca. Representados es- 
tán los nobles en el duque y la duquesa. La nobleza vegetaba más 
bien que otra cosa. Sus bríos pasados estaban muy decaídos y en- 
tregábase por regla general á las diversiones, al lujo, á toda suerte 
de boato. La cía»; rica está representada en aquel Don Antonio Mo- 
reno, que tan aficionado era á divertirse con aquel á quien alentaba 
el espíritu de tiempos no tan egoístas y miserables como los suyos. 
Y hasta el .sesudo y noble Don Diego de Miranda, representación 
fidelísima es de aquella clase social que, sin embargo de lamentar 
lo dañoso de las nuevas costumbres y lo mucho que se abatía el na- 
tural esparto! con tanta introducción de usos y hábitos antinacio- 
nales, se doblegabaá las exigencias de los tiempos. 

Pero todas las miserias, que tan niagisiralmente de|ó descritas 
Cervantes, ^c ven en ludas las naciones: ¿i, pues, al escribir la sáti- 
ra desús tiempos, hizo á la ve?, la sátira de todas las sociedades de la 
humanidad entera. Nii h¡/.o una invectiva contra lo.s libros de ca- 
ballerías. Equivócan.se los quü han dicho que el Qimjotk no es más 
que la poesía y la prosa de la vida, ó la lucha del idealismo contra 
el positivismo, personificado aquél en el protagonista de la obra, y 
L*5te en Sancho Panza. Pues qué, los demás caracteres que actúan y 
hablan é intervienen en el libro, .Json (¡guras decorativas que nada 
representan? 

Don Quijote es el tugúete del fvositivismo y de la farsa social. Don 
Quijote está solo en la yuerní que contra todos tos vicios .wsticne. 
y por más que combate con heroica resolución, queda vencido en 
la lucha. Hs la lucha permanente del hombre de bien contra las 
maquinaciones de la perversidad y las hipocresías sociales lo que 
Cervantes quiso describir. • 

Con quien realmente se identifica Don Quijote, de quien es vivo 
y acabado retrato, es de su historiador, es de Cervantes. Unoy otro 
cierran sus ojos k la htr. del mundo egoísta y miserable, que no su- 
po comprender sus altos propósitos, y entrambos mueren plena- 
mente confiados en que aquella Dulcinea, personificación genuína 
de la verdad, entonces tan desconocida y ultrajada, y legitima re- 
presentacinn de la posteridad de.sagraviadora, les otorgaría, al cabo, 
cumplida justicia, reconocería sus merecimientos y los haría eter- 
namente lamosos en la memoria de las gentes. 

Esc modo arbílraríf» y aventurado que hasta ahora se ha tenido 
para juzgar la obra de Cervantes, ha sido causa de que el verdadero 
significado que el QtrtJOTK luvo y tiene, se haya falseado, y el con- 
junto de sus ideas, de sus aspiraciones y dcsusproezas. el quijotis- 
mo, que suele decirse, se Cí)ncepti'ie como lo contrario, como lodia- 
metralmente opuesto á lo que realmente es. Porque el fui/'ofismo no 
significa nunca desvario, acción grotesca, pn)p<!>síto descabellado, 
ni exageración ofensiva: que antes bien es alabanza del bueno, per- 
secución del malvado, ensalzador de la verdad, sacrificio generoso 



Cervantes juigado por los españoles 



13* 



por el bien de iodos, sosten del derecho, asilo de la nobleza de ücn- 
timíentos y de todo lo grande y honroso; y tanto más queda y ha 
de quedar siempre enaltecido, cuantos mayores hayan sido y sean 
los obstáculos con que luchare, para volver por los fueros sagrados 
de la justicia contra todos los egoismos. contra todas las preocupa* 
cíoncs. 

En las novelas da claras pruebas Cervantes de su espíritu obser- 
vador y de grande experiencia, pintando la fisonomía de las diver- 
sas clases sociales, bosquejando los hábitos y usos de distintas cu- 
marcas y paises, y ofreciendo al natural yde un modo acabadísimo 
las bondades, las tendencias, las virtudes ó las preocupaciones, de- 
fectos y vicios desuscontemporáneos. Y además deestas cualidades 
apreciábilísimas de sus novelas, tienen otra que extremadamente 
las realza, y es la déla moralidad, la ejemplar y sana ensfl^an zaque 
de todas juntas y cada una de por si puede sacarse. 

Cervantes fué el imperfeciopero verdadero creador de la comedía 
española de capa y espada, de enredo y de carácter, con grandísimo 
gusio, pues introdujo sucesos interesantes, notables, instructivos, 
de los que luego se valieron los autores de más prestigio para dar 
nuevas producciones ni teatro, Ki. tr.\to dl- Arcel v L\ Nu.mancia 
eran creaciones literarias superiores ó todas tas comedias y trage- 
dias anteriores á su concepción. ;Qué cuadro tan interesante ese 
donde se nos pintan lasamenazas de los capitanes romanos, las res- 
puestas de los numantinos, donde se ve pelear la libertad contra la 
tiranía! El genio de Cervantes parece que se ensancha, queseacre- 
cicnta al tratar asunto lan magno. Sostíénese el interés en la com- 
posición desde el principio al íin, v son escasos sus defectos en com- 
paración de sus bellezas. Indudablemente que en casi todas las co- 
medias no guardó las reíalas que debiera haber observado, pero en 
tales defectos incurrieron los más aplaudidos autores de aquel siglo. 
Las de Cervantes podrán hallar disculpa ante la crítica, pues eran 
al fin generosos conatos y patrióticos ensayos de mejoramiento y per- 
fección.» 



Miguel Molla : i87f>. 

«Si suspendemos la lectura del Quijote para saborear alguna de 
las bellezas que este inimitable libro encierra, nos es imposible con- 
tener el torbellino de alabanzas que del corazón y de la mente bro- 
tan: pero pasada esta primera explosión del entusiasmo, ^quién 
puede prescindir de fijar ]os o|os del alma en aquella simpática fi- 
gura cuyo modesto continente ocultó k sus contemporáneos la in- 
mensa superioridad de su talento? Nadie; porque en el mundo mo- 
ral como en el físico, los g¿nlos ylos soles están sugetos i las mis- 
mas leyes; y así es que, una vez en contacto por la imaginación con 
Cervantes, nos sentimfis atraídos irresistiblemente por su influjo 



y nos complacemos en seguirle con respetuosa y melancólica mira- 
da durante su percRrinacion sobre la tierra. 

Y como en el fondo del cuadro accidentado de su vida aparecen 
juntados con sombríos colores la ingratitud de su palna, los insul- 
tos de la envidia y la humilladora pobreza, reaccionando este con- 
junto sobro nuestro espíritu, hace brotar de nuestro pechoel deseo 
potente ¿incontrastable de compensar la injusticia de su siglo con 
nuestras pobres, aunque justas y tardías alabanzas.» 

(La Cuna lie Cervantes, iJc Alcnlá de Henares; núm. 8,il«t as de Abril da 1876.- 
Attlculo .4 Cvvanitt.j 

Luis Morales y Cabe : 1876. 

«Miguel de Cervantes Saavedra no es sólo el ingenio asombroso, 
el escritor fecundo, el tipo de los novelistas, ct autor castizo cual nin- 
guno, el narrador humorístico y gracioso, el orgullo de España, la 
admiración del mundo de las letras, á quien envidian con razón so- 
brada todos los pueblos cultos; Miguel de Cervantes es el hombre 
de Estado, el sabio gobernante, el juez íntegro, entendido y enérgi- 
co; que bien puede serlo y más, el hombre que sabe exponer, en 
esos elocuentes y festivos capítulos de su inmortal obra, un sistema 
de gobierno tan admirable y una administración de justicia tan aca- 
bada y perfecta, como realiza en la ínsula Barataria aquel Sancho 
Panza, aquel bellísimo engendro, que, en medio de la más horrible 
fealdad, brotara de su creadora y gloriosa pluma, y de que tanto y 
tanto tienen que aprender los más inteligentes y lo's más sabios.» 

(Sencho Pan\a. Jue^. Compoikión leida en el aniversario CCLX de tú mitertede 
Cervanlcí celebrada al 33 de A brii de 1 ÍÍ76 en ¡vs lahnes d< las Ei<M¡as católicas 
de CÁdi\4 

Eduardo Pascua! y Cuóliar : 1876. 

«Cervantes y Shakespeare ¡singular paralelismo el que se 

observa entre estos dus genios, que no importa llamemos héroes! 

Una misma inclinación, un mismo grito del alma arrastra á ambos 
al cultivo de las letras, en las que á lave/ que el regocijo del enten- 
dimiento tienen que buscar el su.slento de su vida Mientras el 

uno se consagr,! k elevar el drama á una altura que sólo pudo me- 
dir el potente talento de Calderón, el otro, abandonando á Talía, 
emprende el género de la novela de costumbres como el más ade- 
cuado para ridiculizar las costumbres, corregir los abusos y extir- 
parlos vicios que pangrenaban por entonces las entrañas sociales 

Pero aun en medio de esta diferencia de caminos, que cada cual si- 
gue, obsérvanse entre elfos notables semejanzas; y es de notar, para 
gloria v satisfacción nuestras, que, cuando alguna vez se rompe el 
paralelismo y desaparece el equilibrio, siemprese inclina la balanza 
en favor de nuestro venerado compatricio. Shakespeare se encuen- 
tra ya preparado el terreno donde emprende sus tareas en su pri- 
mer drama Enrique VI. Cervantes busca en su fantasía todos los 



recursos para su Don Quijotk: Shakespeare adopta tipos conocidos 
y popularizados, sí bien los reviste de la grandeza y paicticismo ne- 
cesarios para excitar la moción de aféelos; Cervantes crea persona- 
jes nuevos, enteramente origínales y Henos de pensamientos varios 

V nunca imaginados de otro alguno, como él mismo confíesa 

Shakespeare, poeta de las pasiones heroicas y á veces de los senti- 
mientos apacibles, necesita fundar su inmensa é indispensable glo- 
ria sobre más de treinta obras lanzadas á la e.scena. Cervantes, por 
el contrario, entre las muchas v todas excelentes que brotan de su 

f gallarda pluma, bástale una soía para ceñirse todos los laureles de 
a gloria, obra que, sin otros héroes que un demente y un rústico 
labriego, recorre la humanidad en todos sentidos, estudia la socie- 
dad en todas sus clases, analiza los fibras todas del corazón y pene- 
tra en las profundidades del espíritu, vasto panorama dondeen na- 
tural consorcio se descubren las creaciones de la imaginación más 

rica, y las maravillas del ^eniu más gigante Shakespeare, como 

Cervantes, arranca á su voluntad unas veces lágrimas, otras carca- 
jadas; pero Curvantes, ¿ diferencia de Shakespeare, sabe arrancar 
carcajadas de lágrimas, porque posee la vara mágica que hace sur- 
gir el iris de la risa en medio de la lluvia del llamo Shake- 
speare es una inspiración colosal en cl drama; Cervantes es un ta- 
lento completo en lodo, pese á tos que pretenden amenguar sus 
facultades de poeta. Y si Shakespeare es titulado por VoTtaírc un 
bárbaro de ingenio. Principe de los ingenios es proclamado Cervan- 
tes por todo el mundo.» 

I Lot dos (¡cniot. Arikulo en el nilm. S de La Cuna de Cervantes, aj de Abril de 

N. de Paso y Delgado : 1876. 

• El tipo de Dulcinea es una ilusión de la fantasia del andante Ca- 
IttUero; y cuando en un instante fugitivo se materializa, el descn- 
^0 es terrible; hasta el pumo de no querer admitirle de otra ma- 
neraquccomo una mistificación, aquella mente débil y extraviada, 
qw rechaza la idea de ser Aldonza Lorenzo, aunque saludable y 
IXMKsla como muicr. su imaginaria Dulcinea del 'loboso. 

Teresa Pan:>:a representa el buen sentido y la tierna solicitud de 
1^ madre de familia, que, sin rebelarse jamás contra la autoridad 
lie su marido, hace á éste )uicíosas reflexiones y debate con élacer- 
cidel presente y porvenir de su casa. Llega, no obstante, un mo- 
líenlo en que la flaqueza del sexo débil y vanosedeja dominar por 
la soberbia y el orgullo, cuando dice en la carta á la Duquesa ; 
• ^0, señora, estoy determinada de irme á la corte á tenderme en un 
w/ie, cíe.» ¡Cuántas personas, y no todas mujeres, hacen toda da- 
M de sacrificios para trasladarse'á Madrid d tenderse en un cochel 

Camila, victima de la impertinente curiosidad de su esposo, dá 

«medida de la fortaleza del sexo, cuvo natural defensor es el hom- 
brt. 



Itwtll 



I0B 



Cervantes juz§«(to por los espinóles 



Clara. Luscinda y Dorotea son tipos magistralmente delineados 
del amor juvenil: rña^, Lela Zoraida es un acabado modelo de ter- 
nura, de fé, del que pudiera ser llamado virginal mislicismo, si este 
nombre nu tuviera otra acepción altísima. 

Quitcris, enamorada del intrépido Basilio, le quiere más en pre- 
mio de la farsa que representa para hacerla suya. 

En cambio, Lcandra es un ejemplo vivo de la mala elección que, 
por lo regular, hacen las jóvenes, cuando se dejan ir con su capri- 
cho amoroso. 

El tipo de mujer que aparece menos bello en el Qlüjotk es la pas- 
tora Marcela, cruel enemiga de todos los hombres. Y es que Mar- 
cela simboliza la excelencia de la vocación de virgen sobre la de ca- 
sada, pues el catolÍc¡.smo enseña que. si en el matrimonio se halla la 
perfección de estado, la nure/a de la castidad elevaá la criatura hu- 
mana hasta los limites de la angélica jerarquía La bella caza- 
dora Duquesa «ígniilca la traviesa y festiva ociosidad de las seriaras 
de su clase y ticm po. cuyas burlas, extremadas por sus doncellas, á 
las cuales si'rvcn de sombra, para formar el claro-oscuro, las imper- 
tí nencías de Doña Hodri^^uc;^, son la antíiesÍNde laamahlcdi(;nidad 
con que atiende á Don Quijoic la circunspecta v obsequiosa Doña 
Cristina, p<ir honor á su marido, el noble y franco Don Diego de 

Miranda A mi parecer, las mujeres más simpáticas del poema, 

bajo el aspecto moral del sentimienin de la familia, son la sobrina 
y el ama de gobierno del Ingenioso Hidalgo, las cuales, bondado- 
sas y sumisas, padecen las deplorables consecuencias de su extraña 
locura; y aunque coadyuvan á la quema de sus endiablados libros 
de caballerías, pensando asi extirpar el origen y extinguir el focode 
sus desgracias, y convierten contra Sancho el justo resentimiento 
que no pueden manifestará su señor, están siempre dispuestas á re- 
cibirle y propicias á cuidarle con la mayor solicitud; sintetizando 
en la conclusión del libro una de las enseñanzas que de éste se des- 
prenden, cuando dice el ama : «Mire, seíior; tome mi consejo; es- 
tése en su casa; atiendaásu hacienda; conñeseá menudo; favorez- 
ca á los pobres, y sobre mi ánima, si mal le fuese.» 

El principe de nuestros ingenios era imposible que dejara de dar 
á su poema uno de los sentidos que mayor importancia le atribu- 
yen, cual es el de la influencia de la mujer en el mundo, su misión 

providencial, lo que es y lo que debe ser en la tierra No cabla. 

pues, que Cervantes negara al bello sexo toda la debida atención y 
un importante lugar en sus obras, y con especialidad en su inimi- 
table poema.» 

[Las mujerts rferQuuoTt.-Discurso en la *Socii;daiJ Cervantisia de Granailt», 
niim. a de la revista Cet-vantes: 31 de Octubre de 1876.) 

Salvador Samperc y Miquel : 1876. 

«Donde Cervantes descubre su sistema filosófico con más clari- 
dad que el todo de la más inofensiva ¿inocentecharadaesen LaGa- 



LATEA, y La Calatea no ha !»ido hasta huy pasto espiritual de la gen- 
te erudita, que solo lee el Quijote; de aquí que se haya hablado 

tanto de la filosofía v ciencia de los héroes cervantinos y lan 

poco ó nada del Tondo de conocimientos del padre que los engen- 
drara. 

Si no ha pasado desapercibido para ios críticos el lenguaje filosó- 
fico de los pastores, no han adivinado, con decirlo claramente Cer- 
\antcs. que en esos discursos amenos y eruditos se encontraba ta 
idea fundamental de La Galatea, esto es la ñlosona de Cervantes. 
Lo que se hace diricil averiguar es to que hubieran dicho los que 
lachan ie sutil melajisica loque dicen los pastures acerca del amor. 
sí hubiesen sabido que esa sutil metafísica es real mente académica. 
pero de la academia de Platón, como que es la metafísica del Ban- 
quete. una de las más bellas obras del divino fllósoro. 

Aprendiera nuestro gran Injíenio el platonismo en Italia, que es 
¿ lo que nos inclinamos, ó en España, hay que notar cómo Cervan- 
tes, llevado de su vocación por las letras, se dedicó al estudio de 
aquellas obras de Platón que A su fin hacían referencia, ven esto se 
prueba que Cervantes no eí>tudió el platonismo ni en l'oxio ni en 
Abril, que no tradujeron ni el /on, niel HatKjtiete . ni el Fedro, obras 
(juc deten idamente estudio Cervantes. Por lo tanlo, aunque no de- 
bamos á Cervantes la traducción de las obras citadas, las noticias 
que de ellas da en La Calatea bastan para que le tengamos como 
el primero que las difundió en España, y para colocar el nombre de 
Ctrvanics, como tilós<ífu, al ladn de Fox y Simún Abril. 

Vengamos á las pruebas del platonismo de Cervantes y sólo como 
lie pasada notemos la concordancia de Ciírvanics con Platón rcs- 
peaoálas armas y á las letras (Discurso de Don Quijote; capitulo 
XXXVIII de la Primera Parte). 

Ya en el libro I de La Calatea quedad lector sorprendido cuan- 
do oye cantar á Elido al son de la zampona de Erastro, en dos de 
cuyas cuartetas ha resumido Cervantes la parte más bella, la con- 
ílusion del discurso que Platón pone en boca de Diotima en ei Üan- 
ítieíe(Obras de Platón, tomo V, página 360 '). 

En el libro III se encuentran otras no menos terminantes mues- 
"Wdel platonismo de Cervantes : en primer lugar la respuesta de 

Elido á Erastro, cuando los desposorios de Daranio y Sitveria 

■íluidenuevo nos encontramos con el discurso de Diotima seguido 
hina el error de entendimiento que nos hace parecer muchas ve- 
to las cosas buenas, malas, y vice-versa. Que no se ha de tener el 
gocí de cuerpo bello como único tin del amor, lo dice 'Diotima en 
tsüs palabras : debe considerar la belleza del alma, etc. 

l-'egamos ahora á ta íie.sta poética que celebran los pastores en 
^**quio de los despo-sados 'Daranio y Silueria, tiesta que resume 
''""ion en un discurso que no podía Cervantes en manera alguna 



"* •rwg^K iBrsoJi.lo, iiic( S>a)p«rc. qut CMau» ««c« «Uimo» Hito* íí PUton lo haccne* 
■^l to Tmion ({« niHi PiincU de Aicdr*M.> 



140 



Cervanics juifCAdo por loe espaiSolc» 



escribir sin tener muy presente el trozo del discurKo de Lisiasen el 
Fedon (Obras de Platón, tomo II, página 370). 

En ninguna pane es más decisiva la influencia de Platón que en 
el gran dialogo entre Lento y Tirsi, librolV de La Gai-atea; ya no 
se trata ahora de reproducir este ó aquel pensamiento del maestro. 
Cervantes vá á reproducir una obra entera, el Banquete. Lenio re- 
sume en su discurso cuanto dicen, en el Banquete, "^ausattias, Eri- 
simaco y Ai^alon. de modo que deja «para el famoso Tirsi, cuya 
crianza en famosas academias y cu vos bien sabidos estudios» le han 
hecho tan nombrado, la parte de Sócrates. 

Para tener una profunda convicción de que Cervantes ha llevado 
la filosofía platoniana al coloquio de los dos castores, no hay como 
leer comparándolos el texto del Banquete de Platón y el de La Ga- 
LATEA de Cervantes; la exactitud entonces salta k la vista.» 

El Sr. Samperc compara Imt^oí trozos dr ambos lexioí. para probar su aserio. 

«Mastaenaquellosdetallesque podia suprimir del todo Cervantes, 
pues arguye por parte de los pastores un prurito de filosofar incom- 
prensible, copia á Platón. 

No estarían acertados I os que dedujeran de nuestro estudióla nota 
de plagiario para Cervantes. Recuerden la situación política y social 
de España en aquel tns días, la guerra que luego se hizo al platonis- 
mo, acusándole de enemigo delcristianismo, yse verá que Cervan- 
tes n{) estuvo por demás prudente en adoptar el med¡<' do que usó 
para popularizará Platón. Y si esto no satisface á los espíritus críti- 
cos por excelencia, digo en desagravio de Cervantes lo que de Platón 

dijo Víctor Cousin ; « nadie ignora que, en general, Platón no 

tenia escrúpulo alguno en copiar, mas copiaba como todo hombre 
de genio que se sirve de todo y lo transforma todo.» 

{Cerikittla y Piatnn; ps. 73 ysigiiienievdcun articulo de la revitu de Barcelona 
Ctrvania.) 



Fermín de Urmeneta : 1876. 

«El convertirse en patrimonio del lenguaje vulgar los tipos y las 
expresiones de una obra puramente literaria, el haber llegado á ser 
el QuiíOTü una obra repelida por todos, y poralgunos inconsciente- 
mente, prueba, en mi concepto, tanto ó más que la admiración de 

los eruditos, la sublimidad de la obra ¡Con cuánta frecuencia 

vemos llamar, al que se empeña en defender cualquier causa sin ra- 
zon 6 sin derecho especial paradlo, «Don Quijote», aun por los que 
sólo de referencia conocen al Hidalgo manchcgo. ^'Aquéaficionado 
á refranes no se le llama por todos «Sancho Panza?» 

El caballo de Don Quijote vive y se reproduce en los de su clase 
mal traídos, y á voz en grito, chicos y ancianos, sin convenio ante- 
rior, le reconocen y llaman Rocinante Creo que el estudio de 

estas verdades apenas indicadas puede dar lugar a razonamientos 



Cervanic» tiugtdo por I0& Mf«Aol<> 



141 



ilustrados que contribu vana la imperecedera gloria del inmortal no- 
velista.» 

yCerFames, mista literaria de Madrid: A de Abril de 1876.^ 

Excmo. Sr. Don Fernando de Gabriel y Ruiz de Apoda- 
ca : 1877, 

«Kohay nadie. cuaIcsuuÍL>ra quesean su edad, su condición, el es- 
tado de su ánimo y sus aficiones, que no encuentre atractivo particu- 
lar en su razonada lectura, como que en ella alternan y se suceden 
con facilidad pasmosa lo era ve y lo festivo, brota la risa de las lágri- 
mas y de las lagrimas la risa, lo idea] llega alo sublime y la realidad es 
la verdad misma, los caracteres y las costumbrcshállanse pintados de 
mano maestra, suspenden y encantan las descripciones, los pensa- 
mientos son altísimos y honrados, laudables sobre todo encareci- 
miento los propósitos, el conocimiento del corazón humano profun- 
dísimo, dando por resultado que los tipos y las pasiones que «n el 
libro Si! agitan no puedan nunca morir, y que de cada linea surja na- 
turalmente y sin esfuerzo alguno, como 'de manantial, purísima, cla- 
ra y fcrtilízadora corriente, una sentencia ó una enseñanza de apli- 
cación perdurable, hija no de una omnisciencia universal, sino de 
un espíritu observador y relloivu, de una larga cxpt:nencia dura- 
mente adquirida en los inñníios lance&y vicisitudes de una existen- 
cia por demás azarosa, y del maravilloso poder de intuición sólo al 
genio reservado.» 

iDitturso Uido en la texinn de la Real Ataiiemia Sefiliana de ñuenat ¡^trat »i 
ifa isde .'Xbrilde iXyj.'i 

Manuel Merry y CZolón : 1877. 

^Enaayo crítico solfre /« Novelas EtKMPíKKtide Cervanles.-Sty'úU, 1877.- Pr«- 

Sfatólo su autor al Cenatner en hnnnr de Cervanie^, abicrio por la Academia ^- 

*ilÍU¡A de Buenas Lcira» en 1877; y no habiendo ubtentdo premio éfrie, ni nÍDfjúa 

otro de los que concurrieron, lo dio á la prensa ca uso de su derecho, rrvtlaiitlo 

SCJI nombre, que había quedado oculto como los dcmis.» 

C Número t^ it\ Catálogo de oóras... referenla... á Cervanta. por f, M. Ako> 
•í«» ; iWI5.) 

J •filian de Mores y Sanz : 1877. 

-«Nótase en el Quijote cuanto contribuyó Cervantes á engalanar 
n v^ estro romance con ala vio latino del siglo de Augusto, para su ma- 
yor dignidad y pureza : allí se admira la propiedad de las voces al 
^^gniíicar simple y vivamente las cosa.\, satisfaciendo la curiosidad 
Y *^1 entendimiento, presentándole los objetos cuales son, y descu- 
rte riendo su esencia, calidades y circunstancias. Obsérvase el ricocau- 
' Aal.quenoconsistesóloen la abundancia de palabras, sinoenaque- 



la 



Ccrvante» iuzgido por loa españoltb 



líos singulareit mudus de variarnaturalnientL' una expresión, üandu 
mayor amenidad y gracia á la elocución yai número; y finalnienie 
se vé con agradable sorpresa la discreción en el uso de las palabras 
antiguas y nuevas, conforme á la doctrina de Quintiliano. . . 

Cervantes misino comprendió el inmenso servicio que hacia al 
idioma patrio con la publicación de su Ql-uote. y lo expresó ter- 
minantemente en el Prólogo de la Segunda Parte; y en la Dedica- 
toria al Conde de Lcmos, L-xplica lo ücüeaJo que en todas partes era 
su libro, V que ei emperador de la China pidió se le enviase. 

Adecuada era, pi»r cierto, esta parábola. en la que expuso la verdad 
aunque con tal delicadeza v discreción, que sin ofender ó ninguno 
en particular, fuese capaz ¿e sonrojar á los que debiendo y pudien- 
do promover v fomentar las letras, las miraban con indolencia y 
desden, dejando de aplaudir y premiará los ingenios sublimes y des- 
validos que, ilustrando á la nación con sus obras, vinculaban en 
ellas para siempre la gloria de su nombre.» 

{La Cuna de Ccrvaitla, revista de Alcalá de Henares.- Nüm. 49, del 33 de Abril 
de i877.-Ari(culo Cervantes y xti idinma.) 



Amenodoro ürdaneía : 1H77. 

«Así como Homero se colocó enire el Orienteyel Occidente para 
levantar una barrera eterna que separase, de ¡a vaguedad misteria- 
sa de las religiones asiáticas, las divinidades tan variadas, pero de 
una fisonomía más marcada, que poblaban el cielo de la Grecia; y 
así como su escena señala eí límite entre la Kuropayel Asia; asi Cer- 
vantes se colocó entre la edad media y la edad moderna, es decir, 
entre esos dos njundos, sombrío el uño, incierio y lleno de confu- 
sión, y el otro lleno de claridad y fijeza, con su razón ysu sobera- 
nía popular por cimiento. Homero saludó la era de las anes. det 
vigor físico y de la fuerza moral y preparó el mundo griego á las con- 
quistas del valor y de la inteligencia. A la presencia de Cervantes 
desaparecen las concepciones de la mitología monstruosa de la edad 
media, con sus enanos, duendes, trasgos r gigantes, y se queda sin 
vida y sin aliento esa literatura ridicula que los prohijaba. La luz 
del arte y la acción de la inteligencia se abrieron para dar pasoá la 
hgura sublime del escritor alegre, delicia y honor del género hu- 
mano, cuya obra es el heraldo de la raron y del buen gusto, palen- 
que del sénlimienlo y antorcha de la verdadera poesía. . ■ • . 

Los críticos del QuiJOTK no han entrado en el plan de Cervan- 
tes; y por eso se han empleado en hechos aislados, cuyo engarce en 

la máquina general no han explicado; Empero la critica ha 

hecho un gran bien al Qlijotc ; csla obra, que sigue todas las 

sendas del corazón, cuya imagen refleja en todas sus páginas, ha 
sido estudiada y esclarecida en sus lugares más oscuros, hasta el pun- 
to de no chocar la antítesis o paradoja que sólo el gran genio com- 
plutense ha podido sostener; es decir : suane uk fondo puro y esen- 



Cwantcs juagado por ios »pañt>l«s 



'43 



CEALMENTC GRAVE Y MELANCÓLICO. Se VE KESAUTAR UN BAÍiü OC HtSA 
Y DE RIDÍCULO 

Este libro es el común tu de la hi&turia humana. Su universalidad 
alcanza á todas las ¿pocas; su grandor abarca todas las acciones, y 
su colorido se rt;fleja en ludas las figuras, di^dc el más eminente po- 
tentado basta e] ser más despreciable é invisible No os sola- 
mente la hísioría política la que entra en su plan y se pone al alcan- 
ce de su filosofía: es cambien la historia social, el drama y la novela; 
es decir, el mundo real y el famásiicü en toda su extensión. . . . 

No es el Quijote una vana copia de las acciones humanas, una 
«&téríl critica de nuestros vicios y pasiones. Es más : él llena el ver- 
dadero, el más elevado Hn de la poesía; v es por esto que nunca será 
viejo y si siempre nuevo en las sociedatfes ; corrige, tiendo á mejo- 
rar el ser racional, encaminándolo por la senda del honor, de la hi- 
dalguía y de la libertad ; asi como la poesía debe mejorar lo real, re- 
vestir la verdad de bella-s formas, ennoblecerla, para que se presen- 
te halagadora al corazón y á los sentidos, desdeñando, empero, las 
monstruosidades y las bajezas de la naturaleza moral, asi como las 
artes plásticas desdeñan las de la naturaleza ñsica. 

Para considerar el valor de la obra de Cervantes, es preciso aten- 
der al siglo erudito y Jalsificador de la antigüedad Ese espí- 
ritu erudito se habfa apoderado, con su única cualidad cierta— la 
vanidad — de las letras, de las ciencias y de la poesía. Ya la erudi- 
ción cieniiñca había invadido hasta los libros de la más inocente 
recreación : y la erudici<in cieniifica siuuit» y acompai\('i la literaria, 
tan fastidiosa como ella cuando no se la usa con oportunidad y par- 
simonia (cualidad casi desconocida en nuestros dias) 

Tanto en lo moral como en lo literario, la ciega imitación de los 
antiguos hizo incurrir á los modernos en extravíos enormes; si en 
el mundo aniiguo sentaban bien las saturnales, el anfiteatro y demás 
escenas de donde se proscribían el decoro y la inocencia, el esfuerzo 
de ta libertad moral y de la poesía debían destruir hasta las raices 

desuellas costumbres 

Entrando en el asumo principal de la crítica de Cervantes, los li- 
stos de caballerías, debo advertir que es en ellos en donde más rc- 

saiíala inmoralidad 

Cervantes, pues, como gran filósofo, que mataba un defecto exa- 
arándolo y que no podía sustraerse de un todo á ta extravagancia, 
P0rt|uc no sería leído; que debia desiruirpara fundar; asi como lle- 
nó su cometido respecto á la imaginación, era seguro que lo llenarla 
físpecio al corazón y á los sentidos; y atacó aquella falta con tal fi- 
nura, que puede decirse í}ue vistió de decoro la misma licencia. 

Estaban entonces también en boga la alquimia y otra qui7ne- 

''1- como así podemos llamará la mitologíadm^o-^^erso; mitología 
otóíil, que separaba de los bosques y los espacios aquella santa so- 
*^d y iqucl rcligÍo,so silencio que les infunde la presencia real de 
líDivioidad Increada, dando lugar allí á los gigantes, duendes, tras- 



C«rv«atc9 juxgaiio por los ospaAoles 



»)«, magos y demás creaciones del fjenio oriundas del monte 
nabitacion del Enka fabulosa, v usurpadoras de los astros yduomos 
de ta naturaleza. Agregúese í todo esto el trastorno del alma por 
medio de los htchiy.o^. polvos y demás creencias vulgares, que en- 
traban en todas las categorías sociales, y por la mescolanza de las 
mitologías occidentales, informe unión de los residuos de la griega 
y la arriba mencionada, que daban ser á los faunos, silfos, hadas, 
dríadas, etc. ; y se tendrá una idea del estado moral y literario del 
siglo de Cervantes ' 

Así la poesia y la literatura habían pa-sadude su carácter sencillo 
y natural, de simplemente objetivas, por así decirlo, al úe subjeti- 
vas, artísticas y eruditas 

Cuando la caballería terminaba, perdiendo su noble principio y 
su misión protectora, cediendo á la extravagante orden que ataca 
Cervantes, ya se habia perdido hasta el modelo de lo bello y de lai 
sublime en poesía. , . .i, 

Cervantes pertenecia á e.\a época de transición en que el romancti 
cabaUerescoy el morisco daban paso al vulgar, á la ¡¿cara y demás 
géneros que manifestaban la lucha del mstinto moral popularylas 
ideas opresoras 

Como todo lo humano pasa y muere cuando los elementos de su 
existencia y el aura que la vivihcaba se agotan v ceden su puesto á 
otrascrcacioncs, traídas por la lev eterna de la regeneración, y cuan- 
do las ¿pocas van desarroilando'otras necesidades, la caballería des- 
cendió y toc6 á su íin. corrompiéndose ya las ¡deas del honor con 
las de lá licencia y el desenfreno. . . .' , 

Estos eran los que llenaban los libros de la literatura caballeres- 
ca y los que tenía que dominar Cervantes para cortar usos y 

preocupaciones que ya formaban la constitución, la sangre, por de- 
cirlo así. de aquel pueblo que corría en pos dv extravagancias caba- 

llerescasy del sensualismo oriental porque nuestra literatura. 

romana y gótica primero, tuvo que ceder al poder de la árabe, y la 
caballería andante, que habia logrado penetrar en el espíritu cristia- 
no, participódel materialismo que te imprimió la influencia maho- 
metana Y todo el cortejo de costumbres embriagadoras v sen- 
suales habla invadido la Europacntcra ; ésta volvía los ojos á la Pe> 
ninsula. porque de allí partían los rayos de la lux intelectual y el 
haíago de los sentidos 

Cediendo á las ideas generalmente admitidas, no se debe neg^ 
al Quijote el plan del poema. Acción, episodios, caracteres, ejeq^ 
cíon, todo está en orden ^ 

Lo fantástico é imiíativü del Qi-iíjote hace que su acción sea in- 
cierta respecto á la fijación precisa del tiempo, pues en varios se la 
puede colocar, siguiendo algunos pasajes: ya en 1589, por el relato 
de Cervantes; ya después, pnr aparecer posterior á la expulsión dv 
loa moríscos y otras circunstancias de la época de Felipe III. En esto 
no hizo Cervantes más que dejar ciertas vaguedades ó indecisión 
propias de los libros que ridiculizaba - . 



Cerrantes juagado por los «pañotn 



■45 



En los dos principales personajes de la novela tenemos el reme- 
de» <le la sociedad en su aspiración inctsanie al mundo perfecto del 
sen timicnto ven su abyección inmediata bajo la sumisión de los sen- 
tid os V de innubtes pasiones tenemos, en iin.esa lucha del pre- 
sen te y del porvenir, del estacionamiento y la perfectibilidad de la 

M^ i edad como es V la sociedad como debe ser 

¿ <Quién no ve en aquello de trocar las cosas, de ver gigantes don- 
Je «Tnolinos, ejércitos donde carneros quién no ve allí, á más del 

sen Cído recto, el de la imaginación, que, luego que .se extravia, se 
lia^« visionaria y extraña a la realidad de las cosasí* ,jQuÍén no ve 
allí los engaños de la fantasía, engañns crueles, dolorosos, pero que 

no la curan ni la detienen en su camino de miserias ? ^Y quién 

no "v^e la santa fratcrnidaden aquella abnegación y en ese amor porlos 
tnfcnt'sterostís y lo^ dúbilcs, de quienes se constituya amparo y de- 
fensor, y en ese respeto y veneración por las cosas y personas vene- 
ra)>l«s>Y en aquel admirable ttn de la acción, en aquel sueño que )o 
des penó á la salud vá la razun^^quién no ve el símbolo de la nada 
¿e nuestras locuras, la vanidad de la vida humana y la pureza vel 
ifiunfo de la raztm? Y aquel amor platónico: aquella Dulci- 
nea, invisible siempre, ^no es ía imagen de nuestros sueíios, siem- 
pre fugitivos, siempre eñgañadoruK y jamás realizados? ¿Nu vemos 
en la Princesa de !a hermosura, bella mentira, la verdad de la per- 
fección humana, siempre suspirada y nunca alcanzada, variando 
ñguraicguii las intrigas ^^ candidez de los humbrcs? 

Bajo las conáideracioncs hechas, creo que en ningún libro han ha- 
llado mejor inttrprete que en éste las Escrituras v la filosofía uni- 
'•■ersil, iodo matizadocon los risucfios colores de la comedia huma- 
ai.LosconsejusyseniencÍasque frecuentemente salen de los labios 
<icDon Quijote nan el resumen de la sabiduría, salpicado de agude- 
«sy atractivos. MU tienen reglas y modelos el magistrado, e! juez, 
Hcaballero y demás gente de la nomenclatura social, lo mismo que 
luciencias,'las artes, la literatura y los oficios; todo impulsado por 
las eternas leyes de la justicia, de lá caridad, de la misericordia, es- 
píritu de las tcyes cristianas, que nadie con razón disputaría al héroe 
iccsia incomparable novela. Allí está la práctica al lado del conse- 
io. loque no hizo ningún filósofo antiguo ni moderno 

Nofué el primordial y ^nico fin de Cervantes divertir á sus lec- 
Iwes.íQ locual no hubiera dado á su obra esa inmensa popularidad 
yeía trascendencia que ejerce en todas las naciones y en todas las 
tJKJCii. Valióse de aquel medio como de cebo para atraer la curio- 
*i!bdal fondo de su tabula y para endulzar la amarga sátira que se 
pTOponia. y vestir de ridiculo al objeto de olla. Por tan agradable 
^4 noscnnduce, pues, al desprecio y burla de las costumbrcsan- 
"itescas; v luego nos gula por el espinoso campo de la critica so- 
cial 

^la sy halla envuelta ya en la imitación caballeresca, ya en má- 
*'*4sy consejos filosóficos y morales de alta trascendencia y signi- 

T»««ni to 



146 



Cervantes juzgado por los «spaAoIes 



6cado,yya en los mismos refranes y hechosdel simpleescudero, qi 
no los discernía y de casi tudos lus personajes de la nuvda. 

Aunque la obra de Cervantes es jocosa, sube con frecuenciaal 
tilo serio, al grandius<),al subünie; pcninunca es hinchado, sinoci 
alguna ocasión en que sigue el sistema de imitar á los libros de ca- 
ballerías 

El QüiiOTE ha desarrollado pcrl'cctamente bien la cuestión psico- 
lógica de que el hombre puede conocer una cosa y no creerla. En 
primer término, Don Quijote c;. la ligura que domina eslacuestiun^^ 
y asi como el crimen conoce vsabe que lo es, mas no lu cree ni coqjH 
fiesa. asi el mundo, dunde reina la hipocresia, t^Jatuo, vano, cabt^^ 
//ero anrfan/e. etc., y nolocree, aunque lu reconozca 

Creo, por lodo lo dicho, poder asentar la superioridad del Qv \io- 
TE sobre iodos los libros literarios, especialmenie sobre los poemas. 

Mientras solólos hombres de tetras ícená Homero y á Virgilio ; 

mientras pocos comprenden al Dantc.queselce para estudiar las cos- 
tumbres y preocupaciones del si^Ioxiiiy las extravagancias caballe- 
rescas de los siguientes; mientras que si todos gustan Iceral Tasso, 
es para gozarse en un bclío episodio de las cruzadas, y al Ariostocon 
el objeto de hallar el resumen y el niodelude una literatura ya muer- 
ta, merced al gtfiíio de Cervantes: y mientras Klupstok. us de pocQ. 

éxito en la alta literatura el Quijotk es el libro más conocidojf 

porque responde á todas tas acciones de los hombres, á todas las en 
gencias, deseos y gustos de los pueblos. El no tiene nacionalidad 
su patria es ci mundo y su vida lus siglos 

Pero donde se finca más la superioridad literaria del Quijote, es 
en una cuestión filosófica más elevada, y que presenta e! carácter 
más original v grandioso de la obra en su extraordinaria concep- 
ción; porque ía hace encontrar eco en todas las formas humanas y 
el unisono de sus notas en las fibrus de todo cora/on. Hablo de la 
disertación que mejores plumas yaitos ingenios harán sobre lo trá% 
gíco y lo cómico en su intima relación con el alma humana, pai 
deducir la altísima importancia del Quijote en el asunto. . 

El gran novelista, Cervantes, no pensó ni pudo pensar en dete- 
nerse en una época particular, con loque no conseguiría la alta tras- 
cendencia que hoy tiene su obra, sino que comprendió la necesidad 
que tenía en su vasto pian de abarcar mayor campo y remontarse al 
origen histórico de las sociedades, religiones, mitos, etc., presen- 
tándolas en figuras al lector curioso, pues bien sabía él que la íii- 
gromancia. la astrohgia, la magia y demás absurdos de la edad 
media fueron herencia de las viejas sociedades, de que se resentía y 
se resiente aún la civilización cristiana yque se van disipando ani 
su luz. 

No acepto la idea de idealizar el Quiiotk hasta el extremo de no 
darle forma real y efectiva, forma personal y temporal, relaciones 
ordinarias con su época y con la vida activa del hombre, sienc' 



Éste el principal asumo que «le desprende k cada paso de la intención 
JeCon-anles. 

Tal aserto de un crítico niodernüi) esiá en abierta uposicion con 
Is idea cardinal que se desarrúlla respecto á la obra. Si el cree, con 
otTüs muchos, que Cervantes atacó el Espiriiualismo vTendióábn- 
c«r triunfar el .Materialismo, ¿no ve que esto de idcaÜiar lanto el Qui- 
jote forma con lo anterior una chocante paradoja? ¿No ve, además, 
quts'i «amaba tanto la caballería andante v su literatura», no debió 
lender á dcsiru irlas, como ácada paso manifiesta i* Y no ve que idea- 
¡izando no se debe ni .se puede imitar lo que es toscamente real y 

material r 

Críese por algunos que Cervantes imitó k Homero y á Virgilio; 
pcj-cj más alto está Cervantes de una imitación. La originalidad del 
po«;ta griego está en la acción v sus episodios; pues el asunto prin- 
cipa.ly las mismas i'ábulas estaban en la imaginación de los griegos : 
rtligion. mitos, costumbres, etc.. lodo allí es muíarfo. Cervantes es 
m&S' original en todo; puc.t hay en el Oi.[|jotk dos epopeyas que co- 
rren paralelas, lo que hasta él no se habia visto; es á saber : la ac- 
ciOTí reat y la que pasa en la mente del héroe. Ksta es imitativa: 

tquella orif^inal Esta originalidad es la que forma el fondo de 

U obra, y cita da margen á todas las sátiras literarias, morales y po- 
Irticasdequeechó mano Cervantes, usando sus transformaciones de 
un mudo maravilloso, para censurar las que usan los hombres en 
sociedad.» 

\CtrMmes y ia Cri/ica. -Corai.-as. >*<7T, (." de 6olí ps -lin l.a Opimon Sanonal. 
iiuioOc Carscas, de i5dc Julio de 1H7K, salió unanículo rirniuilo//i7r/»itioi.DoD 
iMtGOcll y Mercader^ y fechado en Madrid á au Junio, en el que se haceunscrl- 
Üadt U obra du L'rdaneta. rtogisndolo, pero nolándüla que es üema&lido apa- 
Mmula de Cervantes, pues que el Quitóte no tiene el sicancc que dtchoseñor le di.) 

Carlos Coello: 187H. 

«El Qi;iJOTE es sin duda un drama universal de Todas las épocas, 
de lodos los países, de todos los hombres. Porque es el drama en 
«jtic repinta la di fe rene ¡a entre lo que la mente altiva concibe, loque 
el generoso cura2on ambiciona y lo que el mundo miserable con- 
úíflie, loque nuestras mezquinas iuerza.S5on capaces de realizar. 
TftJoesto dicho con burla que no hiere y con gravedad que no des- 
consuela: todo contado con la apacible y majestuosa claridad del sol 
que. \tn otro ruido que el fnrmado por el contento general y armó- 
nicode b despierta naturaleza, aparece y sube iluminándose con su 
propia luz y ataviado de su sola hermosura. Todo es admirable en 
*' Vií'WTE, desde el estilo puro y diáfano como las ondas de un rio 
«reno, hasta el pensamiento, cuyo fondo profundo déjase descu- 
rtí'' hasta las últimas arenas de oro á través de aquel cristal inma- 
culadoysin otra ayuda que la de unos ojos medianamente perspi- 
í>«i. T.xlo en el Qi iíotk es noble también. En el Qi ijote se agi- 



14» 



C«rv«at«& )U2ftado ^r los *sp«ñ«lK 



Un, arden, viven eterna vida los dos principios rcgeneradorcü 
mundo, cuyos límpidos raudalus, nunca libres de enturbiarse con eJ 
barru de la-s charcas que trop¡e/.an en »u camino, son capaces á^M 
fecundizar la agosuida Tierra, habitaciun del hombre, si éste bus^l 
el secreto de encausarlos Son esüs dos principios : la tenden- 
cia á to ideal, el ansia nobilísima de elevarse, con elalma al menos. 
á un mundo de mayor pureza, de mayor ¡usiicia. de mayor indul- 
gencia para el bien, para los sentimientos que salen más espontá- 
neamente de nosotros y el mundo nos rechaza porque, en efeciú. 
no son dignos del mundo: el espíritu de libertad moral y niatcria! 
A aue el hombre tiene perfecto derecho cuando sinceramente ama 
la libertad y no la tiranía enmascarada con su traje y el simulacro 
de su rostro, cuando se pnjpone hacer de! mejor ddn de! cielo. U* 
único para que se nos otorga, lu único para que sirve : una fuente 
inaf^otable de trabaio. de paz. de resíf;nac¡on v de justicia. El alm.i 
de Don Quijote tiende siempre al bien como eí a ve al espacio. Siente 
el amor el generoso hidalgo, que sólo en un mundo de criminales 
yegoistas puedepasar por loco; siente el amor y elex'avl alma: laer 
trcgaal dueño que ella se ha dado, y ni una sola vez dcia á la mau 
ria ruin tener la menor participación en pasiones que le son total 
mente ajenas. Contra tooa injusticia se rebela aquel corazón deor 
sin sombra de escoria; contra todo abuso riñe sin ver á lo que se 
expone en la demanda, sin oír otras voces que las de la virtud que en^ 
él se aloja y vive como desposada con él ^M 

En Don Quijote, no hay duda. pusuCcrvanlcs lo mcjt>r de su es- 
píritu: espíritu grande y rectr» en sus^aspiraciones como el de todo 
artista que se aproxima en sus obras á la belleza absoluta. . ~ 

Quiere Cervantes pintar un ser ridiculo en DonQuijuto y demuf 
tra su intención presentándole loco de remate, feoá toda ley. soñi 
dor de desatinos y empeñado en ponerlos por obra; y sale al campo' 
y todo lo ve al revés, y riñe y siempre vuelve con las manos en la 
cabeza; y nos reimos y cerramos el libro; y volvemos á pensar en 
el hidalgo manchegoy se nos presenta grabado en nuestra imagina-^ 
ciúD con luminosas Lneas como el ser más puro, más perfecto, máflH 
interesante, más santo que ha cruzado por este valle de lágrimas. ^* 

Cervantes tomó la pluma como quien, para .sacudir la melanco- 
lía, sálese á dar un deleitoso pasco por sitio que embelesa la ima^ 

ginacion solo de pL-nsarlo y andando, andando, enamorado dA 

su camino, con fuerzas incansables y sin sentir ni lo que andaba,] 
recorrió al fin el camino entero del arte, tío dándose él mismo cuen- 
ta muchas veces de qué manera lo recorría : ñrme y rápida la plan- 
ta, embargada la imaginación por laa mismas maravillas que iba 
creando, como los padres con sus pequeñuelos. Es indudable que 
Cervantes no se dio cuenta perfecta de lo que hizo. Pens<'> ir á un 
punto determinado, por su propia voluntad escogido, y fué más le-^ 
JOS todavía. Cervantes compusosu portentosa novelay'dcjóá la pos-fl 
teridad el cuidado de apreciarla en su conjunto. No es por eso me- 
nor el mérito de Cervantes; el sol no se ve á si mismo, pero todos 



C«rv«nln juzg«do por los v&pañolm. 



149 



vemos, porque el sol alumbra. Cervantes era un verdadero genio y 
la profundidad, más que en su obra, esiá en el autor y entra con ¿I 
en todas partes.» 

Kfiítuei'o ;-d;iiron. Cutnioa inivrnxfmiV». -Madrid. 1S78, ft.'i 



Rafael Luna (D.* .Matilde Cherner) : tUyü. 

«Si hubiéramos de luzf^ar las Novelas ejcmplakes según et 6r- 

lím que su mérito les da a nuestros ojos, las dividiríamos en cua- 

iro distintas agrupaciones. En la primera colocaríamos á KiNCONt- 

Ti y Cortadillo, El Licenciado Vídujera y quizá el CoLoytuo de 

Lutí Perro», sino por su mérito, por su género. En la segunda, La 

FiERu DE L.A Sangre, La Ilustre Fregona, La Señora Cornelu 

V LasDds Doncellas. En la tercera, La Gitanílla, La Española In- 

atSA. El Celoso ÍÍxtrkmkño v Ei. Amantk Libkral. En la cuar- 

a,EL Casaaiif.kto EnüaSoso y La Ti.^ Fingida. Pero temiendo que 

«crea apasionado v arbitrario este orden, hemos preferido en nues- 

ira critica conservarles aquel en que se hallan colocadas. 

L-vGrrANiLLA. á pesar de la diversidad del asunto, se asemeja bas- 
isnteirnla sucesiondcsiisavcnturas.cn sus amores tan ideales como 
raterosimilcs. en la intercalación de versos y canciones, en la cóm- 
prela iJcalidad de la pruta<jiinista y de su avasalladora hermosura. 
*UG^LATEA del mismo autor, y una y otra alas novelas, ya en pro- 
a. raen verso, que estaban de moda en aquella época. Ño es, pues. 
UGiTANiLLA. á pesar de su indisputable mérito, la novela en que 
Cenantes se adelantó tan prodigiosamente á su siglo y á la litera- 
■ura Jv su ¿poca, dejando k sus sucesores ejeniplosque.scguir)* bc- 
Itísiile estilo y de sentimiento que admirar; y aun cuando Pre~ 
nii]<i haya sido la generatriz de Esmeralda^ como la truhanilla del 
'f&tfüñueto lo pudo ser de 'Vreciosa, Cervantes se plegó demasia- 
da en esta novela al gusto de su tiempo, y saliéndose bastante délo 
natural, si bien no loc<^ en lo increíble, como le sucedió en su obra 
ptetuma Pliisiles v Sir.isMt_NUA. estuvo muy cerca de lo exagerado. 
ti Amakte LibERAL es á nuestro juicio lá inferior en mérito lite- 
"Srioyen interés dramático de todas las de la colección. El princi- 
pil interés de esta novela es el tict relato que en cita hace Ccrvan- 
*iáe lus trabajos, peligros y traiciones á que estaban expuestos lus 
utJiivoi de Argel, y de las a'sombrosasconspiracione.s tramadas por 
t|lci para lograr la libertad. Como testigo pres-encial v como parti- 
eipanic en su largo cautiverio, y aveces promotor de estas conspí- 
"^ones. con las que se prueba á qué grado de valor, osadta y arro- 
to puede arrastrar el amor de la libertad v de la patria, Ccrvantci> 
'*ireliirt con íideiidad y maestría: pero el interés que en su ticm- 
P'-"iipiraban no existe hoy, y aun asi y todo, Jas aventuras de Ri- 
c*'sloy Leonisa durante su cautiverio no conmueven y entretienen 
'Héctor tanto como las de la mora Zoraida y el capitán cautivo, 
^uir» historia se cuenta en el Quijote. 



iSo 



Cervantes iui^wlo por Im españoles 



Las dos mejores novelas de las ejemplares, por la naturalidad, 
propiedad, gracia y elegancia del esiilo, por la verdad de los carac- 
léres, poi la belleza de las pinturas, por la realidad de los hechos, 
son RiNCüNKTK r CoRTADiLLd V El Lif;ENci\Do ViDRiKRA. En la pri- 
mera, agüella casa de Monipodio tan magistralmtinte descrita: aquel 
cuadro inimitable en el que ninguna figura huelga ni sobra; aque- 
lla diversidad de caracteres y personas que, bosquejados de cuatr*; 
rasgos, quedan perfeclainente delineados é indjviduali/íidos en la 
mente del lector, son inimitables pinceladas, dignas todas del inmor- 
tal autor del Quijote. Esta novela es el cuadro más acabado, por noj 
decir el único, que en su género conocemos. 

La EsPATiouA lNai.ESA, aunque riquísima en deíaUes^áeargutnet 
to interesantísiino, de estilo galano, elegante y natural, no alcanza" 
la perfeccicín que admiramos en otras. No obstante, los caracteres 
de Isabela y Rtcaredo csián llenos de noble/,a. y aquel amor que, 
prendado de la bet]e?.a moral, sobrevive á la transfarmación de 1^^ 
belleza física en repugnante fealdad, es un rasgo digno de iodo ela^^ 
gio y que revela la delicadeza de sentimiento de su autor. Tambíéi^^ 
esnotabilísimu el desenlace ven ¿t juchan ya algunos de los resor> 
tes de la novela moderna. 

Nosotros creemos que El Licknciadu Vidriera precedióá El Ii 
OBifioso Hidalgo, fué como el germen de esta obra inmortal. Aqut 
hombre que, amparado en su locura, se atrevía á discutir sobi 
todo, como apunta el autor, azotando con el látigo de su sátira el 
rostro desveigunzado é hipócrita de la sociedad, es la encarnación 
gcnuina del espíritu observador y tílo.sólico deCervantes, lastimado 
siempre por la contradicción y la desgracia, y sufriendo el doble 
ostracismo á que le condenaban su pobreza y la elevación de suj 
genio. ^ 

L.\ F11LK/.A t>t: i.A San(>rk es una de la& novelas, aunque de ge- 
nero enteramente distinto á la anterior, más interesante, más iier-_ 
na, más llena de belleza ysentimienlo de todas las ejemplares, 
resortes tan veroslmilcí como mugístralmente buscados de esta 
vela, su l'elii: desenlace, la dignidad de su estilo, la nobleza de todc 
los personajes que intervienen en ella, hasta del mismo Rodolfo." 
que tan bien sabe hacerse perdonar su horrible atentado, la colocan 
entre las que hubieran bastado á hacer la reputación de su inspira- 
do autor, y la exquisita dclicade/a de .scnitmicntu que la distingue 
se adelanta algunos siglos á la ¿poca en que se escribió, y nos reve- 
la una cultura social enteramente moderna. ^^ 

En El Celoso Extukmeño, los celos del viejo marido, la inocen^^ 
cía de la niña Le<inora. la libertina ociosidad de Loaysa. la stmple-^^ 
/.a del negro Luis y la lubricidad de Martalonso, preparan ycondu- ' 
cen atinadamente y sin mucha inverosimilitud la trama dé laobra.B| 
Mas Cervantes tropezó con un escollo que no había previsto hasta ^^ 
chocar con él. y causándole sin duda intimo v profundo horror el 
adulterio, esa falla ó crimen que es hoy el asunto obligado de todas 
<i la mayor parte de las novelas, le falt¿ valor para sacar las consv- 



Cervantes ¡uigatlo pur lo& españoles 



iSi 



OKiicias lógicas del curso de su novela, y la concluye sin echar so- 
hnLranora el peso de tan fea culpa: mas sin absolverla tampoco 
icella y sin que se absuelva la misma heroína, que él nos pinta Íno- 
«nle.yqucsc impone resignada el castif;o de una culpa que no co- 
metió.' 

U novela La Illstrl: Kreuuna. es una üe las más deleitables de 
¡«eolección y, sin ceder en mérito é interesó La Fuerza dklaSan- 
QHE, la supera en ricos deíalle.s v acabado colorido. 

La misma esperta y eiercitada mano auc con media pincelada 
ni» bosqueja en El Ingenioso Hiuai.gq á la hija de los venteros, nos 
Jaáconocer en dos felicísimos rasgosá la buena posadera que había 
wn-idode madre á Constanza. La inocencia, tan desnuda de arii- 
ScJodc¿sta, su hermosura y su natural distinción, tanto más noia- 
Mescuantoera Infimu el puesto en que se hallaba colocada; su ho- 
oestidád, ^u decoro y su modestia, hijas de su candidez, de la com- 
slcia ignorancia enauevívia de los peligros que halla en el mundo 
dbtlleza.vquc Preciosa sabia precaver con su claro ingenio, y Cons- 
tanza ciin)urabn con su inocencia v recogimiento: el misterio que 
tflvülvia á aquella niña tan herniosa y tan conforme con su humilde 
Jno. hacen de la L\ Iui:stre Fregona una de las creaciones más 
y atractivas de Cervantes. Los dos amigos. Carriazo y Avcn- 
iliflo, de tan opuestos caracteres y tan constantes en su amistad, son 
ios Creaciones felicísimas en las que se compendian y detallan las 
inconsecuencias, tas impremeditadas locuras, la arrojada osadía de 
los pocos años. 

ULü aventuras de Carria/.o. el juego del asno, la demanda de la 
cola, el baile en la posada, son graciosisimosy nos dejan verque en 
bnuvtla picaresca f>rvantes noteníaqueenvidiarnial mismo ¿a- 
wriUo de Tormes. 

£1 principal mérílti de Las nos Doncellas consiste en que siendo 
Misprotagonistas dos doncellas nobles, que por seguir á un hom- 
fcfcnuyen. en traje de van'm, de la casa de sus padres, Cervantes. 
CM la magia de su talento, sabe hacer que no desmerezcan á los ojos 
<ldIcctor, pues al volver á su hogar con sus esposos, ni su reputa- 
ción ni su nombre han sufndn et más pequeño menoscabo. 

En la novela de La Skñora Cubselia todos los lance.>¿ están pro- 
fundamente enlajados sin esfuerzo, y el lector, según avanza en su 
•tttura, siente crecer su interés y simpatía por tos principales per- 
wnajcs, y si se duele de las desdichas de Cornelia y teme la vcn- 
^nzade'su hermano, halla disculpable el que éste, tan noble como 
Hduqut si bien no tan poderoso, busque por todos los medios la 
■^inndicación de su honor ofendido. 

^n tan humanas las mujeres de las novelas de Cervantes, suspa- 
*Wfici, sus virtudes, sus mismas debilidades son tan verdaderas. 
1"* los siglos no les han arrebatado ni uno solo de los atractivos con 
1"e fu«ron dotadas, y su belleza, su ternura, su desgracia, nos con- 
"'"even hoy con la misma intensidad con que pudieron conmover 
' li^s contemporáneos de su autor. 



1 59 



Ccrrantcü luzgado por loa cdpaftuk^ 



El Casamiknto EmcjaSoso es.á pesar de su {galano y castizo estilo, 
la novela menos digna de figurar entre las ejemplares. La episódica 
historia del alfírez, pues esta novela no es más que una narración, 
está contada con sin igual belle/a,y c( engaño de que fué victima y 
el que ¿I hizo á su engañadora, llenos de picarcscn y graciosa tru- 
hanería. 

El Coloquio de los Perros, si se atit-nde á su pensamiento pri- 
morJial. es un estudin pnifundo v ftlostSñco Je la sociedad, mirada 
bajo un punto de vista compleíamente nuevo, yjuzgada por un ser 
tanto más iin parcial cuanto i nfurior es su categoría a la del hombre. 

El diálogo, en esta novela, es casi siempre pesado y pedantesco: 
el estilo, con diñcultad alcanza la galanura tan propia del autor del 

QvilOTE. 

Todo esto no es incompatible con que en esta novela haya ras- 
gos felicisimos. pinturas llenas de verdad y colorido, trozos castizo» 
yelegantes, y profunda enseñanza encerrada en sus páginas. 

En La Tía F i>-<¡ida. el corle de la novela y su desarrollo, se ase- 
mejan bastanttíá las del aulordel Qliiotk: el estilo, aunque no ca- 
racterístico de (Cervantes, no desnícrece en absoluto deídeél; algu- 
nas observaciones tan finas como acertadas, bien podrían ser del 
reputado autor de las Novklas EjF.MPL.VRts; mas el sujeto principal 
de esta que nos ocupa, jamás lo iratóCcrvantes sino episódicamen- 
te y como de pasada; el personaje de Esperanza es del todo exótico 
en sus obras, y el tinal de esta novela, enteramente contrario á los 
principios de decoro v de mural que en sus escritos resplandecen. 

Si Cervantes, en el constante estudio que hizo de iú Celestina, es- 
cribió esta novela allá en sus mocedades, y cuando dicen que fué 
estudiante en Salamanca, punto es sobre el que no nos atrevemos á 
fallar, y aun cuando hallamos mil razones para dudar que La Tía 
Fingida sea novela de Cervantes, no tenemos ninguna irrecusable 
para negarle su paternidad.» 

(Novelad bjbmi>lah» i3sCBkvANT£i. Trabaju premiado poi la AiMdemia Sa/i- 
llana en el Certamen ¡ilerarí» de i3y8. Se([ún AmiisÍo. la autora murii) poco des- 
pués. Se ínsent) también en Im nilmertt!. de 3^ de Fncfn y ^dc Febrero de 1880 de 
la Jieyista Europ«i.\ 

José Pereira : 1878. 

«Cervantes, adelantándose á todos los talentos de su patria, supo 
ejercitar la crhica de modo tan magistral y perfecto como se em- 
pleó mucho tiempo desojes, cuando los principios de la filosofía v 
del buen gusto pre\alecieron sobre las preocupaciunes absurdas de 
escuela, b.1 levantó su voz contra la manía de hacer citas latinas por 
ostentar una erudición pueril: 61 tronó indignado contra los que 
censuraban las producciones ajenas impulsados por pasiones mez- 
quina.s; él puso de manifiesto los desvariosque sus contemporáneos 
cometían aun en los trabajos intelectuales más estimados. . . . 

Con.siderado Cervantes como crítico de costumbres, no tiene r¡- 



Cervantes lusguJo por los »p&ñoics 



rSs 



val en su ¿poca, ni le ha tenido después. Ningunas obras tan per- 
feclamentc como las suyas nos dan á conocer Ioíí hábitos, gustos, 
iitendencias y hasta preocupaciones de sus tiempos. Cada una de sus 
^novelas es pintura cx'íctisima de caracteres y escenas reales. L-as 
costumbres de los aduares de gitanos, nos las describe en La Gi- 
TASiLUv: las de la Rente desalmada, en Rikconete y Cortadillo: 
la odiosa conducta de las zurcidoras de voluntades, en La Tía Fin- 
oiua; los tristes resultados de las imprevisiones amorosas, en El Ca- 
sAMiESTo KngaSoso; el premio de la constancia y abnegación, en Ei 
Amante Libkral; los amargíis frutos cjue cosecha el talento, en El 
Licenciado Vidriera: la noble reparación de un delito, en La Fuer- 
za OE LA Sangre; los pelifjros que ocasionan los matrimonias entre 
personas de muy diferente edad, en El Celoso Entremcño; el pudor 
V la bclle/a debidamente recompensados, en La Ilustre Frkgüna: 
las deplorables consecuencias que pueden causar las irreflexiones 
de las jóvenes, en Las Dos Doncellas; el triunío de la virtud y la 
hermosura sobre las mayores adversidades, en La Española Ingí^c- 
w; los vicios ó defectos de todas las clases sociales, en la incompa- 
rable crítica filosófica que se titula Ki. CoLoyrio dk los Perros. 

Puro más superior icidavía le notamos en su admirable Quijote. 
Obriei ésta donde magistral mente se presentan los fatales efectos 
de los libros caballere-ícos y se ofrece un oportuno correctivo á la de^ 
mencía andantesca en la sátira más punzante y graciosa que jamás 
« haya escrito. Pero además de este mérito, debe también conside- 
riricla obra maestra de Cervantes como amplísimo cuadro decos> 
turabres, de caractírcs y descripciones porque alli vemos agi- 
tane y moverse á todas las clases y estados sociales hasta el 

puato de poderse so.stencr que. si cuantas obras existen de la época 
áí Cervantes desaparecieran, solamente en el Quijote podríamos 
üUtxtiar, sin desventaja ni imperfección notables, las costumbres, 
otos, ideas v hasta preocupaciones, de aqucllo.s tiempos. 

Considerado Cervantes como crítico literario es aún más digno 
itilihanza. Dos únicos autores recordamos de los siglos xvi y xvii 
que puedan compartircn España lagloria de haber ejercitado íacri- 
>>ca:Don Diego Hurtado de Mendoza y Don Diego de Saavedra Ka- 
urdo; pero ni en la caria del BachiUer de Arcadia dc\ pñmcro, ni 
^^h Repúbiica literaria del segundo se noia aquella critica con- 
cienzuda, profunda v razonada que resplandece en los capítulos del 
Qluote.» 

\Cri,nicade fos Ccrvantixtas : I. \\\. p. Sa. Artículo Cen-ait/íS como crfdco.-Gá- 
*í.3jdeAbrilde i»78.\ 



Amonio de Bofarull : 1879. 

"Durante los dos reinados que tuvo ocasión de conocer Cervan- 
tes, pudo estudiar prácticamente el cuadro que ofrecía la corte de 
'•ípifta. verdadero contraste de la situación en que se encontraba, 

T«w||| ul 



iS4 



CenrAnusJuzgüdc por los npiAoles 



<:! que en aquélla nu medrara, el que no había nacido pan 
no, ni podía serlo E! mal ya existenie en el reinado de Feli- 
pe II crece de una manera e&paniosa en el de rdípe 111, durante el 
auc acontecieron todos los escándalos del duque de Lerma in- 
fame escuela q uc, en sus generaciones sucesivas, hemos de ver per- 
petuada en tiempos de los Olivares, Portocarreros, Alberonis, Ur- 
sinis, Ripcrdás V Godoys. Estos seres especiales, con tudossus adep- 
tos, discípulos e imitadores, que sólo tendrán de Español. ¿ lo más. 
la figura, llenos de fatuidad y soberbia, tomando siempre su antojo 
por ley y conveniencia pública, fallos de juicio y de tacto en el des- 
empeño de sus cargos, de exaltada imaginación siempre que una 
contrariedad exaltaba su carácter, de f^ravcdad rebuscada cuand<j 
dispensaban protección ó se aventuraban á dar un consejo, verdade- 
ros tipos, escapados al parecer de los libros de caballerías, éstos son, 
y no otros, el modelo que escogió el postergado ingenio para retra- 
tar á su héroe ideal. Quien dude de esta posibilidad, recorra la His- 
toria, coir prendiendo hasta los tiempos que alcanzamos, y á cada 
paso habrá de encuntrarejemplosde hidalgos pobres.yaun sin tener 
nada de hidalgos ni más nobleza que su travesura, que se transfor- 
man en magnates, cuya ascendencia se remonta hasta más allá de 
los godos, tercos que se empeñan en vcrgigantes ai descubrir unos 
sencillos molinos de viento, fanfarrones queá mansalva saben acu- 
chillar los inofensivos títeres de otros tantos maeses Pedros, y na- 
rradores poéticos desux propias hazañas, ponderando su sangre de - i 
rramada que no es más que el vino de algún henchido pellejo. ^M 

íA qué otra clase, si no, pudo aplicarse la imaginaria pintura, ya 
que, positivamente, lo ridiculo del héroe no revela en general el ca- 
rácter español, ni de ninguna de las clases conocidas, y es. sí. más 
bien, un conjunto de extravagancias que sólo pueden descubrirse 
en la clase que indicamos? 

Sintetizando nuestra opinión diremos, que el héroe Don Quijoi 
es la representación simbólica de la clase á que aludimos: que su 
escudero Sancho es. como contraste de aquél, la expresión del buen 
sentido español, del pueblo en general, cuya filosofía práctica, re- 
velada por los adagios y los pensamientos sencillos, le hace parecer 
más cuerdo, por lo mismo que no adoleccdc los vicinsqucá la otra 
clase especial rodean, la petulancia, el orgullo, la ligere/a en sus 
juicios, la envidia de altos puestos, la exaltación de su íaniasia, la 
ridicula protección á los inferiores, desjaciendo tuertos y perdonan- 
do af^avios, no sin ir acompañado todo de las buenas formas de 
atención y cortesía, más que hijas de la educación particular, no 
vinculada á ninguna clase, facilitadas por la riqueza del flexible y 
armonioso idioma castellano; que la obra donde tales enseñanzas se 
encierran es la más nacional de cuantas se han escrito, pues se pre- 
senta en ella á la nación tal como debe ser y no como la juzgaron 
los centralizados cortesanos explotadores de los dosrcinadi 



<.'<rf vjtnic^ lUK^do por Iok eüpanoltf;» 



íi& 



Critwi, y. por consiguiente, que us Cer\'ant(;s. además de autor sin 
par ensu tiempo y en su género, el Español modelo, puesto que, 
Jando ejemplo de gcneroNÍdad con sus propius enemigos, de suma 
cortesía y moderación al corregir los vicios de que convenia fuese 
depurada nuestra sociedad, celebra lo buen»» de España, sin dístin- 
cíoo de provincias, considerando, por consiguiente, la nacionalidad 
Cütno debía ser, y proporciona C(in el texto de su narración la mues- 
tra más envidiable del estado á que se elevara, en menos de dos si- 
glos.el rico y armonioso idioma castellano, que conocía no menos 
^l«^ul^os idiomas hermanos y cl clásico de que lodos derivan: y fi- 
nalmente, que si bien es ubjeiu principal de la obra el descrédito de 
loa libros de caballerias, lo cual habia de redundar en mayor cr^ 
diio de la nueva y más provechosa literatura que se iba desarro- 
llandu. no deja de ser también la .sátira á que tanto se prestaban un 
magnifico pretexto para ridiculizar á los representados por el htrne 
^uese supone, en sus locuras, victima de aquéllos. 

i prueba de que el victo corregible y el héroe que lo simbotííca 
un de todos tiempos, que en todos tiempos se aplaude, en todos pa- 
rece oportuna y aplicable su sátira, y en todos ofrece útil enseñanza 
y grato y ameno pasatiempo.» 

(Oiwrracioii» soire Ctrt>anle> y >n obra maestra Don Quuotk.- BarMlona, Aleu, 
I iB;<9i 3 lomos en folin.1 

Narciso Martínez Izquierdo. Obispo de Salamanca: 1879. 

o apoderarse del buen sentido, que no deja de tener sus co- 

rh<nt&) por la vida C(jmun. y hermanarlo cun la alta filosofía que 
Mnedc materia de especulación á los sabios, hé ahí el gran mérito 
deleicriiur. perú también el triunfo reservado para capacidadescomo 
la de Cervantes. Xu es extraño que su obra sea sin ejemplar y sin 
segunda. Ideal misterioso que nadie se ha atrevidoá definir, á todo 
K parece y á nada se adapta: y el hombre pensador que lo contcm- 
plt. al verse perdido en su estudio, encuentra mejor renunciará 
«I iniclipcncia y dejarse trasportar del placer y del entusiasmo. Su 
tipoexistit*:) tan sólo en la mente del escritor, y para juzgar del pa- 
fHidocra necesario disponer de su inteligencia. 

íAhl ; Si los que contra nuestro espiritualismo invocan hoy la 
terdad positiva de la naturaleza, la copiasen de esta manera! ¡Si por 
Mruali^niu se entendiera únicamente la realidad, y no otra tenden- 
ta bastarda, no tendrían por qué huir del ideal cristiano, ya que no 
firnisque la doctrina de la verdad y de la realidad, pero llevadas 
niuchü más allá de lo que alcanza á ver el naturalismo de nuestros 
íiasl ,;De qué sirve todo Iv que es el hombre exterior, en compa- 
^Ciun de lo que constituye el hombre interior? 

I^Círvantes modelo de escritores honrados, en quien se dan la 
manóla moralidad del escritor y la delicadeza del buen gusto. Y la 
prueba más brillante de la bondad de su alma es cl carácter con que 



I y. 



Ccrvanti-^ juzgado por ios upeñnln 



supo presentar los personajes de su incomparable novela. Propo-' 
niendose ridiculizar aficiones extravagantes. lo hace sin odio ni ma- 
lignidad, de lal modo, que parece que corta sin herir: y sobre todo, 
no destruye ni usa una sota creencia ^na, ni una sola idea, ni una 
sola afección legítima. Bajo cualquiera respecto que se mire esta obra 
singular.claramcnie se descubre el propósito que ai autor anima de 
hacerse útil á sus lectores. Por mucho que se pondere esta propie- 
dad, no se comprenderá todo su valor; la intención es siempre prA- 
vida y bienhechora: diriase que su libro esiá inspirado por no sé 
qué ingenio de caridad que nos lo hace interesante y amable, atraso 
más que ninguna otra de sus relevantes condiciones. ^ Y quien sí nu 
la candad le alentó en sus empresas y vino á socorrerle en sus des- 
gracias? ,;QtiÍén si no la caridad redimió para [hispana una de sus 
mmarcesibics glorias, rescatando de dora cautividad á Miguel de 
Cervantes? 

Este príncipe de nuestros ingenios no hace despreciable al persc 
naje á quien censura, ni mucho menos odioso; antes bien se com- 
place, según él mismo declara, en dar á conocer las virtudes de su' 
hidalgo honrado y noble, al par que las gracias de su esperanzado 
escudero. Ataca la idea del caballero fantástico y vagabundo, pcrt ' 
respeta y hasta ensalza en una misma persona la idea del caballea 
ro cristiano. Puesteen el camino de hacer el bien, como hombre de 
fé, cifra toda su gloria en llenarlosñnes déla Providencia, en cuyas 
disposiciones se inspira, y en procurar la pcilcccion de la sociedad, 
mostrándole los encantos de la virtud y la abominación del vicio.» 

í Oración fúnebre que, por encargo de la Academia Española, pronuncio en lat^ 
honras de Cervantes, el dia j? de Abril de /Í79. #11 ta if¡le^a de /.n \fonjat Trin 
larias\ 4," de 47 ps.i 

Cayetano Rosel) : 1H79. 

«La popularidad que adquirió la Primera Parte del QutíOTE 
manitiesta. ^;.A qué, pues, debe atribuirse la in^i-atitud con que pa- 
garon á Cervantes sus contemporáneos? Si el libro contenía alusio- 
nes no muy favorables á personas determinadas, claro es que los 
quejosos en secreto, en público se mostrarian malévolos; pero esto 
mismo hubiera empeñado doblemente el interés y gusto de tos que 
estaban á salvo de sus censuras. Si por imprudencias pasadas, 
como él indica, cayó en la desgracia, que lué, al parecer, su único pa- 
trimonio, no era culpa de los demás la que como propia confesabikj 
ingenuamente. Cervantes afortunado, en el colmo de los honored 
las riquezas, no hubiera echado probablcmcnle por el camino del 
a inmortalidad. ¿Quién sabe si su inlortunio, y no es nueva ni núes-* 
tra esta opinión, le sugirió el pensamiento de pintar al vivo el des- 
vario, casi siempre vano, cuando no contraproducente, de los qutij 
pretenden regenerar la sociedad humana?» 

(Aímanaque literario : Miguel de Ceriranles Saavedra. p. ai del /t/niirnafuc 
la JIuttr¿¡a¿a Española y Americana para el año ;87$.~M*drtd.) 



i 



Ceminlv» tuzado por (i>% eipañxks 



'J7 



Roque Barcia : iHHo. 

«l£l hidalgo manchegn dm o un lipu c^pañui: c» un tipo Uul (gé- 
nero humano. <;n donde quiera que la planta del género humano 

aparezca impresa en la faz dol globo 

En efecto, pálpese cada cual su interior durante un minutu: re- 
gistre cada cual los recovecos de su casa, v diga después si le acude 
valor para afirmar que nu lleva un Quijote de ¡a Mancha dentro de 
su temperamento, de sus resabios, de sus esperanzas, de sus anto- 
l'js. de sus delirios, esa interminable posteridad de nuestra estirpe, 
esc inmenso hospicio de nuestro dislocado deseo. ...... 

No SOR Quijotes tos que faltan en lodos t¡empu.-i; lo que- taita á 
la historia es un Cervantes que pinte cm beta el múltiple, el vario, 
el interminable hUdalgu manchego de cada país y de cada siglo, ro- 
mance fabuloso, iniinitu romanee, que tiene un 'Úon f^uijoieen cada 

casa, exceptuando alguna en que hay más de uno 

Encerrémonos por un momeniodcntrodcl librodcnuc:>[ro autor. 
como si luese la reduma encantada del marqués de Villcna; obseí^ 
vemos, á través de sus vidrios mágicos, lo que pasa en los aposen- 
tos de nuestra guardilla, y es muy posible que exclamemos de bue- 
na fe : «quién no tiene, ha tenido, ó tendrá una Teresa I*anza y una 
Dulcinea del Tnbosor* ^O^ién no tiene un rocin, un Sancho, un pe- 
llejo de aceite, una ínsula Barataria. un castillo en el aire, un mo- 
lino de viento? 

Hay trL*s autores que. caminando por 'senderos dislinlus. ^uptC' 
ruó acabar la misma empresa histórica. Un hombre coge al mun- 
do j-lo redime con el doinr; otro, con el espanto: y otro, con la befa... 
Una ligrima cae de los ojos de la humanidad, y se llama La 'Divi- 
naComedia; otra lágrima cae, y .se llama K/ Teatro inglés^, cae otra 
lífrima. vse denomina ¿>on Quijote- ¡Qué grandeesef Dante! ¡Qué 
fondees Shakespeare! ,Qué grande es Miguel de Cervantes Saa- 
i^cdra! Nonos quejemos de nuestras miserias y de nuestros quvbran- 
'''s- Dios tiene también sus alegrías, v esos tres genios son tres ale- 
írfasde Dios.» 

'^^runer Diecioitanu (icueral lOitnuli/rico déla Ltifrua Eipaiiola.-IABdtíd. iHtb: 
' '^rm-i. tnliii- Articulo CetranfesA 



H. 



Blanco Asenju : iHíío. 



^ Hijos de un .siglo combatido por desconocidas corrientes que 
i^t^saagiaban inmediatas renovaciones en las esferas de la vida, Cer- 
'■^ tes y ShaLespcare, ambos encierran en su espíritu esa inquieta 
J7*^* isiehosa levadura del Henacimienio, que fué desde aquella época 
r'*~*~io otra buena-nueva para todas las inteligencias. Asistían los dos 
J'*-^ caída del tenebroso mundo de la Edad Media: agitábanse am- 
^'^^ «n los indecisos límites de dos crepúsculos que á la par bri- 
''*-^4ii todavía en los opuestos limites del horizonte del arte, pero el 
^*>^brio genio de Shakespeare, aunque presintiendo el porvenir.se 



tiü 



■^fVAntos fuxgado pm- ion «spañnlrs 



complacía en girar abisinadu entre laa espesas brumas en que se 

hunaía \a siniestra vida gótica, mientras surgiendo de súbito en Cer- 
vantes loda la luz que un proiTundo sentido de lo real traía, derra- 
maba torrentes de un inf5enio diáfano y iranquito, claro como el al- 
borear de la maftana fresca y gentil precursora del dia 

Cervantes c:í el genio del dia; Shakespeare es el poeta de la noche; 
pero sobre aquella oscuridad nocturna se levanta un asiro; es la 
duda encarnada en liamlet. astro de fulgores lúgubres Des- 
pués, sobre aquel cielo de tinieblas, <>e pueden encontrar iovpuntoü 
cardinales del espíritu por las constelaciones que giran perennes : 

la ambición, la maldad, el amor, los celos, ta ingratitud Mac- 

beth, Yago. Julieta, Otelu,eI rey Lear entorno de un polo in- 
variable y único, el corazón humano. 

Inútil seria buscar en Cervantes este aspecto de cielo estrellado; 
el día no admite más que este sencillo dualismo: la tu/ v ta som- 
bra, el trasparente a/u) de allá arriba y la árida opacidad de aqui aba- 
jo; el alma humana aparece dividida' en dos partes como el vientre 
de oro de la mitología de los indios: de la parte de arriba brota Don 
Quijote, de la parte inferior Sancho, pero íosdos se completan. Por 
esto Cervantes es sintético, á diferencia de Shakespeare, que es ana- 
lítico. Los dos. sin embargo, pintan la humanidad entera; Shake- 
.«ipeare en la múltiple variedad de las pasiones individuales; Cervan- 
tes en la dualidad á que vienen siempre á reducirse todos estos arre* 
batados impulsos del alma, que una veces le elevan hasta una idea- 
lidad imposible, y otras le arrastran hasta un positivismo grosero. 

llav una ocasión en que Shakespeare coincide, dentro de su de- 
talladn análisis, con la gran sínlesi.s formulada por Cervantes. El 
idealismo cpmu pasión del espíritu entra dentro de su observación 
psicológica, entonces crea ese Quijote siniestro que llamó Hamiet, y 
por antítesis ese otro personaje .•icnsual y pervertido, encanallado y 
grosero, que se llama Falstaíí. taimado como Sancho Panza, pero 
no tan ingenioso ni tan bueno 

El idealismo de Hamiet es triste y amargo: sabe que sus esfuerzos 
son inútiles, su entusiasmo estéril, sus propósitos irrealizables. En 
Don Quijote, por el conlr.irin, alienta una fe vivísima 

Ljon Quíjotu y Hamiet. cunin tudos ios ideal islas, son vencidos pur 
la realidad ; pero el desengaño de Don Quijote es plácido y sereno, 
mientras que la desesperación de Hamiet es horrible. 

Cervantes y Shakespeare, como todos los grandes genios litera- 
rios, han continuado la gran epopeya humana. 1.a novela, el teatro., 
el poema, son moldes materiales, dentro de los que se vierte la esen- 
cia íntima del poeta. 

El teatro de Shakespeare es á la ve/ lírico, épico y dramático, y 
el QuuoTE de Cervantes es algo más que una novela. 

Bajo este pumo de vista. e.stas obras rellejan algo de la singulari- 
dad inexplicable y misteriosa que distingue á los dos colosales in- 
genios. Aquella influencia poderosa y sobrenatural que parece in- 



Cervantes luig/ádo por loA e&pañolek 



■5q 



tervcnjr en sus accidentadas uxistcncias. surge con más vigor at 
examinar sus inspiradas producciones.» 

iCerranlcs r Shakespeare. -Aniii:u\n en Kl Imparciai, diñno de Madrid, del 36 de 
Abril de i8«oJ 

S. Milego é Inglada : i88u. 

«Como ariista. pertenece Cervanies á su siglo: como pensador, á 
la posteridad. Conocedor discreto del corazón humano, sabe herir 
sus más delicadas (Ibras v arrancarle ecos profundos, surjirendien- 
do sus secretos. Educado en la ruda escuela de la desgracia, testifica 
una experiencia que encanta por la melancólica seguridad con que 
se impone. Cervantes, discreto y prudente al lado de los soberbios, 
agudo y festivo sin atrupellar las leves del decoro y de la convenien- 
cia, moríf^cradu y sufrido, devora las mortales ansias de sus acerbas 
postrimerías, solo y olvidado. 

Asi son los genios: inmensos receptáculos donde se condensan las 
ideas, los dolores, las alearías, las creencias y las esperanzas de toda 
una edad. Homero. Esquilo. llame. Tas-NU, Cervantes. Shakespeare, 
Moliere. Fidias, «1 Giotto. Rafael. Murillo, según la expresión feliz 
de un critico eminente, .'ion l1ore.s terrenas que nutre la savia en su 
doble corriente histórica y contemporánea. 

En orden al mérito literario, las Novelas üjem^lakes ocupan el 
segundo lugar entre U>s trabajos de Cervantes. Basadas en la origi- 
nalidad y buena mural, que él suponía condición esencial de este gé- 
nero, revelan todas ellas su ingenio privilegiado, asi por lo que toca 
á la inventiva como por la gracia y la gallardía del estilo y del len- 
guaje. La realidad dcloscuadrosdecostumbres perfectamente disc- 
Aados. su abundancia en bellísimas descripciones de la naturaleza, 
la variedad de estilo según los asuntos quetoc;i, todo las nace de un 
agrado é interés tal, que aun hoy son buscadas y leídas con sumo 
gusto. ¡Cuánta gloria sólo por ellas para su nación! 

Pero la verdadera fama de Cervantes se debe al Quiiotü; libro el 
más universalmcnte popular de cuantos se han escrito v cuya con- 
cepción nunca nos parece ba.stanie celebrada. 

Pertenece el Quijotk nn en pi-upiedad exclusiva á la literatura de 
un pueblo, sino á la de lúda.s tas naciones cultas modernas que se 
lo asimilaron, estableciendo los cimientos de una reputación gigan- 
te sobre la que pasarán en valde los siglos y las mudanzas de la ca- 
prichosa fortuna. 

Apoyándose en el Vujjote, ha podido atirmar Azcárale que el 
gran mérito de Cervantes fué el haber penetrado con ojos de águila 
el espíritu oriental místico de sus siglos, y, viéndole extraviado, Ic 
aplicó el remedio en la práctica de la vida*, con su héroe, revestido 
de formas adoptables á sabios é ignorantes, cau.sando en las ideas 
una revolución q uc en aq uellos momentos estaba causando en la teo- 
ría el gran Descartes. 

Peregrinando mucho v viendo v estudiando muchos hom- 



i6o 



Cervanles. luzgadci por lo&c&fuftole 



bresypueblas,con alma grande en grande corazón, pudo (^rvante» 
dar á «íu libro la nuvedad de los sucesos que suspende, la verdad en 
los caracteres y pasiones que admira, el hermoso y brillante colori- 
do que arrebata. 

De Cervantes puede decirse lo qui; Webcr ha dicho de Shakespea- 
re: «Aparece entre dos edades históricasy contempla con ojo tan se- 
ogurola (grandeza y vigurdcl mundo feudal y de la caballería, como 
»prevé el nuevo siglu de la moralidad libre y de la inteligencia.» 
Asi es, en efecto ; Cervantes representa el cambio total, el paso re- 
suelto Je In Edad Media á la Edad Moderna. Si á su nacimiento todo 
anunciaba nuevos tiempos, si la imprenta, la brújula, la p^ilvora. 
«I descubrimiento del Nuevo Mundo hablan dado golpe de muerte 
ala edad feudal y era preciso á la humanidad romper con la pasado 
y emprenderla reforma en todo, necesario era que las letras remon- 
taran tanibiéncl vuelo, ya que contaban con poderosos apoyos hasta 
entonces desconocidos, ^ 

Miguel de Cervantes es, cumu españul, guerrero y poeta : su he-^H 
roismo militar y moral le acarrearon persecuciones en vez dclauros.^^ 
La más insigne de sus producciones, desdeñada pqr los doctos v 
condenada por los fanáticas, pudo salvarse merced al instinio supe- 
rior del pueblo. Al comenzar nueiira edad. Cervantes, que la abra- 
zó entera, debió presentirnos : hoy, que la edad moderna termina. 
comienza á entenderse á Cervantes.» 

(Cerva.vteü; CApIluIo de Kxtudios. dúcriacéoncí y «ntay^m _/HomJieo- linrarmí,' 
Tokdo. ifiRc). « '• de 246 pi.) 



Carlos Peñaranda : lííHo. 

«Dado el estado del teatro español, por las comedias que deCer- 
vanteji hemos llegado á conocer merece su autor cumplido respeto v 
lusia alabun/a. ^No es acaso á ellos acreedora la Nt'MA.NCiA, aunque 
sus partes no guarden la debida proporción v unidad, y puedan con- 
siderarse como aislados cuadros de aquel hecho memorable?^ No los 
merece Los uaí%os ut: Argel, comedia algo más que buena, rica de 
animación y colorido? ^ No podemos decir oiro lantodc El gallar- 
do lspaSol, y sobre todo, de su original y preciosa Comedia entre- 
TCNtOA? ¿Por ventura nos hemos olvidado de las vivas si bien algo 
libres figuras desús entremeses, que rebosan de donaire y pintan de 
mano maestra las costumbres, dichos v agudezas de los coi mes, sol- 
dados truhanes de los Tercios de Italia, hermosuras de la Casa-ílana. 
airados óchuscos rufianes y demás perdida comparsa de las barba- 
canas de Sevilla y del Zocodover de Toledo? i 

Recordemos algo de las citadas obras, v hallaremos escenas no-' 
tabUs, bien retratados afectos, rasgos felicísimos de su inagotable 
ingenio.» 

Anxlixa Los luKos as Ahgki. y La Entíltcmiua. v pone eiumplus de Mlffin 
inmti, hicícndo retalur l«s bellezas de unas v de oiro». 



CerrtntK juzgado por los españoles 



t0t 



«Los propios y bien imaginados cuadros de costumbres de L\oi- 
tanilla; las complicadas aventuras de El amante: liberal; lusamo- 

)sosynoe$perados sucesos do La ilustrc pregona; las vicisitudes 
^de Las dos doncellas; la preciosa tradición de Toledo La fuerza 
DE LA SANGRE ; el lan sabroso como picaresco y bien pensado Colo- 
quio DE los perros: la ingeniosa invención de La espa5íola ingle- 
sa; las escenas truhanescas presenciadas por Rinconete y Corta- 
dillo; las fíguras de relieve de La señora Cornelia, El celoso ex- 
TBEMEJloy La tía fingida: y, sobre todo, las más que locas, cuerdas 
y felices sentencias de Ei. licünciadoVidriera; eslecómulodedon- 
cellas aventureras, gitanas de airosisimo cuerpo, rendidos galanes, 
injíratos seductores, fregonas insipnes, graciosos rufianes y locos bi- 

irros; este conjunto de cuentos, en que rebosan la más noble do- 
losura. la invención más brillante, los tipos más gallardos, la fanta- 
sía máidiscretay la imponderable magia de estilo de Cervantes; todo 
eüto. que bastaba para su gloria, y para que se le apellidase ei reg<^ 
eiJQ de las musas, no era más que una asombrosa claridad precur- 
sora del Quijote. 

El Quijote es una sátira. Es grandioso, es inmortal, más todavía, 
es singular su libro, porque ridiculizó ide3s,de las cuales la actual 
^neración — ¡quien sabe de las venideras! — aun conserva hondas re- 
miniscencias. La fuerza puesta al servicio de los oprimidos es muy 
inrcrior al derecho puesto al ^rvicio de los débiles. Los pueblos en 
que predomine en absoluto el amor de las leyes, son tal vez los en 
que soñó el gran Cervantes al escribir su Quijote, porque en ellos 
'harmonía de lo ideal y lo real, en el humano y posible limite, será 
"n hecho sólo entrevisto por el presente siglo. Su libro es, por lo 
Wnto, humano, y á la humanidad entera pertenece; peroá fuer de 
c^riiorespaAol, el carácter españoles el esencialmente retratado en 
l^>i Quijote, y como buen hijo de su patria, no aduló las costum- 
bres censurables de nuestro pueblo, ni vaciló en criticar nuc:itr05 
''efectos individuales y sociales; de aquí también mucha parte de la 

grandeza de su obra 

Su erudición fué tal, tal su discreción é ingenio, que motiva risa 
^.l^^tima compasiva aquel que sospechaqueel ilustre manco escri- 
bió su ^ran libro sin darse cuenta de su importancia. No; Cervan- 
"w previo el alcance y el poder de su sátira; previo también la inmar- 
cesible gloria reservada al ouc supo elevar á la lengua castellana 
'"' glorioso monumento; adivlni^, sin duda, que serían imperece- 
deras las gracias á él solo concedidas, las aventuras por él síiioima- 
Riiadas, con que enriquecieron el Quijote su fecunda, inagotable 
invención y su opulenta fantasía; el secreto de la inmortalidad de 
su libro estriba en que ¿1 escribió una obra pvopular y hermosa, 
niieniras que los ingenios de su tiempo consagraron sus íuerzas á 

una literatura aristocrática, perfumada y convencional 

Jn el Quijote se hallan los dos principios fundamentales de la 
vida psicológica : lo ideal y lo real ; pero no se ofrecen de manera 

^«»ont ... 



101 



Cemntn jusgado por le» cspaftoks 



que nos parezcan ambos principtüs irreconciliables. At contr:Lno, 

tienden á armonizarse Ambos perst)najcs, Alonso Quijo no ef 

Bueno y Sancho Tan^a^ persiguen el mismo fin pordiferentes me- 
dios y con diverso objeto. La rústica sencillez de Sancho enfrena la 
locura de su amo, haciéndole verla verdad, aun después de acomeli- 
das las espantables empresas del caballero andante, y aunque éste 
atribuya su desgracia á los encantadores, sus enemigos naturales. 

España no luvo ni tiene un templo de mármol que á s«tn( 

lanxa del Walhaiía custodie las estatuas de sus grandes hombres; 
pero há más de dos siglos pronunció el Kesurgam de su regenera- 
ción inteltíciual y moral, y enireyó al mundu el Qiijotk.» 

( Ditcurto pronunciado en <il Certamen Ulerario celebrado en San Juan de Puerio 
Rico el g c/c Octubre de 1 88a. \Riti lo. \m\o ti X')la\o Ceryarttes y stn obras, tr 
lomo de Ariiatlfit Varios niscurto; impn'sfi en Madrid. iflftS. 8." ' 

Doctor Thebusscm (Mariano Pardo de P'iíjueroa) : i88<íT 

Ei ATliculo falliíia murt. CDii e! t:ual el Or Th — se JespiJiü del cervantismo, 
encierra U. Jronia de probar que el QtuoTc no es mú que un cusdro de dolortsv 
demuerte. K\ resumen, que forma el iltlimo pirraTo del trabajo, dice asi : 

«En roolución; no busque Vm. dentri* del Quhotk más de loqu 
su sabrosa vdiscruia lectura le vaya proporcionondoa! correr de ii. 
hojas : no cíisiraiga Vm. su espíritu de esas admirables páginas, in- 
quiriendo recóndilos problemas ó sibi I iiicos arcanos; porque, cría- 
me Vm.. amigo mío, Cervanics alienista. Cervantes geógrafo, Cer- 
vantes marino, Cervantes teólogo, t^rvantes administrador militar. 
Cervantes sepulturero, como nosotros podríamos llamarle hov, no 
sígniüca otra cosa sino que el (Juiíote es un libro tan grande, que 
cada uno puede encontrar en él todo lo que le dé la real gana.» 

Esto es lo Iónico filiKÓlico)- concreto que hallamos en losnumerowt trab«)osde< 

Doctor Ttiebussem. referente i la opinión que lorma del célebre -Alonso Quffano 

I Paltida mors : Ret-itla Coniemporánía -\Hdrid. r5 de Enero de fSSo.'i 



Luis Vidari : 1HH2, 

«Si Telémaco ha sido la primera novela que ha alcanzado la coa- 
sideración de poema épico, ciertamente que el Quijote aun tenia 
mayores titulas para tal distinción; pero la indolencia de nuestro 
carácter nacional ha dejado arrebatar esta hoja de laurel á la coro- 
na que cifte la frente de nuestro inmortal Cervantes. Si poema épi- 
co es la obra literaria donde se fíjan los rasgos de la belle/a. según 
aparece en el complicado movimientu de la naturaleza y de la vida 
humana es evidente que la novela en que pueden ycleben cum- 
plirse los Hnes indicados es un verdadero poema ^píco escrito en 
prosa. 



Cermnws tuxgcdo por ii» e^»ñ9ln 



>«S 



Cervantes mega en el Quijote los dos términoü opuestos en que 
siempre llegan á terminar las evoluciones del pensamiento humano, 
V también el espirito de la ciencia niega el cstrechoscnsualismode 
Lucke. Condiltac vCabanis. y la^ soberbias construcciones y sínte- 
sis idealistas de los Schclling, Fichte y Hegei. Fcro. ,;dóndc esii. \a 
verdad f* Cervantes no lo dice, y la ciencia novísima se limita á pres- 
cribir métodos, mis ó menos seguros, para que por el camino de la 
observación ydcl análisis se llegue á descubrir el cnlaccqucsepre- 
tume debe de haber entre el hecho y la idea, entre la realidad v el 
oinacimicntuqucdcella Tienen los seres humanos. 

M. Batieux define el poema épico diciendo que es la natración 
potíica de cualquiera grande acción que interesa d pueblos enteros 
y aun á todo el género huwano: definición equivocada, en la cual se 
reduce todo el poema ¿pico á una sola de sus formas, al poema he- 
roico, ó me)ur dicho d la cprjpcya: siendo así que el poema burles- 
co, el heroi-cómico. el didáctico, en suma, toda narración poética 
crnquc domina la expresión de la belleza externa, de la belleza ot>- 
leiiva, que dicen los preceptistas, es y debe ser considerada como 
cbra literaria perteneciente al género ¿-pico 

La verdad es que. fijando la atención, no en \a l'orma externa, 
^moen el contenido, pase ta palabra, de las creaciones literarias, se 
t^ncuentran obras que tienen la forma de poemas históricos y sólo 
son historias rimaclas; poemas en que el predominio del sentimien- 
to individual de su autor k>s convierte en poesías líricas; y novelas 
au«r. por la alteza de su pensamiento generador, alcanzan las gran- 
diosas proporciones de los más renombrados poemas ¿picos, talco 
mo acontece en el Quijote. Y el carácter épico del libro de Cervantes 
están evidcntv, que. como ha observado el célebre escritor ruso (van 
Tourghenief. el rasgo que m/is distingue á Don Quijote es la cons- 
tante ocupación de .su pensamiento en asuntos generales, en asun- 
tos de interés humatuj. Du todo lo expuesto en los prénsenles apuntes 
críticos desearíamos que se dedujesen dos lójcicas consecuencias. 
& la primera la afirmación de que existe poca exactitud en la cla- 
«ficación que suele hacerse de las producciones literarias, y es la se- 
gunda la Completa evidencia de que el Quijote es en realidad de ver- 
ilad un poema épico en prosa. Gloria es para lispaña que el primer 
libro, cronológicamente hablando, donde se pone en punto de evi- 
dencia la grandísima importancia á que pueden llegar las creacio- 
nes novelescas sea la inmortal obra de Cervantes.» 

_\EiQt¡io^t y la dasijicación tíe las obras tutrariaí; La dtsdtcha postuma de 
^^''^'Utj; Apvntei eeryanlinot. pnr í,ww Vidart-WaúT^á. Stienorrs de Rivudr- 
"yni, i88í.-i6ps. en6.'> ' 



Krailio Casielar : 1883. 

«Aquel que dijo que la poesía sobrepujaba á la historia en verdad, 
iiocooocia, puesto que nació eo la Grecia clásica, la identidad que 



|64 



Cervanies lutgado por los »p»nolK 



presentan entre ellos el personaje real de San Ignacio de Loyola y-j 

el personaje ficticio de Don Quijote de la Mancha. 

¿Qué faltaba para hacer de San Ignacio un caballero parecido al 
que ridiculizó Cervantes? Nada. Ni la proüja lectura de libros en 
donde el prosaísmo de la vida estaba nna^ ¿> menos disimulado bajo 
la fantasía, ni el deseo de realizar esta fantasía, ni el abandono de su 
casa, ni el olvido de su familia, ni la ruta errante é incierta, ni el 
cambio de vcsiidos, ni el de profesión, ni la vela de las armas, ni 
las ceremonias caballerescas, ni el error de creer posible en un solu 
individuo la realización de todos los detalles de un ideal irrealiza- 
ble 

Sucedió k San Ignacio precisamente lo que al hidalgo manchego. 
El mundo y sus realidades surgieron por todos lados, cerrándole 
obstinadamente el horizonte de su ideal. Pero, como lodos los ilu- 
minados, persistió en la realización de su obra, sin que ninguna 
observación, ni aun las más dolorosas experiencias, pudiesen llegar 
á desviarle de ella 

La lectura de los libros de caballerías, mezclada con la de las le- 
yendas mliticas. exaltó continuamente su cerebro por sus ideas con- 
tradictorias; el cerebro, á su vez, cxalraba el alma 

Ardia en deseos de fundar órdenes caballerescasyde constituirse 
en capitán de valientes ¿ invencibles milicias, Basta leer con aten- 
ción la obra titulada : Acia anlicjuisima a Ludovico Gonsalvo ex ore 
sancti exceplQj para comprender cuanto., por igual, andaban vaga- 
rosos en su entendimiento los tipos santos y los tipos caballerescos. 

Eligió la dama de sus pensamientos, í/»c era más alia quetas du- 
quesas y condesas del mundo, y formó el programa de los hechos 
heroicos y caballerescos que en su honor y por su gloria realizaba; 
siempre á ta manera de Don Quijote, que nombró señora desús pen- 
samientos á Dulcinea del Toboso, nombre místico, extraordinario y ¡ 
signíñcalivo como todo lo que tenía relación con ¿1. 

San Ignacio trató de hacer retrogradar el mundo hacia la auioh-' 
dad, hacia la tradición, el convento, la disciplina, la obediencia, i 
el aniquilamiento individual, la cabalicria feudal; reacción Ínmen-¡ 
xa que pedia un esfuerzo inmenso. 

Imaginémonos al santo, constantemente á pan y agua, en oración 
toda la noche, durmiendo en el suelo duro, descarnado v debilita- 
do por una tal vida, y dígase si estos piadosos ejercicios no traen á 
ta memoria los que hacia. en Sierra Morena, aquel otro caballero, de 
carácter diferente, pero de igual exaltación, contra los hechizos y 
ios encaniamicntos.» 

(Les Matinéet Espagnoies. -fAtárid. 1SS3. vol. 1. p. 339.) 

Antonio Cánovas del Castillo : 

«Las postrimeras comedías de Cervantes, que ya tenían los pro- 
pios defectos que él acriminó tanto en las de Lope, son las que Na- 
sarre pretendió que llevaban la oculta y maligna intención de des- 



Cerv«nt» (uzgado pvt It» esptiñolcs 



IOS 



acreditar, por virtud de sus prupios pecados, las de los auioresdra- 
máticos zaheridos en cl Qui/ote, procurando que lo que éste alcanzú 
cuntra loslíbrolidecabaUcnas, lucúnsiguieran las lafcsobrillas con- 
tra el nuevo teatro español Cándido empeño, á la verdad, el del eru- 
dito NaKarre, imposible en quien se hubiere hecho bien cargo de la 

sin par ironía de aquel libro único 

Pienso que la exposición de doctrina de Cervantes, en la ubra en 
que puso todos su.s sentidos, está pregonando á voces que era en- 
tonces sincera, sin que obste á juzgar lo contrario el ijue procurase 
luego remediar la pobreza, .sometiéndose por ganar dinero á la co- 

rrivnte del vulgo. 

^Niquélenla de particular que el irxierminador de quimeras, eter- 
no burlador de los caballeros andantes y sus proezas en prosa ó ver- 
w>. fue^ie de bonísima fe hostil á las propias caDa/Ver/d^ trasladadas al 
icairo por Lope, sin otr.T iniporiantt; alteración que acomodarlas, 
Clin sus damas y galanes, graciosos y escuderos, á las calles de Ma- 
lirid, sacándolas de los caminos para hacerlasc5tó«/ffs en vez de íiíi- 
daníet. y poniéndolas en casas y balcones en vez de castillos seño- 
riales ó ventas? Había, no cabe dudarlo, entre la honda percepción 
Je la rtMtidad de Cervantes, y el casuismo idealista del honor y el 
altor en la nueva dramática, un foso poco menos ancho que entre el 
Quijote y los libros de caballerías. Venia, pues, cl .sin igual novelis- 
t» á ser como «! reverso de una medalla que en el anverso ocupa- 
ran LopeóCalderón Y aquí conviene recordar que la opuesta 

iirecclón que aquél y éstos siguieron, no se observó en ellos solos; 
i{u«* luda nuestra literatura del siglo de oro aparece por ese estilodí- 
vidida en dos diferentes ramas. .sin ninguna intermedia, la picares- 
cayla ideal ..; poracü, mendigos, truhanes, valentones, asesi- 
nos, ladrones, prostitutas y zurcidoras de voluntades; por allá, da- 
nasy galanes sin imperfección que no fuera sublimada hasta re- 
sultar poética En medio de lasdosadversasliteraiuras. idcaly 

realisia, levantóse de repente aquel sarcástico portentoso y verda- 
dero principe de la ironía que se llamó Cervantes, c inclinando con 
su poderosísima diestra el triunfo del lado naturalista, echó de un 
wlu golpe por tierra la más grande hasta allí de tas manifestaciones 
<lc la primera de dichas literaturas: es á saber ; los libros de caí>a- 
fltiias. Atgu inicnti'i asimismo en su novela maravjlloNa contra tos 
'onianccs heroicos, aunque fuesen de Cario Magno y los I>oce Pa- 
^< nías no tuvo igual fortuna, y contra los delCtd,vali¿ralcmás no 
liaber nacido que intentarlo Los libros que Cervantes hizo víc- 
timas de su pluma, no estaban ya en todo su auge cuando comenzó 
Lepe á escribir comedias, faltando de día en día el suficiente can- 
doren lus lectores pam gustar de magos y encantamentos, gigantes 
} endriagos, y .sobrando el buen gusto en las mejores clases sociales 
para recrearse con el sensualismo generalmente grosero de sus amo- 
'Osas aventuras. Debía echarse de menos otro género de literatura 
que acumodara el espíritu todavía vigoroso de la Edad Medía á la 
cultura, al modo real de vivir de fines del xvi y principios del si- 



146 



Cerraatet juz^do por loi espsñole» 



glo XVII, y he ahi lo que realiz6 Lope : tu que Cervantes ao pudo, 
aunque quisiera, estorbar- Las carcajadas con que se leia, y eterna- 
mente se leerá el Qciiote. se confundieron^ por mayor desengaño, 
con los aplausos inauditos que diariamente provocaban las nuevas 
comedias en la escena patria. ... . . 

Extraño parece que en quienes se emplease aquel delicadlsirau 
galanteo, que el público encontró tan natural como bien represen- 
tado en las comedias de Lope y sus sucesores, fuera en mujeres de 
poco más 6 menos, y se tratase á éstas, según dice en una de sus 
cartas Mmed"Aulnoy, con tanto respeto y consideración cual si fue- 
sen soberanas Para mí es seguro que toda tapada ó semitapa- 

da del Prado, se revestía & los ojos de los caballeros de capa y espa- 
da con el misterioso encanto de las verdaderas y honestísimas dama» 
que hacían invisibles las cosiunibrus; y lo que esto, en sumj.quíe- 
re decir, es que la singular pasión de Don Quijote por Dulcinea no 
fué invención pura, sino representación verdadera, aunque llevada 
k la exageración cómica por Cervantes, de una locura de su época, 
semejante á tantas otras déla caballería,» 



Emilia Pardo Etazán ; \Hitb 

«El principal mérito literario de Cervantes, dejandu aparte ci va- 
lor intrínseco del Quijote como obradearte. consiste en haber rea- 
nudado la tradicjtin nacional, haciendo i^ueal concepto de Ama- 
dis forastero, tan quimérico como Ariús V Roldan, reemplace un 
tipo real, como nuestro héroe castellano El Cid Rodrigo Diaz:que 
con mostrarse siempre valeroso y honrado y noblcy comedido y cris- 
tiano, lo mismo que el solitario Je la Peña Pobre, es además un ser 
de carne y hueso, y maninesta afectos, pasioncsy hasta pequeneces 
humanas, ni más ni menos que Don Quijote. 

Noinventó Cervantes la novela realista cspafiola. porque ésta ya 
existía y la representaba la Ceiestina. obra maestra más novelesca 
todavía que dramática, si bien escrita en diálogo. Ningún hombre, 
aunque atesore el genio y la inspiración de Corvantes, inventa un 
género de buenasá primeras: loque hace es deducirlo de los ante- 
cedentes literarios. Mos no importa: el Quijote y el .flmarfís dividen 
en dos hemisferios nuestra literatura novelesca. Al hemisferio de 
Amadis se pueden relegar todas las obras en que rema la imagina- 
ción, y al del Quuotk. aquellas en que predomina el carácter rea- 
lista, patente en los monumentos más antiguos de las letras hispa- 
nas.» 

^,La ¡itatr^aó», rcvisu de B«rc«lon« : i." d« Frbrerodfi885.- Articulo titulado. 
ütn^tagia Je la nourta.. 



CerrxnKs juzgado per it» espaflftle* 



19? 



Dr. Emilio Pi y Molisi : 1886 

E» un deullsik) y extenso el prúlundu cituJiu que del Qlijüib m: luce co csle 
importante libro, que. cun fiaru [>ena, dcb<r¿ limiurmc i e-xincui algunos pá- 
rrafos de varios de sus capfiulo», reconocicnJo que osle resumen apenas di uu 
tieeritiina ¡dea de U eximta obn del Dr. Pi 

Capitulo V : Diagnóstico de ia locura de '^Don Quijote en sus sin' 
famas elemetHales : La locura de Don Quijote era una monomania 
i/e eufc'randefjmíCH/o caracterizada por un concepto dcliranle fijo. 
prímario, fundamental 6 constitutivo, y otros secundarios, ya ñjos. 
ya fugaces; Y. puesto que las ideas delirantes predomi- 
naban sobre los fenómenos de la sensibilidad exlerna, y, entre aqué- 
llas, habSa tres, y señaladamente dos, fijas, y csius unimos fueron 
todos fugaces ('■ pasajeros, la monomanía de Dv)n Quijote ha de diag- 
nosticarse de intetectual : pero, atentoá que de dichas dos ideas fijas 
la una, aunque secundaria, se confundía y casi identilicaba con la 
primaria, y dio origen á delirio croiomanlaco. en rigor se ha de ca- 
íiñcar también de afectiva la vesania. 

Su conceptiulelirantc fundamental fué el imagmarseQuijano con- 
vertido en caballero andante, sujeto ñ todas las obtigacione.s y ador- 
nado de todas la.s prerrogativas á la prnt'esión de ta) anejas. Oe esia 
idea falsa fueron sucesivamente derivándose las demás 

Dos conceptos, sin embarga, tuvo, aunque secundarios, tan fíjos 
comoel fundamental : el amor á Dulcinea y las promcsasá Sancho. 
Abundan los textos con que puede probarsequcel amorá Dulcinea 
y }a misma Dulcinea fueron puras ideas delirantes 

Pura sub)Ctívidad. la caballería, el amory In dama : idea^ quetu- 
vieron un mismo origen, y ninguna realidad sino la ouc les dio la 
fantástica inventiva del celebro enfermo de^^uijano. Son como un 
trípode en que está sentada la locura para responderá todas lascuett- 
tiones que le propongan los curiosos. 

A los disparates de las historias caballerescas sabían tudas la.'í ilu- 
siones y alucinaciones del Midal^o .... 

Las palabras i^ue cnire Sancho y Don Quijote mediaron con mo- 
tivo de la descripción de los dos ejércitos que estaban á punto de 
venir á la>t mano-s. son un modelo de ñdelidad en expresar unaalu- 
cinaciAn del oído, la incredulidad raí^onnda del que oye referir esta 
sensación falsa, la cunlirmación del que la padece, y su creencia de 
qae el otro no ía percibe por embareamienio del sentido : fenAme- 
no pcnuinamenic frenopático ... 

En el primer periodo de la locura de Don Quijote ocurrió otro fe- 
nómeno extraño, pero no raro, que los alienistas tienen por de ilu- 
sión de la vista, y yo lo califico también asi. aun que me pareceque 
alguna vez má< se asemeja á idea delirante : quiero habJar del que 
técnicamente se llama trueco de persanolidaa. ya de la propia, ya 
de la ajena, y es síntoma grave ' . 

Al modo que la mayor parte de los conceptos delirantes que tuvo 
Don Quijote, todas sus ilusiones y aJucínaciones fueros moracnui- 



I«f) 



On'anics juzgado por losespftfioles 



neas ó fugaces, excitadas por los sucesos y conformes con ellos; 
puíi de los cuales, quedáronle impresas en la memoria como sen- 
saciones pnsadns, desvanecidas, sin virtualidad : hecho que singu- 
lariza su locura, y %'erdaderamcnte ofrece ocasión para algún reparo 
que. por no ser de este lugar, me limito ahora á insinuarlo. 

El caráctcrdisiintivo de la exaltación del Caballero fue un senti- 
miento constante de superioridad en lo moral y lo físico., y, como 
consecuencias inmediatas, la imposibilidad del juicio y la exagera- 
ción del amor propio; y, como resultados necesarios de esta exce- 
lencia faenera] yabsoluta, la jactancia, la arrogancia, la temeridad, 
y. en cietias ocasiones, la insolencia y el ánimo agrestvu, naturales- 
movimientos déla hiperbulia; todo manifestación bien terminante 
y evidente de la disposición afirmativa del espíritu, peculiar de la 
monomanía; y todo, por lo mismo, enteramente conforme con la 
experiencia clínica 

Capitulo VII : Epijenómeno de la locura de Don Quijote que se- 
meja el delirio de la i^oantropia : La locura de Cardenio fu¿ una 
melanculia con delirio zoantrópico y accesos maniacos furiosos y 
dañinos ^no es admirable que aun en pintar esta espe- 
cie extraordinaria de locura estuviese tan .icertado Cervantes? 

Mo fué tal. ni con mucho, el desvario de Don Quijote en las mis* 
mas entrañas de Sierra .Morena; pero, ala verdad, tuvo con el zoan- 
trópico una rara semejanza 

Capitulo xa : Cordura subsisleníeenla locura : Por masque pa- 
rezca cMrañü, f;eneralmcntc la locura no llega á mudar de todo en 
todo la condición del que la padece, pues, ¿ pesar del delirio, que 
tantas cosas le arrebata, conserva rasgos inequívocos, acaso muy 
sobresalienteis. de su tndote, piedad, cultura y virtudes, ó de su 

descreimiento, rusticidad, ignorancia y vicios, Es decir. 

que en la locura actual se iransparenia la cordura pasada 

La subsistencia de cordura en la locura de Don Quijote salta á la 
vista en toda su historia, dando ocasión á los contrastes más inte- 
resantes, y que más simpatía granjean al pobre Caballero, 

Muestras de instrucción y de ingenio, muchas dió Don Quijote, 
y algunas purcicrtf) brillantisimas. ^Quién no se saborea con el ra- 
zonamiento á los enconados bandos del rebuzno, en el temeroso 
amago de venir á las manos? ^N'o escucharon suspensosy admira- 
dos los circunstantes el discurso sobre las armas y las Ic'iras? ¿No 
son de hombre bien criado, discreto, perspicaz, conocedor del mun- 
do, honrado y justo, los consejos que dió á Sancho para que se hu- 
biese bien en el gobierno de la Ínsula? 

Capitulo Xl/f : Mefaptosis ó ttiudan^a de Jornia de la locura de 
Don Quijote : Dorribado Don Quijote por el Caballero de la Blanca 
Luna, le dijo aouellas sublimes palabras con que pareció dar su 
alma heroica, y las postreras palpitaciones de su corazón generoso. 

La pi^íunda' conmoción del ánimo que ellas indican tuvo, por 
consecuencia inmediata, una/rína/^^iaádolor moral, qucdió prín- 



Cerrantes iu^gado por lo& españoles 



'69 



>Ío á un doble movimiento ó trabajo, si vale decirlo asi, de dc:>- 
composición y metamorfosis consecutiva de la monomanía. 

«Quería ¡011 Sancho!» dijoal escudero, «que nos convirtiésemos 
pastures» 

Rcsiituído á su aldea, comunicó e:itc proyecto al Cura y el Bachi> 

ller Los dos buenos amigos, porque no se les fuese otra vez 

del pueblo á »u$ caballerías, esperando que en aquel año podría ser 
curado, concedieron con la llamante invención, y, aunque pasma- 
dos de la nueva locura, según expresión del cronista, felicisima por 
ser propia Con todo extremo, aprobándola por discreta 

No Uefió, sin embarf^u, á cuajar la nueva ¡dea fija de DonQuijoie. 
porque pronto un trastorno de su organismo ocasionó la postrera 
y dichosísima evolución del estado frenopático 

La pasión melancólica consecutiva á la frcnalgía perturbó hon- 
damente el sistema psíquico, y dio origen á una enfermedad inci- 
dental 

El parecer del médico fué que al Hídaljío melancolías y desabri- 
mientos ¡e acababan; con el que^ si no dio muestra bastante de estar 
muy instruido en Patología psíquica, acreditó, por lo menos, tener 
buen ojo ó sentido práctico general para quedar airoso en achaque 
de diagnóstico y pronóstico 

Capitulo XI V : Curación de "Doíj (Quijote, y muerte de Alonso 
Quijano : 

£l|>one d Sr. l*i una leoríi ret'erenie A lot caracteres, del esudo psíquico de l« 
pcnona curada de una enfermedad mental, y uontinúa : 

Ahora bien, mirando á la luz de esta teoría médico -psicológica 
el relato de la curación de Don Quijote y de la muerte de Alon&o 
Quijano, se ve claramente la verdad de los hechos que en él se men- 
cionan, y su natural enlace, formando el todo una composición ar- 
mónica, bella, encantadora, tan ingeniosa en lo literario como pun- 
tual en lo clínico. 



Para mi no hay curación más sólida y segura de una vesania que 
la que se verifica en el curso de las enfermedades agudas que más 
general, más honda y más peligrosa perturbación del organismo 
producen ; y, por tanto, ninguna crisis de la enajenación mental so- 
brepuja en potencia y eficacia á la que, por este procedimiento pa- 
tológico, como de virtud terapéutica sustituiiva, prepara, sostiene 
vacaba la naturaleza misma. 

Pues. ¡qu¿ extraño que la locura de Don Quijote, ya amortecida, 
ó, al menos, muy quebrantada por la lucha intestina de elementos 
pijdcrosos c inconciliables, acabase por extinguirse al golpe de una 
enfermedad, que no se diga que fué grave si causó la muerte! 

La regresión de Don Quijote de la Mancha á Alonso Quijano el 
Bueno es una de las narraciones más admirables y en todo respecto 
merecedora de encomio. 

Capítulo XVI : Ideatismoy realismo : La locui^ de Don Quijote 



Ton» III 



•3 



J7» 



OervinK^ jiizfnido por ios «pañoles 



es un combate continuo del idealismo, nu sólo con la realidad sen- 
sible del mundo cxieríor, sino también con la de sí mismo como 
ser moral y fisico. Un ñlósofo lo Mamaria pugna del ^o con el no-^■o 
V con el mismoj'o. El eniendimicnio, menos torpe que inculio,'de 
íiancho. y sus afcccfones sociales, pues, ai fin, tiene mujer é hijos, 
apéganlc al realismo. Don Quijote pelea por la fama; Sancho le sir- 
ve por una Ínsula. La ftlosolla del uno es especulativa, y vuela por 
los serenos espacios de la- honra y la gloria, á donde no ascienden 
jamás los turbios vapores del interés material; la filosofía del otro 
es cscncialmenle practica, casi corpórea .. Así, en el teatro de 
aquellasingular locura, Sancho representa la cordura, yes la piedra 
de toque con que se prueba y hace experiencia de la disposición del 
ánimo de Don Quijote en todos sus actos: y es, además, el mndera- 
dorde lasagitactoncs y arrebatamientos de su amo 

Don Quiíoie v Sancho nacieron á un mismo tiempo; con perte- 
necer acondiciones desiguales, juntólos su destino; y mutuamente 
se compleinron y fueron para en uno. Por esto el contraste de sus 
personalidadeses tan armónico y bello. - . , . 

Hiciéraloónnlohicicra de industria nuestro sutil ingenio, véanlo 
A no lo vean los críticos, los nombres de Don Quijote, de Dulcinea 
ydel mismísimo Rocinante se nos ofrecen bañados de luz de idea- 
lismo ; así como no hay forma de q uítar de su llano y hu mildc rea- 
lismo al de Sancho Panza 

Y nada importa que en esta historia de maravillosos contrastes 
represente Sancho el realismo, pucscl que en su persona puso Cer- 
vantes, no es como el realismn que hoy está en moda, rastrero, des- 
creído y procaz, el roído de envidia, atosigado de odio y fácil á la 
desesperación; sino el realismo inherente \ necesario á la natura- 
leza humana, el templado con la íe, avigorado con la esperanza y 
animoso con la caridad; el ávido de penetraren tas oscuras y tal vez 
sórdidas miserias de la tierra, pero alumbrándose con la límpida luz 
del ciclo; el que. repugnándole la desnudez inverecunda de las for- 
mas, cúbrelas siquier con un sutil cendal de honestidad, realismo. 
en fin. radiante de belleza, como sabían pintarlo nuestros clásicos, 
más artísticos en éste y otros particulares que muchos escritores mo- 
demos, de cuyos cuadros hay que apartar los ojos, ya con rubor, ya 
con indignación, siempre con lástima . , . ' 

Seria interminable el traer á relación todos los sucesos en que Ja 
ingénita bondad, las nobles aspiraciones, los puros afectos, el áni- 
mo esforzado, el varonil sufrimiento y demás excelentes prendasde 
Don Quijote, cediendo en daflo suyo, por la irresistible fuerza del 
tiempo ó de las circunstancias, de la indifcrcncin ó mala voluntad 
de las gentes, sólo le acarrean desengaños, pesadumbres, enojos, 
burlas y descalabros 

Tal es su sino : correr en pos de lo ideal, y encontrarse ctíñi siem- 
pre atravesado en la carrera lo real bajo formas groseras v feas, cu- 
bierto de asperezas y erizado de espinas. Cuadro interesante, donde. 
entre claras v oscuros armóaicamenie combinados, se ven andar i 



«Jkmntev iui^dn |k>p (o& npaAglct 



ip 



vudBs la locura y la discreción, \ contrarreslai'üc mutuamente. > 
predominar, ahora b una^ahoralaoira, y ponercncvidenciacuán- 
acordura alienta á veces en la primera, cuánto delirio malea la se- 
gunda. Si: que la historia de nuestro generoso y burlado héroe es 
un trasunto de la vida Jcl hombre sobre la tierra, en cl pelear de su 
entendimiento y corazón con la contrariedad que á sus concepcio- 
(lesy deseos opone el mundo externo, sin darle puniu de reposo, ni 
alTczcüpaciu pira curarse las heridas que recibe. 

Porqueabundo en este -sentido, pláceme, acortando algún tanto el 
ifcancc de la narración cervantina, entrever en Don Quijote una ima- 
Sendc la humanidad en cl actual momento histórico. Atrevida, sino 
ijuimérica. parecerá la idea: mas nadie la deseche ante.* de verla ex- 
planada. 

La lilosofia hiperbórea, enigmática y descreída, que hoy confun- 
detantas entendimientos, y la literatura y^amenca, en d pensamien- 
to insana y en cl lenguaje nada pulcra, que pervierte tantos corazo- 
BCj-sotí como los libras de caballerías <^ue, con fr.ises inextricables. 
HKCsos íantájiicos y acaso turcidos designio?,, volvieron e! juicio al 
Hidalgo. La era de felicidad paradisíaca, que, para algunos, han de 
inaugurar al fin las aberraciones políticas y las utopias económicab. 
ala dichusa edad dorada que con sus andanzas .<;& envanecía de re- 
sucitar el Mancnego Cl culto á un ser imaginario, sumo 

de hermosura y perfección, que le enardecía y avigoral>a para todo 
Wiipresa imposible, lanzándole á ln dcscabeíladn. frecuentemente 
con perturbación de la paz. quebrantamiento de la ley y daftodcla 
■ADCcncia. allá se sale con la aspiración á lo bello ideal de absoluta 
■{ualdad. riqueza }' bienestar, que, con ser inasequibles á la mise- 
rable naturaleza humana. proni¿lense hoy ciertas clases, siquieraá 
ttles ilusorios biene.s hayan de licuar por entre desórdenes, llamas 
fruinas. El enderezamiento de tuertos, el socorro de menesterosos 
7'' amparo de de:) validos á que cl Andante consagraba la intre- 
pid«desu pecho y la pujanza de su brazo, manifiéitanse ahora en 
^ Dutvi» orden de Cosas que se dicen llamados á fundar los dcsfa- 
«dores de agravios sociales, por cuyas victimas contender preten- 
«n. Las saludables advertencias v persuasiones del criado rúsli- 
^- pero asa:; discreto y muy fiel, son desoídas por importunas, 
tmpcninenies ó necias; tal cual en nuestro tiempo la parlería de ilu- 
^< Cándidos, embaidores ó malvados aho^a las voces de los que 
íombatcn el error, sciíalan el peligro y llaman al camino de la sal- 
'*9ón,á quienes los otros raoician cautelosamente de ignorantcsó 
Jilipendian de enemigos del propreso. El desprecio de toda autori- 
^*^ y la rc-tistcncia á toda represión racional y legítima, dcsprcciu 
/'«isícncia hijos del .sentimiento delirante de su primacía, qu» 
^''a/Eaba al Cabdllero, están representados ahora por la anarquía. 
j"*tpnr(xtendn enaltecer al hombre, lo rebaja, y por el desenfreni», 
'^■•^fectando libertarle, lo esclaviza. . 

<^Os de |<n capítulos iiguienirs iliulsdo» : títufueio tit la K-ontiMtaón freimt- 



ij* 



Cervantes juzgado por lo> etpiñolo 



pálka ^ur inflvyit en tt desenroiñmiento de ia monomanía de Don Quijote y Trata- 
míenlo leraptulico que se usó con l)on Quijote, sigue poniendo de relieve el Sr. Pi 
cuan sjusuda se tialli ta hisiorU del hitot Manch^c á (as realas de la Medlciiu 
psicológica. 

Capitulo XXI : 'Treparos : Entiendo que, después de lo dicho, á 
nadie quedará duda de que abunda el Don Qvuote en primores del 
orden médico-psicológico, algunos, á la verdad, muy notables; si 
bien no me lisonjeo de haber descubierto todos los que contiene, 
antes temo queá mis investigaciones habrín escapado muchos. Sin 
embargo, como ya no fuera obra humana si hubiese alcanzado la 
perfección absoluta, ni Cervantes era hombre de ciencia sino do 
arte, paréceme que pueden oponérsele ciertos reparos, no tocantes 
á su pensamiento sino á tal cual pormenor de su ejecución, ni tam- 
poco en el concepto literario sino exclusivamente en el cienlifico, y 

menos todavía en lo especulativo que en lo práctico 

Reparas que, sin embargo, no ofuscan la luz que resplandece en 
ta historia de los síntomas principales 6 característicos de aquella 

especial é interesante monomanía 

Capitulo XXII : Fuentes á que pudo acudir Cervantes para ío 
cieníi/ico de su im>encióti : El toque más bello, cuanto & lo litera- 
rio, y más ingenioso, cuanto á lo científico, es. que, queriendo po- 
ner en escena un loco, no fingi6 un demente, acaso torpe como un 
idiota ó insensible como una estatua de barro; ni un Iipemanlacu 
ensimismado, taciturno y sumido en el estupor especifico de un 
mal; ni un maniaco, intolerable porsusdisparatesy gritería, repul- 
sivo por la perversión de sus afectos ¿ instintos, 6 temible por su 
malignidad y furores; sino un orate lúcido, un monomaniaco, en 
quien pueden unirse, combinarse y rcsaltarcon admirable contras- 
te los extravíos, arrebatos y luchas del delirio, la derechura de la 
razón, la bondad de su pecho generoso, el discurso de un entendi- 
miento claro y los primores de una esmerada cultura : mezcla ar- 
mónica de enfermedad y salud en constante acción alternativa, sin 
deficiencia de launa ni predominio de la otra, antes en sorprenden- 
te é inexplicable equilibrio. Ln cual no pudo aprender nuestro in- 
f;enío en las obras médicas, porque ninguna de las publicadas hasta 
a época en que escribió había puesto en su verdadero punto éste 
de diagnóstico frenopático: la distinción entre la melancolía y la mo- 
nomanía como formas especiíicas, según lo hizo tantos aHos des- 
pués el ilustre alienista director del manicomio de Charcntón. 

Pues ^cómo acertó Cervantes á poner con exactitud los límites de 
la monomanía, y no contravino jamás al principio fundamental de 

aue la pluralidad de sus manifestaciones habla de caber siempre 
entro de la unidad? ,jDóndc aprendió que era en cierto mudo la 
nota tónica de esta vesania una pasión exaltante? ^Quién le ponde- 
ró la trascendencia y pertinacia de las aberraciones .sensorias, y casi 
le puso en actitud de diferenciarlas con respecto á objetividad y á 
subjetividad?' ^Cuándo observóla tendencia Jcl monomaniaco á ver 
6 á considerar las cosas que directa ó indirectamente caen bajo su 



Cerrantes juztiado por liK«spaaolei> 



•73 



delirio, como pintadas del color del mismor ^Por quién supo ser 
síntoma muy característico de frcnopaiia el trueco de la personali- 
dad, ya ajena, ya propia? ^; Dónde le advirtieron que los impulsos 
insólitos ó súbitos é indeliberados repugnaban con Ja monomanía, 
y, por lo tanto, ni uno siquiera supuso en la de su héroe? ¿En qué 
libro leyó que la conciencia refleja de la locura ajena subsistiese en 
m uchos, q ue, por el mero hechí) de ser locos, no tienen la de la pro- 
pia? .jQué tratado de terapéutica médico-psicológica consultó aon- 
de hallase que la frenal^ia ora un poderoso corrcciívoy aniquilador 
de la hiperfrenia,ó, en lérminosgenerales, queuna pasión espontá- 
neamente nacida se combatiese por medio de otra excitada con sa- 
gacidad y cautela? ^ En qué casa de orates pudo ver que. entre las cri- 
sis de los afectos mentales, ninguna más favorable y eficaz que la 
producida por una enfermedad incidental muy grave, de las que 
parecen anonadar la fuerza motriz del organismo entero: y que no 
hubiese curación más sólida de aquéllos que la preparada y traída 
por una conmoción de esta calidad? ^Quién, iniciándole en los se- 
cretos de la vida frenopática, le sugirió tantas otras especies como 
en la historia de su loco introdujo, adecuadas por pertinentes, pero 

admirables por raras? ^Quién ? 

Nadie....... Todo lo adivinó su genio. Con prodigiosa intuición 

percibió claramente Cervantes la fisonomía de ta locura parcial, su 
carácter inflexible, necesidad de sus acciones, sus violencias y fla- 
quezas, y el principio de contradicción que, anidando en su seno, ta 
dcsasosiejia y exalta ; y con la materia de estos conocimientos, depu- 
rada por la rellexión'artisiica. la soberana fanlasía de nuestro inge- 
nio labró la figura de un monomaniaco típico cual concebirla pu- 
diera en lucubraciones prolijas un alienista ingenioso y encanecido 
en la clínica. Sí; la locuradc Don Quijote adivinóla el genio de Cer- 
vantes, y la sacó al teatro del mundo como debía ser, como la recla- 
maba la verdad científica y t;i requería la belleza Uleraria. De aquí 
que los tratados didácticos no se desdeñen, ames se complazcan, en 
puner por ejemplar de la especie monomanlaca al héroe manchego, 
con noscriomásquedeuna fábula. De aquí que un Incoian loco ha- 
ya sido siempre la admiración y el ídolo de los cuerdos, pues sus lo- 
curas sientan mejor que muchas discreciones; porque á lodas ani- 
ma el amor de la belleza y de la gloria, un noble deseo, la abnega- 
ción ó el heroísmo; y lodas tienen la encantadora gracia de la can- 
didez generosa, sin repugnar ninguna por su ñn indigno^ ya que 
todas sean deplorables por lo extemporáneo, vano ó temerario de su 
impulso. De aquí que, ctmio este loco, no haya en la edad niodcrna 
ni hubiera en la antigua cuerdo alguno tan conocido v ensalzado. 
Exuberante de inmortalidad, si tal puede decirse, la ha dado á cuan- 
tos tuvieron larga comunicación con £1, á los que sólo una vez le 
trataron, aun á los que le hicieron ultraje, y, loque es más de admi- 
rar, hasta al envidioso que osó ¡mal pecado! remedarlo á guisa de 
pajaso, c«jn gracia poca y malquerencia mucha. í>c la oscuridad de 
sus locuras saleamenudo un rayo de Iu;í bastantcáalumbrar losen- 



'U 



UarvttntCk ¡\rj:gBác par lastapttitrie^ 



tendimientos sanos para que ^ ean 5>us desvíos y esrores; siendo al- . 
gunos de este loco ensci^an¿as y correcciones sin castigo ni ofensa,! 
¿liras sin látigo ni hiél que lltvanála enmienda rcgociiadamente. 

Y todo esto desenvuelto con inmejorable arle en una narración 
perspicua, sabrosa, interesante: de movimiento espontáneo y gallar- 
da: rica en sentencias, sazonada de donaires; magistral en el estilo, 
galana en la Trase. pura en la dicción, modelo del buen gusto: únt> 
ca en el pensamiento, primera en su género un íversalmcnte celebra- 
da; donde el grave concepto filosñíícn anda en pareja con el senci- 
llo razonamiento vulgar, la idea sublime con el humilde refrán, tan 
luminoso quizás cumo ella; donde el lenguaje de gente ruin tiune 
una compostura que atrae y un gracejo que hechiza; donde los ri- 
sueños matices de la naturaleza contrastan con los sombilos colores 
de la miseria humana; donde ni las alcprías arrojan al desvaneci- 
miento, ni las tristezas precipitan en la desesperación; donde no de- 
jan lugar al odio, á la venganza ni al csccplismo el espíritu de carí' i 
dad yla fortaleza que alientan en el seno de la más acendrada fc^^f 
cristiana; donde hasta las fealdades disimula una suave tinta de hcr-^^^ 
mosura; libro sobre el cual no ha corrido el tiempo, antes vjve en 
juventud perenne: libro que se lee hoy, y se vuelve á leer mañana 
y toduslosdias. y siempre suspende más, y cada vez pone á la vista i 
nuevos primores; libro que al sabio contenta, al ignorante adoctrÍna,^H 
y á todos embeleca con el deleite puro que nace de la percepción v^^ 
contemplación de lo bello en la excclsiiud de lo ideal; libro que ha 
tenido y tiene el singular privilegio de ser para doctos y eruditos un 
estímulo constante de estudius é investigaciones, v también para 
muchos un enigma en que está encubierto un pensamiento trascen- 
dental; monumento, en ñín. con que el genio na simbolizado la hi- 
dalguía, esfuerzo ¿ intrepidez déla raza española, su magnánima g< 
nerosidad en las bienandanzas, su varonil entereza en el sufrimiento 
de los infortunios, y aun los deíectos que la exageración de estas bri- 
llantes cualidades engendra, pero que. en medio de ser imperfec- 
ciones, conservan siempre la traza distinguida y simpática de su no-, 
ble origen. 

Sin el empeño de inquirir la fuente de que brotó este caudaloso^ 
y límpido raudal, venga y apague su sed en ¿1 quien tuviere amor 
i la belleza literaria, aromatizada con flores del árbol de la ciencia,.] 

Capitulo XXiJf : El Quijotismo : En suma, el quijotismo es 1o^ 
que ta moneda falsa á la legal, la hipocresía á la devoción, la filan* 
tropfa á la caridad, el lilosoíismo á la lilosoíía, la pedantería á ta 
ciencia : es tma perturbación parcial del sistema psíquico, asi en lo 
intelectual como en lo afectivo, con desorden necesario de algunas de 
sus operaciones, y más ó menos irascenden tea todas. Por esto me he 

inclinado á llamarlo enfermedütd Si Esquirol hizo la primera 

descripción de la monomanía, Cervantes escribió la primera histo- 
ria de un monomaniaco ¡ Loor á la ínclita pareja del prin- 
cipe de los alienistas v el principe de los ¡ngeníosl» 



Cvnmns )urg><to pnir iosvspaftolcí 



f75 



El captiulo Anal ilc la itoiablí; obn del Sí. Pi esiA lleno de admhablcs rrdexio- 

Dtt acerca de la prodtftioss poieneia &nÍKtica de Cervantes, que supo dar ÍJJon 

. Quijote unu vidH; jr nn puedo menos de leriniiiar el rápido cxintcio del libro del 

- Tcpulftdo Director del Manicomio de l« S^nia Cru¿, iranscnbiendo csUs frases de 

<( Respétese v acépiese, si placu. toda acliraciónóanoiactóndeeste 
libro, de cualquiera caüdad que fuere, menos las que traen arras- 
trando coincidencias vanas, semblanzas ilusorias, parangones vio- 
lentos y tiltsüflas imaginarias, ó las dc-svanecidas que castigan con 
palmeta de dómine anacronismos, dtsmemoriam lentos y solecis- 
mos; pero también reconózcase que no puede prescindirse del co- 
mentario de la monomanía del Hidalí;ü: del que enaltecen más y 
más á Cervantes por ingeniu singular, que penetró ciertos arcanos 
de la mente enlcrma, val regocijo de las Musas da derecho ¿ser re- 
'clamadu hijo adoptivo de la ciencia frenopática. La interpretación 
m¿dÍco-psicotógica de tos hechos de Don Quijote es el alma de toda 
ilustración de la historia.» 

^Primortí dtíOofi {¿tntOTK <rti W t;oniXp¡o iniJko-itsicoUiguu y tX>miatri-acioites 
geno-ates tabre h locura, pitra un nuero iamentario de la inmorlal novela, por el 
Dr. D. Emilio Piy \ío¡ist. Midico Director del Manicomio de la Sania Crux. efe. 
-Barcelona, Imp. Barceloneut. iSSó; 8.*, dedos hoias preliminares, 46$ ps. y una 
hoÍA para el Índice.) 



José Torres Reina : 1887. 

«¿Podrá alguien decir que Cervantes plagió los libros de caballe- 
rías al describir los desaforados hechos que refiere de enanos y gí- 
(j^ntcs? Pues cuenta que, en punto á fantasía, muchas veces Don Qui- 
jote se queda muy atrás de las descripciones délos libros que le ha- 
blan vuelto el juicio. 
^Yenqué consiste la originalidad de Cervantes? En el lin. 
Las descripciones de los libros caballerescos se proponen exaliar 
U faniasia con relaciones extravagantes, quiméricas v falsas, con- 
tríbuyendo con ello á perturbar el juíciu del que. como el hidalgo 
^lanchcgo, se apasionase de tan desdichada lectura. Cervantes fus- 
%a con el ridiculo esas mismas fabulosas relaciones, y lasprecipiD 
en el olvido con el g¿ncro literario á que pertenecen. 

c En qué. pues, se diferencia el Quijote de los libros de caballe- 
"■ías? En hyinaiidad.» 

( Originalidad dt *Los Volientet». por O. Jos* Torm ft^ina -Msáiiá.i- Ducaz- 

*^amón de Campoamor ; 1888. 

^^ «tQué es humorismo? La contraposiaón dcsituaciones, de tdeets. 
'CVos 6 pasiones encontradas. La posición de las cosas en Rituactón 
aniitéii^ suele hacer reír con tristeza. 



176 



C«rvantcs jutgado por los españoles 



í. 



César, tapando con sus cenizas cl huecú de una pnrcd, y l>ijn Qui- 
jote, volviendo á su casa molido á palos por dclender sus ideales, 
mientras su ama y su sobrina, representantes del strniidti común, !•> 
rccit>cn cómodamente comiendo pan candeal y haciendo calceta, 
son dos rasgos de humorismoquv, además de hacer rcir, llenan los 
ojos de lágrimas. 

La frase buen humor, genuinamente espartóla, ha creado un gé- | 
ñero literario, que es í,Mü peculiar de los ingleses y de los españoles. 

en el que. me/.clandu lo alegre con lo trágico, se forma un te¡¡d<.i de 
tir. y sombra, á través del cual se ven en perspectiva flageladas las 
grandezas, y santiticadas las miserias, produciendo esta mezcla del 
llanto y de la risa una sobreexcitación nerviosa de un encanto inde- 
finible, ^m 

E\ humorismo francés es satírico; el italiano, burlesco, y el ala9^ 
man, elegiaco. Sólo Cervantes y Shakespeare son los dos tipos del 1 
verdadero humorismo, serio, ingenuo y candoroso 

Si, como dice Cervantes, el hacer reír es de grandes ingenios, el 
hacer reír y llorar al mismo tiempo es un don excepcional que sólo 
ha concedido Dios á ¿I y á Shak.e.speare, los dos grandes peni^idures 
más humorísticos del mundo.» ~ 

{Obras : Humoradas.- tíitceioñi. (88U.) 



José de Castro y Serrano : 1889. 

I 

«El donaire legitimo en la escritura no hay para qué inventarlo; 
está inventado. Todas las lenguas tienen sus modelos en la espe- 
cie: mas como e! proiotipu de él y norma indiscutible do ese 

modelo nos pertenece tan en absoluto, es imposible prescindir de su 
examen aun contrariando mi présenle propósito de no examinar 
obra de ingenio algunií: perú ^quién puede escribir sobre ma- 
teria literaria entre españoles y para una corporación como la que 
me escucha, sin nombrar ese libru, cuyo solo anuncio esiá ya rego- 
cijando vuestra alma y atrayendo el deleíteá vuestra fantasía? En 61 
se halla, no sólo el fundamento, sino el desarrollo total de la layantes 
proclamada, hasta el punto de que pueda decirse que asi como no 
hubo verdadera estatuaria en el mundo de! arte antiguo hasta que un 
griego acertó á modelar la estatua 'H^egla, asi no ha habido verda-^j 
dero chiste en el mundo moderno de ta literatura hasta que un es^H 
pañol trazó los contornos de Don yuijote. ^^ 

Señores; Don (Quijote es la (igura más seria que ha producido ta 
humanidad. Y veis que humanizo al personajcde la ingeniosa fábu- 
la como si hubiera habitado entre nosotros; porque presumo inter- 
pretar asi vuestro propio pensamiento, y porque s¿ que vais á con<d 
venir conmigo en declarar queCen.'antes, inspirado porel Criador,' 
y siguiendo sus huellas, hizo del Ingenioso Hidalgo un hombrea su 
imagen y semejanza. Pues bien : en Don Quijote, decía, todo es gra- 
ve, circunspecto, .solemne. Noble en su origen, humanitario en su 



Ccrraat» Íatg»do por los español» 



'77 



condiclf^n, gcncrosn sin rcsen'as, valiente hasta el heroísmo, amante 
puru y de castos deseos, fmbkma JcfUslJcia y rcciiiud en humanas 
acciones, habría que ascender á la estera de los bienaventurados 
para encontrarle ¿mulu. Y, sin embargo, Don Quijote es una perpe- 
tua risa, un chiste corpóreo, si me es permitida la frase, desde quv 
sala al mundo hasta que vuelve á su casa para morir. 
' ^ En qué se funda esto? ^Crimo explicar contrasentido semejante? 
iíslo üe funda en que esa sublime auiobiot-raíía, desesperacii*in de 
lus que escriben y encanto de los que leen, lleva una conformidad 
absoluta en el fondo de las ideas, y una absoluta disconformidad 
en la forma de practicarlas. El humanitarismo de Don Quijote, 
que no reconoce límites, le induce á creer que debe y puede entro- 
meterse en todas las desdichas; su valor, que nu reconoce freno, 
Ití induce á pelear lo mismo con molinos de viento, creyéndolos 
gibantes, que con leones desenjaulados, á quienes desprecia porque 
nu le acometen; su amor espiritual, y de exquisita terneza, que nu 
reconoce superior ni aun .semejante en el mundo, le induce a pre- 
Auniirque su encantada Dulcinea, aun convertida en labradora hu- 
milde, debe "ler 5 ámbar y ambrosia cuando puede oler a ajos y 
cebollas: su condición de justiciero, en fin, que no reconoce obs- 
táculos ni circunstancias para emplearse en el bien común, le coloca 
en aprietos como el de ser apedreado por los (galeotes, pisoteado 
por una manada de toros y maltrecho en tantas y tan descomunn- 
fcs batallas, aue pudo llegar á creer alguna ve/, que se le convertía 
en requesón la sesera. 

Don Quijote, vuelvo á decir, es un puro chiste, yes un puro chis- 
te porque luchaen perpetua verdad de esencia corí perpetua menti- 
ra de accidentes : hace reír y debe hacerlo; es una alma provocante 
¿ admiración y resulla provocante á risa. Pero hay un momento en 
su libro admirable que suspende todas las burlas y las trueca en sen- 
tidos pésames, ^;Cuál es ese momento? Aquel en queconcuerdan el 
fundo y la forma del carácter, aquel en que postrado en el lecho, 
asistido por el Ama y la Sobrina, rodeado del Cura v del Bachiller, 
puestos tos ojos en Sancho Pan^a, que le invita á safir nuevamente 
al campo eií busca de los recreos pastoriles, exclama con acento de 
profunda verdad : «Pocoá poco, señores, que en los nidos de anta- 
ño no hay pájaros hogaño. Yo era loco y ya soy cuerdo.» En tran- 
ces mortales se habla hallado muchas veces Don Quijote y hacía 
reir; en el trance mortal de Alonso Quijano no hav medio de 
sustraerse, como el propio Cervantes dice, al empujón de las lá- 
ív^imas. 

Vbíen, Señores, dentro de use nunca bien ensalzado libro, que 

Pfwvoca á risa, se plantean y resuelven los más arduos^ problemas 

«e la vida humana. AHÍ se discurre sobre el honor, la virtud y el pa- 

''[Kftismo. allí se dilucidan cuestiones de filosofía, de teología y de 

'iisioria: allí se tratan asuntos relacionados con la medicina y las 

t'enciasnaturales: allí se controvierten las armas y las letras, la ad- 

"''"'siración y la [usticia, la sociedad y sus códigos, el pueblo y sus 



T, 



nao I II 



»4 



•78 



Cerrante» juzf;ado por los espumóles 



costumbres; todo se enseña ó se aprende allí. ¿EÜvit:) acasu, \o am< 
nu de la fübula, que cuanto de ella .se dcttucc Ljucdc bien cstudiadf 
y mcjoraprendidu?» 

(Oisotnosieidírt ame la HmI Aea<ft'»ia EtpaMa en la recepción piíbUcii íle. 
José de Caslrfj y Serrano el día 8 de /Üeienitre de i SSrt : Discimo de Don José i 
Catiro y Sermao.-Madtid. Suctiorcs de Riradcncyra. iSít^; «."de 54 ps. Loj pu^ 
bl\c6l.a Ilustración Españoia y Amerieanadel mismo dia.) 

Duque áti Rivas : 1889. 

« antes aseguré que cada pueblo su ríe á su manera. Pern 

dije también que nabia una risa humana, de carácter general, que 
pertenece á todos; y ahora debo añadir que el más genuino intér- 
prete de esa risa universal es el Quuotk 

Calderón y Shakespeare son inJudablemonie dos genios del arte 
dramático; nías i:l uiid es eiiilneiiteniciite español; el otro es esen- 
cialmente inglés : para sentirlos bien y penetrar dcsa bogada menic 
en su espíritu, es preciso haber nacido en la península ibera ú en la 
brumosa Albíún; para sentir y comprender á Cervantes, basta ser 
hombre de cualquier país civilizado. Porque si bien hay en su poe- 
ma, comeen pocos, el sabor de la (ierra y los tipos que retrata sólo 
pueden ser españoles, los elementos morales de que se compone la 
ubra son ciencia Un en te humanos. Nu e« el hidalgo nianchego unt 
de esos seres extraordinarios, de la tragedia ó del drama, que nc 
imponen respeto y adniiraciAn, pero que, al íín y al cabo, nada tii 
nen común con nosotros. Don Quijote está formadodc nuestra prt 
pia sustancia; es, sobre poco masó menos, un hombre como todt 
los demás, y, aparte de su vena lunática, acaso también por ella mií 
ma,es como el espejo de nuestra propia conciencia 

No creo que la fábula de Cervantes, como algunos han pretendi-* 
do, encierre un sentido oculto: no es decir que no haya en ella alu- 
siones, ya poco perceptibles,» sucesos ó personajes de la época. ¡Lás- 
tima que el famoso Birscxpii:, que nadie ha visto y deque todos ha> 
blan, no haya llegado hasta nosotros! Esto habría satisfecho nuestra 
curiosidad sin aumentaren Ío más mínimo el valor del libro, en el 
cual lo bueno es sencillamente lo que todos comprenden. El sabio 
critico francés .Montegut, de cuyas acertadas ideas sobre la índole 
moral del QuiioTE algo he condcnsado en este ligero juicio, incurre 
en el grave error de atribuirá la novela de Cervantes el carácter es- 
trecho de una alegoría hist<irica, en que el Hidalgo manchego sim- 
boliza la España del siglo xvi, aventurera y hazañosa, pero agresiva, 
fanática y opresora, cayendo al fin vencida y maltrecha á los duros 
golpes de los zafios marineros ingleses, ó los groseros burgueses de 
Holanda. ¡Extraña manta la de los extranjeros, qucricnJohacer del 
autordel Quijote un filósofo liberal á la modernal Era Cervantes 
demasiado español para que tales ideas le pasasen porlacabe7.a. Las 
hazañas de sus compatriotas le causaban cntusiasmoyadmiración, 
él mismo en una de aquellas famosas empresas habla perdido lí 



Cerrxnm juzgado por los españoles 



'79 



mano izquierda de un mosquetazo, de lo cual se vanagloriaba. Su 
fe arraigada no püdia dejartecreer que la España de Carlos V y Feli- 
pe 11 hubiesi; obrado mal ctimbaiiendo el protestantismo. El senti- 
miento heri^icü predominaba en su espíritu, y, aunque parezca pa- 
radójicü, no csiaban para él desnudos de hechizo é Ínteres los libros 
<dc caballerías, que con tal humor había de ridiculizar. ¡Qué alaban- 
2tjs tan expresivas las que pone en boca del cura para algunos de 
callos! ¡Conque miramientos salva de la hoguera á Amadisde Gau- 
^a, '"Paltnerin de ¡ngiaterra y Tirante eriilancol Justamente en esa 
■iota heri>ica en peregrina fusión con la picaresca, que era conse- 
«ruencia natural de su roce con I(ís pequeños, estriban la originalidad 

3f el encanto de su obra inmortal 

^Y ha habido quien use comparar la ftt>foria(^e Gargantúa y Pan- 
^agruet con el Quijote? ^Y aun se ha dicho que Fiabelais fui prc- 
«rursor de Cervantes? Como si aquellos jayanes que Rabelais nos 
yima tan sensuales y tan bebedores, tan satisfechos con la vida, y 
^2n cuyo corazón fermenta ^1 odio al catolicismo, tuviesen la menor 
-snalopíacon el Hidalgo de la .Mancha, ni las burtescasaventurasde 
^-stc, buscando princesas que libertar 6 gibantes que combatir, en 
ligo se pareciesen á la simbólica odisea de Paniagruet recorriendo 
'fantásticas islas en busca de! oráculo de la Diva-Bulella; y como si 
-Panurgo, en quien algunos críticos ven una especie de Sancho Pan- 
.^a cerca de Pantagrucl, guardase alguna semejan'/a con el malicio- 
so manchego. El uno, horrible payaso, obscuro, vengativo, insacia- 
ble de goces, desatándose á cada paso en inmundas frases, sin rastro 
■Je honradez ni sentido moral: v el otro, en medio de sus bellaque- 
rías, bueno y sencillo, sulricnd'o resignadamcnte las hambres y los 
golpes á que le exponen las locuras desuscftor, del cual, como refie- 
re a la Duquesa, ha comido el pan y no puede apartarle «otro suce- 
so que el de la pala y el a^iadón.» 

Ilabelais pudo ser precursor de Voltaire; pero, ^quétieneque ver 
conCcrvaniesaquel mal cl¿rÍgo, aunque fuera (>rande su ingenio?... 
La distancia que separa, como hombres, á Rabelais y Cervantes, 
los aparta como escritores. El Qi iuote, como nos ha dicho el Sr. Cas- 
tro y Serrano, es la norma del chiste, y nn hay libro que se le pueda 
Comparar.» 

( ütacumox ¡tidoi ante la li<al Auidemía Espafiola cw la rtve/fciVín púNua de Don 
Josrdtr Cauro y Strrano etdia Sdt Didanbrt de ¡SH¡f : Üücui-ío del lixcmo. Señor 
tiuque de Ritvs en mnrestaciAH al prfctdeme.- Madrid, .Sucesores de Riradcneyn, 



Clemente Corlcjón : iSSg. 

«La novela extraordinaria llena de imaginación y de toda suerte 
dt primores poéticos es el Ouijotk. Religioso y valiente Don Quijote, 
amparador de menesterosos y desvalidos, cndcrczador de entuertos, 
rico de amor, de fantasía y otras nobles prendas, amante casi des- 
rtt^unabJc de lo ideal, es un sujel«j lan belUi. tan singulary tiui liní- 



I«0 



OrvADtos iuigado porlm español» 



co, que, aun siendo una mera ticciún. gu/^ de vida tan clara 6 iti< 
morUil, por lo menos, cumn los más grandes y famosos héroes de lí 
tradición y de la historia; porque L*n sus ahora sublimes frases 
ahora sencillas, naturales v melancAlicas palabras, están como en* 
carnados los hidalgos scniímienios y nobles aspiracíonesdel pueble 
español. La sencilla credulidad de Sancho, su natural deseo de nic^ 
¡orar de fortuna, su candida buena fe, el lesoro de chistes que sí 
la admiración de doctos é indoctos, su inocente malicia, la mans 
dumbre de su condición y acertado juicio en la manera de resob 
los casos que se lo prcüentaron cuando fué í;nbcrnadür, constiluyL'n 
los elementos cómicos dt;l carácter de aquel á quien con justicia 
llama Don (Quijote. Sancho bueno, Sancho discreto, Sancho cristic' 
na y Sancho sincero. 

El principal mÓrito del estilo del Quijote estriba en la purera 
propiedad de los vocablos, en la claridad y hermosura de la frase." 
en la grata y fluida armonía, cuya dulzura y nobleza es en alf^unns 
puntos incomparable; y, finalmente!, en la gala y bizarría de mil y 
mil figuras que realzan el tono de elocución.» 

(Compendio de /*i)í/íca.- Madrid. Grtmci Fiitnicnebrrt. iSR:; capilulo II, del 
secunda edicidn.) 

«No seré yo ciertamente quien niegue de plano que pueda habei 
en el Don QutJOTh: esta ó aquella alusión a sucesos contemporá- 
neos: quizá se encuentra escondido en aif!Ún rinconciio de la 

novela su poco de simbolismn; mas no se ha de bu.scar ahí lo que 
la realza á los ojos del lecior, sino en ser una obra humana y uni- 
versal Su autor llevó, al compás de la voz de su siglo, la de 

los tiempos venideros, con la cual industria le fu¿ dado tenerla di- 
cha, ¿ muy pocos concedida, de hacer pensar y sentir á los demás, 
al través del tiempo y !a distancia. lo que ¿I pensaba y sentía; de 
arrancar lágrimas v aplausos, no á esta ni á aquella otra, masa to- 
das las generaciones y á cada uno de nosotros, obligándono.sá vivir 
la vida de su espíritu y forzándonos á decir tras la lectura de este 
libro : En verdad, en verdad, las consecuencias de los sucesos que 
aqui se narran me locan do cerca, y siendo cieno, comn lo es, que 
todos los hombres nacemos hermanos, debo de hoyen más teñera 
Don Quijotecoino objeto de amor y respetuosa compasión, no que de 
burla y escarnio, según con torpeza presume la gente de condiciói 
apicarada y maleante! 

Las prendas que hermosean el estilo de Cervantes, tocan en ciei _ 

lo modo con lo niisleriose é indescifrable Masnadieserá parte' 

á convencerse de que se e.scribie.sti al correr de la pluma el primee, 
libro de las literaturas modernas.» 

I-Enumera 8qu¡ el Sr. Curtcjón mullítud de fiKura^. de hermosos paui» >- es{ 
cislmcntc de bellas elipsis qu« reat mente 

«bastan y sobran para Jejarnm entrever el vspantáneo aríificiu. 



emniesfii^do porm apii 



si vate la pnradoia,quc usó siempre el que con esta ó parecida indus- 
tria ha llegado a enseñorearse cual ningún otro de la lengua patria. 
Mas lu que al Do.v QiMioTt: le ha hecho famoso y estimado, loque 
en ¿1 más nos admira y suspende, lo que en gran manera realza á 
los ojos de los españoles su muy galano y vistoso lenguaje, es, para 
encerrarlo en breves i¿rmin«s, el que, junto con el mal cariño que 
i-iompre mostró su autor á las palabras estiradas, resplandece en lo- 
clis laspáginasdel libro unacicna novedad, gcniiíe/jiygallardía(,quc 
rTi se advierte en el mismo grado en ninguna otra obra castellana) 
nacidas de amor generoso y expansivo, bien por las voces desgasia- 
iJ¿iA ya á fuerza del continuo uso, bien por las vocablos más humil- 
cíes, bajos, ruines y feos que hay en el idionja. ....... 

. - por el temor de no fatigaros más, me propongo que única- 

íí:»CM\ie salgan á lucir en este siiio unos cuantos verbos que mues- 
ír-fB en la gala, la riqueza y agraciados giros que están escondidos en 
es*^ tesoro de lengua llamado, como muy bien sabéis, el Ingenioso 
H M «rrsALGO Don Quijote de la Mancha.» 

K. — «>« abundantes ejemptoií que aquf pone el autor muesiran cumplidxmenie el 
"<í «"»-» irablc partido que Cervantes sacó de la oponuna. artística y nueva atjrupacidn 
*I^ j=*aUbra5. 

C — -^(giínoi Mcríftu itel Unguofey atíilo de¡ Df*}* <frt¡cr«.'Maárid, La Etpítña \fo- 
i^»~ 9^a, y\ de Abril de 1889.) 



1 — -^-JL isOrellana y Rincón : i8go. 

*^on*Ídeni las Noviias EitMPLA«r.s de Cervantes como de tres especies dUtínus: 
^ ~ dovelas que tienen por fin exp*>ner un ideal Je perfección; B : Kasqucídcali- 
'-'KTV el ridiculo de algunos viíins <> preocupaciones sociales; C : Lixs meramente 
'«■«.I ricas. 

■^ A ; La Española inglrsa describe el ideal de la constancia en 

el amor La üitanilla tiene por designio la ideatizaci<')n de la 

ftini palia precursora del amor El Amante liberal reconoce 

por fin la idealización del amor completamente desinteresado 

Kn Lafierza oe la san(;re se embellece el amor asociándole á otros 

atcciosconél relacionados La SicSora Cornici.ia describe cI ideal 

tic la noble/a del ánimo La acción de Las nos Doncellas ntfS 

"frece el ejemplo de uno de los efectos de la justicia providencial, 
el de proteger las causas justas. 

B ; El linde El Casamiento esoaSosocs ridiculizar lacredulidad 
Je muchas gentes, que acepian como merecidas algunas reputacio- 

"i's alcanzadas tan sólo por la intriga ó parcialidad La illstre 

'■«EGosA comprende la sátira del uso frecuente en las personas de 
buena posición de emplearse en ejercicios impropios de su csta- 

*' En El celoso Extbkmi:So se traza el ridiculo de los que 

Pretenden contrarrestar la voluntad sntamenie ptir la fuerza El 

cnijienijfj j^. HificoKii.TF, yCoutaoillo es la descripción de una ga* 
vitu Je ladrtini'<i, subs¡\ienie por el descuido de las autoridades; 



pero su fin parece ser el ridiculo que resalta por un contraste com 
plcto entre la ruda ignorancia de los personajes y su presunción va- 
nidosa, entre su vida criminal y las prácticas devotas La Tía, 

FiNtíiDA generaliza todos los eícclus del eguismo, que sacrifica al in- 
terés propio los bienes físicos y morales délos demás. 

C ; El Licenciado Vidriera, Kl CoLOQino de los Perros: En 
estas novelas, la donosa agudeza de su autor se aplica á la censura 
festiva de diferentes vicios sociales.» 



Cn el capitulo II, que iraie Oc tas f armas intermu, dice : 

«En todas estas novelas, los caracteres de sus personajes están 

sostenidos: las costumbres relativas á la idea fundamental de 

cada fábula corresponden exactamenle ¿ los fines ejemplares del 

autor IVo tanto puede decirse de las costumbres secunüartas, 

empleadascomo medios de acción. En ellas se desvia algunas veces 
de aquellos lines. 

Capitulo \\\ : Brillan en el estilo de Cervantes la claridad, la nd- 
luralidad, la ironía fína, vivas imágenes; contrastes ingeniosos de 
caracteres, situaciones y palabras; diálogos animados, pinturas que 
hacen ver los objetos, aplicaciones nuevas de palabras y frases, do- 
nosos chistes y toda suerte de gracias que le sugerían su imagina- 
ción, la observación de los hechos y la fuerza creativa de su ingenio. 

El arte peculiar que se advierte en las obras de nuestro autor, es- 
pecialmente en las Novelas Ejgmi>larks, consiste en haber forma- 
do un lenguaje que, por la sabia combinación de la naturalidad con 
la ele^ncia, puede emplearse sin afectación en el estilo familiar 



« 



sin trivialidad en ci literario.» 



i 



Pitando A imiAr del Concepto general de las Novklas riümpi ahes. «n el capitulo 
IV de su opúsculo, dice el Sr. Orcllana : 

«En unas y otras existe la verdad, puesto que el ideal no es pura- 
mente fantástico, sino tomado de la realidad de la vida; existe belle- 
za por los atractivos de las formas; y existe utilidad por los efectos 
que producen perfeccionando los sentimientos humanos, ora ele- 
vándolos, ora cí»rrÍgiendo sus extravíos 

Se ha dicho que las Novelas Ejemplares ocupan en mérito litera- 
rio, entre las obras de Cervantes, fl segundo e inmediato luear al 

Quijotk; pero este aserto necesita demostración Linos mismos 

elementos forman el Quijote y la colección de las ejemplares; la ele- 
vación de los sentimientos del ánimo, que se encuentra en las no- 
velas serias y en varios episodios del Quijote y la censura de vicios 
y preocupaciones, objeto de la mayor parle de éste y de las novelas 

satíricas <qu¿ diferencia, pues, de valor literario existe en las 

unas y el oiro^ La diferencia consiste en la extensión, puesto que 
en la obra inenoscxtensa han de ser menos numerosas las manifes- 
taciones de aquellas causas. La facultad inventiva es la misma, pcm 
más osteniosa en la obra de mayor volumen. Subíetivamente es de 
¿uperior niÍTito el Quijote, porque es un alarde grandios*) de! iq^j 



C«n'Antcs íiugado pprlos españoles 

l^nin de su auiur; objctiv.imt.>nie ya es oira cusa, pues los asuntus 
tic \as Novelas Eje:.mi^lake:s tienen más verdad, mas utilidad prác- 
üca que el Qiiijutíí; y en cuanto á belleza, hay mis variedad en las 
forman internas, y en el estilo lucen las cualidades generale.'v con 
mayor constancia y menos acompañadas de los defectos que se acha- 
can & su autor. Esta comparación debe entenderse no del Quijote 
con cada una de las Novelas, sino con la colección de todas ellas. 
La causa de hallarse las Novelas casi eclipsadas por el Quijote 

obedece á circunstancias eventuales; desde que se publicaron 

en Londres una suntuosa edición del Quijote y otra con variedad 

de notas eruditas, soban prodigado las ediciones notables por 

stu mérito tipojjráiico ó literario, dejando á las Ejemi-labl-s hu¿rfa- 
rkas de protección.» 

Me parece poco acertada csu opinión del autor. 

[Ensayo crílko sobrt las Novklas BiKUVLxnt.^ de Ccrpanics, con la Üibliogra/ia 
=^«jaMerfícrónei.- Valencia, 1890; 8.', de 48 ps.1 

■•" avicr Soravilla : 1891. 

o Al describir Cervantes el carácter de Marcela, de üoit con- 

t rarias afecciones hace que se apodere nuestra alma; una en que 

^*bunda el despecho, otra en que rebosa la admiración 

Presentar la virtud unida a la soberbia; acomodar al lado de la 
^Dcllcza el desdén, cabe la bondad y el talento la arrogancia, y de 
^Ssia extraña amalgama de cualidades, todas diversas, aunque no to- 
^^das odiosas, crear una lisura sobresaliente, hacérnosla repulsiva, y, 
■^nies de oue este sentiinit-nio xc apodere de nosotros, elevarla á la 
vegión mas alta de la simpatía, de la admiración y del entusiasma, 

'^ióTo puede conseguirlo Cervantes que encanta, admira y sub- 

^•uga ¡uniamcntcen el discurso de la defensa de Marcela 

Los amigos de Crisi'istomo no quieren comprender la fuerza de la 
levantada oratoria de Marcela; sólo es Don Quijoicquien su filoso- 
fía comprende y analiza 

Pero el mundo, por necio, se burla de las nobles fechorías dv 

.aquel héroe, sin que queramos comprender que sus locos acciones no 
uin otra cosa que desviaciones de una idea grandío.sa, cual es la re- 
generación déla sociedad por el duro sistema de arrojarle al rostro 
sus defectos, perf) al mismo tiempo señalándole la senda que con- 
duce al perfeccionamiento de sus vicios y errores 

Caballero el hombre sobre errantes ilusiones, como Don Quijote, 
nu nos falta jamás ni un Sancho á quien prometer, ni una Dulci- 
nea á quien amar, y, acometiendo empresas imposibles, caminamos 
en busca de aventuras p<ir el árido terreno de la existencia, salien- 
do de casi todas ellas asendereados y maltrechos Esta es la sín- 
tesis de ese libro inmortal.» 

[Re^meto de El Qiiuora.-Anlculo en La UuUractón Espahota y Americana.- 
Midhd, 8 de Julio de 1891.) 



I&l 



Ccrvant» juzgado por los españoles 



Buldumero Villegas : 1895. 

«Y Cervantes, que no cutnbatc ni al Jiítínia t;ri>iianu, ni ;il It^jcr- 
ciU». ni á Ui Monarquía, ni al Clero, ni á ln M;í¡;islr;ilurj, dice cun 
muchii claritlaJ Ion defecto» grave.s que en :>u enncepiu tenían cudhi 
mecani-sijujs humanos, aue creía éldiiiculiaban el bien común, que 
lal \cr. fueniii causa Je la e^pantotta decadencia de nuestra patria, 
que acaso lo son todavía de la vergonzosa postración en i]uc esta- 
mos, y que quizás, si supiéramos corregir, según las indicaciones de 
Curvantes, ocasionarian la regeneración de la patria.» 

«Cervantes se considera ante su ¿poca, chuca con ella, es arrulla- 
do, se rectj^e ú meditar y s^ca por consecuencia que es, en primer 
lérminu, necesaria una revolución, una lucha entre el espíritu refor- 
nii^ita. su ideal, y el espíritu que domina aquella sociedad; y, en se- 
gundii icmiíno, res la unir la moral y sustituir las ideas y costumbres 
antiguas por otras nuevas. Y para determinar esas ¡deas y esas cos- 
tumbres, que han de ser base sobre que se edifique el nuevo go- 
bierno, la sociedad nueva, pone en contacto á Don Quijote y a San- 
cho, esto es. la idea que abarca el inlinito y la materia que la aco- 
moda á la vida práctica; la inspiración y la acciün; la justicia v In 
conveniencia, dos elementos que juzfia riecesarios para desenvoívcr 
sus ideas, con la religión, con cl eiérciio, con el clero, con la vida 
futura, con la monarquía y con la magistratura, elementos consti- 
tutivos V directores en la vida social, para discurrir ampHamenie 
sobre ellos, analizando los vicios y defectos que tienen y formando 
su juicio sobre el modo do corregirlos 

Lu aventura con el Viíxalno representa loque ha de hacer cl Ideal 
(Don (Quijote), para regenerar la sociedad El Vizcaíno, repre- 
sentante de la tradiciiVn. delensorde los privilegios y de la intransi- 
gencia, es vencido; y el ideal, cuyo anhelo es la instauración de una 
patria libre y sabia donde puedan vivir fraternalmente iodos los 
nombres, no le castiga, aunque ¡o tenia bien merecido; sólo exige 
que se acate por todos lo que representa su Dulcinea, esto es. susti- 
tuir los antiguos ideales por los nuevos, que él representa. 

Los hechos acaecidos en nuesira pairía, que para establecer la li- 
bertad, esto es. ponersccn la corriente de la civilización, ha necesi- 
tado primero echar los frailes y reñir después cruenta guerra civil, 
cuyo núcleo era cl país vascongado, pudieran servir de coníirma- 
cion y de indicio sobre el carácter profético de la epopeya de Cer- 
vantes 

<;Stírá equivocado suponer que Marcela (Mar-cel¡), personilica la 

Iglesia de los primeros tiempos que por su sola virtud rindió 

á los sabios, á los emperadores y al mundo pagano; que Crísósto- 
mo quiere representar á San Juan Crisóstonio; y que Pedro, que 
llama melindrosa á CMarcela por su aján de libertad é independen- 
cía, simboliza á los Pontífices Romanos? 

¿.No es lógico deducir que en todo este artiticío de los capítulos 



i66 



Cervsnics juzgado por los espsfíolcs 



nielad y significación no son conocidas ('); y cun un capitán, una 
dama mora (persona imporunte, porque las damas son siempre en 
el Quijote símbolo de un ideal), un oidor y su hija, el barbero de la 
bacía, ele, hace Cervantes ocasión para discurrir, no sólo respecto 
á los asuntos que dejó pendientes en la Primera Parte, sino sóbrela 
política exterior y fmes que debemos realizaren el extranjero.» 

iPro Palria, Junio Je iSíjSl revisia publicada por D. Vicior Baíagucr en Barce- 
lona y Madrid.) 

Marqués de Casa-Torre : 1896. 

«Las novelas de Cer\anie5 se distinguen hasta la) punto de lasque 
les precedieron, que, sin violencia de lenguaje, puede afirmarse que 
forman un género aparte y son las nriineras que reúnen las con- 
diciones naturales y aun esenciales de la novela.» 

Examiaa el criiico el «lado del género novelesco 4 la aparición de las No\i 
LAS Ejkmi'laküs y los nuevos principios qu« iius irAjcron á é\ y nuevas condícto-j 
n«cn que lo colocaron. 

«Era. pues, ncccsaiHo. si habla de existir la verdadera novela, que 
aspirase á algo más que á ocuparse en cosas soñadas y bien escritas 
para entretenimiento de los ociosos, y sin verdad alguna; es decir, 
sin vcrosiniitiiud. sin aplicación al mundo real, n¡ parecido con éste, 
como, á propósito de las fábulas pastorales, escribe nuestro autor 
en el Coloquio »k los Pkrros. y pudo decir también, y con repeti- 
ción lo dijo en el Quijote, de los libros de Caballerías; que cuando 
abrigase aspiraciones á pintar ese mundo real, no loencerrase en la 
estrechez de un cuento ni lo limitase al círculo obsceno de las Ce- 
lestinas ó al bajo de las picarescas, ni nos lo mostrase tal como lo 
juzga un picaro, sino desde más nobles, generales y verdaderos pun- 
tos de vista; que no fallase, en fin, á la moral en el fondo ni en la 
forma. Así lo comprendió Cervantes y á maravilla lo realizó en sus 
Novelas Ejemplares. 

^Será necesario insistir mucho ni poco para que se crea que en lu 
de'pintar costumbres y retratar caracteres es en efecto verosímil, 
natural, verdadero é incomparable?* 

^No es cierto que al leerlo no parece si no que asistimos á la bulla 
y desorden de los mesones, y los gritos y las riñas v los venteriles 
regocijos penetran en nuestros oídos y se entran por nuestros ojosr' 

^No presenciamos con envidia la vida estudiantil, en ta que su 
pasa la mocedad aprendiendo y holgándose? ^No reposa apacible 
el ánimoy respira sosiego, llanezay cristiandad en las pacíficas mo- 
radas, condición y vida ordenada y piadosa de los buenos hidalgos 
y caballeros principales de aquellos tiempos? Y los caracteres de lo- 
dos éstos y el del celoso viejo casado con mujer joven y hermosa 

yel del curioso impertinente y los de tantos otros, ¿no están pin- 
tados como de mano de Cervantes? 



|ij AnUkhadKho qucMaríiorncscrala Iglula tridoia dtl iiKl» sti. 



X 



CERVANTES JUZGADO POR I.OS EXTRANJEROS 



n de l^fontaine : i065. 

Ablando de las buenas novelas que mis le agradan, dice : 
^ w- ¡Cen-anies nne encama! » 

C acuanta el^Uades-- pag. 90. París, i665, t2.'.-Balta.1*V¡l ■ Sur la teciurt detro- 
"■ ■*=*■ ^"-^«ití tirrc* (í'amQur.f 

*^ — Daniel Huct : 1670. 

m *. Miguel de Cervantes, uno de loa más brillúnus genios que Es- 

f^*^*- ^^a ha producido, h.i hecho una fina \ juiciosa critica de los libros 

^^^ <aballcrias en su OunO("ij«>tk, que Tinge haber traducido del ára- 

_ ^^^ := mostrando con esto el origen de la romancería novelesca espa- 

^-^^- ía. El Cura y el Barbero del tugar del héroe Manchego apenas en- 

^^^- ■entran en la numerosa biblioteca seis de estos libros que nierez- 

f,^^^^ ^"^ ser conservados. Todos los demás son entregados al bra^osecu- 

""■^"^^ "^ del ama para ser quemados. 

r--^ ^1 Brancaleone es sin duda una copia dcE Asno de Luciano ó del 

^-^^^'^^ Apuleyo Según toda apariencia, Cervantes ha com- 

^-.^ "^' — *cito sobre el mismo modelo los sucesos narrados en el Coloquio 

^"^^^ SCIPION Y BeRÜAN/A.» 

^Lttíre á M. rfe Segrois : De i'origine ¡les romans. -Parii, tty^.) 

"h. M. Saini-Denys de Saini-l^'vremond : 1671. 

«EÜI QiriJOTE de Cervantes es un libro que puedo leer toda mi vida 

n que me canse un solo momento. De todos cuantos libros he leído. 

*os QüijoTK es el que más me gustaría haber conipuesin: no hay 

_^ inguno, á mi parecer, que pueda mejor contribuirá formarnos un 

^^ uen gusto en toda suerte de cosas. Yo admiro como, en boca del 

^^ombre más loco de la tierra, Cervantes ha encontrado el medio de 

*~^iostrarse et hombre más juicioso vmás inieligenteque imaginarse 

5?iucda. Admiro la diversidad de los caracteres que ha creado, que 

^^on acabadísimos para cada clase, y en sus clases los más natura- 

^ es Quevcdo me parece un escritor muy ingenioso, pero Icapre- 

^^io más por haber querido quemar todos sus libros cuando leía el 
^!^i;iJoTK, que por haberlos sabido hacer.» 

(Lettrt 4 M. I< Maréchal df Criqíiy : 1671. -Dice su biógrafo De* Maizesux.que 
«s la mejor de sus obras. KsUs se publicaf^n íueltas desde 1670, y reunidas com- 
pletas en l.ondfct en 170Ó, dos años después de su muerte. 1 

«Cervantes, el ingenio más grande de España, nunca hace entrar 
á Don Quijote en el combate, sin que se encomiende á Dulcinea, »> 

Únseriaiíon sur la tfOffédu He Hacine itUitiilét M.AlexaHdtv le Üi-a»d9. i .\fme 
Üftur-nMW, iú6b.> 



tgo 



Ctr\a.nl<i \\ií$adv por loi cxtrxnjciDs 



«lie observado que Cervantes aprecia siempre en sus caballeros 
el niéritu de lo vcrosimil; pero nunca deja de burlarse de sus com- 
bates fabulosos y de sus penitencias ridiculas.» 

\Sur les airacitra tfts Tragi.iieii; 1(17^, 1 

« á la lectura de Séneca, de Plutarco y de Müntaigne, prefe- 
rid la dú Luciano, de Petronio y de Don Qlijote. Sobre todo os re- 
conriiendu el Quootk; cualquiera que sea la pena que us aflija, el 
primor de su ironía impercepiiblenienie os conducirá al regocijo.» 

{Lfíire á M. le Comte d'OlonHe ; [674. t 

Le Pére Rene Rapin : ií'74 

«(Tenemos dos .sátiras modernas escritas en prosa, que superan 
¿ cuanto de este género se ha escrito en los últimos siglos. La pri- 
mera es española, compuesta por Cervantes, secretario del Duque 
de Alba. Ese gran hombre, habiendo sido tratad» cun desprecio por 
el Duque de Lerma. primer ministro de Felipe 111, que no c&timaba 
á los sabios. escribi<S la novela de D(jn QtijOTK, que es una sátira 
muy tina de su nación, porque toda la noble;::» de España, á quien 
ridiculiza en su obra, estaba encaprichada con la caballería. (Con- 
servo esta tradición de uno de mis amigos que sabia este secreto por 
Don Lope, á quien Cervantes había confiado su resentimiento.» 

{Héfíexiont tur la Poéliqiie.-\rVii>teTiS%m. i''7i; la."» 

Luis Moreri : 1681. 

«Cervantes S.\aveiira (Miguel). Español, de Sevilla, hombre 
de un mérito singular, {jran Poeta, yclquemejorescriviocn Prosa. 
Fue secretario del Duque de Alba, y como recivio en Madrid algu- 
nos desprecios del DuQucde Lerma, compuso contra el y toda la Cor- 
te, que afectara la Caballeria. su Don Quijote, que es el más insig- 
ne Roinance que se vio jamas en el mundo; sus Comedias, sus no- 
velas, su Calatea v su Pensiles y Sigismunda son incomparables. 
Nicolás Anlonio : ^Bibiíotheca Hispana.» 

l ai Hicdonario Hitlórico Je Mareri puesto de Francés en Hspañel, por Cítrica 
detíotlo, <n Amslerdam. año de lyvS. La primera cdici<in del Moreri que lleva esta 
noticia de Cervantes es )a sc^undu de l.^on. iiíSl-Poscx) el manuscrito urigínal 
inédito de e^ia traducción que .Sotto sacar!» prnhablemente de alguna de las edi- 
ciones holandesas del Moreri» publicadas de«d« 1696 á 17M.) 

J. R. B. : 1683. 

«El autor del Quijote no lo escribió, como parece, con la inten- 
ción de dar una mera novela ó historia caballeresca y amorosa, ni 
del antiguo ni del moderno género. Verdad es que los graciosos en- 
cantamientos y los aventureros combates con los molinos de viento. 
lus carneros, los leones y otros de nuestro héroe español, huelen á 



CcrT«niei iuígad-'i por los extranjeros 



lOI 



novela anii^ua: pero debe saberse que esia imitación nova dirí- 
ida más que á la burla c inania de aquella. Aunque este übrü, á 
usa de su origen, no está destinad» á imponerse á ninguna dese- 
ejanies historias hcruicas y de amor que hoy dia om toda gata y 
^'crosjmilitud se publican, seria injusticia si «lólo se la considerase 
«:omo una obra meramente chistosa, puesto que, á pesar de la mo- 
«omaniaca perturbación de nuestro caballero y de la maliciosa sen- 
•«rillez de Sancho, tan excelentes razonamientos fluyen de aquella 
"boca, siempre que se refieren á asuntos distintos de su andante ca- 
ballería, que con justicia es de maravillar su ingenio y su acertado 
Í^nocimiento de todas las cosas. Van entremezcladas en la obra va- 
as historietas muy curiosas v agradables.» 
tPrúl<»(;oi Íalradu>:ciónalem«nAcl«iQ(.<iioTB impresa en Ba«ilea, \6$i-, als--'> 
■: 
o: 
ei 



íicolás Boitcau-Desprcau-x : 1687. 



« procuro arrastrar aqui eMa miserable vida del mejor modo 

fcüsiblc, cun un honrado abate, mí médico y mi boticario; paso el 
lempo con ellos casi como lo pasaba Don Quijote en uniugardela 
Mancha, con el cura, el barbero y el bachiller Sansón Carrasco: 
tengo también un ama: sólo me falla un.i sobrina. Pero, de todos 
esos pers4)na]es, quien mejor representa su papel soy yo, que casi 
soy tan Io<o como él » 

iCafla A Racinr kcliadn i q de Akosio de i 'iK7.cn las agualde Bnurbntt.-Sc|:ún 
tirtoBcure \\ntn-eauA lundtt: l VIII \. Ráeme y Boilejtu. en sus carus, hattlan 

;{ QiriiOTf: conindc un asunto que les era familiar v que l'ormat» parle de lacón- 

trsAción de ia Rctilc bicncducada.t 



Locke : i(5<|ü. 

#iDe todcís los libros de invención, no conozco ninguno que igua- 
:al OLtiOTt: de Cervantes en utilidad, donaire y un constante tle- 
jro. Y en realidad no puede haberningún escrito afíradableque no 
base en la naturaleza, y que no ta tome por modelo en su des- 
arrollo. » 

I Ettay <in ihe Human Vtuitrxiantiiitg : Somt ThotigMs evHverning ReaJing and 
Uiíyfora ficnileman. •hondnn. i&w.) 



^da 



;ier Ant. Rcading Mottcux : 1700. 

«Todos los hombres tienen algo de üon Quijote en su condición, 
alguna querida 'Dulcinea de sus pensamientos, que les conducen á 
tocas aventuras. ¡Cuántos Quijotes han producido todas tas edades, 
en política ven rcligiñn, que. imaginándose tener razón en alguna 
cosa que to^o el mundo les dice que es errónea, se atraen la burla 
del público y demuestran que son eltos quienes necesitan eiimien- 

! Tenemos nuestros Sanchas, que siguen á senieianies aventure- 



«9» 



CervantM juzgado por 1p* exinnierc» 



ros y quL*,cua! el a.sno del escudcru. gustan üc alimentarse de carde 

rJiógeneí^ en su túnel era no menos romántico que Don Quijof 
en ^u jaula: y nucsirus mudemos Hlnsofos en su insondable ^abt-^ 
duría aparecen tan cabalmente encantados como el caballero man-^ 
chego en la cue\a de Montesinos. La piedra lilosofal es como la 
sula de Sancho, y el movimiento continuo tiene mucho de los m( 
tinos de viento. ^Qué hay de más romántico que los planes de mt 
chos proyectistas, que aun están levantando castillos en el aire: 
más extravagante que algunos poetas, quienes injurian á todo el 
mundo, siendo así que necesitan de todo el mundo: quienes en sus 
locos ensayos invocan á sus Musas coihü los caballeros andantes 
sus Damas, y achacan sus fracasos á la mala condición de los ticr 
pos, (') ruindad de la fortuna, como Don Quijote achacaba sus equ? 
vocaciones á envidia de los encantadores: siendo asi que sus con- 
tratiempos se deben ¿l las viciosas tretas de sus Pegasos que, com^H 
Rocinante, forzosamente han de tropezar en !a carrera? ^H 

No puedo menos de admiraren Cervantes ese raro anc de mora- 
lizar con tan festivo tono. Se ha complacido haciendo de su libru 
un exacto espejo de la humanidad, en ctcual sin acritud muestra á 
los hombres su propia faz. enseñándoles serenamente la sombra tal 
como naturalmente procede de la sub-stancia. Kl se pcrsuadiiSdequ^» 
este silcnciusu modo de instruir obraría eticazinente en el mundtH| 

fiucsiü que á todos les gusta ver su propiorosiro, aunque no sea ta^^ 
eo. En una palabra.su libro es en cierto modo un drama con gran 
variedad de caracteres sostenidos de uu modu cabal por las más ex- 
quisitas realas del arle: su estilo, en general, apropiado á la nato- 
raleza de la materia: y su ejemplo, concordado con sus preceptos 
para formar una rcglá de vida. ¿Que puede haber más positivo ^^ 
significante que el carácter de Sancho? Cualquiera que posea la nil^| 
tad de la mullera del escudero, verá en esta figura el bajo, servil y 
egoísta espíritu del vulgo en todos los países v tiempos, una servil 
lealtad, baja mentira, sórdida avaricia, me/qúina piedad, tina na- 
tural inclinación á la socarronería y una supersticiosa devoción. La.^ 
muchedumbre entera en pequeño. Los antiguos recurrían á rcpre^f 
sentar la gentualla por medin de unn sobrenatural fiera de muchas 
cabezas; pero (Cervantes nos enseñad monstruo sin amedrentarnos 
con la Hidra. El carácter de Don Quiji>te se alaba por si mismo; es 
un original sin precedente.yquedará siendo un modelo sin copia; su^ 
mayor defecto es su demasiada gran belleza, por la cual muchaS| 
creen que sobrepujó el designio del autor; pues ha habido quien ha^ 
opinado ouc lu decadencia de la bravura v grandeza españolas en 
este pasado siglo puede atribuirse á haber llevado la burla demasia- 
do lejos, ridiculizando no solamente su romántico amor y caballe- 
ría, sino riéndose también de su honor y valor. Pero que eso estaba 
muy lejos de la intención del autor es evidentísimo con sólo obser- 
var los nobilísimos sentimientos de) amor y del honor que en toda 
la obra se hallan. El carácter del bello sexo es eeneralmenic virtuo- 
so. Presta á -;u^i amores toda la tierna suavidat-íque puede inflam* 



Cervanies juzgado por los cxtranjerat 



'93 



nuestra pasión sin agravio de su modestia. Hace que amen como 
muicres y hablen comoángeles; yde su favorable opiniún del bello 
^exo. asi cumo de su estilo cortés, podemos en verdad colegir que 
Cervantes trataba la buena y noble sociedad.» 

I Pnllogo i su traduc<:i6n inglesa d«l Qi'iiorc.-London, 1700.) 

Jusl van Effen : 1711. 

«cLa lectura del Qijuútk me parece una de lax mejores para re- 
ci-^At el espíritu de la juventud y al mismo tiempo para formarle el 
encendimiento. Este librcj f^oza de! aplauso general de todas las. 
pe^ x~sonas entendidas, y ciertamente pocos hay que lo merezcan más. 
¿.o ^ literatos hallan ch él todo lo que puede satisfacer su buen gus- 
to ^ un estilo natural, pensamientos delicados y brillantes y una a);ra- 
idsk. fciDjIlsima variedad de materias enlazadas unas con otras de tan 
rtsk, "C ural manera que forman cabal armonía. Mas aún : para aque- 
I ¡ "^^^ filósofos que saben profundizar á través de la superficie deex- 
ti~^fc "cagancia queextenomienteenvuclveáesta obra, ot'rece .su autor 
»-■ «~» -^ moral admirable, las más cuerdas reflexiones sobre las costum- 
t>»~«¿^s de los hombres: en una palabra, un tesoro de criticas juiciosas 
y c:i «excelentes razonamientOi. 

""V sucede lambicn que á medida que uno avanza en edad y en 

co B-Bocimicnlos, este libro se le presenta sucesivamente bajo todas 

sv-K ?£ diferentes fases, en iodos sus distintos erados de bondad. Sí des- 

pl£K ce á algunos, será porque estarán dotados de un espíritu dcma- 

&i^ do yrave para saborear ese tejido de aveniums extraordinarias, 

& r~a«) poseerán la penetración .suficiente para percibir las miras del 

aLixor y entresacar la utilidad de sus excelentes lecciones. 

C^onlieso que la major parte de los jóvenes no se hallan en esia- 
c\c> de apreciar lodo el mérito de esta obra; pero es muy fácil cosa 
Hacerles percibir la fina burla que Cervantes extiende sobre la ex- 
ira-vaiíancia de las novelas fabulosas y sobre los perniciosos efectos 
que causan en el ánimo de sus lectores.» 
i ÍJ ñ4itanH>rope: i. |[, discurso SS.-HiyB. 171 1.) 



Eduard Ward : 1711. 

•^ - ..el Qi'UOTR ha sido celebrado porlos mejorescrlticoscomo 
'j obra más excelente que se ha escrito en lengua española, y su 
autor es un hombre de singular inf^enio }' elegancia de estilo, cuya 
JJi^moria durará mientras los ya universalmcnle conocidos nom- 
"rci de «Don Quijote» v «Sancho Panza» tengan existencia sobre 
la tierra. 

*— as personas sensatas observarán que e¡ donaire y la ironía de 
^^ renombrada obra no traspasan ni desdoran los limites de una 
°'scpeia novedad, puesto que, en toda la obra y en el fondo de cada 
^^^ntura. hay ocultas eNCcIentc.s moralejas, para mostrar la ridicula 



T«j»» 1 1 1 



>o 



•w 



Cervantes juxgsdo por los exininieros 



vanidad de aquellas fantásticas baladronadas que, faltas de verda- 
dera magnanin^idad, sólo r<:mcdan la grandeza merced á un porte 
leairal.» 

( Dcdicíiori» de su obr» : Do» Quixcte transhM inio Hudibrastik Vew.-Lon- 
don, 17J], 3 is. 4.") 

Continuadores de Moreri : 1717. 

«Pncosauíorcs han escrito con más acierto, con mayor brio, real- 
ce ydeltcadeza que Cervantes, asi en prosa como en verso. Fué se- 
cretario dvl Duque de Alba, y se retiró á Madrid, donde te trató con 
menosprecio el Duque de Lerma, primer ministro de Felipe 111, ío 
que le dio motivo ácompaner su hi^to^i3 de DokQuixotk déla Man- 
cha, sátira ñnisima contra los inclinados á los libros de caballerías.» 



L'Abbé du Bos : 1719. 

« Los héroes del Tasso y del A riosto no son ta n conocidos en Fran- 
cia como en Italia. Los de la Astrea, al conirario. son más conoci- 
dos de los Franceses quede los Italianos. L" nica mente el DonQuijote, 
h¿roe de un género único, es aquel cuyas proezas son lan conocidas 
de los extranjeros como de los compatriotas de! genio español que 
lo ha creado.» 

* esos poetas cómicos sin modelos, quizás sin genio, viendo 

que los espai\oles, nuestros vecinos, eran ya ricos en comedias, co- 
piaron al principio las comedías castellanas. Casi todos nuestros poe* 
tas dramatices les han imitado, hasia Moliere.» 

{Réfiexions critiques -iur ta Poisie el sur ¡a Peinture.^^ts'ii, 1719.) 

Daniel Dcfoe : 1720. 

«La famosa historia de Don Quijote, obra que muchos Icen con 
dclciic, pero pocos conocen su significado, conienia una emblemá- 
tica historia y una justa sátira contra el Duque de Medina-Stdonía. 

y por esto, cuando un maligno aunque necio escritor, habló acer^ 
ca del quijotismo de Tipbinson Crusoe, como le llamó, evidente- 
mente demostró que no supo lo que se dijo; y quizás quedará asom- 
brado cuando yo le diga que, lo que él lanzó con propósito de sátira, 
fué el más grande de los panegíricos.» 
{Strioui R^tctiom during thc Life of RithinsQn Criuoe.-London. 1730; 8.*) 

Wllliam Temple : 1720, 

Reprendiendo á Rabt-laissus indccencistjr groserías, dícc : 

a£1 incomparable autor del Quijotb es mucho más digno de ad- 



Cervantes juztfado por los cxtranicros 



igS 



miración, puessupo componer un libro satírico y graciosísimo sin 
ninguno du esto» ingrudicnios; habiendo licgado en su genero á una 
atiura á que nadie ha lU-gado ni llegará probablemente.» 

( Woríj.-London, 1730; fotio.) 

Ch. de Second, barón de la Brédede.Montesquieu :.i72i, 

«Puede concederse ingenio y buen sentido en los españoles, pero 
ni» los haj' én sus libroü. 

El único de lodos ellos que es bueno, es aquel que se ha burlado 
de todos los dcmá^.w 

( Lellres persanes; lettre yí.-Paris-AfnMerdam, 3 ts. 8.*) 

Francisco Manuel de iMelo : 1721. 

En Mv Apólogos dialogats.íiMñQx á Cervantes de ;«>{•(« Wn infteuaáo cuanto át 
Jttitbmo pfosisla.-Lhbox. 1731; p. 347. 

N.C. Jo. Trublet : 1729. 

«Es cosa notada que Don Quijote no ha tenido nunca éxito en el 
fíairo. siendo asi que el übro que lleva este nombre hace nuestras 
^íií'icias, Y no es que Don Quijote, tal como Cervantes lo ha pintado, 
f*-'-" Un personaie quimérico y fuera de lo naiural. El bueno del ca- 
ñilero es más bien fanático que loco, y un fanático puede ser un 
^Oitibre dotado de juicio y aun de razón en determinadas materias. 
ti Carácter de Don Quijote es, pues, verosímil, especialmente para 
1^ *Vovela: pero no lo es bastante para la Comedia, que está sujeta á 
na Verosimilitud más rijíunisa que la Novela.» 

* ^ssa!s sur divers tu/en de íJllérúiure ei de Síorúle: fie t'Eípril; p. 1 lo.-Paris, 

^^O. 13.*) Al hnblar, en ntro lugar, de Iss dos clases de orgullo, el disimulado y el 

'lo i do, dice que los que profesan el último son especies de Quíjoles en su {{¿ñero.} 

**i>cander Pope : 1726-1731. 

(l^ '^ el prefacio de The OiinnW (London, 1736) y en Moral Essays, epístola IV 
^n^on, i73i),clG£Ía calurosamente el Quijote. 

-anónimo : 1734. 

5j^j^ £$ suficientemente sabido que la historia de Don Quijote ha 
Q^^^*^ acogida con aplauso universal, y considerada en todos tiempos 

2^0 modelo de la novela fvstiva 

y ^^ Tí realidad, el auior ha reunido en ella lo útü con lo iRradable; 
¿^_^ •"» la mezcla de los maravillosos desvarios de su héroe y su ridi- 

f-^* ^. locura con las más hermosas máximas, se reconoce una sin- 
1^ ' ^r obra de arte, con la cual constantemente atrae la atención del 



'96 



Ccrvanl«i juzgado por los extranjeros 



Cervantes era secretario del Duque de Alba y habiendo sido 
lado con desprecio por el Duque de Lcrma. se vcn^íd escribiendo el 
Quijote, que es una sátira contra este primer minislru. Hace algu* , 
nos stños en un periódico inglés The Prcseni Slale oj the iiipuhlik 
oj Letlers, Jor May lysS, p. s^S), se menLÍunaba en qué manera 
tanto la corte como los críticos de Portugal negaban á Cervantes el 
honor de ser autor de tan excelente libro y hasta pretendían que Fe- 
lipe ÍII era quien lo había compuesto y encargado á Cervantes s^'Av 
el cuidado de imprimirlo. (Ver también den Siaats Seareiarium, en , 
la segunda parte) ^H 

La materia de este libro es en general satírica, y mereced primsP^ 
lugar entre las novelas satíricas. Cervantes, espíritu ingenioso, no 
podía sufrir el mal gusto arraigado en su tiempo en la Nación, y 
trató por tanto de mejorarlo por medio de su libro. Los españoles, 
que son propensos á tomar gusto por lodo loquees extraordinario, 
aventurero y maravilloso, tenían una desmedida afición :\ las nove- 
las y libros de caballerías. No se Ician ni escribían más que novelas, 
y éstas por lo común tan disparaiadamenie escritas, que ni guarda- 
ban verosimilitud, ni decencia, ni usos, ni caracteres. Se compo- 
nían de una aglomeración de iiial ligados, maravillosos ¿ insípidos 
cuentos, en los cuales no se encontraba la más mínima invención, 
ninguna provechosa enscitan/a, n¡ mucho menos un pulcro modo 
de escribir 

Cervantes tuvo, pues, bastante ocasión, contal multitud de dispa- 
ratadas novelas que en Lspaña lan ávidamente se leían, de enseñar 
á sus compatriotas lo ridiculo de estos libros, y qío tanto más cuan- 
to la lectura de los mismos ejercía gran influjo en sus costumbres. 

Para desterrar el mal gusto de la nación española. les presentó un 
hidalgo que. por la lectura de los libros de caballerías, pierde el jui- 
cio y decide hacerse caballero andante, haciendo y acometiendo mil 
ridiculas aventuras 

Pero con ser tan disparatadas las imaginaciones del caballero, no 
le impiden que, en todas las demás cosas que no atañen' á la caba- 
llería, tenga juicio y entendimiento sanos. Solamente suelta la rien- 
da á sus locos desvarios cuando se toca el punto de la caballería, j 
pues en todos los demás asuntos moraliza atinadamente y da justas 
y edificantes lecciones á todo el mundo. Espejo claro de la debilidad 
de la mayoría de los hombres, quicnc.'s. en cuanto concierne á sus 
pasiones, están ciegos, y en otras cosas perspicazmente discurren. 
Cervantes ha dado á su héroe un carácter que en realidad aparece 
muy extraño, pero que, sin embargo, tiene mucho de parecido con 
tos estados del esplniu que se encuentran en la vida humana. Bien 
se puede decir que asi como en todos los estados hay cierta pedan- 
tería, igualmente entre tuda clase de gente hay ciertos 7)on Quijote. 
El estado regio, el militar, el eclesiástico los tienen; y hay Quijotes 
filosóficos, críticos y poéticos. El espacio no me permite hacer el en- 
sayo de una detallada comparaci('m; de otro modo, los tiempos ac- 
tuales me !>uministraríati bastantes ejemplos famosos, Co 



quiero indicar al lector un pasaje en donde hallará un paralelo de 
eszsL índole, que un escriior inglés (') ha csiablecido entre Don Quí- 
jotG y otro de sus cümpatriutas. Pero Cervantes, además del carác- 
lef üaiirico de la figura principal de su novela, también ha esparcido 
en tcDda el libro muchas tUras sátiras, de modo que no hay ninguna 
cl^sc? ni estado de la vida que no experimente su amonestación. Frin- 
ci ¿x^s, estadistas, soldados, caxadorcü, magistrado:., eclesiásticos, ju- 
í'iscronsuUos, autores y poetas oyen acjui las verdades. Ysin embar- 
^<~» <JL « que hace ya un siglo que esle libro está escrito, se correspon- 
tJ«2rx la mayor parte de sus cosas con nuestros tiempos y se corres- 
pon cJerán con los futuros, tanto si en el mundo se continúa repre- 
scn Tandú la misma comedia h'umana. como si se metamorfosean las 
p<s rsionas y la escena. 

EIs lástima que Cervantes no hiciese profécico á su hidalgo Don 
C? u i i (jte; aunque tal vez no podía osarlo á causa de la Inquisición. 
ÍJ n lector atento pronto descubrirá loqueen este libro está escrito 
p«k i~£t. servirle de lección y de meioramicnto. Pues haria firan injus- 
tic ifa. á la obra, y á la vez revelarla una inteligencia torpe, aquel que 
sol a, mente lo leyese por las extravagantes aventuras que contiene, 
y c± G: este modo quisiese lomar la cascara en vez del meollo. 

^Y' puede asegurarse que la lectura de la novela de Cervantes no 
e>ccritará aquellas falsas impresiones que acompañan generalmente 
á To^as las novelas, y por cuya causa algunos rígidos moralistas las 
hai n prohibido.» 

( í*í¿l»go dcUffliíuct<>rín¿nifnodc la edición alemana dd Quihjtk. imprwaen 
L^i paigcl éfta i7}4, en a ». ¡2.*) 



Jo hann Jacob Bodmcr : 1741. 

« El hombre experimenta un secreto placer cuando descubre bue- 
"E* dosis de locura en aquellas personas cuya inteligencia y ciencia 
**^'^^ira óenvidia. Le es grato verse en cierto modo al nivel deaque- 
''*^s que por su mayor ilustración están á mayor altura que él. 

En esta mescolanza de sabiduría y de locura consiste, pues, lo 

i>ia ravitloso. que se ha considerado como inverosímil, en el carác- 

"^*" de Don Quíjoie. Pero algunas ojeadas que daremos, parte á la 

naturaleza humana en general y parte al arte con el cual Cervantes, 

^^'^'ormc á aquella, ha unido estas tan diversas cualidades, nos 

*-*strarán pronto quo las tales en tos limites de la verosimilitud se 

í? * i enen . 

_j^^*on Quijote en una principal parle es loco, en otras es sabio: 

y. _^** asi son lodos los hombres. Ninguno es .sabioen lodaslascosas 

¿Q ^ lodos los casos. La imaginación y las pasiones se enseñorean 

ai¿^ <iemasiada facilidad del entendimiento; tienen una especial ló- 

^ «cuyas razonesaparcntes saben eniromezclar artificial mente con 



I 



>iUliiD(ji1cCI : Dti /aitatilita dr la Jglina /íviiuiaa v > U coal (.■<an el pfoloUaIt iantv tfl 4u 
I titla Ré/orma, (Mirle I, caplltiln 1, r Baile en «u Ditclimaria, irlinuln f.ui 



loS 



Corvantes juzgado por los extranjeros 



las inducciones de la razón pura, y á veces saben ocultará ésta tras de 
aquellas. La preocupación reemplaza al juicio y presenta al alma las 
cosas no coinu ellas son sino baju la forma con que las pasiones 
las han vestido. Puédese acerca de esto preguntar á los filósofos y 
moralistas. 

Derivándose la verosimilitud de estas generales reflexiones, ad- 
quiere lucgoclneccsarioesclarecimicntocunla circunsianctada des- 
cripción de las extravagancias de Don Quijote, siendo éstas acom- 
pañadas y defendidas con 3r<:>unientos y deducciones, las cuales des- 
cubren distintamente la correspondencia de lo verdadero con lo fal- 
so en la descompuesta fantasía del hidalgo. Asi se nos hace patente 
en su origen y en su desarrollo, el rtiodo con que en su cabeza se 
combina la verdad y la falsedad; así percibimos en qué manera ha 
adquirido en ¿1 lo falso la apariencia de la verdad, hasta dónde esta 
apariencia ha llegado, qué falsa iliLsión la ha ayudado, cuan pron- 
to ha sacado una errónea conclusión de un aniecedciile verdadero, 
y de un errt'meo principio falsedades con apariencia de verdad. 

Cervantes estaba tan seguro de su arte y trabajaba con tal preci- 
sión de juicio, que hasta introduce ca su historia personajes conve- 
nientes para representar las objeciones en cmira. los cuales entonces 
hace debidamente resolver por medio de los actos de Don Quijote, 
y de este modo comunica 4 su obra toda la requerida verosimilitud. 
Justamente á este nn ha creado el tipo del escudero, para hacer creí- 
bles, con razones verosímiles, las extravagancias de los caballeros, 
aun en sus peores condiciones. Kste es un hombre de juicio y 
entendí miento sanos, pero rústicos ó incultos, v ayudados solamente 
por las campesinas reglas de conduela que safen de la vida de la al- 
dea. Sin embargo, esto fue ya bastante para que él reconociese las 
extravagancias del hidalgo, y su lucha con el ordinario curso del 
mundo y con la verdadera forma de las cosas. Pero ello era dema- 
siado poco para resistir la auturijad. la elocuencia, la sabiduría y 
la falsa lógica de Don Quijote, el cual respondía minuciosamenteá 
todas sus dudas. Por cslo su juicio quedó confundido. Susciiában- 
sele dudas sobre aquello que él podía mejor saber; ora se embrolla- 
ba, ora de noovo se serenaba, según lograba tiempo y quietud para 
reponer su entendimiento. La primera faz de este carácter da. pues, 
ocasión á Cervantes para exponer lasobjeciones más naturales con- 
tra las fantásticas aventuras del hidalgo, puesto que la cuidadosa 
explicación que siempre éste da á ellas encierra meras razones de lo 
verosimil, y es una constante apología de las invenciones del autor. 
En esta guisa pone Cervantes muy de maniílesio, con sus peores 
aventuras, la enfermedad de Don Quijote y la manera con que su 

Í'uício lia sido engañado, lo cual coloca justamente la veracidad de 
a narración en la requerida luz. 1.a otrafazdel mencionado carác- 
ter debia servir para continuar la historia de una manera chistosa. ' 
De otro modo, Sancho se hubiera pronto cansado de hacer compa- 
rtía á Don Quijote en sus locas empresas, y éste habría pronto teni- 
d» basiantc del escudera si éste alguna que otra vez no hubiese Jado 



Cen'anlcs juígado por los extranjeros 



'9P 



crédito á sus fantasías. La historia necesitaba un personaje que fue- 
se un constante compaftero, lesiigu. oyente y contídcnie de las ac- 
ciones de Don Quijote, de sus discursos y sus más íntimos pensa- 
mientos, paraquccllapusiesedciiianifiC!>t'o este carácter en las cosas 
más singulares, lo cual le da un aspecto enteramente histórico. Al 
mismo tiempo, v pur esto mismo, la novela se hacia divertidísima. 
La cindida credulidad det escudero, con la cuat luchan destellos de 
la luz natural, hace sus desatinos agradables y chistosos; mayor- 
mente porque contrastan tan ^racio-sanicnte coi; los desatinos del 
caballero. 

Pero lodo este contraste entre la sabiduría y la extravagancia que 
con tal duslrc^ay amenidad está conducido, esta mescolanza de ver- 
dad, de error y de verosimilitud, de buen juicio y de extraviada ima- 
ginación, de sencillez v de gravedad, nos hace reconocer el tiexible, 
a^udo ysensaio ingenio deT autor que se sintió capaz para este tan 
diHcil trabajo; pues tanto masarte, insenio ¿ inteligencia demues- 
tra, cuanto más minuciosas y de detalle son las circunstancias en 
que coloca á sus personajes, y m¡W peculiar y característica es la luz 
en que los presenta. En su mente debió de hallar lu que Don Qui- 
jote habla verídica, cuerda y clcgantenicmc y las especiosas tesis é 
inducciones de los afectos y'dc la fantasía que presenta para defen- 
der sus ilusiones y ponerlas en consonancia con la verdad que otros 
le ponen delante. Asi, su inteligencia éinpcnio relucen en la inteli- 
gencia é ingenio y hasta en las extra vaf^ancias del errante caballero, 
porque estas extravagancias, en el uso que Cervantes hace de ellas, 
tienen su utilidad sabiamente premeditada.» 

{Kriiischs B:l>-üchlungfn b^rdie pQCimhtn ücmihlde der Didtter; i74i.-Kl*g- 
menios de un capitulo ■sobre cF carácter de Don Quiíotc y Sancho Pánica.) 



Charles Janis: 1742. 

«Tres circunstancias declaran muy al vivo las excelencias del 
Quijote. La primera es que, habiéndose há largo tiempo apagado 
en toda Europa el espíritu de la caballería an<^nte, este libro ha 
sido sin embargo traducido á la mayor parto de los idiomas y leído 
en todas partes con sin igual aplauso, bien que la sátira interesase 
sólo á los españoles. La segunda es que. rcquíriéndose un fino cri- 
terio para descubrir las más delicadas bellezas de este escritor, las 
hay sin embargo copiosas y bastantemente obvias para deleitar á 
todas las capacidades. Y en tercer lugar (aunque en esto me refiero 
sóloá Inglaterra) que. poscvendo nosotros traducciones defectuosas, 
el ingenio y la agudeza del autor brillan, empero, á través de todas 
estas desventajas 

La ironía es la más agradable yai mismo tiempo la más podero- 
sa de tildas las sátiras, pero es de suma dificultad mantenerla en 
una obra larga. ^Quién no admirará, pues, el talento de Cervantes 
en este punto? 



MO 



C<rv«nics ju2gtdo por los extra nicros 



En algunos pasajes se hallan multitud de giros extravagantes y 
expresiones anticuadas en rimbombantes razonanñienios: dctccio's 
que usa adrede en estos mismüs pasaje:^, para hacer que su h¿roe 
imite el estilo y lensuaje usados en aquellas novelas de caballerías 
entonces tan de moda : asi es que es de extrañar que M. y Mlte de 
Scudery v toda la falanje de beaux-esprits de la Academia' francesa 
ha^an sido tan faltos de invención y tan insensatos, para copiar ese 
mismo género de novelas derribado por Cervantes.» 

' Prologo á su itaducciún inglesa de Do» Quijote.. •Londort, 1742: 1 ts. Tolio.' 



B. VVarburion : 174*). 

«La curiosa cuenta dada en globo por Jarvis acerca de los prin- 
cipios de !a antigua caballería, me parece deficiente : puesto que la 
burla de Cervantes no recae tanto sobre ella tal como era, sino sobre 
la caballería ideal, tal como se halla en las novelas caballerescas. 
Y de éstas no dice nada el traductor. Tampoco dice nada de ellas, 
ó muy poco, M. Huet. obispo de Avranches. en su superficial obra 
titulada : Origen de las novelas 

Los Españoles íuer-on los más aficiinados á estas íábulas. como 
que cuadraban mcior á su uxtravacantc inclinación á la galantería 
vá la valerosa pompa, que llegn a ser con el lienipo tan excesiva, 
que necesitó toda la eñcacia de esa incomparable Sátira llamada el 
QciJOTE. para hacerles volver á un proceder más moderado. Los 
Franceses fueron más fácilmente curados por su Doctor liabeiais, 
quien desacreditó suficientemente los libros de caballerías con sólo 
nngir ¡as extragavanics historias de sus gibantes, etc.. como un pre- 
texto para otra clase de sátira contra la rehnada;>o/íric'a de sus pai- 
sanos; de ta cual éstos estaban tan infatuados como los españoles 
de su romántica arrogancia; una arrogancia que caracteriza Shake- 
speare en su descripción de un gentil hombre español ( Love's La- 
bour losi, acto I, escena i/) 

Las guerras de los cristianos contra los paganos fueron general- 
mente el asunto de las novelas de caballerías. Parecen haber tenido 
todas su fundamento en dos fabulosos historiadores monásticos: el 
uno que, bajo el nombre del arzobispo Turpin, escribió la Histo- 
ria y Jiechos de Cartomagno y sus doce 'Pares: y cí otro, nuestro 
Geojff'ror oj Monmoulh.» 

Sigue uní, descripción de los progresos de la literatura citballeresca. 

«Mn estas viejas novelas habla mucho de superstición religiosa 
mezclada con otras extravagancias 

Asi vemos que los discursos religiosos de Don Quijote y las 

azotainas de su escudero estaban en el ritual de la Caballería. Tam- 
bién vemos que el caballero andante, tras haber ocasionado mucha 
incomodidad para él y perturbación para el mundo, concluía íre- 
cuentemente su carrera, como Carlos Quinto de España, en un mo- 



Ccn-aní» Juzgado por \oi extranjeros 



aoi 



nastcrío; ó se hacia crmitaflo, ó llegaba á ser Santo. Y esto nos 
dará la clave del significado de aqucllus diálogos cnirc Sancho y su 
amo, en donde con tanta gravedad se debate si él debía ser Santo 6 

Arzobispo 

Clemente V prohibió las justas y torneos por creer que hablan 
estorbado la Cruzada decretada por e! Concilio de Vienne ; pero al- 

fiunos varones de la Iglesia, para encauzar nuevamente el ardor de 
os caballeros cristianos por el camino de las Cruzadas, concibieríjn 
el proyecto de celebrar torneos y ¡usías en los países orientales, y 
de ahí que veamos en los libros de caballerías copiosas narraciones 
de tales fiestas celebradas en Trebií{onda. Tii^ancio, Trípoli, etc. 

Este proyecto fué, en mi sentir, el que tuvo Cervantes intención de 
ridiculizar cuando, en el capítulo I de la Parte Segunda, Don Quijote, 
para destruir la potestad dd Turco, propone que $e /untsn, por pú- 
blico pref(ón, lodos los caballeros andantes que vagan por España. 

La razón principal de aquella mezcla fué, sin duda, el espíritu su- 
persticioso de la ¿poca, que hacia entrar la religión en todas sus 
fiestas y diversiones; y, sobre todo, de una manera monstruosa, en 
esas antiguas representaciones dramáticas de nuestros antepasados 
llamadas Misterios; producciones mucho más distantes del verda- 
dero drama que lo estaban de la epopeya aquellas Novelas. . . . 

Esos Misterios, que eran representaciones reales de asuntos bí- 
blicos, se establecieron en Francia y en Inglaterra, hasta que ya á 
mediados de! siglo xvi fueron prohibiéndose por las leyes. Pero en 
España, sabemos por Cervantes que continuaron mucho más tiem- 
po.» 

(Supplemml lo tJie Translator's Prc/act o/ Don Qucxote..- Loadon. I74{í.-Tra- 
ducción de Jarvis.) 

Gayot de Pitaval : 1749. 

, Presenta & los jueces, como modelo en casos exiraordinarios, los juicios d kd- 
tenciaf de Sancho en su (jobicrito;y dice que el Quijote es 

«la fábula más ingeniosa del mundo.» 

(Cautes rfíéfcres. - 1 749.) 



Dr. Samuel Johnson : 1750. 

«^ila habido acaso alguna obra escrita por simples mortales, que 
inspirase al lector el deseo de que fuese más lartja, k excepción de 
Rooinson Crusotf, Dow Quiíotb y The Pilgrim's ^rogress?» 

«...cuando el caballero de la Mancha diccá Sancho que «es menes- 
ter andar por el mundo como en aprobación buscando las aventu- 
ras, para que acabando algunas se cobre nombre y fama, tal que 
cuando se fuese á la corte de algün uran monarca, ya sea el caballe- 
ro conocido por sus obras, recíbale el rey con grandes honores, vaya 



T1H119 1 1 1 



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»OÍ 



Cervimes juzgado por los extranjero» 



S servirle en una guerra que tiene con otro poderoso principe, vena 

á este enemigo, obtenga por sus incrcibics hazañas la mano de la ín — 
fama hija de su rey. y pueda dar á su escudero el gobierno de algu — 
na ínsula,» pocos lectores pi>drán negar, en medio de su regocijo ó 
de su compasión, que ellos también han sufrido visiones de la mis— 

macspscic Cuando no.ioiro& compadecemos á Don Quifote, 

recapacitamos nuestros propros contratiempos; y cuando nos rei- 
mos de él, reconocemos, pucüa la mano sobre el coraztSn, que n» 
esmá> ridiculo que nosotros mismos, con la sola diferencia de qu^j 
él dice lo que nosotros sólo pensamos.» 

{Tltt Ramltitr, Msrch 34, ijia. Primer número dvcsu Re%UU biscm«n«l.) 

«Johnson, critico severo y desdeñoso, acostumbraba á decir que 
sólo conocía tres libros que gozasen el privilegio de podcrscr leídos 
con avidez hasta el ñn y de los cuales el lector siente que no se pro- 
longuen más: El Quijote, el Robinson Crusoe, y el 'Pilgrim's Pro* 
gress. 

Añadía que después de las obras de Homero, la ubra de Cervan- 
tes ocupa el primer lugar en los libros de entretenimiento.» 

lAaee4Íota 0/ t/ie hit Samuet Joii/isoa, during llietast íiventy Yeart ofhisLiJt, 
fy Htitor Lynch Pio:{t.i.-London, 1786.* 

Golhold Ephraitm Lessing : 1753. 

«Las Novelas de Cervantes son verdaderamente ejemplares. A 
ninguna dccllas le falta delicado ingenio yapropíada risueña sátira.» 

(Carta con moiivo de la irsducciún alemana de las Novklas, publicada por Con- 
radi en 1753. -Lessing, que ten a en alia et^ñma el {fcnio deCerrantes, pensaba xstr 
ductr »us novela» al alemán. No luvo oc«>¡ónde realizar lu propósito, pero no | 
esio t<i6 de enalai:er á &u auior.) 

GoEtlieb Wilhdm Rabcncr : lySS. 

«Al Rucio de Sancho Panza : j Dichoso, oh tres veces dichoso 
Asno, que encaneciste en los tiempos del sabio Sancho, cuando se 
veneraban los merecimientos hasta en los asnos! ¡Cuánto, con ver- 
güenza nuestra, hánse los tiempos cambiado! Moy se veneran, no 
méritos, sino grados y riqueza! ,. 

Una gran prueba de tu ingenio fué que, en el espacio de algunos 
meses y entre mil infortunios, aprendiste más de lo que pueden á 
duras penaí aprender en Etpafla cien hijos de nobles durante tres 
años de universidad en Osuna. . 

El saber, que á tantos jóvenes doctos hace insoportables, fué para 
ti un nuevo impulso á la humildad; virtud que no es común entre 
nuestros estudiantes 

Era una falta de tu tiempo el que se escribía poco y se pensaba 
menus .aún; en nuestros tiempos la falta consiste en que escriben 
muchos sin reflexionar. Si la naturaleza te hubiese concedido el doa. 



Cervantes juijtado por los extranjeros 



i03 



de llegar á ser autor, ¡á qué altura no se habría elevado lu gloríal 
\ sin embargo, tú eres ya inmortal, cuando desde tu tiempo acá 
millares de auiores han caldo en la perpetua noche del olvido. 

La iVu^alíJaJ es una virtud no siempre propia da la mayur paric 
de los moralistas. A lo menos, en mi ju^'eniud conocí en LeyJen á 
un hombre ¿quien llamaban maestro de sabiduría, que todo loque 

f anabá enseñando la moral, lo malgastaba en los más viles excesos, 
nñnitamente por debajo de ti. Asno frugal, debiera aquél haber 
estado, á pesar de sus laureles ; pues toda la historia del héroede la 
Mancha no nos muestra un solo rastro deque jamás hubieses caldo 

en scmejancefalia 

Con tu moderación, tu sociable amistad, tu tolerancia, con todas 
estas virtudes, ^podías ser tú capaz de ia menor envidia? De nin- 
guna manera. Pur esto aversüí-nzas á muchus hombres que tienen 
envidia de la Telicidad de los grandes y de los ricos. 

Con ninguna de todns sus aventuras ha dado Sancho Panza tan 
irrecusables pruebas de su laleniu cumo con el cub¡ern¡> de la ínsu- 
la Baratarla, y justamente en aquel período de tiempo tus preemi- 
nencias xe han colocado en una luz que no puede o.curecer la su- 
cesión de los siglos. Tú fuiste el hermano y el más fiel ami^io del 
feliz Sancho. El no se atrevió á gobernar sirí ti, y al llevarte detrás 
de sí al gobierno, con jaeces y ontauwUos de seda, volvía ¡a cabera 
decuando en cuando á mirarle vcon tu compañía iba tan cont^nt-j, 
qutí no se liocara con cf emperador de Alemania. Y á ti rccurriií. 
cuando, fatigado por el peso del no acostumbrado gobierno, tomó 
la magnánima resolución de huir sobre ti. Asno llel, de la penosa 
ostentación de un mando. 

Ser tolerante en la felicidad, no abusar de la autoridad de sus po- 
derosos amigos, no vengarscdesuü enemigos cuando se tiene la oca- 
sión de hacerlo, cuidarse de todo menos del provecho propio, su- 
frir resignado una repentina mudanza de fortuna, y aun mái, ale- 
jarse de las delicias de la corle con pasos más acelerados de los con 
que á ella se había acercado; éstas son virtudes que Diógcncs inú- 
tilmente buscaUi entre los hombres de su tiempo; y que Cide Ha- 
nicte ha hallado en el asno del ilustrado Panza. 

¡Oh lú, espejo y flor de losm;U excelentes asnos! Tu profunda sa- 
biJuria, que debes agradecer á los instructivos proverbios de San- 
chu; tu virtuosa moderación y sin ejcmp'ar ii'.üdesiía, que tan pro- 
pia te es, y en nosotros hombres no siempre es la consecuencia de 
una sólida sabiduría; tu inviolable lealtad hacia tu Ser\ory tu^amt- 
(•Qs: tu estoica resignación en todas las desdichas que á ti y úiu amo 
acaecieron; la rara virtud del contentamiento; el difícil arte de con- 
tennplar con plácidas miradas y sin envidiosos sentimicnios la bri- 
llante fortuna de otros que menos la han merecido y saben menos 
emplearla todas éstas son superioridades que lü. Asno estima- 
do por tus virtudes, tienes sobre todos los asnos. En una palabra : 
La diligencia es madre de la buena ventura, la fortuna vuelve su 



sai 



Cen'antes iuzgtido por los extran)ert>s 



rueda más veloz que la de un molino , muchos lleval 

carga, v llaman asno á su vecino. «Pero, Dios me entiende,» dijo 
padre Panxa.» ^d 

(Ra&enerí Sa tiren; Th. IV.-DresdeR. 17SS. Hmi Dedicatoria minea va al TreoB^ 
de unO!> cuentos sacsdos de ditcnaciones &obic el bígnilicado de varius proverbios. 
Supone Rabccicr que Sancho Panza, despuís de li fnucflc de su amo, recorrió lo^^ 
pueblos de la Mancha Jiloso/ando Ac<na del alcance de los refranes; que lan li^^H 
llcvA sus /ihso/\ai que. delaiadoá la Inquisición, t'ut juzgado, condenado y qú^B 
msdo por ella; que uno de susnieioR, Am¿n Panza de Ja Mancha, heredero de la 
filowfia de aquellos proverbios. Kuyó de España y fué i establecerse en Ilolsada. 
en dondccscribiócsias dise naciones.') 

Chrisioph Martin Wicland : 1758. 

«Tenia yo diez y seis años, y una vez, en tugar de pasar las vac 
Clones en mi casa, como solía, preferí ir á Erfurt. á casa del Doctor 
Baumann, para hacer con ¿I progresos en la (ilosufía. Lu mejorque 
hizo para mí fué darme un curso de lectura del Quijote 

he Icidü tanio. que he llegado á caii-sarmc ó mejor, á has- 
tiarme. Ratclilí debe de haber sido un hombre muy sabio, porque, 
de (amos mlllunes Je libros, habia precisamente escogido el Quijo- 
te como su libro favorito. 

sé por experiencia cuan peligroso es lo sublime, y e! agra- 
dable arrobamiento en que podemos caer Lea V. sólo un par 

de dlasá Plutarco y pronto se verificará en V. una especie de reac- 
ción; lo más sutil de su arrobamiento se evaporará; lo más grosero 
caerá al suelo, y lo verdadero y legitimo aparecerá claro y puro. El 
Quijote es también un excelente especifico contra aquella fiebre de 
las almas por la abstracción.» 

(Cartas de \Viclaad í Zimmcrmann, desde Zurich, en i8 de Octubre y S de Di- 
ciembre de 1758.) 



J. J, Rousseau : 1760. 

«Pero las locuras que duran mucho divierten muy poco; es pr 
císo escribir como Cervantes, para hacer leer seis volúmenes de 
siones.» 

(La Nouyelle Hélotse : Prefacio, 1760.) 

Barón de B.** : (766. 

Emile c»tc anónimo autor iniercsanlcs juicios acerca de la utilidad del Ql;ijot 
reconociendo que todos panlcipamos de la locura de su liCroe. Quien» iranscribir" 
«sle concepto en au miimo texto original, tal como aparece, condcnsado, en la út-:_ 
tima página del libro : 

«iVotii prenons íous ¡exfoun, ápeugtes tfue nous sommts. 
Des Gueux pour des Héros, dea \foutons pour da Honima, 



C<tT«nies iurgftdo por los exirenjcros 



3f.5 



En dipttdu bonsStm naus cheixhoas Jtt Combatt. 
Sons /oTfons la Juslice, el sam'ons (fes Forfaü; 

iVoiu comwdtons cnJSn cení sottita trnt^nts » 

Y 4.ojaI¿».afkadc, «que todos fuésemos vídumos, honiados y generosos como lo 
UTA Don Quijoie», cuya tiÍM.>ria quli-iera ver en las manos de todos los Monarcas, 
pues la cree mis insituctiva que las de Cesar. Quinto Curcio. Euirúpio y Tilo LÍi-io> 
(Épílrc i /ton (Jukhoiic de la iVancAe.-Brcda, 1766, 12.") 

Johan Gottfried von Herder : 1766. 

«Las novelas y cuentos pnüticos son los más ingratos de todos. 
Comunnienie, la mmeria se opune á la forma; enionctís, aquélla 
llega á ser desconocida en ésta, y hace necesario un comentario ex- 
plicativo. ¡Pero qué pesado se nos hace un cuento solamente inte- 
ligible ó disfruta ble por medio de largas notas históricas! Si la no- 
vela acciona demasiado cerca de la historia, raras veces deleita; si 
se aleja de clb, la desfigura, sin llegar siquiera á ser un producto 
puro de la imaginación. 

Para nosotros us más interesante la novela que trata del estado y 
Condiciones de la vida común; de España, pasando por Francia, 
nos vinieron modelos románticos de este género: GÍ¡ 'Ti/as de San- 
iillana. El backiÜcr d^ Salamanca, Ciu:{mátx de í:-yil/atac/ic^ etc. 

Sus pequeños episodios v otros cuentos sueltos i^llamados nove- 
las), serán todavía por largo tiempo leídos. Como el cuento, á los 
Orientales, asi, puede decirse, pertenece propiamcntola novela á los 
Españoles.Su sucio y carácter, su parentesco con lus árabes, su cons- 
titución, hasta su altivo atraso en muchas cosas á que se aplica la 
cultura europea, les convierte hasta cierto punto en europeos-asiá- 
ticos. Las intrigas, las aventuras de que sus novelas están llenas, 
hacen que la tierra tras los montes, el hermoso desierto, se nos pre- 
sente á nuestra fantasía como un pais encantado. ¡Descansa en paz, 
Cervantes! Y tú, que iarit;i belle/.a de allende los Pirineos nos tra- 
jiste; tú, que también como Cervantes moriste indifüente. Le Sage, 
¡descansa en paz!» 

tiA : El furor por las cruzadas se apagó por otros medios 

que por medio dccucntos. 

B: .- Os ruego que no los consideréis indignos de aprecio. 

^Qui¿n exterminó, según la unánime y hasta pesarosa confesión de 
I os [españoles, el gusto por las novelas caballerescas, si no el cspc)0 
<ie todos los caballeros y hasta de los libros de cabullerías, Don Qci- 
■lOTC DE UA Mancha? Loque ninjiiuna doctrina habia operado, lo ope- 
ró un libro que yo considero como la primera de las cómicas epo- 
peyas de Europa. En Don Gerundio, en el Guarnan de Alfarache, 
Juj^arilio^ etc., se habia ensayado esta sal en otros asuntos; pero, por 
clcsftracia, Cervantes habia muerto!» 

([>e un dÍál'j|EO.J 



x)6 



Cervantes fuzgAdn por ios esirAnjeros 



*> Amigo : ¿En la antigüedad, á quién tienes porel mayor héroe? 

Autor: Sin comparación, á Licurgo 

Amigo : ¿Y entre los modernos? 

Autor : A decir la verdad, entre todos los que he oído ó leido, el 
héroe á quien más estoy aticJonado fu£ un loco, y el legislador á quien 
más estoy alecto fue un tomo. 

Amigo : Cierto es; y tii no escribirías ahora tocante á lo que es- 
cribes si se te hubiese pegado algo bueno de ambos. Venga, pues, la 
solución del enigma! ^Dóndc se puede hallar algo de tu hérue le- 
gislador y favoritoi* 

Autor: En un fragmento de la historia española que ya es cono- 
cida en el mundo por el nombre de un tal Sr. Cervantes. 

Amigo : Ah! le conozco hace lienipo. 

Autor: Pues haz memoria; en iodo e! curso de la historia del 
mundo, ^qué ha hecho famosos á los grande héroes? La desgracia; 
pues sólo esparcieron destrucción y calamidadesentrc lushumbres. 
¡Cuánto más noble y divinamente más grande fué mi héroe de la 
Mancha! El salió para enderezar los entuertos, procurar reparación 
¿ las injusticias, elevar á los caídos y humillar á aquellos á quienes 
la injusticia habia elevado. En esta rara empresa, cuántos golpes, 

fjorrazos y palos recibió! Pera l.i fatiga v el trabajo fueron para 61 
echo blando: la mansión del dolor, casa de placer; porque ¿I se 
consideraba ser de aquellos cuyo deber y misión es la de dar alivio, 
rdicidad y tranquilidad á los demás. Si los resultados nocorrespon- 
dicron á la empresa de su ánimo, no debe esto imputarse al hombre 
sino á su insania; si su poder hubiese alcanzado tan lejos como su 
buena voluntad, ¿1. con peligro de su vida, habría enderezado lodo 
entuerto y desafuero, cual un recto y liso cedro. 

Y ahora, volviéndome, beso revereniementc la orla de! veslido 
del más honorable de tudos los gobernadores y legisladores^ de San- 
cho Panza. ;Qué sentencias pronunció, qué ordenanzas hizo! Mi- 
nos, Solón y .NuiTia inspirado por la ninfa Egeria, ¡cuan oscureci- 
dos quedan por él! ¡Oh, Sancho! tú eras un labrador. Sancho, un 
rústico; como hombre, un zote; como gobernador, un ángel; pues- 
to que. como genuino contraste de todos los gobernantes, tú node- 
seaste nada, no pretendiste nada, no dirigiste tu vista á nada, sino 
al bienestar de tu pueblo, De él no podías apartarte, fuera de él nin- 
gún placer hallaste. Sí el leño de Esopo hubiese podido moverse para 
obrar según los misnuís principios, la regencia de las cigüeñas no 
habría nunca alcanzado autoridad entre los hombres. 

¡Cómo me enfado, Panza, cuando te veo groseramente insultado! 
¡Cómo sufro, cuando te veo despojado de tu dignidad! Fuera de los 
reinos de cierta majestad, yo digo para mí mismo: ¡oh si la tierra 
entera fuese tan tuya, como Barataría tu Ínsula, y tú, Sancho, fue- 
ses su legislador y su gobernador! 

Amigo: Me siento con vencido. Pero dimc, ¿cómo es que, en todas 
las edades y naciones, el mundouniversalmentehaconleridocl nom- 
bre y la gloria del heroísmo al conquistador? 



Cenantes jusgado por l«» estrsaicro* 



MJ 



Autor: Yo creo que por respeto á la fuerza. Un héroe significa 
en tres lenguas un semidiós, un .ser do sobrehumano poder. ^Cómo 
puede inaniícsiarse este poder sobrenatural? [,os serenos actos de 
beneficencia, la dulce melodiosa \ozdeldbandad. jamás van acom- 
pañadas de ruido ni de ostentación. Pero la revolución y el tumul- 
to, el estruendo de ciudades saqueadas, lo:> lamentos de las mujeres 
robadas, los gemidos de las naciones agonizantes, llenan las trom- 
petas de la Fama. Los hombres de la fuerza yambición hallan por 
este camino gloria y distinciones fáciles y preparadas; pues es sin 

comparación más fácil destruir que edificar Da á un niño 

alabanzas por su inclinación á cometer perjudiciales travesuras; tú 
le conduces por medio de tus incitantes elogios al camino del patí> 
bulo. Precisamente asi ha entronizado el sabio mundo á su.s héroes, 
já estos reprobos!, cuando honró y aplaudió hechos que merecían 
infamia y cadalso.» 

( Eí loco dt taUnlo. de 1766?! 



Fricdrich Jul. Bertuch : 1775. 

«Laúntcaobra por la que Cervantes debe ser juzgado es su Qui- 
jote; esta obra, cuyo ingenio, fantasía, moral y sátira se ajustan á 
todas las épocas del mundo, y presenta á los hombres como en to- 
dos tiempos han sido y continuarán siendo bajo tales circunstan- 
cias. 

Dióle motivo para ella el propagada furor por leer libros de caba- 
llerías y ajustarse á ellos, que habí.! en su tiempo en España, de ma- 
nera que usos, caracteres, giros, lenguaje, todo se modelaba según 
aquellos libros. El daño que esto producía á la nación era conside- 
rable. Los hombres más sabios se lamentaban de ello, escribían y 
predicaban contra ello: pero su celo fué inútil, hasta que Cervantes 
blandió el látigo y con su Quiiore hi20 que se cayeran de las ma- 
nos, á lo menos cié la mejor parte de la nación, pues el vulgo aún 
hasta hoy día continúa leyendo su.s 'Doce 'Pares de ¡-'rancia y sus 
S^ueve Harones de la Faina. Cervantes, en su prólogo, nos señala 
con bastante claridad su objeto, para que yo deba insistir sobre ello. 

El éxito del Q^'^ote fué asombroso. Todas las clases de la socie- 
dad lo leyeron; pintores,dibujantes,grabadores se inspiraron en esta 
obra para sus trabajos, y ciertamente tuvo Cervantes espíritu pro- 
fético cuando en su Viaje del Parnaso predijo la eternidad á su 
libro : 

«Yo he dado en Don Quijote pasatiempo 

AI pecho melancólico y mohino. 

En cualquiera sazón, en iodo tiempo.» 

Yo desearía que algún día un filósofo y conocedor del corazón hu- 
manocmprcndiesc la tarca de analizar circunstanciadamente el ca- 
rácter más relevante en Don Quijote, y estoy cierto que poseería- 



ao8 



Cervantes juzgado por le» cxirinjeros 



mos en ella una de las más excelentes obras y de las mis útiles para 
nosotros, seres terrícolas. ¡Cuántas cosas se pudrían decir, solamen- 
te de las dos principales liguras, Don Quijote ySancho Panza! Don 
Quijote, la iaiagcn y el espejo délos visionarios de todas claseü; pues 
toda visionario tiene su Dulcinea por ta cual lucha, lo hace todo y 
loaventura todo; todo visionario resuelveyse explica, segiin su ma- 
nta, y precisamente con igual facilidad que Don Quijote, todas las 
inverosimilitudes, contradicciones y dilicuhades que le atajan el 
paso; todo visionario es bondadoso, noble y, mientras no toque cn 
su monomanía, de bonísimo cntendimicnio. Sancho, al contrario, 
la liel y viviente imagen del vulgo, crédulo, supersticioso, codicio- 
so, cn¿añador; locuaz, goloso, poIlPón. miedoso, acobardado, bajo, 
ignorante, y, hasia donde sus cinco sentidos alcanzan, sin embargo 
que opinando rectamente, obrando más por ocasión que por funda- 
mento. Conociendo ios errorcsy sin embargo siguiéndolos. ¡Qué obra 
maestra de pintura de caracteresl ¡Qué lector pensador, al leer mu- 
chos de los pasajes del Quuotk, no ha sentido interiormente cuán 
cierto es lo que el respetable autor del preliminar al Aníi-Cato (par- 
te III del T. f'Merkur. p. lao), dice! : «Por tanto, pocos libros hay 
en el mundo que merezcan ser leídos seriamente y releídos con fre- 
cuencia como el Quijote ; y hasta me atrevo á afirmar que un pro- 
fesor dedicado á celebrar lecciones públicas sobre el Quijoti: seria 
mucho más útil á los jóvenes estudiantes y al bien público que un 
profesor del Órgano aristotélico. 

Si el genio de nuestra Cervantes no fuese tan grande que lo abra- 
zase iodo, y su Quuotk sólo hubiese sido una sátira contra los libros 
de caballerías, quizás ha mucho tiempo que estaría olvidado, y ya 
no conoceríamos su existencia; pero este libro parece escrito para 
todos [os paises, todas las naciones y todos los tiempos, y aun ahora, 
cuando tiempo hace que cesó el objeto primordial de su autor, al- 
canza su azote aún ú toda clase de locos, pues de tal condición, ca- 
rácter, clase y color pueden también serlo, sabios é ignorantes, pres- 
bíteros y laicos, jueces y litiganlcs, nobles y plebeyos, malos escri- 
tores, lectores malos, y oradores malos. Los conocedores del texto 
original .saben que Cervantes en su Quijote nos ha dado igualmente 
un modelo de lenguaje natural ycanicterisiicoy de la más pura ha- 
bla castellana. Las palabras y modos de decir antiguos y los tomados 
del lenguaje caballeresco son un agradabilísimo matiz de la obra, 
yyo he procurado cuídadosisimamenieconservarlos en mi traduc- 
ción. 



De las faltas y anacronismos del Quijote, algunos los reconoce y 
se disculpa de ellos Cervantes en la segunda parte; otros, creo yo 
quedeindusiria los puso para hacer burla de losCriiicastrosy.Micró- 
logos;y otros deben atribuirse al gubto predominante desu tiempo, 
y asi solo son defectos para nosotros, no para sus contemporáneos.» 

(Introducción d ia triducciúii alemana del DoNQutioTE.-Wíimir, 1775, O is.) 



Saverio Bettinelli : 1775. 

«Los novelistas ¡laiianos se van limando en nuestro ticmpc^; pero 
los franceses é ingleses no han igualado al Quijote español, mucho 
más antiguo. » 

en conclusión : « Richardson los venció á todos.» 

[ Hiiorgimento ntgli slud/. ntlte aríitnt' wstwni dopo ilmille.-Rasbsno, fjjh, its. 
Lampillas rebate esta incomprensible aserción de Bettinelli, quien, por nira parte, 
tiempre se compiscJa en hablar mal de la líieraiura española, y dice que cuando 
aquel autor lenp» en su apoyo los votos que hscc dos sifjlos se han dcciarfido uoi- 
lerHlmenic por el Quijote, suscribirá á U decisión de Beilinelli.) 



Dr. John Bowle : 1 777-1 781. 

« Este autor celebérrimo, tan justamente estimado de todas las 
naciones cultas, es el nunca como se debe alabado Miguel de Cer- 
vantes Saavedra, honor y gloria, no solamente de su patria, sino de 
lodo el género humano 

Desde que empecé á familiarizarme con el texto del Quijote, con- 
sideré i su gran autor como cMsfc'o y como á tal le traté 

El estilo de Cervantes merece toda alabanza. Compararse pue- 
de A un magnifico rio, que ora rápidamante corre con adecuada ve- 
locidad, ora se desliza mansa y suavemente, dejando que sus cris- 
tales se tiñan con las ondas que recibe de otras menores corrientes 
que con él mezclan sus aguas. Abandonando la metáfora, diré que 
el lenguaje del Quijote. A la vez que es el más puro v elegante del 
castellano, tiene sus variedades y tonos y gradaciones de acuerdo 
con las personas en cuya boca se ponen y con los asuntos de que se 
trau 

Al mismo tiempo que profeso la más alta veneración y estima 
por esa nación que ha producido tan maravilloso genio, no puedo 
hallar excusa para el silencio de Keyjoo, que dejó de citar su nom- 
bre en sus Glorias de Esyaña, de la cual fué tan gran adorno. No 
sólo fué Cervantes honra de su país sino del género humano; pues 
sus escritos, que me evidencian asi su gran genio como su capacidad, 
fueron inlcrioresála bondad y honradez del hombre. Debe, pues, ser 
consideradocomuciudadanodcl mundo, interesándonos iodos por él. 

Con las propias palabras de (hiérvanles consignaré que en el Qui- 
lOTE no se descubre, ni por asomo, una palabra deshonesta ni un pen- 
samiento que no sea católico. Es esta una satisfacción para mi, pues 
no he empleado el tiempo en una obra indigna de mención {').» 

Conjetura Bowle que Cemntes al idear su inmonal libro bien pudiera haber 
tenido presente i ¡gnacin de Layóla, de quien su historiador francís dice que «fui 
un ramoso en su uballcri* ándame espiritual como su ilustre paisano Don Qui- 
|ot« lo Tuéycndoen busca de «Tcniuras (>).» «Esto*, dice Howle, «r&cilmenlesc 

(I) EaneuWc m« íuito concepto proferido por (irtia«<rdoi«(>roieiunt«. 
M) HUtoir* á* CaémtrúbU Oott lñÍfoditG»ipuitoú^Ht>f», 1736:1 u., is." 



Tonollt 



>8 




>I0 



Ccrr«nle> iuzgsdo por Iok cxtnnierus 



deduce de In rclacidn que de sus hechos nos da H i vadcncirs, examinando licúa- 
les puede establecerse un juicio paralelo eiure ambos caballems.> Asi lo practica el 
critico inglés transcribiendo los siguientes pasajes de la vida de San Ignacio, na- 
rrado) por Rivadeneira, y comparándolos con !.us anáIO(;ús referentes i Don Qui- 
jote : «Lojola en su juventud era muy curioM y amigo de ícvr Libros pro/a nox de 
Cavalitrias.» «Cambia su lectura por el Fht Saticloram y se determinó ¿ querer 
imilúr y obrar ioque Uia.* «Mezclando Locóla las prácticas caballerescas eo sus 
acto» piadoaús, p<ir imitar tí, tomo Cayatkro de Christo, aquel hrtho CaraUcrosa, 
y velar stit nuevas armas l'xfa aquella noche, parte *n pie, y parte de rodillas, estu- 
vo velando delante de la Imagen de \uestra SeUora ( de Mon»rr«teV> «1.a conduela 
de Loyola», continúa Rou'le, «fuú en muclinsocstioncsrcrdaderamenle Quijotes- 
ca, como puede verse comparando los diversos Hisiortadores.* Y &tguc poniendo 
m¿$ ejempins de accionen análogati. 

(.4 Lclter ío i>r. Percy, concermng <i hcw Edilion of Don QuiXúTE.-London, 
1777. -Prólogo A una edición del Qumotk.- Londres, 1781.) 

F. J. H.B. von Seden : 1782. 

«Son de admirar, en el Persiles de Cervantes, la riqueza de ima- 
ginación, los aparentemente embrollados y, sin embargo, tan natu- 
rales plan y episodios, el casi siempre florido estilo, el bosquejo de 
tantas embelesadoras í¡ituacit»ncs y el profundo conocimiento de los 
hombres. Falta, ciertamente, la fuerza de dirección y los verdade- 
ros y bien trazados caracteres que hacen de su Don Quijotk una 
obra maestra del ingenio humano; pero, principalmente el plan se- 
rio de esta novela, no te permitió á Cervantes mostrar aquí el donaire 
y la sátira en su más esplendente esfera. Tiene lo.s defectos habitua- 
les de su autor, especialmente la exuberancia de episodios, v aun 
en mayor nijmcro las contradicciones é inverosimilitudes; peVotie- 
ne también las prendas en él peculiares, especialmente las abundo- 
sas antítesis, los copiosos ¡ucgos de palabras, las disertaciones, á ve- 
ces incoloras, los proverbios y las aventuras prodiciosas. 

Le excusa, empero, el espíritu de su tiempo y de su nación; y, 
por tanto, queda ésta una estimable obra, digna de su autor.» 

(Prólogo á su traducción alemana del PERi>iLE».-Ampach, 1783, 8.°) 

Salomón Gessner : 1783. 

«Galatea ha llegado. [Qué horas más preciosas me ha propor- 
cionado durante el invierno!... Y desde que la primavera vino, me 
acompañó en mis paseos. Parecía como que el míriiodcl poema me 
duplicaba el goce ante las bellezas de la naturaleza. jÓué sencillez! 
¡Qué apacibilidad! ¡Qué sentimiento en cada frase! Kl original es- 
pañol le presta un sabor romántico, que haceá esta obra muy atrac- 
tiva.» 

(Caru de Gessner á FForián, quien le habla enTiado su Calatea. Año t783.-Ei) 
la biogiaHa de este renombrado poeta lírico alemán se dice : « Un libro que nunca 
se cansaba de leer era el Don Quíjotk.») 



la verdad de algunos cuadros y el episodio de Ruperta bastarían para 
hacerle precioso 

En La Calatea evitó Cervantes algunos de los defectos de la Dia- 
na de Montemayor, pero no todos. Sus aventuras son más natura- 
les, sus personajes más interesantes; pero su estilo y sobre todo sus 
versos son inferiores á los de Montemayor. Viciado por el mal gus- 
to escolástico que entonces reinaba, Cervantes hace disertar á sus 

pastores como si estuviesen en las aulas ., En toda la obra, el sol 

no ilumina al mundo sino con la luzque los ujos de Calatea despi- 
den 

Pero en medio de todos esos desatinos, se hallan pensamientos 
bellos, verdad de sentimiento, situaciones atractivas, y bien expre- 
sados movimientos y luchas del alma.» 

IGalathér: /nírorfMc/íoíi.-r*ris, 17S3. la".) 

«Una verdad que no me parece bastante conocida es que el Don 
QutJOTE, además de su donaire, de su estilo cómico, está lleno de 
esa filosofía natural que, al ridiculizar preocupaciones quiméricas, 
respeta el fondo de sana moral que contengan. Todo loque el héroe 
dice, cuando nohabladecaballoria. parece dictado por la sabiduría 
para hacer amar la virtud; su mismo delirio no es masque un amor 
mal entendido de esta virtud. Don Quijote es loco en sus acciones, 
pero es Cuerdo cuando raciocina; y como siempre es bueno, se le 
ama siempre; nos reimos de él, pero nos interesamos por él; vérnos- 
le que desbarra, y sin embargo le escuchamos. 

Cervantes es quizás el único hombre que, por medio de una in- 
vención tan nueva y tan diferente de todo lo que se conocía, ha 
atraído á sus lectores á seguir por largo espacio, sin hastiarse, las 
aventuras de un extravagante, de quien nos burlamos constante- 
mente pero sin menospreciarle, de quien lamentárnosla manía, pero 
con frecuencia admiramos el juicio Uno de los mayores en- 
cantos de esta obra es la elegancia continua y la feliz mezcla de todos 
los estilos. Cervantes se eleva muchas veces hasta el tono de la ora- 
toria, hasta el más poético estilo, cuando hace hablar á Don Quijo- 
te; emplea el lenguaje llano y vivo de la verdadera comedia en las 
reflexiones de Sancho; sabe hallar otra manera tan natural, tan ani- 
mada, pero que es distinta, cuando presenta en escena pastores y 
cabreros; y, sin aparente transición, suavemente, vuelveá su papel 
de historiador, en una prosa clara, fácil, algunas veces algo exube- 
rante, pero siempre armoniosa.» 

( Advcricncia al frunlc de su traducción del Quuotk; 1793. Se imprimía en lu 
(Euyres poslhumes de Ftorian ; París, 1799; 3 vols. 8.*) 



El abate Carlos Jacobo M.' Denina : 1786. 



J 



Escribió este discurso cn franca el sbaie Denina con moiÍTodí haber salido en 

la nueva Encyclopédie un articulo de M. Masson, difamando i Espafia, bajo 

«»e titulo: <iQue iÍQÍI-on & ¡'Etpagne? Eldepuis dtuxsiieia, depuisqualrf. ¿iepuíM 



Cervantes juzgado por k» cxtrinjcros 



*'3 



'-^^■^-x, qu'a-t-elie fait pourVEuropt ?» Dtficade «I at>ale Denina el mérito de España y 
^ *^~^Dincra áics autores y cabios que en varios ramos de lasciencias} letras nue&ira 
'"* "^^ítón ha tenido. Extraciiiri^ dos pírraíos en ijue se cita A Cervantes: 

_^ «La poética de Boilcau me parece una compilación rimada de pre- 
~^ ^sptos conocidos, en comparación del numen quese halla en el ¿ou- 
' ^/ de Apolo de Lope de vega y en el Canto de Galiope de Ccrvan- 

Cuando Francia había ya tenido sus Pascal y sus Fenelon y tenía 
^*. los FonteneUe, las personas mejor educadas é Insiruídas no con- 
^ aderaban que pudiesen ponerse en manos de damas y princesas IÍ- 
^^^=* ros mejores que las novelas de Cervantes. 

Pero en la poesía dramática, sobre todo, es en donde Francia se 

*""»a enriquecido con el caudal de España. Si los españoles, con su 

*~"«jcunda imaginación, no hubiesen suministrado asuntos y planes á 

* os poetas de las otras naciones, !•■ rancia habria aún continuado va- 

1 iéndose de asuntos trillados. No se trata de saber si las piezas de , 

'S^ueda, de Virués, de Guillen de Castro, de Lope de Vega, de Cervan- 

Ivs, de Calderón y de otros españoles se hallan tan ajustadas á las 

«~eglas de Aristóteles y de Horacio como las de Corneille y de Moliere. 

.^^quí es cuestión de sabersi estos restauradores del teatro francés 

^« han aprovechado de lo que antes que ellos los españoles hablan 

K~sccho.3» 

I Ríponie bí ¡a quesíion *Qtíe doit-on b l'Kíjfugneh* : discours ¡u k l'Acadimie d« 
.^^eriin dant fAstamblée pabUgue dii 26 Janvier tan 175^.- Madrid.- 8.* de 44. ys.) 



^hilippc Pinel : 1791. 

Pinel, autoridad competente en el tratamiento de los locos en el hospital de 
feticétre en Francia, y auiot de varios estudios sobre monomanía, reconoce en 
^^ervantes una autoridad di|tna de ser coniíultada por los médicos». 1 Bcniumea 1 
.^^evista de España de 13 de Noviembre de i878.)-La obra de Pinel se titula : De 
^"AUénalion íBínM/c.-Paris, 1791, 

-Johann Wolíang von Goethe : lygS. 

« La Idea, cuando aparece visiblemente, en cualquiera forma que 

^ea, excita siempre aprehensión, una especie de pavor, de perpleji- 

«;dad, de repugnancia, en contra de la cual el hombre, de un modo 

%i otro, se pone en guardia. No puede, empero, citarse ninguna otra 

«lación más propensa á corporizar inmediatamente la idea en la vida 

domún y vulgar que la española, la cual acerca de lo dicho nos da 

la más orillante explicación. La idea, cuando aparece inmcdiata- 

«nente en la vida, en la realidad, si no produce un efecto trágico y 

serio, debe necesariamente ser considerada como pura fantasía y 

«omo tal se confunde y extravia cuando no sabe mantener su alta 

j)urc;:a ; y entonces, hasta el bajel en que se manifiéstase vaá pique, 

2>recisamente porque quiere sostener esa alta pureza. Aquí pasa- 



314 



Ccrvtnies iuzftado por los extranjeros 



mos por alto cien pensamientos secundarios y volvemos á nuestro 
tema. Cuando la idea aparece como fantástica, ya no tiene valor; 
por esto también lo fantástico que se pierde en la realidad no excita 
el afecto seniimcnlnl, ^ino que su hace risible, porque motiva con- 
diciones cAmicas que corresponden muy bien a lo jovial y picares- 
co. Yo deberla esforzar la memoria para hallar algo de esta especie 
en que nosotros los alemanes hubiésemos logrado éxito; el que sea 
imparcial contará los fracasos. 

La obra que ha alcanzado mayor perfección en este género es e! 
Don Quijote de Cervantes. Para lo que en otro orden de ¡deas pu- 
diera ser de reprobar, responda el mismo español.» 



«La tercera y cuarta parte (del Quijotk) fué primero escrita por 
otro, y luego por el mismo Cervantes. Este habia tenido el buen tac- 
to de querer acabar con las primeras partes, pues los verdaderos 
motivos fueron con ellas agotados. Mientras que el héroe vive de ilu- 
siones es romántico: tan pronto como meramente se le burla y mis- 
tifica, cesa cl verdadero interés.» 

(Aiis üQdhe's Uitlerhaitungen mil \fítller.) 

«He hallado en las Novelas de Cervantes un verdadero tesoro de 
deleites y de enseñanzas. 

¡Cómo se regocija uno cuando puede reconocer como bueno lo 
que ya está reconocido como tal, y cuánto se adelanta en el camino 
cuando se ven trabajos formados precisamente sobre las máximas 
según las cuales nosotros mismos procedemos conforme á la medida 
de nuestras fuerzas y de nuestra esfera!» 

I^Caru de Goethe áSchiller. en i7q5.) 



Dieirich Wilhelm Sohau : 1800. 

«Los libros de caballerías eran el pasatiempo favorito de los pa- 
lacios en España, por más que contra ellos clamaban Alejo Venegas, 
Pedro MexSa, Luis Vives v otros sabios. En tales circunstancias, el 
Quijote, que se anunciaba como una historia caballeresca, corria 
doble peligro. Los hombres graves y sesudos debían considerarle con 
menosprecio á causa de su asunto aparente; no podía agradar en los 
palacios, porque no les presentaba ninguna do aquellas maravillo- 
sas aventuras á que les hablan acostumbrado las demás novelases* 
ballerescas; y. por otra parte, el hombre vulgar no era susceptible 
de percibir la fina y excelente sátira que en el Quijote se encierra. 
Sólo cl aplauso de un humbre de alio copete, que fuese capaz de juz- 
gar del mérito del libro, podía arrastrar á los demás lectores. 

El público recibió al principio el Quijote tan tibiamente como lo 
había acogido el IJuquc dcBéjar. Cervantes escribió el Buscapié, en 
donde dio á entender que su Quuori; era una sátira contra diferen- 



les pcrsunaje;». Entunccs la gente compró y leyó ávidamente el libro 
para hallar la sátira. Gradualmente llegó á las manus de los verda- 
deros conocedores, y finalmente cuando. su mérito fué generalmente 
conücídú, por todas partes de Kuropa sólo halló una vo/, la \oz de 
la univeri^al y unánime admiración 

Et Quijote es la obra maestra de la agudeza, é igualmente un fes- 
tivo hijo del /tumor y de la sátira . . 

En las Novelas, las manifestaciones del amor son discretas y las 
sátiras vestidas suave y apaciblL'menic. El contenido^ en su mayor 
parte, consiste en sucesos que Cervantes habla visto ú oído narrar, 
ya en Españayaen Italia, ysu elocución las ilustró y limó con todo 
el arte y la experiencia que sus viajes le hablan granjeado. . . . 

£1 cenjo de Cervantes no se manifiesta de un modo igual en todas 
sus obras. Es el destino de los grandes hombres no poder mantener- 
se siempre al mismo nivel. Newton, el más eminente matemático y 
naturalista de su siglo, escribió comentarios sobre el profeta Daniel 
y sobre cl Apocalipsis 

Cervantes publicó casi at mismo tiempo sus Comedias y su Qui- 
jote. Perú este solo libro es suticiente para asegurarle un lugar en- 
tre los grandes hombres, que no aparecen en todas las épocas del 
mundo.» 

(Introducción A una traduwión alemana de Dotí QutJOTit.-K6n¡g^bcrg. tSoo; 
6u,) 



Htei 



J. F. Laharpe : 1800. 

«Gi7 'Blas nos lleva por la mano á hablar de Don Quijote, obra 
original que la nación española debeá la c?ctravagancia de suscscri- 

res. Cíen libros malos han producido uno bueno, que á todos ha 
nlquilado y que vivirá -íicniprc. Quizás es un poco difuso, aun sin 
Itencr en cuenta las imitaciones; quizás un solo ridículo no puede 
entretener ni interesar por largo espacio; pero asi descuella mejor 
el gran arte del autor que, de la locura de Don Qcijote y de lasgra* 
cias de Sancho, tantas cosas agradables ha sabido sacar. Los cuen- 
tos 6 historietas que este libro contiene le dan singularmente un nue- 
vo precio y realce. Una de estas novelas, la de El Curioso imi'kk- 
TiNENTE, es uno de los mejores rasgos de Cervantes. 

Por lo demás, á pesar del gran éxito queentre nosotros ha tenido 
la traducción de Don Quijote, no es, empero, absolutamente de! gus- 
to de todo el mundo. Hay talentos rigoristas para quienes cl fondo 
de este libro es demasiado frivolo, y que no pueden leerlas locuras 
de un desgraciado á quien se deberla encerrar. 

Es el inconveniente de todas las obras que no pintan más que un 
ridiculo particular. Por mucho mérito que tengan, siempre queda- 
rán inferiores á aquellas que pintan al hombre de todos los tiempos 
y de lodos los lugares.» 

{Cours dt Litiérattirc aneitHW et mAíírrtí.- París. rjoo-iBoJ; i6 volí. caí."; 
«Xlll.l 



aiti 



Cerv«nic& juxgado por los exiranjerob 



Anónimo : 1803, 

«Cervantes publicó su Quijote en i6oíJ, Todos los rayos de su di- 
vino genio parecen haberse concentrado en esia asombrosa produc- 
ción del talento humano. Por su especial ingenio, aguda ironía, ri- 
queza de invención y profundoconocimíento del corazón humano, 
esta gran obra de un ¿ran maestro permanece sin rival en la histo- 
ria (Je la literatura. 

Deleitando la imaginación, ofrece al mismo tiempo muy eficaces 
lecciones para el alma, y presentando en su verdadera luz los absur- 
dos y las locuras con que en otros tiempos la humanidad se habla 
viciado, nos pone en guardia contra los fantásticos desvarios y absur- 
das ideas en nuestra conducta, que pueden ridiculizarnos y hacer- 
nos desdichados. Su inmediato objeto, lo sabe lodo el mundo. fu¿ 
el de poner en aborrecimiento las extravagantes nociones de la ca- 
ballería andante y de sus libros. Jamás un propósito ha sido coro- 
nado con mayor éxito. Verdad es que habla pasado la edad de la ca- 
ballería, pero'á despecho de las invectivas de Luis \'ivcs y Alejo Vc- 
negas, España estaba inundada de novelas caballerescas. Los Pala- 
dineSf invencibles hasta entonces, fueron vencidos por Saavcdra. 
Ocioso es decir una palabra más de una obra que está á una altura 
igualmente distante de la alabanza que de la censura.» 

( Prólogo Kndnimo de la traducción inglesa del Quijote. -Glatgow, 1803.) 



J. P. Friedrich Richler : i8o5. 



«¡Cuánto no fueron Shakespeare y Cervantes, y aún más éste, re- 
movidos, arados ysurcados por la vida antes que la fecunda semi- 
lla de su ñora poética brotase y se desarrollase! 

iQué confiere al siguiente ejemplo del arte poético el sello román- 
tico? F,n la tragedla Numancia deCervantes, sus moradores, para no 
ser presa del hambre v de los romanos, se entregan á una muerte 
común. Cuando la catástrofe se habla cumplido y en la desierta ciu- 
dad nada más que cadáveres y hogueras quedaban, entonces apare- 
ció la Fama sobre las murallas y anunció á los enemigos el suicidio 
de la ciudad y la futura gloria de España. 

En este ejemplo, lo característico no cslosublimc— que tan fácil- 
mente se confunde con lo romántico— sino lo vasto, la grandioso. 

Nos rehnos menos de lo que Don Quijote hace — pues nada razo- 
nable se puede esperar de los hechos de un loco — que de aquello que 
dice cuerdamente; pero Sancho Panza sabe hacernos reir de un 
modo igual con sus hechos y con sus dichos. 

Las naciones serias eran lasque tenían el sentimiento más eleva- 



Ccrvanies juzgado por los estranjcros 



317 



do é fntimo para !o cómico; prescindiendo de los serios ingleses, 
los no menus serios españoles han producido más comedias (scgiSn 
Riccoboni) que los italianos y franceses juntos. La comedia espa- 
ñola estaba en el apogeo de su lloreciniienio{-scgú[i Bouicrweck)baio 
tos tres Felipes, y durante la época de los asesinatos del Duque de 
Alba, creó Cervantes el Quijote en una cárcel. 

El moderno humor lo hallo entre los antiguos más ordinariamcn* 

en sus cómicos soliloquios 

Lo mismo se puede decir, sin embargo, de los monólogos de tos 
modernos, por ejemplo en el Quijote, en Shakespeare y hasta en 
Fígaro. El fundamento de ello es el cspiríiuHricoque inspira al au- 
tor humorista; 6ste se rtíflcja siempre sobre el propio yo, como el 

encavo espejo del mundo 

El maestro Cervantes, en su prólogo al Quijote, ironiza menos 
terminantemente que Don Quijote en sus soliloquios. La causa en 
todas partes es ésta : Cuando el poeta romano elogia en su propio 
nombre, se le presenta como obstáculo el contraste entre su expo- 
sición objetiva y su opinión subjetiva; pero si, al contrario, pone 
toda la ironía en boca de un carácter ajeno, el suyo propio tiene tan 
pocas dificultades que vencer en lo irónico como en la exposición 
de cualquiera Inmoralidad, que le es completamente repulsiva,» 

{Vorschuteder AtslbeíiA. i8o5.) 



Friedr. Wilh. Jos. von Schelling : 1806? 

« La novela debe ser un cspefo del mundo, á lo menos del contem- 
poráneo, V de este modo llef^ar á ser una Mitología parcial. Debe 
mclinar el ánimo á una agradable y sosegada contemplación y man- 
tener vivo el intcr¿s de una manera igual en todas sus partes; cada 
una de éstas y hasta cada una de sus palabras deberían ser de oro, 
como engastadas en un interno y elevado ritmo, ya que carecen del 
externo. Por esto la novela no puede ser más que el fruto de un in- 
genio completamente maduro, y por estola antigua tradición pinta 
siemprcá Homero anciano. Es casi la úliima depuración del genio, 
por donde éste se reconcentra en si mismo, y su vida y su ser de 
nuevo se transmutan en flor; la novela es el fruto, pero coronado 
de flores. 

Excitándolo todo en c! hombre, debe también la novela mover 
ftas pasiones; asi le es permitido á la vez elevarse á lo más trágico y 
Jcscender á lo más cómico. 

La novela, ya que, por su más cercano parentesco con el drama, 
se funda en las antítesis más que la epopeya, debe usar de aquéllas 
principalmente para la Ironía y la Imagen pintoresca, como la esce- 

del Don Quuotk en donde este y Cardcnio sentados en el bosque 
conversan razonablemente hasta que la locura del uno poncen mo- 
vimiento la del otro. Generalmente, también le es dado á la novela 



Tomo til 



'9 



aiS 



Cervantes juzgado por los «xU'aii)cro& 



aspirar á lo pintoresco, pues en sentido jicneral asi puede llamarse 
lo que e-i una especie de apariencia dramática, aunque más ligem. 
Se conipreiide que aquél tenga .siempi-e un valor y una rc!ati/>n 
con el alma, con lascusiumbrcs, pueblos ysucesos. ^Puedc haber, 
en el mencionado sentido, nada más pintoresco que la aparición de 
la Marcela del Don Quijote, en la cima del peñasco ó cuyo pie están 
enterrando al pastor á quien mató el amor por ella? , 

No será demasiado afirmar q uc hasta ahora sólo hay dos novelas, 
y son el Don Quijotií de Cervantes y el WUhetn r%leisÍer de Goethe: 
aquél perteneciente á la más magnífica de las naciones; éste, a la más 

sólida Basta recordar el Don Quijote para comprender loque 

quiere decir la idea de una mitología creada por el genio de un solo 
individuo. Don Quijote y Sancho Panza son personajes mitológicos 
en todo el ámbito del mundo civilizado, como la historia de los mo- 
linos de viento, etc. etc. sun verdaderos miios, tradiciones mitoló- 
gicas. Lo que en la limitada concepción de un ingenio de segundo 
orden habría parecidu apropiado solamente como sátira de una lo- 
cura determinada, nuestro poeta, por medio de la más feliz de todas 
las invenciones, lo ha mciamortoscadoon la másuniversal, profun- 
da y pintoresca imagen de la \ida. El hecho de que esta única in- 
vención se difunde por el todo, apareciendo luego riquisimamcnte 
variada sin que en parte alguna se descubra ensambladura, leda un 
carácter especialmente grandioso. Y, sin embargo, hay en el todo 
un evidente y muy decidido contraste y las dos mitades de la obra 
se podrían llamar, sin gran error ni inverosimilitud, la Iliada y la 
Odisea de la novela. El tema del conjunto es la lucha de lu Keal con 
lo Ideal. En la Primera Parte de la obra se trata lo ideal sólo de una 
manera natural-realista; esto es, el ideal del protaRonista tropieza 
solamente con el mundo ordinario y con sus evoluciones ordinarias; 
en la otra Parte, se mistifica; esto es, el mundo con el cual aquel 
ideal se pone en conflicto es también un mundo ideal, noel ordina- 
rio, de la misma manera que en la Odisea la isla de Calipso es, por 
decirlo asi, un mundo más fingido que aquel en que la litada se 
mueve; v así como en ¿sia aparece la Circe, lo mismoen I>oN Qui- 
jote la Duquesa, la cual, exceptuada la belleza, todo lo tiene de 
común con aquélla. Verdad es que la mistificación va hasta Ío do- 
loroso, hasta lo grosero, y de tal modo, que lo ideal se extingue en 
la persona del héroe, porque aquí estaba loco; pero, en cambio, se 
ostenta triunfante en c! conjunto de la composición y en rigor lo es 
también aquí, á causa de la rematada vulgaridad de la antítesis. 

La novela de Cervantes descansa, pues, en un protagonista muy 
imperfecto y hasta desvariado, pero al propio tiempo de natural tan 
noble, y, siempre que no se toca á su manía, de tan superior en- 
tendimiento, que en realidad no le rebaja ninguna de las afrentas 
que recibe. Precisamente en esta mezcla cabla entrelazar el más rico 
y prodigioso tejido; que tanto atractivo tiene desde el primero hasta 
el último monientOj que causa siempre el mismo placer y mueve 



Cervantes juxgodo por I w extranjeros 



aig 



el ánimo k la más cuerda jovialidad. Para el espíritu, el necesario 
acomfwiftamiento del héroe, Sancho Panza, es como un incesante 
deliquio; ta inagotable fuente de ta Ironía mana continuamente y 
deleita con sus atrevidos juegos. La nación en que se desarrulla la 
novela, reunía en aquel tiempo todos los principios románticos que 
aún había en Europa, unidos á la esplendidez de la vida social. £n 
este punto era el poeta espartol mil veces más favorecido que el ale- 
mán. Tenia los pastores que vivían á campo abierto, una nobleza 
caballeresca, la población morisca, la cercana cosía del África, el 
fondo de los acontecimientos del tiempo y de las expediciones con- 
tra los piratas, hosia pintorescos trajes para el usu ordinario, los 
arrieros y el Baciiiller de Sala manca. Sm embargo, hace el poeta nacer 
sus deleitables sucesu» de asuntos uuc, en su mayor parte, no son 
nacionales sino enteramente generales, como el encuentro de los ga- 
leotes, del titiritero, del león en la ¡aula. El ventero, que Don Quijo- 
te toma por un castellano, y la linda Maritornes, son en todas par- 
les de casa. Al contrario, el amor aparece siempre en el especial 
circulo romántico que el autor halló en su tiempo, y toda la novela 
se desenvuelve á cielo abierto, en el cálido ambiente de su clima y 
con los vivos colores meridionales. 

Los antiguos han alabado á Homero como el más feliz inventor; 
los modernos, con razón, á Cervantes. 

Lo que Cervantes tuvo que inventar sólo una vez, debió el poeta 
alemán inventarlo muchas, y como esa contrariedad de su circulo no 
permite que sus invenciones tengan ese sabor que es proptodclasde 
Cervantes, por eso es tanto más profundo en la intención y suple 
la penuria exterior con la fuer/a interior de las invenciones. 

Además de la novela en su forma más perfecta (y lo será tanto 
más cuanto por medio de cierta restricción en la forma de la mate- 
ria adquiera el universal valor de la epopeya), deben admitirse los 
libros románticos en general. Yo para esto remito, no á las novelas 
y cuentos cuyos verdaderos asuntos consisten (como las novelas in- 
mortales deBoccacio) en real ó fantástico objeto yse mueven igual- 
mente en exteriores elementos de rítmica prosa, sinoáutras de en- 
tremezcladas excelencias, como el Pepsiles de Cervantes, laFiam- 
metta de Boccacio y, en todo caso, también el IVer/Aer deGoethe.» 

{Realenuiui Idtalcn in dei- NaUír ;^?).-)lambur{{o, ;8o6,£.*) 



Geurg. Wilhclm Fricdrich ílcgcl. 

«Desarrollada consecuentemente se presenta toda la máquina del 
caballerismo en sus actos y sucesos, como en las consecuencias de 
éstos, en un mundo de acontecimientos y vicisitudes que en sí mis- 
mo se disuelve y por esto produce lo cómico. 

Esta disolución de la caballería en sí misma ha llegado á ser cons- 
ciente y á tener adecuada exposición, en su generalidad principal- 



iV> 



Cerv«nl« ¡uzgado por los exlranjcros 



mente, en Ariosto y Cervantes, y en la especialidad de los caract 

res individuales en Shakespeare 

Si Ariostosc inclina más hacia lo fabuloso de las aventuras, Cei 
vantes al contrario desarrolla la parte novelesca. En su Don Quijoi 
veniüü una naturaleza noble en que la caballería se con viene en de- 
mencia, porque la extravagancia de aquélla la hallamos colocada 
en medio del estado fijo y positivo de una realidad pintada exacta- 
mente según sus relaciones exteriores. Esto da la ctSmíca contradic- 
ción de un mundo cuerdo ordenado por si mismo, y de un espiriiu 
aislado que quiere crearse primeramente este orden y fijeza por sí 
mismo y por medio de la caballería, por la cual, solamente, podta 
ser derribada. Pero, á pesar de este cómico enredo, está mantenido 
en el Don Quijote lo que hemos alabado en Shakespeare. Cervan- 
tes ha hecho también a su h¿roc de un natural originariamenie no- 
ble, y dotado de multivariadas prendas, de manera que verdadera- 
mente siempre nos interesa. Don Quijote es, en su demencia, un 
espíritu perlectamente seguro de sí mismoy dcsucausa,ó más bien 
su demencia sólo consiste en ello, en que está y queda tan seguro de 
sí y de sus cosas. Sin esta irreflexiva tranquilidad con respecto á la 
sustancia y al resultado de sus acciones, no seria él romántico ver- 
dadero; y esta confíanza en sí mismo, tocante á lo substancial de, 
su carácter, está, de la manera más grandiosa é ingeniosa, perfecii 
mente ataviada con los más bellos rasgos de carácter. Y por este 
toda la obra es, por un lado una burla de la romántica caballerisj 
una verdadera absoluta ironía, micnirasquc en .Ariosto la extrava-' 
gancia casi se reduce s<Slo á una juguetona chanza, y por otro lado,^ 
empero, son las aventuras de Dok Quijote sólo el hilo en el qu^| 
apaciblemente se entrelaza una serie de verdaderos episodios ro^* 
mánticos, para mejor mostrar, conservado en su verdadero valor, 
lo que el cuerpo principal de la novela convierte en asunto cómÍco.»j 



Abraham Gotthelf Kástner. 

« En realidad, los eruditos que sólo estiman su propia parte de Ii 
erudición general, siempre me recuerdan los tiempos de los caba- 
lleros andantes; y si yo pudiese prometerme la felicidad, como el 
Sr. de Var, de escribir, á cosas que no pueden leer, cartas quelodo^ 
el mundo Ice, dirigirla á Don Quijote mi primer ensayo : jfl 

Oh tú, héroe, cuya bravura el ingenio de Cervantes ensalza, ti!^ 
que has sobrevivido á Amadísyá .A.rturoI Cómo nos reímos cuando 
te vemo.»; atravesar A caballo los campos de Cnstilla, para granjear 
para Aldonza la gloria de llamarse la más hermo.s.a de las hermo- 
sas; sin embargo, semeianie á ti en ardor y á menudo con más dé- 
bil fuerza, lucha aún ahora un pedante por su ciencia, á la cual, sir 
embargo de que la llama difícil, atractiva y útil, conoce aún menc 
que tú á Dulcinea.» 
í 



lag. Wühelm von Schlegel : rSot-iSog. 

« El plan del Ql'ijote, en conjunto, está con tan sin igual ncicrto 
;ri ventado, y sus principales aventuras deducidas con tal precisión 
y facilidad, que en csie concepto rorzúüninenlc ha de causar indelo- 
ble impresión aun á aquellos que no se inclinen á admitir los deta- 
lles maravillosas; y son precisamente de esta clase los niAs pippulnres 
pensamientos que en todo idioma han adquirido valor proverbinl. 
No líbstante, la poe.sSa del divino (^'rvanlcs es aiyo ntiU que una 
fr«sca y vigorosamente colorida patochada de pensamiento ingenió- 
lo y atrevido diserto (bien que, aun en este caso, tampoco serla 
despreciable); es al mismo tiempo una cumplida obra mae5lra del 
más elevado arte romántico. En este rcspcclo, toda ella descansa so^ 
brc la gran contraposición entre las formas par<'>dicas y roma micas, 
La cual es siempre mdecíbicmentc atractiva y armónica ; pero, k ve- 
ces, como en el encuentro del loco Cardcnio con el loco Don Qui- 
jote, releva hasta lo sublime. Destruyendo el poeta el absurdo y 
coIomI mundo novelesco de los libros de caballerías, crea, en el suelo 
<iesusigl>> v de sus patrias costumbres una nueva esfera romíinti- 
ca., -. Tan lejos se halla Cervantes de haber querido rendir homc- 
Ufei un depravado gusto contemporáneo con la intercalación de 
novelas en su obra, aue ¿I, como claramente lo dice en el prólogo 
desús novelas, fué el primero que introdujo en España este género; 
i^emis de que ni remotamente pensaba en imitar aquel mal fiuwn 
de su tiempo, pues bien sabía, como se ve por mucnas maniíesta- 
ckxks $uTa-s. que trabajaba para la posteridad ; y tan cierto es esto, 
vae. precisamente al trazar la burla de los libros decaballerias, en- 
Irt osadamente en la liza contra aquel mal gusto. Aun menos se las 
podrá calificar de aborto de una exuberante y juvenil fantasía, pues 
lípnojera mitad del Doy Qi'ijote apareció cuando Cervantes ya se 
■cercaba á la ancianidad, y la composición del gran Pkrsit.cs (á la 
(1>KÜ mismo consideraba como la mejor de sus obras), terminada 
■Innsnio tiempo que su vida, es enteramente de la misma clase que 
^Ronos serios y patéticos episodios del r>o!fl Quijote. Se las tilda de 
^de conexión con la obra, obieción que. especialmente á causa 
tóCt-Bioso ivii'KHTiNKSTK, sc manifestóva en tiempo de Cervantes, 
^íeexigjese conexión material que encadenase los acontecimientos 
Oído causa y efecto, como medio y objeto, de modo que lodo en 
*"<)< tendiese á realizar determinado acto, un casamiento quiris, ó 
•O^i^ ^tisfactorios. tras los cuales la mayoría de lectores 

j"*! uicz las tiiiimas hojas de una novela, entonces sí que 

wcamposicjón de todo el O'Híote sería sobradamente defectuosa, 
puciefu obra ainsixte en aventuras que en verdad .se derivan de un 
™wí»tBealo común, pero cuya continuación, considerada según la 
"**« nodón. es accidental : aventuras q ue tienen desarrollo y des- 

"■••<* por al solas y no conducen , i más 

No recordamos que nmgün critico haya caliticado Je extrafla A I,i 
^'*'»xíAa y de violentamente introducida en la f^disea, la historia 



2ia 



C«rv«iitcs juzgado por los cxtTBnjcros 



de los galanteos enire Mane y Venus; y, sin embargo, noiienf 
de común con la suerte de l/liscs que el Curioso impíihtinknté a 
la de Don Quijote 

Pura decirlo en dos palabras : en la verdadera novela, ó todo 
episodio ó nu lo es nada, siendo lo importante el que la serie del 
imágenes en su sucesiva aparición sea armtSnica, que fije la fanl 
sia ^'que no se interrumpa nunca hasta el fín del encanto. 

Si alguna novela ha reali^^adn esto de la manera más perfecta, i 
sido el Don Quijote. Tan pronto como la arrobadora impresión 
riqueza del conjunlo deja volver á la contemplación de las pan 
aisladas, cnlonccs se reconoce en todo al discreto artífice en la s 
pientlsima disposición y repartimiento. Desde el principio, ha 
chocar lasexa^eradas ideas del caballero con el vulgar mundo re: 
para no dejarles sitio alguno donde salvarse; esto ocasiona natun 
mente conmociones violentas, y están, por lo tanto, en su lu(íar 1 
aventuras desgraciadas y cruentas. Han deseado muchos que el a 
lor de la historia hubiese ahorrado á su héroe algunos de lus inHr 
tos palos, puñetazos, pedradas y otros golpesque recibe. V'erdad 
que la dosis es algo fuerte, pero resulta asi prmcipalmente por 1 
frecuentes repeticiones ; y, sin embargo, no habría sido medida pr 
dente repartir por igual en los cuatro tomos los porrazos delcah 
llcro andante; pues, fuera de que Don Quijote nunca hubiera t 
nido tiempo para sanar de sus heridas, debía llegar á alcanzar t 
estado de sublimidad, para lo cuul era preciso haber recorrido ant 
los grados de la mAs honda humillación. Y en medio y ulreded 
de aquella baja sociedad, la trágica historia deCrisóstomoanunc 
que el poema no abra/a simplemente esta sola fase de la vida, sii 
que también quiere presentar un cuadro general de la misma. O 
la entrada en Sierra Morena se abre nuevo campo de romántic 
descripciones, las cuales se van sucediendo unas á otras más este 
chámente, y al fin se convierten en arrobadora y armoniosa sinf 
nía de tiernas pasiones, hasta que el tono de la narración dcscien 
de nuevo á ser apacible diálogo, y con suave gradación se cierra, 
tomo tercero empieza, pianisstnio, y por medio de bríllaniesaveni 
ras, aunque entremezcladas siempre con infortunios, conduce á 
introducción de Don Quijote en el gran mundo y á las fantástica: 
abigarradas liccioncs con que, en la Cuarta Parte. la ajena maligí 
dad mantiene su ilusión. Las escenas de la vida de las clases ali 
forman ya aquí una poética antítesis, tanto, que no habia la mi«r 
necesidad de episodios serios, de los cuales Cervantes no se abst 
vo ciertamente por respeto á la pedantería de sus críticos; aunq 
las bodas de Camacho y la historia de la hermosa mora son verc 
dcras novelas. 

Pero lo que la naturaleza indígena podía prestar de atractiva 
caprichoso en la presentación, de atrevido y romántico en el fon 
y en la esencia, á saber: ora una sociedad que ameniza poéttcamc 
te los goces de la vida campestre con un disfraz pastoral, ora u 
ardiente doncella que presa de los más fieros celos ha n 



Cerv«[)t«t juzgado por lo» extf«njefo$ 



aa3 



amante, ora un bandolero generoso, ora un verdadero y poderoso 
caballero; iodi> esto se halla dispuesto con inagotable inventiva y 
pasa por delante del héroe con variada impresión, que unas veces 
es acjrdc y otras discordante con su íantasia. Se ha dicho c|u< la 
'^<irii; Segunda del QuijüTü era muy inferior á la Primera. La injus- 
ticia de este aserto aparece en el mismo instante en que uno se hace 
carfiüdc la relación de esta pane con eí todo y de loque en ella debe 
aperarse dada la naluralcia de la materia. DonQuíioieya no podía 
ni debía ch(x:ar tan violcnlanicnic como al principio con el mundo 
externo, y. para evitarlo, el poeta supo aprovechar la circunstancia 
Je que la Primera Harte de la historia había salido mucho tiempo 
antes; las locuras del caballero se presuponen ya conocidas^ y por 
consiguienioson más moderadas. Cuanto más habla durado la chan- 
za de ií mismo, tanio más, naiuralmente,se burlan los otros de él; 
á medida que la historia se va desarrollando, Don Quijote es más 

ftasivo y en consecuencia representa Sancho papel más principa!, 
leñando asi el vacío que de otro modo se hubiera hecho evidente. 
Vlacia el fin se observa en Don Quijote un estado como el del abati- 
miento ouc sigue á una calentura; la recién ideada apacible mania 
de establecer una arcádica vida pastoral, queyaen la Primera Par- 
le previo et Ama (tanto sabe preparar el prL>fético Cervantes), es 
casi su último canto; y su muerte, que, para quedar la obra satisfac- 
toriamente redondeada, debía ser tranquila, está pcrfeclamcntc 
traída. Y aun cuando comparemos sus graciosas aventuras, ¿qué 
ventaja tiene la de los molinos de viento sobre la de los batanes, y 
la batalla de los rebaños de ovejas sobre la destrucción de los títeres? 
Ninguna más que el haber acontecido antes. ^Yqué puede igualarse 
en íantasia y en arle al sucfto de la cueva de Montesinos? Con el pie 
forzado de tener que repetir muchas veces acciones y palabras de 
los (los personajes principales, ha sabido Cervantes ayudarse, cual 
áiesiro músico, por medio de infinitas variaciones; Sancho Panza 
tn la Segunda Parte se adelanta á si mismo y es aún mucho más 
'Iracioso que en la Primera.» 

(Ciaracierísii/ien und ííWírtcn.-Kftnigsberg, i&)i; i. 11.1 

*Los diíerenics períodos de la escena española pueden señalarse 
"^on los nombres de tres famosos escritores: Cervantes, Lope de Ve- 
?a y Calderón. 

'-as más antiguas ¿importantes noticias sobre ella se hallan en los 
fritos de Cervantes, principalmente en e! Quijote en la conversa- 
ción del canónigo, en el prólogo á sus últimas comedias, en el Viaje 
h^t Pahnas<( y luego diseminadas en otros pásales. En su juventud, 
^ab¡a alcanzado los principios del arte dramático en España, cuya 
P^brejia tanto en valor poeiíco como en aparato teatral pinta con 
r^cnio. Estaba autorizado para considerarse como uno de lus fuñ- 
adores de este arte, pues antes cjue él granjease inmortal gloria 
^n su Don Quijote, con diligencia había trabajado para la escena, 
¡^ Veinte ú treinta obras suyas (con tal descuido habla de ello) se 



imcs juzgado por los titlrenjeros 



representaron todas con aplauso. Pero no se aprovechó de esto; no hí 
zo imprimir ninguna, á pesar de su momentáneo ¿xiici, y, sólo po( 
hnco, se han hallado y pubhcado dos de e:>ios antiguos trabajos, (.¡ni 
de esum comedias, probablemente la primera escrita por Cervantes, 
el Trato de Argel, en la superabundancia de la narración, en la 
aridez del conjunto y en el deiicienic relieve de las figuras y de las 
situaciones, tiene aún huellas de la infancia del anc de aquella épo- 
ca. Pero la otra, !a destrucción de Numancia, estáá la altura del irá^ 
gicu coturno, y, por la inconsciente y no buscada aproximación á Ufl 
sencillez y grandeza antiguas, es un memorable fenómeno en ta hi^^ 
loria de la poesía moderna. La idea del hado predomina en toda ella, 
las lisuras aleftóricas que salen entre las ¡ornadas representan, de 
otra manera, casi lo que el coro en la tragedia griega : dirigen líi 
atención v templan el senliniíento. Un gran acto de heroísmo ticn^fl 
lugar, los más horribles trabajos se sufren con constancia: pero e^ 
el acto y son los trabajos de todo un pueblo, cuyos aislados miem- 
bros casi sólo como ejemplo se prcscntanj mientras los héroes ro^l 
manos aparecen cual instrumentos del destino. Aqui hay, diria yc^H 
un valhus espartano, lodo individualismo se funde en el sentimien- 
to de la patria, y por medio de una referencia á la reciente gloria 
guerrera de su nación, el poeta ha enlazado la historia anticua con 
la época actual. «> 

[iSber Jramutischc Kunsl und /.i/íeri3fLr.-HeÍdclb«rg, 1809; I. 11.) 

L'abbú de Felctz : i8o5-i8i2. 

«Europa entera, después de doscientos años de ilustración 
carrera de las letras, sólo nos ofrece tres buenas novelas en el géne- 
ro festivo y cómico : Üon Quijote, Gil Bias y Ton: Jones, y, si 
dable entre obras maestras designar categorías, confieso que colt 

caria al Dos Quijote por encima de todas las demás ; hay en' 

DowQutJOTE un numen de originalidad que solamente en grado muy 
inferior se halla en las otras dos novelas, imaginación mucho mas 
brillante, admirablcfccundidad de medios para prcscniarcscenas va- 
riadas y siempre festivas y para imaginar nuevos incidentes siempre 
divertidos en un cuadro que parece muy limitado y que le ofrece 
infinitamente menos recursos que el ancho circulo de una vida agi- 
tada por variados sucesos y ocupada por diversos estados, tal como 
!a que han recorrido los héroes de Lesage y de Fieldíng. Gtl lilasy 
Tom Jones son las producciones de dos observadores muy delica- 
dos, de dos hombres de talento; Don Quijote es la obra dcungenio^ 

Es un iour de Jorce quizás único en los fastos de la literatura!™ 
pues consigue interesarnos, durante una serie de tomos, en la lec- 
luradesinnúmero de extravagancias raristmas. Y Cervantes consi- 
gue aún más; consigue hacernos amar á esc loco,á ese extravagan- 
te; consigue que estimemos á Don Quijote. Su natural bondadoso, 
su franqueza, cortesía, desinterés, valor, ilusiones, placeres, penas, 
tristezas, todo nos atrae, todo nos interesa; su juicio claro nos ins- 




IIC- 

I 



CervinU'3 ivsffído por los extranjeros 



335 



TC con frecuencia; su buen sentido y su elocuencia nos encantan. 
lS^ Oé hombre hay más gracioso que Sancho, con sus proverbios, su 
'^^ *^l¡dad para con su amo, su ternura hacia su rucio, su senii-buen 
^ ■~»iÍdo que ichaco ver las locuras de Don Quijote, y su scmi-locura 
?!*-■ «5 le hace, sin embargo, esperar seriamente aquella niú/rfi/a insuia? 

n (Quijote no es tan s<^lo elocuente cuando es razonable y en sus bc- 



Xi, 



*'^Himas disertaciones cuando traía de materias ajenas ¿ lacnballcria 

^ ^dante; lo es también cuando intenta justilicar sus extravagancias. 

Todos los ariistas han sacado, del fecundo manantial de las gra- 

'^iosas fábulas de Grecia y de tas alegorías niitüló^ícas, los asuntos 

^esus obras y desús imilaciones; y ningún libro moderno, ningu- 

•la novela, sobre todo, ha compartida en tan alto grado esta gloria 

^fn aquellas invenciones de la antigüedad, como las fábulas ima- 

f:inadas por el autor del Don Quijote; lo cuat prueba, á m¡ modo 

<Je ver. que los caracteres están pintados en esta novela con más 

^originalidad que en lodas las domas, que los personajes están pre- 

:scntados con verdad más palpable y con colores que los pintan en 

la ima^^inaciAn de un moclo más fiel, y, en fin, que las escenas son 

más vivas y de más graciosa invención. I'ero no solamente á lospin- 

i(ires,fírabadores y otros artistas ofrece Cervantes excelentes motivos 

de imitación. 

Los escritores y sobre lodo los poetas cómicos hallarán en su obra 
excelentes modelos de chistes de buena ley. de verdad en los retra- 
tos y en los caracteres, de ingenuidad en los pensamientos, de na- 
turalidad en el estilo, y de agudeza y vivacidad en los diálogos; y 
creo que el inimitablcMoli¿re no se ha desdeñado de imitarle. 

La figura de Sancho es seguramente una de las más graciosas y 
divertidas y al propiotiempo de las más naturales y verdaderas que 
jamás hayan sido creadas por los mejores pi mores de costu mbres y 
racteres, y que se hayan representado en las comedias más aca- 
ldas y en fas novelas más ¡nj¡;eniosas 

Con estos dos personajes y con alfíunos interesantes episodios, 
Cervantes, en un siglo casi bárbaro aún ha tiegadoá componer una 
obra excelente, en la que se hallan enlazados en cada página los 
cuadros más cómicos con las más juiciosas reflexiones.» 

{Le Spícfaitur franfait úu XiX' siMe.-P»T\s, lítoS-lSia; lavols; l. III, ps. 403 
jtiguienies. Articalo i>jn Quicholíe, f¡rma<J»yl. y fechado i8<i« Febrero de tScHG.) 

Fricdrich Boutcrwcck : 1807. 

«Se ha dicho con frecuencia, aunque ciertamente no con ladcbt- 
pda madurez, ni tampoco ha sido expresado siempre bastante explí- 
citamente, que el noble caballero de la Mancha es el inmortal re- 
presentante de iodos los hombres extravagantes que, como 61, enlo- 
quecen á causa de un exagerado pero huble entusiasmo; porque su 
entendimiento, porto demás sano, no puede resistir los encantos de 
su propia ilusiión. la cual hace que se consideren como seres de un 
orden superior, Sólu un observador constante y experto de la huma- 



Tono 11 1 



>• 



m6 



Cftrv&ntes juzf^do por los extranjeros 



nidad, dotado de exquisito entendimiento, un genio, ante cuya pe- 
netrante mirada se descubre una de las más interesantes prufundt- 
dades del corazón humano, podía concebir con vif^orosa precisión, 
sin prepararse por medio del estudio de la psicología, la primera 
idea de semejante novela; sólu un talento tan poético como inf^enio- 
so podía desarrollar su concepción de esta manera y con poesía tan 
interesante; sólo un escritor qui^ tenía á su disposición toda la ri- 
queza de uno de los más hermosos lenguajes, podía dar á tal obra 
el clásico perfeccionamiento de la expresión, que os el sello defini- 
tivo de la excelencia del conjunto. La originalidad de Ja idea del 
Don Quijote no solamente se comprueba por la historia, ya que 
ninguna novela semejante se había escrito antes (pues las ingenio* 
sas historias picarescas, á modo del Lazarillo de formes, son otra 
clase muy distinta de novelas festivas), sino que también psicoló- 
gicamente es cierta; pues una tnieligencia inventiva que. para inven- 
tar, únicaincnie continúa desde donde utras han llegadu, no cumbi* 
nará en la ejecución, con la valentía de Cervantes, los elementos en 
apariencia más heterogéneos, para desplegar precisamente por este 
medio toda la abundancia de la idea que le inspiró. 

El carácter de la ejecución de esta novela cómica no es menos 
original que su invención. Hablo aquí del carácter en la más estric- 
ta significación de la palabra, pues las ligeras producciones de la Tan- 
taiiía, á que se dedicaban con predilección lo.s españoles ya en tiem- 
po de Cervantes, mi tenían para él suficiente Interés. Díbufarcarac- 
teres fué para él una necesidad, como lo prueban todas sus excelent» 
obras. Sintiendo esta necesidad, describió con admirable naturali- 
dad y acierto no sólo la rara hidalguía de su heroico Don Quijote, 
entusiasmado por todo lo que es bueno y grande, y mezclada acci- 
dentalmente con una relativa demencia, sino que mantuvo con nc 
menos fidelidad el opuesto carácter de Sancho Panza, sujeto vulgar 
nada simple, pero dominado por el más bajo egoísmo y ofuscad* 
por éste hasta prestar la más tonta credulidad á las promesas y es- 
peranzas de su amo. La mi.sma verdad y precisión se hallarán en 
todos los caracteres secundarios del gran cuadro. 

Un lenguaje sobrio, de ningún modo fantástico, pero decidida- 
mente solemne, como penetrado por el carácter del licroe, daá cstí 
novela cómica algo de imponente, que en genera! es sólo propiodi 
las más serías obras del arte y que, en verdad, no es fácil de vcrtet 
en una traducción. 

Este característico tono imprime al mismo tiempo á todo el cua- 
dro cierto poético colorido, por el cual el Quijote se distingue di 
todas las demás novelas cómicas ordinarias, K.'ite colorido poetice 
está todavía realzado perla distribución de algunos episodios cuyt 
esencial conexión con el todohaquedado oculta á los críticos, quie- 
nes sólo advirtieron paréntesis allí donde Cervantes hace eNpresai 
del modo más preciso el poético espíritu de su novela. 

Sin este felii: acorde del todo éntrela poesía propiamente dicha) 
la prosa, no habría llegado el Quijote á ser llamado el primer c lá- 



:r= « modelo de la novela moderna, iliulo que puede dársele con cn- 
r — A razón. Cervantes es quien primero transformó, en la verdadera 
» -^eladel mundo entero, aquella genui na novela de caballerías, que 
:sx~-^3m. una anfibológica producción del cntendimiúnTo y de la tnsípí- 
^^^^j^de los siglos medios. 

^Ciertamente que una de las intenciones de Cervantes, al escribir 
si <^uiJOTK, fué la de ridiculizar los libros de caballerías; pero no 
f> &_m «de suponerse que haya tenido el absurdo pensamiento de qae~ 
K~<^ wr~ probar su pernicioso influjo sobre el público, por medio de la 
Itixizr ura de un individuo que habría igualmente podido perder laca- 
k>^^-^sa Icyendi» á Platón ú á Aristóteles. A Cervantes le encantó la rí- 
es ■_■ «za que le ofrccia la idea de un exaltado héroe qucsecrce llama- 
cxc^ á resucitar la antigua caballería : hó aquí el germen de su obra. 
d^Li» ma poeta, comprendió cuánto partido podía sacar de este pen- 
s.^ «"-niento. 

Inventando una serie de situaciones á cual más cómica, pudo 
rr%. <z}slrar á cuánto alcanzaba la fecundidad de su imaginación; pero, 
£í.cl1 ^más, en I:) pintura üu estas situaciimcs reveló todo su talento 
p^o^Iico. 

£1 conocimiento de los hombres, que adquirió durante el curso 
el <£ una vida du cincuenta anos, le proporciunó un caudal de útiles 
*jfc>-s«rvaciones con las que recamó la sátira más hábil que se ha 
*^*^> «Dpuesto; y su novela cómica ha llegado á ser al mismo tiempo 
*-■ *~m libro de moral práctica como hay pocos.» 

K. ^itlíÁKhte der Spanisctien Lileralur; 1804.) 



&«:z5uchon Dubournial : 1807. 



■^La posteridad, siempre justa, reconoce hoy y proclama que Cer- 

^'^ «ites es el mayor genio del siglo .\v:. Ha llegado, por íin, á ser la 

^' ^^ria, mejor diremos, el orgullo de esta España, tan fecunda en es- 

^•~ i lores de ingenio; de esta España á la que ennoblece para sicm- 

'^_*^«y en donde, sin embargo, vivió oscuro, desconocido y desgra- 

. ^^^do. El objeto más manihesto de Cervantes fué extirpar, ridiculi- 

^^- rdolas, las mentirosas novelas de la andante caballería; gozó, 

* ^irtamcntc. del insigne honor de ver tropezar y caer el ídolo que 

^-* pluma atacó cuerpo á cuerpo; triunfo de que pocos escritores 

** Vicdcn vanagloriarse. 

Pero su vasto genio hizo que pudiese dar á su obra un interés de 



*=n efecto, es tan icliz y tan original en su concepción; tan perfecto 
^n su desarrollo y en su conjunto; es tan rico y variado en sus de- 
■^^allcs; provoca tan ciertamente el asentimiento del corazón, de! es- 
píritu V de la razón por medio de una moral suave, copiosa y tan 
Mnipática al hombre de todos los tiempos, de todas las edades y de 
todas las condiciones; apunta tas virtudes sociales con una joviali- 



dad tan h&biliUn gracioíai tan insinuante; e:;ctta tan & mcnado,; 
siempre á propósito, la risa y el regucijo; es, en fin, lan atractivo y 
á ia par tan divertido, que su reputación no podía menos de ser per- 
manente, á pesar de las malas traducciones que de este libro se ha 

hecho 

Como la Venus de Médicis, como la Uiada. como la Coturnt 
del Louvre, reúne el Quijote á todas las bellezas de detalle esta 
mirablc proporción entre el todo y cada una de sus partes que cons-" 
tituyc la verdadera bellexa, lo bello de iodos los tiempos y de tod( 
los gustos; tiene además, en eminentisimo gi^do, la doble propii 
dad, rarísima y preciosa, de distraer, interesándole, al sabio más; 
vero, y de hacer meditar, recreándole, al lector más frivolo.» 

( Prólogo de sü traducción francesa del QuiioTK.-Parfs. 1807.) 



Friedrich von Schlegel : i8i3-i8i5. 



todl 



«La novela de Cervantes debe su gloria y la admiración de _ 
[as naciones de Europa, de que goxa desde hace ya dos siglos, no 
solamente á su excelente estilo y á lo perfecto de su exposición, no 
sólo á que es ¿sta. entre todas las obras del ingenio, la más rica en 
invención y espíritu de inspiración, sino á que es también un cua- 
d rovlvido ycompletamente épico de la sociedad española y del carác- 
ter nacional. Por eso también tiene cncantoy valorsicmpre nuevos» 
mientras que tantas imitaciones que de ella se han hecho, lo mis- 
mo en España que en Francia y en Inglaterra, están ya completa- 
mente anticuadas y olvidadas, 6 se hallan en camino de estarlo 
pronto. Aquí tiene aplicación directa lo que ya dije en otra ocasíAa 
délas obras poéticas del entendimiento, esiocs, quecl poeta, en este 
género, debe demostrar su vocación y su derecho á todas las licen^ 
cías que se tome, por medio de la riqueza de poesia en los accest 
ríos, en la exposición, en la forma y en el lenguaje. Por eso, pu< 
no tienen ninguna razón aquellos que sólo quieren apreciar 
mera sátira en la novela de Cervantes, haciendo caso omiso de 
poesía. Esta, á la verdad, no es siempre del agrado de oirás nacio- 
nes, porque precisamente toda ella es de carácter españuj. Pero el 
que sabe transportarse á ese espíritu y sentir con él, hallará que la 
burla y ta seriedad, la agudeza y la poesía, están reunidas del modo 
más feliz en este rico cuadro de la vida, y que precisamente reciben 
una por otra su valor cabal y completo. 

Las otras obras en prosa de Cervantes en géneros ya conocidos^ 
una novela pastoral, las novelas ejemplares, y una novela de per< 
grinos que últimamente escribió, participan masó menos de los pi 
mores de estilo y de la exposición artísticamente ordenada del Qor^ 
jote; pero, no obstante, queda á éste la corona de la plenitud de la 
invención, y aquellas otras composiciones reciben su valor particu- 
larmente sólo por su relación con esta obra, la única en su clase, la 
que tanto más inimitable parece cuanto más ha sido imitada. Es 
enteramente exclusiva de la literatura 



loya 



i pan ota. 



CcrvBnib juzgaijo por iMCXiranjeros 



aací 



^ ^c:=:on razón pueden iosespüñolesestarorgullosos de una novela que 

"^ una completísima obra nacional, como ninguna otra literatura 

**• posee parecida ; la cual, como la más rica ¡mayen de la vida, de 

'^^^ ^^sscosiumbres ydcl infjcnio de la nación, puede muy bien compa- 

^^^~ ws« con un poema épico, y no sin razón la han considerado mu- 

'-^ ^~"» os como poema de un género completamente nuevo y original. 

X.a novela de Cervantes, á pesar de su elevada excelencia inierna, 

*^ ^"» llegado á ser un peli^rosn y tentador ejemplo de imitación para 

* =a. s otras naciones. El Don Quijote, esta obra de invención única en 

^v» clase, ha dado oriiieii á todo el género de la novela moderna, y 

^~%a engendrado una cantidad de desgraciadas tentativas de elevar á 

Va categoría de poesía la prosaica representación déla vida real, en- 

Xtc los franceses, ingleses y alemanes. 

Abstracción hecha de que a I genio de Cervantes le era posible mu- 
cho de lo que otro no podria hacer por imitación, cierto es que le 
eran más favorables que á sus sucesores las circunstancias en que 
describía v poetizaba. La vida real en España era entonces todavía 
más cabaücresca y romántica que en ningún otro país de Europa. 
Hasta la falta de rígido y perfeccionado orden civil, la libre y rústica 
vida de las provincias, no podían ser más favorables para la poesía. 
En todos los ensayos para elevar esta vida real española, por me- 
dio de agudeza y aventuras ó por medio de ingenio y excitación del 
sentimiento, á uno de los géneros de la poesía, vemos siempre á los 
autores buscando de una manera ú otra horizontes poéticos » 

(C«c*ííAwrf*raí/ír) und neuen Lilleratur. Varlesunf;tii gehallen ¡^w Wíen im 
Jahrt /8ij.-Wicn. i8i5i t. II, ps. loAá III.) 

«No sólo rogaremos con tanta eficacia como afecto al lector del 
DoH QtiiOTK, que considere á Cervantes como verdadero poeta que 
en la Primera Parte de esta obra parece haber derramao*» de una 
vez y en un momento de jovial prodigniidiul toda.i lus flores del 
cuerno de la abundancia de su franca poesía, sacada de su ingenio, 
sino también como genio que ha inventado y dibujado otras obra.*; 
completamente dignas de respeto y admiración, las cuales vendré 
día que hallarán su lugar en el santuario del arle novelesco. Me re- 
fiero ¿ la ingeniosa y deleitable Gala.tk\, en donde el juego de la 
vida humana está ordenado con discreto arte, sutil simetría y ar- 
tística hermosa trama, de eterna música y tierno anhelo, entre la 
cual se desliza. Es la guirnalda de ñores dé la inocencia y de la más 
temprana y todavía timida juventud. El sombrío Pkrsii.ks, al con- 
trano. desciende, lento y casi pesado por la riqueza de sus singula- 
res enredos, desde el lejano v tenebroso Norte hacia el cálido Sur, y 
Concluye serenamente en Koma, magnilico centro del mundo culto. 
Es el más tardío, casi demasiado maduro, pero, no obstante, toda- 
vía fresco y aromático fruto de este amable ingenio, quien aun en 
su últinio aliento respiraba pocüla y eterna juventud. 

Las Novelas no deben ciertamente posponerse á ninguna de sus 
obras. Quien no sea capaz de hallarlas divinas, tampoc4> podrá, de 



ninguna manera, entender bien el Quijote. Por eso también del 
rían ser traducidas inmcdiaiamente después de ¿ste. Pues de ese in- 
morlal autor debe leerse y traducirse ó todo ó nada. 

Así como ya se empieza á considerar á Shakespeare no simple- 
mente como furioso y extravagante poeta de las iempe,siade.s y pe- 
nas, sino como uno de los más intencionados artistas; ha de abri-^ 
garsc la esperanza de que también se tendrá al ^ran Cervantes, n^ 
por un mero facedor de chanzas, pues en loque concierne h la ocul-^ 
ta intención resultará tan previsor y artificioso como aquél: porque, 
sin conocerte, era su hermano y su amigo, parccicntlo que sus ge- 
nios se hubiesen encontrado en un mundo invisible para formar e^ 
ludo un amistoso concierto. 

Sólo otra observación haré sobre la prosa de Cervantes, y es qu 
en ella hay también poesía. Creo quee^^ita única prosa moderna que 
puede oponerse á la de Tácito, Uemóstenes ó Platón. Y es precisa- 
mente porque, siendo lan moderna, está tan artísticamente perfec- 
cionada en su clase como aquella antigua. En ninguna otra prosa 
hay en la colocación de las palabras tanta simetría y ritmo: ningu- ' 
na otra emplea las variedades del estilo tan completamcnlc como si ¡ 
fuesen masas de colory de luz; ninguna otra es tan fresca, lan vivi- 
da y tan representativa en las expresiones ordinarias de la cultural 
social. Siempre nuble y siempre ele^^anle, ora pinta la más aguda su^H 
lileza hasta el extremo, nra se desvia pronto en amenos juegos in^^ 
fantiles. 

Por esto también la prosa española es á la novela, que debe fan- 
tasear la música de la vida, y á los géneros atines del arte, tan pro- 
piamente adecuada como la prosa de los antiguos á las obras de Iü 
retórica ó de la historia. Olvidemos á ios populares escribidores fra 
ceses é ingleses, y a.spi reinos ¿ aquellos modelos. 

Entiéndase bien que hablo de la prosa de Cervantes. Porque ést 
aun en esie punto, fué también único. La prosa de su comempur; 
neo Lope de Vega es tosca y vulgar, y más tarde la de Quevcdo ás- 
pera y dura, ya por lo exagerada, ya por ser de un artificio apen, 
soportable.» 

(WCT-Ac.-Wicn. iflai.) 

J. C. L. Sismonde de Sismondi : r8i3. 

« llegamos á uno de estos hombres cuya celebridad no cabe 

en los limites de ninguna lengua, de ningún país; de estos hom bres 
cuyo nombre vivirá tanto como el mundo, purquesu reputación no 
queda sólo entre los sabios, entre las per.sonas de gusto, en un de- 
terminado estado de la sociedad, sino que se extiende á )a masa en- 
tera de todos los que saben leer. Se comprenderá, indudablemente, 
que me refiero el admirable autor del Don Qijuote, á Miguel de 
Cervantes. F.n ninguna lengua existe obra alguna en que la sátira 
sea más delicada y más festiva al pmpio tiempo, en que la invcr 
ción sea más afortunada ni se haya desarrollado con más agudo ii 



Ccrvanics juzgado por los exiranjeros 



a3l 



gen ¡c3. Solamente Cer\-anies posee e! don desosteneral mismo liem- 
P<> el interés yclchi.s!e, de aunar ia vivacidad de la imaginación que 
naco del tc|idü do las avent unís, con la vivacidad dül espíritu que se 
desa rrulla en la pintura de los caracteres. 

I -a invención fundamenial de Don Qi'ijotk es el eterno contraste 

*-''^tr<; el espíritu de la poesía y el de la prosa 

La conclusión que naturalmente se deduce de este libro esque el 
*^*^''< JÍsmo, ¡levado á cierto grado, no solamente es perjudicial á aquel 
^y e le mantiene en si. sino que es igualmente pcüfíroso para la su- 
*'^*i«iad cuyo espíritu O instituciones contraria y en la cual introdu- 
*^'= el desorden. 

, V*er<), niieniras una .sátira que tratase la materia lógicamente sc- 
^*^ tan triste como degradante para la humanidad, una sátira escri- 
**■ sin hiél puede ser la obra más divertida del mundo 

* 

Esta idea primitiva del Don Quíjote no es el único objetivo de 
Cervantes. Puso lambiC-n en evidencia lo absurdo de los libros de 
^A ballenas, en los cuales lo que causa interés es puramente una en- 
■"irmedad de la imaginación, por lu cual se crean hechos y caracte- 
res que juntos no pueden existir. En esta empresa, Cervantes logró 
éxito completo. El vigor del talento de Cervantes .se despliega espe- 
cialmente en lo cómico, sin ofender nunca ni las costumbres, ni la 

religión, ni las leyes 

El carácter de Sancho Panza forma admirable contraste con el 
de su amo. Mientras Dan Quijote se ha vuelto loco por seguir la ÍÍ- 
losotla del alma, resultado de los sentimientos exaltados, Sancho no 
obra menos locamente tomando por regla esa lilusofia práctica de 
la utilidad calculada, cuya quinta esencia son los proverbios de to- 
das las naciones. La poesía ylu prosa están, pues, igualmente ridi- 
culizadas: si el entusiasmo está representado en Don Quijote, el 
egoísmo !o está á su ve/, en Sancho. 

La invención de la fábula general del OonQuiíotüv la invención 
de cada una de las aventuras, todas eslabonadas, es un prudigío de 
donaire v de imaginación: y como la propiedad de esta última facul- 
tad es crear, Don Quijote y Sancho, el ama y el cura, han tomado 
en nuestra imaginación, en la de todos los lectores, un lugar que 
ocuparán para siempre. Esnafía se nos presenta revelada, y conoce* 
mos mejor á esta nación on^inal por et Quíjote que por las narra- 
ciones y observaciones del viajero más escrupuloso. 

K\ estilo de Cervantes en el Don Quijote es de una belleza inimi- 
table, de que no puede dar Idea ninguna traducción. 

Comparando la Numancia con /-os 7*erííís ó con *ProiíiWeo, qui- 
zás nos sorprenderá hallar mucho.s rasgos parecidos entre los dos 
genios que los han creando; quizás hallaremos que la grandiosidad 
de los sucesos descritos, la profundidad de las emociones excitadas 
sin dirección, la naturaleza y el lenguaje de las liguras alegóricas 



Jja 



Ctrvnntea íu2((ado por lo» «xtran j«fos 



presentadas en escena, el objeto patriótico, finalmente, de las co 
posiciones, aproximan el más antiguo de los trágicos españoles 
más antif^u'j de los trágicos griegos, más de lo que una volunta 
imilación lo habría efectuado. 

En su comedia Ei. Trato de Argel, únicamente se propuso 

Ccrvanlcs presentar ante el público la vida de Ai^el y el intcriur 
los baños, sin preocuparse de la unidad ni de la irama, ysí sólo re 
nir bajo un mismo punto de vista todos los géneros de maniri 
todas las humillaciones que surrian los cristianos cautivos de 
moros. 

Hlstas dos obras de Cervantes están aisladas en la literatura espa- 
ñola. Dcspu6s de i\ no se ha vuelto k ver la terrible majestuosidad 
que reina en la Numancia, la sencillez de acción, la naturalidad en 
el diálogo, la verdad en los seniimicntos. 

Lope de Vcfja llevó al teatro un estilo dramático nuevo, y el pú- 
blico, cautivado por el interés de seguir un enredo en sus mil re- 
vueltas, se cansó de las emociones fucricsy profundas que no teniai 
el interés de lo inesperado. El mismo Cervantes siguió el gusto n 
cional cuando, más tarde, ya viejo, compuso ocho comedias que n< 
gustaron; y el Esquilo español no tiene más que una sola creación 
dramática.' 

Cervantes poseía en grado eminente el talento de novelar, y á él 
debe la inmortalidad que ha alcanzado; sus más célebres obras son 
novelas, en las cuales la invención esiáaún más real?;ada por los en- 
cantos del estilo, por el feliz arte de disponer acertadamente lus su- 
cesos y de presentarlos con claridad á los lectores. Compuso doce 
Novelas eiemplares, llenas de gracia. Lo mismo que el QciiOT^jH 
estas novelas nos transportan á España, nos hacen vivir con los ca^^ 
panoles y nos introducen en sus hogares y en sus corazones; su gran 
variedad nos demuestra hasta qué punto su autor era igualmente 
dueño de emplear todos los colnres y todos los toques.» 

(Oe ia lintralure du Midi de f E'irope.~PaT\&, 1813,^ vo!s.; 1. 11!, ps. jag 443 

John Dunlop : 1814. 

«El Qlmjotk fué escrito con la intención de ridiculizar la manf 
de aquellos que, descuidando otro.s estudios y provechosas ocupa- 
ciones, empleaban el tiempo en la composición 6 en la lectura de 
libros fabulosos. En la obra de Cervantes se ve una gran novedad 
de plan, y se ofrece al lector una clase de deleite que ninguna cun>^^ 
posición anterior produce. ^| 

Experimentamos infinito placer viendo primeramente los objetos 
tales como son en realidad, y en seguida tal como están metamor-^ 
foseados por la imaginación del pnitagonisia 

El gran mérito, empero, de la obra de Cervantes consiste en 

ftrontitud con que concibe y la gravedad con que sostiene las m^ 
antásticas y absurdas ideas, pero ideas que siempre tienen algun^ 
analogía con los aventuras de las novelas de caballerías. . . . 



Ccrvantc» jui^do por lo» extrKnierM 



333 



Cervantes ha asignado un doble carácter á Don Quijoic, que es 

^-«n humbre de sano juicio y buen sentido en general, pero que dcs- 

Vsarra al iraiar de asuntos de la caballería. Sancho también contic- 

*^c en sí diferente disposición, según obra bajo la influencia de ia 

l^ocura de su amo ó por su propio natural impulso.» 

i7*A* Hitíoiy cf Ficthn.-EóinbvTfi, 1814:3 toIs. H.'; i. III, ps. í>5ystpui«me5.) 

Lady Harriet K.ier\van : i8i5. 

í^trmm^K{Vldade Córranles) h«t>l« en Im ^ifiuiento l¿rmÍno& de loi juicio» 
«nitid(H> por cMa dama inglesa en una Dtítriación que le fué pramiada por la Anrf 
icajcmia frlundaa: 

«Mace de Cervantes !os mas juiciosos elogios, manifestando la 
oportunidad y eficacia de los medios que adoptó para corregir los 
vicios de su tiempo, y el tino y fuhcidad con que lo consiguió; la- 
mentándose de que estas armas de la ticci^n, de la ironía y de la 
burla, manejadas por él con tanta maestría y discreción, hayan cal- 
do después en manos de escritores perversos ó corrompidos.» 

i Dissertaihn apon Ihc In/iuena: of kñioricat Ftctioii on Me Cmloms ami Habits 
Qftht Moderm : Tramacdont of tkt Hoyal iritk Academy , v. Xtl.-DuMin, i8i5.í 

William Wordsworth : i8i5. 

«Don Quijote no me causa lástima; antes creo que menrcc vene- 
ración un ser tan noblemcnic ocupado; yopino que la razón anida 
en el recóndito y majestuoso albergue de su locura.» 

(pretude; i8i5; libro V.) 

Charles Lamb: 1818? 

«En verdad que debe de estar aprisionada sín esperanza en los 
ignominiosos lazos de la superficialidad, el alma que en sus mejo- 
ras momentos no se haya figurado alguna vez la imagen del mag- 
mánimoy perspicaz Don Quijote libertada de la profana compañía 
de un Sancho ó de la vulgar muchedumbreque le sigue tras los cas- 
cos de Rocinante,» 

l Essays ; atondan Magatine*; iSiS?) 

A. Anaya : 1818. 

« la más celebrada de todas esas novelas es el Don Qüiiote de 

%.K .Mancha. Son tan conocidos los méritos de esta obra, que es inne- 
cesario los repita. Sin embargo, á todo lo que sobre esta materia se 
ha dicho, aAadíré que todavía están por descubrir muchas de las be- 
llezas de este libro, puesto que debe forzosamente suponerse que la 
intención de Cervantes no fué meramente criticar lus libros de ca- 
ballerías, sino también las costumbres de :»u tiempo, que noseatre- 



Toooltl 



SI 



»34 



Cervantes juzgado por los «xtranieroi. 



vj6 á describir más abiertamcnic. Siiuvícscmos la clavcdeestoss^y 
cretoji, la excelencia de esta obra quedarla aún más realzada. ^H 
Las Novelas de Bocaccio y de Cervantes son lo meior que en cst^^ 
género se ha escrito; ambas contienen descripciones de sucesos y 
accidentes acaecidos en la vida de sus autores; ambas son retratos I 
fieles y correctos de las costumbres de lo^ hombres en general, y I 
en particular de los del liennpoen que aquéllos vivían; pero con esta 
diferencia: que las novelas de Cervantes no deslustran su titulo de 
ejemplares. Más aiin : el estilo de Cervantes está exento de los de- 
fectos que Denina y otros críticos han señalado en el novelista Ita- i 
liano.» I 

(ÁR Etsay on Spanah Littralure. London; rSiS; t3.*; p. 48.-Anaya erce digna 
de ser atendida \t opiniAn de Nasarrc en lo de que Cervanles adrede habla com- 
puesto dtsparaiadamenie sus comedias pamburliir&c de las que entonces se esc [íbtaa, 
llenas de absurdos y derecios.) ^Hlri 

Walter Scott : 1812^1824. ^^H 

Sir Walicr Scolt celebró mucho & Cervantes, de quien dijo que habia sido un | 
maestro, que en lodos los dias de su vida no dejó de leer sus novelas jr que el Qin- 
lOTB era una de las nWas iniís esclarecidas del ínj^cnio humano. 

En todas sus obras, no cesa Sir Walter Scott de manifesur su amor y su admi- i 
racián hacia Cervantes y sus obras, citando repciidísimas veces á Don Quijote y i 
Sancho, y haciendo ¿ cada paso oportunns alusiones k los pasajes de la inroorul 
novela. En otro lu^ar doy muestra de al(;unasde estas lelices reminiscencias. Aquí 
pondrá iiio purte de los juicios del cílefcre escritor cscotís: ^i 

« la ironía seria del autor del QutioTE es una especial cuaU^| 

dad de su genio á que algunos pocos se han acercado, pero que na^^ 
dicha podido alcanzar ni con mucho 

Cervantes había dado el ejemplo de variar una narración lar- 
ga por medio de episodios é historietas. Scarron y otros siguicroajij 
este uso, pero con menos suerte y discernimiento que Lesage JÍI| 

el tipo del picaro fué objeto de prelídccción para la musacj^l 

pañola. El mismo Cervantes lo tocó en la novela de Hikcohete^^ 
Cortadillo, en donde muchas escenas de la vida común están pin- 
tadas con todo el vigor de su talento 

Fielding sobresalió en la ironía seria, especie de donaire cer- 
vantesco al cual no siempre alcanzó Smollett.» 

\,lÍiographkai and crtticaí Notices of eminent A'oMfi^f.-Londoa, iSai.-ArttcU^^ 
los Laagt, Smotleii y FieUing.) j^| 

«Las aventuras de los caballeros andantes de aquel periodo {La 
Jacquerie)^ se aproximan á las de Don Quijote, quizá más de lo 
que nuestros lectores creen. Si bien el héroe manchcgo estuvo en 
retraso, tal vez de dos siglos, en su tarea de enderezar tueria!...../' 
sin embargo, á una distancia no muy grande de la ¿poca de la inu 
mitable novela de Cervantes, ocurriiéron hechos reales de una Indt 



Ctrv&axts juzgado por los «xiranjeros 



ajS 



le casi tan extravagante como las aventuras que Don Quijote aco- 

< ^ssay on Chiralry, 1818.) 

•«« L.OS libros de caballerías ya de$ravorec¡dos cayeron al 

ñn en completo desprecia, azotados por la sátira de Cervantes.» 

« Meditando sobre la obra inmortal deCervantes, no puede uno 

rnenos de imaf^inarse que la patria de Don Quijote ha debido de ser 
la verdadera cuna de tudas las üccioncs. Y sin embargo, España 
fué uno de los países de Europa más tardíos en la vulgarización de 
las novelas; pero diú nacimicnlo á un género quesc popularizó tan- 
to como todos los que le habían precedido. El Amadisde Gau¡a dio 
Quevo impuLsü k Ia.s hi.sU)ria.s caballerescas, y aun hizo olvidar las 
francesas que más éxito habían alcanzado en Europa; hasta que las 
aventuras del héroe manchego contribuyeron poderosamente aba- 
cerías pasar de moda». 
I y\ n Essay on Romana, 1834.) 

,« - - ...que no solamente la cuna vía tumba del hombre de genio, 
«rio también las escenas que para la acción de su obra ha elegido, 
queclan agradablemente impresas en nuestra memoria y ofrecen un 
"scinador encamo á nuesiros oidos y á nuestros ojos, se probó re- 
petidas veces durante la guerra peninsular (contra Napoleón) 

'os mismos franceses trataron benignamente al Toboso porque dio 
nornbrc á Dulcinea, y los fatigosos desfiladeros de Sierra Morena 
Parecieron suaves á los lectores de Cervantes, pues, á cada revuelta 
acl Camino, ante los paisajes que con tan exquisita verdad y tan fc- 
''^•^entedescribió, esperaban ver aparecer al valeroso caballero an- 
attntc con su fiel escudern, o la hermosa Dorotea vistiendo el traje 
^^ rriancebo en que la sorprendieron bañándose los pies en el ria- 
"<-«Qlo. ¿Tal es la prerrogativa del genio!» 

í '*o«(,ca/ Cri/icimí ; iri. XIII : ChiUe ílarold. 1818.) 

. J^^^ncluiré «le jirilculo, conftiftnaindo que Sir Waliír Scou puso en boga lasps- 
*'^Sí quijotismo, <}uiÍQtcsQO, quijoterta, cn su sentido más digno. 

^^1- Schmidt : 1818. 

5 "^ I^a última obra del gran Cervantes, Los tpabajos de Persilest 
, *^*EíMiJNDA, parece que indebidaincntc ha sido cn todas panes poco 
-^*~<*c¡ada. Y, sin embargo, noconocemos ninguna novela espiritual 
j- ^* con ésia pueda compararse. El amor celestial unido con el más 
^ .'^'^o de los amores lerrcnales. purificados por miles de trabajos, 
„ ' * I ando siempre en la noche del mundo vulgarque los rodea, lle- 
' ^<Xiy finalmente á la contemplación de lo por largo tiempo espe- 
jj^S*t>,éste es el e|e alrededor del cu.il giran los diferentes aconieci- 
**^ titos de la vida, las aspiraciones y los móviles de la acción.» 
^ ^^^isrügc \tir Gaehithu íier romaniitcke Pottie.-\iit\\a, 1878; p. 17»/) 



236 



Cerr«ates juzgado por los extranjcrot 



Miss Smirke : 1818. 

«La verdadera esencia del Quijote, en cuanio se refiere á los IH 
bros de caballerías, es poner de manifiesiosu falsedad y extravagai 
cía, comparándolos con hechosque muestran el orden real y natural 
de las cosas verdaderas, y enseñando cómo probablemente se cali- 
ficaria un personaje real que quisiese absurdamente imitar las prác- 
ticas y adoptar las maneras y sentimientos de los fantásticos héroes 
de las novelas románticas. Pero, meditándolo todo, comprendió el 
Autor que tal asunto debía ser narrado exactamente como si se ira- 
tase de describir cualquiera otra serie de circunstancias contcmpo^^ 
raneas de aspecto igualmente ridiculo ^M 

Como Cervantes no era enemigo de todas las producciones caba^* 
llcrcscas, sólo dirigió sus ataques contra lasque no tenían ni sentido 
común ni ingeniosidad. Podía admitir lo maraviHoso. pero no U 
monstruoso, y contra éste disparó los dardos de su sátira. Sin em- 
bargo, aprovechando la oportunidad que se le ofrecía, hizo salir d< 
la caballería á su campeón, no sólo para derribar los absurdos d6< 
osle género de literatura, sino también para arrollar y abatir toda 
otra clase de extravagancia que en su camino encontrase, y para di- 
fundir la verdad sobre gran diversidad de asuntos. Ridiculizó, pues, 
de un modo unívcrsalmcntc aprobado, ciertas obras de la litcralur^H 
que eran del gusto general, (jy cuáles fueron los fundamentos de su^ 
anatema? 1l1 ser aquéllas y'ci/sas é invero&Uniles. Asi, el extraordi- 
nario éxito y popularidad de su sátira contribuyó mucho al progre- 
so general de la mejora intelectual que había entonces principiado 
en Europa, y á la introducción de lo que entonces era ciertamente 
una novedad en el mundo liierariOi el deleitoso sabor de lo natural 
y de lo verdadero.» 

f Prefacio i su traJuccián inglesa del QuixoTR.-London, ifliS; 4v0ls.fi.") 

Samuel Taylor Coleridgc : 1818. 

«El prólogo de la Segunda Parte del Quijote es modelo perfecto 
de suave é inteligible ironía, comparable con lo mejor que pueda^ 
leerse en el Taller y en el Spectator. Dotado Cervantes de igual n^^| 
turalidad, aunque de mayor elevación que Addison, entreteje, á la" 
manera delicada deSwift.su exquisito estilo copioso y rítmico, con- 
trastando con él por la placidez con que su inteligencia superior 
observa las extravagancias de la humanidad, á despecho de la tra- 
bajosa vida que le atormentaba, pareciendo siempreimpulsado por 
este único pensamiento : « ¡ Hermanos míos, os quiero, á pesar de 
todas vuestras tulpas!» Es como la madre que corrige al hijo á 
tornen ama, y, mientras con una mano levanta los azotes que locas ' 
tigan, con la otra le seca las lágrimas que le hacen derramar. 

Un español de maneras distmguidas, hidalgo liel á la religión 
al pundonor; estudiante primero y luego soldado que perdió un brí 
zo en el combate de Lcpanto; cautivo que sufrió la esclavitud nusólo 



Cervantes juzgado por los extranjeros 



2J7 



^un valor sino con ánimo alegre, y por su innata superioridad do- 
*n¡nó é infundió respeto á su feroz dueño, y al fin llevó á cabo la 
junoíu) larea para la que había nacido: conquistar fama impcrece- 
«Icra. ¡Tal fue Cervantes! El mundo fué para él un drama...., pin- 
iú solamente lo que conocía y lo que habla observado: pero la ver- 
«Jad es que conocía y había observado mucho. Su imaginación se 
hallaba siempre pronta á recomponer y modifiair el mundo de su 
experiencia; y aun que las dcliciax del amor novelaba, conivcrvó 
siempre inmaculados los preceptos de la virtud. 

Los mayores genios creadores del mundo moderno son : Dante, 
Shakespeare, Cervantes y Babclaís.» 

{Cerranles : Conferencia dada en iSiÜ.) 

«Sancho respeta á su amo al mismo tiempo que [e está enga- 
ñandu.> 

{Coltridget WorAi.- New- York, 1874; l. V|, p. 411.) 



Friedrich Barón de la Motie-Fouqué : i8iy. 

«Tarea fácil es enumerar en la obra de Cervantes, el Don Quijote, 
las muchas excelencias que ta hacen merecedora del elevado lugar 
que ocupa en la literatura de casi todas las naciones modernas; pero 
si bien el excelente hidalgo de la .Mancha forzosamente habla de 
atraerse la simpatía y captarse el amor de muchos hombres, hay» 
iin embargo, en la exposición de este carácter, condiciones exterio- 
tí:\, precisamente difíciles de orillar, que por otro lado se oponían 
¡i aue se extendiera muy ampliamente la admiración hacia sus ca- 
ballerescas empresas. 

Y ahora, pregunto yo: <qué es lo queh:i {íranjeadoalQtnjoTE es- 
los universales Tauros? No ciertamente el interés del asunto, que pa- 
rece combatir especialmente la novela. Cuando Cervantes escribió 
su poema, ni en la misma España, el país más caballerescamente 
fantástico del orbe, indudablemente que ningún hombre pensaba 
Ya en la continuación ó en la resurrección de la caballería andante. 
Hasta una gran parte de lo divertido del conjunto estriba justamen- 
te en la enormidad de la ¡dea, esto es, que un hombre pudiese ex- 
poner su vida porquerer resucitar una cosa que había llegado ya á 
'^cr desconocida, y que. lleno de extravagante perseverancia, arros- 
trase la inmediata é incesante resistencia déla realidad. Pero, ahora, 
habiendo la obra empezado y terminado su gran viaje por Francia 
4 través de toda Europa, no tan sólo ya no encontró caballería an- 
clante alguna, sino que halló, ¡oh desgracia!, toda caballerías ida d 
yacer por el suelo presa de una tísica debilidad aparentemente incu- 
rable. Don Quijote combatió en rivalidad con muchos, ¡demasiados!, 
TTiolinos de viento y fantasmas. Esta mera lucha, empero, no entre- 
tiene por largo tiempo al espectador, á no ser que un principio en- 



Cervantes i usgado por los estranieroft 



teramenle caracleHstico é intrínseco la vivifique y la convieria er 
una malcría de interés universal. Este principio creo haberlo halla- 
do en Don Quijote, y consiste en que nosotros, — séame permitido 
pronunciar &in rodeos la palabra, aunque parei^caalgo descortés, — 
nosotros, en cierto respecto, somos parecidos á ¿1. El espíritu c*'* 
que está poseído el infortunado héroe, podía decirnos como el Ame 
de un poeta francés, creo que Voltaire : 

*Qui que tu sois, voici ion maitrel 
II l'csl. ti lejut, ou doil í'ílre.» 

Pongámonos la mano sobre el corazón : ^Quiénde todos nosoír 
no ha representado vn determinada época de su vida un deiermí^ 
nado papel que no le era propio? Lo mismo en la época de la ado-* 

lescencia que en la edad provecta Asi como Don Quijote estaba 

ya por completo en la madurez de sus años cuando salió de su casa 
para resucitar la caballería andante, halló también bastantes com-^ 
pañeros entre los hombres, y hasta entre los ancianos, y sucede <fl 
muchos, como á él, que se creen curados cuando truecan un don-^ 
quijotismo con otro; como el hidalgo de la Mancha trt>có la caballe- 
ría andante con ta vida de la pastoral Arcadia. ^M 

Pero, alguien quizás me preguntará: ^De este modo, jamás puede 
uno estar seguro de si su entendimiento va recto ó torcido ?Ccrvan^ 
tes para esto ha sentado un crjicrio, ó más bien dos. ^ 

En primer lugar : cuando I")on Quijote, ya célebre á causa de su 
fantástica manía, es recibido en el castillo del burlador Duque con- 
forme á todiis los usos de la andante caballería, entonces y sólo en- 
tonces de todo en todo conoció y cre-fó ser caballero andante verda- 
dero. Todos sabemos cuá mas. coaas monstruosas soportóantesácau* 
sa de esta convicción, cuan infatigablonicntc su imaginación supo 
tapar con la capa del honor aun sus aventuras más afrentosas, cómo 
su ánimo hizo que no retrocediese un solo pie del camino ya em- 
prendido! Y, sin embargo, siempre creyó sólo á medias en la ver-^ 
dad de su empresa hasta aquel tentador momento, tardíamente ve^| 
nido! ¡Oh, qué tremenda verdad! El hombre observador de si mis- 
mo reconocerá al momenioqucá menudo se ha hallado en parecidas 
situaciones ^M 

El segundo criterio que Cervantes presenta, y el cual realmente 
devuelve la razón á Don Quijote, es de índole muy seria, casi triste^ 
Es el aspecto que en la hora de la muerte toma ante nosotros 
mundoy nuestra aspiración en él. Entonces cae verdaderamente pt 
entero todo lo que era mentira en nosotros; pero, pudicndo est 
calda llegar á ser muy dolorosa y tal vez muv terrible experiencia, 
procuremos de<^pcÍarnos á tiempo, no sólo (íel pecado actual, sino 
también de la locura de polichinela que á nuestra propia vista quiere 
hacernos pasar por titro ser de lo que somos! 

Así, pues, conoceren el último instante : «¡Tú no fuiste jamás «i 



C«rv«ntcs juzgado por los cxtranicros 339 

tu vida ni verdadero caballero andante ni verdadero pastor de la 
Arcadia!», ¡es icrribley doloroso pensamiento!» 

(C«<r/&Ate, Biliicr und Ansichten.-Uvipa^, ittig; I. II.) 

\Vi 1 helm von Humboldl : 1821. 

« F*ara conocer científicamente una tierra cxiranícra, rara vez se 
necesita visitarla; pero para comprender propiamente una nación 
extranjera, para hallar la clave de lo que en cada género la caracte- 
riza ^ para entender perfectamente á sus escritores, es ncce:urÍo ha- 
bcrljx visto cun los propios ojos. Quien no haya visto nunca un 
arriero español con el odre sobre la caballería, el asno, sólo se for- 
mar-A una imagen incompleta de Sancho Panza; y Don Qt'ijüTK, sien- 
do» cromo ciertamente es, un modelo insuperable de verdadera des- 
cripción de la naturaleza, será, sin embargo, sóloenteramento com- 
prensible para quien haya estado en persona en España y haya 
yÍvÍ<jo entre los individuos de las clases que Cervantes pinta. Lo 
'^^j^ortante es precisamente ver todas las cosas en su tierra, cada 
objeto en su enlace con los otros que le sostienen y al propio tiem- 
po le concretan. ,;Tiene comparación n¡ similitud un naranjo ó una 
P^^mera de nuestros invernáculos y jardines artificiales con tos que 
^^ <:>smntan en la afortunada huerta de Valencia y en los bosques de 
P^^tneras de Elche?» 

C.fxdnríR da rcckerchtssur leshabi¡anttprimilifidet Etpagne.-htTWn. iSai ;4.*) 

*^Crcy B. Shelltíy : 1821. 

^ «He leído la Numakcia, y, después de pasar la singular tontería 
^ ^I acto primero, comenzó á gustarme y al fin me interesó en aliu 
^rado ta potencia del escritor para excitar la lástima y la admira- 
ción, en lo cual apenas conozco á nadie que le a ventaje. Confieso que 
^n este drama hay poco de lo que se llama po€S\a\ pero el imperio 
^cl lenguaje y la armonía de la versificación son tan grandes, que 
^nü llega á figurarse que todo es poesía.» 

( The Prose Worki 0/ Pcrcy fíyuJit Sheitey. -Londoa, i88o.-C*rti cscriía en Pl- 
*^«el 19 de Abril de lítai y citada por Fiizmauric«-K.e)ly.) 

X-ord Byron : 1821. 

« 

43c buena gana enderezaría los tuertos de los hombres y preferirla 
prevenir los crímenes antes que castigarlos, si Cervantes no hubiese 
demostrado, en aquella demasiado verdadera historia del Quijote, 
^uán vanos son tales esfuerzos. 

Es la más triste de todas las historias, y es aún más triste porque 
nos causa risa; justo es su héroe y todavía va en busca de la justicia; 
«lominar al malvado es su único propósito, y U lucha desigual, su 



343 



Cervantes juzgado por lot extnnJerM 



Gabriel Peignot : 1823. 

Cn el articulo Qutvtdo. da varias noticias referente» al Quirom, cu^a popLX I 
dad con!>ígna con admirnciún, y dice : «Qtievedo era en ul manera 8p«wona<3 ■<r> ^^ 
QiiiiorK de Cervantes, que. cada vez que lo leía estaba tentado de qucmai la^ rs u. 
merosas obras que 41 hahía eonipue<>to,« 

«El Don Qiiiiotc es, ciertamente, la novela más original y más 
festiva aue t-xistc; la locura seria del caballero de la Triste Kip* u rs 
y los chistes de Sancho, son inagotable manantial de donairc>, q xst 
hacen reír, aun sin quererlo. Las historietas entremezcladas er> <) 
libro le dan un nuevocncanto; la novela I£l Curioso lMrEHTiNK:i>;-rT 
es uno de los mejores trozos de Cervantes.» 

(Manuei du Dibtiophitt: arlkuloCERVAfiTKs,-Diíon, 1633; at&. 4.*} 

Le Colonel Borj' de Saint-Vincent : 18... 

«Esta admirable historia (Don Quijote) nosólo ofrece una de I su 
más afiradables lecturas á que puede entregarse iodo espíritu ilus- 
trado, sintt que además tiene ta particularidad de prcisc-mar el cua- 
dro exacto de las costumbres y de la tisonomla de España talcomo 
se ven todavía en la actualidacl.» 

Dice luego, ctiuivocada v tontamente, que cl aspecto del pah eü el mismo r cu ^* 
K hallan las nnsmas gente*, habiendo RoquetGuinan-fyPaumorties.querjtr*^^" 
fU profestAti exactamente como en tiempo del tJUimo de los caballenuiadiiis^^^' 
IX-fcpuís, afladc, con mejor criterio : 

«£s lal ta ñdcltdad en la pintura de los lugares, que se puede ^-^^ 
poner que el autor, para dar aspecto completij de realidad i ur» ^^\ 
aventuras de pura invención pero muy posibles, más de una s^^^^ 
compuso sobre cl terreno.» 

{Etiuéio iotrt t¡ liimeraria de Don Qnifole.) 



L. Simón Auger : 1825. 

«I,a locura Je Don Quijote se limita á un solo objeto, lacahall 
rln andanltf ¡ en todos los demás asuntos su juicio es perfectameoí 
sano. Se trata de ese género particular de enagenación mcnulque 
en estos último.'* tiempos, se ha señalado con el nombre de nti: 
mdnf'i. EsiA enteramente conforme con las obser%'acÍones más 
Itálicas y i'iAs ciertas que sobre esta enfermedad mental se han he 
cluí NoNC limita á turbar la inteligencia, sino que parece tambiéc 
que altera los (Sr^anos exteriores. La imaginación de iXjn QuifQ*c= ^^^ 
•Cúinodando á su ilusión todas lascosas que pueden presurseáeg a' i^^ 
Mpecic de transformación, no solamente de una venta hace uo cas- — ""^ 
tiUo y d« una fea sirvienta una princesa, sino que también la visxt^ -^ 
i\ oloO, «1 ollato. aunque no los tenga alocados como el enteodi — ^ 



Cerrsntes juzgado por los cxtran)eras 



=43 






"^ i«nto, por lo menos reciben percepciones muy inexactas, porque 
1^ inducen á tomar una bacia por un yelmo de oro íino. el balidodc 
'^ ^ ovejas por el estruendo de dos ejárcitos, y el infecto mal olor de 
^J «-JS por un períume de fragancia exquisita. Esta alucinación, en la 
"-*-»aI el espíritu equivocado engaña á los propios sentidos, pcrtenc- 
*^*-^ á todas las clases de la locura; pero debe de ser más frecuente y 
''*~* ás completa en la monomanía, pnrquc en esta, la demencia, con- 
C*iiitrada en un solo punto, adquiere indudablemenle mucha más 
' ■^tensidad. 

En resumen: las imaginaciones más extravagantes de Don Qui- 
l<^ie son lo que deben ser. Su juicio y su locura no se repelen entre 
^t , y es cieno que esta mezcla, ó mejor, csla alternativa dcdosesia- 
d«js contrarios esiá tomada de la misma verdad. 

Lo que es aquí sólo una pura ficción, podría pasar por la descrip- 
ción exacta de un hecho real y atentamente observado, lísle intrito, 
por si solo, no tendría gran valor; pero de él dimanan bellezas de 
primer orden, pues tal acontece al genio cuando toma por guía la 
naturaleza. 

La locura de Don Quijote por sS misma es muy divertida, pero, 
^ quien duda de que á la larga hastiarla y aun entristcccria, si no se 
a menizase su curso por medio de lúcidos intervalos, no de pasiva 
bondad ó de buen sentido vulgar, sino de generosidad sublime ó de 

j uicio superior? 

Don Quijote, poniéndose al través de las instituciones de la Es- 

f^aña moderna y va civilizada, con las ideas de la Europa bárbara de 
a edad media; Don Quijote, paladín del tiempo de Carlomagno, 
"v^iviendo en medio de los vasallos de f'clipe III, está perpetuamente 
<t n contradicción, en lucha con lodo lo que le rodea De manc- 
ipa que es el más probo de los hombres, y, sin embargo, se apodera 
<Jcl bien ajeno; ha tomado las armas para restablecer el sosiego pii- 
Vilico, y lo perturba á cada momento. Esta constante oposición en- 
* re sus principios y sus acciones, entre lo que quiere y cree hacer y 
4 o que realmente hace, es un perenne manantial de notas comí* 

«:ras Sancho Panza es una creación tan original y tan feliz comu 

1 a de Don Quijote. Es un verdadero campesino que debe á la natu- 
■-aleza y á su estado tudas sus cualidades buenas ó malas; á la vez 
^üencillu y sucarrón, créduliiy desconfiado, sucesivamente ilumina- 
do y engañado por el interés; venerando mucho á su amo, del cual, 
^:mpero, algunas veces se burla; siéndole tiel, en parte por los bc- 
«lelicios oue de él ha recibido y en parte por los que de él espera; 
soportanao con resignación los castigos que su amo le impone, y 
más reconocido á sus nuevas muestras de cariño de lo que le hu- 
biesen lastimado sus excesivos rigores de antes. 

Don Quijote ySancho son ambos lucos; pero lo son en grado di- 
ferente y por causas divci-sas. Don Quijote tiene la locura del heroís- 
mo; Sancho, la del interés. La una es inñnitamcnie rara y, si se 
presentase en público, cierumenic serla encerrada; la otra es muy 
común y tiene el privilegio de correr libremente por el mundo. 



340 



ferrantes iu^sdo por los Miranieiw 



recompensa; sun sus virtudes las que le vuelven loco. Pero sus aven- 
turas nos prescnian escenas angustiosas y más angustiosa es 

todavía la eran moral que á cuanto.s saben pensar enseña o:»a rea! 
historia épica. 

lündcrczar los agravios, vengar las injurias, amparar á los don- 
cellas y aterrar á los malandrines; oponerse aislado á los luertcs 
reunidos, libertar de extraño yugo á los pueblos inermes : ¡Ay! ¡las 
nobles empresas, como las viejas amelones, no han de ser masque 
entretenimientos de la imaginación!; | bufonadas yaccrtíios, la Pama 
perseguida por enirc espinas vabrojust ¿Y eJ mismo Sócrates, sólo 
ha de ser el Quijote de la sabiduría? 

Cervantes, con una sonrisa, desterró de España la caballería; una 
Silla carcajada cortó et brazo derecho de su propia tierra ¡po- 
cos héroes ha tenido Esparta desde aquel dia! Mientras el Idealismo 
conservó sus atractivos, el mundo cedió el pasoásu brillante empu- 
je; y tal daño han hecho esos volúmenes, que, toda la gloria alcan- 
zada por haberlos compuesto^ la ha comprado cara con la perdi- 
ción Je su patria!» 

{Don Juan; i8ai. -finio XIII, «strofasS.', 9.*. lo.'y 11. '.-Lord Byron no enten- 
dió el Quiiore. Sus desvariados juicios loshan rebatido Cha&Ics y otros cscrÍtor«&.J 

John G. Loclchart : 1822. 

«Uno de los mayores triunfos de la habilidad de Cervantes es su 
éxito en impedir que confundamos los absurdos de! guerrero an- 
dante con las generosas aspiraciones del caballero. Compadecemos 
el error, y nos reimos de la situación del hidalgo castellano; pero 
respetamos su alma nobk á pesar de todos sus toques jocosos, de to- 
das sus locas tentativas; y en cada página sentimos el hálito del ge- 
nio que se mueve en una esfera demasiado sublime para limitarse á 
una mera ironía: de quien conocía demasiado bien el corazón hu- 
mano para no respetarlo; de quien, línalmenlc, bajo una máscara 
de aparente lígere/a, aspiraba a discurrir sobre los más nobles prin- 
cipios de la humanidad, y, sobre todo, á dar forma y expresión á 
los más noblessenii miemos del carácter nacional de España. Ydesde 
un punto de vista más e.\tenso, este libro es propiedad y orgullo de 
todo el mundo civilizado; porque Don Quijote ese) tipo de una locu- 
ra universal, el símbolo de la Imaginación conlínuamentcen lucha 
con la Realidad ; representa la eterna guerra entre el Entusiasmo y la 
Necesidad; la eterna discrepancia entre las aspiraciones y las tareas 
del hombre; la omnipotencia y la vanidad de los sueños humanos. 

Mientras todos los grandes escritores del siglo de oro de España 
(desde t56o á i656), ó bien afearon sus escritos por un descuido ex- 
tremado, ó los menoscabaron por la servil imitación de modelos 
extranjeros, sólo Cervantes se mantuvo en el justo medio v.casi des- 
de el principio de su carrera, fué español sin rudeza y elegante sin 
tiesura o afectación. Como maestro en el estilo español, dentro y 
fuera de España está reconocido como el primero sin segundo; perx) 






Cervantes ¡uzgido por los extranjeros 



141 



•o. que por sí solo bastaba para asccurar la inmortalidad á cual- 
c| t^ i cr hombre, es poca cosa ame el nicriio del gran creador del úni- 
co ^¿ncro de obras que puede ser considerado como propiedad pe- 
CLJ I iar del ¿¡cnio moderno. En ese vasto campo, del que cabe á Cer- 
va. r-»ics cl honor de haber sido el primer descubridor, desdo entonces 
tk^ w-~i trabajado feliz y sucesivamente los másexcelentesinpenios, tan- 
to <dc su país como de las demás naciones de Europa. 

M — ,os noveladoresmodernosen.su inmenso conjunto deben sercon- 
si tdí «arados como scguidoresé imitadores suyos; pero enire todos ellos, 
F>c> r~ muy Cüpléndidosy variados que sus méritos sean, Cervantes, y 
r»«.> será aventurado el decirlo, hasta ahora sólo ha encontrado uñ 

t - ) 



f^ 



icdrich Maximilian von K.linger. 



■«cQue el í^obernar es cosa importaniisima, nos lo prueba e! vir- 
tuoso caballero Don Quijote. Ordinariamente, Don Quijote habla 
^o «-«lo un loco; pero así que toca aquel asunto, discurre con el so- 
pólo de la sabiduría. Palabras de oro ñuyen de sus labios cuando en- 
^<^f^ a á su ñcl escudero Sancho los preceptos que debe seguir en cl 
"^^ nejo de! gobierno con el cual al fin le han investido. SÍ además 
^<^ «quiere sabor cómo asienta cl mando á las almas buenas y senci- 
''^-sí, léase el linal del gobierno de Sancho Panza, acompáñesele con 
^■^^^-ia su corte al establo, y oígase su discurso, realmente sublime, á 
'''-* antiguo y fiel amigo el rucio. Algo parecido se halla en los cucn- 
^\^5c persas acerca de un filósofo á quien el califa había elevadoávi- 
^' *'- Los cortesanos acusaron al recto visir, oue les estorbaba, de que 
^'^«^la oculto en su gabinete un tesoro llcgltunamenie adquirido du- 
''^ niesu empleo V de que á menudo .secretamente lo visitaba. El visir 
^*"2»jo ante el califa y su corle un cofrecillo cerrado; ío abrieron ydcn- 
^í'Q hallaron el pobre vestido que el filósofo en su soledad había 
^\cvado. Sus frecuentes visitas se explicaban por sí mismas; este 
"Vesiído era el espejo de su virtud. Lástima que tales rasgos se ha- 
*-len más en las novelas que en las historias verdaderas; y, sin em- 
bargo, también se hallarían en ellas, si los historiadores no tuviesen 
^ue narrar tantos sucesos grandiosos. 

No he visto la mencionada tierna escena de Sancho cnire los ta- 
pices que, sacados del Quijote, la renombrada Manufactura de Pa- 
rís ha fabricado para los suntuosos salones de Versallcs. Como esco- 
gieron solo lo risible, ciertamente tal extraña escena de abdicación 
nabría sido demasiado seria para un aposento real. Pero si algún 
gobernador ó ministro caldo en desgracia, ó despedido en gracia, so- 
famuntese va cuando se ve obligado á ello; — aunque como sei^al de 
la última gracia .se le despide á su propia petición; — si ese goberna- 
dor, para imitar al gran Sancho, quisiese buscar á su rucio para ha- 
cerle una sabía arenga impuesta por la necesidad, debería probable- 
mente buscarle en cl espejo.» 



Ton» I 1 t 



m 



intnfui^KBda por los tittniorerot 



Dos mundos, digámoslo asi, contiene la novela del Dün Quijote =: 
el mundo imaginario que la locura del personaje ha engendrado, j""*^- 
el mundo real que el tiempo ycl hombre han producido. Esto hace 
que en ta obra se hallen continuamente me/clados y cunfundidos 
dosgÉnerosde sentimientos, de ideas, de imápenesy de expresiones; 
el uno heroico y maravilloso, el ulru vulgar y positivo, A, como di — 
rían los críticos de la escuela alemana, eí uno poético y el otro prth 
saico. 

Fuera de los pasajes eminentemente poéticos, en donde la dicción 
se eleva al nivel del asunto, el estilo de Cervantes es sencillo, natu- 
ral y desembarazado. La cualidad particular dcsu talento era la iro- 
nía suave, libera y casi insensible. 

Cervantes no satiriza acremente un carácter ó una profesión; pero 
los describe con tanta precisión y pone tan hábilmente de rcíicvc 
sus lados risibles, que ta sátira resulta hecha por sí misma sin que 
parezca que el autor la haya intentado; ó más bien, porque, que- 
riéndola estampar, siente en si que las ridiculeces que él cree haber 
descubierto, son precisamente las que más impresión harán en el 
lector 

La española es la lengua más hermosa que se habla bajo el ciclo. 
desde que la de tos griegos ya no suena. Como sus compatriotas 1» 
confirman, el autor de «Í3on Quijote» ha escrito divinamente 
EN Ksrr\ i,ENüUA divina; ningún autor de su nación puede compa- 
rársele en elegancia,' pureza y buen fausto de estilo, en giros fáciles 
y naturales,y principalmente en ese feliz uso de tos idiotismos, sin 
el cual ni un escritor tiene ñsonomla, ni una obra donaire y viva- 
cidad. 

Ninguna de las figuras creadas por el genio poético ha dejado nun- 
ca en e! ánimo una imagen más viva y marcada de sus rasgos, de 
sus formas, como lion Quijote y Sancho 'Pánica. Sí, Don Quijote 
y Sancho tienen para nosotros una existencia real; los hemos visto. 
los reconoceríamos y nosquedamossorprendidosal ver que pueden 
entablarse intimas relaciones con ellos. ^De dónde viene esta espe- 
cie de prodigio? No solamente de que Cervantes ha dibujado supe- 
riormente sus facciones y sus formas exierÍares,sino también de que 
estas formas y estas facciones, enteramente características, tienen 
una maravillosa analogía con fas inclinaciones y las costumbres de 
ambos personajes. Cervantes los ha hecho tal como debían ser, y 

nosotros los vemt)s siempre exactamente tal como ios ha hecho 

Este autor español del siglo xvi, trabajando sin modelos, en una 
época todavía semí-bárbara y en medio de una nación que le desco- 
nocía el genio, se ha elevado personalmente á mayor altura que Le 
Sagey Fielding, rodeados ambos de todo lo que puede favorecer cL 
talento, hallando un camino enteramente trillado y un público con 
gusto completamente formado. 

Si se aflade y considera el limitado interés ó, mejor, la índole ex- 
cepcional del asunto, la distancia á que nos hallamos de lascostum- 



J 



Ccrvintcsiuzgado por los cxlraníeros 



245 



^i descritas tn la obra y, en fin, la ignorancia del idioma, queha- 

<lüe pasen inadvertidas por nosotros las numerosas bellezas del 

L mili y no nos permiie saborear las de la composición sino á tra- 

^ del infició grosero tamiz de la traducción; deberemos convenir 

que el Don Quijote, salido hace dos siglos de la península espa- 

I a para llegar á ser aun hoy dia el libro de todos los que saben 

!■ v,esal mismo tiempo una de las más asombrosas maravillas del 

^eniu humano y uno de los más singulares fenómenos de la his- 

— ia literaria.» 

-^Snai sur ía vie ct les ourragcs de Cervantli. AI frente de !• traducción francesa 
■QuiJOTE.-París. i«a5. 6 vols, 8.'.J 



V^i-ospcr MOrimée : 1826-1878. 

•^xCuandocn i8a6 escribí una memoria sobre Cervantes, rebatí una 
■^ * paóiesis especiosa: «La invención fundamental del Qui;ote, según 
*J ^~* o de nuestros más distinguidos escritores modernos, serSa el con- 
^''■s^aic entre el espíritu po¿tico y el de la prosa. La invención es in- 
B<i «^iosa. pero el pensamiento que supone no es el de Cervantes. Si 
^*-* intención hubiese sido hacer tan amarga sátira de la humanidad, 
"^* fcría llenado su objeto bastante mal al hacerdeestoinveciivacon- 
Vj^^*. la especie humana uno de los libros más amenos y divertidos, 
^■^mparemos nuestras impresiones después de haber leído el Cán- 
** *<^o y el Don Quijote. ^No hallamos en el primero esta tristeza y 
^^te menosprecio de los hombres que inspira el estudio de sus vi- 
?^* V)s? ^'Y no asombra en el otro este constante buen humor de un 
*^^^mbre contento de vivir con la sociedad tal cual es? Además, ^aca- 
^O el modo de proceder del genio es pasar de una idea abstracta á 
^1 carácter tan particular, tan original como el de Don Quiiole?» 
*"loy, al volver á leer las obras de Cervantes, no hallo que mi im- 
l*rcsión sea muy distinta; no afirmaré, sin embargo, que el contras- 
"ic entre la exaltación heroica y la fría realidad no aa haya presenta- 
do más de una vez en la mente del autor; pero se ha aprovechado 
de ¿I, no para hacer moralejas, sino para inventar escenas cómicas 
vcon frecuencia para traiarunacspccicdc paradoja literaria: hacer 
interésame un loco. En este punto su éxito ha sido indisputable, y 
ha ido más allá de sus deseos, porque no existe lector que no haya 
visto de mal grado los palos y las puñadas prodigados á Don Qui- 
jote, sobre todo en la Primera Pane; pero en este género de lo có- 
mico hay como un reflejo de las duras costumbres de la ¿poca y del 
fials, un recuerdo délos cuentos árabes, en donde andan mezcladas 
a crueldad y la chanza. 

Ha dicho un autor antiguo que es gran espectáculo el del hom- 
bre de bien luchando contra la fortuna, y en la novela de Cervantes 
asistimos riendo A un espectáculo parecido. Compadecemos y admi- 
ramos á Don Quijote, porque despierta en nosotrcis muchos pensa- 
mientos que nos son comunes con él. ¡Desgraciodo de aquel que no 



346 



Cervantes juigado por lo» cstnui)cros 



ha tenido alguna de las ideas de Don Quijote y que no ha arrost 

do los golpes y el ridículo para enderezar entuertos!» 

íNníice tur h rit et les ctuires de Ccn-jaiis : Dos Oi"iorf¡.- Parts, iSaó.-Por- 
trails hisloriques et ¡itiérairtí: tSy^.'La mect rauvrede Mkhel Cerpantts : «RevU! 
des [)eu)c Mondes», tS de Diciembre de tX-^j .-Xolic<í sur ía ntet les ítuyrtA ,i« Cem 
ranlts : [>on QtriciioTTE, tr«ducciún de Uian.-Fsrís. iH-jS.-Oc este úllicno h< 
«doplado los párrafos transcritas.) 



G. Keil : 1827. 

En c! artículo Cbkvaíítbi de la Encktopniia Universal de Ciencia t y Ana.' 
blicada en Leipzig de t8i8 á iJíjo, dcspuís de una detallada reseña biográfica e 
la que Ja cr¿dilü i la patraña del Buscapié, manifiesu la celebridad que el Qvwjr 
se coni]U>&tii> dentro v fuera de Lspaña, y añade : 

«La sublime idea original de esta novela pertenece cxclusivamen 
le á Cervantes, y comíi el desarrollo es lan fclix como aquella. dct> 
considerarsu el Dun Quijote como el modelo clásico de las novgj 
cómicas.» 



I 




{^Aliijemeine En<yclopádie des Wiísencha/tett und Kunslt. herautgegebea 
J. S. tlrtch und J. C!. Ci'n/Jwf.- Leipzig, it<iK-ií<3u. bl sriículo citado ocupa díex ce 
lumnas del tomo XVI, impreso en iSa?.) 

LudwifiTieck: 1828-184H. 

« El Quiiore, esta gran obra de arte, se mantiene todavía desd 
hace dos siglos como modelo que no ha sido igualado. 

Nu como modelo en cuanto á que oiraü novelas debieran ser pa- 
recidas á ésta, sino como dechado de perfecta y satisfactoria ejecu 
ciún que todas podrían y deberían tenor, cada una rcspcctivanienl< 
en el mundo que representa y en el objeto que persigue, 

Sin necesidad se han censurado á este magnífico libro los episo- 
dios que su sabio autor, precisamente con premeditada intención 
ha entretejido en su ingeniosa historia. Por ejemplo, ^no están con 
formes la mayor parle de los criilcos en que la ejemplar novela de 
Ct:Moso imi'eKtinente es superflua y hace estorbo? 

Nuestro mismo querido Manche[;o, tan fiel, noble y aninio*io, & 
propone algo que, si bien es bello y magnífico, no posee ningún me 
dio para efectuarlo. En segundo lugar, empero, este campeón delí 
justicia y ta inocencia, csla caballería y este guerrear, tal como ¿I » 
Eos pinta, no existían ni podían existir nunca en el mundo; yhasti 
un Hércules ó un Aniadis dotados de todas las fuerzas y virtude 
düberían sucumbir en tan loca empresa. Solamente alguna que otri 
vez, en diferentes tiempos y pafses. algo de este poético mundo ca- 
balleresco se manifestó, en mayor ó menor grado, en el mundo real 

La fantasía del tan honrado como poético Manchego se trastorna 
por la lectura de aquellos libros que ya desde largo tiempo habían 
abandonado el terreno de la poesía lo mismo que el de la verdad. 





Cervantes juigado por los exlranjcrss 



H7 



Uo que aun habla de poético en ellos, 6 aquella parte fantástica que 
inteniabn lo imposible, asi como las bellas costumbres del tiempo 
cabalIcreMTo, lodo lo podía adoptar perfectamente el hunradoSr. Qui- 
tada en su bonísimo ontendimiento. v hasta tomar por ideal aquella 
hidalga virtud de su imaginado caballero, si no hubiese tratado de 
descubrir este mundo fabuloso en e! mundo real y de constituirse 
en centro y hasta en protagonista de csic cuadro iluminado por el 
sol y por la luna al mismo tiempo. Pero tuvo razón cuando, al con- 
trarío de muchos de sus contemporáneos, apreció el lado brillante y 
poético de aquella ¿poca y de aquellas costumbres ya desaparecidos; 
cuando, entusiasta por la poesía, -.e deleitó con lo enteramente desati- 
nado y fantástico de sus libros, tratando de alcanzar la ilusión ine- 
fable que le enajenaba yde asir con sus manos corpóreas la invisi- 
ble maravilla cuyo hcclíizüle impelía á desearla como cosa pnipia. Y 
sólo por lal razón la vituperada novela del Cubioso iMPKRTiNENXKes 
un melancólico contraste que, por utra parte, ilumina la locura del 
Manchego. Y asi Anselmo quiere tener en la mano, visible y corpó- 
•"co, lo invisible que sólo poseemos por medio de la santa fe; quiere 
que lofrlvoloylo mundano representen In celestial y sean garantía de 
la íidclidad y del amor. Asi destroza él. por falta de cordura, por 
'^vrietsidad Ímperii7ienie,\a castidad y la nobleza de su nuijer, quien, 
*'n esta tentación, tal vez nunca hubiera desplegado aquella astucia 
.' 'erriblc destreza que son los perversos enemigos déla pura inocen- 
cia. t*ues las dudas por un lado y por el otro el insensato afán de ha- 
■^'f visible lo invisible, destruyen tan espiritual tesoro. 

*-^omo Shakespeare, también es Cervantes maestro en la ironía. 
i -^^n profunda es ésta en el Quijote! En lo que el héroe dice, apa- 
™ce generalmente como hombre excelente y profundo, y nosotros 
^"'^Cordamos enteramente con 61. Quiere lo supremo, expune en ello 
*'' ^¡da, y. sin embargo, en esta generosidad aparece cómico, por- 
'j^^ los medios de que se vale son por completo contraprodiicen- 
j^'*- Nos sentimos atraídos por su amabilidad, y, no ubsiante, nos 
"^^<í reir. Por lo demás, el mismo Don Quijote necesita contrapeso, 
P*^es en su extravagancia no puede estar privado de la rústica agu- 
^*adcl positivista Sancho Panza. 

. Vos italianos se disiínguieron siempre por la facultad de la narra- 
**^n,y al lado de sus novelistas ocupan lugar mesó menos brillante 
^^s poetas épicos; mas, nunca pudieron hallare! verdadero drama, 
'ala inversa, asi como los españoles lograron muchas coronas con 
«^scomedias, otras tantas veces fracasaron, porconvencíonalismo y 
^Isa poesía, la mayor parte de las novelas de Lope, de Monlalbán y 
•duchos otros, por más que haya alguna aislada que se pueda lla- 
**Jar excelente. 

En este género, con sus brillantes Novelas Ejemplares y su Don 
*^uuoTE, la primera de las novelas modernas, Cervantes se elevó á 
Una altura hasta ahora por nadie alcanzada. 

Cien años antes, y aún más, habían sido aplaudidas en Europa 




14S 



Ccrvanies juzgado por los extranjeros 



grandes ydifusas narraciones históricas en las novelas de Amadlj 
Reinaldos, Tirante, etc. 

En éstas, aunque el critico inteligente puede descubrir varios de- 
tíilles poóiicos, sólo es ¡visible ver, sin embargo, el prosaico ¿ inani- 
mado residuo de aquellas grandes poesías de la Iidad Media que. ya 
en tiempo de Petrarca y por él mismo, empezaron á ser mal inter- 
pretadas. Que Cervantes compuso su Quijote para desautorizar y 
hacer risibles estas obras, es opinión corriente pero errónea. * 

Si no fuese más profundo el objeto de L'jíte libro, ya hubiera srd< 
olvidado hace largo tiempo, como tantas otras parodias y sátiras res" 
tringidas. Pero este gran inventor, Cervantes, dirigió á" los lectores 
y autores hacia la vida real, y su gran genio enseñó cómo lo trivial 
y mediocre pueden tomar el brillo y el color de lo maravilloso; ^b 
desdccntonccs tenemos las narraciones y representaciones del mutíH^ 
do real, con las contingencias y flaquezas de la vida, sin desdeñar 
siquiera las más Ínfimas miserias. 

Pero desde el tietnpo de Cervantes, no se menciona en España nii 
gún narrador eminente 

De la inspiración que comprende y profundiza lo Individual na< 
la perfección: asi descubrieron los autores griegos y Shakespeare- 
mundo del arte y lo sumo de la c:£cclcncía; asi lo halló Dante, y iü_ 
mismo Cervantes en su Don Quijote.» 

(ScArf/le».-Berlín, i8a8. «,'.) 

« Se podria lomar á Cervantes por un hírocqueha mcr< 

de la humanidad lauro y corona cívica, librándola parasicmpri: 
fastidio y de la' falsa poesía de los infolios caballerescos y amnrusos. 

Creo que el noble y poético Cervantes fué tambiún por largo tiem^_ 
po aficionado ¿estos libros de caballerías, y aun en su vejez, cuan^H 
do trazó la figura de su Manchego, no habla podido sustraerse der^ 
todo á su predilección. Lo que pone en boca del canónigo en la Pri- 
mera Parte del Ql'iíote parece ser su propia opinión, y el antojo de 
componer también él una historia de caballerías similar parece pro-^ 
pia de su carácter. ¡Cuántas cosas, pues, dependen de la época c^M 
que un poeta vive! El florecimiento de la verdadera antigua canciói^* 
caballeresca habla pasado ya tiempo hacía; las novelas de caballc' 
rías eran un inerte suJ ¡memo de aquella primitiva maravillosa puí 
sia multicolor; arbitrariamente, casí careciendo dcsignilicadoy m¡ 
lamente enlazados con los sucesos, estaban en ellas admitidos 
magia y el poder sobrenatural, y en su confusa masa resonaba aúi 
cl amor como un eco del noble canto. 

La pintura de los combates y batallas era también mucho mi 
fastidiosa é inanimada que en las antiguas canciones, porque falta^ 
ba ya á los autores la observación real de aquéllos. Si Cervantes hU4 
biese conocido las hermosas trovas antiguas y su poesía hubiese pe 
dido de cualquier modo apropiarla á su tiempo yá su pats, ¿quit 
puede determinar, ó medí r. cuánto, un genio como éste, habría crea- 
do en aquella poesía épicar* 





KJn gran hombre ha emitido el juicio de que el Quiiote movió 
poderosamente la opinión de su tiempo y tuvo ¿xito universal, 
■que ridiculizó de una manera tan ingeniosa el entusiasmo é hizo 
«i^fa de una edad anticua más bella y de sus fuerzas poéticas. 
-^ decir verdad, ó nn comprendo este juicio, 6 el Quijote y el 
M. smo Cervantes se me aparecen en una lu/ falsa. 
Í,a caballería prupiamcme dicha había ya perecido mucho liem- 
^ antes de Cervantes. ¡Qué tiempo calamitoso podía relajará Ale- 
mania ya antes de Ma.vimiliano! En Francia, las guerras civiles ha- 
^sn convenido la brutalidad y la fiereza de ánimd en ocurrencias 
ajinarías; en Italia, donde poV algunas familias nobles florecía el 
"^.c, siempre habiü arraigado menos esta poesía de los anteriores 
^los, y Ariosto ya && mofaba á su manera de la caballería; en Es- 
L' ña mismo, auií más, nu existía ya aquel antiguo entusiasmo que 
- 3pu¿s de la completa sujeción dé los moros se acabó de extinguir 
ti*- expediciones y viajes hacia el mundo nuevamente descubierto. 
»^*- _^cia mucho tiempo que se habían olvidado aquellos días en que 
^~" i chtenstcin y Kschcmbach,Gourriedy Hartmann von der Aue, tan 
.^^^ bal Icrosa mente y de modo tan comprensible á todos suscontem- 
^í^ráneos, podían cantar el amor, la primavera y las maravillas. 
L^ qucllas pruduccioncs. costumbrcsycaractcrcs hacía luengos años 
^Vjc habían defícncrado en pálidas mentiras, á causa Je las desgra- 
*^ i as, las guerrai civiles y la prosaica brutalidad que ya devoraron 
^cjuellas esplendorosas obras antes de acabar el siglo mismoenquc 
•facieron; y la balbuciente invención cayó, precisamente por este 
'Viotivo, en lo monstruoso, inmoderado y desatinado, porque en su 
^poca ya no halló en parte alguna la vivificanti; verdad. 

Además, dudo también dequealfí()que no^ea el entusiasmo mis- 
ino pueda producir lan jíeneral y duradero entusiasmo como el que 
c^xcitó la gran obra de Cervante.s en su tiempo y el que sigue pro- 
cjuciendo sin perder su primitiva fuerza. También consiste lo mara- 
villoso de este libro único en que el protagonista nos causa tanto 
r-espeio como risa, coincidiendo ambas cosas casi siempre, de modo 
Cjuc en nuestra imaginación, por más que sea parodia, llega á ser 
para nosotros un héroe verdadero. .M mismo tiempo campea en esta 
obra tan puro entusiasmo por la patria, el heroísmo, la milicia, la 
caballería, Carlos V, la Historia, el Amor y la Poesía, que con este 
entusiasmo los fríos se enardecen mucho más de lo que pueden en- 
friarse los ardientes. 

El efecto extraordinario de este verdadero poema puede también 
atribuirse á que al fin.por única vez despuésde muchos años, apa- 
recio sin artíitcio y sin falso ornato la realidad, lo vulgar, lo presen- 
te, y que, sin embargo, esto, al mismo tiempo, era lo maravilloso, 
«ra la poesía. líl fenómeno es tanto más sorprendente cuanto en Es- 
paña aun continuaba la afición ¿ aquella falsa poesía, á aquel gé- 
nero maravilloso ilegitimo QueCervanics no pudo desterrar del lodo, 
puesto que el magnifico Calderón todavía empleó los mismos colo- 
res en sus frescos cuadros fabulosos 



T»ino 1 1 1 



>} 



a5o 



Cervsntes ¡uzgsdo por los exiranferos 



Yen Francia, micntrasaquellos ingeniosos cortesanos de Lui^ltl 
y Luis XIV, aquellos eruditos y aquellas damas cultas se reían, con 
el noble Cervantes, de los Bclianiscs, EspIandJanes y Tirantes, se 
componían con la Astrea, la Casandra, etc., aquellas obras de Es- 
cudcry, D'Urfó y de tantos otros escribidores de su tiempo, ante las 
cuales la más an ligua ^f-cadrudeSidney, la T)iana de Montemayor 
y aun su criticada continuación pueden pasar por obras maestras.» 

{KritiscAe Schri/ien.-Lápti^, 18+8. 1. a.",) 

«En España después del tipo más antiguo (cl Amadis), se escri- 
bieron muchos libros de caballerías, en todos estilos. 

Andando c! tiempo, esta general perturbación del gusto cxcilú la 
vena jovial del gran Cervantes, quien, entusiasmado, compuso su 
Don Quijote ; libro único en cada una de cuyas páginas, y mezcla- 
das con la parodiado aquel las libras, resplandecen la m¿s noble poe- 
sía, el patriotismo, la sabiduría, el conocimienlo profundo de los 
hombres y del mundo, reunidos con el más jovial deleite, la más 
delicada chanza y el ingenio más profundo. 

Pero como no era adversario absoluto de aquella misma ptoesía 
caballeresca» en sus últimos años, en ta edad madura, compuso y 
concluyó el Pebsiles, que quizás habla empezado muchoantes. 

Ksta abi{;arrada y barroca obra de aventuras de los viajes de dos 
amantes, debe considerarse como una ramiñcacióndeaquclla pro- 
saica poesía caballeresca, ó de aquellas rígidas é inverosímiles no- 
velas heroicas. 

Cervantes coloca esta maravillosa historia en la familiar proximi- 
dad Ue sus lectores. España, su patria, está descrita; se citan nom- 
bres ilustres y se designan notables sucesos. Al igual que en el Qui- 
jote, no sccifle exactamente á cronología alguna, y se sirve Ubre y 
poéiicamcnlc del tiempo, aunque se cree que muctíos pasajes indi- 
can que la historia se desarrolla durante el reinado de Carlos V. 
Pero !i) contradice terminantemente la figura de Rosamunda, que 
viene de Inglaterra y recuerda aquella famosa Rosamunda Cliííord. 
querida de Enrique II. Enteramente fabulosas son aquellas islas en 
las que empieza ia historia; pero Dinamarca no está tratada menos 
fabulosamente, ya que para muchos españoles aun ahora puede es- 
tar situada en regiones fantásticas. Luego, los irabajos y los prodi- 
gios se acumulan en el libro. Navios aprisionadosencl mar glacial, 
ballenas monstruosas que con sus chorros de agua inundan un bu- 

aue, pronósticos astrológicos que se realizan, piratas, islas ardicn- 
o, inauditos salvamentos de vidas, celos y amor, maldad y tucu- 
ra, todo se enreda tan extrañamente, que hechiceros y ogrcs y un 
maestro de baile, quien con su inútil arte es arrojado ¿ las costas 
septentrionales, sólo ocupan cl lugar de accesorios. La invención sue- 
le ser tan extraña y raya más de una vez tan en lo inverosímil, que 
no puede el jovial Cervantes abstenerse de considerar su propio poe- 
ma con ironía y de burlarse de la imposibilidad de los sucesos. El 
atractivo de muchas escenas, como la ñcsta de los pescadores, de la 



aSa 



Cervantes jiizftado por los exifanjeros 



y ahora, á los sesenta años, le juzgu como el libro más adr 
que existe en el mundo.» 

{Thoughtt on Man, hñ Natitre, Productions <ti>d Diteoyma.- London, 1831] 

Michaud : 183... 

«El Quijote, traducido á todos los idiomas, aun no tiene rii 
como tampoco tuvo modelo. Laü cosiunibrcs han cambiado: Ij 
extravagancias que el autor quiso destruir han cedido el lugar 
otras exiravafjancias, y, con lodo, el héroe de la Mancha excita to 
davia el interés de los hombres de todos los paiscs y de todas la 
¿pocas 

Un protagonista fanTástico y que. sin embargo, no so separa nur 
ca de la naturaleza; caracteres nuevos, creados v sostenidos con ta 
lento admirable; observaciones tan justas como ingeniosas; la gr2 
cía más picante; una exquisita naturalidad; el arte de pintar llevj 
do al mas alto grado de perfección, constituyen el mérito de esi 
concepción verdaderamente extraordinaria, á la cual, empero, pui 
den reprocharse alf^unos defectos; pero estos defectos son la deud 
de la humanidad. Sin duda Cervantes era superior á su siglo, per 
no se atrevió á desafiar demasiado ostensiblemente el poder del ~ 
gusto y de la moda.» 

{BiograpAie univcrseltc attcienne el moderae.-Puis. Michaud rrfcres. 1611- 
T. VIH, articulo Cen-ames.) 



Thomas Koscoc : 1833. 

«En algunos de sus dramas ha intentado Cervantes excitar 
más nobles sentimientos del corazón: en su Ni;MANcrA, el pairíoils 
mo; en su Tkato ue Arokl, cI celo por la redención de cautivos 
No debemos buscar otras unidades en sus dramas. Hasta, cuandt 
analizamos los modelos de ta antigüedad, no aplicamos reglas d< 
igual severidad á todos. No olvidemos que Cervantes, lo mismo oui 
h-squilo, figuraron en la vanguardia del arte. Quizás si comparase 
mos la NuMANCiA con los 'Persas, 6 con el 'Promeíeo, nos sorpren- 
derían muchos pumos de semejanza entre estos dos celebrado: 
autores ■ 

Al adoptar Ccrvaiiifs el estilo de la novela antigua cuu sus avfl 
tuttis y h¿rocs, abrió un paso intermedio entre ésta y el poema épi- 
co antiguo, conservando la.s cualidades de ambos, sin tocaren nin 
^uno desús extremos; pero son peculiaridades) suyas la chíspeanti 
ironía, la gracia natural y la vis cómica, que hasta entonces no ha- 
bían tenido precursor, ni después tampoco han tenido imitadores 

Ninguna obra de ningún idioma ha presentado jamás sátira méi 
aguda y delicada que el Quiiotk, ni combinada con más rica vcni 
de invención, ni escrita con éxito más feliz. Esta profunda sátira, 
aun sin el vivaz y jovial espíritu que !a anima, serla siempre 



Orvanies juzfiitdo por los extranjeros 



353 



trabajo serio, una disquisición sobre lo.s errores y quimeras de la 
na. lia raleza humana y en general sobre su ¿poca 

Otro raspo, y no el menos sorprendente en la cumpüsicíón del 
QíJiJOTE, es el coníinuo conlraste cnirc lo que se ha llamado el es- 
píritu poético v el prosaico 

XDcspucs de ün atento examen del Quijote, debemos llegar á esta 
conclusión : Que un exagerado entusiasmo es perjudicial nosóloal 
indi viduo que, por él dominado, se arroja de motu proptioásacr'i- 
llcarse por el bien de otro, sino que csÍRualmente peligroso á la so- 
ciedad cuyas reglas inrrin{;e, pone en desacuerdo al pueblo con el 
escpirituy las instiiucionesde aquélla, y produce extravagantesy con 
frecuencia ridiculos rcsullados 

El carácter de Sancho Panza ofrece admirable contraste con el de 
Üon Quijote. Mientras la divertida locura del amo consiste en man- 
lener exageradamente esa elevada filosolla que es producto de las 
nien tes exaltadas, Sancho yerra no menosal tomar ciegamente por 
Ruí£k. esa filosofía práctica y acomodaticia sobre la cual están funda- 
dlos los proverbios de todas las naciones 

El estilo del Quijote posee cierta inimitable belleza áque ninguna 
''"ac3 ucción puede aproximarse. La variedail de los episodios, su pru- 
^*^r^ t-e extensión, su enlace con la acción principal, la verdad de lo 
'J^ttjral y la gracia en el estilo, dan á esia obra decidida superiori- 
dad sobre todas las modernas producciones de la misma clase. 
. S^ ti las Novelas hay riquísima elocuencia de sentimiento, reves- 
''^^ con hermoso lenguaje. Abundan en apasionados razonamJen- 
:*-*^ ■» brillantes rasgos de carácter y pinturas de exquisita belle/a. En 
^ «descripción de las pasiones parece como si su autor descase mos- 
*~^ r- la riqueza y propiedad de la lengua castellana.» 
^ M^ifeand Writings of Cervantes. -l-onAon , 1833; 1*,"^ 



^^^ V\e Louise Ozenne : 1^33. 



_ « Los sueños de Don Quijote son los sueños del heroísmo y de la 

^*rtud exagerados, es verdad, hasta el ridiculo; pcro,á pesar de ser 

*dÍculo, este hijo de la imaginación de Cervantes no deja un mo- 

T^cnto de ser amable; el autor, haciéndole jocoso para nosotros, le 

V*^a procurado un lugaren nuestros corazones; v, por medio de una 

* >iexplicablc magia, hace que cuanto mascón él nos divertimos, más 

*^os sentimos dispuestos á amarle. 

Esta mezcla de notas tristes en el pensamiento fundamental y de 
*ioias cómicas en la expresión es, á nuestro entender, el primer nié- 
*nifide e'ite libro; en él hallamos, nu súlo perenne manantial de risa, 
«¡no también de reflexiones profundas. 

Agregúese á esto la verdad de los caracteres, la vigorosa vida de 
<)ue están dotados, especialmente los de Don Quijote y Sancho, ci-ca- 
ciones inmortales; la manera siempre natural ysiempre amena con 
que se presenta el continuo contraste entre amo y criado; y la ex- 
tensión de esta obra, vasta y variada como la vida, en la que Cer- 



aS.» 



Cervintcs juz^iio por lo» extra nicros 



vantes nos describe entera su patria, costumbres, hábitos, religión] 
literatura, profesiones de todas clases: la facilidad con que se des 
arrolla ese tejido de innúmeras aventuras, tos novelescos y atracii-' 
vos episodios que en I<i hisiuria van entremezclados; en fin, el esti- 
lo en que se aunan las bellezas más elevadas v l:is gracias más na- 
turales de la lengua castellana: h¿ aquí este libro cuya celebridad' 
supera 3 la de todos los demás. 

Poniendo en ridiculo los libros de caballerías, prestó ya desde 
aparición un importante servicio á la literatura. El primordial oi 

Jeto de Cervantes fué aquél: pero su genio sobrepujo la tarca que se 
labia impuesto. No se limitó á destruir. Creó; y produjo el prime^ 
modelo de la novela de costumbres.» 

{ Kncyclopédie des gens du mande par une SaciM de Savanls, Lillirateur 

e(c.- París, 1833-44 ; ariitulo Cepvantks.j 

Jules Janin : 1836. 

« ¡Qué dicha la de poder participar de la ilusión de Don Quijote 
el grande, Don Quijote el héroe, el magnánimo, el ser sublime, el 
más bravo, el más digno, el más valeroso, el más desinteresado de 
los hombres, y, bien mirado, el más sabio de los hombres, porque 
le domina la más dulce, la más honrosa, la más santa de las locu- 
ras! Amparará lus huérfanos, defender á las desvalidas viudas, seiS 
el azote de los malos, la confianza de los buenos, amar con puro ]^S 
casto amor : iodo para su rey, para su Dios y para su dama I ¡Oh, 
respetable sueño de una alnía honradal 

El amo y el escudero nunca van el uno sin el otro; son insepa- 
rables, como el espíritu de la materia, como el alma del cuerpo, 
Sancho, en efecto, es el buen sentido, Don Quijote es la poesía; San- 
cho es la realidad. Don Quijote, la ilusión: Sancho es lo positivo, 
Don Quijote, lo ideal. Sin Don Quijote, Sancho es un peso; priva- 
do de Sancho, Don Quijote es una novela en el aire. Estas dos figu- 
ras están unidas entre si por indisoluble lazo, que es la verdad del 
arte y la unidad filosófica. Esto prueba aquello. Son dos cuerpos, y 
á la vez dos sombras; pero Don Quijote es la sombra de Sancho^^ 
como Sancho es la sombra de Don Quijote ^^ 

Amemos á Sancho, pero amemos también á Don Quijote; riamos 
con éste; pensemos con aquél; seamos razonables como el uno y 
locos como el otro; y sobre todo, ni en nuestra admiración, ni en 
nuestras alabanzas, ni en nuestras relaciones, n¡ en nuestras cua* 
dros, ni en nuestras estampas, no los separemos nunca.» 

iL'Artiste; t IX, 5.' annéc; 1835, p. 5o: «rilculo Do» Ouichotti.) 



Luis Viardot : 1835. 

«Creo en verdad que, al empezar su libro, Cervantes sólo puso . 
intención en atacar con las armas del ridiculo toda la literatura cí 



Gen'ialti iuigado por los exlranjef>>s 



355 



ballercsca. Don Quijote al principio no es más que un loco, un locu 
completo: Sancho Panza, también, es solamente un rudo labrador, 
que, por interés y por simpleza, sigue las aberraciones de su amu. 
í*tíro esto dura poco. 

,: Podía Cervantes ceñirse por largo tiempo á codear solamente la 
locura y la simplicidad? l'or otra parte, se encariña con sus héroes, 
que llama hs hijos de su entendimiento: pronto les presta su jui- 
cio, les inlundesu espíritu, distribuycndo.vetos por igual y ordenada- 
fiitíntc.Knlonces comienza un espectáculoadmirable. Estos dos hom- 
fc»res, ya inseparables como el alma ye! cuerpo, se explican, se cum- 
pilctan el uno por el otro; se reúnen para un objeto a la vez noble c 
i nsensato; cometen actos locos y hablan con juicio; se exponen á la 
mofa de la gente y muchas veces á su brutalidad, poniendo, con 
Todo, de relieve ios vicies y las necedades de aquellos que los ridicu- 
I izan y los maltratan; excitan al principio la risa del lector, después 
íí u compasinn, luef;u su más viva simpatía; saben conmoverle casi 
% Arito como recrearle, dándole á un tiempo solaz ¿instrucción ; y fur- 
T-iian, en fin, por el perpetuo contraste del uno con el otro, y de am- 
bos con el resto del mundo, el inmutable Tondo de un inmenso y 
Si iennpre nuevo drama. Sobre todo en la Secunda Parte de Don Qli- 
j oTK es donde se muestra hasta la evidencia el nuevo pensamiento 
tic su autor, madurado por la edad y la experiencia del mundo. En 
v^lla, el asunto ó la materia de la caballería andante ocupa sólo ul 
fnreciso grado necesario para continuar la Primera Parte, para que 
«Jiña y enlace í ambas el mismo plan general. Pero la obra ya no es 
a.in.1 simple parodia de las novelas de caballerías; es un libro de filo- 
sa ofia práctica, una colección de máximas, ó más bien de parábolas, 
«jna suave y juiciosa critica de la humanidad entera. 

El nuevo personaje introducido en la familiaridad del héroe de la 
•Plancha, cl bachiller Sansón Carrasco, ^no es la incredulidad cs- 
<::r¿piic3 que de todo se burla sin respeto? Y, para presentar otro ejem- 
.K=>1<^* ^ quién, al leer por vez primera esta Segunda Parte, no ha creído 
«ique Sancho en su gobierno de !a ínsula Barataría iba á ofrecer so- 
1 amenté materia de risa? ^Quíén no ha creído que esc improvisado 
<rjobcrnador haría, puesto en la silla del juzgado, más locuras que 
X as que hizo Don Quijote durante su penitencia en Sierra Morena? 
l?ues no es así; porque el genio de Cervantes, con más elevado objc- 
■*o que el del mero pasatiempo del lector, sin olvidarlo, empero, qui- 
^u probar que esta tan ponderada ciencia del gobierno de los hom- 
fcres no es el secreto de una familia ó de una clase, sino que es ac- 
<::csíbleá lodos y que para ejercerla bien se requieren otras cualidades 
■ nás preciosas que el conocimiento de las leves y el estudio de la po- 
lítica, V son : el buen sentido y cl deseo de acertar. De manera que, 
%tin salirse de su carácter, sin traspasar la esfera de su talento, San- 
cho Panza juzga y gobierna como Salomón 

¿Hay una novela más popular que el Quijote, una historia que 
logre complacer más á todas las edades, á todos los gusto.s, á todos 
los caracteres y á todas tas condiciones? ¿Es posible dejar de admi- 



956 



OrvantM ¡uxfpida (wr Ivi cxlran^rob 



rar la perfecta unidad del plan y la prodigiosa diversidad de los di 
lalles; esta iniacinaci6n tan fecunda, tan exuberante, que satisface 
la curiosidad del lector másdcscontcntadizoielaricinfinito con que 
se suceden los episodios, siempre iniercsantes, siempre variados, y 
que sólo se aviene uno á dejarlos para pasar á un placer más vivo 
con los coloquios de tos protagonistas; su correspondencia y su coii-^_ 
traste á la vez. las sentencias del amu y las agudezas del criado, ua[^| 
gravedad nunca pesada, un chiste nunca frivolo, una armonía ínli^ 
ma y natural entre lo burlesco y lo sublime, la risa vía emocí/m. la 
amenidad y la moralidad? ¿Puédese, en fin. dejar de sentir los en- 
cantos y las bellezas de ese letif^uaie magnífico, armonioso, íácil, 
que toma todos los matices y todos los tonos; de ese estilo que abar- 
ca todos los estilos, desde el más majestuoso? Pero, ¡ay!, esta últij 
ma satisfacción sólo es dado gozarla completa á los que tienen 

dicha de leer este libro en su texto original 

Las NovKLAs sün,despuís del Quijort:, el más bello titulo de Ceñ 
vantes para la inmortalidad. En ellas se revelan también, bajo mil 
variadas formas, la fecundidad de su imaginación, la bondad dasi 
corazón siempre amante, el /iimiordesu talento chancero sin cauí 
ticidad, los recursos de un estilo que se doblega á todos los asuntos 
en Hn, un sinnúmero de cualidades distintas que brillan con igua 
inionsidad en la tierna historia de la amorosa Cornelia y en el 
admirable cuadro de costumbres picarescas que se llama Uisconií-< 
TE Y Cortadillo.» 

( ÉluJfn sur rhiítoirí de h linémiun; du thtáin et des beaux-aru en I'ipaf¡ní. - 
Paiis, 1835 ;S."- Estos mÍMn os juí(;io&,»mpliadoa 3' redondeados, los inserta ViardQi( 
en c¡ prólogo de su traducción del QruoTE publicada en París en i836;arols.< 

Fricdr. Theod. Vischer : 1837. 

«Crear la novela cómica, mejor dicho, la verdadera novela, co\ 
una obra de lamas artística ironía de este mundo, es lo que hizo 
inmortal Cervantes. Esta sátira de la caballería, que es á la vez uní 
novela popular, toma en el pueblo el valor de burla contra el ex-? 
linguido ideal de ta aristocracia.» 

I rila de Baumsiarfc,) 



Arthur Schopenhauer : 1837. 

«Una novela será tanto más elevada y noble cuanto más interna _ 
menos externa sea la vida que represente; y csla proporción acomí 
pañará como üígno característico ¿ todas las gradaciones de la nc 
vela, desde Trisiram Sltandy hasta las más rudas y hazañosas n< 
velas de caballerías y de bandoleros. Tr/s/rajíi Shandy no tiene, 
verdad, ninguna acción, pero tampoco tienen mucha la Nueva He- 
loisa y el Wilhehn Meisier. El mismo Dos Quuoti; tiene relativa- 
mente poca, y por añadidura muy insignificante y de burlona inten- 



Cervinics juzgado por los «xtranjcros 



»57 



ción; y esias cuatro novelas forman la corona del género. El aric 
consiste en que, con el menor con.sumo posible de la vida externa, 
se ponga en el mayor movimiento posible la interna, pues ósta es 
juropiamcnic el objeto de nuestro interés. El problema del novelista 
no es contar grandes sucesos, sino hacernos interesantes los pequc- 
fios. El conocido y para muchos enojoso juicio de Goethe : «sola- 
mente los ruines son modestos», tiene ya un antiguo predecesor en 
enervantes, quien, en su Adjunta a.l Parnaso, dijo : «todo poeta á 
c) uien sus versos le hubieren dado á entender que lo es, se estime y 
t^n^a en mucho, ateniéndose á aquel refrán : T^u/n sea el que por 
^'-uin se tiene.* 

« En un ejemplar de la tragedia NuMANCiA,de Cervantes, que me 
tocó en una subasta, el precedente poseedor había insertado el sone- 
to de A. W. von Schlegel. Después que hube leído la tragedia, es- 
«=:ribl al margen la estancia siguiente, que bauticé con cí nombre de 
^'oy de pechOt y el de Schlcgel con el de vo^ de cátela : 

El suicidio de todo un pueblo 
Aquí ha pintado Cervantes. 
,j Rómpese todo? Sólo nos queda 
Volver al origen de la Naturaleza.» 
( -Pnalchin. 1837.» 



"VVilliam H. Prescott : 1837. 

El interesante trabajo del diMínguido escritor i hisiorisdor norteamericano, de- 
-«li^icado á CvTvuntcs con motivo de la public«ci<^n en Nueva York de Ib edición cl¿- 
■Si. lea del QuiiOTECOircpida por Salui^r 836), contiene noiablc». juicios críticos acerca 
«=3e la historia liiciaria de Cervantes, especia I me me en cuanto se refiere i la com- 
K3o&><^)ÓD y publt<ación det (,)t;i)OTE, obra de la cual dice que constituye parte de la 
K iieratura. no simplemente de FspaRa, &Ino de íüuropa entera. Extractaré algunos 
^=3e sus juicios: 

«Tras una vida de inauditas penalidades, Cervantes volvió á su 
patria cubierto de taurclcs y de cicatrices, sin blanca en el bolsillo, 
^Jero con abundancia de aquella experiencia que, á fuer de novelis- 

"«a, constituía un caudal para su oficio 

El gran éxito del Quuotk á su aparición, sin ejemplo en época 
.alguna, fué aún más extraordinario en aquélla en que la lectura pú- 
lilica estaba muy limitada. Y que ta fama del libro cundió rápida- 
incnte entre las más elevadas clases, lo prueba aquel conocido di- 
cho de Felipe III cuando vióá un estudiante que leía un libro rien- 
do con grandes carcajadas : «.aquel estudiante, ó está fuera de sí ó 

iee et Quijote» 

Sin embargo, Cervantes no recibió muestra alguna del real favor, 

mientras que Lope de Vega era pübtícamentc idolatrado 

Pero Lope de Vega ha caldo añora en olvido, aun entre sus com- 



T9B0 11I 



34 



a58 



CcrvsRics juzgado por los extr8niero& 



patricios, mientras que ta fama de Cervantes, creciendo poderosa-:^ 
mente con el tiempo, ha llegado á ser el orgullo de su nación, como 
sus obras continúan haciendo las delicias del mundo civilizado. ...J 

Cervantes publicó la Primera Parte en iTkjS, y la Segunda dic 

años después Parece extraño que el autor, dada la gran |>üpu- 

laridad ue su héroe, no hubiese continuado antes sus aventuras..... 

Sea lo que fuere, la mayor parte de lus autores han fracasado 
continuar sus obras 

La continuación de Cervantes forma una esplendida excepción 
la regla general. La popularidad de su Primera Parte habla agitado la 
crítica, y é\ se aprovechó de ello para corregir algunos lunares en 
la Segunda Parce, al paso que el asiduo cultivo de la lengua caste- 
llana le permitió enriquecer su estilo con mayorvariedad y nueva 
bellezas 

La inHucncia de la imaginaria vida caballeresca que lus libre 
describían, hállase en España desde muy temprano. Se diría que si 
habitantes vivieron en un ambiente romántico, en el cual todaslf 
extravagancias de la caballería se mantenían por su situación pecu? 
liar. Sus hostiles relaciones con el Islam conservaron siempre vivos 
el ardor religioso yel patriótico ^M 

Levantados scntiniicntos, embellecidos por los más acendradosl 
loques de la cortesía, latían á una en el marcial pecho del español, 
y España IlcgÓ. enfáticamente, á ser la tierra de la caballería román- 
tica. Sus mismas leyes, concebidas en este espíritu, contribuían gran- 
demente á nutrirla. El antiguo código de Alfonso X, en el siglo xin, 
después tte varias particularidades anejas al porte del buen caba- 
llero, le prescribe ■«^invocar en la pelea el nombre de su dama, para 
^ue U infunda nuevo valor y le preserve de cometer ninguna acciá^^ 
tndigna.» Tales leyes no fueron letra niuerta. ^M 

La historia de España enseña que el sentimiento de la galantería 
romántica fu¿ más intenso y duró más en esta nación que en nin- 
guna otra de la cristiandad. ^M 

Tanto loscronisias propios como los extraftos, de lossiglosxvyxv^B 
cuentan la ida de caballeros espartóles á diferentes cortes de Luro- 
pa, ganosos de alcanzar honra y prez por sus altos hechos de ai 
mas _ 

La prueba más singular del extravagante grado á que esas román- 
ticas locuras llegaron en España, se halla en las justas del Paso dL 
Suero de Quiñones H 

Y la afición ácsas extravagancias románticas promovía, natural- 
mente, la afición correspondiente á la lectura de los libros de caba- 
llerías, cuyas maravillas se tenían por ciertas y verdaderas en Es 
paña 

El gran objeto de Cervantes fu¿, indudablemente, el que él mu 
mo expresó : corregir la afición general ¿ los libros de caballerlasi 
Innecesario es buscar otro en lan sencilla fábula, si bien el mod< 
de conducir la acción produce en el lector impresiones semejantes. 
en cierta manera, & las insinuadas por Sismondi. Pero la tendencia 



Cervaniet juzgado por los extranjeros 



*S9 



melancólica está notable y exquisitamente contrastada por el festivo 
carácter de los incidentes. Después de todo, sí tratamos de buscar 
u n objeto moral como clave de la ficción , podremos, con mayor mo- 
tivu, decir que es la necesidad de poner en c-quilibrionut-üiraxem- 
p^rcsas con nuestras facultades. 

La mente del héroe. Don Quijote, es un mundo ideal en el cual ha 
cierra mado Cervantes todas las riquezas de su imaginación, ios sue- 
ldos de oro del poeta, las hazañas fabulosas, los dulces arrobamien- 
tos de la felicidad pastoral; las esplendorosas quimeras de ta fantüs- 
« ic:i edad caballeresca, que por tanto tiempo tuvieron como hechí- 
2=3l1o al mundo; la-\ espléndidas ilusiones que, flotando ame nosotros 
<=orT)o esas pompas de jabón que los muchachos lanzan al aire por 
nncdio de un canuto, reflejan, con multicolores tintas, los rudos ob- 
9 etos que á su alrededor se hallan, hasta que, chocando con ellos, 

^e deshacen y evaporan 

La vesania de Don Quijote es de doble fase, ora tomándolo ideal 
jpor lü real, ora lo real por lo ideal. Cree que en el mundo existe todo 
■aquello que ha hallado en sus libro:) de caballerías; y todo lo que 
S~ialla en el mundo lo transmuta en visiones de aquellos libros. Di- 
:dcil es decir cuál de ambas alucinaciones produce efectos mascó- 
-K-nicos. 

Para la más acabada exposición de estas locas imaginaciones, Cer- 
-^■anies no sólo las ha presentado en acción en la vida real, sino que, 
^dcnnás, las ha puesto en contraste con otro carácter que forma el 
»-everso del héroe. El honrado Sancho representa el principio ma- 
'Cerial tan acabadamente como su amo el intelectual ó ideal. Es de 
I a tierra, es terreo. Astuto, interesado, material, no se preocupa de 
la gloria, sino de comer bien. Sólo se interesa por su cuerpo. Sus no- 
ciones del honor se avienen con las que su festivo contemporáneo 

I^alstaíT expresa en su memorable soliloquio 

El campo de la ficción en ninguna parte despliega tan vigorosa- 
snente el poder del contraste como en estos dos caracteres : perfec- 
lamcnlc opuestos uno á otro, no .sólo en su modo de pensar y de 
«ibrar, sino hasta en los menore.>: detalles de su porte. 

Cervantes ha realizado un j^ran esfuerzo de arte manteniéndola 
dignidad de su héroe hasta en medio de sus extravagantes y ridiculas 
-calamidades. Su lucura nos permite hacer una distinción entre su 
carácter y su proceder y absolverle de toda responsabilidad por éste. 
No se muestra menos el arte del autor con respecto al otro principal 
personaje de la obra, Sancho Panza, quien, con todas sus bajas cua- 
lidades, lo»ra excitar nuestro interés por la llanei^a de su buen na- 
tural y su sapaz entendimiento 

Es una personificación de la filosofía popular, un coslaí Heno de 
refranes, como le llamaba su amo; y los refranes condensan, en la 

forma más breve, la sabiduría del pueblo 

Los personajes secundarios de la novela, aunque no trabajados 
con el mismo cuidado, son admirables estudios del carácter nacio- 
nal. En este concepto, el Quijote forma época en la historia de las 



Ate 



Cerrantes juzgado por los extrtnjcros 



letras, es el unginal de esta clase de composición, la novela di 
costumbres, uno de los géneros peculiares de la literatura m< 
derna 

El pincel de Cervantes trazó un cuadro de la vida en España, < 
el siglo XVI, más preciso y rico que lasque puede proporcionar el i 
tudio de las crónicas monacales de las bibliotecas. 

España, que ha producido el primer modelo perfecto de este raí 
literario, poseía para ellu materiales más abundantes que ninguní 
otra nación, excepto Injtlaierra 

La mezcla de las razas asiáticas hasta un grado desconocido ct 
lus demás países europeos, contribuyó al mismo resultado. Le 
Judíos y los Moros estuvieron demasiado bien establecidos en nú^ 
mero y en tiempo, para no haber dejado huellas de su civilización 
oriental 

Otra importante fase del Quijote es la enseñanza que de ól se de" 
riva. Nu es solamente moral en el sentido más lato, bien que cllu 
fuese ya una rara virtud en la época en que se escribió; también esi*" 
colmado de máximas y criticas, que suponen en el autor gran audí 
cia asi como excepcional originaUdad 

La critica literaria esparcida por toda la obra, demuestra profun-" 
do conocimiento de los verdaderos principios del buen gusto, muy^ 
adelantado á su época 

En realidad, el gran alcance de su obra fu¿ didáctico, pucstoqi 
es una sátira contra el falso gusto de su tiempo. Y ciertamente, ja^^ 
más sátira alguna ha ido acompañada de éxito tan completo....... 

Las sátirjis raras veces sobreviven á las cosas locales ú lemporaU 
contra las cuales van dirigidas. Mueren con aquello que las ha m< 
livado. Pero la sátira de Cervantes es una excepción. El objeto áqu< 
fué dirigida ha largo tiempo que cesó de existir. Al lector moderno 
solamente le atrae el libro porsu ejecución como obra de arte, com- 
prendiendo pocas de las alusiones que tan vivamente excitaban á los 
lectores de la época. 

Y, sin embargo, con todas esas desventajas, este libro no sólo con- 
serva su popularidad, sino que está cada día más extendida y goza 
de mucha mayor consideración y alta estima que en la época dt ' 
autor. Tales son los triunfos del genio.» 

(Ccri-anícj. -Nueva York, «Nonh American Rcvicw», iflyj.-Biograpktcal ai 
critícaf Mbcellanics.-Ronon, 1S45.) 

J. B. F. Biedermann : 1837. 

«La opinión gcncraltradicíonalmcntc admitida acerca de la perfe 
ción del Don Quijote en materia de lenguaje y de discurso, es una_ 
insigne ironía y de las más extrañas que en el niundo literario se hí 
producido. (Honor v homenaje á la originalidad única de Cervaí, 
tes,á la naturalidad áü su relato, cualidades que hacen del autor* 
de su obra un fenómeno de los más curiosos y de los más interesan^ 
' tes de la naturaleza y del ingenio humano 1 Pero, dicción corréele 



CenrRiilcE juzgado por los extraDÍ«rM 



^i 



ffttre^a, claridad, precisión de sentido, ^hádanse en un estilo como 

el del pasaje del prólopo del Quijote: o.que podía engendrar, etc.» {')? 

Claridad y precisión de ideas son los elementos del buen sentido; 

I uego, ó las citas hechas son inexactas, ó en estos dos elementos cí 

ifilento de Cervantes es específicamente defectuoso 

Asociado el Quijote, en todas las inteligencias desde la edad de las 
primeras impresiones, al Evangelio val Catecismo, lleuó^cn el áni- 
mo de tos españoles, á participar del respeto y veneración que á los 
1 íbros santos se tiene, y que los colocan fuera de la esfera de la duda 
y de la critica ('). Este entusiasmo nacional de España ha dado ta 
'^^uelta al mundo, arraslratido la opinión de las otras naciones ('); 
norque visto el estado de las traducciones por las cuales el Quijote 
« ué conocido de los extranjeros, es evidentequccl concurso de acla- 
■Tnaciones con que la obra fuó reconocida en todas partes como una 
<2>bra maestra tan perfecta en puntodetíicción y dcfrusfócomoagra- 
<Jlable por el fondo y la naturalidad Je sus narraciones, tenia el ca- 

x^ácter de una ciega credulidad 

l-lasta el siglo de las luces no se ha llegado á ver claro sobre la 
a-~nezcIadebuenoy demal lenguaje, de bueno y de mal gusto de que 
^Ee compone el estilo de Cervantes, y sobre el género y el alcance de 

^su <a/eri/o en punto á juicio y á discurso 

Hay apasionados que, en las obras de imaginación, no piden 

vnds que genio y originalidad, sin preocuparse de los dislates que 

«¡¡zontengan ; yo prevengo, desde luego, q^ue mí gusto no navega por 

«-2SOS mares, y que no me es dado preferir el genio sin ra^ón á la ra- 

fdíi sin genio 

Cervantes pertenece á la clase de estos hombres de tálenlo (en otra 
Torma llamados originales) cuyo genio, excéntrico, á pesar de rcs- 

filandecer por sus felices inspiraciones, es una mezclade razón y de 
ocura; que unas veces les sugiere las másagudasyagradablcscon- 
^cepciones y giros de ideas, y otras los induce á malhadados errores, 
-«que ponen de relieve su falta de perfección en eldisccrnimiento. En 
^tros términos, Cervantes y su héroe son compañeros de carácter, 
-^n cuanto ambos tienen los cascos á la jineta, aunque en diferente 
proporción : Don Quijote era un loco entreverado, un demente con 
Júcidos intervalos; y Ccr\-anlcs, en razón inversa, es un cuerdo en- 
treverado, un hombre de juicio con venas de loco. El defecto or- 
gánico del autor en la parte de discurso, se muestra con claridad 
<uandoásabicndassc entromete á desplegar orden metódico, y, prin- 
cipalmenie, á hacer lógica, á raciocinaren forma de argumentación; 
entonces, cuantos m.ás esfuerzos hace para proceder con método, 
menos lo alcanza; en mitad de la carrera, su imaginación avasalla 



(I) 5Alo«ii4<npo3qul, cnndcnnda*. la«i»nrluM»nn d« Bltdcrmian.En ct n.'jTficScc. i*>/o- 
Mi ]r CMtMfdrioo. he dión por citcntn la critica dr ttte j otros pdia Jet. con MncItIfitnpsriHipor* 
dcnounr qoc el crliko fnncét naba tutendiilo i Córtales. 

(1) AkceíAd inexacta, pvti Mbído c> cuánto íui el Qu/oif ditcotido y criticada en EipaAa por 
pvu d« alKuoOT initmívk. 

(j) Cnor Rranile, dcmnatruto por la ftilmírací^n <)u« lutoniiixnti JctiKrid tt libro ea Evropa, 
UIM de «oaocene «1 aphuto nacional. 



1& 



Cervtnies juzgado por los extnnjeros 



á SU juicio y lo anula; intentando la combinacicSn de argumeniosy 
de retórica, se pierde en un laberinto de divagaciones.» 

{ Don (^juichalte eí ¡a idckc de ses iraducteurs. Obtervattons mr la traduction de 
M- Victidat, accompagnées d'édairciisements noui'caux sur le siyle el Cinterpréta- 
tion de torigiitat tí sur l'tspril de son «iitriir,- París, 1837, H.") 

E. Liaré : 1837. 

«Cuando Cer\antes empe/ó su obra, no tenía á buen sepuro en el 
ánimo más qucel designio de ridiculizarla caballería andante y de 
achacar lodas sus exuavagancias á un loco; pero, lambién es cier- 
to que su pensamiento se modíücóá medida que la composición del 
libro adelantaba; y, sobre todo en la Segunda Parte, ya no repre- 
senta á un simple monomaniaco entregado á lodas las ilusiones de 
su inteligencia perturbada; es un hombre loco, es verdad, en cierto 
orden de ideas, pero dotado, para todo lo restante, ^e la más sana in- 
teligencia, del más elevado ingenio y del corazón más noble. Don 
(Quijote admira á los que le encuentran, tanto por la rectitud de su 
sano juicio yde su razón, como pur la extravagancia de sus actosy 
ta singulariclad de sus alucinaciones. Semejante concepción era en- 
teramente nueva cuando Cervantes la dió á luz; y en verdad que es 
tan profunda como nueva. 

No me ocuparé aquí en la infinita abundancia de incidentes que 
Cervantes sacó de este primordial pensamiento, ni de la sal de todos ^M 
los contrastes que aquél te sugirió; solamente quiero poner clara- ^H 
meme de relicveese pensamiento. Cervantes lo explotó con gran for- 
tuna y gran talento; pero no es menos cierto que, por intuición y 
sin darse de ello clara cuenta, descubrió y empleó uno de los pun- 
ios más importantes de la psicología histórica,» saber, la alianza de 
la alucinación con la ra^ón y la intíuencia de esta alianza. Fijándo- 
se en una observación profunda, en un hecho de un alcance inmen- 
so, produjo esta maravillosa novela de Don Qüijotk, en que todo 
tiene tan gran carácter de actualidad; libro que este genio artista 
exornó con tuda la belleza y toda la magnificencia de la lengua es- 
pañola. La alucinación mas ó menos complicada ha representado 
en los asuntos de! mundo un papel mayor de lo que comunmente 
se supone. Para explicar m¡ pensamiento, bástame como ejemplo el 
mismo Don Quijote, porque este libro admirable ha apurado, por 
decirlo asi, la materia. 

llagamos á Don Quijote dos siglos más antiguo, colocándole en 
una ¿poca en que la violencia armada oprime con frecuencia ¿ los 
seres dcbilcsydesvattdos;^creéis que su locura será conocida? No; 
nadie la tendrá portal. Pero úl conservará su elevada razón, su cora- 
zón noble y puro, su generosidad sin limites, su sacrificio ante todos 
sus deberes y esta increíble tenacidad de la locura que sobrepuja á to- 
das las otras tenacidades. Colocado entonces Don Quijote en circuns- 
tancias favorables, no solamente será un grande hombre, sino que, 
además, ejercr^rá la m¿^ beneficiosa influencia •iíobretodolo que esté 



Cenranifs juKj^tdo por los cxiran|ero& 



afi^ 



>ásu alrededor. Lo que acabo de suponer en DonQui¡oTe,se ha rea- 
lizado en muchos personajes más reales, en una multitud je circuns- 
tancias. 

Los hombres han creído por largo tiempo en la posibilidad de co- 
municaciones sobrenaturales con Dios, con los ángeles y con los di^ 
íuntos. De ahí vienen el dcmon de Sócrates, las visiones de Apolo- 
nio dcTiana, los arrübamicnl<)s de San Pablo y esa muhitud de 
inspirados que han representado tan gran papel en algunas ucasio- 
ncs. Y véanse ahora las ulteriores consecuencias de este hecho psi- 
cológico: estos hombres, que se creían )• pretendían estaren comu- 
nicación sobrenatural con Dios y sus ministros,sacaban de esta mis* 
ma ilusión elevadas ideas de moral , de justicia y de bondad, practi- 
caban con imperturbable tenacidad lasvirtudes a uc predicaban, y, en 
definitiva, con su misma aberración, servían á la causa de la huma- 
nidad. Pero es preciso considerar el reverso de las cosas. Las regio- 
nes sobrenaturales contienen tambi¿n divinidades malévolas y per- 
versas. Las comunicaciones con losd¡osesinfernalcs,con los diablos, 
engendraron la multitud extravagante de magos, de nigrománticos 
y de hechiceras. Sabido es hasta dónde llegó esa locura hace tres 6 
cuatro siglos. El espíritu humano recorre su órbita, regido por leyes 
tan constantes como las que gobiernan tos fenómenos materiales. 
Surgen en él visiblemente las perturbaciones, cierto es; pero, al fin, 
después de algunos vaivenes, el equilibrio se restablece y la ley na- 
tural lo encamina todo por su vía y hacia su fin. 

Cervantes, pues, adivinó las condiciones psicológicas de una grave 
i imporianie cuestión, y puso en juego misterio.samenie ocultos po- 
deres que el espíritu humano encubre. ¿Pero, cómo se produjo esta 
combinación, que contiene alianza tan extraña y curiosa con la rea- 
lidad? Nació de la naturaleza misma de la materia y de los elemen- 
tos que encerraba. Un hidalgo enfrascado en la lectura délos extra- 
vagantes libros de caballerías era un loco; pero, al propio tiempo, 
la fama de la caballería era honor y abnegación. Estas dus condi- 
ciones se infundieron juntas en el genio de Cervantes, y creó este 
tipo maravilloso en que la alucinación y la razón se cruzan constan- 
temente, sin janiás daiiarsc.» 

{Don Qukfiotlt de la Manche; arliculoon «Le National» de 30 de Diciembre de 
1837.-L0 Tcproduio luego en su obra : LitUrature eí Hisíoire.'Puh, 1 874,8.' ;pá- 
gtOAS 176 á 19a.) 



Hcinrich licine : 1837. 

«En cada lustro de mi vida he leído el Don Quijote con impre- 
siones alternativamente distintas. En el apogeo de mi adolescencia, 

cuando puse mis inexpertas manos sobre los rosales de la vida 

y por las noches sólo soñaba en águilas y en vírgenes puras, enton- 
ces me parecía el Don Quijote un libro muy pesado, y, s¡ me acaecía 
encontrármelo, tu apartaba con disgusto á un lado. AÍás tarde, cuan- 



a&t 



Cervantes iuzgado por lo» «xuaojeros 



do alcancé la. edad varonil, me rcconcitié ya en algún modo coct 
infortunado canipcí'in de Dulcinea,/ empecé á reírme de él. 

«Es un loco», diie. Y, sin embargo, ¡cosa singular! en lodos 1( 
pasos de mí vida me acosaban los espectros del escuálido caballero 
y de su panzudo escudero, señaladamente cuando ante un caminflH 
de dos vías indeciso me detenía. ^| 

Opinaba yo entonces que la ridiculez del donquiiotismo consista* 
en que el noble caballero quLTÍa resucitar un pasacloya tiempo ha- 
cía destronado; que sus pobres niiembrus, principalmente sus espal- 
das, sufrían dolorosos golpes al chocar con las realidades del prcscn^^ 
te. 1 Ah! Desde entonces acá he sabido por experícnoia que es un|^| 
ingrata manía querer introducir antes de tíenipa to futuro en lo pr^H 
sen ic, cuando para tal lucha contra los groseros intereses del día sóI^H 
se posee un flaco rocín, una frágil armadura y un cuerpo igualmente 
débil 

^Qué pensamiento fundamental guió al gran Cervantes al escribir 
su eran ubror* ^Propúsose solamente la ruina de los libros de caba^_ 
llenas, cuya lectura, en aquel tiempo, prevalecía tan obstinadamei^H 
te en España que las disposiciones eclesiásticasy civiles erancontr^^ 
ella impotentes? ^O más bien quiso entregar at ridículo todas las 
manifestaciones del entusiasmo humano en general, y especial y 
primeramente el heroísmo de los espadachines? Evidentemente sólo 
tuvo por objeto escribir una sátira contra los mencionados libros, 
proponiéndose, por medio de la manifestación de susabsurdos, expo- 
nerlos á la burla universal y conseguir su ruina. Y lo consiguió con 
el más brillante éxito: pues lo que no pudieron lograr ni las amo- 
nestaciones desde el pulpito, ni las amenazas de las cancillerías, lo 
realizó un pobre escritor con sola su pluma; derribó tan radical- 
mente los libros de caballerías, que poco después de la aparición d^_ 
Don Quijotf: se extinguió en toda España la añción á aquellos 1Í^| 
bros, y ya ninguno más se volvió á imprimir. j^H 

Pero la pluma del genio es sieniprc más grandequccl mismo g^l 
nio; siempre va másTejos qne sus intenciones del momento, y, sin 
que decHose hubiese dado clara cuenta, escribió Cervantes la mí 
grande de las sátiras contra el entusiasmo humano. 

En el DoK Quijote, no hallo toquealgunoanti-católico, como tai 

ftoco tü hallo ant i-absolutista Cervantes era hijo de una escuc 
a que habla idealizado poéticamente hasta la obediencia incondíi 
CÍonal al soberano. 

Lo mismo que los poetas españoles de los reinados de los tres Fe 
lipes, los poetas ingleses del reinado de Isabel tienen cierto aire 
familia, y, según mi parecer, ni Cervantes ni Shakespeare puedí 
reclamar la originalidad. En nada se diferencian de sus coetán< 
por un modo especial de sentir, de pensar ó de escribir; sino pí 
una profundidad, un iiik-rnosenlímiento, unatcrnura y una fueri 



Hervantes juzgado por los extranieros 



a65 



de mayor imponanciayirasccndcncia: sus com posiciones están más 
penetradas y bañadas por el ¿ter de la poesía. 

Ambos poetas no soo solamente la ñor de la poesía; fueron tam- 
bién las raíces del porvenir. Así comu Shakespeare, á causa de la 
inlluencia de su obras, especialmente sobre Alemania y la Francia 
dii hoy, debe ser consideradn como el fundador del arte dramático 
ulterior; asi también debemos honrar á Cervantes como el funda- 
dor de la novela moderna 

L^ llamada novela caballeresca fu¿ la novela de la nobleza, 

y sus personajes eran ó fabulosas creaciones déla fantasiaócabaile- 
ros con espuelas de uro; ni un solo átomo de vida popular. Estas 
novelas de caballerías, que habían degenerado en el absurdo, son las 
que derribt^ Cervantes con su Don Quijote. Pero, al paso que escri- 
oió una sátira <^ue destruyó la novela antigua, di6 el modelo de un 
n uevo género htcrario, que llamamos la novela moderna. Así sue- 
len obrar siempre los grandes poetas: cuando destruyen lo anticuo. 
crean al mismu tiempo algo nuevo; jamás niegan sin afirmar algu- 
r\a cosa. Cervantes fundó la novela moderna, introduciendo en la 
novela caballeresca la fiel dcscrípci<')n de las clases bajasyentrcmez* 
blandeen ella la vida del pueblo. 

Del mismo modo que Cervantes introdujo e! elemento democrá- 
T ico en la novela, cuando en elta exclusivamente dominaba el caba- 
1 leresco, WalWr Scott volvió á traerle el elemento aristocrático que 
I~íabía desaparecido compleíameniey en su lugar sólo campeaba la 
t::srosaÍca burguesía. Obrando de opuesto modo.Waltcr Scott ha de- 
"v--ueItoá b novela ese hermoso equilibrio que admiramos en el Don 

<^uiJori; de Cervantes. ... 

Pero en manera aiguna puedo estimar iguales las novelasde Wal- 

t er Scott y la gran novela de Cervantes. Este le sobrepuja en e.vp¡ri- 

Lu ¿pico. Cervantes, como ya he advertido, era un poeta católico, 

^- á tal cualidad debe esa gran épica tranquilidad del alma que, como 

*jn ciclo de cristal, cubre la esfera de sus multicolores composicio- 

■■-les. Ni una sola huella de duda descubrimos en ¿I Pero Walter 

Scott pertenece á una Iglesia que hasta las cosas divinas somete á 
vigurosa discusión ; y, además, lo mismo que en su vida y en su es- 
píritu, predomina el drama en sus novelas. Por esto, sus obras nu 
fuidrán nunca ser consideradas como modelo puro de ese género 
ilerario que llamamos novela. A los españoles pertenece la gloria 
<3c haber producido la mejor novela; así como debe adjudicársela 
los Ingleses la alta gloria de ser los primeros en el drama. 

Y á los alemanes, ^qué palma les queda? La de ser los mejores lí- 
ricos del mundo. Ningún pueblo posee tan hermosos cantos como el 

alemán. 

Cervantes, Shalcespeare y Goethe forman el triunvirato de poetas 
que, en los tres géneros de ía poesía, el épico, el dramático y el lírico, 
han creado lo supremo. 



Tvoiolll 



No sólo los antiguos, sino muchos modernos, han escrito poemas 
en que la Mama de la poesfa arde tan espléndidamente como en las 
obras maestras de Shakespeare, Cervantes y Gitthe. Sin embargo, 
un misterioso lazo parece que une estrechamente estos tres nom- 
bres, ün espíritu de aliniJad irradia de sus creaciones; en ellas se 
respira eterna dulzura, como tocada por el hálito de Dios; en ellas 
florece la moderación de la naturaleza Cervantes y Gcethe se pa- 
recen hasta en sus defectos; en la prolijidad de los discursos, et 
aquellos lardos periodos comparables al largo cortejo de los $cqui< 
tos reales. No pocas veces se encierra un solo pensamiento en un pe 
riodo tan ampliamente desarrullado, que gravemente se de^lixl 
cual voIumino.sa y dorada carroza real arrastrada por seis empens 
chadüs caballos. Pero este pensamiento solo es siempre algún eni 
elevado, cuando no es el mismo soberano. 

En cuanto á aquellas dos íiguras que se llaman Don Quijote y 
Sancho Panza, que constantemente se parodian y sin embargo con 
tal maravilla se completan que forman el propio hérocdela novela, 
demuestran en el poeta tanto sentimiento del arte como profundi- 
dad de ingenio. Mientrasotrosescritores, en cuyas novelas el héroe," 
cual persona aislada, recorre solo el mundo, necesitan recurrirá 
monólogos, carias, libros de memoriasó diarios para revelar lospei^H 
samicnios y sensaciones del héroe, bástate siempre á Cervantes ir^l 
troducir un diálogo natural, y como uno de los dos personajes pa- 
rodia siempre los discursos del otro, la intención del poeta aparece 
con mayor evidencia. De muchas maneras se ha imitado desde en- 
tonces la doble fígura que tan artística naturalidad presta á la no- 
vela de Cervantes, y de cuyo carácter, cual de un solo núcleo, la no- 
vela entera se desenvuelve con todo su lozano follaje, sus olorosas 
flores, sus radiantes frutos, con los monos y los maravillosos pája- 
ros que sobre sus ramas se mecen, semejante á un gigantesco árbol 
de las Indias. 

Pero seria injusto achacarlo todo ¿servil imitación. Era tan obvi 
la introducción de dos figuras como Don Quijote y Sancho Panza, 
de tos cuales la una, la poética, corre tras las aventuras, y la otra, 
en parte por afecto y en parte por codicia, le sigue bajo el sol y la llu- 
via, tal como nosotros mismos los hemos encontrado á menudo 

en la vida! Para distinguir á esta pareja en todas partes bajo sus di- 
ferentes disfraces, tanto en el arte como en la vida, basta sólo, en 
realidad, fijar las miradas en la esencia, en el scllocspirítual, nocn 
lo accidental de su apariencia exterior. Podría citar innumerables 
ejemplos. ^No hallamos á Don Quijote y Sancho, lo mismo en las 
figuras de Don Juan y Leporello que, quizas, en las personas de 
Lord Byron y su criado Flctschcr? ¿No reconocemos estos mismos 
dos tipos y su reciproca relación en la fígura del ca ballero de Wald- 
see y de su Gaspar Larífari, lo propio que en la figura de muchos 
escritores y sus libreros, quienes, comprendiendo ciertamente las 
manías dcsuauíor, slgucnte, sin embargo, en todas sus extravaí 



crias, para sacar de ellas beneficios positivos? Y cl señoreditor San- 
cho, si bien muchas veces sólogana puñetazos en este negocio, está, 
empero, siempre ^ordo, mientras que el noble caballero enflaquece 
czada dia más y mas. 

Pero no sólo enire los hombres, sino también entre las mujeres 
^e encontrado á menudo los Cipos de Don Quijote y de Sancho Pan- 

SUL 

Y sin embargo, n¡ en las obras maestras de otros artisias, ni en la 

STiisma naturaleza hallamos esos dos trpos tan exaciamcntc pinta- 

«dos, en su reciproca relación, como en la novela de Cervantes. Cada 

xasgo del carácter y de la persona del uno corresponde á un rasgo 

«Dpuesio, y sin embargo homogéneo, del otro. Cada detalle tiene su 

^i^nificactón parodiada. Y hasta entre Rocinante y el rucio reinad 

■nisnio irónico paralelismo que enlre el escudero y su amo,y tam- 

l>ién ambos animales son hasta cierto punto simbólicos portadores 

«ic las mismas ideas. Lo mismo que en su modo de pensar, mani- 

testan amo y criado en su lenguaje las más notables antítesis. 

Con su manera brusca, v no raras veces grosera, de hablar con 
refranes, recuerda cl buen Sancho al bufón del rey Salomón, Mar- 
kuHt), quien, igualmente, en oposición á un patético idealismo re- 
sume en cortas sentencias la experiencia del vulgo. Don Quijote, al 
contrario, habla el lenguaje de la educación de la alia sociedad, y 
también en la grandeza, redondez y número de los períodos repre- 
senta al hidalgo distinguido. A voces e.sia construcción de periodos 
largos es desmesurada, y el lenguaje del hidalgo se asemeja á una 
soberbia dama de la corte ataviada con rozagante vestido de seda. 
Pero los donaires, disfrazados de paje, llevan sonrientes el extremo 
de la cola; los largos periodos concluyen con los más encantadores 
giros. 

En dos palabras resumimos el carácterdel lenguaje deDonQuijote 
y Sancho Panza : el primero, cuando perora, parece siempre estar 
montado en su alto caballo; el otro habla como sentado sobre su hu- 
milde asno.» 

( Inuoducciún á la iraduaiiín alemana dirl (Quijote, imprcsn en Slultgun, 1837; 
11. 4,'-Escnwcn París dur«ntc ct carnavat de 1837.) 



Charles Augusto Hagberg : 1838. 

«Si entre los grandes escritores del siglo xvi existe uno que hava 
abarcado los intereses eficaces del mundo, Cervantes es quien na 
obtenido esta gloria. Puede decirse que en la literatura moderna no 
ha habido jamás un libro que tan poderosamente haya ejercido in- 
fluencia sobre la literatura y sobre dos siglos enteros como cl Don 
Qurjore de Cervantes. De año en año se han ido descubriendo en 
csic libro profundidades y originalidades del sentido que no se ad- 
virtieron al primer examen. Cervantes fué de tal manera inspirado 



a68 



Cervantes juzgado por los cxiranjeros 



por el genio de su siglo, que casi no presintió lodo c\ alcance de 
misión. 

Inútilmente se ha querido sostener que Cervantes, por medio de 
su Caballcru de la'I'nstc Figura, nuquisoridiculizarcl romanticís- 
mo de la Edad Media. Altamente lo declara él mismo; un siglo en- 
tero le ha aplaudido por ello, y Dun Quijote se ha hecho proverbial. 
Esta es la prueba más incontestable de que Cervantes, provocando 
un entusiasmo que el tiempo y ta muerte han acrecido, era el iniér- 
preic de su siglo 

Y tanto que, por su educación literaria, acercándose á la caballe- 
ria sembró un germen guc pronto debía dar nuevo aspecto al espi- 
rito humano. Atacó la idea matriz de la caballería, por una razón 
profunda y moral enlazada con los más elevados interc^s de la hu- 
manidad El culto de la mujer, frutu de un idealismo que tras- 
pasaba todos los limites, transformaba la existencia en visión, en 
quimera; pero no por esto era más moral. Es hecho digno de aten- 
ción el de que no ha habido época alguna como la Edad Media en 
que las costumbres hayan sido más corrompidas; se respetaba, es 
cierto, á la mujer como nunca lo había sido, pero porfingida devo- 
ción más que por seniimiento casto y puro. . .... 

Ha údo )a poc:>ia más sublime que haya existido el afirmar ani 
todo el mundo, en un siglo que trastorna el orden establecido, que 
la santidad de la vida doméstica vale mucho, sino ante el tribuna^H 
del critico literario, á lo menos ante el de la humanidad . . . ^| 

Lo que da sublimidad al Quijote es la profunda gravedad que 
se oculta bajo su burlona sonrisa. Esta grandiosa ironía, estas notas 
patéticas que se confunden con las más descollantes inspiraciones 
de un genio cómico, resultan en gran parte del sentimiento con que 
Cervantes se desprende de las ideas favoritas que parecía haber pro- 
fesado 

Don Qutioic y Sancho son dos tipos tan estrechamente unidos, 
que no podemos imaginarnos el uno sin pensar en el otro. Sancho 
Panza es el cuerpo que se burla del alma cuando ésta, por una cxal^_ 
tación espiritualista, cae en el absurdo ^| 

Desconocería el pcuoTE quien no comprendiese que los cuenlo^^ 
episódicos, lejos de distraer el inter¿N de la acción principa!, son el 
fondo del cuadro, cuya aparente realidad sirve sólo para dar relie> ' 
¿ las creaciones de un genio fantástico. 

Hay, además, sobre toda la obra un admirable claro-oscuro qi 
deja en lontananza entrever el cristianismo. Don Quijote, en su le? 
cho de m ucrtc, se acusa de sus pecados, recordando los desvarios de 
su locura caballeresca; y Cervantes eleva el tono hasta la sublimi- 
dad al concluir su obra con aquellas proféticaspalabrasquc señalan 
la ruina de los libros de caballerUs |H 

Cervantes, introduciendo la realidad en la novela, ha abierto 1^* 
senda á las novelas históricas. Todas estas imitaciones del Quijote, 
que en la historia de la literatura europea forman como una via 
láctea que no ofrece una sola estrella de primera magnitud, no son 



Cervantes juzgodo por los «xlranjeros 



.6» 



más que tanteos del aric para producir un Walter Scott. Este cam- 
peón se vuelve con un sentimiento de dolor hacía la Edad Medía, 
pero sin efectuar reacción alguna contra Cervantes, de quien es el 
«omplcmcnto necesario en la mctcmpsícosis de la novela. Waitcr 
Scuit, lo mismo que Cervantes, ha introducido la realidad en la no- 
vela, pero la realidad en su idea más alta, ¿ la vez idealizada y co- 
nocible.» 

l Cerpjtttes y \Val:ir Scoil. paralele Htcrario prescnlado ai Consistorio de la Vni- 
ifersidad de Lund.-LMXiá, iSjíf, 8.") 



Cesare Cantú : 1838. 

«Sátira sin hicl es cosa, más que rara, única; y raro, un libroquc 
satiriza sin ofender ni las costumbres, ni la religión, ni las leyes. 
Pues esto es el Don Quijotk. en donde con sencillísima trama, ve- 
rosímiles sucesos y sin aparatosos recursos para excitar el interés, 
representa exactísima pintura de la vida española, viniendo en tal 
modo á ser una epopeya nacional. No es una moderna novela ana- 
lítica ; antes bien ofrece dos simbólicos tipos con sabor de la Edad 
Media : el alma que generosamente arrostra tos peligros y el cuerpo 
que se precave. Con ello se propuso curar á su nación del apasio- 
namiento por las lecturas caballerescas, oponiendo á las falaces ilu* 
sienes de una fantasía por aquella.s trastrocada, las realidades de la 
vida, en donde el hombre halla las cosas muy diversamente de cómo 
las había soñadQ,yal énfasis, que en todo dominaba, la prosa del sen- 
tido común. 

Cervantes lanza el ridiculo sobre aquella clase de heroísmo que 
maltrata á gentes honradas; que empica su generosidad libertando 
galeotes; que quiere el bien, sin conocer ni el modo de ejecutarlo ni 
su apropiada medida; de aquel heroísmo, en ti n, cuyas virtudes di- 
manan, no de Ib reflexión, sino de la lectura desordenada y de los 
exaltados aíecios; pero puesto pateniemcnte en ridículo el exceso 
de aquélla, escarnece también el egoísmo sensual de Sancho Panza. 
Sin embargo, á medida que la acción avanza, y principalmente en 
la Segunda Parte, los caracteres se modifican ; el héroe de la Man- 
cha posee virtudes cabalterescas, muchos conocimientos ysólocsiá 
trastornado por una monomanía parcial; enfermedad física que no 
presenta lecciones morales, sino solamente el trivial contraste entre 
la virtud y la locura; de modo que, al ver la rectitud que entre sus 
ridiculeces descuella, más que risa, inspira compasión. Por tal mo< 
livo, el libro, en su conjunto, resulta melancólico y revela cuan cer- 
ca está lo sublime de lo ridiculo, ofreciendo despiadadamente el de- 
sengarzo de aquellos sueños que. sin embargo, forman el atractivo 
de la juventud y producen aveces verdaderas virtudes,sublimes im- 
pulsos, si bien temerarios. Debajo de aquella perpetuarísa.enaquella 
oposición entre la materia egoísta y el espíritu que se lanza á toda 
clase de sacrificios, bien que nos reimos de aquella y compadece- 



3JO 



Cervantes juzgado por los cxtranieros 



mos al último, se transparenia el descontento que en el ánimo de 
Cervantes germinaba al ver tan poco conocidos y tan mal recom- 
pensados tü.s generosos sentimientos que, cuando joven, habíanle 
impulsado á combatir y h¿cholc soportarcon bravura la esclavitud, 
mientras que, aúnenla misma gloria, no habla encontrado más que 
amarguras, ingratitudes y desengaños. El, el más grande escritor 
de su siglo, se veía postergado en favores y en gloria á la miserable 
turba de los que saben adular; y murió no se sabe con exactitud 
dónde, así como no se sabe dónde nació; tan grande fué el ol- 
vido en que sus contemporáneos le tuvieron. Parece que cuanto más 
el hombre es despreciado, tanto más se despierta en él el conoci- 
miento de su propio mérito, y por esto se complugo Cervantes en 
escribir al fínal déla novclaquc debía inmortalizarle: *Y aquiCide 
JJamete dejó colgada su pluma para que nadie fuese osado á des~ 
colgaría.-» Y, en efecto, nadie ha alcanzado aquella profundidad de 
invención que al mismo tiempo es tan límpida; aquellas firmes pin- 
celadas, aquel instruir continuamente sin sermonear nunca; aque- 
lla sencilla y á la pardeMcada manera de razonar que en la adoles- 
cencia nos nace reir y en la edad madura meditar; libro que durará 
mientras subsistan las alucinaciones heroicas y el egoísta sentido 
común; mientras duren losdulces delirios de los utopistasy los tro- 
piezos que ofrece un mundo en el cual cada día que pasa nos roba 
una ilusión 

Cervantes figura también, ycomo uno de los más notables, en- 
tre lus fundadores del teatro español 

En sentir de Cervantes, la tra^ícdia y la comedia no eran artificio- 
so tejido, sino animada unión de los sufrimientos ó de las extrava- 
gancias con la mira de excitar y mantener vivo algún seniimiento 
determinado. En la Numancia, presentando aquel heroico amor 
déla patria que impulsó á los ciudadanos á suicidarse antes que caer 
en poder de los romanos, trata, no de describí reí choque de pasiones 
particulares ó de caracteres individuales, sino la catástrofe entera de 
un campamento, de una ciudad sitiada 

En et Trato dc Argrl, ofreciendo el cuadro de los sufrimientos 
de los esclavos cristianos, excita & libertarlos 

La mayor parte de sus dramas son históricos ó patrióticos; pues 
el teatro español posee masque otro alguno la cual ¡dad de haber mos- 
trado respeto y entusiasmo por su nacionalidad.» 

(Sloria UitiivrsaU.-tSo8.) 



J. E. D. Esquirol : 1838. 

«En el Quijote se encierra una admirable descripción de la mo- 
nnmaniaque reinó en casi toda Europa después de las cruzadas.» 

( ¡Íes maladies mentales ccnsidéréen sous les rapports médica!, /ly^énique et médicO' 
legal.- París, 1838, 3 t.; t. Ii, p. 38.) 



Cervantes iuxgado por li» cxtnnjcroii 



371 



Édouard Menncchet : 1843. 

«El nombre deCervantes es el más grande,el más europeo de toda 
la literatura española; y lo que le ha colocado al nivel de los supre- 
mos gcnius de la humanidad es una novela que, entre las creacio- 
nes del ingenio humano, aparenicmcnte es obra secundaria. . . . 

Algún critico severo ha hecho á Cervantes el reproche de haber 
arrojado el sarcasmo y la burla sobre las virtudes caballerescas de 
su tiempo. Pero á nosotros nos parece, al contrarío, que, doiandoá 
su héroe de las más nobles cualidades del alma y del entendimien- 
to, rinde á la verdadera caballería el más bello homenaje que de- 
searse pueda: y dándole el prurito de querer imitar á los héroes de 
las novelas caballerescas, lo cual le hace caer en mil contrasentidos, 
arroja la censura y el ridiculo solamente sobre aquellas obras ex- 
travagantes que han llegado á perturbar la razón del más bravo, 
sensato y leal de los hombres. La pane menos principal de e.sta no- 
vela es, en nuestro sentir, los acontecimientos. Cada vez que, ter- 
minada una aventura, se traba un diálogocntre Don Quijote y San- 
cho, al oír aquellos admirables cütoqutus experimentamos uno de 
los placeres más vivos y más legítimos que la lectura de un buen 
libro puede producir 

Reímos, pero al mismo tiempoadmíramos, porque debajo de esta 

loca jocosidad descubrimos U más elevada sabiduría , nos 

parece que en el con)unio de estas dos existencias, en cierto modo 
inseparables, la una ts el alma y la otra es el cuerpo. Hallamos en 
Don Quijote todos los más nobles y más elevados sentimientos, el 
conocimento y el amor de lo bello, de !o bueno, de lo verdadero, de 
lo grande; y, sin embargo, el personaje comete mil necedades, mil 
extravagancias, porque una pasión, una manía, ha venido á mez- 
clarse con estas elevadas cualidades y á inutilizarlas. ¡Esta es, con 
frecuencia, la historia del alma humanal» 

\Cours de LUtirature motttrng. ¿«yon .V/A'.-Parfs, 1843.) 



Martin Deutinger : 1843. 

«El QuiJOTK tiene bastante afinidad con e! teatro de Aristófanes 
para ser comparado con éste en primer lugar. Aristófanes, á tenor 
de su vis cómica, es á la tragedia griega casi lo mismo que Cervan- 
tes ala epopeya romántica. La general manía proyectista de Lo* "Pá- 
jaros está trocada en la extraña y romántica locura de Don Quijote, 
y el común afán porcl dinero y por el goce material de'P/tí/osse ha 
corporificado en el realé individual Sancho. Los dos elementos fun- 
damentales de la civilización nacional son la costumbre proverbista 
y la educación precipitada y loca, el cuerpo y el espíritu en su tras- 
trocada individualidad y desviándose de un objetivo ñn de toda cul- 
tura. Mas, de esta vaciedad de sus actos sale justamente el inagota- 
ble humor de la contradicción delasasptracione.-) humanas y la bis- 



»7» 



C«rvant«, ¡uzgulo por lo6«xtranj«fi' 



tónica grandeza, cuando el hombre, sin más elevada vocación, está 
abandonado á sus propias quimeras. Don Quijote es un héroe vi- 
sionario; pero precisamente la afectación de una misión elevada sin 
la fuerza interna y sin ct impulso externo hace que se maniticsto 
visiblemenie que e) fundamentode toda vida histórica estriba en el 
sobrehisiórico principio de la misma. Asi resulta en verdad el re- 
verso de la verdadera vida ¿pica; pero en este reverso se forma á su 
vez un completo reflejo de la verdad. Nosotros ansiamos los suce- 
sos verdaderamente maravillosos tanto más ardientemente cuanto 
más profunda se manifiesta en frente de los mismos la vida simple- 
mente imaginaria de la subjetividad. 

DespuésquecnclOuuoTe sehamostrado la completa descompo- 
sición del histórico fundamento vital de la Edad Medía, la vida, 
para llegar á.ser poética, debió naturalmente tomar otra forma. En 
el Qi;ijoTK, el romántico espíritu de la Edad Medía está completa- 
mente replegado en su histórico cimiento; lareaíidad vulgarha ocu- 
pado el sitio del entusiasmo antiguo, el cual precisamente en su pro- 
pia exaltación ofrecía verdadera base para la admisión de una idea 
superior. Pero cuando estas fuerzas hablan desplegado toda la be- 
lleza de su propio magnifico colorido, debió también nuevamente 
desprenderse la Hor para que pudiese madurar la semilla que aqué- 
lla envolvía. A) elemento romántico-espiritual de la E^iad Media, 
habia ofrecido la nacionalidad neo-latina cierta base de fe y cultura 
objetivas, laque habla desarrollado su más alta florescencia, histó- 
ricamente, en las cruzadas, y desde entonces volvió á decaer. 

La individualidad de las fuerzas naturales, sirviendo al espíritu 
libre, ya no puede ver desenvolverse más en sí misma cliucgodela 
vida, sipo que la libre, intelectual y consciente voluntad, que, con 
la fe objetiva combínala inteligencia subjetiva, debe ocupar el pues- 
to de la antigua objetividad. La vida externa está agotada en sus 
formas fundamentales, y la cultura neo-latina por este lado está 
terminada. La vida ¿pica se ha inclinado á la ironía de si misma; 
empero, en esta ironía se vislumbra todavía un gran fondo de vida 
subjetiva, de sentimiento y de voluntad. Tan ridiculo comoaparc- 
cc Don Quijote en su contradicción con el mundo exterior, tan es 
respetable su aspiración. Hasta Sancho Panza, por su adhesión, — 
aunque no esté libre de codicia — es, empero, un hombre probo, 
lleno de interna veracidad, y que solamente aparece ridiculo por la 
vulgaridad de su ingenioy por el trastrocamiento de su amo. 

Él es el pueblo, que, siempre prácticamente intencionado, sedeta, 
sin embargo, arrastrará especulaciones absolutamente insostenibles 
cuando se halla un loco que cree en sus propios sueños. Su misma 
interna fidelidad y respeto hacia Don Quijote, nos lo presentan apto 
para ser mejor guiado. Mas, lodos los tiempos de transición apa- 
recen en esta luz, porque les falta la misión determinada y la clari- 
dad de ideas.» 



(Grundiiniat und posiiinn /'JtiYoio/rihw.-Rcecnsburg. 1843: t V.) 



Cervanles jut^do por tos extranjero» 



373 



lofpnede Puibusque : 1843. 

«Sin dañar á la caballería, Ctírvantes ha hecho descabalgar á los 
Imidores novelistas que se hablan encaramado sobre ^u nuble curccl 
y que lo hablan cargado con el pesudesuse:¿travngancias. Don Qui- 
jote es un fanático que ha equivocado la época, que ve el mundo tal 
como ya no existe, tal como ya no puede Gxisiir,yque quiere, en ple- 
na civilización, constituirse en endcrezador de entuertos: de ahfdi- 
manan todas sus locuras v errores. . 



iáriir (le una generosa ilusión, corre, lanza en mano, trastasom- 
bra que le guia; pcrojamásdcja de gloriñcarála caballería, sea con 
sus discursos nutrtJosJe máximas de honor y de moral; sea con sus 
actos, cuyo móvil es siempre puro y levantado. Vueltoásucasa,cn 
su lecho de muerte, no maldice á los héroesquehan extraviado su 
razón; antes parece que les pide perdón por haber osado vestir sus 
armaduras y creerse, por un momento, el heredero de sus virtudes. 

Para nosotros, para todo el mundo, en la maravillosa historia de 
Don Quijote se encierra un poema, una novela, una sátira, una co- 
media; para España es un modelo único de indos estosgéncros; mis 
atJn: hay en ella una fílosoffa, una moral, una elocuencia que Es- 
paña conocía poco y de la cual no osaba dar muestras. 

Cervantes no pertenece á una escuda determinada, ni formó nin- 
Buna, como tampoco había salido de ninguna; nació poeta, esto es, 
hombre que profesa lo verdadero, lo bello, como I lomcro,como Sha- 
kespeare, como Moliere Don Quijote es una figura que nunca 

rlc« pero hace reír; su caballeresca monomanía, en lugar de causar 

tristeza, divierte, interesa, mueve á compasión Don Quijote es 

un loco lleno de buen sentido; Sancho, un hombre de buen senti- 
do, lleno de locura; el uno, todo poesía, sólo aspira á la cloria; el 
otro, lodo prosa, sólo busca ta fortuna, y presta tanta credulidad á 
los sueños de su codicia como el caballero de ta Mancha á tas ilu- 
siones de su heroísmo. 

Descendiendo de estos dos principales personajes, hallamos la mis- 
ma verdad en todos tos papeles, el mismo movimiento en todas las 
iñsonomías, el mismo ajuste en cada lenguaje; cada detalle concurre 
á la armonía del conjunto; ninguna íigura desentona, ningún ador- 
no ofende la vista. Cervantes cambió la faz de la caballeria y estuvo 
en ello tan acertado que la hizo más interesante de lo que habla sido 
antes; transformación ingeniosa que creó á )a vez la novela cómica 
y la novela moral, dio el tono de una y otra, y repartió la poesía 

y la prosa con rigurosa exactitud Para hallar al heredero más 

directo de Cervantes, sin hablar de Moliere, preciso es saltar muchos 
años; Waltcr-Scoit, poeta de la razón como Cervantes, es á nuestros 
ojos quien mejor ha sabido reunir lu que el tiempo ha separado; y, 
sin embargo, entre los obras maestras del novelista escocés no hay 
ninguna llamada á gozar jamás de la popularidad universal del Qui- 
jote ■ 



Tobo 111 



36 



»74 



Cervantes juzgado por tos exlranjeros 



El ViAie DEL Parnaso es un poemiui original, poiticoy humoris- 
lico en parte 

La Gal-atka fué solamente un cuadro en el que Cervantes hizo 
entrar los preludios de su juventud. Este mosaico, por su rica va- 
riedad, cnscAa que sí el autor del Quijote era el primer prosador de 
España, no quedó por eso en último lugar como poeta, y que tanto 
en un género como en otro ha merecido mis elogios de los que ha 
obtenido 

Las Novelas de Cervantes san ingeniosas novelitas. Rara vez el 
tono traspasa sus límites, pues se contiene en los que son apropia- 
dos á la pintura de las escenas de la vida real ; y el autor evita toda 
imagen que pueda excitar las malas pasiones. Cornelia, La fuerza 

DE LA SANGRE, La ESl'AÑOLA INGLESA, Las DOS DONCELLAS, COncluVCn 

por el triunfo de la virtud; y el autor parece haber cuidado espe- 
cialmente del triunfo de la verdad en el Casamiento ENüASoso,y en 
RiNCONETE. Las tres mejores, El celoso Extremeño, La ilustre 
Fregona y La Gitanilla, no siempre guardan constante pureza. Las 
novelas de Boccaccio se acercan más al cuento; las de Cervantes tie- 
nen más estrecho parentesco con la novela y el drama. El lema ita- 
liano es casi siempre verdad ; el español rara vez es verosímil ; pero 
en el desarrollo de la narración el arte de Cervantes borra aquel pe- 
cado original. No hay nadie que desarrolle con más naturalidad un 
asunto imposible. Boccaccio, en el concepto déla moralidad, no pue- 
de sostener el paralelo con Cervantes, y además, éste le es muy 

superior como pintor de caracteres 

Cervantes fué el único que efectuó sobre la prosa española una 
labor análoga á la de Pascal sobre la francesa.» 

iHistcire comparit des tittératures espagnoU tí franfaise.-^üsli, Dcntu, 184J, 
a V. S.':x. I, capítulos 6." y 7.') 



Giovacchino Mugnoz : 1844. 

«Sin duda alguna la célebre fábula del Quijote merece un lugar 
separado en el templo de tas musas. Ya por la novedad del pensa- 
miento, ya por el ingenioso modo con que está la acción conducida, 
Í'a por la fecunda variedad de los episodios, ya por la propiedad de 
os caracteres, va por la naturaleza de la gracia de la narración y ya 
por la profundidad de su moral, debe llamársela verdadero poema. 

Pero yo me propongo solamente presentar á Cervantes por el lado 
del lenguaje y en fas cualidades de su variado estilo. 

Cervantes supo con gran naturalidad razonar las narraciones con 
todo el donaire y cultura del estilo y cun todas las gracias de la agu- 
deza, y sin enturbiarlo con bufonadas ni burlas indecentes, pintan- 
do los defectos ajenos con toda la vivacidad de la más fina y gracio- 
sa ironía. 

Cuando irónicamente hace hablar á su ridículo héroe, entonces 
sublima su estilu con un tono magnífico y pomposo. Cuandoel rus- 



Cervantes juzgado por los extranjeros 



375 



(ico y crédulo escudero ensarta sus impensadas charlas, habla con 
una naturalidad que encanta. 

Oira de las gracias en el delicado gusto de la elegancia de G-^rvan' 
tes, tanto en las novelas como en el Quijote, es la exquisita y selecta 
manera de expresar el tono, el ge-sto, la voz, los alectos con que los 
ínterlocuiorcs empiezan sus lamentaciones, sus reprensiones y sus 
mismos razonamientos. La infinita variedad de que el autor hacegala, 
modificando la diversidad de sentimientos encontrados y las varias 
liluaciones., prueba su inagotable vena é invención en este punto, 
:n lo cual pocos ó nadie han parado mientes. 

Si algunas censuras (bien que no esenciales) se pueden hacer al 
istilo del Quijotil que contiene la más deleitosa, la más graciosa, 
f (a más pura locuciiSn, en la que los extranjeros deberían apren- 
ler la lengua castellana y los compatricios de Cervantes estudiarla; 
muchas más y más sustanciales pueden hacerse á las Novklas. 
Las originales bellezas de Cervantes no se pueden saborear masque 
:n el mismo idioma; las traducciones revelan solamente el ingenio 
f la fantasía del autor, pero dejan oculto lo mucho que no se puede 
raducir.i* 



Xhéopiic Gautier : 1846. 

^pudc varias reces á Ccrvanies y sus libros: al describir Sierra Morena, dice: 

«Aqui et Caballero de la Triste Figura, imitando á Amadls, cum- 
plió aquella célebre penitencia y aquí Sancho Panza, el hom- 
bre positivo, la ra:<!Ón vulgar al lado de la noble locura, hallóla ma- 
eia de Cardenio 

No se puede dar un paso en España sin hallar el recuerdo de Don 
Quijote; tan profundamente nacional es la obra de Cervantes y tan 
Dícn ambas Hguras resumen por si sotascl carácter cspatlol : la exal- 
tación caballeresca, el ánimo aventurero unidos á un gran buen 
Sentido práctico y á una especie de bondad jovial llena de finura y 
Je irunia.» 

(Voyoffeen Eíf¡ugne.~Parh, Charpcntier. 1845-, 8.*, capliulo XI.) 

Adolph Friedrich von Schack : 1845. 

«El TftATo DE Argel es, sin duda alguna, la más antigua de las 
comedias escritas por Cervantes. En ella nos presenta un tierno y 
patético cuadro de los sufrimientos délos esclavos cristianos, que el 
tan de cerca había visto v sentido; pero de drama, poco más que el 
nombre tiene, pues los diversos grupos y situaciones en que la ac- 
ción se desarrolla, están entrelazados sólo por un sutilísimo hilo de 
escaso interés 

Todo, en esta obra, revela al principiante en el arte; y el respe- 
to que el gran nombre de su autor nos merece no puede impedir que 



coloí^uemos El Trato de AitcELen un lugar muyinferiorá las pro- 
ducciones coetáneas de Juan de la Cueva. Pues, jqu)¿n podrá ahogar 
la impresión que ha de producirle la descripción de aquellos sufri- 
mientos pasados por el mismo infortunado poeta? ^Quién podrá leer, 
sin enternecerse ni interesarse por ellos, ios pasajes en que ól mismo 
se presenta en escena, bajo el nombre de SaavcdraJ^tjT quien no reco- 
nocerá el legitimo celo con que procura excitar á sus compatrious 
á rescatar álos cristianos cautivos en Argei?" Hasta los mismos ras- 
gos prosaicos que se hallan en la exposición, mueven tanto más po- 
derosamente nuestro interés. 

Un espíritu muy distinto, el espíritu de la verdadera poesía, res- 
pira la Numancia. Si este poema, según se sospecha, fué escrito no 
mucho tiempo después del anterior, menester es confesar que cl 
autor en brevísimo tiempo habia hecho gigantescos adelantos. Se ha 
afirmado que la Numancia es una obra ünica yaisledacn toda ta li- 
teratura española. Esto se refuta conociendo prolijamente el teatro 
antiguo; pues entonces se observa que en la forma, en el estilo ven 
el manejo tiene aquella tragedia estrecho parentesco con las piezas 
de Juan de la Cueva y estrechísimo con el Saco de Roma; mas, no 
puede negarse que supera en mucho á todas las obras del poeta se- 
villano. Era empresa aventurada hacer objeto de un drama la des* 
trucción de la antigua y fuerte española Numancia y convenir en 
protagonista á una ciudad entera con todos sus habiíantcs, por ser 
asunto más propio de una epopeya; y solamente un drama defor- 
ma libre, que con igual fuerza participase del carácter lírícu-épíco, 
podía tener completo éxito para dominar el asunto. Por tales mo- 
tivos no se debe criticar al autor, porque ha descrito caracteres con 
rasgos completamente generales y dividido la acción en diversas si- 
tuaciones, que no se unen entre sí más que por su relación común 
con cl destino de Numancia. La unidad del interés, empero, está 
bastante sostenida por cl agrupamienlo de lodo lo individual al re- 
dedordc ese centro común, y el poeta ha procurado dirigir siempre 
el interés hacia este mismo punto. No se ha olvidado ninguna cir- 
cunstancia que pueda excitar admiración, horror y lástima; el he- 
roico sacrificio de los ciudadanos, los quejidos de los niños ham- 
brientos, la desesperación de las madres, los funestos augurios de 
los sacrifícios, la resurrección de un muerto por la fuerza de los he- 
chizos y sus tristes presagios, todos estoü cuadros unidos á la catás- 
trofe fmal, en la que todo un pueblo se sepulta bajo las humeantes 
ruinas de la ciudad, su patria, forman un cuadro de un efecto con- 
movedor y altaincnte trágico. Pero, por más que el conjunto está 
pensado de un modo atrevido ygrandtoso, por más que en general 
sea elevada y viva la exposición, no dejan de observarse algunos 
aislados lunares que deslucen algún tanto la obra. No se han de con- 
tar, ciertamente, en absolutocomo tales las figuras alegóricas intro- 
ducidas,á las que Cervantes tan aficionado era, pues debe conceder- 
se que aquí están en general mejor manejadas que en cl Trato de 
Arocl, y que á lo menos la escena en que Hispania y el divinizado 




Cervanics juq^ado por los exiranjeros 



Í77 



Duero anuncian el futuro destino de !a patria, no carece de efecto; 
pero la pesada prolijidad del primer acto y el incidente de las amo- 
rosas escenas entre dos jóvenes numantinos, á pesar de que están 
bellamente pensadas, no se funden perfcciamcnic con el tono ge- 
neral del drama. Si, pasando por alto estos aisladoslunares. nos de- 
tenemos en las más cminL'ntes bellezas de la Numancia y ttnemos 
en consideración la temprana composición de esta tragedia, no po- 
dremos menos de lamentarla pérdida de &us demás antiguas come- 
días, en donde, á no dudarlo, veríamos más perfeccionado su talen- 
to dramático. 

Sólo la dureza de juicio con que comienza ei pasaje del capitu- 
lo XLviii del QuuoTK, ha podido motivar la opinión dequcCervan- 
tesquíso combatir los fundamentos del teatro nacional; pero de su 
detenido examen resulla evidente que sólo se reíierc á los abusos 
que en aquél realmente se cometían en gran número 

Que muchos de los poetas de aquel tiempo llevaron estos abusos 
& un extremo que rayaba en licencia, que de su afán por ofrecer 
continua variedad á sus espectadores surgió una completa arbitra- 
riedad en la disposición de tiempo ^luear,yquepor efecto de las di- 
visiones la fuerza vital de la com posición quedó frecuentemente per- 
I judicada, es cosa que no puede negarse, v en este caso estamos con- 
formes con Cervantes. Pero el segundo punto esencial de su crítica, 
dificilmcnte puede adoptarse. Parece que. desconociendo la verda- 
dera esencia de la poesía, exige que el drama tenga objeto moral 
dirccto,yasl establece ciertamente una regla falsa para la crítica del 
drama español. 

Si, volviendo á hojear todo este discurso, lo unimos á otros pa- 
sajes de análoga tendencia que hay en el Viaje m:\. Paknasu, en el 
I Prólogo de sus últimas comedias, etc., no podremos ocultar que to- 
dos estos juicios críticos tienen mucho de verdaderoy acertado junto 
á otro tanto de infundado, arbitrario y vacilante. 

Cuando el autor del Don Qluote, después de una interrupción 
de muchos años, en los últimos de su vida se consagró nuevamente 
á escribir comedias, ó bien había modificado esencialmente, como 
parece, sus anteriores principios sobre la composición dramática, ó 
bien siguió los pasos de aquellos ¿ quienes tan severamente antes 
criticara, para conformarse, por pura necesidad, atas exigencias del 
público. 

Con esta intención, en el espacio de pocos años, escríbióocho co- 
medias 

Son, enteramente intencionadas, imitaciones serías del estilo de 
Lope de Vega, y quieren superar, por medio de una variedad más 
abigarrada y de mayores efectos escénicos, la eficacia teatral de aquél. 
Causan una impresión parecida á la del P^rsiles, escrito en la mis- 



278 



Cervinus iuzgado por I» exirailicroS' 



ma época. Asi como Cervanies en su última novela se complugo 

en amontonar en grado superlativo las aventuras de los libros de 
caballerías, con tanto ri^or criticadas por ¿I ames, asi también en 
estas comedias adoptó sin reparo alguno todas aquellas irregulari- 
dades de brocha gorda y todos aquellos extravíos de la época, que 
antcriurmenlc tanto le enojaron, ven eslc pumo llevó la licencia al 
extremo. [Cosa rara! Mientras todas sus mejores obras, tanto en la 
traza como en el desarrollo revelan, como sobresaliente especiali- 
dad, clarísimo plan y admirable regularidad, hallamos en las co- 
medias el extremo opuesto : flojedad de la composición y superficia- 
lidad de la exposición, en grado máximo. Precisamente el poeta que 
tamas pruebas de su maestría en la pintura de caracteres nos había 
dado, se contenta aquí con bosquejarlos muy ligeramente: ¿I, que 
otras veces tanto ha sabido profundizar, no manilícsta aquí rastro 
alguno de sólida intención poitrca. 

£)e todo lu dicho, empero, no se deduzca que estas comedias ha- 
yan de caer en absoluto desprecio Pues todas ellas, aún adole- 
ciendo niásó menos de los defectos mencionados, contienen muchas 
bellezas y excelentes cualidades morales, y son ricas en escenas fe- 
lices, qué deben altamente apreciarse como abonadas pruebas del 
talento dramático del autor de Numancta. Hasta las hallamos en la 
más desgraciada de todas, en el Kukeán dichoso, una de las más des- 
ordenadas V extravagantes CometHas de Sanios que conocemos. 

Las demisobras son desiguales en méritos, y de distinto carácter. 
En todas, si bien la acción principal inspira sólo escaso interés, agra- 
da la graciosa agudeza de las parles cómicas, al paso que, porloge- 
neral, no sati-tífacen las escenas serias. E\ asunto de la comedia La 
CASA DE LOS CELOS está sacado de las refundiciones españolas de las 
leyendas de Carlomagno y en sus perfiles externos se parece á las 
postcriuresdcLopc y Calderón destinadas á solemnizar hestas; pero 
carece enleramentede aquel poético encanto que elevaba este géne- 
rti piir encima de las demás comedias. El üallabdo Español y La 
GRAN Sultana son dos cuadros realzados con variadísimas aventu- 
ras y animadas descripciones, que en algunos pasajes nos causan 
plena satisfacción, pero nos la quita la absoluta falta de ordenada 
disposición de sus asuntos. En Los Ba.^os uk Akgf.l tenemos la re- 
petición del asunto tratado antes en El Trato de Argel; Pedro de 
Urdemalas es una especie de dramatizada novela picaresca, una 
galería de situaciones cómicas bien pensadas y muy poéticamente 
descritas, á las cuales, para formar una verdadera comedia, falta 
cieriamenic la ordenada contextura del enredo ydet desenlace. 

Menos defectuosas, y las mejores de toda la colección, principal- 
mente por su plan, son La Entrktenioa y Ki. Laberinto de amor. 
Aquélla es una no del todo inadmisible comedia de capa y espada^ 
que más tarde imitó Moreto en el Parecido en la corle, pero supe- 
rándola en mucho 

El. Ladekihto de amor es una comedia romántica llena de inte- 



Ccrvanics juzgado por lov extranjeras 



179 



ssantes siiuacíones, aunque de intriga algo enredada. El defecto 
principal de esta obra consiste en que los mismos motivos se repi- 
ten con demasiados personajes diferentes Por lo demás, el fun- 
damento dv la acción está bien ideado 

Con mucho más ilimitados elogios que todas estas comedias de- 
ben ser mencionados los Ocho Entremeses. Para brillaren este gé- 
nero, Cervantes estaba dotado de todas las cualidades requeridas, y 
en ellas no ha sido superado por ninguno de sus sucesores. Estos 
cuadros expositivos de la vida ordinaria no aspiran en modo algu- 
no á contener valor poótico; pero cuando, como los de Cervantes, 
son tan ricos en gracia y agudeza, cuando están dotados de tantos 
rasgos finos é ingeniosos, en verdad no se puede ncgarqueiícnen 
altísimo mérito. Verdadera é incomparable obra maestra es el en- 
tremés del Rktaiilo ut: las maravillas, que dió á Pirón el modelo 
desuconocidoLeyíi»^ prodige. Sigúele mmediatamente la Cueva 
DE Salamanca, divertidísima farsa fundada en el cuento popular del 
mismo nombre, imitada por llans Sachs en su Fahrenden Stibüler 
V por la opereta francesa ¡e Soldat magicien. Los demás, como El 
RuFtAN VIUDO, El Viejo celoso, etc., no desmerecen de los men- 
cionados antes. La dicción de estos entremeses, lanío en los dos ver- 
sificados como en los restantes en prosa, ofrece el más admirable 
ejemplo del enlace det lenguaje de la vida ordinaria con la más depu- 
rada cultura literaria.» 
{Gadikhte der dramalischen Littratur und Kunsl in Spanien,- BcrlÍD, 1845; to- 
^JK) I. ps. 33« y siguicnicí.) 

Julián Schmidt : 1847. 

«Cervantes habla vivido muchos años en el cautiverio de Argel, 
y además habla tomado pane en aquella lucha en la cual la Edad 
Media levantó nuevamente, con soberbia, su bandera contra el mun- 
do moderno. El combate de Lepanto fu6 la última brillante empresa 
con la que la Cristiandad pareció volver á mostrar su elevada pre- 
destinación y principalmente sobre España esparció sus románticos 
rayos ese pálido sol poniente de la Edad Media. 

Pero el espíritu de la Edad Media, en su forma antigua, ha queda- 
do reducido á un fantasma, porque la vida se ha extinguido en ¿1. 
Este fantasma produce un efecto cómico cuando, creyendo de buena 
fe en su realidad, osa aparecerá la luz del dia¿ intenta lomar parte en 
I.1S contiendas y trabajos de la vida real. Don Quijote esesicfantas- 
nia de la Edad .Media, ese espíritu aventurero que interviene perso- 
naly directamente en el concierto del mundo, el cual le recibe con 
burlas, porque el mundo se considera ser un conjunto armónico y 
haber avanzado mis allá de la simple subjetividad. Con asombro 
contempla él la extraña forma del antes vivo espíritu moral que 
h^ígenerado en locura. Eila locura es todavía la idea antigua, la 



1%1 



Cerrantes juzf^ado por los cxiranicros 



absoluta subjetividad segura de st misma, á la cual la realidad, 
siempre que choca can ella, la considera como sombra, como alu- 
cinación de los sentidos. Por tanto, no la perturba el hc~hode con- 
vertirse lüs gigantes en molinos de viento; esel encantador de espí- 
ritus malos que lucha en el mundo tísico contra el héroe, al cual no 
puede alcanzar en el mundo intelectual. 

Desconocido por la realidad, discurre y perora el idealista has- 
ta entusiasmarse, cuando el mundo no le quiere oír 

El mundo pro.saico,á porfía, escarnece y íiurlaal ideal. Y, sin em- 
bargo, contemplad á esa malhadada figura, que deja transparentar 
los rayes de la luna, y al través de ella ved la tosca realidad en el 
gordinflAn escudero gozando déla seguridad de su material positi- 
vismo, de su fanatismo por el sentido común; y advertid el afán con 
que esa misma realidad se aferra á aquella idea, con todo y decla- 
rarla loca.» 

(GeseAitAtg der Romanlik -Leipzig, 1847,8.') 

Charles Magnin : 1847. 

«Si se quiere gozar del espectáculo de una caballería vigorosa. 
seria y que, aun durante su periodo más exaltado, ha quedado fícl 
á las reglas del sentido común ydela discrecii^n,d6bese acudir, por 
más que tal cosa sea poco prevista, ó la patria de Cervantes y del 
QUUOTE 

Kn los Poemas del Cid y en el Romartcef'Ot no hay nada que re- 
cuerde los lados novelescos, fantásticos y poco morales de la poesia 
caballeresca de Francia y de Inglaterra en las siglos xiii y xtv. .¿Pues, 
en dónde, se dirá, ha tomado Cervantes la idea y el modelo de su 
obra maestra? jSe ha empeñado, pues. Cervantes en un juego de 
ingenio sin objeto, en una critica sin propósito y en una pintura 

Euramenie de imaginación? No y no. La extravagante biblioteca de 
on Quijote, entregada á las llamas por el cura, la sobrina y el ama 
del buen hidalgo, constituye una base muy sólida y muy real de la 
inmortal sátira. Una amafgamadecxtravagancias caballerescas, de- 
muestra un desorden extraordinario del espíritu; pero, vamos á 
cuentas: la caballería que Cervantes ha ridiculizado tan jocosamen- 
te no es la caballería sensata de su país, de la cual era él uno de los 
más dignos representantes; lo que ¿1 a/ota sin piedad no es el ca- 
rácter español; al contrario, para bien de este carador censura la 
importación en su patria de una liieraiura extranjera, llena de locu- 
ra y de licencia, que usurpaba la admiración pública y tcndia á al- 
terar las costumbres nacionales. En electo, toda esa caballería no- 
velesca y voluptuosa de nuestra Francia en el siglo xnt, en su origen 
habla tenido poco ó ningún eco en Esparta. Y sólo hacia la mitad 
del siglo xtv, el 's.'lmadis de (iaula^ imiución muy templada de las 

novelas francesas, obtuvo gran boga en la Península 

La idea fundamental de Don Quijote no es, como se ha repetido 



I 



Cervantes iuz)¡;ado por \<n extranjeros 



aSt 



íxas veces, el contraste de la f>encrosidad heroica ¿ ideal con la 
realidad prosaica y vulgar. No; la lucha no txtá aquí. Está entre el 
entusiasmo i'aUo y quimérico de los héroes de la historia; está entre 
ei amor nebuloso y el amor sincero, natural y verdadero. La epo- 
peya cómica de Cervantes era un recuerdo y un rctornoá la verdad 
y al gusto nacionales. Por eso fué acogida unánimemente con mi- 
llares de aplausos. Aun no se ha ponderado bien la univenialidad 
de su éxito, y debióse principalmente á quecstn encantadora y sa- 
tírica producción no hería ninguno de lo.s .sentimtento.s ni siquiera 
nincuna de las preocupaciones de la nación. España sólo vio y sólo 
debía ver, en el Quuoric, la critica de una extravagancia forastera^ 
mientras que Europa, en donde esta creación original obtuvo igual 
buena acof^ida y á la que corrigió, únicamente pudo ver en ella (lo 
cual es siempre cómodo) una pintura algo cargada de las cosas ri- 
diculas de un pueblo vecino.» 

{Remie des íieux Mondes : 17 de Agosto de 1847. Articulo De ia Chaiaierie en 
Espagne.) 



Charles de Alazadc : 1847-62. 

*Si se quisiera conocer la última palabra de la observación espa- 
ñola, nu deberla buscarse en el teatro sino en Cervantes y en Que- 
vedo, quienes nosofrecerían materia para hallar y estudiar el aspec- 
to realmente cón)¡ci) de este ramo, cuyo rasgo dominante es el he- 
roísmo. Los Sueños de Quevedo tienen una fuerza satírica más 
original y más viva que las invenciones más jocosas de la escena. 
Dojí Quijote es la verdadera comedia humana tal como la imagina- 
ción castellana ha podido crearla. E! libro de Cervantes respira !a 
sincera y vigorosa ironía de un gran talento que observa serenamen- 
te nuestra naturaleza, sabe reproducirla sin esfuerzo en sus diversos 
aspectos, la presenta agitada vinleniamcnte en medio de todos los 
excesos, llevando tan pronto la exaltación caballeresca hasta la lo- 
cura y la abnegación hasta el ridiculo, como el sentido común has- 
ta la trivialidad y cl egoísmo. Don Quijote y Sancho Panza no son 
símbolos, como se ha dicho; son verdaderos tipos humanos marca- 
dos con el sello de la nacionalidad española * 

{Rerue des Ucux Mondes, 1 ." de Agosto de 1 S47. -Articulo La Comedie moderne 
en Espagne.) 

«Las comedias de Cervantes no se pueden comparar con sus nove- 
las; tienen, empero, aquella sal, aquel humor, aquella deÜcadc/a 
de observación que constituyen el rasgo peculiar de su talento, y, 

firccisamcnte porque eran poco conocidas en Francia, M. Royerha 
levado á cabo una empresa útil dando á conocer, bajo una nueva 
faz, uno de los genios más humanos, más experimentados y mejor 
dispuestos para inspirar simpatía.» 

i,Kt»*itJn iJtu.\ Mondes. 1." de Marzo de iHói.-Arlfeuto Iftiátrede M.deCer- 
tiantit, traduit par A. Royer.) 



TmmIU 



» 



Georges Ticknor : 1849. 

«La Gai.xtka esiá fundada en un principio falso y afectado, que 
nunca puede causar buen efecto; siá cstoscagrcga la acumulación 
y confusión invcrosimilcs de varios sucesos mezclados con la fábula 
principal, el conceptismo metafisico que la afea, cualquiera com- 
prenderá su escaso valor. Sin embargo, vése en ella el talento de 
Cervantes y su conocimíenty del mundo; algunas historias, como la 
de Siteno, en los Libros II y 111, son de grande interés; otras, como la 
prisión dcTimbrio, recuerdan las aventuras y trabajos del autor; y 
una al menos, la de Grisaldo y Rosaura, en el IV, está enteramente 
libre de conceptos y amaneramiento. En todas ellas hay trozos lle- 
nos de un estilo lluidu y abundante ; justo es añadir que muchos 

pasajes que ahora nos parecen inoportunos, podrían tener su sigoí- 
ñcación y nos hubieran parecido propios y acertados si se hubiera 
llegado a publicar la Segunda Parle 

En El Trato dk Argel se ve claramente que su intención no fué 
trazar un drama con su corrcspondientcenredo.sino presentar ante 
un auditorio español un cuadro de los trabajos y miserias que pade- 
cían los cautivos cristianos en Argel. Algunos de los incidentes epi- 
sódicos son muy notables, y en medio de su baraúnda y extraiga 
confusión hay trozos muy poéticos. 

El plan de La. Numancea esimprupiopara una acción dramática; 
pero muy pocas veces se habrá representado en las tablas la vida real 
y positiva con tan sangrienta verdad , y menos todavía se habrá lo- 
grado producir un efecto tan poético con incidentes puramente in- 
dividuales. No haya buen seguro tanta dignidad en los encantos del 
fausío de Marlowc; ni aun el mismo ShaKcspearc, al presentarnos 
en escena la cabeza mortal alzada, aunque con repugnancia, para 
contestará la pregunta criminal de Macbeth, excita tanto nuestra 
simpatía y horror como lo hace Cervantes con aquel espíritu ator- 
mentado, evocado por el mágico Marquino, que torna á la vida sólo 
para sufrir por segunda vez ios dolores de la disolución y la muer- 
te Las escenas, asi públicas como privadas, de aflicción yamar- 

gura, que produce el hambre, están retratadas con destreza y produ- 
cen un efecto inesperado De modo que, á pesar de la falta de co- 
nocimiento y tacto escénico, esta tragedia será siempre un testimonio 
del talento poético de su autor. 

Las Novelas están llenas de elocuencia y de riquísimas descrip- 
ciones y pinturas campestres; cuanto másse examinan, más saltad 

la vista la originalidad de su composición y tono general Como 

obra de invención, ocupan entre ios trabajos de Cervan tese! segun- 
do lugar después del Quijote; pero le aventajaron en gracia y co- 
rreccciÓn 

£1 exquisito y adelgazado discurso de los críticos ha adulterado el 
objeto que Cervantes se propuso al escribir el Quiiote, pues hasta 
se ha querido suponer que trató de describir el infinito y perpetuo 
combate de la parle poética con la parte prosaica del alma, entre el 



heroísmo y la generosidad por un lado, y el egoísmo y el interés por 
otro, representando en esta lucha la realidad y verdad de la vida hu- 
mana. Pero esta conclusión metafísica, deducida de un examen y 
estudio imperfecto y exagerado de la obra, es díamet raimen le opuüs- 
lo al espíritu de aquella edad, que nunca usó de la sátira general y 
tilosóftca, y contrario también al carácter del mismo Cervantes, des* 
de su entrada en la carrera de las armas y posterior cautiverio hasta 
el momento en que su corazón benévolo, noble y ardoroso dictaba 
la Dedicatoria del Pei^siles y Sigcsmunda al conde de Lemos. Cier- 
tamente que, si se ñja la atención en su persona, se verá un corazón 
alentado por dulce y generosa confianza en la virtud de los hom- 
bres, y un ánimo siempre robusto, sereno y arrostrando el infortu- 
nio con buen humor, que se compadecen mal con el odio melancó- 
lico y mezquino á todo 1u grande y generoso que envuelve en si tal 
expiícacit^ndel Qi u'íte. Pero él mismo declara lerminantemenle no 
haber tenido más deseo que el de hacer odiosas las historias fabu- 
losas y desastradas de los libros de caballerías, gozándose y recreán- 
dose en ello como en cosa de la mayor importancia. Y asi lo era real- 
mente, porque sobran por desgracia laspruebas de que el fanatismo 
y delirio que por estos libros hubo en España en el siglo xvi, llegó 
á causar inquietud á las gentes más cuerdas y sensatas. I..0 admira- 
ble es que Cervantes consiguió completamente su objeto. ¡Extraño 
ejemplo del poder y fuerza del ingenio, que a»! destruyó oportuna- 
mente y de un solo golpe todo un ramo ae literatura íavorilo y flo- 
reciente entre un pueblo grande y altivo 

La Segunda Parte del Don Quijote la juzgamos superiorá la Pri- 
mera. May en ella más lozanía y vigor, y si la caricatura llega casi 
á rebasar el limite señalado, la invención, los pensamientos, el es- 
tilo y hasta la materia son más felices y la ejecución más acabada. 
Todo en esta Segunda Parte, pero especialmenic el colorido y la en- 
tonación, prueba que el tiempo y la acogida bien merecida del pú- 
blico sazonaron y robustecieron aun más el buen juicioy profundo 
conocimienio de la naturaleza humana que Cervantes maniticsta 
en todas sus obras, y que constituyen la parte principal de su inge- 
nio, formado y educado entre las tormentas, disgustos y tristezas de 
una vida azarosa y agitada. Pero en ambas partes ostenta Cervantes 
el impulso ¿instinto particular de su genio original y creador, prin- 
cipalmente en la pintura de los caracteres de Don Quijote y Panza; 
caracteres cuyo contraste encierra un fondo inagotable de gracia y 
que puede decirse simbolizan el todo de la liccion 

Cervantes llegó realmente ácobrar cariñoáestas creaciones desu 
fértil ingenio, como si fueran entes materiales, hablando de ellos y 
tratándolos con una animación é interés que contribuyen en gran 
manera á la ilusión de los lectores. Asi es que Don Quijote y Sancho 
nos han sido presentados con tal exactitud, que el caballero alto, 
enjuto y entonado, y el escudero rechoncho, decidor y malicioso, 
existen y viven en la memoria de cuantos Ins conocen, y con mayor 
luersta que ninguna otra creación del talento humano, Los grandes 



a84 



Cervintct juzgado por los «xtranjeros 



poetas, como Homero, Dame, Shakespeare y Milton, llegaron sí 
duda á mayor elevación y se pusieron más en contacto con los atri- 
butos más nobles de !a naturaleza del hombre; peroCcrvanles, (fS^H 
cribicndo baiolaintiucncia natural y libre de su ingenio, rcconcen^^l 
irando instiniívamente en su ficc¡(in el carácter especial del pueblo 
en que nació, se ha hecho el escritor de lodos los tiempos y detodoj 
los países, de los ignorantes cumo de los sabios; y esta universalbj 
dad singularísima le ha granjeado el tributo de admiración y sii 
patiasde la humanidad entera, recompensa que no ha alcanzado aúi 
ningún otro escritor. Dificil es crecrquc cuando Cervantes acabó su 
obra no estuviese bien persuadido de su indisputable mérito; pero 
hay, por otra parte, tanto descuido, abandono y aun contradiccio- 
nes en la obra, aueal parecer manífícstin la indiferencia de su autor 
respecto á su triunfo en vida ó á su fama postuma; y al publicarla 
Segunda Parte se ríe y se burla el mismo de las equivocaciones, de 
las enmiendas y de todo lo demás, como de cosa de poca importan- 
cia para él y para cualquiera otro El libro que con tanto aban- 
dono 6 indiferencia arrojó Cervantes al mundo, y que debemos 
creer miraba más como un esfuerzo para destruir el absurdo gusto, 
la necia afición que en su tiempo habla á los libros de caballerías, 
que como un trabajo serio, grave é importante, lo ha llegado á ser^ 
en grado eminente, y un aplauso público, genera), continuo ¿irre-í' 
cusable ha calificado su obra de primer modelo clásico en las lic- 
ctones de su especie, considerándolo como uno de los monumentos 
más notables del ingenio moderno. Pero Cervantes es todavía acree- 
dor A mayor elogio. El Quijote, á pesar de sus inagotables gracias. 
de la pintura animada que hace del mundo, de la confianza yamor 
aue respira por la bondad y la virtud, se compuso en la vejez, cuan^_ 
ao ya estaba próximo al término de una vida agitada v azarosajH 
llena de esperanzas frustradas, de infructuosas luchas, áe calamr^^ 
dadcs y de amarguras. Si, pues, durante su lectura tenemos presen- 
tes estas consideraciones, debemos sentir y sentiremos la alta admi- 
ración y reverencia cjue se merecen el grande esfuerzo que creó el 
Don Quijote ye! genio y carácter de su autor; si las olvidamos, se- 
remos injustos con uno y con otro. 

En nueve ó diez años se publicaron ocho ediciones de la Prímcf 
Parle del Quijotk; éxito brillante que no alcanzaron con sus obras' 
Shakespeare, Milton, Racine ni Moliere, ilustres escritores déla mis^ 
ma época, á quienes tomantes por ello como tipos de comparación. 

(History nf ihe Spanish Lilci-atufc.-íiKv. Vork, 1H40. Eslc texto «lá tomado 1 
la tr&Jucdón ciipanoU de losSrcs. Uayangos y Vcdia.-Msdríd, i85i, 4 is. 4.' 

Joscph Freiherrn von Eichendorft : i85i-i854. 

«Según dice ingeniosamente Gervinus, el Aumor es una enferme- 
dad intelectual y moral que procura hacer soportable lo insopor- — 
table, cuando á un individuo ó pueblo le falta la habilidad ó posi — 
bilidad para vivir sana y resueltamente en la fe y en la poesía. 



Nosoiros, al contrario, más bien llamaríamos al /tumor la natural 
reacción de las fuerzas aun sanas contra la enfermedad general de 
la ¿pDca. En este sentido Cervanies es sin duda el más grande hu- 
morista; el contenido de su famosa novela, á pesar Je toda su par- 
te risible, es trágico, presenta la trágica ruina de la caballería; y á 
menudo nos sobrecoge en estu la impresión de que en realidad no 
haya sido el alocado Don Quijote sino sólo su época. Pero si nos- 
otros, en comparación con el QiutrrK, ponemos en segundo lugará 
nuestro alemán SinwUcissimus , no debe redundar en perjuicio de 
ninguno de los dos. Cervantes tenia ante si la caballería, una época 
aun romántica y una poesía nacional ya casi completamente culti- 
vada; el poeta alemán, al contrario, tenia el brutal salvajismo de la 
guerra de los treinta años y un lenguaje aun del todo bárbaro en la 
prosa. 

Don Ot^'iJüTE es, por lu tanto, el acabado modelo de todas las no- 
velas modernas, y el Siniplicissimus sólo ha llegado á ser el proto- 
tipo, con frecuencia desmañado y rústico, de la moderna novela ale- 
mana. Pero en vivacidad de concepción, en profundidad de objeto 

en épico desarrollo, ambos poetas son gemelos.» 

' ( Dtrdcutithe Román d«s i8 Jahrh. in seinem Verhallniss ^um Chriuenihum .-Lcip- 
itl5t.J 

«Cervantes escribió en sus juveniles años veinte ó treinta come- 
dias que se representaron con aplauso. De ellas sólo dos se han con- 
servado, el Trato DE Argkl y la Numancia. La primera, entre gran- 
des bellezas poéticas, tiene poca destreza dramática, pero ofrece es- 
pecial interés biográlico, pues representa los propios sufrimientos y 
heroicidades del poeta durante su cautiverio en Argel. Al contrario, 
en ta Nümancia, que traía de la trágica calda de esta ciudad por las 
superiores fuerzas romanas, vemos al mismo tiempo la notable in- 
tervención de una lucha literaria que ha causado gran estrago entre 
los dramas de todas las naciones, y que en realidad aun hoy no ha 
concluido. 

Yaentonces, en otro terreno de la poesía, también había penetra- 
do en España la epidémica imitación de los antiguos, y habla sido 
igualmente ensayada por Hermúüc/ y Argensola en el drama, aun- 
que con poco éxito. Cervantes siguió este camino, quizás con in- 
consciente conveniencia. 

Eti su NuMANciA reconocemos en realidad casi todos los rasgos 
sobresalientes de la tragedia antigua, el leve paso mortal del destino 
y el reflexivo espíritu del coro en las figuras alegóricas oue apare- 
cen entre los actos ; y hasta el voluntario sacrificio de la vencida 
Numancia tiene por entero la grandeza de la virtud antigua; mien- 
tras que, por otro lado, eí romántico sabor del conjunto y el domi- 
nante espíritu popular del entusiasta amor á la patria hacen com- 
pletamente nacional, aun hoy día. esta, maravillosa obra : prueba 
evidente de cómo el pretendido antagonismo mortal entre el gcnui- 
O^pmanlicismo y lo verdaderamente antiguo es en realidad sólo 



386 



CervADtes juxgodo por los extnn|eros 



ilusión y una caprichosa equivocación de tos eruditos. A pesar d^ 
estos Ingeniosos ensayos^ Cervantes quedó pronto oscurecido en el 
género dramático pur un naciente astro po¿tico,y cuando, más lai 
de, condescendiendo sin restricción á la corriente popular,.salÍóoti 
vez con ocho coincJias, ya era dcina&iado vie)0 y estaba además bi( 
poco familiarizado con este terreno para sostener victoriosamente i 
contienda.» 

{Zur GescJiichte des Dramaí.-Lcipsig, ¡Sít^; t.") 

Décembrc-Alonnicr : i85...? 

«Los padres de Cervantes querían que fuese eclesiástico; pero _ 
que ya se había dado á la poesía, no quiso. Aconsejáronle que se hí" 
ciesc médico: pero tampoco quisu 

Su inmortal DonQuiiotk fuéle inspirado por su deseo de vengar- 
se del duque de Lcrma,quc un dia Ic trató con menosprecio. Hasta 
fué perseguido por el ministro y obligado á interrumpir su trabaju. 

Lo que especialmente caracteriza la obra de Cervantes esqucex- 
cit» la risa, ridiculizando sentimientos y virtudes mal empleados, 
sin que por ello quede su brillo empatiado. Sancho Panza, cuyo 
fílosóflco porte se compenetra con el pa.so de su asno, que compre- 
de á esta bestia y armoniza tan bien con ella, se expresa siempreen 
proverbios populares, cuya sabiduría es más profunda que las ense- 
ñanzas presentadas en estilo metódico.» 

{Dictionnaire populairt iUusIré d'HixIoirú, de Giagraphie, de Biographte. ele 
París, a.'cdid<5n.¿,..Í^. 4.'') 

Dr. Johannes Scherr Hohenrechberg ; 1851-1874. 

«La obra maestra de Cervantes es la tragicomedia de la natuí 
leza humana perpetuamente oscilando entre lo ideal y lo real, qi 
en el Do.n Quijote; se desarrolla ante nuestra vista de una manera 
sorprendente. El Don Quijote, que toma todos los grados y matices 
de lo cómico, sólo excitará risa en el lector superficial; pero el pen- 
sador adquirirá el convencimiento de que en este libro se trata del 
eterno contraste entre espíritu y materia, poesía y prosa. Porcllocs 
el Don Quijotk la más grande alegoría que hasta ahora se ha crea- 
do; un inagotable tesoro de sabiduría y del más puro deleite.» J 

{AUgtmeine GescHichie der Lileratur : ¡Sbi.-MeníchUche Tragihom&dic: 187^, 
3 lomos.) 

Kari Roscnkranz : i855. 

«Cervantes es en la poesía española el grande y ónico centro que 
ha dado impulso deproduccióná todos los géneros de la misma, y, 
sin embargo, sólo consigo mismo puede compararse, porque desco- 
lló, rcahnente hablando, sobre el espíritu Je su nación. Cervaiugs 



era un verdadero espaflot; pero el espíritu crtiicoqueen él scalber- 

faba, el genio reformador que le animaba, eran ajenos ásu patria. 
!n estoes único, pero justamente en esto se fundaban la universali- 
dad de su fílosúfla, la libertad racionalista de su juicio, la humani- 
dad de su poesía. 

La última obra de Cervantes fué los Trauajos de Persiles y Si- 
GisMUNDA, una imitación de la historia etiópica de Teagenes y Cha- 
riclca, de Heliodoro 

La reciproca, siempre icual y verdaderamente virginal pasión de 
ambos amantes, su delicado temor de dar lugar á su ardiente sen- 
timiento sin la autorización de la Iglesia, su vichemente deseo de 
obtener la sanción de Boma, y á su alrededor el cambio más súbito 
de lodo, cosas, personas y pasiones, hacen aparecer esta novela como 
laantitesis del Quijote, pues si en ¿stc se presenta un maniaco con 
quien los otros, los que se tienen por cuerdos, se divierten; Pcrsi- 
les y Sigisinunda son los cuerdos, mientras que, á su alrededor, el 
mundo positivo aparece desquiciado por todos lados por la manía 
de las liviandades y pasiones que llegan hasta la grotesca locura. 

La obra maestra de este máximo poeta español será siempre su 
Quijote. Desde luego tiene este libroclsipniíicadodela irónica des- 
composición del ideal caballeresco, el cual se esiorzaban todavía 
positivamente en mantener firme los libros del Amadís. Don Qui- 
jote, cuya subicliva exaltación por el ideal de la caballería es per- 
fectamente legítima, cae en evidentes contradicciones al intentar su 
realización. Ln vez de castillos halla ventas; en vez de encantado- 
res, cuadrilleros; en vez de inocentesoprimidos, galeotes: en vez de 
gigantes, molinos de viento; en vez de doncellas menesterosas, ra- 
meras; y en lugar de una síífidc, adora una aldeana del Toboso. Sus 
animosas empresas le valen generalmente una tanda de palos. Pero, 
en segundo lugar, Cervantes creó una nueva forma de novela, pues 
opuso al fantásiico idealismo del noble caballero, el cuerdo realis- 
mo de su escudero el labrador Sancho Panza; relación que por vez 
primera quedó apuntada en las relaciones de Salomón y .Morolf. 
Si se considera cuan raras son las grandes invenciones fundamen- 
tales, aparece cual un hecho inmortal la concepción de este contras- 
te entre la fantasía yel entendimiento, la poesía y la prosa, la extra- 
vagancia y la critica, la idealidad y la realidad. Este hecho estaba 
fundado no sólo en e! punto de vista enteramente espafiol, sino en 
el completo Ideal de la libertad, que tanto avasalla á la Belleza como 
á la Sabiduría. Cervantes ha contrapuesto aquella antitesis no sola- 
mente como lo hace el drama español, sino que también ha senta- 
do que este contraste es perpetuo. Ambas tendencias, la real como 
U ideal, son igualmente ncccsana:^ á la verdadera libertad. Don 
Quijote puede, por tanto, hablar de la manera más razonable v gran- 
dilocuente sobre objetos ideales, por ejemplo, la guerra; y ¿ancho 
Panza, el material, astuto y prosaico labrador, puede cre^r en las 
coMs más disparatadas. Ydeaqu! nace aquella fina ironía en la cual 
Cervantes sólo tiene por rival á Shaltcspeare. En esta ironía Cer- 



M 



Cervantes )u2gi>do por los extrnnterds 



vantcs se eleva sobre c! horizonte del ideal catót ico-romántico, y 
transfigura, en humorística gracia, la satírica amargura que entríK- 
locic*) la vida de Quevedo. En tercer lugar, finalmente, Cervantes no 
se detuvo en la simple ironia de contraponer á Don Quijote, cual 
fantasma, con la viviente realidad, sino que fué más allá. Estable- 
ció una positiva representación del romanticismo moderno, con la 
cual, por medio de un profundo desarrollo de lo trágico y de lo cA- 
mico, elevó á más alta esfera los elementos de las novelas pastorales 
y picarescas. Este es preferentemente el significado de las novelas 
de la pastora Marcela, de Cardenio, del Cautivo y de el Curioso im- 
pertinente, que ocupan casi la mitad de la obra.» 
( Die Poesie und ihre (¡achidite.-Künigsberg, lí 55 ; 8.*") 

Ludwig Lemcke : i855. 

«Los defectos capitales de la Calatea, la demasiada acumulación 
de los episodios y enredo de los sucesos, la remota y enrevesada re- 
lación del estado pastoril con las costumbres, forma de la exposi- 
ción y pintura de los personajes descritos bajo disfraz, rebajan este 
género de novelas, completamente paradójico y fuera de lo natural. 
Lo que en este género podía buenamente ejecutarse, lo ha efectua- 
do el genio de Cervantes, y si, i pesar de la belleza del lenguaje, de 
las brillantesyvivas descripciones y de la delicadeza del sentimiento, 
la Calatea ocupa el lugar ¡nfcriorcntrc sus obras, debe únicamcnie 
reprocharse al autor la elección de la materia. 

El Quijote no solamente debe ll.imarse el primer modelo clásico 
de la novela moderna, sino en general la más bella de todas las no- 
velas del mundo 

Seguramente Cervantes tuvo al principio la intención de escribir 
contra la perniciosa pasión por la lectura de los Hbros de caballe- 
rías, mostrando, con el ejemplo de su héroe, cómo á un entendi- 
miento sano podía llevarle semejante lectura al estado de una per- 
niciosísima monomanía. Este motivo está convenientemente prepa- 
rado. El Amadis habla dejado tras si un sinnúmero de continuacio- 
nes, que pintaban, ya en la mitad del siglo ^VI, un ramo decadente 
de la literatura, y que rivalizaban en extravagancia, falta de natu- 
ralidad y en todas las posibles infracciones del buen gusto y de la 
verdad histórica. Todos los medios que se emplearon para comba- 
tir esta perniciosa irrupción fueron infructuosos, y sólo quedaba 
uno, que nadie habla querido emplear ; el azote de la sátira. Cer- 
vantes fué el primero que tuvo este feliz pensamiento, que en &u 
Don Qluotk tan magistral mente llevó á cabo. Pero Cervantes era 
un genio demasiado superior para que en la realización, aunque 
inconsciente, no hubiese agrandado su designio particular hasta un 
orden de ideas más general 

Mientras el ingenioso hidalgo busca y cree ver en el mundo mo- 
derno hombres y sucesos que pertenecen á un período pasado, al- 



Cemnict juzgado por los eiiranjeros 



389 



canza también la burla á toda la fantasmagoría de la Edad Media, 
que tudavia respiraba en \os caracteres de muchos españoles de en- 
tonces, y quy tampoco faltan en nuestro tiempo, pues, en su exal- 
Uición por el pasudo, no prestan atención alguna al modificado 
presente. La apropiada enseñanza para todos los tiempos y situacio- 
nes, nunca ha sido tan admirable y bellamente descrita como en el 
Quijote. Por eso el poema de Cervantes, como los de Shakespeare 
y Dante, no es solamente el más hermoso monumento de su iitera- 
^"ri patria, sino el libro de lodos los tiempos ynaciones. 

La Sc^und.i Parte fué recibida aun con mayoraplausoque la Pri- 
'nera. pues la .sobrepuja tanto en riqueza de ideas, como en delica- 
deza de ejecución 

Cervantes debió de ser desconocido y desdeñado por sus contem- 
A?ráneos, porque no supieron conocer ni entender completamente 
Su obra. Esta necesitaba la madurez de las generaciones venideras 
Para ser comprendida y apreciada. 

En 1613 publica sus NovKLAs EJEMPLARES, el más eminente mo- 
J^sío, sin duda, de esta clase de composiciones en la literatura espa- 
*^ '^ ; ellas solas son suñcientes para asegurarle un lugar entre los 
^«^r- i lores clásicos de su nación.» 
■(. -^^^ndbuch cier jfMniicke LiKratur.-Leipíig, i855; (. I. ps. 3S0, 38a, $87, 388 y 



toine de Latour : 1855-1869. 

-^ E.n La G1TAN11.1.A, encantadora novela cuya heroína es digna 

"^""^^ pañera de la Esmeralda de Nukstra Señoha de París, pinta 

^.^"""V-antes con tanto atractivo y hasta elocuencia los placeres tie esa 

^''^ ^ libre. indi)lenie, primitiva, poco escrupulosa y expuesta siem- 

f"~*^ -á lo inesperado, que parece como si hubiese querido dar vida á 

"'^ *^^ de sus secretos sueftos dorados, bajo las (acciones del joven ca- 

* '' <sro que se hace gitano por amor. 

■^ » scoNETE Y Cortadillo no es ni una biografía, ni una historia; 

*-* ría simple escena, pero tomada instantáneamente del natural; 

*-* «~i boceto de vigor ydc relieveextraordinarios. Kl lalentüde Cer- 

_^ '^ tes ha pintado cnn adjnirable verdad los dichos, los hechos, los 

j^'**^^, hasta las miradas de toda la caterva de ladrones, pordiose- 

^ ■» picaros y rameras que se reúnen en casa de Monipodio. 

^ ^- 1 título más glorioso de Pinel es haber aplicado el tratamiento 
jj^^^ "^al en las aberraciones del espíritu. Pero, lo que debe asombrar- 
d& ^ ^'^ hallarlo empleado, dos siglos antes que Pinel, en la novela 
ijj^ ^^crvantes, y con un arle, con una destreza, con unos resultados 
^ ^ pueden servir de enseñanza á los más diestros.» 

^ ^*\ȇ*i tur t'Eipagne.-Putii, i85>. Articulo ; Cervanttt i Sii/iUe.) 

Tobo 111 iS 



ago 



Cervantes juzgado por los ciiranjcros 



ElogUnda la descripción de las riberas del Tajo que hice Elícioá Timbrioeni 
Gauxtba, dice ; 

«^No es verdad que á través de toda esta mitología y de este pai 
sndo estilo que parece imitativo del curso perezoso del rio, se síciit 
correr un ambiente primaveral? ,jNo es verdad que se respira aqi 
un sentimien 10 delicado de las bellezas de la naturaleza? Hay rasgt 
admirables que el poeta toma de la naturaleza misma.» 

{Tolide et let bords Ju Tage.-^iUs., í86o.) 

Al protestar con Tubíno del sistema de comento de Benjumea, añade : 
«Si no temiese einpcqucnecer esta obra maestra llamada Don ()\j^ 
JOTE al caracierizarla de esta manera, diría que es el manual mis 
instructivo que se ha escrito sobre Espalla. y rodos losouc tenemos 
la pretcnsión de hablar con alguna novedad de este paU, debemos 
contentarnos con merodear tras de Cervantes. Cada vez que alguien 
me honra preguntándome cuál es el libro que debe tomarse por 
guia para atravesar los Pirineos, sin vacilar digo : « Tomad el Qui-. 

JOTE.» 

La NuMAKCiA supera con mucho el nivel de !o$ demás ensayí 
dramáticos de Cervantes, y por la elevación, la elocuencia, el ali'er 
to y un vehtmcnic soplo de patriotismo, t^uc remonta at curso 
los siglos, ha merecido con justicia la caJihcación de épica que 
da M. Royer. 

Los Entremcsks son simples bocetos, pero escritos en la chii 
peante prosa del Quuotic y animados por la vis cómica que era 
genio peculiar de Cervantes.» 

(Études ¡iltiraires sur {'Etpagne mntemporaÍne.~9Kt\s, [864.) 

«En ElViajc del Parnaso, bajo la forma ingeniosa de una alego- 
ría satírica, Cervantes nos ofrece en resumen un cuadro muy cu^_ 
rioso de la poesía de su tiempo jH 

En este poema el elogio uíterna cun la sátira, las lágrimas con la 
risa; y el gran prosista descubre con frecuencia verdaderas cuali- 
dades de poeta. La invención y la vis cómica no podían fallará Cer- 
vantes. Si en algunos pasajes se halla el énfasis de los discursos del 
buen caballero, en muchos otros el buen sentido burlón deSanchose 
presenta en el ritmo, amenizando la narración. 

El poema tiene un episodio en prosa (La Adjunta al Parnaso] 
en donde Cervantes está retratado de cuerpo entero.» 

(^Espegne : traditions, mteun, lilliralure : nouveila iluiíes.-PaTif.. 1S69.) 



Augusie Vacqueric : i856. 

«Todas las obras maestras se compenetran, sin confundirse. 
Hamiet es Orcstcs; Didier en Marión de Lorme es .Mcesies en Ce 
¡iméne\ Chrysale con Philaminie es Sancho con Don QuiJoU; 



Cervuiiesiutgado |>or los e»ranjero& 



»9< 



esxsM. ideniidad es la que hace que Orestcs, Hamiet, Marión de Lor- 

tr» «s, C¿lim¿ne. Chrysaia y Sancho sean ciemos; es la que hace que 

cr» »i 1 griego anteriora Sócrates, en c! inglés anterior á Cromweil, 

crt 1^ coqueta que Moliere nos presenta, en la cortesana rehabilitada 

pt^r f lugo, en el burgués de París yen el labrador de la Mancha, se 

er»«::i-aenTre al hombre 

¡ Enasta ya lantu ideal! jSobradu tenemos ya de espíritus que tor- 
tia r~£>- ti la materia, de almas que niegan el cuerpo, de cielos eguistast 
Y «si c^oísma de los cielos es lo que Cervantes ridiculiza en su Qut- 

j OTT- .e; 

>X.cquÍ están, pues, mano á mano, por montes y valles, en busca 

dcr SI 'venturas, en ludus las escabrosidades del terreno y accidentes de 

1^ V i erra, el alma y el cuerpo, lo ideal y lo real, la imaginación y la 

"vi c:!.^ , laaspiración y el apetilugru.sero.DonQuijote tratando de hacer 

«2 1 t3 i en V destruir ct mal, amparar doncellas y combatir ^i gantes, por 

i~trcr<:> inpensa halla golpes. Sancho, esperando una ínsula: Don Qu¡- 

íotcs, llenos los cascos de Dulcinea, de encantadores, de misterios: 

Scia-i cho, famélico tras la vaca con cebollas y las manos de ternera; 

t>t>n Quijote, tirmc sobre su ñaco Rocinante, y Sancho, pesadamcn- 

^*^ vKi «.intado en un asno, para estar m&s cerca del suelo que sus pies 

casi barren. 

Y* «n todo el libro vemos las cosas naturales y vulGares contraria- 
*ia,s porlasextravaganciasdeDonQuijote; veníosla vida real en fren- 
te de ta vida quimérica. En todo hay enseñanza profunda : en que 
San cho sea el escudero de Don Quijote; en que el positivo por sí 
*c»l«_» es tan luco como el idea! pc*r si solo, ¡y de la misma locura! ; 
*f^ c^ uc el duque, la duquesa. IJorolca. Camacho, Cardenio ytodos 
l^s e^uc quieren ser la realidad en contraste con la imaginación, la 
I^Urr-ianidad en odio del libro, la carne contra el alma, esta vida sin 
'* otra, son tan absurdos como la imafíinación sin la realidad y co- 
"^o I a otra vida sin ésta. La verdad no es ni la materia ni el espíritu. 
'^ I =1 materia y el espíritu ; no «s ni csia vida ni la otra, es esta vida 
>' I £». otra, y muchas otras. 

Si fuese preciso elegir entre lo ideal y lo positivo, Don Quijote 
'er-» dría razón; porque, cuando menos, su locura es generosa. Ir por 
?' '~i~i undoá socorrer desvalidos, á provocar toda la maldad humana, 



"roiarse sm 



— .w, vacilar un medio de un «lército entero, á ponerse 

** stePlicio de cualquiera prmcesa Micomicona que tenga gigan- 
^^^^ <:onira quienes combatir en paises para ir á los cuates se neccsi- 
** ^ nueve años, es extravagante, pero es valeroso. Es verdad que la 
P*~i nccsa no es tal princesa y que el gigante es una mentira: pero 
"5^ q uc no es mentira es la in trepide/, de Don Quijote. Loque hace á 
*^^*± ridiculo es que las cosas desmienten perpetuamente sus creen- 
^'*s sobrehumanas. 

i—o grotesco s()Io resulta de la desproporción entre su naiuraleza 
—^■"nasiado sublime y una realidad demasiado Ínfima. ¿Quién de los 
**?s obra á sinrazón : el que se ofrece abierta y gencrosanienieal ali- 
vio de todas las desventuras, ó esta vil realidad terrestre que á untos 



*99 



Cervint» juzg*d« por l«s «xiranier«» 



magnánimos esfuerzos responde con tantas traiciones ruines? ^De 
quién es la sin razón: del alma por ser tan grandevo de la vida por ser 
Un pequeña? A medida que avanza, Cervantes va comprendiendo 
que lo positivo no lo abarca todo. £n la segunda parte de su poema 
ya noquierc que Sancho sea tan gloión,ni cree que Don Quijote deba 
ser tan loco. Le maltrata menos, pues lleva ia mejor parte en las con- 
tiendas con el caballero de los Espejos, con los partidarios de Cama- 
cho, con el eclesiástico reprensor y con el Icón. Cervantes hace re- 
saltar más y más las buenas partes de Don Quijote, quien, fuera de 
su mania, es una perfección; es liberal, activo, sufrido, elocuente, 
benéfico, respetuoso con las mujeres, altivo con los hombres; en lín, 
Cervantes rodea esta demencia con la aureola de todas las virtudes. 
De suerte, pues, que con tales circunstancias, el alma no será por cier- 
to vencida ¡A ti, Moliere! ¡Cosa rara! Estos dos grandes 

poeías, Cervanies y .Moliere, han querido resucitar lo positivo, ma- 
tando lo ideal. Estos glorificadorcs de la materia forman á Chrysale 
asustado de Fhilamíntc, y á Sancho fascinado por Don Quijote.,... 
Tomemos al Don Quijote y á Les Femmes savantas por su mira ele- 
vada: la asociación del cuerpo y del alma. Don Quijutev Sancho son 
compañeros de viaje; Chrysale y Philaminie son maridoy mujer.» 

(Articulo Don Quichoue, e^crilo en Gucrncscy. en Kcbrerotl* t856.-UnÍÓ&« des- 
pués i otro;» urbajos Jcl mismo autor en un tomo t>a.to el título de ProfiU tt gri- 
maces.) 



F. Puech : i856...? 

«En lacran Exposición de i855 apareció un cuadro notable, que 
en el Catalogo tenia por titulo /^'fi/orr (la picota); pero el asunto 
estaba mejor explicado por los cuatro versos de Bérangerqueel ar- 
tista habla inscrito al pie de su obra, á guisa de leyenda : 

On Us perséculí. on ¡es tue, 
SauJ. aprés un lent examen, 
Ȓ Itiur dresser une statue 
"Pour la gíoire du genre humain. 

£1 pincel del artista habla traducido el pensamiento del poeta, y 
los tocos sublimes que, desde Esi>p() hasta Salomón de Caus, han 
alumbrado á la humanidad en su camino, figuraban alli como en su 
puesto de honor ; allí se presentaba Sócrates bebiendo la cicu- 
ta, al lado de Cristo coronado de espinas; Galileo demostrándose á 
si propio la verdad del principio que habia descubierto, frente á Cris- 
tóbal Colón soñando con el mundo que habla adivinado Allí 

estaba aquel loco de genio, el glorioso soldado de Lepanio, el indó- 
mito cautivo de Argel, el original autor de las Novelas Ejemplares, 
el Boccaccio español, y más que todo e.<:o, el autor inimitable del libro 
más hermoso después del Evangelio, el creadorde Don Quijote, Mi- 
guel de Cervantes Saavcdra ¿Cómo habla ganado Cervantes su 

puesto en cl TUori de honor? Eso es lo que vamos á escribir; y oja- 



Cervantes juzgado por los extranjeros 



>93 



[á pudiéramos, al trazar la narración de sus Infortunios, hacer que 
el corazón de nuestros lectores sintiera la emoción que experimen- 
taban lüs espectadores del 7*í7orí. » 

\Le livre rf'or dapaipUs : Plutarque iiH(Merif/..ParÍs.-lniroducción ¿ la vida de 
C«n-an tes.) 

Charles Knight : 1857. 

«Cervantes tuvo imaginación ¿ inventiva; sienjpre escribió con 
pureza, pero no fué poeta; le fallaba ese gusto severo, esa potencia 
de concentración y esa perfección del oído por el ritmo que consti- 
tuyen la poesía. Pero su obra maestra, Dok Quijote, es perfecta en 
toíias sus partes; su concepción es admirable, demostrando el autor, 
en cada página, una elevada mente filosófica, los más nobles senti- 
mientos expresados con inimitable sencillez y un perfecto conoci- 
miento del corazón humano.» 

( The Englhh Cydoptdia ; a new Diclionary- 0/ universal Knowledge, condueted 
by Charles Knight.-Í.oniioa , Bradbury & ^ttni.-Biography; vol.de 18S7 : artículo 
SAAVEDfA [Miguel de Cervanlea'i. K&ta bío^raiía, tornada de Navariete, ocupa U» 
columnas.) 

Eugéne Barel : 1857-1863. 

«Para que el Quijote haya llegado á formar parte Integrante de 
todas las literaturas de Europa, para que esta obra haya tomado po- 
sesión en los archivos del ingenio humano, precisues que. además 
de una fábula de las más divertidas, haya en él un fondo de gran 
seriedad; que, entre muchas aventuras burlescas, halle cUccior ver- 
dades de lodos los tiempos; que, mezcladas con sencillas jocosida- 
des, se descubran reflexiones provechosas para todas las épocas y 
para lodos los hombres. Este libro, tan original por la invención, tan 
ingenioso por los detalles, es en el fondo el juicio de la época emi- 
tidu por un hombre superior á su ¿poca. 

Ceñir, en esta obra, el genio de Cervantes & la estrecha sátira de 
un género literario, es no comprender n¡ la riqueza ni el alcance de 
su genio. 

Don Quijote nos interesa por su misma exaliación. es decir, por la 
tendencia idealista dcsu espíritu, pero más aún por las desventuras 
de toda especie, que dimanan de este mismo idealismo. Este obstina- 
do delirante excita profundo interés Sancho, á la inversa de su 

amo, nos iniere.\a por el positivismo de su naturaleza, por la sen- 
cillez de su buen sentido. Simboliza los efectos de la transfnrmación 
que se opera en el humbrc cuando el tiempo y la experiencia han 
madurado su espíritu y contempla entonces con sangre fría aquellos 
mismos objetos que habiaconsidcradoá través del prisma del fervor 
y del entusiasmo. 

Esta pintura en acción, superior á tantos pretendidos análisis psi- 
cológicos, este cuadro alegórico del juego alternativo de las dos fa- 



"M 



CervAnies juzgado por los txiranjcro& 



cultades dominantes de la vida humana, estesentido profunda ocul- 
to con tanta gracia bajo el velo transparente de la fábula, constituye, 
según mi leal mentir, ta causa principal del ¿xito del Don Quijote. 
El hombre está retratado en cada una de sus páginas, con sus con- 
tradicciones, su lógica intermitente, sus perpetuas oscilaciones en- 
tre lo verdadero y lo falso, la razón y la imaginación; sucesivamente 
idealista y positivo, entusiasta y pensador, especulativo y prosaico. 
Cierto es que el autor del Don Quijotr tuvo por objeto satiri;!ar 
los libros de caballerías: pero sólo quiso proscribirlos malos, y sólo 
combatió la exageración de las ideas caballerescas.» 

iEsftagne el Pro i-cnc*. -París, iSS?,) 

«Cervantes ha seguido dos sistemas diferentes y casi opuestos en 
sus obras dramáticas. Unas pertenecen al género romántico y popu- 
lar; son verdaderas comedias de capa y espada, en que el autor ol- 
vida voluntariamente lo que sabe, para conformarse con el gusto 
del público, merecer sus aplausos y proveer á su habitual sustento. 
Las otras son ensayos trágicos, compuestos con la mira de dará Es- 
parta un género dramático de que carecía. Citaremos, entre estas 
obras la Numancia, trabajo de carácter elevado, digno de él y de su 

f;loria; composición grandiosa, bella en todas las épocas, como todas 
as que llevan el sello del genio. En ella ha sabido enlazare! interés 
que inspira la suerte de tos Numantínoscon algunos personajes prin- 
cipales que nos dan ¡dea completa tanto del heroísmo de la ciudad, 
como de los rigores del sitio, ti estilo tiene el carácter de la senci- 
llez antigua y se presta admirablemente á la energía y á la grandeza 
de las situaciones. Y aun la obra habría sido más nacional, si Cer- 
vantes hubiese seguido con major fidelidad la narración de los his- 
toriadores. Tal como es, todavía, en opinión de M. Pauriel, de quien 
tomamos estos detalles, es una de las obras raras que merecen en 
todas épocas ser estudiadas.» 

(Hisloire de la lilliralure espagnok.-PitU, 1863, 8.°.) 



Anónimo : i858. 

«Et carácter de Gcetz (') ha sido evidentemente inspirado por el 
de Don Quijote. La analogía entre estas dos poderosas creaciones es 
de las más evidentes, y no se puede admitir que Gneihe desde el prin- 
cipio hasta el fin haya seguido á Cervantes sin saberlo 

Tenemos la profunda convicción de que la obra de Cervantes es 
desconocida «n lo que constituye su más elevado alcance, pues ge- 
neralmente no se le atribuye más que la intención de ridiculizar la 
caballería y sus libros. Creo que Cervantes no se propuso tan mez- 
quino objeto Don Quijote no representa una éprjcasola; es un 

carácter, es el tipo del ideal en todas las ¿pocas. En cualquier siglo 
que coloquéis al hombre que sujeta su conducta á las leyes de un 

0\ UoFU úc Berlichlngtn fue un futoMo buf8rs*«alttnin,d(teuil hiíoGnlht el prougoaim 
de uno de tu» drama» bíitArlcot. 



Cervantes jusgado por los extTsn|«roi 



>95 



idcat absoluto, le veréis chocar y contrastar con la realidad, y ese 

contraste engendrará indefecriblemente lo cómico Yocrcoque 

el caballerescü Cervantes, que sehabia precipitado en el movimien- 
to heroico de que apenas quedaban restos al fin de) siglo xvi, debió 
desentirse desalentado por el desencanta de un creyente lleno defer* 
vor que no ha podido acabar satisfecho su vida, que en la exagera- 
ción lie su ideal ha chocado rudamente contra las realidades y que, 
después de haberse visto obligado á abandonar la vida activa, se ha 
cündcnadoá una retirada dolurosa. se ha relugiadoen sus fanusias, 
y, en un testamento inmortal, lanza contra su siglo una sátira que 
¿sicno comprendió y cuya clave sólo la posteridad debía encontrar. 
¡Tributemos la debida reparación al más simpático de los escri- 
tores] Reconozcamos ai ñn, iras dos siglos de injusticia ydc error, 
en todas las proporciones de su gloria á un gran hombre que fué un 
mártir; que en todo el transcurso de su vida jamás conoció la dicha; 
cuyo corazón, puro de toda mancha, estuvo al abrigo de las peque- 
neces queá menudo invaden el de los grandes escritores, y cuya obra 
maestra lleva el sello de una naturaleza tan nuble, tan elevaba y tan 
humana, que ensualmarcsunaria tiernamente una reparación hecha 
por los ultrajes á su genio.» 

( ÜOK QuickoUe expiUjui par Goa^de Beriiehingtn. Oporlo, i8M.-Da noticia de 
este libro Sai ote- Be uve en sus .\OH¡'eaux lundis.) 

Ch. Fume: ití58. 

«Se cree, y él mismo al fin de su prólogo lo indica, que el objeto 
de Cervantes en el Quijote fué el de curará sus contemporáneos de 
la necia pasión por los libros de caballerías. Cícrtamcnic, el inmo- 
derado gusto por estas vanas é insípidas lecturas necesitaba un co- 
rrector y sin duda alguna Cervantes quiso serlo; pero esto fué sólo la 
parte superticial de la materia, la cual en el fundo tuvo otro objeto. 
Después de haber dado á sus contemporáneos la merecida lección, 
burlándose del ridículo énfasis y del falso heroísmo, Cervantes, en 
nuestra opinión, quiso quejarse de la ingratitud de aquéllos y jus- 
titicarse á sí mismo. Del mismo modo que Moliere trató de conso- 
larse de los caprichus de una mujer egoísta y coqueta retratándose 
bajo las facciones del Misántropo^ Cervantes, el heroico cautivo de 
Argel, sintió la necesidad de presentarse en escena y, como única 
represalia contra su siglo, derramar en su obra, espejo y confidente 
de sus vicisitudes, un poco de aquella ironía exenta de amargura que 
tan bien sienta al genio desconocido. La imagen de un hombre jus- 
to escarnecido siempre debió halagarle, puesto que era su propia his- 
toria. Convirtióse, pues, en héroe de su libro y, encarnándose en este 
sublime a/>a/faí/o, si asi podemos llamarle, compuso de todas sus de* 
cepcioncs, de todas sus miscri.is, una obra llena de ironía y de ter- 
nura, drama á la par satírico y simpático, epopeya sucesivamente 
burlesca y seria, una de las mayores creaciones, y, seguramente, la 
más original que en idioma alguno ha producido el ingenio huma* 



396 



CerTantes juegado por los extranjeros 



no. No hay ningún libro que respire heroísmo más noble, moral 
más puray filosofía más dulce; y en cuanto á utilidad práctica, na- 
die ignora oue los proverbios de Sancho Panza han Ilegadoáserlos 
oráculos del sentido común. 

En la Segunda Parte, las facultades creadoras del autor aparecen 
todavía con mayor esplendor. ¡Qué variedad de incidentes, qué pro- 
digiosa recundiüad de invención! ;Con qué arte conduce el autora 
su proiagonisiaá través de mil nuevas y asombrosasaveniurasí Pero 
esta VC2, en lugar de los numerosos palos que en la Primera Pane 
recibió, quizás criticados con jusiicia, ocurre una serie de engaños, 
cuyo principal instrumento es un nuevo personaje, el bachiller San- 
són Carrasco, especie de Fígaro escéptico y socarrón. 

Las NovKLAs de Cervanies habrían basiado por si solas para su 

gloria; puesto que se reconoce en ellas el admirable talento que para 
narrar tenia su autor.» 

(PrtloRo á l« traducción do! QuiJOTE.-Paris. l8^8i a \. %.*) 



Ferdinand Wolf: 1859. 

«Cervantes, como sucede á todos los gen ios, casi inconscientemen- 
te ha abrazado en lu más pequeño lo más grande; en su concrcioy 
burlesco conlrasie entre lo ideal y la realidad, ha pintado al propio 
tiempo con iráeica ironía la vida social para todos I os tiempos y crea- 
do una obra inimitable como modelo de prosa española. También 
Cervantes ha introducido, sino naturalizado, en sus novelas, bajo 
todos conceptos ejemplares, cl nombre y objeto de las novelas ita- 
lianas en la literatura española, y en su Perstles ha sabido natura- 
lizar tan maj^istralmcntc la fabulosa novela de amor creada por los 
griegos, que este jíénero se popularizó completamente y tuvo des- 
pués de él muchos imitadores, de los cuales ciertamente ninguno le 
ha alcanzado 

La Numancia, así como los juicios de Cervantes en su último 
periodo dramático, en el cual se ciñó al papel de critico de la esce- 
na española, hacen sospechar que durante su primer periodo aun 
habla vacilado entre el gusto clásico y el de su pueblo. Pues mien- 
tras Cervantes se había granjeado gloria inmortal en otros campos 
de la poesía, el genio de Lope de Vega fijó el destino del drama es- 
pañol y conquistó perennemente el duminíu di.-l gusto nacional.» 

{Studiin ^ur GetchkMte der spaniscAen und porlugÍeíi$ehen NtiHonaUíteratur.- 
Berlin, t85(i; í.* m. de ív-747 ps.) 

Karl Frenzel : 1860. 

«¡Qué libro tan triste y lagrimoso es esta maravillosa historia de 
Don Quijote, y, sin embargo, está colmado por cl más jovial grace- 
jo y la homérica carcajada! Triste, pues los ¡.entimientus mascaba- 



:rcscos, la fidelidad r veracidad sin par son hollados porgaleoies, 
arrieros yanimalcs inmundos; el valor,que jamásdemosiraron lan 
alto Amadís y Orlando, se agota estérilmente en ta lucha con mo- 
linos de viento, carneros y los títeres de macse Pedro; un hombre 
cuyas palabras, magnanimidad y hazañas esparcen inextinguible res- 
plandor y, cual las arengas de DemAstenes a! pueblo ateniense, arras- 
tran consigo los corazones con el Ímpetu del águila, ¡este hombre 
es un toco, y su morada, una jaula sobre la carreta de bueyes! 

^Pero, quién no sabe que, sobre el enteco, pernialto, descarnado 
y huesoso Rocinante, cabalga á través de los siglos, él, Miguel de Cer- 
vantes, como todos los idealistas? 

Se conoce queCer^-antes comprendió bien ¿ su época yásu pue- 
blo. Pero no sólo para ellos, sino para todos, surgió esc glorioso 
astro de la caballería andante, y aunque las nubes y sombras de la 
tierra Ic cubrieron todavía mil veces, relució, sin embargo, de vez 
en cuando, con resplandor más vivo; ninguna adversidad puede del 

todo extinguir la heroicidad en el hombre 

No en los chistes de Sancho, no en este eternamente codicioso, se- 
sudo y personificado sentido común estriba la imperecedera ironía 

del libro, sino en las alucinaciones de Don Quijote 

Pero, [ahí, cuando nos reimos de Don Quijote, nos reimos de nos- 
otros mismos; porque, ^á quién no se le convirtió su Dulcinea del 
Toboso en un ser vulgar? ^Quién se mantuvo tan firme en sus es- 
tribos que no le hiciese morder el polvo algún disfrazado caballero? 
^Quién hubo, tan falto de nobles sentimientos, que no quisiese en- 
derezar entuertos y amparar desvalidos, y que en sus nobles esfuer- 
zos por lo justo no saliese con una pierna rota, y, en lugar del agra- 
Jecimientode los miserables, no granjease el ser apedreado? Si esa 
:arcajada no fuese reflejada sobre nosotros mismos, no habría his- 
oria más triste que la del Ingenioso Hidalgo, Y por eso, en oposi- 
:ión á la divina del Dante, debiera ¿sta llamarse la comedia huma- 
ba, en su más íntimo seniido; puesto que, lo que llamamos vida, 
rste libro en su matizadlsimo desarrollo la contiene. Mientras Don 
j^uijote sólo está alucinado y engañado por sus propios ojos, y to- 
lo lo considera como un caballero andante y por ta voz de su co- 
■azón» estamos en igual caso que éj; pero cuando otros le impelen 
nhumanamcnte en la pendiente de sus desvarios y encantamentos 
^ara divertirse con él, cuando un profano Sancho fíngeá Dulcifica 
convertida en una labradora cuyo aliento huele á ajos, cuando una 
Duquesa seatreveá arrojar en su aposento unos gatos, que Don Qui- 
ote toma por malignos encantadores; entonces empieza á oscure- 
cerse este resplandeciente astro, entonces Don Quijote es un loco 

lieno de lá^lima 

Nunca se presenta tan completo el artístico talento de Cer\-antes 
2omo cuando comparamos el filosófico asunto de su novela con la 
multicolor esencialidad y variedad del mismo. El evidente, continuo 
y siempre renovado contraste entre amo y criado está matizado por 
ules de detalles y obra siempre de un modo original y caracteris- 



T«a«)ll 



i> 



lico. El deseo de poseer la prometida ínsula provoca en Sancho los 
síntomas de la misma enfermedad de Don Quijote. También cree 
en encantamentos, y así mismo el mundo loma para él extraña apa- 
riencia, Kn 5u t;roscra inteligencia penetra el resplandorde la trans- 
figurada faniasfa de Don Quijote, yse^ún como él usté situado, ora 
en e-sta \ur., ora en aquella sombra, es aliernativamcnteengañadoó 
engañador 

Sancho significa sAIo la prosa de la vida, el matcriaüsmoglotón; 
en sus refranes hay una filosofía común, no individual ; una trans- 
figuración del sentido común, que el poeía, por boca de Sancho, re- 
comienda como el mejor tesoro del hombre en losacasosde la vida. 
La malicia y la sencillez se mezclan de modo tan intimo en la na- 
turaleza de Sancho que apenas pueden substituirse una á otra. Sin 
la tentadura persuasii'm de Don Quijote, habría permanecido simple 
labrador. Falstaff, al contrario, habríasidoun hombre en todas par- 
tes, si bien no como alma divina sino humana; un hombre nutrido 
de humorístico ingenio, que sólo baja la cabeza ante cí mismo hi- 
dalgo manchego. Pues esta sublime locurasólosehallaenélen este 
mundo : «para mi solo nació Don Quijote,» exclamad poeta, «y yo 
para él> Uno quizás le comprenderla: Hamiet, sí, pasando ambos 
en una noche de luna por la explanada de Helsinpíir, trocasen des- 
vario por desvario. Dice el intrépido hidalgo blandiendo la espada: 
«¡Todos los días acometo hazaftas para enderezar tuertos, y los mal- 
ditos encantadores me las convierten en jucRo pueril!» Yel danés: 
«¡ Una acción t Yo sabría una para regenerar el mundo; pero, ^es- 
tás tú seguro de que en este desolado y miserable jardín de la tierra 
cada hecho no hace crecer todavía más la cizafla?» Y asi siempre : 
el uno estrellándose en sus acometimientos contra el cstablccidoor- 
den de las cosas, como un buque con un estéril promontorio; y el 
otro, por su inactividad, hundiéndose en un abismo lleno de duelos 
y corrupciones 

Dije ya que adrede concentró el autor el interés en la personali- 
dad de Sancho. Los patéticos y románticos episodios que,sef;ún mi 
sentir, prestan á la Primera Parte de la obra tan nacional é histórico 
colorido, variedad y armonía tan gratas, le fueron censurados tan 
amargamente por algún miope critico, que en su Segunda Parte no 
quiso dar ocasión á nuevos reproches. Ya no discurre Marcela por 
los amenos prados, inaccesible á las flechas del amor; ya no apare- 
ce otra amante y discreta Doroteaque, cual bienhechora haddf olvi- 
da su propio dolor para sanar al pobre caballero; en lugarde ellas, 
introduce á la aviesa y desenvuelta Allisidora. Más adelante en el 
curso de su trabajo, Cervantes, como muchos después de él, entrevé 
en Don Quijote sólo el loco que quiere resucitar, en un mundo me- 
jor, una anticuada institución y costumbres olvidadas; un bufón que 
no se halla bien en las salas de los magnates. La quiebra en la crea- 
ción del poeta es irreparable, aun cuando, por fin, revigoriza la 
antigua fuerza con su primordial concepción, para que la figura de 
su héroe, antes de caeral siielo derribada, se amplifique con todos los 



encantos de su poesía y la melancolía del desenlace, la cual gime pe- 
sarosa y arrepentida de haberle por tanto tiempo tan cruelmente 
agraviado. 

Sin embargo, ^'qulén podría desdeñar los encanudores juegos de 
tu fantasía, aun alil donde yerren; á quién no vencerá tu ironía sin 
hiél, y á quién no embelesará tu magnanimidad, oh Cervantesr* De 
lal modo nos guias á través de los laberintos de la vida; sonriendo 
dulcemente nos señalas con et dedo las extravagancias y debilidades 
de acá y de acullá; de tí mismo le burlan cuanJu, embebido en la 
contemplación de un hermoso astro, tropiezas con las raices de \o& 
árboles y las piedras del camino; y, cun todo, cubierto de polvo y 
de heridas, pero con radiante mirada, en las sombras y en la lonta- 
nanza del amado astro, buscas el inasequible ideal.» 

{Diehter unJ Frauen.-HtnaovtT, 1860, l- U, ps. 194 i aoa.) 

K.arl Guslav Carus : 1861...? 

«Loqueen Cervantes tan especialmente edifica, es que su pro- 
í undü conocimiento de las extravagancias humanas iba en él unido 
^ un genio alegre y á una mente -serena. En verdad, nosotros los ale- 
«-nanes, siguiendo el modelo de los ingleses, somos propensos al tem- 
peramento melancólico, conforme nos pinta Schiller cuando dice : 
•^ I Cómo es posible que se regocije de la vida aquel que en sus pro- 
fundidades mira!» 

Yo creo que habría amado infinitamente á este Cervantes como 
hombre, tan entero é ingenuo se me presenta en todo; tampoco se 
^ucdc desconocer un perceptible aumento de madurez en et poeta 
^n la última parle del libro, que fué escrita mucho tiempo después 
«de la primera. Su apacibilidad.su sentimiento por la belleza moral 
3/ su gusto por la vida me han sugerido las más diversas considera- 
ciones. Pero luego me admira la alia sabiduría en la concepción de 
^ste mismo Don Quuoteí. ¿No está aquí serenamente representada 
Yoda la locura de la humanidad? ¿Quién, á lo menos una vez, nose 
L Jhalló por algún tiempo en et caso de ser cuerdo sólo hasta dcicrmi- 
I xiado punto, y que, tocándole éste, no scarmócon el yelmo de Mam- 
F ^rino? ¡Y cuan profundamente pensada aparece en general toda la 
I historia del noble Midalgo de la Manchal» 

É ' 

Denne-Baron : 1861. 

«El Quijote, juzgado á través de todos los prismas, fascina. Gran 
riqueza de poesía épica, admirable verdad de los caracteres, varie- 
dad de las situaciones, arle supremo de enlazarlas entre si y raroco- 
tiocimicnio del corazón humano, son las principales cualidades de 
la obra de Cervantes,» las que es preciso añadir la indecible gracia. 



el carácier de simpatía que todo el libro respira y la maravillosa fa- 
cilidad de invención que hace que no alcancemos á ver la menor 
señal de trabajo ni de esfuerzo.» 

{niciionnaire de la conversatkm tí de la leaurt.- Paiis, t86i, 3.* ed., l6u. 4.*- 
Anlculo Cervania.) 

Charles Lévéque : 1861. 

«Don Quijote es loco; pero es un espíritu venático en una alma de 
héroe. ¿H¿$c visto janiás locura más valiente y más sublime? Por 
otra parte, fuera de su monomanía, es juicioso, bueno, afectuoso, 
tiene iniel¡geficiadÍsiinguida,gustopurü,lenguajeeIevado. Ante una 
tumba próxima á cerrarse, pronuncia discursos elocuentes que lle- 
gan á lo patéiico. Sus últimos momentos forman una escena senci- 
lla y conmovedora que no puede leerse sin derramar lágrimas. La 
posteridad se muestra altamente reconocida á Cervantes por haber 
respetado el alma humana hasta en sus flaquezas, y por no haber ex- 
tremado el ridiculo contra la monomanía de la abnegación y del sa- 
crificio.» 

{La Scitnce du Btau iludiie dant sei principet, dans ses appticaíions tí data son 
iisíoirt.-Puis, 1861; a vols. 8.'; t. 11, p. a65.) 



Alphonse Royer : 1862-1869. 

«En LaNumanciacI autor e!eva el horror trágico á su mayor fuer — -' 
za. En algunas de estas conmovedoras escenas, el estilo toma una -^ 
tosquedad de color y una sencillez que recuerdan el "Vrometeo ó los^^ 
Persas del padre de la tragedia griega. 

Algunas de las obras dramáticas de Cervantes me parece que con^ 

tienen grandes cualidades; entre otras, El RufiAn dichoso. Sensi— 
ble es que los críticos franceses contemporáneos que han penetrado^:^ 

en el suelo virgen del teatro español, no se hayan ocupadi) en Cer ■ 

van tes desde el punto de vista de la historia dramática. Necesario es^^ 
tener presente que apareció en una época de duda vdcinvcstigación,.*"^ 
y que sucedió á autores enteramente primitivos. Sin duda Lope dcs-^ 

Vega debía ecl i psarle en la carrera dramática; pero es preciso no ol 

vidar que Cervantes pcnctróantcsqueél en el camino de la creación*"^ 
de un teatro nacional. 

Los Entre.meses bastarían, á mi juicio, para conceder á Ccrvan — 
tes el lugar que le es debido entre los padres del teatro nacional. Err~» 
estos pintorescos y delicadísimos bosquejos se halla toda la finur^^'' 

de observación, toda la acertada expresión del autor de las Nove 

LAS EJEMPLARES. A m¡ parecer, tienen gran mérito, no solament» 
como escenas cómicas, sino también como fiel trasunto de las cos- 
tumbres populares de un momento histórico ya lejano de nosotros 

Cervantes, al comenzar su Quijote, pensó satirizar las fastidios 
composiciones á lasque serviadc pretexto la caballería; pero proni 



CcpranKs juzgado por los extranjeros 



5BI 



dejó como secundaria tal maiería, y con iodo el calor de su imagi- 
nación surcó un mundo de sentimiento y de filosofía, del cual el do- 
naire es sólo el ropaje exterior. 

£1 público ha visto, en el libro de Cervantes, no una sátira de las 
novelas de caballerías, sino un libro de caballerías mcjorque todos 
los demás. El Quuots, por su lado humano ¿ interesante, ha con- 
quistado la popularidad, y por ello mismo ha llegadoáser un libro 
universal, que vivirá á través de lus siglos. Las desgracias del pobre 
hidalgo son verdaderas desgracias, su misma locura acrece g\ inte- 
rés que inspira, nos es simpática su escuálida figura y aburrccemosá 
sus enemigos todavía más de lo que él los aborrece. Yademás, ¿no 
es verdad que involuntariamente comparamos los molinos de viento 
que el paladín de la Mancha quiere combatir, con esos molinos de 
viento sembrados en la vida del honrado y puro escritor? ^No es 
verdad que hay puntos de analogía en los destinos de ambos? i Por 
ambos lados, ¡cuánta probidad empleada inútilmente á través de un 
mundo ingrato! ¡Cuántas privaciones sufridas! ¡Cuántas lanzas ro- 
tas contra felones y descorteses caballeros! ¡ Qué bondad y qué pa- 
ciencia en medio de los vaivenes de esta precaria existencia I En fin, 
ambos mueren crislianamenle en la cama 

El teatro de Cervantes evidencia una indecisión en su espíritu; 
pero La Numancia es una grande y magnifica composición, que pa- 
rece inspiración de Esquilo. La ügura de Escipión, la desesperada 
i<lefcnsa de los numaniinos y su sacrificio, etc., son dignos de la tra- 
gedia griega. La alocución de tas muicrcs y el episodio de los dos 
amantes, son los trozos más patéticos que ha producido la poesía épi- 
ca y dramática.» 

(i/il/oii-e untyerselle áu rAW/re.- París, 1869; 4 t, 8.*) 



Sainte-Beuve : 1864. 

« El Quijote, uno de los libros más amenos y sustanciososque exis- 
ten, empezado, casi por casualidad, con la sola mira de ridiculizar 
los libros de caballerías y un falso género literario en plena boga, se 
convirtió, á medida que avanzaba la acción bajo la fecunda pluma 
de su autor, ingenio ameno, en un espejo completo de la vida hu- 
mana y en todo un mundo. Todo en ¿I nace déla misma obra, todo 
está conducido con naturalidad y como sin designio en esta compo- 
sición fácil y festiva; del principio al fin del libro se reprende joco- 
samente á la humanidad, pero de una manera que ¿sla no queda 
ofendida; y en medio de las alucinaciones, y aún á través de la in- 
moderada pero siempre inocente carcajada, subsiste la fe en la vii>- 
lud y en la bondad. 

Noseconoce producción alguna que ofrezca una mezcla y un con- 
traste tan felices y tan vivos de buen sentido y de imaginación, de 
experiencia y de hilaridad, de madurez y de juventud. 

kj Don Quijote ha tenido la suerte del corto número de aquellos 



303 



Orvinies jurgado por loa extranjeros 



libros privilegiados que, por una fortuna singular, por una armo^ 
nia y una disposición única de )a realidad individual y de la verdaf 
general, han llegado á ser el patrimonio del género numano. Ha-* 
biendo comenzado por ücr un libro de actualidad, se ha convenido 
en un libro de la humanidad; y tiene para siempre sitio señalado en 
la imaginación de todos. Desde esc momento todo el mundo se h^_ 
ocupado en él y ha tomado de ¿3 á su antojo, interesando lo mism^H 
á los niños que á los hombres. Sin que lo pensara Cervantes, cad^^ 
uno de nosotros es á su manera un Don Quijoie y un Sancho Pan- 
za. En cada uno de nosotros se halla, en mayor ó menor grado, al( 
de esta deficiente alian/a del ideal exaltado y del buen sentido poj 
tivo y rastrero. En muchos es sólo cuestión de edad; uno se duei 
me siendo Don Quijote y se despierta siendo Sancho. 

i Desbastarse cada día algo, como Sancho; estoes, pasar de unai_ 
surdo grande aun absurdo menor! ¿No es verdad que, extremando" 
la ironía, podría sostenerse, sin demasiada inverosimilitud, que sea 
quizá CSC, en ciertos ramos, el único progreso posible para la huma- 
nidad. 

Cervantes compuso una obra maestra sin sombra alguna, de cla- 
ridad perfecta, obra amena, sensata, en la que sólo se introduce lt~ 
quimérico para ridiculizarlo. 

Ahora bien : si queremos obrar con verdad al juzgar el Quijote, 
es preciso secar esta lágrima que de algún tiempo á esta parte se ha 
querido unir á la sonrisa, ó, cuando menos, es menester decir para 
que el mundo lo sepa : «Ks/a lágrima, sela hemos puesto nosotros, 
porque creemos que le sienta me/or.» 

Pero todos, críticos y pintores, al volver con tardio acuerdo sobre 
la sincera y festiva obra maestra, no olvidemos su original esencia. . 
Ennoblezcámosla, tratémosla dignamente, como le conviene y de a 
conformidad con su tono primitivo; pero no la presentemos con de- 
masiados cambios; mezclemos en ella los menos pensamientos ex-— 
traños que podamos, y, sobre todo abstengámonos de atribuirle lo<; 
que una excesiva reñexión podria sugerirnos, j Es de tan buena cor 
dición!» 

{Lts nouutaux lundis.'Pitii, 1864: t. VI11; sniculo Don Quichotte.) 

Charles Romey : 1 864. 

«Los Entremeses de Cervantes, después de Doh Quijote y las N'g 
VELAS, aunque ciertamente de menos valor literario, son, empero^-^ 
también claros testimonios de su espíritu observador, de su tálente^ 
para pintar al vivo las costumbres y los caracteres de su tiempo y d^ 
su país, no menos que de su genio naturalmente cómico, jocoso y^ 
propenso ¿ la sátira. El Cervantes jovial y satírico de la i nmortal no «: 
vela, reaparece principalmente en estos entremeses. En este géncrcv» 
es sobresaliente 

Elasuntodel heroismodc Numawcia, hasjdo tratado por Cervan^* 




tes en bellísimos versos, mezclando, quizás con exceso, alegorías y 
figuras morales. 

Verdad es que ha visto la historia á través del prisma de su tiem- 
po, y que, ¿ pesar de contener pensamientos ingeniosos, no se reco- 
noce siempre el vivo y límpido ingenio del autor del Don Quijote. 
Pero, el verso es rico, lieoc grandiosidad, en varios pasajes escome- 
liano, y, sobre todo, un poderoso soplo anima esta tragedia heroica 
yllrica, Por oira parte mi ticni; mayor número de defectos que las 
obras más celebradas del hábil y demasiado afortunado Lo pe de Vega. 
El caractcrísiicoy relevanieseniimicntode la patria ha validoi Cer- 
vantes el dictado de Esquito castellano^ y ha hecho que se compa- 
rase su obra con Los Persas del padre de ta tragedia. Siéntese, efec* 
tivitmentc. en ella la terroriñca sensación de la musa patriótica de 
Elsquilo y e! soplo que anima Los Persas del poeta griego.» 

{Hemma tí c/ioses de divert fímpi.- París, iSfij.-Aniculo Migvel de Cervantet, 
s**ñetííon ihéAirt. Eslc trabajo fui «scrito en 1863 con cnoilro de la traducción 
del Teatro de Cerrantes por M. Roycr.) 



.^mile Montégut : 1864. 



«K La literatura española es noble, elevada, caballeresca hasta la lo- 

cu r-a, religiosa hasta el éxtasis, franca hasta la crudeza, sincera hasta 

el crinismo; pero no es humana, ydc ahí viene que, según mi sen- 

ti(~'> no posea aquella ñbra que las penas y las alegrías de nuestros 

íer-«-»eÍantes hacen vibrar. ,jSe comprende bien, ahora, por qué, mer- 

ceci á un privilegio complciamenie excepcional, el Don Quijote goza 

<Íc «-ina popularidad universal^ y por qué la humanidad ha separa- 

^<^ «stc libro de todos los demás libros de la literatura española? 

l^ Mr», cómo nos contenta muchísimo más el buen caballero que to- 

^O^ los Euscbios. Ciprianos, Segismundos y Fernandos de Calderón, 

y <=omo nos agrada mucho más la compañía de su escudero que la 

*^^ I os Pablo de Scgovia, Alfarachc, Lazarillo de Tormcs y Rinco- 

'**^'^«2 y Cortadillo, por más que estos últimos sean hijos del mismo 

Pa^re! 'í' H 

^ in esfuerzo nos familiarizamos con el buen hidalgo, porque es 
. 'ogantcsin cefio, culta sin orgullo, y porque, si somos desgracia- 

*^^^ 6 padecemos opresión, hallaremos en él compasión y apoyo. 
^ ^^oque él apetece es cabalmente todo aquello que todos nosotros 
¡^^«amos; y si por casualidad nuestros afectos tienen distinto obje- 
'P> «ntonces nos callamos hipócritamente. Don Quijote es, pues, de 
*-■ ^stra familia, es hermano nuestro en humanidad, porque pode- 
!*^*^s llorar con él, y, lo que es aún más grato á la malicia humana 
*1 * *i aproxima todavía más á nosotros, podemos reimos y divertir- 

*^^ á su costa- 

. ^^i no podemos elevarnos hasta él, podemos al menos hacerle ba- 

J^*^ hasta nosotros. Pertenece, pues, á la humanidad bajo lodos 

*-*'~»i;cptos. Y la humanidad leama precisamente porquecsmuyes- 

*^^^vl. El caballero de la Mancha resume, en efecto, todo lo que la 



ari 



30i 



Cervantes juzgado por los extranjeros 



España del siglo xvi tuvo de más noble y de más excelente. 
Aquellas cualidades suyas que la posteridad ha reconocido y apre- 
ciado; es decir, Don Quijote posee todas lascualidades de! carácter 
español que agradan a la humanidad, sin ninguno de los det'cctus 
y de los vicios que ésta ha condenado, Posee la valentía, la arrogan- 
cia, la magnanimidad, el desinterés, una lealtad sin tacha, una fi- 
delidad á toda prueba y un honor tan inmaculado como la pureza 
de una virgen. Desconoce la soberbia, el odio, la crueldad; Don Qui- 
jote es verdaderamente el español sin tacha ysin miedo. Su locura 
está exenta de innobles extravíos^ y sus quimeras, que eran familia- 
res á la impetuosa imaginación de' España, las únicas que en nues- 
tros ensueños acariciamos. Don Quijote es exaltado, pero no supers- 
ticioso; es religioso, pero no fanático; estáenfrascaaoen ta cabal 
Ha, pero exento de preocupaciones; sus vi\í<)nes están bañadas d _ 
una bella luz, y tan claramente presentadas ásus ojos, aue, al tiem- 
po mismo que le hacen afirmarse masen su existencia, le muestran 
también en todo su esplendor las eternas realídadesde este mundo. 
Don Quijote representa, pues, aquella España que mereció el 
aprecio de la humanidad, aquella que nuestros padres admiraron y 
estimaron, no la que combatieron y detestaron; representa la Espa- 
ña sin la fiebre de dominación universal, sin el espíritu de persecu:; 
ción, sin la inquisición, sin las hogueras. 



.4 



Así, este Don Quijote, llamado irónicamente por Cervantes la floi 
de los caballeros andantes de la Mancha, se convierte realmente en 
la flor del genio español; es el testigo de España ante la posteridad; 
ydcspuúsdc muerto, combatcporsuhonor vpor su fama mejor aún 
de lo que combatió cuando vivo en pro de la libertad de princesa^fl 
encantadas y en favor de los oprimidos i" 

El Don Quijote es la obra de un patriota afligido, cuya razón está 
en lucha con el corazón y que no puede dejar de amar aquello que 
reprueba. ,jOs admira que no haya unidad en el carácter deDon Qui- 
jote?; ,jque este loco sea tan sabio?; ^que este hombre tan inteligen- 
te sea solamente un pobre insensato? Esto consiste en que hay do&_ 
Cervantes, como hay dos Quijotes. ' fl 

Cervantes está colocado en ese momento histórico de transición 
en que la caballcria, que es puramente una forma del liberalismo 
eterno, se raja como una corteza para que surja el espíritu de los 
tiempos modernos, por ella encubierto y cohibido. 

Don Quijote es un personaje histórico, no sólo para España, sino 
para Europa entera. 

Sancho es el resumen de una ley de nuestra naturaleza moral. Es 
previsor, astuto y disimulado; pero al tocar la tecla de su quiméri- 
ca concupiscencia, os contestará el eco de su locura. Sancno sabe 
perfectamente que su amo es un loco, no cree una palabra de las ma- 
ravillas que le cuenta; pero Don Quijote le ha prometido una Ínsu- 
la y él se apega á esta quimérica promesa con un codicioso anhelo 
de los más cómicos; asi como.de todos los fantásticos razonamien- 
tos de Don Quijote acerca de la caballería, sólo da fe á los que Icin- 



mosle claramente en Sancho. El buen sentido no es ní la sabidu 
ni la razan ; mas participa algo de ambas, con un ligero matiz de 
egoísmo. Por esto Corvantes In pune caballero sobre Ta ignorancia, 
y, completando su profunda ironía, da al heroísmo por cabalgadu- 
ra el cansancio. De este modo, presentándonos sucesiva y alterna- 
tivamente los dos perfiles del hombre, los parodia, sin halagar más 
lo sublime que lo grotesco. El Hipógriroseconvierte en Rocinante. 
Detrás del personaje ecuestre, Cervantes crea y pone en movimien- 
to al personaje asnal. Si el entusiasmo entra en campaña, la ironía 
pi.sa sus talones. Las hazañas de Di^n Quijote, sus espoladas, el en- 
ristrar de su lanza, son juzgados por el asno, perito en molinos de 
viento. La invención de Cervantes es tan magistral, que hay adhe- — 
rcncia estatuaria entre el hombre tipo y el cuadrúpedo complemen- — 
to: el hablador lo mismo que el caballero aventurero forman un m 
cuerpo con su respectiva bestia, y tan difícil es desmontará Sancho<< 
como á Don Quijote. El ideal existe en Cervantes lo mismo que ea^- 
Dante, pero escarnecido como cosa imposible. Beatriz se ha con — ■ 
vertido en Dulcinea. El defecto de Cervantes seria si escarneciese eVi 
ideal, pero este defecto es sólo aparente; porque, obsérvese bien, efK^ 
esta sonrisa hay una lágrima. 

La gran gloria de Cervantes consiste en el advenimiento del buerr^ 
sentido. Leónidas no tuvo buen sentido; Régulo, tampoco; peroer-a 

presencia de las egoístas monarquías que arrastran á lospue^ 

blos en sus guerras é impulsan á los hombres á matarse uno= ^ 

á otros bajo el pretexto del honor militar, gloría, etc , ese buerm 

sentido es un personaje admirable que surge de pronto y dice al g¿ 
ñero humano : Piensa en tu pellejo. 

Don Quijote es íüada, oda y comedia.» 
iWUliam ShaAespeare.-París. ¡864, 8.".-Ari(culo II : LetCéniet.) 
«España tiene un Cervantes, como Francia tiene un Voltaire.» 
(CariA de V. Hugo i Círardin, de 33 de Octubre de 1868.) 



Karl Hillebrand : 1866. 

Esublece un largo paralelo cnirc el Tom Joña de Fielding, el WUhtlm hítUl^' 
de Goethe y el Quijote, y emite cslc juicio : 

«Cervantes se proponía escribir una sátira contra los matos libren 
de caballerías, y desarrolló, con vivos é inimitables colores, el cui 
dro de toda su ¿poca, de su nación entera, de toda una civilizaciór~^ 
al propio tiempo que nos dio la tragedia misma de la idea. » 

(Cuno de literatura extranjera, en Douai, año i866.-Ciiado por Varos* : Ot-^^ 
nicadetot Cenninfisias; L 11, p. ic, alto 1873.) 



Emile Chasles : 1866. 
«De todos los escritos de Cervantes contra el islamismo, «1 mí 



Cervantes juzgado por lo» extraDJenM 



S*7 



empeñante es su comedia El Trato de Arqei.. Sin ser una obra de 
3rtc, todo lienc su objeto en el drama; pues los milagros, las alego- 
rías mitológicas, cada papel, cada escena, lodas las narraciones y 
los sucesos, ofrecían un sentido profundo á la España cristiana de 
U época. 

Me admira, al leer las obras de Cervantes, ver que ha señalado 

esencialmente la diferencia original entre la inteligencia asiática y la 

j'ntíligcncia europea. Parecióle que era un rasgo precioso de nuestra 

civilización la libertad mural de las mujeres; y por eso contrapuso 

con energía los dos tipos que le ofrecía la saciedad musulmana y la 

sociedad cristiana. En frente de Halima, ta mujer turca, colocó ¿ 

¿.eonisa. la joven siciliana, tan fuerte en su pureza, tan resignada en 

medio de las desdichas. 

Observador constante, y siempre en busca de la verdad, penetró 
cacia dia más en el secreto de las almas femeninas; y en esta tarea 
se acrecieron la delicadeza de su mirada, In profundidad de su aná- 
lisis y la variedad de su invenciones. De esla suerte creódosadmi- 
rabies caracteres; el de T^ostna, la mujerencerrada porBartoloyá 
la cual los cerrojos no guardan; y el de la mujer nómada, la Esme- 
^a/<^d, á quien no puede corromper la vida libre de los gitanos. 

I-a concepción de la Numancia., superior á la obra misma, es de 
una magnificencia atrevida; aquí el autor es un pueblo, la escena 
es u na ciudad que perece, el mismo asunto es el heroísmo de una 
tncicpcndcncia vulnerable pero inmortal, que se convierte en la tra- 
gue i «^n de una raza entera y en la clave de su historia. Cervantes es- 
c>t>ió )a Ni'MAKciA sobre la pauta de la tragedia clásica, abdicando 
^^ la libertad de giros que es una de las gracias de su genio. 

El Amas-tc liberal es, puede decirse, la nota suave del herols- 
"^o castellano, tal como Cervantes un momento lo concibió. La nota 
ruidosa y sonora suena en El gallardo EspaSol, comedia viva, 
ileoa de movimiento y de fanfarronadas, obra intermedia entre his- 
toria y novela, fantasía semi-eniusidstica, semi-irónica 

En el Pkrsilks hay dos partes muy diferentes. La segunda, ente- 
*^naentL' filnsóííca, es. á mi juicio, obra de su vejez; pero la prime- 
''^i caballeresca del iodo, debió de escribirse treinta años antes, y no 
^vela ni la grandeza del plan, ni siquiera el pensamiento del autor. 
^* F*EB5iLEs fué el efecto de una concepción que, más tarde, tentó 
* Ti uchos escritores y que, con más éxito entonces, dio ta vuelta al 
^Undo. En efecto, este héroe salvaje que Ccrvaniessoñó, colocán- 
dolo en una poética lontananza, en oposición con la vida social de 
''U época, este hombre ingenuo y casto, que vive en l.i libertad déla 
naturaleza, allende los mares, se apareció un día en medio del Oceá* 
Jio á Bernardin de Saint-Pierre al escribir Pablo y Virginia. Féne- 
(pn hizo de él un neófito viajando á través de la antigüedad, en su 
'^féntaco. J. J. Rousseau pretendió formar por si mismo ese co- 
razón noble que se llama Emilio. Daniel De Fue lo puso en lucha 
^On la necesidad en la isla de T^obinsón. Chateaubriand lo colocó 



}08 



CervtntetjuigBdo por lo» ectríñf 



allá en las sabanas. Lord Byron le hizo recorrcrel Noriey el Medice- 
dla. Y Alfredo de Musscí lo subió hasu las alpestres cimas dct Ti- — 
rol. Ninguno de ellos tuvo en el pensamiento el PensiLEsdeCervarm 
tes; perú la obra del auiorespañol se anticipó síngularmcnteat por— ^ 
venir, y, si no me engaño acerca de la fecha decsia concepción, has 
es menester en justicia considerarla como hermana gemela de la=^ 
páginas de Shakespeare y de Montaigne relativas á la vida salvaje ^ 

En las NovEiLAs, las particularidades del estilo y la armonía de I^e 
composición están en constante progreso 

El concierto de la cortesía española con la elegancia italiana, ese 
fondo y en cierto modo el asunto de la novela titulada Omn^LiA: 1^ 
ñgura de la heroína se armoniza periectamente con el espíritu d»- 
amor que informa la vida italiana, y parece ser, además, el símbolc» 
del sentimiento de lo bello que guiaba á Cervantes. El mismo soplo 
le anima cuando escribe la novela de Las dos Donxcllas; é igual I 
mente en Leocadia, la protagonista de La Fuerza de la sangre, s» 
rccunocc el tipo de la hcruina de las novelas italianas. Siéntese qu» 
copia un género, que no se entrega á su originalidad propia, y que ^ 
en ñn, et ane extranjero al cual imiu cohibe su observación per-' 
sonal. 

El día en que dio rienda suelta i la observación, entonces fué pn 
fundamente original; entonces unió al estudio de las ñguras el dc9 
los sentimientos y de las ideas, de los errores humanos y de las pa — 
siones, en una palabra, el de la naturaleza verdadera y viva. Par 
sorprender este progreso de su espíritu, basta leer la admirable n 
vela de El. Curioso impertinente. El hombre tal como lo represen- 
ta Pascal, el ser que se agita sobre la tierra y huve de sí mismo, eLK 
espíritu curtosoá quien ninguna condición déla vidasati-sface, alma.* 
errante que se encuentra inquieta en el reposo é infeliz en la dicha, «> 
todo esto se halla personificado en Anselmo, que pide al mundomás^e- 
de lo que el mundo puede darle. 

De esta suerte, el genio de Cervantes, fortificándose, se desarrolla. — 
En esta sabia obra, muéstrase al tin la realidad moral que con tan — 
ta profundidad había deestudiar - 

Los Lnthemkses, caprichos de la pluma de Cervantes, dignos de£ 
tentar el lápiz de Coya, son chispas de verdad, ó, sí se quiere, cente- 
llas, á las que serla inútil dar fijeza. 

El mismo protagonista del entremés El Viejo celoso, es el de la 
novela El Celoso extrumeíSo; es el hombre que conocemos bajo 
el nombre de Don Bartolo. desdequcBeaumarchaisy Rossini le han 
dado una doble inmortalidad. La figura de la novela de Cervantes 
es un carácter completo. Es mártir de si mismo, victima de sus pro- 
pios celos y se cree con derecho á casarse con Leonora, una mucha- 
cha que podría ser niela suya, á encadenarla á su vida, y á ence- 
rrarla como en una cárcel, bu necedad le cuesta la vida 

Cervantes, en todas sus novelas, sin excepción, señala con 

un escrúpulo religioso cuál es la responsabilidad moraldel hombre. 
iPoT qué, pues, tanta desenvoltura en los entremeses? Es que los 




_» 






ervinies juz^o por \o% exinn]cro5 



155^ 



personajes de csias ligeras obras pertenecen á un mundo aventurero, 
t^ue Cervantes ha rodeadode un marco separado y que. bajo el nom- 
bre de literatura picaresca, forman una galería enriquecida por ¿I 

<:un retratos de esa gente de ta hampa que nadie ha pintado mejor 

Sus novelas picarescas son admirables cuadros Esta unión 

<de la fe y del crimen hácela resallar Cervantes, cun relieve digno de 
AIoíi¿re, en Binconete y Cortadillo Más tarde, pinta las aven- 
turas de un picaro virtuoso, bien educado é ingenioso en la admi- 
rable novela titulada La. ilustre Krecona. 
^H Francia entera conoce á Preciosa, la gitanilla que Cervantes des- 
^^ubrió en medio de la gitanería cspai^ola y de que Víctor Hugo hi- 
I 3EO una nueva creación en su Esmeralda de Nueslra Señora de Pa- 
^¿ris. Héaquí ta diferencia esencial entre ambos autores: nueslrogran 
^fcoeta hace pasar á la gitana por crisis más dramática, con más arte 
^5 pasión violenta. Por medio de un estudio vivo de arcaísmo, ha re- 
sucitado á su alrededor todo el Paris de !a Edad Media. Cervantes, 
«lominado por otra idea, pinta menos lo pasado que lo présenle; pre- 
^^icnta la gitanería y la hampa como desbandas distintas y contem- 
poráneas y explica su vida anti-social 

I Conu&undo Cha&lesá los juicios de lord Byron.dice : 

-« [ Es decir que el autor del Quijote habría causado la decadencia que 
^uiso conjurar! ;Sería el autor de ella porque fué su testigo! ¡Por 
liaberla previsto, la habría causadol No; ya hemos visto las obras 
<le su primera ¿poca enteramente caballerescas. Cervantes no era 
^oino Byron un gran señor disgustado de su patria, que, al recla- 
mar para Don Juan privilegios de casta, se imagina reclamar la li- 
bertad.. Cervantes no ataca la nobleza; ni una sola palabra de 

■■ ironía pronuncia contra las pretensiones y la jactancia de aquellos 
iiombrcs más felices que ¿I y que k- dcsdci^aban. Nada había en ét 
<le las envidias y de los odios que en lodos tiempos y sitios dejan 
tras de si las convulsiones sociales. Habla de la nobleza con justicia, 
<le la caballería con la elocuencia de un amor burlado, y de su país 
! <:on tal ausencia de odio, que su cordial jovialidad le granjea toda la 

I patria. 

El objeto de Cervantes es la critica elevada de las ideas; sorpren- 
der las ideas falsas, los sentimientos imaginarios, los errores conta- 
giosos, darles una forma sensible y un relieve extraordinario, po- 
nerlos en escena para exponerlos á la risa: y, después de haber hecho 
esto, levantar el epitafio de lo maravilloso, que fá una mentira; del 
amor platónico, que es una hipocresía; déla novela a temí nada, que 
es un veneno; del orgullo feudal y de la manía caballeresca, que son 
anacronismos: esa es la exquisita c importante tarea que traía de 
desempeñar. 

Cervantes lucha por la verdad, que cree más bella que la misma 

belleza. La materia de la obra, que es la ilusión de los hombres, se 

^multiplica y se transforma ante ¿1, siempre nueva; y él, sin vacilar, 

ivanza sostenido siempre por esta misma pasión de lo verdadero, 



m^ 



ímñién^rgado por loa estranieros 



que es la inspiración, la unidad y la armonía secreta del libro. He 
aquí, en mi sentir, la explicación general del DonQuüote. 

Si yo tuviese que señalar una íeclia á la composición primordial 
del Don Quijote, señalaría el año ibg'R. Cervantes, en la cárcel, me- 
dita; piensa en su vida pasada, contempla la extraña superficialidad 
de la liieratura y ve á España que se adormece al son de las serena- 
tas. Reconoce en todas partes el mismo espíritu de aventuras y de 
extravagancia; y mientras se csfuer/a en aclarar la extraña confu- 
sión déla imaginación española. descúbrela de pronto bajo su mano, 
descrita y en plena vida : es el libro de caballerías, el que sirve de 
expresión á la auímcra pública. Es una locura seria, una extrava- 
gancia razonable, tantu más peligrosa cuanto más ingenua. 

¡Admirable planl Kn este libro único, su genio se propone de- 
rramar todas las riquezas amontonadas ensu pensamiento^ velar la 
fuerxa de la concepción con la elegancia de la forma, mantener la 
ligereza de la mano y la naturalidad de! tono, emplear la narración 
y el diálogo ad UbUum, reunir al donaire satírico de España, la gra- 
cia italiana y la discreción francesa, alcanzar sin ostentación el es- 
tilo noble, maneiar el chiste sin chocarrería y variar á su placer el 
lenguaje y la idea, los personajes y las ñsonomias 

El significado del Don Quijote, su remoto alcance y su variada 
profundidad no pudieran ser comprendidos in media témeme por sus 
contemporáneos; estando demasiado cerca del cuadro, les faltó la 
perspectiva. 

El verdadero intérprete del Don Quijote es el mismo autor; ¿1 
nos revela su propio esfuerzo, y sus obras señalan el progreso de arte 
que en ¿I se verifica. 

Al principio escribe lo que ve y lo que le gusta; pero insensiblc- 
mcnic .-su genio crece y .sus designios son mas vastos. Ya no se ciñe, 
como en el Trato de Argel, á pintar las cosas; no le basta, como 
en las Novelas picarescas, pintar las costumbres. £n adelante, to- 
maré por modelo al espíritu, al mismo hombre, y entonces unirá á 
la observación pictórica la crluca suprema, es decirel conocimienio 
íntimo de lo que hay más extraño y más misterioso en nuestra na- 
turaleza Don Quijote, Sancho, Dulcinea, son personificaciones; 

sus caracteres son símbolos. Pintando el espíritu de las novelas. Cer- 
vantes seguida y sucesivamente ha pasado ¿ pintar el de España, el 
de su tiempo y.' finalmente, el de la humanidad. El análisis psico- 
lógico le arrastra; este libro, que a! principio era una .simple paro- 
dia literaria, llega á ser una pintura ñlosófica, un cuadro del mun- 
do, ilimitado, universal; y como Cervantes al mismo tiempo inte- 
rroga su propia conciencia, y se rie de su pasado, y consigna sus im- 
presiones presentes, se adivina una discreta autobiografía en el fondo 
del libro. 

Si los hombres de nuestrosdÍa5,aquellosáquicneslaedad ha dado 
la experiencia y el significado de las luchas sociales, leen y releen el 
Don Quijote, quedarán admirados de ver que allí se entabla, entre 



el noble y el plebeyo, la lucha que concluirán un día por una revo- 
lución. 

Más aún; cuando el caballero habla, es lírico; cuando responde el 
plebeyo, es lo conirario. La antítesis social desaparece, y entonces 
no olmos ni al caballero ni al plebeyo; olmos la poesía y la prosa. 
Lo que nos sorprende Onicamcntc es la imaginación en lucha con 
<l buen sentido, el ideal chocando con la realidad, el esfuerzo de la 
ilusión que intenta dominar á la ra/í'm positiva. 

Cuando parece aue Cervantes anda descaminado y sigue al azar 
fas revueltas trazadas por una fantasía loca, tiende siempre al mis- 
mo objeto, que es desenmascarar el espíritu de error. 

Para él, la tarea intelectual de los que poseen el don de pensar y 

<Jc escribir, consiste en desembrollar las ideas falsas ; por esto acó* 

metió tan noble intento, estudió el proceso cerebral de los hombres 

de su tiempo y observó atentamente lo que es más vago, lo que es 

rr» ás indefinible y lo que es más humano, el sentimentalismo de su 

rícírnpo y la quimera de honor de una aristocracia tan prepotente 

ccj rno toca. De todos los escritores de talento, ¿1 es el que está más al 

•3'<=«ince de todo el mundo. 

<Ha inspirado á los dramaturgos y poetas ingleses y á los nuestros, 
'^ *= luso Moliere y Boileau. 

■^asiascñalarla transcendencia decsiegran genio precursor, y rei- 
^> ■«'^cl ¡car para ¿I el lugar que merece ocupar en la literatura moder- 
'^^ -, de la cual es el inaufíurador. 

El I Lutrin de Boileau se halla en un página critica de Cervantes, 

^*— Viaje dEl Parnaso. Cervantes no deja nada sin bosquejar, ni cí- 

®^ 1 «dado fanfarrón, ni el bien mantenido canónigo, ni el hidalgo, ni 

^' F>l ebeyo. Su obra, desigual, variada, original, es un mundo.» 

C -A-#¿cArí dt C<rvantÍ9: M >■«, íon Itmps, ton aufre pclitiqut «t littéráirt.-Pnríi, 

•^■^r~re Larousse : 1866-1878. 

^^ ' ertkulo dcdicsdo al Quiiote en d íyiccionario de Laíoussc fomis un oipltu- 

5* ^^ ^ onc« columnas de la letrn D y contiene la blogrufla de Cervantes y la critica 

. ^ ^■»-«a obras. AI principio adopta algunas tradiciones no conñrmadas y da fe i la 

*3''«T»^t del Buscapié, asegurando que el Quuoredcbe su reputación á esta obrita. 

^ * *~k ^ que la Calatea vate poco, por estar su pro&i todavía más irabajoSAmenie 

. ^~**-^^lada que sus verses. Analiía las comedtat y entremeses, estudiándolos con 

^ ■^ ción y prodigando elogios á la Numamcia. Habla superficialmente de las No- 

'—'^ ^ y dÍ4:(: poM coia del PensiLes. En alabanwdel autor, escribe : 

^ "^ <Z;crvantesfué un héroe antes de ser un gran escritor; suvidaofre- 
__ . ^^ \ raro modelo de las más elevadas virtudes que honran la huma- 

j "j^* ^^ ^pccto al Quijote, empieza con algunas consideraciones acerca de su objeto, 
^ *~*~« intiendoá los que pretendieron que era una sátira contra Carlos v ó el duque 
^^ ' — ^rma. y asegura que la tínica intenci6a de Cervantes ru¿ desviar i sus con- 
^*^ I*orín€os de los Ubr«* de caballerlts. 



JI» 



Cervantes juzgado por los ex;rsn)eros 



Rcsefia con «xaciiiud el pernicioso influjo que ésios qercieron en la Iheraioi 
hasta en las costumbres de aquel líempo y consigna t> oponunidad del Ql-iiot 
derribar con el arma de! ridiculo toda la literatura caballeresca. Lucfco da ma| 
alcance al propósilo de Cervantes, y, cnire otras, inserta la.'t siguientes frases : 

«Don Quijote y Sancho son un contraste vivo entre el espíritu 

poético y el eüpiritu prosaico Es admirable el espectáculo de e^ 

tos dos hombres, inseparables como el alma y el cuerpo, comple- 
tándose uno con otro, reunidos para un objeto noblemenie insen- 



sato, que realizan con cordura las más lucas acciones En la S 

f¡unda Parte del Don Quijote, que á nuestro entender es supcria 
1 Primera, se descubre el verdadero pensamiento del autor: no 



ñ 



trata de caballería andante sino en lo más preciso para continuar U 
obra. Esun librode filosona práctica, una juiciosa v suavtsátirai" 
la humanidad ¿Quién sabe si el Quijote inspiro a s/ílcesíe? »> 

Elogia con entusiasmo el estilo á la par grave y poético del libro y dice de i 
que. siendo jocosu por la Torma, es de ioi mia serios por el Tondo. Cita los juic 
de Sismondi, Oubornial y otros cícritorcs, aí^adicndo : 

«Don Quijote resume en si todas las cualidades que tengamos 
rccho á esperar de una obra del espíritu, su objeto es moral y ele- 
vado, su lectura es en extremo interesante, su escito es admirábtcy 
tan perfecto que con csie solo libro, ¿ falta de gramática y diccio- 
nario, se podría reconstituir la lengua española. ¿No son esas las se- 
ñales ciertas para reconocer tas obras maestras gloría y honor de una 
nación?» ^ 

(Grand Dicíionnaire Univenel du A7.V'aíie/c.- París. Laroussc 7 Roycr, 
1*78; iSvols. 4.") 




Edward Fitzgeraid : 1867. 

« he tenido á bordo por comparteros á Don Quijote, Boccac- 
cio y mi queridü5(Í/oc/es : el primero de éstos es tan embelesador, 
que hasta llegué á coger cariño al propio diccionario en el que tenía 
que buscar las voces, si, y á menudo las mismas palabras una y otra 
vez. Este libro realmente me parece el más ameno de todos los li^ 
bros.» 

(Letlers and Literary Remaim.'Lonáon, iS8g.-C<rtai W. F. Pollock, e 
Octubre de 1867.) 




J. J. Ampére : 1867. 

«Cervantes, que consigucsiempreel mayorefectocómico con sólo 
dejar que se desarrolle completamente laicíea caballeresca en presea- 
cía de la sociedad y en contraste con ella, Cervantes ha percibido eL 
sentimiento de la oposición entre el cobícrno y la caballería, y, parai 
llegar á lo sumo del donaire, le ha bastado hacer que su prot 




nisxa siguiera y ejecutara estricta y rígurosamenielasmáxímasypre- 
ccrptuü lie la caballería. 

Cervantes, cuyo libro contiene, bajo una forma festiva, el resu- 
irtcrk máscompletoqueexistcdctüda la caballería, ha tenido un sen- 
tí fxi iento muy justo y delicado de ese desagrado que debía inspirar 
i txfc Iglesia el lado profano de los sentimientos caballerescos, Cita es- 

pc3<ri e de idolatría amorosa que se oponía al culto divino 

Els^i oposición de la Iglesia á la literatura caballeresca ha sido per- 
so n i ñcada. de una manera muy jocosa y bajo una forma que todo el 
nr> i.j. mdo recuerda, en la quema de la biblioteca de Don Quijote rea- 
1Í2^.^ cja por el cura 

¥ .as dos creaciones cómicas, Don Quijote y Sancho, representan, 
P*-s ^cde decirse así, toda la historia de la humanidad; es la imagina- 
c»^ r-m y el buen sentido; es la poesía y la prosa; es lo romántico y lo 
tí"Í ■v.' ifll; es el ideal y la realidad.» 

C -^^^tlanges d' fiiiioii-e ¡iuérairt tídt lilíirature.-Puls, iS67;3vols. 8.';l. I;art!cu- 
^ .^—(1 Chepaierie y Les Renaistanees.) 



t» 



HI , 



Dohm : 1867. 



_ -"^ íntre tudas las obras de Cervantes es e! Quijote la más acabada. 
*h;* *ixcelente estilo é ingeniosa disposición de esta novela, son tan 
. ' «^* cualidades secundarias en comparación del rico tesoro de ima- 
P* ^7* ■ísción. de inventiva y de ingenio que forman un maravilloso é 
"~* » «~»iitable conjunto de profunda seriedad y abundosísimo donaire, 
j^ (Dícante zumba y deliciosa poesía. Los cuadros ricanienic culori- 
^^^_ de la vida y del carácter españoles, llenos de admirable verdad 
K^ i niadüs con fáciles pero vigorosas pinceladas, hacen de la novela 
*"* "*. obra nacional — casi pudiera decirse una epopeya — como qui- 
no la haya presentado ninguna otra nación 

. ^ la segunda salida del héroe, con .íu escudero, el plan de! Ql'i- 

- ~**K se amplia por medio del contraste. Don Quijote ya no es sim- 

^ ' ^^ «nicnte un loco que con la fantasía quiere resucitar un tiempo ya 

*^-> «no, i,ino un obligado idealista, que está en oposición con el vuU 

y''^*- *~~ sentido común. El gran contraste que á trav¿s de la poesía apa- 

^^^^, la lucha del ideal con la realidad, la contraposición de fania- 

" ^*- j juicio, forman el fondo de las graciosas aventuras del cpigóni- 

^^^ <aballero y de su material escudero. A medida que Cervantes 

^^^^ nza en la novela, va encariñándose con su héroe y lo poetiza con 

^^ ■"* «os rasgos de delicado sentimiento, entusiasmo puro por todo lo 

y^ <2no y bello y magnánima bravura, que su demencia nos aparece 

j« - '^nal como patético y sublime infortunio. Et mismo Cervantes nos 

_^**-^^ que con su novela se ha propuesto poner lérminoi la afición 

^^■~ los libros de caballerías. Y bien pudo, desde el comienzo de su 

_ ^^, habérsele presentado á la imaginación el pensamiento de al- 

'^^Ár una reforma del gusto y de mostrar las deformidades que se 



3(4 



Cervantes íuiftado por los ex iraní eros 




ocultaban bajo las lucientes armas de los caballeros. Pero tal es 1 
esencia del genio, que su creación inconscieniemenlese ensancha, 
l^aspa^ando el círculo del propósito secundario que cataba cef)id(.i 
un ticnipt) y lu^ar límiíados, lo eleva y le impele á producir al^o 
común a toda la humanidad y propio de lodos los tiempos. Asi, es 
simple sátira, bosquejada sólo como parodia, ha llegado á tcneru 
significado universal. Cervantes está en el limite de la Edad Medií 

y de allende enseña á los tiempos modernos 

Su genio toma oüado vuelo para elevar la literatura de su país 
la altura que debia alcanzar por simétrico desarrollo; para ello e 
taba solo entre sus contempuráneos. y en e^a solitaria grandeza t^ ^ 
nía a'go de Don Quijote. Como su h¿roe, estaba fuera de su ciempc^»> 
no comprendido. de>ídeAado, con la sola diferencia deque Don Q 
jote busca su ideal en lo pasado, mientras que el de Cervantes res 
de en lo futuro; aquél quedó detrás de su tiempo, y éste se anticipó^ 
suyo. La sátira de Cervantes no deshace tan sólo el fantasma caba 
lleresco; la disolvente ironía de su genio reformador fustiga tambíé 
el caduco romanticismo, no el de su época únicamenie, sino el 
lodos los liempas; declara la guerra á todo subjetivo fanatismo q 
se interpone ame el fresco y vigoroso genio creador de la vivida re^ 
lídad; lucha contra el idealista extravío que quiere inmiscuir en -■ 

fjresenie un pasado que. si bien todavía grande y poético, junto á • 
as más nobles facultades perecen y el más elevado idealismo dcgc3 
ñera en locura. Loque con preferencia hechiza y embelesa en el Qi 




JOTE, es la bella 6 ideal ñlantropia del autor, la libertad del pcns 
miento, la decisiva fuerza del juicio y de \a concepción y la gracia 
amenidad esparcidas por el conjunto y hallándose en casi todas l^ 
páginas del libro. Su .sánra ¿ ironía hacen siempre agradabilisii 
impresión y nunca ofenden; pue%él las sabe manejar con delicade^^ 
y afable benignidad. Su» reflexione^i morales no enfadan, porquei 
expone en encantadora forma, con humorística gracia. . . . 

Defectos tiens el Quijote; pero, por grandes que puedan ser^ es 
libro es la primera novela clásica de las naciones cristianas. . . 

Deleitosas narraciones y descripciones sumamente encantador^ 
sc hallan en el Pi-irsills; sin embargo, el caprichoso laberinto 
aventuras, y de abigarradas v silvestres imágenes y ñguras que & 
bre nosotros vienen en tropel, produce molesta y desagradable in 
presión que no logran desvanecer la perfección del estilo, la pure^ 
y piedad de modos de pensary sentir que esta novela glorifican. M 
si consideramos que era un anciano de 68 años quien poseía tal 
quezade imaginacii^n y tal profusión de facuhadcs inventivas, tod 
via ñus llena de admiración y asombro esta obra, la más débil 
las de Cervantes 

Aún más que en su inmortal Qutjore, creyó tener Cervantes 
lasNovKLASKjKMPLARKS el deber de prestar homenaje á la mo 
en oposición á loque hadan los novelistas italianos de aquel tiemp 

Confurme al distinto argumento de cada novela y á la naturales 
de los sucesos que narra, asi es también varia y distinta la ejecución 





CtrTanles juzgado por Ioscxtr«QJ«ros 



5<S 



i; las mismas. El poeta dibuja sus caracteres con encantadora va- 
edad, que prueba que na solamente ha c^ituüíado lascustumbresy 

vida del pueblo b:i)o,sino quecun igual ]inuraydesiri.'/.a sabe bus- 
jejar cuadros turnados de lu^t:lase:>altas de la suciedad, t^n alf^una 
t csias novelas predomina una picaresca jovialidad, mientra:» que 
I otras se manitie:íia una piuf Jiididad de espiniu que nosinfunde 
I sencilla puesia, la cual penetra cun dulce susie^jü en la narra- 
6n, como en La Gita.nilla, La stSoKA CuKNtuiA y La FutKZA de 
k. SANGRE. Ciertas novelas llenen caiácler uc hiiinoi)->iica laiitaaia, 
*mo El Casamiento thOAÑoso con su anexa el Culuquio Dt bci- 
6n YÍ)t:KGANZA. £n El Liccnciauo Vii>Rib«A hállase el signilicado 
> las agudezas y sutiles argucias tan gratas á luse»pa izotes. Pero en 
idas sus novelan) pre:k:ntu servantes, con ingenio ameno y admi- 
Lble naturalidad, ejeiiiplii^ para cuiiuucirseen la víua suciai. blii la 
cprcsión del :>entimientu emplea veiiumente elocuencia, energía y 
üíicadezj; en los diálo{jOS, en los cualcápredouiinaningjniu, agU' 
eza, elegancia y encantadora gracia del e;>tilo, procura cunstante- 
lente ostentar la rit^uezay la niagnilicencia de la lengua ca>tcl>ana. 

La. Calatea quiza-s puuJa considerarse como la pniiUTa lentati- 
1 de Cervantes contra los libros de caballería»; pues nus presenta 
1 ella claramente la sencilla vida pa.itural, con su vehemente sen- 
miento de la naturaleza, en frente de la vana pompa de laeabutleiia. 

A pesar del abundante ingenio y de la espíen Jiualantasiaquj Cer- 
aintcs derramó en su CJALATt.A, participa eata obra de iodos los de- 
ictus comunes á este ramo de la literatura, que para nuestrogusto 
lodcrno es un género insípido 

Cierto que en la Galatua nos admiran la naturalidad y retórica 
elleza de las descripciones, el juvgu encantador de los más vana- 
os sencimicntos, la corresponüencia y delicadeza de muchas situa- 
iones y el floridísimo lenguaje; pero nos reimos de aquellos atilda* 
os pastores que discuten como sabios y lilóai.ros, y n^s fatigan los 
[laca bables y pesados episodios que ahogan la acción piincipal y 
uitan interés á las figuras de lo» protagonistas. Oran numero de 
locsías van entremezcladas en la obra, algunas de escaso valor, pero 
itras de verdadero mérito poético 

Uno de los últimos ttabajo-ide Cervantes, El Viaje del Pahkasu, 
s una crítícu alegórica y satírica C'^ntra el sinnúmero de intrusos 
joetasirosdesu tiempo. Laciíiica fué acerba, pues le inflamaba una 
loble y estética ira; pero la dulzura de su carácter le quitó los dar- 
los ofensivos. 

La tragedia Numancia es una obra nacional como hay pocas. Un 
inspirado amor de ¡a patria la creó y un puiíicu genio diote lorma. 
En ella aparece ingeniosamente la oposición de Cervantes á la ro- 
mántica escuela de U)pc de Vega. Lejos de lodo romántico senti- 
mentalismo, hállanse squi los mái altos y nobles móviles üe la hu- 
manidad, hacia los cuales quiere el poeta encaminar el entusiasmo 
de su pueblo, glorificando las hazañas de sus antepasados. Ei plan 



316 



Cervantes juzgado ]>or los exlfanjeros 



general está lleno de grandiosa bravura, y et voluntario sacrificios^ 
mortífero entusiasmo de todo un pueblo, que antes que la esclavi — 
tüd prefiere sepultarse bajo las ruinas de su ciudad, están patétic^^^- 
mente presen i;idus. Algunas horripilanteüapariciunes v sangrieni^^s 
escenas no debilitan la impresión que produce el sublime aliento d^^\ 

conjunto 

Los ocho entremeses de Orvantes merecen alabanzas sin tim -^i.— 
tes.» 

[Die spanisíhe National LiUrúlur... -BcrVta, 1867, ps. aSa, 3S3, 3S4, 368,278,: 
y 280.) 



-^•9 



Philaréte Chaslcs : 1868. 

«Calderón no es, como Cervantes, filósofo y ciudadano del mu 
do. Cervantes, — este otro Moliere, — nombre ante el cual todos I 
nonibres se inclinan; á cuyo alrededor los partidos se agrupan y I 
odios se concilian; uno de estos hombres que se atraen la simpa 
y conquistan el amor; una de estas vastas cabezas que hacen en tr 
lodos los pensamientos dentro de su circulo mágico, porque loab. 
can todo; uno de estos genios universales cuya existencia es tan c 
dente como la verdad matemática y cumu la luz de) sol.» 

Maniñcsia luego la gran popularidad del Quijote; deduce que lac táiim 
Cervantes contra los fHJ^o^ mÍMÍcos, las mujcm rominiica^, los pedantes, tos n- 
los podas, Jos dramaturgos exagerados y lanloi oíros, le granjearon el odio 
muchos de sus contemporáneos...: coloca i Cervantes al mismo nivel, y quía 
mAs alio, que Shakespeare y Moniaigne, y añade : 

«Don Quijote y Sancho, como los personajes de Saint-Simon,s< 
complejos y barajados, pero verdaderos. Forman el hombre flo- 
tuante y voluble.» 

Añrma que la simplicidad ds Sancho, unidnilasocurronerfaque Leugey M< 
liano Ic reprochan, a cl hombre, y que por todos lados y en todas las chozas i 
misma Francia se encontrarán millares de Sanchos. 

«Cervantes ha dejado el sello de su genio impreso en todas s 
creaciones. I^nirc los modernos nadie se aproxima tanto como él 
Aristófanes, por la naturalidad del pensamiento, la lúcida profu 
didad de la inspiración y la valentía y franqueza de las opiniot 
opuestas ai uso conlempuránco. 

El teatro de Cervantes, olvidado en Espaiía, ignorado en Franc' 
ha sido traducido por Royercon una exactitud digna del origina* 
Los entremeses son un cuadro vivo de la época de Cervantes. í— 
NU.MANCIA es la tragedia másgrandiosa y la másprofundamenteco *' 
ccbida y mas española de las obras dramáticas que el genio cast^ 
llano ha creado. En ella condena Cervanicscl genio de la fuerza br^ 
la y, adelantándose á los siglos, concibe que el mundo marcha h^' 
cía una época en que nada justiñcará la crueldad. Aqui.comosLern 




<«& 



'da 



Ccrraní» ¡uzgulo por los extranjeros 



3'7 



ipre, la concepción de Cervantes es tan profunda como natural, y 
¡absoluta la armonía entre la idea y la forma.» 

I Consigna l« belleza de atma de Cervantes, maniretucla en varios actos de &u vi- 
la, Y termina diciendo : 

«Estos bellos sentimientos reaparecen incesante y fogosamente en 
sus poesías, en sus dramas, en sus novelas y hasta en el Don Quijo- 
te, dulce y cómica elegía sobre el destino del heroísmo ciego, invo- 
untarío ¿ invencible, i Este es Cervantes!» 

( Voyage á'un critique h traifers ta vit el les Aontmes.-Ptrls, iSófi, 6.*) 

'aul deSaint-Vicior: 1868...? 

«Admirado durante mucho tiempo como obra meramente iróni- 
ca, el libro de Cervantes nos conmueve hoy cual drama trá^ico-he- 
kvico. Cuanto más retrocede Don Quijote en el pasado, más grave y 
mis simpático nos aparece. 

Si el Don Quijutk fuese sulamcnic una caricatura, no se habría 
granjeado t«n profundamente el afecto de la humanidad.» 

Dice que Fattlo/f, Panurgt y Scapin no& divierten un que iu% desgracias nos 
nnmuvvan, al contrario de Don Quijote, que nos conmueve diviriiéndonos)' se 
tace respetar ¿ la pac que nos hace reír. 

: «Es que el bravo caballero de la Mancha, bajo el traje de loco es- 
ronde el alma de un héroe, y sus netos más absurdos son sólo dcs- 
ríaciones de una idea sublime. 

Quíten-se á .su.<i ilusiones las formas extravasantes deque están ro- 
deadas, y encontraremos las más altas virtudes pero la fiebre 

del entusiasmo le hace delirar. 

Su idea de un derecho espontáneo y libre, que dimana de una ins- 
EpiracJón superior, hace que no quiera reconocer tribunal alguno, 
tomo él mismo dice : «su ley es su espada; sus premáticas, su vo- 
luntad.» Su ideal de la justicia está por encima de las instituciones 
y leyes humanas. 

Sólo concibe el bien bajo formas sublimes y regias; el mal no se 
]e presenta sino con rostros de bctiias ó de monstruos. 

No menos arbitrario que su heroísmo es su amor. Así como un 
escultor, de un informe pedazo de mármol, forma una diosa, asi 
Cervantes, por una operación de su espíritu, de una rolliza labrado- 
ra. saca una beldad celestial Su Dulcinea es una dama fantás- 
tica; mas, ^qué falla hace la vida grosera de la carne á ese Ídolo de 
u alma? 

Dulcinea. In mismo que las divinidades, debe existir impalpable. 

Tal es Don Qui¡í)te, el ideal encarnado, laabstracción hecha hom- 

re Pero la realidad choca cruelmente con él, conviene en no- 

ada sus más hermosas alucinaciones. Todas sus visiones, todos sus 
ueftos abortan y se transforman 

Como los bcnclicios que derrama son absurdos, recoge en pago 

crecidas ingratitudes. 



Sií 



Cemntn ¡azgado por los extrsnferos 



Y no obstante, en medio de sus numerosas decepciones, el caballe- 
ro de la Mancha se mantiene nuble y grande _ 

Por lo demás, su locura no es más que una monomanía. Fuer^K. 
de su idea fija, Dim Quijote es el más sabio y el más elocuente de lo^s 
hombres. ¡Qué .superior raciocinio y qué grandeza de alma en los== 
consejos que da á Sancho ames de irá gobernar la Ínsula! ¡Quécrí — 
terio tan exquisito en sus disertaciones literarias!» 

Saint>Victor dicequeen la Primera Parte del Quijoti: el héroe tuíre denia<viido; • 
palos y Iropclfas y^uc en la Segunda Parte n min ttrandc, más magninimo. puc; -z 
Cervanies perfeccionó su creación, que habiendo empezado con una carcajada 
termina en lonriaa tri:ile. 

«Don Quijote ha sido vencido por el caballero de la Blanca Luna.. . 
Su tarca ha concluido. Exonerado de su misión ideal, sólo le rcst^ 

morir La diminución de üu locura es el presagio de su próxinic:» 

ñn 

Los grandes libros, como las montañas, por diferentes que sear^ 
en su estructura, poseen ecos que á través de los siglos se correspor 
den mutuamente. Dulcinea y Beatriz, bajo formas diversas, son hija: 
del mismo sueño y fantasmas del mismo ideal. 

Don Quijote entrega su grande alma ale Razón, que le vuelve baj^ 
las severas facciones de la muerte! 

Ideal ¿imagina rio como los Dioses de la Grecia, DonQui)oie,com^ 
ellos, ha tomado posesión del pais que le engendró 

España y Don Quijote parecen calcados la una sobre el otru.» 

(Homnict ti Dieux; eluda (fhinotre el da ¡illéraiure.-Ptrh: 4.*edicióa, 1S73.) 

J. Fleury : 1870. 

«Don Quijote es. en la tllosofia, el buen sentido en lucha con U 
imaginación, el raciocinio sucediendo á ta fe; es, en la literatura, ls> 
realidad ocupando el lugar del convencionalisn-io, la comedia suc( 
diendoal drama. 

En la Edad Media aparecieron esa multitud de leyendas que ador 
nan los libros caballerescos, cuyo eco festivo recogió n)ás tarde Arios 
to, y los cuales, después de haber divertido por largo tiempo á nueva e 
tros abuelos, degeneraron y concluyeron mereciendo ese vigoroso ^^ 
mortal golpe del buen sentido que se llama el Don Quiiotc.» 

{Encydopidie du XIX' si'íde.-París, 1870, 8.°.<Ariicuío Roaian.) 

Octave Lacroix : 1870. 

«Los Entremeses de Cervantes son modelo de observación sagaz ' 
de vena satírica y de humor jovial. Jamás han sido más hábil y vi- 
vamente pintadas, ni presentadas de un modo más natural v diver- 
tido, las preocupaciuncs, las singularidades de carácter y fas sim 
piezas de las clases medias. 



5»g 



Las NovKLAsdc Cervantes son obritaspcrfcciamenic acabadas. Su 

jrtvcdad acrece el interés y el encanto, y el consumado arte del cs- 

criiur derrama en ellas todas las riquezas de su estilo prudigiosa- 

mente variadu, las Fantasías del pucta y las meditaciones del pensa- 

lor. 

Aunque Cervantes hubiese escrito solamunic tas Novklaí kjkm- 

"pLARts y la NuMANciA, ucupai'ía Tjíualmenie el primer lugar entre 

ios grandes hombres de España. 

La Harpc nos causa risa cuando halla en el Quijote tan sólo la 
)iniura de un determinado ridículo. Precisamente esto es lodo lo 
contrario de la verdad. En esta suprema alcf^oria que se llama Dúh 
Qi'ijfTrK, vive V respira el hombre inmutable, la humanidad de to- 
ados los paise.s v de tudi»s los siglos, y se presenta con sus excesivos 
"^ieseus, sus desmesuradas empresas, sus virtudes sobrenaturales y 
lus acciones mezquinas. Pero, según Pascal, nuestra grandeza se os- 
tenta aun á través de nuestras miserias, yia grandc/a moral del hé- 
roe de la Mancha es evidente para todos los que saben ver y Jeer. 
Este monómano. que se ha convenido en campeón de los humildes 
y de los oprimidos y que tiene sed de justicia y de honor, es, mcpa- 

(ece, el modelo y el tipo de los verdaderos grandes hombres. 
La sátira de los libros de caballerías no es aquí más que la orla 
leí cuadro. El cuadro es lo real, que no cesa de rebelarse contra lo 
deal. Don Quijote es el héroe humano y cristiano peneiraUodel es- 
píritu del Evangelio y á quien el amor cíe lo bueno, de lo bello y de 
!o verdadero arrastra á todos los locos 5061^(3,3 todas las extravagan- 
tes Ilusiones; pero es tal el poder de la idea sobre la materia, que el 
^^ntsmu Sancho queda seducido y alucinado. 
^^ Al fin, cuando el caballero Don Quijote vuelve á ser Quijano el 
' bueno, cuando cesa la ilu\i<in y el espejismo queda destruido, es que 
ha llegado la hora de la muerte. ¡Qué muerte! No podría citarnin- 
guna más majestuosa y más sencilla, más conmovedora y más mo- 
desta. Tanto en la historia como en la ficción, es la muerte del justo 
y del santo. 

Desde la primera á la última página, en todas estas imaginaciones 

|ue tan serias y profundas son bajo su burlesco disfraz, el poeta y 

el novelista han sembrado profusamente las más encantadoras fan- 

Citas, las más ingeniosas criticas, las más delicadas pinturas. 
La prosa del Quiiotk, apropiada maravillosamente á los caracie* 
s y costumbres do los personajes que salen en escena, toma todos 
los tonos y se amolda á tudas las formas: ora majestuosa v caballe- 
resca, ora rústica y plebeya, unas veces satírica y otras deliciosa- 
fcnte ingenua, es tan inimitable como los versos de la Eneida ó de 
3£ Geórgicas.-» 
iCenrantis, articulo en el Journal 0/ficieL-P»Tk, i8 de Enero de 1870.) 

-Auguste Callet : 1870. 

«Los seis primeros capítulos del Quijote claramente demuestran 



'S» 



'rrrantes fuzgsdo por los extranícros 



que ta primera intención de Cervantes era tan sólo desacreditar tos 
libros de caballerías. Pero al avanzar en su composición, cuando 
hubo formado esta viviente y grotesca figura de) hidalgo, se encari- 
ñó apasionadamente con ella. Entonces dejó de imitar y de parodiar. 
Habla hallado asunto en que poder resumir la experiencia de tod^ 
su vida, sus .Nucños de gturia. de amor, todas aquella-» rudas Icccio 
nes que había recibidode la fortuna y que, sin embargo, no habían 
sido pane para corregirU'. Quiso conducir hasta el final la hisiori» 
de este virtuoso loco que malgasta lo suyo para correr en pos de U 
gloria y que, en lugar de ésta, sólo recibe puñadas. Desde este mo- 
mento hace aparecer á Sancho, que es el buen sentido o^agcrado al 
lado de la exajíerada imaginación; á Sancho, que cabalga sobre su 
asno tras del caballero, como la experiencia tardía que viene siem- 
pre cuando el mal está hecho, y que, por más que sude, corra y se 
afane, no es escuchada. Estos dos personajes, Don Quijote y San- 
cho, son inseparables : el uno representa todo lo que hay de ge- 
neroso en ta naturaleza humana, y el otro, lodo loqueen ella hay de 
instintos bajos y egoístas. 

Dad á Don Quijote un poco del buen sentido de su escudero, ó ih 
Sancho algo de esc heroísmo que caracteriza á su amo, y deambos 
locos habréis hecho un cuerdo, ten discreto como entre los hom* 



bres es dable. Pero ambos, raras veces están conformes en lo mismo. 
¿Y por qué lo habían de e.star? ^Vernos con mucha frecuencia, er 
este mundo, que la ima(;inación esté de acuerdo con la razón? 

El Quijote es quizás el libro más original que existe en lenguas! 

guna. Sin ser superior á Moliere, á La Fontaine, á Shakespeare y^^s 
todos los grandes pintores de la humanidad, cuyas obras admira— -i 
mos, Cervantes ha interpretado al hombre dc^dc un punto de vistc^- 
más amplio de tu que lo habían hecho aquéllos. Sus héroes, tale- 
como son, extravagantes y fa másticos, se parecen á un mayar núme^^ 
ro de gentes de este mundo que todos los que se ven en el teatro ^ 
en las novelas. En efecto, tos Harpagon, losTartulíe, los Orgon, U 
Alceste, los Fatstaff no representan, cada uno en particular, mi 

3ue los rasgos comunes de un número mayor ó menor de indivi 
uos. Todos no somos avaros, hipócritas, mentirosos ó fatuos. Per 
¿quién de nosotros no encierra en si su Don Quijote y su Sanch 
Panza? ^Quíén de nosotros, más de una vez en su vida, no ha 
chado con molinos de viento? ^-Quién no ha corrido desalado en pe 
de esta ínsula que hace seguir a Sancho Panza tras de su amo? ¡Al 
ese valor que para nada aprovecha, e.sa e.'ip'LTait/a á la que tanti 
decepciones no acaban y esos preciosos diálogos entre el ingenios 
hidalgo ysu basto escudero, ^no es verdad que son la historia de 
dos nosotros y que son los razonamientos que con nosotros mismc 
más de mil veces hemos tenido?» 
i Encydopédie du XtX' siide.-PAtis. 1870: 8.*.-Artlculo Cen-aníia.) 

Karl Leifart : 1870. 
«Desde hace siglos es el Dok Quijorif de Cervantes uno de losl. 



Gcrvaales juzgado por los extranjeros 



III 



bros más leídos, y este inerecidisimo favor perdur.irá en todas las 
naciones civilizadas, porqu«, á pesar de tener el poema sabor mant- 
iíestanienie local y en apariencia dirigida á época determinada, en 
él ha creado ^u autor alf;u para el humbre universal de todos los 
tiempos. Además aseguraáesta obra valor perpetuo la plenitud de una 
preeminencia ina:iequ¡blc. pues ningún poema similar posee rique- 
za tan atractiva, tanto arte en sus bien entrelazadas aventuras, tan 
matizado conjunto de escenas cómicaN imprc};nadas de viveza v do- 
naire, tan animada diversidad de enérgicas narraciones, como los 
que se reúnen en los hechos y coloquios del caballero andante y su 
gracioso escudero. A esto se debe añadir tan admirable y bien sos- 
tenido dibujo de los caracteres, que los personajes que forman la 
acción se presentan ante el lector siempre con renovada vivacidad 
ycon la verdad más sorprendente; los personajes principales llepaná 
seramifios nuestros, inspirándonos el más vivo inicrés; su carácter 
nunca deja de estar conforme con sus actos, por más que éstos con 
frecuencia aparecen locos y disparatados. 

El propósito inmediato de Cervantes en su Ouuote fué mejorar 
el gusto de sus compatriotas, el cual, por una afición fácilmente ex- 
plicable en los caballerescos españoles, los habla inclinado á la lec- 
tura de los libros de caballcrias, quedándoles en la cabeza muchas 
fantasfasaventureras y perjudiciales para el uso razonado de la vida 
real 

El que desee iniciarse en la verdadera esencia de la caballería, 
puede leer las ^Mémoires sur ¡'anctenne cfmvaíevie de La Curne 
de Sainie-Palaye y "Die deutschen Frauen in dem íXfiíielalíer de 
Weinhold, y cuando estas obras hayan rectificado la noción de ta 
caballería, extraviada por las antiguas fábulas romanccscasó los ma- 
los libros de caballerías más modernos, entonces leerá con viva frui- 
ción la admirable sátira de Cervantes y sabrá tanto más apreciar su 
poética (uer/a y verdad. 

Pero ahora, además de la clásica burla de lo que hay de fantásti- 
co é inverosímil en la caballería ven los libros de caballerías, loque 
da humano interés universal á la obra de nuestro Cervantes es el pro* 
fundo conocimiento del mundo en ella contenido, que justamente 
con frecuencia extravía á los entendimientos sanos y mejor asenta- 
dos. — conuili) muestra el de r>un Quijoie antes del comienzo y des- 
pués de la curación de su manía. — cuando quieren realizar su ideal 
de manera precipitada á sin mesura. En todos los estados y en todas 
las relaciones hay Don Quijotes, los cuales por su conducta y sus pro- 
pensiones se presentan en loca oposición con el mundo intelectual 
sensato. ,;Ouión no conoce, en el círculo de sus conocimientos A al 
Blcance de su experiencia, algún origina/, ó, como se dice vulgarmen- 
te, un tnsen^d/o, que expone todas sus fuerzas para alcanzar impo- 
sibles ó para convertir imaginaciones en realidades? Ya un artífice 
que dia y noche se devana Tos sesos para hallar el movimiento con> 
¡utnuo.ya un principe á quien alucina la idea 6ja de rodear con áureo* 
'e gloria su señorial derecho, dimanado, según ¿I pretende, de 



Tomo I ti 



4» 



jaa 



CeTTintcs juzgado por los extranjeros 



Dios, y que se parece tamo á una verdadera glorificación como 
&urco yelmo de MambrJno al baci-ycimo de azófar de Don Quijoic 



_» 



Eduardo Lidforss : 1872. 

«Es regular que los contemporáneos de Cervantes no viesen erm. 
DüN QdiJüTK más que una sátira muy festiva contra tos malhaA. 
dos libros cabülkTcscos, y como eran todos vacíos, y cada um^^ 
cual peor, la sátira vino muy á propósito y El l^■cJENI0So Hidal- 
fué saludado con aquellas risas humtricas que resonaron de uik^ 
Otro lado del mundo culto. Pero si Don Quijote no hubiese tenL 
otras y mejurcs pretensiones á la inmortalidad, tiempo hace que 
habría podrido al lado de los prototipos que ridiculizó. Loquean-^ 
otros nos hace tan simpático al Ingenioso Hidalgo, esque en ¿I rec= 
nocemos una fif;ura,no de burla ó groseramente cómica, sino AurP" 
ríslica, cuyo objeto es lo ideal, estorbado en su libre desarrollo p» 
flaquezas terrenales y por lo tanlo encaminado en dirección cqM 
vocada, contrahecho ycompromeiidu por variosapu ros y embrolla 
pero, con todo, conservando tamo su carácter primitivo que, á pcs= 
de lo ridiculo de sus travesuras, podemos todavía darle nuesM 
simpatía y esperar con serenidad su victoria final. 

En este caso, lo ridiculo hasta puede llegar á ser verdaderamef 
trágico, en tanto que dicha flaqueza se ha de concebir como com — 
á la humanidad entera, por la condición limitada de su cxisicnc 
y que los compromisos son de tal naturaleza que se vuelven áenccr 
irar más de una vez en la vida terrena, contribuyendo á hacer p^ 
lente loque con tanta frecuencia seodvierte en lo insuficientes é 
fructuosos que son los esfuerzos y afanes del hombre aun para 
fines más nobles y más sublimes. En este sentido, Don Quiíotezh 
una fifiura humorística, es decir, no un pobre locodel siglo xvi, 
trcgado con demasía á cierta mania^ sino generalmente huma^ 
tanto en sus virtudes como en sus vicios, buscando y pcrsiguien 
lo ideal á través de los errores mundanos, como lo pudiera ódet: 
ra hacer cualquiera de nosotros, y, por consiguiente, digno tamK 
del sincero cariño y afición con que acompañamos al noble hida 
y, finalmente, del dolor con que nos despedimos de ¿1.» 

[Bolelin núm. y dt ia Reproducciim falo-tipográfica del QvuoTV.;ñir^^om~- 
Cartt 4 Don Francisco López Kabra, cschla en Lund,á]5dcNoTÍembre<Íi;i9' 



Julius Leopold Klein : 1872. 

«Cervantes volvió desu cautiverio un Néstor en experiencia de 
vida, en sabiduría adquirida durante muchos extraordinarios six 
sos y en conocimiento del mundo y de los hombres. En cuanto ác 
diciones intelectuales, un habilísimo ¿ ingenioso Ulises entre los '< 
rradores de aventuras, tan esforzado y heroico como fecundo é ir* 



«a 




íes juzgado por los exirknjeros 



3»S 



gotable en consejos ¿ ingeniosos recursos, en transmutaciones y dis- 
cretas simulaciones de caracteres y en útiles ardides ygiros; mane- 
jando ct ulíseo arco de la ironia como nadie antes ni después de él, 
ycomonaüic fuera de él, y siendo, como el liacensc, quien para si 
mismo había encorvado este arco y lalladn sendos dardos; el pri- 
mero de ta literatura CApañota que esgrimió el arma de la ironía y 
del ridiculo sublime en pro de la divina idea desde cI primer mo- 
mentoyal par del mejor tiradory como únicoy exclusivo armador 
de este arco. Solamente distinto de Uliscs en que desembarcó en las 
costas de su patria sin lus tesoros ni las vasijas de oro y plata ; dis- 
tinto en que, ngitadu pur el procelosii mar, macerado y con»batido 
por tas amargas ondas, fortulvcido. acerado y adiestrado en la pales- 
tra de las penas y de lu^ trabaios, pisó el suelo de su patria tan po- 
bre como cuando la abandonó; regrtísó lisiado y mendigo, envuelto 
en sus harapos; su única hacienda, el arcocon que ganaba su esca- 
so sustento, apenas suficiente para no morirse de hambre; despidien- 
do de la puderosa cuerda dardus de ingcnitrsa invención, de sapien- 
tijtmairunia.de original agudeza, y, merced á su deleitosa rorma, 
de pensamiento é ingenio más penetrantes y trascendentes; saetas y 
llardos brillantes cunio ta flecha que, salida de la tierra, lució en el 
cielo como asiro, y fulminantes como la flecha que el Sagitario dis- 
para con su arco de estrellas en el Zodiaco. 

JLa G\LATEA de Cervantes se dilcrencia de las novelas pastoriles de 

Alontcmayor y otros poetas, por la intención oculta y simbolismo 

característico propios de espíritus superiores, en virtud de los cua- 

¡es* la pastoral solamente representa un lenguaje de Lis flores para 

Ir.a tjir materias intelectuales de interés literario; es un Cantar dctos 

C^rt tares, no de místico-religiosos sino de humano-poéticos pensa- 

fn iemos internos, una oculta comprensión de poéticas y chistosas 

a! US iones. El spiritus Jamiliaris de Cervantes, su Demon socrático, 

^u d ¡ablo Cojucto, el genio de la ironía ideal, de la refmada burla 

P*-*^ tica, producía su propensión al disfraz de caracteres, la mojigan- 

8^ y* lasfiírsasentremesadas.á la manera del vaticinador Proteo. En 

'as piastoralus italianas, especialmente en la Arcadia de Sannazaro 

?r*Coniramos parecidos artillcios, empleados también por Lope de 

"^6 a en su j4rc<ií/«i,sülamente que ¿>tús tienden á la alegoría, mien- 

'^í*?* que Cervantes, que superó al italiano en profundidad de ingc- 

"'*^ t camina siempre por el campo de la poética realidad. LaÜAU*- 

"^^^^ T que gira dentro del circulo de familia y amistade-i de su autor 

■ *^ los sucesos de su vida, conserva constantemente el carácierde idi- 

'*■* «doméstico, de pastoral, á pesar de la excesiva acumulación deepi- 

' ^-^"^ ios y de las alambicadas disertaciones que el mismo artista, más 

, *^líintc. debió de considerar impropias en boca de figurados pas- 

-■ '"^s. y que hasta en las extravagancias del Ingenioso Hidalgocas- 

n^*-* ejemplarmente, cual otro arcángel blandiendo su esplendente 

*-*■*<;- Aun conformándose con el juiciodeun crítico españul(Aribau) 

" ^ considera á la Calatea «ocupando el último lugar en las obras 



i; 



3*4 



Cervantes juzgado por los esiranieros 



de Cervantes en el orden de periección literaria», este poema. ün 
embarga, posee la vida íntima, el realismo poético y el encanto ^cd^ 
una invención inagotable yciernamenie fresca. A través de la nMC"»**" 
cara pastoral selransparenia una niüsalia y sublime natu raleza, c-' ^^ua\ 
la del Júpiter Ubico tras la caprina máscara con que se aparecí» Á i6 i 
Hércules. 



^ála 

.^arde 
i¿«5ña. 



Comu bjijo tantos otros ¡ispéelos, lorma Cervantes en sus corr«" 
dias el polo opuesto de su gran contemporáneo y co-arii.sta Lopc^^ 
Vega, que era un eminente y hasta exclusivo geniudramático coa « 
lo era L^rvanies en la novela, con la limitación de que el últinw 
en «1 drama y especialmente en los Entriímeses, fué más feliz (^> 
Lope en la poesía ¿píca, en los cuentos y en las novelas. Lo qucij» 
refiere del Fénix egipcio, — el pájaro cometa que. cuando aparea* 
todos los demás pájanisacuden en tropel á prestarle homenaje á 
cepción del afraila que abandona su tierra, demasiado noble y a ^a 
va para hacer la corte al purpurino hijo de las llamas que se pa** M 
nea con su traje de coronación, — es lo que aconteció igualmente & 
aparición del fénix del teatro español. Lope de Veea. El águila ^ 
tonccs del alífero escuadrón español, Miguel de Cervantes Saav -i 
daa, retiróse ante el fénix del teatro, y marchó á Andiilucla co 
cargo de proveedor de la fíota de Indias y dc&puéscon el dcalcal 
lero, con un mezquinísimo sueldo, que no bailaba para libertar ' 
los rigores del hambre al más grande de los escritores de España. 

Tras q uinceaños de silencio, escribió Cervantes la novela de too <:> ^oda* 
las novelas, su Don Quijote, en una cárcel de ia Mancha, como d £:> *-> ^^^^ 
61 mismo, no sabemos cuál ni por qué culpa, seguramente sin c :=> -A Ctil- 
pa. Considerado por este lado, ¿I mismo fac un Don Quijoie qif f=> 4"^* 
armado con los hierros de la cárcel del bat'io, luchaba con los j i5«s gi- 
gantes, con el hambre y la miseria, con un sinnúmero de maléli» ir-'i- "étkos 
genios en forma de penas, desdichas ó palos; con encantados car 'x .^sarne- 
ros; con endiablados molinos de viento, que no molían unsolúgrd^~* zrano 
de trigo para él, pero si le magullaban; con encantados pellejos 2£<Ja' (/« 
vino, que no manaban una sola gota de vino para él. perú hdesí^^^saa- 

firaban; finalmente, con los peores de todos los encaniador«s v re~» "n?j. 
andrines, con los soberbios protectores, mecenas y ducales hos^ ^^ ^P^ 
deros, quienes, bajo la máscara de la hospitalidad y del agasajo, «izso, te 
escarnecían, le zaherían, le maltrataban, le exponían á la vergüerx -^n^a 
yledejaban en la miseria. Con tal chusma de encantadores y mal» & ^<'^- 
cos espíritus debió combatir el autor convertido en Don Quijote, 
balgando sobre el bridón de las musas, cual Rocinante, ardiendo 
entusiasta amor caballeresco por la dama de su corazón, su Dul 
nea, la legitima y verdaderamente augusta pocsia, aquella que e 
limpia de toda mácula de interesado egoísmo y de especuladora 
nidad, en obras y acciones; el último caballero en el concepto 
la primitiva caballería, y hasta el único caballeresco poeta de tan 
biime aspiración, en España; un eminente Don Quijote con el p 




Cerrantes juzgado por los e:slran)eros 



335 



spañot tras de si, cual Sancho Panza. Pero solamente un Don 
Quijote Clin relación á si mismo, á su persona, á sus personales uti- 
lidades . y á la vez, merced á la más afeuda y perspicaz práctica del 
mundo que jamás ningún escritor, y menos un español, haya teni- 
do; un anti-Üon Quijutc, el aniquilador del quimérico donquijotis- 
mo del epjgónico sacriñcarse por alucinaciones é ideas anticuadas, 
mucrias y convenidas en pura ilusión; un médico que emprendió 
la tarea de curará su pueblo de ta demencia nacional del fantástico 
quijoiismu. empleando en si mismo, asi como los médicos homeópa- 
tas ensayan sus remedios en sus cuerpos, el reactivo del quijotismo, 
su grande y práctico conociniienlo del mundo, el más claroyirl más 
poderosa que, después de Shakespeare, jamás ningún poeiá ha te- 
nido; donquijotizandu, esto es, sacrificando esta iluminadora pers- 
picacia, e^e sano sentido práctico de poeta, en provecho y utilidad 
de su pueblo, cardando sobre sí la cruz, de su caballeroque, igual- 
mente. sMo en cuanloá él concernía estaba alucinado. Ven ello per- 
cibimos la doble situación de Cervantes con relaciona si mismo, su 
f»oétÍca individualidad partida en dos personas paralelas, la españo- 
a iórmula paralela evidenciada en su propia personalidad : un Don 
Quijote, con respecto á si y á su suerte; un anti-Don Quijote, como 
macsiro y salvador de su pueblo. 

El águila de omnividente perspicacia abarcándolo iodo desde sus 
alturas; esta águila, con respecto á su persona yposición social, fué 
;una verdadera ave de mal agüero, la más digna de lástima de todas 
las desdichadas. Pero Cervantesqucdócogido en aquel propio dua- 
lismo, al igual que su pueblo; y aunque, si fuese oportuno, se podría 
seguir y demostrar el paralelismo por lodos los lados en su obra 
maestra, — un paralelismo cuyo exponente se manifiesta, por de- 
cirlo así. en el dualismo de los dos protagonistas, Don Quijote y San- 
cho Panza, con tan admirabteagudeza expresado; — aunquese pue- 
da en todas partes señalar este paralelismo en la concepción y en la 
ejecuci^'m dtí la obra inacstra, continúa, empero, todavia tan ñrme 
y profunda la raíz fundamental del mismo. El creador del Quijote, 
el que libertó ásu nación de la fantástica extravagancia de la caba- 
llería española déla Edad Media, esic gran alienista, no ha podidoefec* 
luar la curación radical, puesto que dejó subsistir intacta la demen- 
cia religiosa, cspecificamcnte española, la fantástica hcrétícolobia de 
la fe loca y el fanatismo religioso, los cuales, como sagrados, com- 
partía con su pueblo. La malvada raiz de superstición fué también 
para él un Ídolo que veneraba como un paladium de la salvación 
. política y moral de su pueblo. \ La más sana y despreocupada cabe- 
za de España, tan profundamente estaba enlazada en los repliegues 
de la maldita superstición! ¡Qué lastimoso paralelismo! 

ast como su gran novela puriscó la amósfera de la literatura 

espai^ula de los miasmas de uní visionaria concepción del mundo 
y de la vida, de un fantástico, dislocado y extravagante ideal por el 
heroísmo y la galantería convertido en epidemia por los libros de 



ja6 



Ccrvaniesjuzgado pot los extranjeros 



fi— i-.--io»É 



caballerías; asi como su Quijote creó la novela idcal-rcalista modiE^er- 
na, que perfecciona las costumbres y la inteligencia, ennobleciei — amdo 
y acrisolando el sentimiento de lo bello por medio de verdaderos r— sMno 
délos de cuadros p«¿ticus alternados con !os más finos juicios e^^^cté- 
ticus (aquel minorial nióriiu de Sócrates, que hÍ7.ü descender l^^sa/]. 
losofla á la tierra desde las nebulosas y eiéreus alturas adonde Jos 
jónicos la habían llevado), — inmortalizandaesta imperecedera p^^ io- 
ria su nombre con ruspecto k la poesía, la descripción poética d v iz 
vida humana, — en parecido moao efectuaron las Novelas kjlmp j-a- 
ítKSuna artística y pcélica revolución en la novela española, ent -lin- 
ces existente, cuyo preferente tema era la descripción de la realii_jJi»il 
vulgar, esto es, la novela picaresca iniciada por Hurtado de Men «Jo- 
za. Las NovKLAs de Cervantes elevaron el Eéncrt> á una niásarii .=»ti- 
cay ennoblecida forma dirigida á una puriñcación opuesta a I ef? «=io 
del QL;uort;, puesto que, merced á un romántico soplo, idealiza« — <->fi 
las bajas y fangosas ímáf;enes pintadas adrcdeconel pincel callejA^ v^ 
para formar contraste con los libros de caballerías, transformar — «^^n 
en oro puro, por medio de la mágica lámpara de la fantasía, el fars frf 
de aquella vida gitanesca y picaresca, tanto en las altas como en S. -AS 
bajas clases, y de tal manera purificaron el g¿ncrodela novela, t^ *-i^ 
verdaderamente merecieron el nombre de ejemplares. 

Persílgs, su obra favorita,, como producto de sus últimos ct & ^^ 
perturbados porenfermedades y penas de todas clases, asi como *-^'í 
padre ama liernísimamente á su hijo más pequeño, y mucho má .^í**' 
es deforme. El caótico lío de acontecimientos y aventuras debió ^^ *^^ 
sersu libro de caballerías, un libro de caballerías de su invenci'^^' "' 
yfu¿ solamente un complementode aquellos libros de cabal leriasc^ "^^ 
el cura y el barbero del Quijote condenaron al fuego. . 

Le sucedió como á aquellos librepensadores que en su lecho ^^* 
muerte revocan y renieyan de su mejores obras. ¡Si!; el Persiles^-^* 
una revocación del Quijote yde todos los magnlticos juicios esté^^J '" 
eos y críticos que están allí esparcidos como sartas de inapreciab^^- 
perlas. Una retractación como la que nos presenta Cervantes en * 

criterio enunciado en el acto tercero de Los baños dk Argel sob^^ _ 
las reglasdel drama, criterio que está en apostática y escanda losa ce 
tradicción con el concepto del drama desarrollado por el canónij 
en el Quijote. ¡Qué lástima que el mayor y el más elevado fíenioi 
Espaí^a prestase tal tributo al gusto ibérico, con una novela análuj 
á los libros de caballerías, contradiciéndose y abjurando del Quu 
TE, ó que, como el óbolo para Carón, debiese colocarle en la enm- 
decida lengua su novela de aventuras y viajes, la historia scpicmri 
nal. 

El mismo día y año en que Cervantes falleció, también murió 
gran astro gemelo, Guillermo Shakespeare. Al e.\tinguirse estas d' 
estrellas parejas, se estremecen y vierten lágrimas de luto todos 1« 
demás luminares del cielo de la poesía. Los ángeles y arcángeles c 



Cervantes juzgado por los extranjeros 



J*7 



tonan himnos de júbilu á la ascención de lat par de genios, y los tres 
mavores serafines, Gabriel, Rafael y Mtcael. recibená ambos poetas 
en fosceles(¡;jlessalone.s ycondúcenlosal trono üul Señor. Jesucristo 
se levanta de su silla, esplendente como el sol, á la derecha del Pa- 
dre, va hacia el poeía de Avon y le ofrece su asiento. El Dios Padre 
hace tortiar al hispano un lugar junto asi en su escabel, y él mismo 
le coloca en la cabeza la corona de la inmortalidad, tejida con los 
luminosos rayo.-) del K.spiritu Santo, en U que tan solamcnic figu- 
ran algunos haces luminicos, como aquellas estrellas que alternalí- 
vamente se encienden y se apagan, ora se oscurecen y ora súbita- 
menlc de nuevo relucen. 

Al montón de sombras de dramáticos españoles, desdey entre Luper- 
cio de Argcnsolay Lope de Vega, que quizás quisiesen aproximarse 
al hoyo lleno con la sangre del sacrificado trágico carnero de Séne- 
ca, se lo prohibiremos con el acero critico, como Clises en el reino 
de Plutón apartó con la espada á las sombras, no permitiendo que 
bebiesen de la sangre del sacrificado cordero antes que lo hiciese el 
adivínoTiresias. para que asi pudiese ¿stevaticinarlesu destino. Con 
parecida imenctón, pues, dejamos también al más grande arúspicc 
y vaticinador de su siglo y patria, Cervantes, mojar lus labios en la 
sangre del sacrificado carnero, con preferencia á las demás almas 
poéticas anteriores y contemporáneas de Lope de Vega; á Cervan- 
tes, que profetizaba á sus compatriotas por medio de las enfermas 
entraAas. del abrasado cerebro y del hlgadu inHamado por la fanta- 
sía, del ingenioso y sublime loco de la Mancha, que personi tica á la 
España caballeresca perturbada, mostrándole su propio interior; á 
él, cuya perspicacia contempló, reconoció y representó, en los reba- 
ños alanceados como ejércitos por su glorioso .Manchego,-á los vasa- 
llos del rey Kctipe III, y en los sonajeros y moruecosdcí rebaño á sus 
más célebres cortesanos, dignatarios, políticos, favoritos v otras he- 
churas suyas. Apenas si uno de los ingeniosos comentadores 6 in- 
terpretadores de su burlesca novela, única en la literatura de la nove- 
la, vislumbróque el pensamiento del Quijote, su intención ysuob- 
l'eto poético-filosólico se fueron ampliando y agigantando á medida 
qucCervantes lo escribía, y que, bajo su mane», una novela empe- 
zada simplemente como chisto.s;a parodia del A4madis, se convirtió 
en el más profundo y serio libro ejemplar que jamás haya sido escrito 
ni en Oriente ni en Occidente; que el espejo de locura y de picardía 
de la extraviada caballería andante vino á ser un parabólico espejo 
del mundo yde la sabiduría, un cristal mágico grande comocl glo- 
bo terráqueo, una esfera de luz parecida ¿ aquel luminoso y etéreo 
globo de los Lusiadas, en el cual Tetts enseña y describe á Gama los 
continentes y el destino de los pueblos; con la diferencia de que en 
elQuiJOTtla tierra misma, con su diaria historia y con la sociedad 
que en ella se agita, sucesivamente se transforma en ese lumínico 
globo, á medida que la locura del hcrot;, fantasmagórica por su mag- 
aanimidad y transcenden le \ uelo de la imaginación, esparce rayos de 



J>8 



Cervantes juigado por los cxtraojerDS 



elevada sabiduría y divina ilumínaciiSn; asi como las cimas de C \os 
muntes.al salir v'a! ponerse el sol, descueUan tan maravillosamcrm — nle 
luminosas sobre -sus oscuras faldas. De aquí las multicolores inie^ 3icr- 
prctaciones según el punto de vista individual de cada uno, yseg ^ ^ti;, 
que sencilla ó rebuscadamente se ha creído encontrar alusiones y § - p; 
sajes i mencionados. Así embadurnan y recmbadurnan el Qvnnc:^^ y^- 
como caja de momia egipcia con signos y jeroglíficos, olvidando í^:;». q¡j, 
un genio como Cervanies no bosqueja tos rasfíos observados ene— ^jjj^ 
vidayen la historia humana, á la manera de un retratista ó aún jca. 
ricaturista, simplemente para diversión y solaz de sus contenipo^iizuf^. 
neos, sino que, al contrarío, tal genio convierte las caricaturas d^t 
día en eternos 6 ideales tipos, elevándolas y transfigurándolas ei^r—ií. 
guras colectivas de clases sociales enteras, y hasta en represcntaiTr=3íes 
de las masas, ó, por decirlo asi, del carácter nacional, sin que,á pe- 
sar de todo su simbolismo, dejen de ser figuras individuales d^^ la 
vida natural y real. No quizá como si trabajara esto poeta de i_-ana 
manera consciente sacando de una preconcebida idea general p^B.re- 
cidas figuras simbolice-realistas é inculcando esta idea en sus per- 
sonajes, según lo cual, por ejemplo, en Don Quijote y Sancho P^ ri- 
za, para ilustración de la abstracta antítesis éntrela naturaleza f»«>¿- 
tica y la prosaica, entre la fanuisía hcroico-poiiica y el groscr*-^^ y 
material sentido utilitario, se nos presentaría un contraste de cari» «- 
teres; el verdadero poeta pinta el todo y cada una de sus partes ^* 
una sola pincelada, como Dios Creador no concibe primero la ici «^a 
del inundo en su espíritu v después leda forma, sino que idea y C*^» ^■ 
ma funde y desarrolla en uno, ¿, como el Ok6ano de llomcro, h^ ^* 
manar de una estrecha urna los mares que, además, de su pro p» " 
inmensidad, abarcan tudos los ríos y rcHejan cielo y tierra. 

Los varios arreglos dramáticos inspirados en el Quijote nos dí£^^ 
ocasión de manifestar el error de tal ir.insformacÍón. Precísame r> ■*£ 
lo que constituye el inmortal mérito de ta novela, la profunda irjx ■?»- 
cendencia del modo de ver el mundo y la vida humana que el h¿i~*^P 
tiene, sus intensas observaciones sobre los hombres y las cosas ^ y 
además sus aventuras, luchas y locas empresas, que están en risi t>le 
y extravagante contradicción con las sensatísimas y elocuentes sc^t 
tencias que fluyen de su boca cual sublime inspiración vaticina<l'^ 
ra; ¡ustamenic estos nervios vitales de la novela, son los que coc*^ 
y paraliza la exposición escénica, la cual ni permite los exubcr^/^' 
tes y grandilocuentes discursos y disertaciones de Don Quijote, n ¡ *^' 
complicado artificio de sus enormes y gigantescas extravagancia^ ) 
locuras, que traspasan los límites teatrales. Llevar el Quijote é. '^ 
escena es en si mismo una quijotada. 

Nos sorprende en gran manera, por lo que respecta al poeta, tj *-*^ 
él que, según sabemos, representó un papel principal en las ten t-^"-" 
tivas de fuga de los esclavos cristianos yque.cn el histórico dra*"*"^* 
Los Tratos de Argel, era el verdadero héroe, se haya limitado, ^^^ 



Ccrvanles juzgado por los exiran}cros 



3>9 



pseudt^nimo de Saavcdra, á ser una episódica ñgura, rebajándo- 
se al extremo de ser un personaje su perfluo. ¡ Punible modesiia, que 
as! sacrifica la verdad histórica, la ju^ta debida imponancia poéti- 
co-dramática y el efecto escénico! Por este crimen del poeta, en su 
propia hisiórico-heroica persunalidad^ inaudito en la historia del 
drama, debió de castigarle Apolo en su Viaje dkl Parnaso. Aquel 
intento de fuga por él con tanto ánimo y abnegación tramado, com- 

Cuesto V conducido, pudla, tan sólo con los sucesos tal como en los 
iógrafós se hallan descritos, haber formado un excelente Taatooe 
Argicl, una obra maestra. 

Nos parece, empero, un punto de relieve digno de notarse el solilo- 
quio de Saavcdra cuando desea verseante los pies de Felipe II para 
proponerle la conquista de Argel con ayuda de los veinte y cinco mil 
cautivos españoles que en sus bartos habla. 

Según Chasles, la relación de P. Alvarez en la primera jornada 
tiende ¿condenar los autos de fe. No; Saavedra, que es el mismo 
Cervantes, dcfa entrever, en lo referente á la hoguera, sólo justicia 
por parte de la Inquisición, sólo injusticia porparte de los moros. En 
materia de quemar hcre)cs, Cervantes era una salamandra tan in- 
quisicionófila como Lope de Vcga.como Calderón y lodos los demás 
fantásticos corifeos del teatro espaíVoI de los siglos xvi j'xvti. 

En la segunda ¡ornada so presenta la venta de dos niños arranca- 
dos de los brazos de sus padres; el espectáculo más conmovedor, des- 
pués de un auto de fe, para un público espanol, no tanioá causa de 
la cruel separación de los miembros de la familia, sino por el temor 
á la posible conversión de los niños al islamismo. 



En el aclo quinto salen la Ocasión y la Necesidad y se desarro- 
lla una escena de tentación, admirable y enteramente nueva, hasta 
entonces no conocida en la historia del teatro, con respecto á la 
especial influencia de las fíguras de imaginación en tas resolucio- 
nes de un personaje real dramático; es una de las másnotablcséim- 
Ítortantes innovaciones en la pneumatologia teatral, ó aplicación de 
as apariciones de seres espirituales sobre la escena; es, para aquel 
tiempo, atrevido indicio de la transformación de aquella pneiima- 
toloela en intimo drama del alma por la via filosófico-psicológica. 
Catolicu devoto en las cosas religiosas, como sus demás contempo- 
ráneos y colegas, Cervantes, con respecto á la tradicional y estable- 
c/da manera ele presentar duendes en la escena, elevó el vuelo, por 
/Tiedio de aquella heregia, como librepensador, sobre su tiempo. ¿Y 
iytiiéncsel primer dramaturgo español que, en lo referente á escem- 
pleo de lo mctafisico en el teatro, siguió las huellas de Cervantes? 
ti mis ortodoxo de todos los poetas dramáticos escolásticos de la es- 
tría española. Calderón. Lo que su antecesor, que, según nuestro 
trecer, era un genio más vasto, más independiente y más profun- 
> ^ ue él; lo que Cervantes en esa escena dramática nos presenta, 
^c> mismo que dice el gran dogmático de la escena española, con 



rotn« 111 



41 



iraníes jusgido por Im exti 




la iniroducción del bueno y del mal genio en esta sígniñcativas pa- 
labras de su comedia el Gran Principe de Feí^ ; 

» Representando los dos, 

'De su buen Genio y mal Gtfíiío, 

Exlerionnente la lid 

Que arde interior en su pecho.» 
Ese trascendente idealismo del mundo de los ospiriius objetivado 
en esencialidad corporal, esta Hipostasia de los fantasmas morales 
y mentales en personalidades que son á la par humanas y sobrehu- 
manas, únicamente lo ha llevado de nuevo á la escena, en la Pneu- 
matofcnomcnologia poítico-cscinica, Shakespeare, cumplidory rea- 
lizador de todas las profecías V revelaciones dramáticas. Pero, ¡gloria 
y honor a su contemporáneo genio español, el primero que en el dra- 
ma osó la tentativa de dar á las figuras alegóricas un fondo psicoló- 
gico y que las presentó, no, como hasta entonces, cual producios 
sueltos de! ingenio del poeta, sino más bien como productos psíqui- 
cos del espíritu de la figura dramática excitado hasta la pasión! 
Aunque por de pronto aquí sólo se presenta stibspecie de la paralc- 
lógrama fórmula española obrando con la magia de los pentagra- 
máticos signos cabalísticos, fórmula que aparece estampada sobreel 
cerebro español y que también se manifiesta en la oposición de las 
dos alegorías introducidas como figuras corrientes de tramoya, en 
vista de los soliloquios é internas reflexiones de Aurelio, como nor- 
mal doble visión y dualismo; esto es, como una manera de strabis- 
mus parallelogramiis. 

Sancha dice que Lope de Vega plagió eJ Trato de Argeu de Cer- 
vantes con vivera y discreción. Pero dicha viveza pudiera absolver 
al Fénix del teatro español de la inculpación de un plagio, según las 
nociones admitidas en todos tiempos acerca de lal apropiación, con 
las manos lavadas, si él hubiese reformado conforme al arle la co- 
medía de Cervantes, defectuosa bajo el aspecto dramático-técnico, y 
si, lo que á nuestro parecer no hizo, hubiese convertido sus defec- 
tos en bellezas y rasgos dramáticos. Esto nos parece que con gran 
esfuerzo obtuvo el mismo Cervantes catorce años dcspu¿scon su co- 
media Los BAfios DE Argel, y quizás tuvo por objeto el reivindicar 
su hacienda, tan arbitrariiimentc por Lope manoseada. La comedia 
Los Baños, en plan, desarrollo y asunto principal, es, con personajes 
distintos, casi idéntica al Trato. En cuanto á cualidad dramática, 
se diferencia de éste por su acción más animada, que señaladamen- 
te en [a primera de lastres jornadas tiene el valor de un buen acto de 
exposición, y en vivacidad escénica está al nivel de los mejores de 
Lope. 

La escena Bnal da á la primera jornada el relieve de un auto que, 
según nuestro parecer, gracias á su importancia histórica y de ac- 
tualidad que sube de punto por la intervención del poeta, graciasi j 
su inmediato interés excitando d la imilación ygraciasal peculiaren — 
canto poético y oportunidad, gana la palma del martirio sobre lo^'^ru 
legendarios autos de los primeros maestros. ^Pudo tal parlicularí — ^. 



-<J 

ECS 

•e 

e 



dad haber movidoal Fénix de los Ini^eniusá llevará su nido los pre- 
ciosos retoños arrancados al aromático arbusto de su grande y despo- 
seído compañero de arte?; ^adornarse con tudas las nojas del laurel 
y dejar tan :>úIú á su colega el bastón de mendij^oi' Las dos siguien- 
tes jornadas no pueden competir con la primera en mérito dramá- 
tico ycsc¿nJco; antes, al contrario, reciben sólo la luz que esta les 

refleja, y las migajas sobrantes de la mesa del Trato 

La historia de la sublime dcsirucción de Numancia por mcdiodcl 
heroico y sin ejemplar suicidio á que la llevó su entusiasta amor por 
la libertad y por la patria y su dc:<espcradooJiu á la esclavitud y su* 
jección romanas, la leemos descrita con patética plasticidad en los 
escritores griegos y romanos. 

Afán conquistador satisfecho en una población del todo inocen- 
te con respecto á los romanos y con absoluto derecho á defenderse 
contra ellos; afán aniquilador debido al espíritu de dominio y de 
absorción hijos de un principio político cuya norma era el avasa- 
llamiento de todos los pueblos. De este púthos, bestial por si, debe 
presentársenos penetrado el caudillo y p<jrtaesiandarte ó represen- 
tante del espíritu nacional romano, y asi lo debemos considerar no 
sólo en la tragedia de Cervantes, sino también en toda histórica tra- 
gedia de Numancia. De ese palhos pueden surgir terríficos y hasta 
levantados efectos cuando nacen de la gran energía de caracteres y 
de la grandiosidad de sentimientos patrióticos; pero nunca trágicos 
conflictos, iráyicas emociones; las cuales no puede producir un cau- 
dillo que, simple ejecutnr de su cometido, es sólo represéntame de 
un espíritu pulitico y guerrero esencialmente pirático. 

La destrucción de Numancia aparece como una ruina voluntaria 
de loda la ciudad en masa, como si fuese un solo híroe, v cuya cul- 
pa cae de rechazo sobre la cabeza del cruel sitiador; sófo que esta 
voluntaria resolución emana de la desesperada y forzosa alternativa 
entre esclavitud ó muerte por hambre. ^;Puede, sin embargo, valer 
como heroica la suicida resolución de un pueblo extenuado hasta el 
más extremo abatimiento y resignado con su impotenciar* Puede 
valer como la inspiración de un horror mortal a la sujección y á la 
esclavitud? El primitivo y heroico impulso desfallece hasta conver- 
tirse en un estado físico de desesperación, de manera que la muerte 
en las llaman á que ellos mismuü se condenan, casi sólo equivale á 
una mera quema de los cadávxres de un pueblo hambriento, ejecu- 
tada por los restantes ya semi-cadáveres, que después se arrojan tam- 
bién á la hoguera, pretiriendo morir abrasados que hambrientos, 
Eor miedo de dejar üus insepultos cadáveres en manos del enemigo, 
lorrendo y lamentable cuadro, pero de ningún efecto verdadera- 
mente trágico, porque el factor de la desesperación íisíca predomina 
al de la psíquica, ó le es á lo menos igual. Con más profundo cono- 
cimiento de este electo, se mantiene la tragedia troyana de los grie- 
gos libre de semejantes elementos de consunción; favorecida, es ver- 
dad, por la poesía épica que presentaba ya individualidades fortale- 
cidas en la escuela de la desgracia, de modo que en el drama podían 



333 



Cervantes jus^do por tos extranjeros 



ser factores de grandes catástrofes, como Hecuba y su real casa. 
Mientras que cl poeta moderno, del ^ú/Zios genérale impersona 1 de 
la multitud de toda una población, únicamente podia sacar griB pos 
y figuras típicos, héroes no animados por ta poesía popular h^s\a 
constituir caracteres poéticos y si síilo sombras fugaces; ni forM-nar 
de ellu esos personajes llenos de vida popular que conmueven el co- 
razón y el alma. Asi, pues, estos grupos y figuras sólo podían otrarar 
como aislados miembros de un coro, disuelto por mero capricho del 
poeta, precisamente en esta tragedia que, cortada á laantigua for— ma 
griega, c^igia tal trágicocoro. ;Cuánio más terminantes, plásticas ., ín* 
dividualesy prepotentes se habrían destacado las figuras aisiaJa^^ en- 
frente de esc efecto de conjunto, y .se habrían como desprendido del 
fondo de esta masa coral 1 Asi, pues, segtin los efectos fundamer~» ta- 
les, tanto en lo que se refiere á lo patético del sacrificio de los r^ u-* 
maniinos; según el modo de presentar los caracteres y la falla de «— ■ ni- 
dad de la acción, consecuencia necesaria del aislamiento de los ^^ r~u- 
pos y figuras, podemos dcsdi> luego considerar este asunto, la tr^K£{fr- 
diadcÑumanciaen general, como tema poco apropiado para cfc^=*^s 
trágicos, y bajo este aspecto, negaríamos que fuese capaz de prc» <Su- 
cir una vivida acción dramática. Cuando VV. Schlcgcl dice: ^^ A-a 
NcMANciAestáá la altura del trágico coturno», le contestaríamos ^=«>n 
Mefisiófeles : «Vístete como quicras.siemprc serás loque eres.» ^^in 
embargo, la opinión de Schlegel tiene un átomo de verdad. Cof^- 
parado con todos los demás dramas históricos españoles que in» i **• 
can á los antiguos, reconocemos en La Numancía, considcrand <^ '^ 
sencilla grandeza de la trama, contrastes y situaciones, un soplc=> de 
la ática tragedia. Pero este soplo no basta'para elevarla á la alt «Jfa 
- del trágico coturno. Un examen más detenido de la obra acabara de 
confirmarnos en esta opinión: que las mencionadas cualidades f> v-J^ 
den coexistir con los capitales defectus enumerados. 

La NiíMANCiA de Cervantes es una obra maestra al lado del S^^*' 
de ^oma de Cueva; hasta supera á ¿ste desde la altura del irkf^i <^o 
coturno, y es un monumento del grandioso y gigantesco paso ef*^^' 
tuado en el coturno español desde el tiempo de Cueva. Todo e^to 
puede decirse en encomio de la NuMAWcrA,sÍn que este merccimi^"' 
to baste á quitar una migaja del reproche que censura la infruct t~* O' 
sidad de la materia en trama y en situaciones verdaderamente t *~3- 
gicas. Un genio intuitivamente dramático, como Esquilo ó Sha t^*^" 
spearc, habría aquí observado que el cuento histórico debía preV" »^- 
mcntc retundirse para ser plástico, esto es, para ser transforma *^^^ 
en un drama de efectos trágico-poéticos. A pesar de ello, debe ccy «^■- 
cederse al gran creador de la tragedia Numascia, que con los e^ ^* 
mentos disponibles ha elaboradoalgograndioso y admirable y ci 'f? 
sólo una noción confusa de la esencia del drama'trágico no le c5^l^ 
alcanzar lo apetecido 

La invención de las personificadas deidades f^/fdñti y su jKio,íc1*^^^' 
das según el espirito antiguo y adecuadas al estilo de una gran "í ^^' 
gcdia histórica del tiempo romano* podría ser alabada como una. 



Íb más brillantes inspiraciones de Cervantes; si su antecesor Juan 
de la Cueva, en la personÍücací6n del rio Betís, no tuviese el dere- 
cho de príuridad. Pero el grandioso modo con que Cervantes manejó 
la. aparición del rio, — que en Cueva íu¿ sólo rudimentario y más 
como ¿>eu£«x»iúc/iín<i añadido al ñnaldesu drama cristiano- paga- 
no, que como surgido espontáneamente del mismo drama, — el ar- 
tístico discernimienio con que aprovechó el elemento de tal épico* 
dramática tramoya, le adjudican el pleno mérito de la invención: 
aun cuando el elemento trágico queda desvirtuado por la fuerza del 
hado de la ruina numantina, efecto imaginado másafmodode Séneca 
que al de Esquilo, y el sublime patitos tinal de la primera jornada to- 
ma, por medio de la gtoriíicaclon de Felipe II, el ínfimo carácter de 
una mera obra escrita accidentalmente para la corte. 

U na reprensión con motivo de la disciplina relajada, la orden de 
rodear la sitiada ciudad con un circulo de fosos, el augurio de la 
ruina de Numanciapor medio del diálogo de dos personajes de fan- 
tasía: si sobre el fundamento de estos sucesos pretende ser la pri- 
mera jornada una como exposición de una acción trágica, nos pa- 
rece con ello que la requerida introducción dramática de los conflic- 
tos decisivos, se reduce auna mera perspectiva trágica quesolamcn- 
te los promete. Kn el drama, la exposición debe de antemano mani- 
festarse por medio de una preacción efectiva, y debe dejarse presentir 
con cuáles catástrofes el acto va maquinado. 

Heroísmo patriótico en contradicción con el hado fatal y presa- 
giado que flota sobre Numancia. y además un heruico reto, que na* 
turalmenie ha de rccha^tar el jefe romano, puesto que no puede po- 
ner sobre este dado la para él segurísima destrucción del enemigo; 
¿qué poderoso efecto podían causar tal palhos, tal escena trágica? 
¿Es la contestación de Morandro á Leoncio apropiada para conver* 
tír la pasión amorosa de aquél en provecho de la idea trágica de la 
obra? ^ Ks á propósito para fortalecer el pathos patriúticu por medio 
del pathos del amor? O al contrario, ¿no debe, á nuestros ojos, dar 
la solución la respuesta de Leoncio á la en verdad elocuente discul- 
pa de Morandro por su pasión hacía la amada Lira, cuya posesión 61 
mismo enlaza con el éxito de la guerra? Incondicionalmente cree- 
mos en la indignación de Morandro por el reproche de Leoncio y 
su enérgica afirmación de que. á pesar de su amor, cumplirá fiel y 
valerosamente el servicio militar; y no dudamos un momento de 
que los horrores de la guerra ylos tormén tos del hambre sólo aumen- 
tan su pena amorosa, y de que la suene de la ciudad, de la cual de- 
pende el éxito de sus a'mores, lo sumerge en profundo sufrimiento; 
pero.á pesar de esto, y por esto mismo, ¿no debemos creer con Leon- 
cio que aquel dolor por la patria sólo toma el matiz de la aflicción 
amorosaí* El código de amor tolosano consagraría una lágrima al jo- 
ven numantino acosado doblemente por el deseo amoroso y por el 
hambre del sitio; pero la vieja Numancia agitaría fuertemente su co- 
rona mural ante la doble vacilación del desfalleciente joven entre el 
amor de la patria y el de su prometida. 



Verdad es que el amor tiene aquí también derecho á un lugar; 
pero en una tragedia que, con todos sus defectos, está tramada y 
mantenida en el cspirítu antiguo, debe aquél aparecer compenetra- 
do por el trágico patitos, y es condición principali&ima que esa lu- 
cha alternativa se presente no en díseriaciones, sino en hechos de ta 
acción trágica y en las situaciones que de ella se derivan. 

Situaciones conmovedoras y sígnílicaiivas no faltan ciertamente 
en la escena tercera, la final de la |ornado segunda. Un solemne sa- 
crificio, confünre á los usados por los paganos en el templo, lleno 
de terroríficas señales, en cuya inierpretaciún rivalizan tres sacer- 
dotes sacrificadores y cuyos efectos de terror aun aumentan las in- 
dicaciones tiscénlcas'pucstas entre paréntesis: invocación ¿ Plutón, 
degüello de un carnero, aspersión de la sangreá gutsa de execración 
sobre ia cabeza de los romanos y en seguida el tcrroriñco agüero : 

»'Dado han tos cielos la semencia 
"De nue&trojín amargo y miserable.» 

Verdadera mente es éste un cuadro de grandioso cfcclo escénico, para 
cuya trágica impresión súlo falta como fondo una caiáütrole, cual la 

Ía electiva y consumada ruina del imperio persa en el 'Persea de 
Lsquiio, para desplegar una conmovedora solemnidad trágico-escé- 
nica, como allí la evocación de la sombra de Darío ejecutada por la 
reina madre Atossa con fúnebre y pomposo aparato; sólo falta la 
condensación de los elementos trágicos de una sola explosión ó uni- 
dad escénica, descompuesta por Cervantes en diseminados efectos. 
El discurso arrancado al cuerpo muerto purel puder infernal, ad- 
mira tan extraordinariamente á Ticknor, queno halla en las hechi- 
cerías del Fausto de MarUnve nada que se le pueda igualar. En su 
entusiasta admiración olvida, el casi siempre acertado critico ame- 
ricano, dos punios no insignificantes : i ." Que el sangriento espec- 
tro de Banquo apareciendo en la mesa de Macbcth queda mudo y 
nada respondeá las preguntas de éste; 2." Queel cadáverde Cervan- 
tes, en cuanto concierne al lúf;iibrc tonode un espíritu forzado á ha- 
blar y á la singular compasión que excita la fatal noticia e-xhalada 
contra su querer, sólo es un débil eco del contestar de los espectros 
en la Nokia de Homero, la Eneida de Virgilio y el Infierno de Dan- 
te, espectrales sentencias que hallaron su más intensa y dramático- 
trágica sublimidad en la ambulante. sombra del rey danés de Shake- 
speare y del convidado de piedra deMozart. Pero, aunque solamen- 
te reflejo de grandes tipos, el cadáver vaticinador de Cervantes es aiün 
digno de sus modelos, dando testimonio de la observadora fuerza de 
concepción de Círvantes y su profunda inteligencia en el modo de 
fantasear tales apariciones, y de que él mismo era un poderoso exor- 
cista de muertos y espectros. Y hasta en el tono y disposición del ca- 
dáver, presenta Cervantes rasgos peculiares suyos en contraste con 
et duelo de los antiguos espectros, cuyo dolor psíquico se exhala en 
laaflícción que sienten por su separación de la %-ida, mientras que 
el cadáver vaticinador de Cervantes, gime á causa de su horror a la 



Cerranies juz^do por los cxiranjeros 



iSS 



rida y á sus sinsabores. Otra diferencia consiste en que las reveta- 
cioncs de los antiguos espectros son claras y precisas, pero las anun- 
ciaciones de nuestro cadáver acerca del último hado de Numancia 
están hechas en tono de oráculo, y á la verdad con fundamentos dra- 
máticos para mantener el interés, dejando el desenlace como casi 
vetado. 

^Porqu¿ los numantinos, entusiastas por la libertad hasta la muer- 
te, dejan llegar la mortífera hambre y circunvalar su ciudad con el 
fatal t'usü? Por medio de Incesantes salidas, hasta que quedara un solo 
hombre, debían oponer obstáculo tras obstáculo á la apertura del 
-foso, ó bien enterrarse en ¿I luchando, dejando á las mujeres y ni- 
Jflos que se hubiesen entregado á las llamas como holocausto, den- 
itrode la ciudad. Y esto hicieron, sepún la historia, los inmortales 
'numantinos, la Numancía, el nido del Kénix! .Asaltando al ejercito 
sitiador con una salida tras otra para obtener á fuerza de combates 
la ayuda de las libres tribus vecinas, y vencidos por la fuerza supe- 
rior de los romanos, expían su mortal tenacidad con sus cortadas 
manos, aquellas mismas manosque en anteriores combates hablan 
destrozado tantas legiones, con espanto del senado de Roma, que al 
^heroico puñado de numantinos llamó terror del imperio romano. 

La tragedia, — exclama e! poeta, — la escena trágica no tolera esos 
tumultos de hechos de armas, de salidas en masa y esos horrores de 
manos cortadas á centenares! Ciertamente no, ¡gloriosa cantor de 
Numancia!, pero sí en forma de narración. 

No obstante, si sitias por hambre á tus numantinos, suprimiendo 
aquellos hechos de heroísmo y de conmoción, destruyes tu tragedia; 
con el hambre la privas de un elemento de trágico heroísmo, veres 
peor que el romano Scipi<^n llamado el Numantino, y hasta das la 
prueba de que el asunto de Numancia se resiste á ser transformado 
¡en tragedia, y que una tragedia de Numancia incurre en la muerte 
)or las llamas como la misma ciudad, pero sin su eterna fama pos- 
tuma! 

Al anuncio de una proyectada salida, vienen las mujeres con sus 
Fliijos en brazos y piden acompañar á sus maridos; otras claman i 

f [ritos la muerte, con palabras conmovedoras que estarían bien en 
a ática tragedia 

Teóeenes ordena ios preparativos de la hoguera ; á ello sead* 

hiere Corabino suicidándose ya ahora como semi-sombra paralela 
á su nada trágico compañero de opinión, y de ello resulta una esce- 
na tramada en el trágico estilo antiguo, desarrollada en un doble 
pathos : por un lado, un poderoso paíhos de grandiosa energía dig- 
na de tal catástrofe; por el otro lado, el legendario paOtos de un re- 
signado martirio, de un patriótícoauto de fe que el pueblo en masa 
' si mismo se impone. 

Los grupos se alejan, á excepción de .Morandro, que detiene á Lira 
para confirmar, con el penúltimo diálogo de la jornada tercera, el 
dicho de que hambre y amor reúnen también al mundo teatral, y 
incia á la lucha para dar (en verdadero estilo del Cancionero) 



33» 



Cervantes {uigado por los extnnfefos 



á 5U hambrienta amada la palpable prueba dc que el heroísmo del 
amor sensual osa afrontar el amor de la patria. 

¡Tomad ejemplo. A numantinos, de la arriesgada y heroica icn- 
lativa de salida de Morandro! Este, alentado por el amor y el ham- 
bre, la osa y ejecuta en compañía de .su amigo Leoncio, iras una 
bella yconmovedura escena, en la cual, á semejanza de Oresies y Pi- 
lades de Jjigenia en Táurida, Morandro rechaza cariñosamente la 
peligrosa oferta de acom pairarle q ue su amigo Leoncio le hace, y 6sie 
con abnegación de verdadero amigo no le deja marchar solo. 

¡Con qué conmovedora emoción, por su sencillez y naturalidad, 
enajena et alma el último cuadro del hambre de la tercera ¡ornada, 
en que sale una madre con sus dos hijos, uno en el pecho y el otro 
de la mano ! En lugar de palabras para alabarla, basta presentar al 
lector la escena misma talcomo vive y brilla en el propio texto. Esta 
escena es di^na pareja del cuadro de L'golino en el Dante, quien 
hasta ahora, fuera de la citada escena, no ha tenido rival en el modo 
de desplegar el asunto del hambre en un horripilante cuadro trági- 
co-poético. Los lamentos del padre aqui y de la madre allá, ante el 
espectáculo de los hijos que desfallecen de hambre, ennoblecen y 
levantan el tormento físico hasta convertirlo en poético dolor. Para 
la completa igualdad de la escena de Cervantes con el dantesco can- 
to de Ugolino, fáltale quizás solamente á aquélla cierta más íntima 
fusión de la amargura de los niños con el común y horroroso infor- 
tunio déla patria: falta quizás por parte del poeta conocimiento más 
profundo del artístico manejo escénico; esto es, hacer descollar más 
poderosa y enérgicamente el motivo principal sobre los motivos de 
detalle de los individuosaislados. 

En la jornada cuarta, Mura ndro exhala el último suspiro á los pies 
de Lira, con el tierno y romántico sentimiento de un numaniino 
Maclas. El llanto de Lira sobre el inanimado cuerpo, respira el que- 
jumbroso tono lírico del Cancionero, cuyo eco refleja en su quere- 
lla de amor y de hambre. 

El recurso de presentarnos lo irreprescnlable por medio de la des- 
cripción, máxime cuando sale de la boca de espectros y en aquel 
tiempo en que el empleo de figuras alegóricas en el drania tenia to- 
davía el encanto de invenciones y recursos escénicos noveles, nos pa- 
rece idea feliz del poeta y valioso testimonio de su genio inventivo 
y de sus conocimientos para fantasear imágenes grandiosas y apli- 
car sus efectos á la escena. Para ello tenia grandes modelos en la an- 
tigüedad; sin embargo, su profundo y creador instinto poético le in- 
cita ¿ individualizar en personajes reales y gruposdramáticos tas 
descripciones épicamente dialogadas entre' ñguras personificadas, 
que anuncian las catástrofes finales como obra suya. Ejemplo de tal 
grupo nos presenta en el de Te6genes con su familia, ya abandona- 
do como figura superllua, reinstalándole en su trágico honurcomo 
fatal ejecutor del hado que, en alas del más sublime patriotismo, le 
obliga á ser el verdugo de los suyos. 

La última escuna, cuarta de este acto de preeminente y verdade- 



— a 



Cervanlcs juzgado por los catnnjeros 



337 



catástrofe, campea, á nuestro parecer, con artística maestría y 
profundo conocimiento en la esencia del elemento de conciliación 
de !a tragedia, marca el centro de gravedad de la trágica catarsis en 
los romanos y su generalísimo, el victorioso destructor de dus pue- 
blos y naciones, Scipión Aíricano-Numantino. 

Cuando Scipión sabe que todos los numantinos han perecido en 
voluntario holocausto, exclama : 

«Aía//»or cierto teniades conocido 
El valor en Niimancia de mi pecho 
'Tara ¡'encer y perdonar nacido.» 

frandes y verdaderas palabras romanas en el más elevado sentido 
del antiguo espíritu romano, yá la par salidas del despecho al ver la 
grandeza rumana vencida y humillada por el sublime suicidio de un 
pueblo enteío. Como ya dijimos, de un pathos romano que no era 
primitivamente trágico, hacer descargar al fin tan brillantes chispas 
oc trágica y efectiva catarsis de esie pathos, st'ilo puede hacerlo un 
poeta-león, que, con una sola uña delpie por última vez presentado, 
nos dice.: £jc ungtte leonemt 

jOh grandeza romana, que vacila y tiembla ante el heroísmo de 
un muchacho, el único ser aun viviente de todo el pueblo numan- 
tino! ¡Qué diálogo entre el conquistador jefe romano, al pie de la 
torre, y un niño, que desde lo alto de sus almenas desafia a todo el 
poder romano, él, el único s6r con vida en la desolada Numancia! 

Dcr^puésde haber analizado minuciosamente la tragedia de Cer- 
vantes, de haberla examinado por todos lados y justipreciado sus 
méritos y faltas, seános permitido hacer esta pregunta : ¿Cómo es 
que casi todos los criticosespailíoles la han juzgado severamente y la 
han echado en la misma urna de las demás obrasen verso, que, se- 
gún ellos, están enteramente desprovistas de mérito y son indignas 
de élr Después del juicio de aquel librero sobre el mérito de los ver- 
sos de Cervantes, que éste en el prólogo de sus Comedias tan inge- 
nuamente nos cuenta, parece como que los críticos españoles se han 
dado el santo y seña para excluir á Cervantes de la comunidad de 
tos poetas de verso v rima, no obstante las esplendentes bellezas de 
versificación, fuerza y gracia del lenguaje métrico que, aun prescin- 
diendo de las magnificas invenciones, distinguen á su Viaje del 
Parnaso, por ejemplo, y á nuestra admiración se ofrecieron. En 
ieual anatema incurrió la iraged ia Ntt mancia, que casi fué considera- 
da por sus más sinceros adoradores como una fea mancha en el 
nimbo del autor del Quijote. Especialmente los partidarias de la 
dramaturgia clasico-francesa son quienes se aferran, comoá unar- 
ticulo de fe, á aquel dcspreciador juicio sobre la Numancia. .Mora- 
lín, uno de los más eminentes entre ellos, la censura acremente. 
Fallos como ct suyo son criticas de cad¡,que pueden estar en su pucs- 
üi en determinados casos; pero quedarán siempre como la sentcn- 

TomoJtl 44, 



338 



Cervintes juzgado pOr to& cxlnnjeros 



cía de una justicia critica á laturca, porque están proíeñdasex-abrup- 
to y sin apoyarlas en pruebas legales. 

Los Siele de Esquilo, ¿nocs tambí¿n una obra guerrera, y sin era- 
barf^o es una tragedia^ La mayor parte de los dramas hi:>tóricosde 
Shakespeare, sacadas de las historias inglesas, esián cuajados de em- 
presas militares, y sin embar^íosun iraRedias cabalísima:», pues que 
marchan con broncínea planu con la íérrea balanzade Nemesis en 
las aceradas manos. Todo consiste en la Índole del pathos, de los ca- 
racteres y de la idea que ha servido de base, la cual espiritualiza y 
purifica los sucesos guerreros transparentándolos en Intimas luchas 
de funestas guerras de pasiones y de poderes históricos que ora des- 
truyen naciones, ora las transforman. 111 pathos guerrero en si, los 
héroes lisa y llanamente guerreros, los hechos y sucesos militares 
como tales, todo eso, en verdad, desprovisto de aquélla, no es dra- 
mático ni trágico. 

Con permiso del eminente dramático español y dramaturgos de 
la escuela clásica francesa, osaremos firmar que hasta los peores ex- 
travíos y faltas contra la técnica y la noción de lo trágico que hay en 
la NuMAKCiA de Cervantes, revelan siempre al gran escritor, ó'dé- 
jánlc adivinar, lo cual no se puede afirmar de las mejores y mis 
excelentes obras dramáticas clásicas españolas, con relación á sus 
autores. 

La comedia La Entretenida participa, con muchas de sus her- 
manas, principalmente las italianas, del fundamental defecto de es- 
tar construida sobre hipótesis extrañas y arbitrariamente inventa- 
das. 

Idea y esencia del género cómico-dramático : Un lujo de gracio- 
sas travesuras con la mira de hacer que se deshagan en naderías las 
propias ilusiones y los engañosos afanes, y, por medio de tal contras* 
te ñnal, llenar la medida del ridiculo sacando á luz en divertida ma- 
nera la necedad, sólo asi resultando instructivo; este artístico obje- — 
to de la Comedia lo destruye La Entretenida de Cervantes, convir- — 
tiéndelo en parodia suya. Aquel desarrollo en nadería debe resultar — ■ 
de la propia risible ilusión, si obrando cómicamente debe instruir. . 

En ella misma debe estribar la índole cómica déla nadería, cuya ,«b 
mancha dialéctica presenta precisamente la comedia. Pero no se ^» 

debe, como en La Entretenida, introducir subrepticiamente arbi 

trarias presuposiciones en lugar de esta cómica nadería de la ilusión «-i 
propia, que ha de desarrollarse del persona/e y de tas situaciones,^ ^ 
ni sustituirlas á los elementos cómicos, parodiándolos, dispuestas^s 
por el poeta á este efecto como malentendidos, por resultas de Ios^b^ 
juegos del acaso. SÍ el resultado de la acción cómica, insignificante^^ 
en proporción del cúmulo de empeñados é infructuosos esfucrzos^ES- 

por perseguir el objeto, se compara con el ridiculo partode los mon 

tes, ¿Que diría la parábola al ratón si éste, paranocaer en el ridicu 

lo de naber nacido tan risiblemente, quisiera roer á su propia ma- 
dre? Pues semejante ratón es ta auto-parodia de la comedia que roe 
y consume el nudo cómico de la fábula, tramado con las particuU- 



-»r 



Crrvanus juEK«do por los extraníeros 



339 



rídades det personaje y situaciones consiguientes ¿ la confusión de 
lo paródico con lo cómico, ó, al menos, al prcdomírtio de aquél so- 
bre la propia vis cómica de la comedia; cosa que precisamente pa- 
r¿cenos ser el delecto capital de las comedias de Cervantes, princi- 
palmente en La Entretenida. £1 mayor cenio cómico de los espa- 
ñoles, Cervantes, que en el Quijote convirtió en la más pura, poé- 
tica y trascendente vis cómica los efectos elaborados paródicamente 
con el carácter del protagonista, este gran maestro de la parodia có- 
mica, no se curó en sus conicdias de aprovecliar los más bellos y 
verdaderos motivos cómicos, incurriendo en el error de hacer que 
k>s caracteres se parodien, no de dentro afuera como en el Quijote, 
sino partiendo de situaciones externas imaginadas al aiar y d« fic- 
ciones presupuestas y sobreañadidas. Asi.se le convierten entre las 
manos en una parodia de los efectos cómicos, los excelentes rangos 
cómicos del entremés añadido en ¡a tercera jornada de su comedia 
La Entretenida, un baile de máscaras dispuesto por Torrente y 
demasscrvidumbrc.cn el cual toman también parte, disfrazados, 
los amos, y como tal parodia vate á los ojos del llamado alguacil el 
desafio que para espantar á las mujeres tiene lugar entrcTorrente 
y Ocaña, desafio que concluye como una suerte de prestidigitación 
y es la burla de si mismo 

Asi, habría un grano de verdad — como en los más groseros erro- 
res — en el cúmulo de necedades de Nasa rre acerca de la intención 
paródica de las comedias de Cervantes; sólo que esta intención va 
contra sus propias comedias, no contra las de Lope. 

Un enredo de mascaradas es enteramente la comedia El Laberin- 
to DE Amor, notable por el ingenioüo embrollo y su interesante de- 
senvolvimiento. En verdadero laberinto amoroso convierten á esta 
comedia los disfraces con loscuateslos principales personajes llevan 
á cabo la trama y el desenlace. 

Las dos mencionadas comedias muestran este paralelo contraste : 
que si La Entretenida es la obra de enredo como parodia de sus 
embrollos externos y arbitrarios, la comedia de El Laberinto pre- 
senta el enmascaramiento de sus juegos de disfraces. Ambas come- 
dias son, empero, también ambas cosas, con referencia á estos re- 
cursos de enredo y de disfraz de la comedia española en general; 
sin embargo, — nótese bien. — inconscientemente por parte del poe- 
ta; y hasta, encuantoél pudo,cun la intención de sobrepuja r,senci- 
Jlamcntcpara simple diversión del público, con aquellos recursos de 
ia comedia española de avenmrasy novelas, al gran maestro de ella, 
LtOpe de Vega; intención que, por lo tanto, trastrocó en la no menos 
inconsciente parodia y dis/rai^ de si misma, pues tras esta aspira- 
ción se escondió la cara del gran escritor del arte paródico, filosófi- 
co y poético, de la burla trascendente é irónica, — inconscientemente 

por olvido. — c! verdadero rostro del autor del Quijote y autor de 

doctrina dramática proclamada en el capítuloXLVlll déla Prime- 
ra Parte de su inmortal novela. 

No auri sacra Jumes y jah, no!, la sacrajames enteramente sola, 



340 



(Jervanics juzgado por los cxtraníoros 



sin aurum, causó aquel irreflexivo des6guramientú del genio pcct 
liar en Cervanies, de quien nosotros, en opinión contraria á núes 
tros estima bles predecescires, creemos que estaba dotado y era aprc 
piado para elevar á altos honores la tragedia histórica de los esps 
ñoles, la Cenicienta de su teatro; como 1ú atestigua en su Nümancu 
á pesar de todos sus defectos, el soplo trágico y esquileo C|ue la an 
ma, las trigicas situaciones, precisamente el alma del genio trágicc 
creemos que Cervantes, en igual manera, tenia el poder de cncaí 
zar la extravagante comedia novelesca por el camino de la legítii 
comedía, la cual de lo interno de tos caracteres cómicos y de la fa 
bula forma lo cómico del enredo y del desenlace. 

Lamcómica ricamente hervorosa de La Entretenida, el brílh 
te arte del enredo y del desenredo que,á pesar de sus impropios 
cursos del disfraz, aparece probado en el LAB^:HI^To de Amor. ¿ ^ 
es cierto que son, en unión de la insuperable maestría en la forr^-^ _ 
ción de caracteres desplegada en elQL'uoTK, las fuerzas creadoras ^^^ 
la comedia clásica, en el mejor sentido de la palabra? 

Si se unen á estas divinas dotes un pensamiento yagerminado ^„ 
el fondo de la composición, una poética y edificante moralidad d«; ii^ 
fábula, una catártica idea, el filosófico elemento ci vil izador del cir* 4. 
ma, sea comedia sea tragedia, todo lo cual precisamenteconñcre -al 
Quijote su confirmada inmortalidad; si sé une esie elemento ccr^n 
aquellas magistrales fuerzas creadoras, se verá que, solamente uv~ia 
funesta constelación, el fascinador y deslumbrante 6xito de las frív- -^o- 
las obras teatrales destituidas de todo pensamiento moralizador, dtt^'*' 
tinadas á mera diversión del vulgo v elaboradas en sentido de urr:^ '* 
poesía igualmente frivola; solamente este inaudito éxito, junto cíf^"^" 
la apremiante necesidad cotidiana, podia aprisionar tan completa-^^'. 
mente el genio creador de Cervantes, capaz aún para reformar í^^ '. 
arte escénico hasta el punto de rebajarse á trabajar para el gusto d^^__^^ 
dia y hacer que el gran escritor libertado de los baños de Argel s» ^^Z 
dejara aherrojar en la esclavitud de la imitación y atar al banco re^^' 
mero de la fastuosamente adornada galera de las comedias de Lope -^^ ' 
radiante como aquel magnifico buque siciliano de oro, púrpura )£. ' 
marfil. ^--b. 

De esta opinión no pueden hacernos apear las seis restantes co- ^^I 
medias de Cervantes, como El gallardo EspaSol, trasnochada^ 51 
comedia sin duda alguna, que nos acaba de hacer más amargad sol- — *l' 
dado Buitrago, uno de los más insípidos del teatro espaflol val pro— -'^1 
pió tiempo colector de limosnas para las almas del purgaiorio. P^rc::^^^ 
ello no cambia nuestra opinión del talento cómico de Cervantes, sa--**^' 
cado de sus dos comedias ya analizadas. ^ 

Tampoco puede cambiarla la disparatada y encantada comedi^^ *.* 
La CASA DE loszelos y selvas dk Ardknia. Hemos tratado de esceni ^ '* 
ficar un extracto nutrido de copiosas octavas; pero es imposible tras ^^^ 
Isdarlo, ni siquiera dar una leve idea de él. 

Y, sin embargo y á pesar de todo esto, no vacila nuestra fe en I^^ ^ 
vocación de Cervantes para la comedia, vocación solamente extra-— — 



Cerrantes juagado por los extranjeio» 



341 



viada por el gusto vulgar y aún más desconcertada por serle preciso 
áCcrvanics acallar la dcsaprobaci<'>n que hacia aquel gusto sentía 
interiormente; de manera que él, sin aquel cie^o y, por lo mismo, 
fecundo entusiasmo de los ortodoxos discípulos v partidarios de la 
comedia de Lope, sólo podía producir monstruosos engendros de un 
ingenio que se vende a si mismo, de un entendimiento bueno pero 
oprimido, y de una invcnci(!)n forzada. Fiel sucesor de su abuelo, el 
gallardo Español, aquel Saavedra que. salido para combatirá los 
moros, fué su compañero de glorias y fatigas en la guerra y en la 
esclavitud. Ambos, abuelo y nieto, victimas augustas de la duali- 
dad española, aquella paralela evolución del cerebro español, domi- 
nando á héroes y poetas, á hechos y poesia^i. 

La comedia £l Rufián dichoso, que es la transfiguración de una 
vida infame, enteramente digna de tal fábula en construcción y eje- 
cución, rivalizando en fealdad del asunto con las más renombradas 
comedias sacras de ios dramaturgos españoles, podía, por cierto, 
lisonjearse despuntar insidiosamente en nuestro bien predispuesto 
ánimo una peligrosa duda acerca del mérito dramático de Cervan- 
tes. Pero nosotros exclamamos con el energúmeno celo del santo de 
losautossacramentalesdeLopeóCalderón: ¡Apage Sa¡anas/y per- 
sistimos incontrastablemente en nue.Mra fuerte creencia sabré la pri- 
mordial misión de Cervantes para la comedia, solamente apostata- 
da — inversamente á su estudiante rufián Lugo — al final de .su ca- 
rrera; persistimos en ello, aún ante la lista de personajes de esta co- 
media rufianesca poseída y desfigurada por toda clase de anti-dra- 
máticos demonios; en vista de una lista de personajes que, ella 
sola, podría armarla zancadilla á una creencia menos ñrme que la 
nuestra. 

Dando en el rostro al sesudo y ya citado capitulo X.LVI1I de la Pri- 
mera Parle del Qiujotk, ia personificada Comedia^ preguntada al 
principin de lasegunda jornada de o.ste drama por su compañera Ijt 
Curiosidad acerca de este abandono de sus antiguos graves precep- 
tos, justifíca la apostasia por el uso y el gusto del día, que no se so- 
mete á las reglas del arte. Alega, por lo demás, esta comedia con- 
tundentes razones para el qucbrantamicnio de la unidad de lugar. 
La escena presenta sus cuadros en desfile ante el ojo intelectual yei 
espíritu es de índole tijera y voladora que viaja rápido como el pen- 
samiento de lugar en ¡ugar\ ¡Si El Rükián dichoso no tuviese pe- 
cados más grandes sobre la conciencia que los bofetones que da a la 
unidad de fugar! Las pescozadas que da al .sentido común, al gus- 
to artisiico, al objeto y al destino del drama, las puñaladas con que 
pane el corazón de su intorcesura, la misma Comedia romántica, 
estos ultrajes no los lavan las penitencias y los azotes que, finalmen- 
te, al mismo Rufián manchan con su propia sangre. La segunda 
jornada se abre con esta indicación escénica : *Todo esto es verdad 
de la fíísloria.» Con este dedo de mano anunciadora pretende Cer- 
vantes hacer pasar escenas increíbles cnmo verdades históricas al 
:Uidory al lector, como apóstata también de aquellos impres- 



343 



Cervantes juzgado por los CJitranjcro? 



cripiibles preceptos y reglas de la poética, á sabor : en la poesía, e " ^jC p 
el drama sobre todo, lo verosímil {simiUima veris), es lo verdadífx^^-^' 
y la verdad histórica en toda su crudeza es lo falso é imposible. ^^-Jj. 

El mismo dedo en el texto de la obra atirmando la verdad histó-^^^^ 
rica de la fábula. lo encontramos en la comedia La gran Sultana. *■ -^ 
que por lo demás es rica en pinceladas dignas de Ccrvanlcs. Espc- — ^ — 
cialmente son divertidas lav pullas con que el gracioso Madrigal 1. £ 
apura al Gran Cadí, con el cual se obliga á enseñar á hablar al ele- — — 
fanie de la Sultana, cosa que él le recuerda siempre, hasiu queMa> ->K 
drical maldice y reniega de su elejantll cátedra. 

Gracias al héroe de la tercera comedia de Cervantes, Pedro dc ^ 
ÜBDEMALAs, Zagal y agcnciador de matrimonios, toda la comedia es ^: 
una bulliciosa víspera de bodas, en que la obra se deshace en peda- ~ j 
zosycachos yse convierte en fragmentos de cacharros. Gitanos de ^ 
ceceoso lenguaje y bodas campesinas hacen que las escenas vuelen «-» 
como las laidas de las bailarinas. Pedro de Urdcmalas. disfrazado <:>, 
de ciego, saca las almas del purgatorio, una de las cuales le sini'e ^-\ 
para sacar el dinero de la bolsa de una viuda á quien pinta con ho- — -^^ 
rripilantes colores las penas que las al mas desús parientes pasan en m~t —a 
el purpatorio. jPodria una comedia luterana, que se titulase Cajax^^ \fa 
de indulfíencias de Tet^el, mufarsc peor de ello? l£stc atrevimÍcnto<i:> j-:o 
de un poeta español es lo único notable en la comedia Pedro de Ur — .*^r- 
DCMALAs y libra al espíritu del poeta del fuego üc la condenación do frde 
la critica. La obra tiene un ñnal de tal índole, que la comedia vien^ 
á presentarse: fuera de la misma comedia, detras de bastiJurcs. enr^ 
donde ¡os Rey es aguardan con ímpíiL'jéíitr'íi, conforme Pedro loanun — «ran- 
cia al público, suplicándole una palmada, que nuestro lector no^:» *!p^ 
puede concederle, puesto que más bien preguntará: ¿Eséstecl mis-^ xis- 
mo Cervantesf* ¿El autor del Quijote, de las Novelas, del Viaje deu-M 
Parnaso? 

A esta pregunta contestaremos, en favor del talento cómico d^f^e 
Cervantes, con sus Ocho Entri^imicscs. ¿Eran aquellas diminutas .^s. as 
cuadrigas de maríil de Pyrgotolos, landiminutas que podía cubrir — ~» r- 
las una mosca, de menor mérito artístico que las colosales cuadri — i.-i~ 
gas de Skopas, que dominan las cimas de los templos? Las mará — .^ma- 
ravillas de Dios no son menos admirables en sus menores creacio — ■<Z3>~ 
nes que en las mayores. Quien es grande en lo pequeño, es aún mi: .^^is 
grande en lo grande. 

Los pequeftos juegos nósticos, los Entremeses, son bufones dcTa^''a- 
Ha, los enanos üe la montaña de las Musas, que forjan armas y yelff ^Z- 
mos para los gigantes, y también para gigantes locos como Do» ^t 
Quijote, con el cual tienen estrecho pareniesco.así como los pigmeoc— ^^ 
se jactaban de tener un origen común con los titanes. Se desliza" -^ " 
entre los actos de una obra como los gnomo.<; entre las grietas d^Kc 
una roca, que llenan con preciosos metales, ó las tapan, como lcc=u 
hombreemos en la montaña de Künighain, con aparente follaje, ^^«l 
Cual en las manos de sus amigos se transforma en monedas de 
y plata. De tal suerte son los Ocmo Entremeses de Cervantes. 



CcrvsiKcsjusgsdo por los cxtnojctx» 



543 



El Rktablo i>e i.AsMxRAvii.i.Ases el inásnoiabledeellos. Es una 
astillica del palo del Quijote. Tomar fantasmas por realidades y rea- 
lidades por fantasmales la asiüla clavada en e] cerebro de tuda.^ las 
autoridades de un pueblo español; pero aqui con la punta diri^íida 
contra aquella antigua creencia fanática y cristiana que dominaba 
¿ toda la nación española cierno temor ante la más ligera sospecha 
de una procedencia de sangre judaica. Consecuencia de esta opi- 
nión : la más estúpida fe en milagros y visiones milagrosas, impro- 
visadas alucinaciones de Inaudita ridiculez producidas por un cnar- 
laián en la cabeza de tas autoridades rcunida.s de un lugar, por me- 
dio de una mera alusión á la gota desangre judia. Al ver tratada esta 
enfermedad de la mente, que reflejaba la fantasía nacional, como 
un divertido jucuctc aparentemente tan falto de sentido, nosesabo 

3ué admirar mas, si la despreocupación y atrevimiento de! poeta, 
el que este poeta haya podido escribir un entremés como el Re- 
tablo DE LAS Maravillas, el único digno de la cómica inspiración 
de Aristófanes; y, sin embargo, que sea él mismo participe del fu- 
ror de perseguir y quemar herejes y judíos, como todos sus compa- 
triotas, y que pueda hacer exclamar el <*Aha! basta! ex ittis csti á 
su secretario Capacho y á todos los demás alucinados del pueblo bur- 
lados con tan contundente divensión, y ser, sin embargo, uno de 
aquellos que hacían coro del modo más recio y fervoroso en este fle- 
pnep en este ex iV^s esí puesto en voga por los clérigos desde el tiem- 

f>o de los Reyes Católicos! ^Qué Ocrindur aclarara esta dualidad de 
a naturaleza? 

El paralelo schema. la contradicción consigo mismo, la negación 
de su propia superstición, en una palabra, la sombra, que en otros 
hombres no españoles queda siempre unida á la planta del pie. sea 
cual sea su movimiento al rededor del cuerpo: esta sombra, al con- 
trario, en los cuerpos y espíritus españoles, nasta en los que tenían 
como Cervantes el más claro, sano y sustancial cerebro, se despren- 
de de la planta y corre muy tranquilamente a¡ lado de su cuerpo, 
iü personalidad interior ó exterior, ó se pasea del brazo con ¿I. 

I Cuántas barracas de maravillas se pueden esconder tras la de 
Chanfalla! Desde la caja de indulgencias de Tctzel hasta la gigan- 
tesca caja de Roma, adonde aquella se remontó; y desde ésta hasta 
los palacios de las congregaciones y escuelas de la Sociedad de Jesús 
|r los tribunales de la Fe de la Inoúisición! Y hasta los másquimé- 
Hcos y visionarios de iodos los delirios del entendimiento ouecon- 
rierten el mundo católico en un retablo de las Maravíllasele Ghan- 
jalla, hasta la inculcada alucinación de la infalibilidad